Alienación
(separación, falta)
El tema de la alienación, o lo que Lacan llama el VEL de la alienación, implica una lógica, la lógica de la elección forzada que Lacan articula reiteradas veces en diversos seminarios, según modalidades (de la conectiva «o») destinadas a definir las formas de conjunción-disyunción de la relación del Sujeto con el Otro.
En este proceso, en el que se juega la dependencia del Sujeto respecto del Otro, importa distinguir en primer lugar el nivel imaginario en el que Lacan considera que la significación de la alienación, constitutiva del yo, aparece en la relación de exclusión que estructura, en el sujeto, la relación dual de yo a yo. Esto supone que el VEL de la exclusión -«tú o yo»- es aquí consecuencia de la alienación: «tú es yo».
La tabla de este VEL indica la imposibilidad de conservar ambos términos al mismo tiempo y también la de su desaparición simultánea.
Pero sólo existe la relación imaginaria y, en la cura, el analista es quien hace pasar esta relación de exclusión de lo imaginario a lo simbólico: la vuelve sobre sí mismo al hacer de muerto.
pqpvq
vvf
vfv
fvv
fff
En el nivel simbólico, importa subrayar que la dependencia significante respecto del Otro se relaciona con un proceso que no por circular es menos asimétrico, ¿Cómo articularlo, y según qué conectivo?
Junto a la «o» exclusiva que excluye la verdad simultánea de los dos términos de la alternativa, y a la «o» no exclusiva que valida uno u otro término o ambos, hay lugar para un VEL que funciona ya en el lenguaje bajo la forma de «la bolsa o la vida», «la libertad o la muerte»...
Ahora bien, lo que implica este VEL alienante es que no es posible conservar los dos términos, porque la opción que está en juego es: o bien se conserva la vida o bien se pierden las dos (si uno elige la libertad, pierde la libertad y la vida).
Lacan subraya la originalidad de este VEL en el que no se trata ya de la exclusión, en el nivel imaginario, de un «tú o yo», sino de una elección donde la apuesta se limita aparentemente a la conservación (o no) del otro término, con emplazamiento de una dialéctica de la mutilación (écornage). Así, en el ejemplo de «la bolsa o la vida», renunciar a la bolsa significa quedar con una vida mutilada, amputada de la bolsa (de la libertad), pero optar por la bolsa, renunciando a la vida, es perder una y otra. Así Lacan justifica el VEL alienante de «la libertad o la muerte» por las posiciones del esclavo y el Amo [Maître]: si para el esclavo la elección se resuelve en «no libertad sin vida», con una vida que queda mutilada de la libertad, para el Amo, hacer que la elección pase por la muerte constituye su alienación fundamental. Pero ¿de qué amo [maitre] se trata en este caso? Del de la lucha de puro prestigio, o del que durante el «Terror», como lo demuestra Lacan, sólo podrá elegir la muerte para tener la libertad.
De todas maneras, esta distribución que pone de manifiesto ese factor letal en el VEL alienante, pone fin a la esperanza de cualquier integración de lo particular en lo universal. A la inversa del planteo cartesiano, el psicoanálisis no me permite captarme en lo que soy y asegurarme en mi ser, pues lo que la experiencia me revela es que en mi búsqueda de ese ser sólo aferro una quimera, es decir, una identificación imaginaria cuya inconsistencia e inanidad advierto pronto.
Por ello, de la alternativa «el ser o el sentido», Lacan deriva: «Elegimos el ser, y el sujeto desaparece, se desvanece, cae en el sinsentido (non-sens). Elegimos el sentido, y el sentido sólo subsiste mutilado de esa parte de sinsentido».
Esto implica dos consecuencias:
-la primera, es que el VEL alienante condena al sujeto a esa división por la que, si por una parte aparece como sentido producido por el significante, se manifiesta por la otra como afánisis, fading;
-la segunda, es que la interpretación apunta en último análisis no tanto al sentido como a la reducción de los significantes a su sinsentido, para poder encontrar los determinantes de toda la conducta del sujeto.
