Argentina
En 1914, en su artículo sobre la historia del movimiento psicoanalítico, Sigmund Freud escribió lo siguiente: "Un médico, probablemente alemán, llegado de Chile, se declaró en favor de la existencia de la sexualidad infantil en el Congreso Internacional de Buenos Aires (1910), y elogió los éxitos obtenidos por la terapia psicoanalítica en el tratamiento de los síntomas obsesivos". Este médico chileno se llamaba Germán Greve. Delegado por su gobierno a ese congreso de medicina, se mostró entusiasmado por las tesis freudianas, y las expuso sin deformarlas demasiado. Pero, su conferencia no encontró eco entre los especialistas argentinos en enfermedades nerviosas y mentales.
Como en todos los países del mundo, también en la Argentina el psicoanálisis suscitó en esa época numerosas resistencias, síntoma de su progreso activo. Y fue a través de polémicas y batallas como encontró la vía de una implantación exitosa.
Independiente desde 1816, después de haber sufrido el yugo colonial español, la Argentina vivió bajo el dominio de los "caudillos" durante todo el siglo XIX. A partir de 1860, la ciudad de Buenos Aires, bajo la influencia de su clase dominante, encabezó la revolución industrial y la construcción de un Estado moderno. En 1880 se realizó la unidad de las diferentes provincias, y la ciudad portuaria se convirtió en la capital federal de] país. En el término de unos cincuenta años (entre 1880 y 1930), la Argentina acogió a seis millones de inmigrantes, en su mayoría italianos y españoles: tres veces la población inicial del país. Huyendo de los pogromos, los judíos de Europa central y oriental se mezclaron con este movimiento migratorio y se instalaron en Buenos Aires, haciendo de la capital el bastión de un cosmopolitismo abierto a todas las ideas nuevas.
Con la revolución industrial y la instauración de un Estado moderno se constituyó entonces, contra la tradición de los curanderos, una medicina basada en los principios de la ciencia positiva importada de Europa, y más particularmente de los países latinos: Francia e Italia. Fundador del asilo argentino, Lucio Meléndez repitió para su país el gesto de Philippe Pinel, poniendo en pie una organización de salud mental dotada de una red de hospitales psiquiátricos, y edificando una nosografía inspirada en Esquirol. Domingo Cabred, su sucesor, continuó la obra, adaptando la clínica de la locura a los principios de la herencia-degeneración. En la misma época comenzaron a afirmarse las investigaciones en criminología y sexología, mientras que la enseñanza de la psicología, en todas sus tendencias, adquiría una amplitud considerable a través de la creación, en 1896, de una primera cátedra universitaria en Buenos Aires.
De modo que el terreno estaba preparado para recibir al pensamiento freudiano, y también a todas las escuelas de psicoterapia basadas en la hipnosis, la histeria, la sugestión. Y había un interés indiscriminado por los trabajos de Freud, Pierre Janet, Jean Martin Charcot e Hippolyte Bernheim.
En 1904, José Ingenieros, psiquiatra y criminólogo, publicó el primer artículo que mencionaba a Freud. Más tarde, en la década de 1920, otros autores presentaron al psicoanálisis como una moda o una epidemia (Aníbal Ponce), o bien como una etapa de la historia de la psicología (Enrique Mouchet). En 1930, Jorge Thénon dijo que la doctrina era demasiado metapsicológica, aunque no le negó interés.
Por cierto, mientras en Madrid se estaba realizando una notable traducción española de las obras de Freud, bajo la dirección de José Ortega y Gasset, los autores argentinos se remitían a versiones francesas. Simultáneamente importaban las polémicas parisienses a las cuales añadían -latinidad obliga- las críticas italianas. Por ejemplo, los argumentos de Enrico Morselli (1852-1929) recibieron un eco favorable, mientras que el temible Charles Blondel obtuvo un franco éxito al declarar, en su gira de conferencias de 1927, que Henri Bergson (1859-1941) era el verdadero descubridor del inconsciente, y Freud, una especie de Balzac frustrado en su vocación.
Reaccionando a esta confusión se perfiló otra orientación, con las publicaciones y las intervenciones menos críticas de Luis Merzbacher en 1914, Honorio Delgado en 1918, Gonzalo Rodríguez Lafora en 1923 y de Juan Beltrán entre 1923 y 1928.
Profesor de psicología y medicina legal, Beltrán publicó dos obras, una sobre el aporte del psicoanálisis a la criminología, y la otra sobre sus fundamentos; en ellas se presentaba la doctrina freudiana de manera positiva, pero con el aspecto de una moral naturalista de la que había que evacuar todo vestigio de pansexualismo. En cuanto a Honorio Delgado, psiquiatra y médico higienista peruano, más adleriano que freudiano, a partir de 1915 desempeñó un papel importante en la difusión del psicoanálisis en América latina. Intercambió algunas cartas con Freud, redactó su primera biografía y se convirtió en miembro de la International Psychoanalytical Association (IPA) a través de una afiliación a la British Psychoanalytical Society (BPS) antes de alejarse del movimiento, y después de afirmar con fuerza que él había sido el "primer freudiano" del subcontinente sudamericano.
