Aberastury Arminda
(1910-1972). Psicoanalista argentina
Pionera del movimiento psicoanalítico argentino, Arminda Aberastury nació en Buenos Aires, en el seno de una familia de comerciantes por el lado paterno, e intelectuales por el lado materno. Su tío, Maximiliano Aberastury, era un médico famoso, y su hermano Federico estudió psiquiatría teniendo como compañero a Enrique Pichón Rivière, cuyos padres se instalaron en la Argentina en 1911, e iba a convertirse en su más querido amigo. Federico padecía una psicosis y varias veces sufrió accesos delirantes. Melancólica desde su juventud, Arminda era una mujer de gran belleza. A través de Federico conoció a Pichón-Rivière, con quien se casó en 1937. Lo mismo que él, quería ofrecerle al psicoanálisis una nueva tierra prometida, para salvarlo del fascismo que se había desencadenado en Europa.
Se integró entonces al grupo formado en Buenos Aires por Arnaldo Rascovsky, Ángel Garma, Marie Langer y Celes Cárcamo. Cinco años más tarde recibió su formación didáctica con Garma, y se convirtió en una de las principales figuras de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). En relación directa con la enseñanza de Melanie Klein (a quien ella fue la primera en traducir al castellano), e inspirándose en los métodos de Sophie Morgenstern, desarrolló el psicoanálisis de niños. Entre 1948 y 1952 dirigió, en el marco del Instituto de Psicoanálisis de la APA, un seminario sobre este tema. Formó a una generación de analistas de niños. En el Congreso de la Internacional Psychoanalytical Association (IPA) de 1957, en París, presentó una notable comunicación sobre la sucesión de los "estadios" durante los primeros años de vida, definiendo una "fase genital primitiva" anterior a la fase anal en el desarrollo libidinal.
A la edad de 62 años, afectada por una enfermedad de la piel que la desfiguraba, Arminda Aberastury decidió darse muerte. Su suicidio, como algunos otros en la historia del psicoanálisis, suscitó relatos contradictorios, y fue considerado una "muerte trágica" por la historiografía oficial.
Abraham Karl
Médico y psicoanalista alemán (Bremen 1877 -Berlín 1925).
Trabaja con E. Bleuler en el Burghölzli, el hospital psiquiátrico de Zurich. Es allí donde conoce a C. Jung, quien lo inicia en las ideas de S. Freud. Funda en 1910 la Asociación Psicoanalítica de Berlín, primera rama de la Asociación Psicoanalítica Internacional, de la que se convierte en presidente en 1925. Es uno de los que más han aportado a la difusión del psicoanálisis fuera de Viena. Su contribución personal es muy rica: introducción de la noción de objeto parcial, definición de los procesos de introyección e incorporación, estudio de los estadios pregenitales.
Además de su correspondencia con Freud, su producción incluye numerosas obras: Sueño y mito (1909), Examen de la etapa más precoz de la libido (1916).
Abraham Karl
(1877-1925) Psiquiatra y psicoanalista alemán
El nombre de Karl Abraham es indisociable de la historia de la gran saga freudiana. Miembro de la generación de los discípulos de] padre fundador, desempeñó un papel pionero en el desarrollo del psicoanálisis en Berlín. Implantó la clínica freudiana en el dominio de] saber psiquiátrico, transformando de tal modo el tratamiento de las psicosis -esquizofrenia y psicosis maníaco-depresiva (melancolía)-. Elaboró también una teoría de los estadios de la organización sexual en la que se inspiró Melanie Klein, quien fue su discípula. Formó a numerosos analistas, entre ellos Helene Deutsch, Edward Glover, Karen Horney, Sandor Rado, Ernst Simmel.
Nacido en Bremen el 3 de mayo de 1877, en una familia de comerciantes judíos instalados en el norte de Alemania desde el siglo XVIII, Abraham era un hombre afable, cálido, inventivo, elocuente y polígloto (hablaba ocho idiomas). Durante toda su vida siguió siendo un ortodoxo de la doctrina psicoanalítica, una "peña de bronce" según las palabras de Sigmund Freud. Fue en la Clínica del Burghölzli, donde era asistente de Eugen Bleuler junto con Carl Gustav Jung, donde comenzó a familiarizarse con los textos vieneses. En 1906 se casó con Hedwig Bürgner. Tuvo con ella dos hijos y analizó a la hija, Hilda Abraham (1906-1971), describiendo su caso en un artículo de 1913 titulado "La pequeña Hilda, ensueños y síntomas en una niña de 7 años". Hilda Abraham iba a convertirse en psicoanalista y redactó una biografía inconclusa del padre.