Estamos lejos del Cogito, ergo sum. La quietud de la coincidencia entre el dominio del «yo pienso» y el del «yo soy» queda trastornada por el descubrimiento freudiano; es decir que, si bien el psicoanálisis sólo puede surgir a partir del planteo cartesiano, éste es subvertido por el hecho de que, para el psicoanálisis, no hay sujeto transparente a sí mismo, y ser y sujeto son disyuntos. Para el psicoanálisis, «pensar» y «ser» no son la misma cosa. Por lo tanto, se trata más bien de la negación de su coincidencia.
En efecto, si designamos con las letras A y B los círculos del «yo pienso» y el «yo soy», y respectivamente aplicamos las fórmulas de Morgan, tenemos:
AÇBAÈB
Esquema 2
El complemento de la intersección de los conjuntos A y B es igual a la unión de sus complementos, o, empleando la raya de la negacion:
AÇB=AÈB
(ct. la entrada «Topología».)
La negación de esta coincidencia es entonces equivalente a «yo no pienso o yo no soy», fórmula sobre la cual Lacan funda su lógica del fantasma. Si los complementos A y B son disyuntos, se tiene: A Ç B = Æ (conjunto vacío).
Se advierte que las formaciones del inconsciente no suponen un sujeto que pueda acompañar sus representaciones y asegurarse de la continuidad de su ser:
Esquema 3
Esquema 4
AÇB = Æ
El esquema 4 muestra que la elección de un «yo no pienso» no implica, como podría esperarse, la emergencia de un «yo soy», sino de un «ello». Asimismo, la elección del «yo no soy» hace surgir, no un «yo pienso», sino una representación de cosa en la que el funcionamiento literal marcado por el sello del sinsentido no se debe a la afirmación de un sujeto sino a la exclusión de un significante. Dicho de otro modo, el «yo soy» que implica esta negación es un «yo pienso». Pero ella implica también otra vía, la de un «yo no soy» (B), donde reside el pensamiento inconsciente. Para Lacan se trata de unir lo que en Freud sigue en estado de separación, es decir, los términos «ello» e «inconsciente», y mostrar de qué modo y en qué medida el objeto libidinal puede deducirse del sinsentido del significante. De allí la necesidad de componer lo que, de un lado, sitúa al significante en la operación alienante y, del otro, al objeto A en la operación llamada de separación.
B
Esquema 4 bis
Esto hace que nos volvamos hacia lo que para el psicoanálisis es el punto de partida, a saber: el lenguaje, y el lenguaje en tanto se lo considera a partir de la cadena significante reducida al mínimo SI ___> S2; esta matriz parece proceder también de una lógica de la mutilación según un VEL análogo al de la bolsa o la vida.
Esquema 5
En efecto, este esquema indica un tercer término (el conjunto vacío), con el cual el sujeto se encuentra al negarse a ceder su bolsa. Además demuestra de qué modo la experiencia analítica puede oscilar entre la elección del sentido (S2) y del sinsentido (S1).
Evidentemente, la elección de S, implica la petrificación del sujeto, puesto que S, no representa ya al sujeto para otro significante (esquema 6).
//S2
Esquema 6
Se comprende entonces por qué la tarea del análisis consiste en primer lugar en obtener una alienación del sujeto en la que la elección no sea tomar la vía de la petrificación, sino la del sentido, en la que todo hace sentido, en la que se puede esperar que el sentido acabará con el sinsentido.