A partir de 1930, la Argentina sufrió el rebote de los acontecimientos europeos. La clase política se dividió entre partidarios y adversarios del fascismo, mientras que, en los debates intelectuales, el freudismo y el marxismo encarnaban el sueño de libertad. En esta sociedad construida como reflejo especular de Europa, y en la que en adelante accederían al poder los hijos de los inmigrantes, el psicoanálisis parecía poder aportarle a cada sujeto un conocimiento de sí mismo, de sus raíces, un origen, una genealogía. En este sentido, fue menos una medicina de la normalización, reservada a verdaderos enfermos, que una terapia de masas al servicio de una utopía comunitaria. De allí su éxito, único en el mundo, con todas las clases medias urbanizadas. De allí también su extraordinaria libertad, su riqueza, su generosidad, y su distancia respecto de los dogmas.
Enrique Pichon-Rivière y Arnoldo Rascovsky, los dos psiquiatras e hijos de inmigrantes, uno de cultura católica, el otro proveniente de una familia judía, se entusiasmaron con el freudismo en el período de entreguerras. Como el escritor Xavier Bóveda, que invitó a Freud a exiliarse en Buenos Aires, ellos soñaban con salvar al psicoanálisis del peligro fascista, ofreciéndole una nueva tierra prometida. En 1938 reunieron a su alrededor a un círculo de elegidos que formó el núcleo fundador del freudismo argentino. Luis Rascovsky, hermano de Arnaldo, Matilde Wencelblat, su mujer, Simón Wencelblat, hermano de esta última, Arminda Aberastury, y finalmente Guillermo Ferrari Hardoy y Luisa Gambier Alvarez de Toledo. Sólo había que aguardar la llegada de los inmigrantes Ángel Garma y Marie Langer, y el retorno al país de Celes Ernesto Cárcamo.
Formados según las reglas clásicas del análisis didáctico, estos últimos tuvieron como primera tarea, en el seno del joven grupo argentino, la de didactas y controladores de sus colegas. De allí una situación muy particular, que determinó sin duda la vivacidad propia de esta nueva academia de intelectuales porteños. Lejos de reproducir la jerarquía de los institutos europeos y norteamericanos, en los que prevalecía la relacion maestro-discípulo, los pioneros argentinos formaron más bien una "república de iguales---.
Fundada en 1942 por cinco hombres y una mujer (Pichon-Rivière, Rascovsky, Ferrari Hardoy, Cárcamo, Garma, Langer), la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) fue reconocida el año siguiente por la IPA, en el momento en que aparecía su revista oficial, la Revista de psicoanálisis. Más adelante, Ferrari Hardoy emigró a los Estados Unidos.
Estos pioneros argentinos pertenecían a la tercera generación psicoanalítica mundial, muy alejada del freudismo clásico y abierta a todas las nuevas corrientes. Nunca la escuela argentina se enfeudó a una sola doctrina. Las acogió a todas con un espíritu ecléctico, inscribiéndolas casi siempre en un marco social y político: marxista, socialista o reformista. Con el correr de los años y a través de sus diversas filiaciones, conservó el aspecto de una gran familia y supo organizar sus rupturas sin crear escisiones irreversibles entre los miembros de sus múltiples instituciones.
Durante el período de gran expansión del psicoanálisis (1950-1970) se desarrolló una intensa actividad literaria e intelectual, en el mismo momento en que el populismo reformista de Juan Domingo Perón (1895-1974) y las políticas conservadoras de los regímenes militares instauraban un clima de represión y de incertidumbre que ponía constantemente a prueba los frágiles principios de una democracia siempre en suspenso. En ese contexto, era imposible que los psicoanalistas de la APA, como lo subraya Nancy Caro Hollander, no aprovecharan sin timidez las ventajas de la profesionalización. Ésa fue la época de las grandes migraciones al interior del continente latinoamericano, facilitadas por el desarrollo de la aviación civil. Habiendo adquirido una tradición clínica y una verdadera identidad freudiana, los argentinos formaron entonces mediante el análisis didáctico, en Buenos Aires o en otras ciudades, a la mayoría de los terapeutas de los países hispanohablantes, que, a su vez, se integraron a la IPA constituyendo grupos o sociedades: Uruguay, Colombia, Venezuela.