Como no tenía ninguna posibilidad de hacer carrera en Suiza, Abraham se instaló en Berlín en 1907. El 15 de diciembre se dirigió a Viena para realizar su primera visita a Freud. Ése fue el comienzo de una bella amistad y de una larga correspondencia -quinientas cartas entre 1907 y 1925- que sólo se conoce en parte. Publicada en 1965 por Ernst Freud e Hilda, esa correspondencia ha sido lamentablemente amputada de numerosas piezas, sobre todo de intercambios acerca de los sueños de Hilda, sobre los conflictos con Otto Rank en el Comité Secreto, y también sobre los desacuerdos entre los dos hombres.
En 1908, junto con Magnus Hirschfeld, Ivan Bloch (1872-1922), Heinrich Körber y Otto Juliusburger, Abraham creo un primer círculo que, en marzo de 1910, se convirtió en la Sociedad Psicoanalítica de Berlín, de la cual fue presidente hasta su muerte. En 1909 comenzó a sostenerla Max Eitingon, y de tal modo, con la creación del Berliner Psychoanalytisches Institut, se inició la historia de] movimiento psicoanalítico alemán, el cual, como se sabe, fue diezmado por el nazismo a partir de 1933.
Durante la Primera Guerra Mundial, después de haber sido miembro del Comité Secreto, Abraham digirió los asuntos de la International Psychoanalytical Association (IPA), de la que fue secretario en 1922, y presidente en 1924. De modo que se trata de uno de los grandes militantes del movimiento, como clínico y como organizador y docente.
La obra de este fiel se construyó en función de los progresos de la obra del maestro. Más clínico que teórico, Abraham escribió artículos claros y breves en los que prevalece la observación concreta. Hay que distinguir tres épocas. Entre 1907 y 1910, se interesó en una comparación entre la histeria y la demencia precoz (que aún no se denominaba esquizofrenia), y en la significación del trauma sexual en la infancia. Durante los diez años siguientes estudió la psicosis maníaco-depresiva, el complejo de castración en la mujer y las relaciones del sueño con los mitos. En 1911 publicó un importante estudio sobre el pintor Giovanni Segantini (1859-1899), afectado por trastornos melancólicos. En 1912 redactó un artículo sobre el culto monoteísta de Atón, que Freud utilizó en Moisés y la religión monoteísta, olvidando citar a su discípulo. Finalmente, en el tercer período describió los tres estadios de la libido: anal, oral, genital.
Enfermo de enfisema, Karl Abraham murió a los 48 años, el 25 de diciembre de 1925, como consecuencia de una septicemia consecutiva a un absceso pulmonar sin duda causado por un cáncer. Esta muerte prematura fue experimentada como un verdadero desastre por el movimiento freudiano, y sobre todo por Freud, quien asistió impotente a la evolución de la infección, no vacilando en escribirle: "Me entero por Sachs con sorpresa, pero también con disgusto, que su enfermedad no ha concluido. Esto no concuerda con la imagen que tengo de usted. Sólo me lo imagino trabajando sin cesar, indefectiblemente. Experimento su enfermedad como una especie de competencia desleal, y le ruego que la interrumpa lo antes posible. Espero novedades suyas a través de sus allegados directos."
Abraham Nicolas
(1919-1977) Psicoanalista francés
De origen judío-húngaro, Nicolas Abraham nació en Kecskemet y emigró a París en 1938. Filósofo de formación, marcado por la fenomenología de Husserl, hablaba varios idiomas. Después de un primer matrimonio en 1946, en el que tuvo dos hijos varones, tomó como compañera a María Torok, también de origen húngaro. Analizado, igual que ella, por Bela Grunberger, en el redil de la Société psychanalytique de Paris (SPP), muy pronto quedó caracterizado como disidente, y su cura didáctica no fue homologada. Nunca se convirtió en miembro pleno de la SPP, y siguió como afiliado. En 1959 anudó una sólida amistad con el filósofo Jacques Derrida, sobre la base de su pasión por la filosofía y una cierta manera de analizar los textos freudianos.