Pero esta vía (operación) no es sin efecto sobre el sujeto, puesto que revela que el progreso en el sentido hace más aguda la incidencia del sinsentido. Por eso, a pesar de la elección del sentido, Lacan regula la experiencia analítica sobre el sinsentido, cuya emergencia implica la captación de un «tú eres eso», con lo cual el sujeto «no es allí» sino bajo el modo de una pérdida de ser. Hay un momento (¿necesario?) en el que el sujeto objeta, con su afirmación de ser, al Otro del significante. Tenemos en este caso una relación del sujeto con el Otro, que ya no procede del esquema 5, sino de un esquema en el cual la intersección del sujeto en tanto que conjunto vacío y el Otro como tesoro del significante implica un lugar vacío, el del objeto, un objeto que surge en lugar del sinsentido. Esto no se pliega fácilmente al lenguaje de los conjuntos invocado en la época. Es necesaria una cierta torsión que se puede esquematizar como sigue:
Esquema 7
Explicitemos. Sería necesario que el sujeto del significante que, como tal, está vacío, fuera, a partir de ese vacío, falta en el Otro. Esto supone que para hacerse ser este sujeto pueda hacerse falta en el Otro. Es allí, en ese lugar de intersección, que no encierra nada sino la superposición de dos faltas (la del sujeto del inconsciente y la del conjunto vacío incluido en el Otro), donde viene a inscribirse la pregunta del sujeto («¿es que yo falto allí dentro?»... «¿es que yo le falto?») y, por esta inscripción, la posibilidad de su pérdida de ser. Pero es también a partir de esto que Lacan justifica la implicación de la operación denominada separación que, a su vez, es sólo una cuestión de ser. Si en la alienación el sujeto sólo emerge como vacío con la condición de haber realizado ya la elección, la separación, por su parte, comienza con la confrontación de ese sujeto con el campo del Otro, salvo que su intersección $ Ç A = Æ es el conjunto vacío. Se trata desde entonces de saber cómo el sujeto puede encontrarse en la falta del Otro, de fomentarse un ser, un «yo soy» que le faltaría al Otro. En ese lugar de la falta, Lacan llegará a inscribir el sitio del goce, donde le incumbiría a la pulsión restaurar en el sujeto su pérdida de ser. La dimensión pulsional instituye así un corte con el Otro del significante y del sentido, pero instaura un lazo con el deseo del Otro, faltante, -A, donde los objetos parciales se encarnan como soportes del deseo. Al respecto puede decirse que si, para la histérica, ninguna articulación significante puede procurar el objeto a, el obsesivo, por su parte, se esfuerza en fijarse una alienación en la cual la actividad de enumeración y conteo viene a sellar su vano anhelo de reducir el objeto a un significante en el Otro.
¿Dónde estamos entonces? Hemos visto que la elección del sentido se paga con una pérdida de ser, con un efecto de sinsentido que, por así decirlo, haría de límite al sentido absoluto, al saber absoluto. Esto es además lo que implica la escritura: S1 ---> S2, de donde es posible plantearse la cuestión de la totalización del saber en el Otro como tesoro del significante. En efecto, si S2 constituye el significante del Otro, se plantea entonces: (S1---> S2) ~ S2. Reemplazando S2 por su valor y reiterándolo se tendrá:
(S1-->S2) = S1-->(S1-->)=S1-->(S1-->(S1-->S2))...,
escritura donde aparece el inacabamiento radical de la totalización del saber y se muestra que, por más lejos que se vaya en el despliegue del sentido, éste supone siempre una parte de sinsentido que no es eliminable y que justifica la implicación de la operación de separación. Ésta concierne, no al saber del Otro, sino al deseo del Otro en tanto que implica un «¿Qué me quiere?», planteado como equivalente de la falta de significante en el Otro. Por cierto, esta equivalencia no es arbitraria; la justifica en primer lugar el hecho de que el sujeto no se lanza a la alienación si ésta no encuentra su complemento en lo que aporta la separación: una promesa de ser. Lo que falta en el Otro se encuentra así positivizado por lo que surge en la alienación como vacío del sujeto. Y toda la cuestión consiste en saber en qué medida (y cómo) el sujeto puede encontrar, en el deseo del Otro, un equivalente de lo que él es como sujeto de lo inconsciente.