Después de 1968, el movimiento de rebelión estudiantil ganó a las sociedades psicoanalíticas de la IPA. Apoyados por didactas, los alumnos en formación se alzaron para imponer una transformación radical de los planes de estudio, la abolición del mandarinato de los titulares y la apertura del psicoanálisis a las cuestiones sociales. En el Congreso de Roma de julio de 1969, cuando la protesta se organizaba en torno a Elvio Fachinelli, un grupo argentino tomó el nombre de Plataforma. Bajo la dirección de Marie Langer, se fijó el objetivo de extender la rebelión a todas las instituciones psicoanalíticas del mundo. Unida a la Federación Argentina de Psiquiatría (FAP), al frente de cuya filial en Buenos Aires estaba Emilio Rodrigué, otra figura eminente de la escuela argentina, Plataforma continuó sus actividades durante dos años. En el congreso de la IPA en Viena, en julio de 1971, el grupo Plataforma se separó de la APA para continuar la lucha fuera de la institución. Otro círculo, que incluía al didacta Fernando Ulloa, tomó entonces el nombre de Documento. Sus miembros presentaron un proyecto (o documento) de reestructuración de los procedimientos del análisis didáctico en la APA. Pero al final del año, ante la imposibilidad de mantener cualquier diálogo, renunciaron treinta psicoanalistas y veinte candidatos, generando así la primera escisión de la historia del movimiento psicoanalítico argentino. Ellos nunca se reintegraron a la APA.
Esta ruptura tuvo por efecto escindir la APA en dos tendencias rivales, que se enfrentaron durante seis años, antes de encontrar un modus vivendi. En un primer momento, el 20 de enero de 1975 un grupo separatista tomó el nombre de Ateneo Psicoanalítico, no para abandonar la APA, sino para hacerse admitir, siguiendo un procedimiento legal, como sociedad provisional de la IPA. Frente a la vieja sociedad ecléctica, que no había modificado sus métodos, el Ateneo quería impulsar una reflexión sobre el análisis didáctico, basado en gran medida en los principios del kleinismo y el poskleinismo, a fin de responsabilizar a la institución. En julio de 1977, en el Congreso de Jesuralén, el grupo obtuvo su afiliación con el nombre de Asociación de Psicoanálisis de Buenos Aires (APdeBA). Más tarde mantuvo relaciones cordiales con la APA.
En esa fecha, Hispanoamérica estaba en camino de convertirse en el continente freudiano más poderoso del mundo, capaz en todo caso, bajo la égida de la COPAL (futura FEPAL), y en relación con los grupos brasileños, de rivalizar con la American Psychoanalytic Association (APsaA) y la Fédération européenne de psychanalyse (FEP).
Presidida por Serge Lebovici, la dirección de la IPA tomó nota de esta nueva división del mundo, y propuso un extraño recorte en tres zonas: 1) todo lo que se encontraba al norte de la frontera mexicana; 2) todo lo que se encontraba al sur de esa frontera, y 3) el resto del mundo.
Las dos escisiones se produjeron en el momento en que la Argentina oscilaba entre un régimen militar clásico, basado en el populismo y heredado del viejo caudillismo, y un sistema de terror de Estado. Ahora bien, el primero atentaba contra las libertades políticas, pero no trababa la libertad profesional y de asociación, de la que dependía el funcionamiento de las instituciones psicoanalíticas. El segundo, por el contrario, apuntaba a erradicar todas las formas de libertad individual y colectiva. En consecuencia, existía el riesgo de que destruyera al psicoanálisis, como en otro tiempo lo había hecho el nazismo.
En 1973, cuando Perón volvió al poder, nombró vicepresidente a Isabelita, su nueva esposa; el secretario del general, José López Rega, fue designado ministro de Bienestar Social. López Rega se apresuró a crear la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), conocida por sus escuadrones de la muerte, que sirvieron como fuerzas auxiliares del ejército en sus operaciones de control de la sociedad civil. Un año más tarde murió Perón y lo sucedió Isabelita, reemplazada en marzo de 1976 por el general Jorge Rafael Videla, quien durante siete años instauró uno de los regímenes más sangrientos de Latinoamérica, junto con el del general Pinochet en Chile: fueron torturadas y asesinadas treinta mil personas, calificadas de "desaparecidos".
Con el objetivo de exterminar a todos los opositores a la libre dominación del capitalismo de mercado, el terrorismo de Estado golpeó en primer lugar a las masas populares y a sus representantes organizados. En nombre de la defensa de un "Occidente cristiano" y de la seguridad nacional, las fuerzas armadas decidieron erradicar el freudismo y el marxismo, juzgados responsables de la "degeneración" de la humanidad. Contrariamente a los nazis, no erigieron un instituto según el modelo del de Matthias Heinrich Göring, ni abolieron la libertad de asociación. La persecución fue silenciosa, anónima, y penetraba hasta el corazón mismo de la subjetividad.