Se hizo célebre en 1976, con la publicación del Verbier de l'Homme aux loups, redactado conjuntamente con Maria Torok, y con prefacio de Derrida. Siguiendo a Muriel Gardiner, comentaba allí el caso del Hombre de los Lobos, señalando el poliglotismo inherente a toda esa historia. A la lengua rusa (o lengua materna), la lengua alemana (o lengua de la cura) y la lengua inglesa (o lengua de la nodriza del paciente), los autores añadieron una cuarta, la francesa, lo cual les permitió subrayar que el yo clivado del paciente llevaba consigo "una cripta", lugar de todos sus secretos inconscientes. Esta teoría de la cripta ponía el acento en el delirio del Hombre de los Lobos y el carácter necesariamente delirante y polisémico de la teoría clínica en sí.
Abreacción
s. f. (fr. abréaction; ingl. abreaction; al. Abreagieren).
Aparición en el campo de la conciencia de un afecto hasta entonces reprimido.
Algunos afectos, que no han sido normalmente experimentados en el momento de su actualidad, se encuentran ahora en el inconciente en razón de su ligazón con el recuerdo de un traumatismo psíquico. Afectos y recuerdos así ligados fueron reprimidos entonces a causa de su carácter penoso. Cuando el afecto y la verbalización del recuerdo irrumpen al mismo tiempo en la conciencia, se produce la abreacción, que se manifiesta con gestos y palabras que hacen explícitos estos afectos. La mayor parte de las veces, la abreacción sobreviene en el momento de levantarse la resistencia a esta irrupción, en el curso de una cura analítica y gracias a la trasferencia sobre el analista.
Abreacción
Al.:Abreagieren.
Fr.: abréaction.
Ing.: abreaction.
It.: abreazione.
Por.: abreação.
Descarga emocional, por medio de la cual un individuo se libera del afecto ligado al recuerdo de un acontecimiento traumático, lo que evita que éste se convierta en patógeno o siga siéndolo. La abreacción puede ser provocada en el curso de la psicoterapia, especialmente bajo hipnosis, dando lugar a una catarais; pero también puede producirse de forma espontánea, separada del trauma Inicial por un Intervalo más o menos prolongado.
El concepto de abreacción sólo puede comprenderse recurriendo a la teoría de Freud acerca de la génesis del síntoma histérico, tal como la expuso en El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos (über den psychischen Mechanismus hysterischer Phänomene, 1893)(a). La persistencia del afecto ligado a un recuerdo depende de varios factores: el más importante de ellos es la forma como el sujeto reacciona frente a un determinado acontecimiento. Esta reacción puede consistir en reflejos voluntarios o involuntarios, y abarcar desde el llanto hasta la venganza. Si tal reacción es lo suficientemente intensa, gran parte del afecto ligado al acontecimiento desaparece. Si esta reacción es reprimida (unterdrückt), el afecto persiste ligado al recuerdo.
Así, pues, la abreacción constituye el mecanismo normal que permite al individuo reaccionar frente a un acontecimiento y evitar que éste conserve un quantum de afecto demasiado importante. Con todo, para que esta reacción posea un efecto catártico, es preciso que sea «adecuada».
La abreacción puede ser espontánea, es decir, seguir al acontecimiento con un intervalo lo bastante breve como para impedir que su recuerdo se halle cargado de un afecto lo suficientemente intenso para convertirse en patógeno. Pero también puede ser secundaria, provocada por la psicoterapia catártica, que permite al enfermo recordar y objetivar verbalmente el acontecimiento traumático y liberarlo así del quantum de afecto que lo convertía en patógeno. En efecto, Freud señaló ya en 1895: «El hombre encuentra en el lenguaje un substitutivo de la acción, mediante el cual el afecto puede ser derivado por abreacción casi en idéntica forma».
Pero la abreacción masiva no es la única forma en que un individuo puede liberarse del recuerdo de un hecho traumático: el recuerdo puede ser también integrado en una serie asociativa que permita la corrección del acontecimiento, su reinstalación en el lugar correspondiente. Desde los Estudios sobre la histeria (Studien über Hysterie), Freud describe a veces como proceso de abreacción una auténtica labor de rememoración y elaboración psíquica, mediante la cual el mismo afecto es reavivado de modo paralelo al recuerdo de los diferentes acontecimientos que lo suscitaron.
La falta de abreacción determina que ciertos grupos de representaciones, que se hallan en el origen de los síntomas neuróticos, subsistan en estado inconsciente y aislados del curso normal del pensamiento: «Las representaciones que se han vuelto patógenas conservan su actividad por el hecho de no hallarse sometidas al desgaste normal por la abreacción, y por la imposibilidad de su reproducción en los estados asociativos libres».