Retornemos la fórmula de la negación del cogito cartesiano. Como hemos visto, ella conduce a «yo no pienso o yo no soy».
-El primer término de la alternativa, «yo no pienso», está mutilado y es complementado, no por un «yo» [je], sino por un «ello», anónimo, constituido, como lo observa Freud, por todo lo que en el lenguaje no es un «yo» [je], es decir, por la gramática en tanto que ella da soporte al fantasma. No discutiremos qué es lo que, en el análisis, ocuparía esa posición del «yo no pienso». Observemos solamente el pasaje, cuando se trata del analista, de la posición del «yo no pienso» a la del objeto a en el discurso del analista:
Yo no pienso
Esquema 7 bis
-El segundo término de la alternativa, el «yo no soy», constituye un espacio de inexistencia del «yo» [je]; es un espacio mutilado por lo inconsciente; lugar de la sorpresa y el traspié, Es preciso decir que esta construcción, destinada a corregir la confusión en la que se cayó después de Freud entre inconsciente y ello, apunta al mismo tiempo, y no sin dificultad, a unirlos de tal manera que en el análisis se pueda reconocer un «yo [je] soy eso», considerado por Lacan como el fin de la experiencia.
ics
Yo no soy
Esquema 7 ter
Esta construcción ha variado. Encuentra su cristalización en el cuadrángulo en el que -desde el seminario sobre la lógica del fantasma hasta el seminario sobre el acto- Lacan intenta demostrar de qué modo las dos operaciones distintas pueden componerse en una tercera.
Yo no pienso
Coordinado con el ello
«Yo no pienso o yo no soy»
ics
«yo no soy»
Esquema 8
Si la alienación permite instaurar la operación analítica, hay una dimensión de verdad implicada en el análisis que lleva a considerar que la combinación de esas dos posiciones se supone que revela al sujeto su ser bajo los auspicios del objeto a, pero también su castración en su valor (-j). Es esto lo que designa el cuarto vértice del cuadrángulo, donde en el mismo punto se especifica la distinción de (-j) y a, términos de los cuales es preciso decir que Lacan, en el curso de su enseñanza, no dejó de articular su empalme y separación. Este «empalme-distinción» entre el objeto a y la castración supone, por cierto, que el lugar que el sujeto se hace en el ello -lugar de ausencia- es el del goce. Esto permite formular el interrogante de la relación del sujeto como falta en ser (manque à ètre) con esa parte de ser que le es requerida y que es el objeto a, y esclarecer, más allá de las consideraciones imaginarias sobre el Edipo, las relaciones un tanto confusas entre el superyó y el goce.
Alienación
Definición
Con este término Piera Aulagnier define un destino del Yo y de la actividad de pensar cuya meta es tender a un estado aconflictivo "...de este modo se espera la abolición de todo conflicto entre el Yo, sus deseos y los deseos de los otros investidos por él". Este estado de alienación representa el límite extremo al que el yo puede llegar antes de la muerte efectiva del pensamiento, o sea la del sujeto.
Origen e historia del término
Piera Aulagnier describe en 1980, en Los destinos del placer, las relaciones de simetría y de asimetría. Dentro de estas últimas ubica la alienación categorizándola como la patología de la actividad de pensamiento.
Según esta autora existen dos soportes esenciales de este estado: la idealización masiva del que ejerce un deseo de alienar, y por otro lado, en el sujeto alienado, el retomar ese mismo deseo. Es decir que estamos hablando tanto de la patología de la idealización como de la identificación.
La alienación no presupone una patología preexistente. Es un encuentro entre el deseo de alienar y el deseo de ser alienado. Implica un estado de total desconocimiento por parte del alienado del accidente sobrevenido a su pensamiento. La alienación presupone una vivencia no nombrable y no perceptible por el que la vive. Es la realización de un deseo de matar el pensamiento que está presente en los dos sujetos.