Enfrentados al terror y a la planificación de esta estrategia de tortura, los psicoanalistas reaccionaron de diversos modos: sea utilizando el marco de la cura para ayudar a los militantes y testimoniar atrocidades, sea mediante la emigración pura y simple, sea con el exilio interior y el repliegue a una práctica privada cada vez más vergonzante y culpabilizadora.
Marxista y veterana de las Brigadas Internacionales, Marie Langer, desde su exilio en México, se encontró en la vanguardia de los combates, arrastrando tras de sí a todos los psicoanalistas politizados del país. Fue en esa época cuando los argentinos, como en otro tiempo los judíos europeos, emigraron en gran número a los cuatro puntos cardinales del mundo, para formar allí nuevos grupos freudianos o integrarse a los ya existentes: lo hicieron en Suecia, en Australia, en España, en los Estados Unidos, en Francia.
La dirección de la IPA, por su parte, decidió seguir siendo "neutral", a fin de no darle al régimen un pretexto para la destrucción de sus instituciones. Y cuando se la presionó para que interviniera en los casos de analistas "desaparecidos", los representantes oficiales de sus sociedades componentes le pidieron que no hiciera nada, para evitar represalias. Después de tres años de debates, y por iniciativa de la Sociedad Australiana, la violación de los derechos humanos en la Argentina fue no obstante condenada por un voto a mano alzada en el Congreso de la IPA de Nueva York en 1979, a pesar del presidente en ejercicio, Edward Joseph, quien no vaciló en afirmar que las atrocidades cometidas por el régimen del general Videla eran sólo "rumores".
René Major, de Francia, miembro de la Société psychanalytique de Paris (SPP), decidió reaccionar. En febrero de 1981 organizó un encuentro franco-latinoamericano, en cuyo transcurso Jacques Derrida tomó la palabra para denunciar la manera en que la dirección de la IPA había recortado el mundo, olvidando "el mapa que está bajo el mapa", la "cuarta zona", la de la tortura: "Lo que en adelante se llamará la América latina del psicoanálisis, es la única zona del mundo en la que coexisten, enfrentándose o no, una fuerte sociedad psicoanalítica y una sociedad (civil o estatal) que practica en gran escala una tortura que ya no se limita a formas brutalmente clásicas y fácilmente identificables".
Once años más tarde, en un artículo de 1992, León Grinberg, exiliado en España, describió las consecuencias atroces de ese período, documentándolas con testimonios conmovedores.
A partir de 1964 comenzó a implantarse el lacanismo, después de que Oscar Masotta, joven filósofo sartreano, fuera invitado por Pichon-Rivière a dar una conferencia en su Instituto de Psicología Social. Mencionado por primera vez en 1936, en un artículo del psiquiatra Emilio Pizarro Crespo, la obra de Jacques Lacan era prácticamente desconocida treinta años más tarde en el medio psicoanalítico argentino. Pero la situación estaba madura para que, en ese país abierto a las vanguardias europeas, se acogiera una forma de renovación del pensamiento freudiano. En 1967, un psicoanalista de la APA, César Liendo, citó por primera vez los trabajos de Lacan y sus discípulos en la Revista de psicoanálisis. Más tarde, Willy Baranger y David Liberman siguieron el mismo camino. Analistas de la APA organizaron encuentros con Octave Mannoni, Maud Mannoni y Serge Leclaire, que también aportaron su apoyo a Masotta.
En 1974, diecinueve psicoanalistas fundaron la Escuela Freudiana de Buenos Aires (EFBA) siguiendo el modelo de la École freudienne de Paris. Entre ellos estaban Isidoro Vegh y Germán Leopoldo García. Esta iniciativa, la primera de ese tipo, marcó el inicio de una formidable expansión del lacanismo en la Argentina, aunque Masotta se había exiliado en España. Cinco años más tarde estalló una escisión. Desde Barcelona, Masotta lanzó un anatema contra sus ex amigos de la EFBA y anunció la creación de un nuevo grupo: la Escuela Freudiana Argentina (EFA). Después de su muerte, unos meses más tarde, la EFA tuvo una vida tanto más turbulenta cuanto que el estallido de la antigua EFP llevó a una reorganización mundial del campo lacaniano. En este contexto, la EFA dio origen, por escisiones sucesivas, a una proliferación de grupúsculos representativos de las múltiples tendencias del lacanismo y el poslacanismo. Éstos se reorganizaron, incluso antes de la caída de Videla.
De modo que, durante el período del terror de Estado (1976-1983), el interés por el pensamiento de Lacan progresó en la Argentina de una manera curiosa. Recibido como una contracultura subversiva y de aspecto esotérico, la doctrina del maestro les permitía, a quienes la hacían fructificar, sumergirse en debates refinados sobre el pase, el matema y la lógica, y olvidar, o incluso ignorar, la sangrienta dictadura instaurada por el régimen. Como sus colegas politizados de la IPA, los lacanianos marxistas y militantes tomaron el camino del exilio o resistieron al terror. Los otros, fueron después objeto de numerosas críticas. Se los acusó de no haber combatido la opresión y de haberse acomodado de la misma manera que la dirección de la IPA.