Breuer y Freud distinguieron las diversas clases de condiciones que impiden al individuo abreaccionar. Algunas de ellas dependerían, no de la naturaleza del acontecimiento en sí, sino del estado psíquico en que se hallaba el sujeto en el momento de producirse aquél: susto, autohipnosis, estado hipnoide; otras van ligadas a circunstancias, generalmente de tipo social, que obligan al individuo a contener sus reacciones. Finalmente, puede tratarse de un acontecimiento que «[...] el enfermo quiso olvidar y que hechazó, inhibió, suprimió intencionadamente, alejándose de su pensamiento consciente». Estas tres clases de condiciones definen los tres tipos de histeria: hipnoide, de retención y de defensa. Como es sabido, Freud, después de la publicación de los Estudios sobre la histeria, sólo conservó esta última forma.
El acento puesto exclusivamente en la abreacción para la eficacia de la psicoterapia caracteriza el período denominado del método catártico. Con todo, este concepto sigue estando presente en la teoría de la cura psicoanalítica, por razones de hecho (presencia en toda cura, en diversos grados según los tipos de pacientes, de manifestaciones de descarga emocional) y de fondo, en la medida en que toda teoría de la cura toma en consideración no sólo el recuerdo sino también la repetición. Conceptos tales como los de transferencia, trabajo elaborativo, actuar, implican una referencia a la teoría de la abreacción, al tiempo que conducen a concepciones de la cura más complejas que las de la pura y simple liquidación del afecto traumatizante.
Al parecer, el neologismo abreagieren fue creado por Breuer y Freud a partir del verbo reagieren, utilizado en su forma transitiva, y el prefijo ab, que posee diversas significaciones, en especial distancia en el tiempo, separación, disminución, supresión, etc.
Abreacción
Alemán: Abreagieren.
Francés: Abréaction.
Inglés: Abreaction.
Término introducido por Sigmund Freud y Josef Breuer en 1893 para definir un proceso de descarga emocional que, al liberar el afecto ligado al recuerdo de un trauma, anula sus efectos patógenos.
El término abreacción apareció por primera vez en la "Comunicación preliminar" de Josef Breuer y Sigmund Freud dedicada al estudio del mecanismo psíquico que opera en los fenómenos histéricos.
En ese texto pionero, los autores anuncian desde el comienzo el sentido de su trayecto: partiendo de las formas que revestían los síntomas, se proponían llegar a identificar el acontecimiento que, inicialmente y a menudo lejos en el pasado, había provocado el fenómeno histérico. El establecimiento de esa génesis tropezaba con diversos obstáculos provenientes del paciente, a los que más tarde Freud denominó resistencias, y que sólo se podían superar recurriendo a la hipnosis.
Lo más frecuente es que un sujeto afectado por un acontecimiento reaccione a él, en términos voluntarios o no, de modo reflejo: el afecto vinculado al acontecimiento queda entonces evacuado si dicha reacción es suficientemente intensa. En los casos en que la reacción no se produce o no es lo bastante fuerte, el afecto sigue ligado al recuerdo del acontecimiento traumático, y lo que actúa como agente de los trastornos histéricos es el recuerdo -y no el acontecimiento en sí-. Breuer y Freud son muy precisos al respecto: "...la histérica sufre sobre todo de reminiscencias". Se encuentra la misma precisión respecto de la adecuación de la reacción del sujeto: sea ésta inmediata (voluntaria o no) o diferida y provocada en el marco de una psicoterapia bajo la forma de rememoraciones y asociaciones, ella tiene que estar en relación de intensidad o proporción con el acontecimiento incitador para que tenga un efecto catártico, es decir, liberador. Por ejemplo, la venganza en respuesta a una ofensa, si no es proporcional o ajustada a esta última, deja abierta la herida ocasionada por ella.
Desde ese momento, Breuer y Freud subrayaron hasta qué punto era importante que el acto se pudiera reemplazar por el lenguaje, "gracias al cual el afecto puede ser abreactuado casi de la misma manera". Añaden que, en ciertos casos (una queja, una confesión), sólo las palabras constituyen "el reflejo adecuado".