Desarrollo desde la perspectiva vincular
El humano es un ser relacional en tanto emerge en y de una serie de enlaces intersubjetivos que lo sostienen y determinan, como re es invisibles. Estos enlaces son las uniones, las ligaduras de un sujeto con los otros, estableciendo entre sí diversos intercambios. Estas son ligaduras verbales que determinan posiciones.
La pareja matrimonial es un vínculo estable con un único sujeto que se ha hecho acreedor a la catectización privilegiada de un sujeto. Los modelos relacionales con que se establece van desde la relación de alienación a la relación amorosa, y están sustentados por una particular definición de las diferencias, de la temporalidad, de la metabolización del dolor psíquico, del placer y del sufrimiento.
El vínculo asimétrico, pasional, en el que el sujeto adviene, la relación entre el bebé y la madre, queda como marca en el orillo a la que cada sujeto se enfrenta cuando intenta crear con otro una relación de pareja. Un vínculo de mayor complejidad hará posible soportar los embates siempre existentes de esos intentos de encontrar en el presente la asimetría del pasado, ese sostén ilusorio.
Cada vez que el sujeto inviste a otro como objeto privilegiado y mantiene una relación estable, reaparece en la escena la expectativa de la asimetría, el deseo de alienar o alienarse a cambio de volver a sentir la vivencia de completud. Es decir que el sujeto viene de una relación pasional originaria que produce efectos en el camino hacia, y en la construcción de, una relación amorosa.
Estas marcas muestran su eficacia en el momento fundante de la pareja: el enamoramiento. Llamamos enamoramiento al resultado de la investidura mutua entre dos sujetos, como fuente de placer uno para el otro con escisión del sufrimiento que provocaría esa misma investidura.
En el intento de quedar sustraído al compromiso de investir, gozando y sufriendo, podría buscarse a otro que piense por el sujeto, que ocupe el lugar del objeto originario. Así, se catectiza a otro sujeto que se convierte en un objeto que forma parte de lo necesario, no se diversifican las investiduras. Necesidad y deseo se confunden como al comienzo de la existencia. El placer tolerado es este placer necesario, por lo que cada sujeto busca en una pareja solamente la confirmación de que es, que existe.
Uno le otorgará al otro un poder: el de ser causa de vida, y se entablará una relación de alienación. Coexistentemente circulará la interdicción de proyectos e ideales propios a cada sujeto.
El deseo es negar el devenir y volver hacia atrás. Se propone la exclusión de toda duda, duelo, o conflicto. La alienación marca el camino de la repetición, el siempre igual, la mismidad y del pensamiento con certezas.
Problemáticas conexas
asimetría
pasión
enamoramiento
relación con el objeto único
narcisismo
diferencia con alienación en Lacan.
Sólo comentaré algunas de ellas. Como decíamos, todo aquel que quiera reinstalar una relación con un objeto originario del que se depende, se está a merced, restablece la asimetría del comienzo de la vida en la que la madre es todo para el infans, aunque el infans no sea todo para la madre. Esta asimetría saludable e inevitable del inicio, es cara si se vuelve a constituir a lo largo de la vida. Toda vez que alguien se ubique en el lugar de objeto que colina a otro corre el riesgo de perder su posibilidad de pensar y pensarse. Nadie ocupa el lugar de objeto si no cumple un deseo y no está enganchado en el deseo del otro.
La situación extrema de esta asimetría es el vinculo pasional. En la relación pasional un yo se ha convertido en fuente exclusiva de todo placer y de todo sufrimiento para otro yo. "Ante los ojos del apasionado un objeto de placer se categoriza como necesario, único objeto capaz de satisfacer todas las demandas"'. El apasionado concibe al objeto de su amor como fuente de placer pero no de sufrimiento.