A partir de 1983, con el restablecimiento de la democracia, todas las sociedades psicoanalíticas argentinas experimentaron una expansión considerable: había tres sociedades componentes de la IPA y un grupo de estudio (APA, ABdeBA, Asociación Psicoanalítica de Mendoza, Círculo de Córdoba), que reunían a más de mil miembros, para una población de treinta y cuatro millones y medio de habitantes, o sea con una densidad (sólo para la IPA) de veintinueve psicoanalistas por millón de habitantes, uno de los porcentajes más elevados del mundo.
En cuanto a la obra de Lacan, fue enseñada en todas las universidades a través de los departamentos de psicología, y sirvió por lo tanto de doctrina de referencia a los psicólogos clínicos deseosos de acceder a la profesión de psicoanalista por la vía del análisis profano. El movimiento se dividió en unos sesenta grupos distribuidos en varias ciudades, con un total de mil terapeutas como mínimo. A fines de la década de 1990, el número total de psicoanalistas de todas las tendencias se elevaba a dos mil quinientos, es decir cincuenta y siete por millón de habitantes, un poco menos que en Francia.
Ante el escisionismo en cadena y la pérdida de la casa madre, que ya no aseguraba la unidad de la doctrina después de la muerte de Lacan, los fundadores de la EFBA, aliados con muchos otros latinoamericanos de Uruguay, Venezuela, Brasil, etcétera, tomaron la iniciativa de romper con el espejo parisiense. Se hicieron llamar Iacanoamericanos. Con esta designación se reunió en federación un movimiento que abarca al conjunto del continente americano, desconfía de toda rigidez institucional, y pretende poner en marcha un proceso de "descolonización", de emancipación respecto de París. Por su lado, la APA integró la enseñanza de Lacan en sus programas de formación, y acepta en sus filas a clínicos lacanianos respetuosos de las reglas de duración de las sesiones impuestas por la IPA.
Bajo la influencia de Jacques-Alain Miller, comenzó a recorrerse otro camino, inverso al de los lacanoamericanos, con la creación en 1992 de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL), que apunta a integrar el lacanismo argentino y latinoamericano a una estructura neutralizada: la Association mondiale de psychanalyse. Pero a pesar, de su fuerza real, la EOL sigue siendo minoritaria, sin duda debido a su sectarismo.
En 1991, por primera vez desde su creación, la IPA realizó su congreso anual en Buenos Aires. En esa oportunidad fue elegido presidente Horacio Etchegoyen. Técnico de la cura de tendencia kleiniana, analizado por Heinrich Racker y miembro de la APdeBA, fue el primer presidente hispanohablante del movimiento freudiano. Siguiendo la gran tradición del freudismo argentino, durante su mandato condujo una política liberal abierta a todas las corrientes.
Asíntota
En geometría, dada una curva C que tiende a infinito (es decir, que no está contenida en ningún conjunto acotado), se dice que la recta L es una asíntota de C si la distancia entre L y C tiende a cero a medida que C tiende a infinito. Esto significa que L se acerca indefinidamente a C; la idea en geometría proyectiva es que L y C se cortan en un punto impropio (punto del infinito). Un ejemplo muy conocido es el de la hipérbola.
Asociación
s. L (fr. association; ingl. association; al. Assoziation). Ligazón entre dos o varios elementos psíquicos.
El término asociación es tomado por Freud de la doctrina asociacionista que reinaba en Alemania en el siglo XIX. No obstante, Freud hace de él un uso totalmente nuevo. Allí donde el asociacionismo buscaba las leyes generales que rigen la psique (leyes fundadas especialmente en la semejanza, noción que no tiene nada de simple ni de primaria), Freud ve en la asociación la manera en que un sujeto se recupera en una memoria concebida como un sistema de archivos. No todas las «facilitaciones» son entonces posibles, y hay «grupos psíquicos separados» oustamente partiendo de esto se puede formar el concepto tópico de inconciente). Pero, al mismo tiempo, si deja libre curso a sus asociaciones, el sujeto podrá establecer conexiones nuevas, las únicas que permiten ganar terreno sobre la represión. En este sentido, el método de la «asociación libre» se confunde con la regla fundamental del psicoanálisis.
Asociación
Al.: Assoziation. -
Fr.: association. -
Ing.: association. -
It.: associazione. -
Por.: associação.
Palabra tomada del asociacionismo para designar toda ligazón entre dos o más elementos psíquicos, cuya serie constituye una cadena asociativa.