El término abreacción siguió ligado al trabajo en colaboración con Breuer y a la utilización del método catártico, pero la creación del método analítico y el empleo, en 1896, de la palabra "psicoanálisis" no significaron sin embargo su desaparición, y esto, como lo precisan los autores del Vocabulaire de la psychanalyse, por dos razones: una razón fáctica, en cuanto la cura, fuera cual fuere el método, seguía siendo, sobre todo con ciertos pacientes, un lugar de fuertes reacciones emocionales, y una razón teórica, puesto que la conceptualización de la cura recurría a la rememoración y la repetición, formas paralelas de abreacción.
¿Por qué Breuer y Freud emplearon este término, del que Freud no renegó al evocar el método catártico en su autobiografía?
El término "abreacción" es un neologismo compuesto por el prefijo alemán "ab" y la palabra "reacción", a su vez constituida por el prefijo "re" y el vocablo "acción". La primera razón de esta duplicación parece haber sido el deseo de los autores de evitar el carácter demasiado general de la palabra "reacción". Pero, por otra parte, el término remite al enfoque fisiologista del siglo XIX, un enfoque en el cual funcionó como sinónimo de reflejo, designación del elemento de una relación con forma de arco lineal (el arco reflejo) que vincula, término a término, un estímulo puntual y una respuesta muscular. En los años 1892-1895, esta referencia constituía para Freud una especie de garantía de cientificidad, concordante con su esperanza de inscribir el abordaje de los fenómenos histéricos en continuidad con la fisiología de los mecanismos cerebrales. Como lo subrayó Jean Starobinski en 1994, la referencia al modelo del arco reflejo sobrevivió a la utilización de esta palabra, puesto que Freud se refiere explícitamente a él en su texto sobre el destino de las pulsiones, donde distingue las excitaciones exteriores, que provocan respuestas según el modo del arco reflejo, y las excitaciones interiores, cuyos efectos son del orden de una reacción.
Más tarde, Freud iba a utilizar el término reacción con un sentido radicalmente distinto: en lugar de designar una descarga liberadora, se referiría a un proceso de bloqueo o retención, la formación reactiva.
Abstinencia
(regla de la, principio de la)
Al: Abstinenz (Grundsatz der).
Fr.: abstinence (règle d').
Ing.: abstinence (rule of).
It.: astinenza (regola di).
Por.: abstinéncia (regra de).
Principio según el cual la cura analítica debe ser dirigida de tal forma que el paciente encuentre el mínimo posible de satisfacciones substitutivas de sus síntomas. Para el analista, ello implica la norma de no satisfacer las demandas del paciente ni desempeñar los papeles que éste tiende a imponerle. El principio de la abstinencia puede, en algunos casos y en ciertos momentos de la cura, concretarse en consignas relativas a los comportamientos repetitivos del paciente que entorpecen la labor de rememoración y elaboración.
La justificación de este principio es de tipo fundamentalmente económico. El analista debe evitar que las cantidades de libido liberadas por la cura se recatecticen de modo inmediato sobre objetos externos; en lo posible deben ser transferidas a la situación analítica. La energía libidinal se encuentra ligada por la transferencia, y se rechaza toda posibilidad de descarga distinta a la expresión verbal.
Desde el punto de vista dinámico, el poder de la cura se basa en la existencia de un sufrimiento por frustración; pero este último tiende a disminuir a medida que los síntomas ceden su puesto a comportamientos substitutivos más satisfactorios. Por consiguiente, resulta importante mantener o restablecer la frustración para evitar la paralización de la cura.
La noción de abstinencia se halla implícitamente ligada al principio mismo del método analítico, en tanto que éste convierte en acto fundamental la interpretación, en lugar de satisfacer las exigencias libidinales del paciente. Por ello, no debe sorprender que sea a propósito de una demanda particularmente imperiosa, la inherente al amor de transferencia, que Freud aborda con claridad, en 1915, la cuestión de la abstinencia: «Debo establecer el principio de que es preciso, en los enfermos, mantener las necesidades y aspiraciones como fuerzas que impulsan al trabajo y al cambio, y evitar que sean acalladas por substitutivos».
Con Ferenczi, los problemas técnicos planteados por la observancia del principio de la abstinencia pasaron al primer plano de las discusiones analíticas. Ferenczi preconizaba en ciertos casos medidas encaminadas a hostigar las satisfacciones substitutivas halladas por el paciente en la cura o aparte de ésta. Freud, en su alocución final al Congreso de Budapest (1918) aprobó, en principio, estas medidas y dio una justificación teórica de las mismas: «Por cruel que ello pueda parecer, hemos de procurar que el sufrimiento del paciente no desaparezca prematuramente en forma marcada. Cuando, por haberse disipado y perdido su valor los síntomas, se ha atenuado este sufrimiento estamos obligados a recrearlo en otro punto en forma de una privación penosa».