En el enamoramiento cada uno es al mismo tiempo objeto y sujeto deseante, pero se va delineando poco a poco los acuerdos básicos que sostendrán el vínculo. El objeto que elige el amante, Freud ya lo dice, ocupa el lugar del Ideal del Yo. Por este movimiento el sujeto se vive tanto descentrado como desvalorizado, factores que son cara y contracara de esta experiencia que llamamos bifronte. Se anulan tiempo y distancia; hay una ilusión de posesión del objeto que intenta velar las faltas. "Con la distancia se cae bruscamente en la noción de tiempo y de pérdida, el enamorado la manipula en un "te pienso" que es más bien un "te alucino", que intenta conjurar el dolor".
Allendy René
(1889-1942) Médico y psicoanalista francés
La obra escrita de este médico, que fue en 1926 uno de los doce fundadores de la Société psychanalytique de Paris (SPP), es tan considerable como extraño e incluso olvidado es el personaje. Firmó cerca de doscientos artículos y una veintena de libros sobre temas tan diversos como la influencia astral, los querubines y las esfinges, la teoría de los cuatro temperamentos, la gran obra de los alquimistas, la modalidades atmosféricas, la Tabla de Esmeralda de Hermes Trimesgisto, el tratamiento de la tuberculosis pulmonar, la lycosa tarentula, el sueño, etcétera.
Defendió su tesis de medicina en noviembre de 1912, ocho días antes de casarse con Yvonne Nel Dumouchel, a quien el poeta Antonin Artaud menciona en su correspondencia como una de sus "cinco madres adoptivas". Víctima del gas de combate durante la Primera Guerra Mundial, y después reconocido como tuberculoso, Allendy decidió curarse por sí mismo. En 1920 se convirtió en miembro titular de la Société française d'homéopathie y, tres años más tarde, conoció a René Laforgue, con el cual realizó su análisis didáctico. Laforgue lo introdujo en el servicio del profesor Henri Claude en el Hospital Sainte-Anne.
Allendy prácticamente no formó analistas en el seno de la SPP, pero su diván y su casa particular del distrito XVI de París fueron frecuentados por escritores y artistas, entre los que se destacan René Crevel (1900-1935) y Anais Nin (1903-1977), de la que fue amante. Esta última, en su Diario sólo relató algunos fragmentos de la increíble cura psicoanalítica desarrollada durante un año (1932-1933), en condiciones particularmente transgresoras. Y sólo en 1995 se conoció la verdad, gracias a Deirdre Bair, su biógrafa, quien reconstruyó detalladamente esa relación.
Si bien Allendy había sido seducido por esa joven que exhibía sus senos durante las sesiones, la besó gentilmente en las mejillas cuando ella decidió detener la cura, desencadenando su furor. Con lo cual ella volvió, y el análisis se transformó entonces en sesiones de masturbación compartida antes de que, en un hotel, Allendy se entregara a prácticas sadomasoquistas en su compañía.
Fue a continuación de este "análisis" cuando Anaïs Nin se acostó con el padre, Joaquin Nin, quien, en el momento del acto sexual, exclamó: "Trae aquí a Freud y a todos los psicoanalistas. ¿Qué dirían de esto?" Cuando ella le narró la escena a Allendy, éste se horrorizó, y le contó todo tipo de historias de incesto que habían conducido al desastre. Concluyó la sesión diciéndole a su "paciente" que ella era un "ser contra natura". A lo cual Nin respondió orgullosamente que lo que experimentaba por el padre era un amor "natural". Después de esta farsa siniestra, Nin consultó a Otto Rank.
Al final de su vida, Allendy relató su propia agonía, de manera conmovedora, en su Journal d'un médicin malade, ou six mois de lutte contre la mort. La obra apareció póstumamente.
Aloerotismo
Al.: Alloerotismus. -
Fr.: allo-érotisme. -
Ing.: allo-erotism. -
It.: allo-erotismo. -
Por.: alo-erotismo.
Término utilizado algunas veces, en oposición a autoerotismo: actividad sexual que encuentra su satisfacción gracias a un objeto exterior.