En ocasiones el término se utiliza para designar los elementos así asociados. Refiriéndose a la cura, se alude a esta última acepción, al hablar, por ejemplo, de las «asociaciones de tal sueño», para designar lo que, en las manifestaciones del individuo, se halla en conexión asociativa con el sueño en cuestión. Finalmente, el término «asociaciones» designa el conjunto del material verbalizado en el curso de la sesión psicoanalítica.
Un comentario exhaustivo del término asociación exigiría efectuar una investigación histórico-crítica que describiera la difusión de la doctrina asociacionista en Alemania en el siglo xix, su influencia en el pensamiento del «joven Freud» y, sobre todo, mostraría cómo fue integrada y transformada por el descubrimiento freudiano de las leyes del inconsciente.
Nos limitaremos a efectuar las siguientes observaciones acerca de este último punto:
1. No es posible comprender el sentido y el alcance del concepto de asociación en psicoanálisis sin referirse a la experiencia clínica, en la cual se elaboró el método de las asociaciones libres. Los Estudios sobre la histeria (Studien über Hysterie, 1895) muestran cómo Freud se vio inducido a seguir, cada vez más, a sus pacientes en la vía de las asociaciones libres que éstas le indicaban. (Véase nuestro comentario acerca de «Asociación libre».) Desde el punto de vista de la teoría de las asociaciones, lo que se desprende de la experiencia de Freud en aquellos años del descubrimiento del psicoanálisis puede resumirse esquemáticamente del siguiente modo:
a) Una «idea que se le ocurre» (Einfall) al individuo, al parecer en forma aislada, constituye siempre un elemento que remite en realidad, consciente o inconscientemente, a otros elementos. Se descubren así series asocíativas que Freud designa con distintos términos figurados: «línea» (Linie), «hilo» (Faden), « encadenamiento » (Verkettung), «tren» (Zug), etc. Estas líneas se entrelazan formando verdaderas redes, en las que se encuentran «puntos nodales» (Knotenpunkte) donde se juntan varias de ellas.
b) Las asociaciones, tal como se encadenan en el discurso del individuo, corresponden, según Freud, a una organización compleja de la memoria. Ésta fue comparada por Freud a una especie de archivos ordenados según distintos criterios de clasificación y que podrían ser consultados por diferentes vías (orden cronológico, orden por materias, etcétera). Tal organización implica que la representación (Vorstellung), o la huella mnémica (Erinnerungsspur) de un mismo acontecimiento puede encontrarse en el interior de varios conjuntos (lo que Freud denomina también «sistemas mnémicos»).
c) Esta organización en sistemas se ve confirmada por la experiencia clínica: existen verdaderos «grupos psíquicos separados», es decir, complejos de representaciones escindidas del curso asociativo: «Las representaciones aisladas contenidas en estos complejos ideativos pueden conscientemente volver al pensamiento, como observó Breuer. Sólo su combinación en una forma bien determinada permanece alejada de la conciencia». Freud, a diferencia de Breuer, no cree que el estado hipnoide constituya la explicación última de este hecho, pero sigue afirmando la existencia de una escisión (Spaltung) dentro del psiquismo. El grupo de asociaciones separado se halla en el origen de la noción tópica de inconsciente.
d) Dentro de un complejo asociativo, la «fuerza» de un elemento no permanece siempre unida al mismo en forma inmutable. El juego de las asociaciones depende de factores económicos: la energía de catexia se desplaza de un elemento a otro, se condensa en los puntos nodales, etcétera (independencia del afecto en relación con la representación).
e) En definitiva, el discurso asociativo no se halla regido pasivamente por leyes generales como las que estableció el asociacionismo: el individuo no es un «polípero de imágenes». La agrupación de las asociaciones, su eventual aislamiento, sus «falsas conexiones», su posibilidad de acceso a la conciencia, forman parte de la dinámica del conflicto defensivo propio de cada sujeto.
2. El Proyecto de psicología científica (Entivurf einer Psychologie, 1895) aclara el uso que hace Freud del concepto de asociación y muestra, desde un punto de vista especulativo, cómo el descubrimiento psicoanalítico del inconsciente confiere un nuevo sentido a los supuestos asociacionistas en los que se apoya Freud:
a) El funcionamiento de las asociaciones es concebido como una circulación de energía en el interior de un «aparato neuronal» de estructura compleja, dispuesto en forma de bifurcaciones sucesivas. Cada excitación, al llegar a una encrucijada, sigue una determinada vía con preferencia a otra, en función de las «facilitaciones» dejadas por las excitaciones anteriores. La noción de facilitación no debe entenderse como un paso más fácil de una imagen a otra, sino como un proceso de oposición diferencial: una determinada vía sólo es facilitada en función de la no facilitación de la vía opuesta.
b) En las hipótesis iniciales que establece Freud, no se trata de imágenes en el sentido de una impresión psíquica o neuronal similar al objeto real. Al principio todo es «neurona» y «cantidad».