Para esclarecer la discusión, siempre actual, en torno al concepto de abstinencia, parece interesante distinguir claramente entre, por una parte, la abstinencia como principio y regla del analista (simple consecuencia de su neutralidad) y, por otra, las medidas activas por medio de las cuales se pide al paciente que él mismo se mantenga en un cierto estado de abstinencia. Tales medidas abarcan desde las interpretaciones cuyo carácter insistente puede equivaler a una orden, hasta las prohibiciones formales. Éstas, si bien no se dirigen a prohibir al paciente toda relación sexual, afectan por lo general a ciertas actividades sexuales (perversiones) o a ciertas actuaciones de carácter repetitivo que parecen paralizar la labor analítica. Pero la mayor parte de los analistas se muestran muy reservados en cuanto a recurrir a tales medidas activas, subrayando especialmente el hecho de que el analista corre entonces el peligro de justificar su asimilación a una autoridad represora.
Abstinencia
La regla de abstinencia prescribe al analista que incite al paciente a vedarse las satisfacciones sustitutivas posibles en el curso del tratamiento como paliativo de sus frustraciones. La reseña histórica del tema ha sido presentada por Ferenczi en su artículo «Prolongaciones de la técnica activa en psicoanálisis» (1920).
Al principio del texto alude Ferenczi a una sugerencia oral de Freud (hacia 1918), a propósito de la histeria de angustia. «Los pacientes, a pesar de una observancia rigurosa de la "regla fundamental" y una visión profunda de sus complejos inconscientes, no llegaban a superar ciertos puntos muertos del análisis hasta que se los incitaba a atreverse a abandonar el retiro seguro constituido por su fobia y exponerse, a título de ensayo, a la situación de la que habían huido con angustia en razón de su carácter penoso.»
Ahora bien, subraya Ferenczi, «al exponerse a ese afecto, los pacientes superan la resistencia contra una parte del material inconsciente hasta entonces reprimido, que desde entonces se vuelve accesible al análisis bajo la forma de ideas y recuerdos».
«Éste es el procedimiento que decidí designar con la expresión "técnica activa", que en consecuencia no significaba tanto una intervención activa por parte del médico como por parte del paciente, al cual se le imponía ahora, además de la observancia de la regla fundamental, una tarea particular. En los casos de fobia, esa tarea consistía en realizar ciertas acciones desagradables. Pronto tuve la oportunidad de imponer a una paciente tareas que consistían en lo siguiente: tenía que renunciar a ciertas opciones agradables hasta entonces inadvertidas (excitación masturbatoria de las partes genitales, estereotipias y tics, o excitaciones de otras partes del cuerpo), dominar su impulso a realizar esos actos. El resultado fue el siguiente: se volvió accesible un nuevo material mnémico, y el curso del análisis se aceleró de modo manifiesto.»
«El profesor Freud -dice Ferenczi- ha extraído la consecuencia de estas experiencias y otras similares en su informe al congreso de Budapest; incluso estuvo en condiciones de generalizar la enseñanza extraída de estas observaciones y plantea reglas: la cura debe efectuarse en general en la situación de la abstinencia.»
Pero Freud agrega: «No creo haber agotado el tema de la actividad requerida al médico diciendo que, durante el tratamiento, él debe mantener la privación».
De modo que entre estos dos aspectos de la abstinencia existe una conjunción que hay que precisar: por una parte, ella se presenta como una «privación», en el sentido de una situación resultante de la prohibición; por otra parte, esa prohibición es una exigencia de la situación transferencial.
Por lo tanto, la regla de abstinencia podrá intervenir según este doble punto de vista que pone en obra dos concepciones del principio de realidad. En términos de Freud, su formulación traduce el principio de una despersonalización del analista ilustrada en El porvenir de una ilusión (asimilación del terapeuta al dios benefactor), y que en definitiva subordina la estrategia analítica a la pulsión de muerte. Hay implícita en esto una desautorización de la preocupación junguiana por la formación «moral» del paciente, desautorización prolongada por el seminario de Lacan l'Éthique de la psychanalyse, en su crítica de una ideología de la buena voluntad.