Cuando Freud emplea por vez primera, en 1899, la palabra «autoerotismo» (véase este término), la contrapone a la de alocrotismo, que a su vez se subdivide en homoerotismo (satisfacción hallada gracias a un objeto del mismo sexo: homosexualidad) y heterocrotismo (satisfacción hallada gracias a un objeto del otro sexo: heterosexualidad). Esta palabra, poco utilizada, ha sido recogida especialmente por E. Jones.
Alteración del Yo
Al.: Ichveränderung. -
Fr.: altération du moi. -
Ing.: alteration of the ego. -
It.: modificazizone dell’io. -
Por.: alteração do ego.
Conjunto de limitaciones y actitudes anacrónicas adquiridas por el yo durante las etapas M conflicto defensivo, y que repercuten desfavorablemente sobre sus posibilidades de adaptación.
El término «alteración del yo» se encuentra al principio y al final de la obra de Freud, en dos contextos bastante distintos.
En las Nuevas observaciones sobre las psiconeurosis de defensa (Weitere Bernerkungen über die Abivehr-Neuropsychosen, 1896), Freud, a propósito de la paranoia, distingue del delirio como retorno de lo reprimido, un delirio secundario, el delirio de interpretación, llamado también delirio «combinatorio» y delirio «de asimilación». Éste sería el signo de una adaptación del yo a la idea delirante: el paranoico terminaría convirtiéndose en un ser falso, en su intento de atenuar las contradicciones entre la idea delirante primaria y el funcionamiento lógico del pensamiento.
En Análisis terminable e interminable (Die endliche und die unendliche Analyse, 1937) Freud trata, en forma relativamente sistemática, de «[...] lo que de un modo tan impreciso se designa con el término "alteración del yo"». Continuando en cierto modo la obra, a la sazón recién publicada, de Anna Freud sobre los mecanismos de defensa (1936), muestra cómo éstos, originariamente constituidos para hacer frente a peligros internos determinados, pueden terminar por «fijarse en el yo», constituir «[...]pautas reaccionales regulares del carácter» que el individuo va repitiendo a lo largo de toda su vida, utilizándolas como instituciones anacrónicas cuando ya la primera amenaza ha desaparecido. El arraigo de tales hábitos defensivos conduce a «distorsiones» (Verrenkungen) y «limitaciones» (Einschränkungen). Se ponen de manifiesto especialmente durante la labor terapéutica, durante la cual una verdadera resistencia se opone a que sean desveladas las resistencias mismas.
La alteración del yo debería relacionarse más bien con un dispositivo de comportamiento que, como ha mostrado la escuela etológica basándose en los comportamientos instintivos, puede funcionar «en vacío», es decir, crear artificialmente situaciones motivantes: el yo «[...]se ve impulsado a buscar en la realidad las situaciones capaces de reemplazar aproximadamente el peligro originario». Lo que Freud considera aquí es algo distinto de la repercusión directa del conflicto defensivo sobre el yo (el síntoma mismo puede considerarse como una modificación del yo, un cuerpo extraño dentro de éste; así, la formación reactiva modifica también el yo).
Estos dos textos, en los que Freud habla de las alteraciones del yo, tienen varios puntos comunes. En ambos casos la alteración del yo se concibe como secundaria, a distancia del conflicto y de lo que lleva la marca del inconsciente. En este sentido, ofrecería una especial dificultad para la curación, por cuanto el esclarecimiento del conflicto tendría escaso efecto sobre las modificaciones inscritas en el yo en forma irreversible, hasta el punto de que se han llegado a comparar a los «trastornos lesionales del organismo». Por otra parte, la alusión a la psicosis, que ocupa un lugar central en el primer trabajo, se halla también presente en el segundo: el yo de todo ser humano «[...] se asemeja al del psicótico en alguna de sus partes, en mayor o menor proporción».
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