Es fácil relacionar esta concepción, que puede parecer muy distante de la experiencia por su carácter mecanicista y su terminología neurofisiológica, con la oposición constante, en la teoría psicológica de Freud, entre la representación y el quantum de afecto. Como la neurona, la representación es el elemento discreto, discontinuo, de una cadena. Como aquélla, su significación depende del complejo que forme con otros elementos. Desde este punto de vista, se podría comparar el funcionamiento del «aparato neuronal» al del lenguaje, tal como lo estudia la lingüística estructural: formado por unidades discontinuas ordenadas en forma de oposiciones binarias.
Asociación libre
En la Psicología de la vida cotidiana, al tratar sobre el lapsus, Freud recurre a «observaciones totalmente justificadas y muy instructivas» de Wundt, a partir de las cuales se podrá precisar en qué ha consistido su propia originalidad y la del psicoanálisis ante una corriente investigativa continuamente reforzada en el curso del siglo XIX. Lo que en primer lugar retiene Freud es el interés de Wundt por «ciertas influencias psíquicas» que incluyen, por un lado, una condición positiva consistente en la producción libre y espontánea «de asociaciones tonales y verbales provocadas por los sonidos enunciados», y por el otro, una condición negativa consistente, «por lo contrario, en la supresión de la voluntad y de la atención, que actúa corno función volitiva».
El aporte crítico de Freud tiene que ver, en primer lugar, con la relación asignable a esos dos tipos de condiciones. «Sólo cabrá asistir -escribe-, más de lo que lo hace Wundt, en el hecho de que el factor positivo que favorece el lapsus (es decir, el libre desarrollo de las asociaciones) y el factor negativo (es decir, el relajamiento de la influencia inhibitoria de la atención) obran casi siempre al mismo tiempo, de modo que los dos factores constituyen dos condiciones particulares, igualmente indispensables, de un único y mismo proceso. Precisamente a continuación del relajamiento de la acción inhibitoria de la atención o, para hablar con más exactitud, gracias a ese relajamiento, tiene lugar el libre desarrollo de las asociaciones.»
«Por otro lado -continúa Freud-, entre los ejemplos de lapsus que yo he reunido, apenas encuentro uno en el que el trastorno del lenguaje se pueda reducir única y exclusivamente a lo que Wundt denomina "la acción por contacto de sonidos".»
«Casi siempre encuentro, además de la acción por contacto, una acción perturbadora que tiene su fuente fuera del discurso que se quiere pronunciar, y ese elemento perturbador está constituido ya por una idea única que sigue inconsciente pero que se manifiesta por el lapsus y casi nunca puede ser llevada a la conciencia sino después de un análisis profundo, ya por un móvil psíquico más general que se opone a todo el conjunto del discurso.»
Asociación libre
(método o regla de)
Al.: freie Assoziation. -
Fr.: méthode o regle de libre association. -
Ing.: free association. -
It.: libera associazione. -
Por.: associação livre.
Método que consiste en expresar sin discriminación todos los pensamientos que vienen a la mente, ya sea a partir de un elemento dado (palabra, número, imagen de un sueño, representación cualquiera), ya sea de forma espontánea.
El método de la asociación libre es un constitutivo de la técnica psicoanalítica. No es posible establecer con precisión la fecha de su descubrimiento, que tuvo lugar progresivamente entre 1892 y 1898 y por varios caminos.
1.° Como muestran los Estudios sobre la histeria (Studien über Hysterie, 1895), la asociación libre surge a partir de métodos preanalíticos de investigación del inconsciente que recurrían a la sugestión y a la concentración mental del paciente sobre una representación dada; la búsqueda insistente del elemento patógeno cede su puesto a la expresión espontánea del paciente. Los Estudios sobre la histeria ponen en evidencia el papel desempeñado por los pacientes en esta evolución.
2.° Paralelamente, Freud utiliza el método de la asociación libre en su autoanálisis y en especial en el análisis de sus sueños. Aquí un elemento del sueño es el que sirve de punto de partida para el descubrimiento de las cadenas asociativas que conducirán a los pensamientos del sueño.
3.° Las experiencias de la escuela de Zurich recogen, bajo una perspectiva psicoanalítica, las experiencias antiguas de la escuela de Wundt, consistentes en el estudio de las reacciones y de los tiempos de reacción (variables según el estado subjetivo) frente a palabras inductoras. Jung pone en evidencia que las asociaciones que así se producen vienen determinadas por «[...] la totalidad de las ideas relacionadas con un acontecimiento particular dotado de un tinte emocional», totalidad a la que da el nombre de complejo.