Abstinencia
(regla de)
Alemán: Grundsatz der Abstinenz.
Francés: Règle d'abstinence.
Inglés: Rule of abstinence.
Corolario de la regla fundamental, la regla de abstinencia designa el conjunto de los medios y actitudes puestos en obra por el analista para que el analizante no pueda recurrir a formas de satisfacción sustitutivas, capaces de ahorrarle los sufrimientos que constituyen el motor del trabajo analítico.
Sigmund Freud habló por primera vez de la regla de abstinencia en 1915, al interrogarse sobre cuál debía ser la actitud del psicoanalista ante las manifestaciones de la transferencia amorosa. Precisó entonces que no se refiere sólo a la abstinencia física del analista ante la demanda amorosa de la paciente, sino a la que debe ser la actitud del analista para que en el analizante subsistan las necesidades y los deseos insatisfechos que constituyen el motor del análisis.
A fin de ilustrar el carácter de engaño que tendría un análisis en el cual el analista respondiera a las demandas de sus pacientes, Freud evoca la anécdota del sacerdote llamado a dar la extremaunción a un agente de seguros no creyente: al término de la entrevista en la habitación del moribundo, sucede que el ateo no se ha convertido, pero el sacerdote ha suscrito una póliza de seguros.
Dice Freud que no sólo "...le está prohibido al analista ceder", sino que debe llevar al paciente a derrotar el principio de placer y a renunciar a las satisfacciones inmediatas, en favor de otra, más lejana, de la cual sin embargo precisa que "puede ser también menos segura".
Freud volvió sobre el tema en el marco del V Congreso de Psicoanálisis (realizado en Budapest en 1918), a continuación de una intervención de Sandor Ferenczi centrada en la actividad del analista y en los medios a los cuales debe recurrir para perseguir y vedar todas las formas de satisfacción sustitutiva que el paciente puede buscar en el marco de la cura, y también fuera de ese encuadre. En lo esencial, Freud señaló su acuerdo con Ferenczi, subrayando que el tratamiento psicoanalítico debe "efectuarse en la medida de lo posible en un estado de frustración y abstinencia". Puntualiza sin embargo que no se trata de prohibirle todo al paciente, y que la abstinencia debe articularse con la dinámica específica de la cura.
Esta última precisión se fue perdiendo progresivamente de vista, así como se olvidó el acento que había puesto Freud en el carácter incierto de la satisfacción en el largo plazo. El surgimiento de una concepción pedagógica y ortopédica de la cura psicoanalítica contribuyó a la transformación de la regla de abstinencia en un conjunto de medidas activas y represivas que apuntaban a dar una representación de la posición del analista en términos de autoridad y poder.
En su seminario de 1959-1960, dedicado a la ética del psicoanálisis, así como en textos anteriores sobre las posibles variantes de la "cura tipo" y la dirección de la cura, Jacques Lacan volvió sobre la noción de la neutralidad analítica, que él ubica en una , perspectiva ética. Freud se había mostrado prudente en cuanto a la posible obtención por el paciente de una satisfacción ulterior, fruto de su renuncia a un placer inmediato: Lacan quiso ser más radical, cuestionando el fantasma de un "bien soberano" cuya realización marcaría el fin del análisis.
Abstinencia
(regla de)
fr. règle d'abstinence;
ingl. rule of abstinence;
al. Abstinenzregel.
Principio según el cual el trabajo de la cura no puede ser llevado a buen término a menos que excluya todo aquello que pudiera paliar en lo inmediato las dificultades neuróticas del sujeto, especialmente las satisfacciones que pudiera encontrar en respuesta al amor de trasferencia.
S. Freud estima que la energía psíquica sólo puede estar verdaderamente disponible para la cura si no es reinvestida inmediatamente en objetos exteriores al trabajo mismo. Por eso desaconseja a los pacientes tomar decisiones importantes para su vida durante la cura. De igual modo, recomienda al analista que evite gratificar al sujeto con satisfacciones afectivas que pudieran serle suficientes y, por consiguiente, hacerle menos necesario el trabajo que conduce al cambio.
Evaluar actualmente el principio de abstinencia es delicado. Los psicoanalistas han renunciado, en general, a prohibir toda decisión importante durante el trascurrir de las curas. Pero, históricamente, el principio de abstinencia fue valioso al menos porque llevó a replantear la representación de una neutralidad total del analista: esto aparece nítidamente en la «técnica activa» de S. Ferenczi, que proscribe en especial ciertas prácticas repetitivas que paralizan el trabajo analítico.
Acción específica
Al.: Spezifische Aktion. -
Fr.: action spécifique. -
Ing.: specific action. -
It.: azione specifica. -
Por.: ação específica.
Término utilizado por Freud en algunos de sus primeros trabajos, para designar el conjunto del proceso necesario para la resolución de la tensión Interna creada por la necesidad: intervención externa adecuada y conjunto de reacciones preformadas del organismo que permiten la consumación del acto.
Freud utiliza el concepto de acción específica, sobre todo en su Proyecto de psicología científica (Entwurf einer Psychologie, 1895): el principio de inercia, del cual Freud postula que regula el funcionamiento del aparato neuronal, se complica desde el momento en que intervienen las excitaciones endógenas. En efecto, el organismo no puede escapar a ellas. Puede descargarlas de dos modos:
a) de un modo inmediato, por medio de reacciones inespecíficas (manifestaciones emocionales, gritos, etc.), que constituyen una respuesta inadecuada, y las excitaciones continúan afluyendo;
b) de forma específica, que es la única que permite una resolución duradera de la tensión. Freud proporcionó el esquema de este proceso, haciendo intervenir especialmente la noción de umbral, en Sobre la justificación de separar de la neurastenia cierto complejo de síntomas denominado «neurosis de angustia» (Über die Berechtingung, von der Neurasthenie einen bestimmten Syniptomenkoinplex als «Angstneurose» abzutrennen, 1895).
Para que se realice la acción específica o adecuada, es indispensable la presencia de un objeto específico y de una serie de condiciones externas (aporte de alimento en el caso del hambre). Para el lactante, debido a su desamparo original (véase: Desamparo), la ayuda exterior se convierte en la condición previa indispensable para la satisfacción de la necesidad. Con el nombre de acción específica, Freud designa tanto el conjunto de los actos reflejos mediante los cuales se consuma el acto, como la intervención exterior, e incluso los dos tiempos.
Esta acción específica se presupone en el caso de la experiencia de satisfacción.
La concepción freudiana de la acción específica podría interpretarse como un esbozo de una teoría del instinto. ¿Cómo armonizarla con la concepción de la pulsión sexual, tal como se deduce de la obra de Freud? El planteamiento del problema evolucionó en el propio Freud durante los años 1895 a 1905:
1) En el Proyecto de psicología científica, la sexualidad se clasifica entre las «grandes necesidades»; exige, al igual que el hambre, una acción específica (véase: Pulsiones de autoconservación).
2) Se observará que en 1895 Freud no había descubierto todavía la sexualidad infantil. En esta época de la utilización del término «acción específica» se deduce una analogía entre el acto sexual del adulto y la satisfacción del hambre.
3) En el artículo anteriormente citado, contemporáneo del Proyecto, la acción específica necesaria para la satisfacción sexual se describe refiriéndose al adulto. Ahora bien, junto a los elementos de comportamiento que constituyen un tipo de dispositivo orgánico, Freud introduce condiciones «psíquicas» de origen histórico, subordinadas a lo que llama elaboración de la libido psíquica.
4) La perspectiva cambia con el descubrimiento de la sexualidad infantil (véase: Sexualidad): Freud critica en lo sucesivo la concepción que define la sexualidad humana por el acto sexual adulto, comportamiento que sería invariable en su desarrollo, su objeto y su fin. «La opinión popular tiene ideas fijas sobre la naturaleza y características de la pulsión sexual. Esta no existiría durante la infancia, aparecería durante la pubertad, en estrecha relación con el proceso de maduración, se manifestaría en forma de una atracción irresistible ejercida por un sexo sobre el otro, y su fin sería la unión sexual, o por lo menos los actos conducentes a dicho fin».
En los Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905) Freud pone de manifiesto cómo, en el funcionamiento de la sexualidad del niño, las condiciones orgánicas capaces de proporcionar un placer sexual son poco específicas. Si puede decirse que se especifican rápidamente, es debido a factores de tipo histórico. En definitiva, en el adulto, las condiciones de la satisfacción sexual pueden estar muy determinadas para un individuo en particular, como si el hombre alcanzase, a través de su historia, un comportamiento que puede asemejarse a un dispositivo instintivo. Esta apariencia se halla en la base de la «opinión popular» que Freud citaba anteriormente.
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