Freud, en Historia del movimiento psicoanalítico (Zur Geschicte der psychoanalytischen Bewegung, 1914), admite el interés de estas experiencias «para lograr una confirmación experimental rápida de las observaciones psicoanalíticas y mostrar directamente al estudiante determinadas conexiones que el analista sólo puede relatar».
4.° Quizá convenga citar, además, una fuente que el propio Freud indicó en una nota Sobre prehistoria de la técnica analítica Jur Vorgeschichte der analytischen Technik, 1920): el escritor Ludwig Börne, que Freud leyó durante su juventud, recomendaba, para «convertirse en un escritor original en tres días», escribir todo lo que viene a la mente, y denunciaba los efectos de la autocensura sobre las producciones intelectuales.
El término «libre», en la fórmula «asociación libre», reclama las siguientes observaciones:
1.ª Incluso en el caso en que el punto de partida lo proporciona una palabra inductora (experiencias de Zurich) o un elemento del sueño (método de Freud en La interpretación de los sueños [Die Traumdeutung, 1900]), el desarrollo de las asociaciones puede considerarse «libre» en la medida en que no está orientado y controlado por una intención selectiva.
2.ª Esta «libertad» se acentúa cuando no se proporciona ningún punto de partida. En este sentido se habla de regla de la asociación libre como sinónimo de regla fundamental.
3.ª De hecho, la palabra «libertad» no debe tomarse en el sentido de una indeterminación: la regla de la asociación libre tiende ante todo a suprimir la selección voluntaria de los pensamientos, es decir, en la terminología de la primera tópica freudiana, a eliminar la intervención de la segunda censura (situada entre el consciente y el preconsciente). De este modo se ponen de manifiesto las defensas inconscientes, es decir, la acción de la primera censura (situada entre el preconsciente y el inconsciente).
Finalmente, el método de las asociaciones libres tiene por objeto poner en evidencia un determinado orden del inconsciente: «Cuando se abandonan las representaciones-fin [Zielvorstellungen] conscientes, el curso de las represetaciones pasa a ser gobernado por representacionesfin ocultas».
Asociación libre
(regla de la)
Alemán: Freie Assoziation.
Francés: Régle de la libre association.
Inglés: Free association.
Procedimiento definido por Sigmund Freud entre 1892 y 1898, en virtud del cual, en la cura, el paciente expresa sin discriminación todos los pensamientos que le pasan por la mente.
Asociación
(método de libre)
(fr. méthode de libre associatíon; ingl. free association method; al. Methode derfreien Assozíation). Método constitutivo de la técnica psicoanalítica, según el cual el paciente debe expresar, durante la cura, todo lo que se le ocurre sin ninguna discriminación.
El método de la asociación libre le fue sugerido a Freud en 1892 durante un tratamiento en el que una paciente (Emmy von N.) le pidió expresamente que cesara de intervenir en el curso de sus pensamientos y que la dejara hablar libremente. Poco a poco, y hasta 1898, cuando se lo adoptó definitivamente, este método fue sustituyendo al antiguo método catártico y se convirtió desde entonces en la regla fundamental de la cura psicoanalítica: el medio privilegiado de investigación del inconciente. El paciente debe expresar todos sus pensamientos, ideas, imágenes, emociones, tal como se le presentan, sin selección, sin restricción, aunque el material le parezca incoherente, impúdico, impertinente o desprovisto de interés. Estas asociaciones pueden ser inducidas por una palabra, un elemento de un sueño o cualquier otro objeto de pensamiento espontáneo. La observancia de esta regla contribuye a que afloren las representaciones inconcientes y actualiza los mecanismos de resistencia.
Asociación verbal
(test de)
Alemán: Assoziationsexperiment.
Francés: Test d'association verbale.
Inglés: Associative experiment.
Técnica experimental utilizada por Carl Gustav Jung a partir de 1906 para detectar los complejos y aislar los síndromes específicos de cada enfermedad mental. Consiste en pronunciar ante el sujeto una serie de palabras cuidadosamente elegidas, a las cuales este último debe responder con la primera palabra que le pase por la mente, mientras se mide su tiempo de reacción.
Históricamente, esta técnica se relaciona con la noción de asociación de ideas ya utilizada por Aristóteles, quien definió sus tres grandes principios: la contigüidad, la semejanza, el contraste. En el siglo XIX, la psicología introspectiva y la filosofía empirista le atribuyeron una importancia tan grande que el asociacionismo se transformó en una verdadera doctrina, en la cual se inspiraron todas las corrientes de la psicología, y sobre todo Sigmund Freud, quien se basó en ella para fundar un método radicalmente nuevo de exploración del inconsciente: la asociación libre.
Creado por Francis Galton (1822-191 l), el test fue puesto en práctica por Wilhelm Wundt (1832-1920) y Emil Kraepelin, antes de ser introducido por Eugen Bleuler en la Clínica de] Burghölzli, donde Jung experimentó en gran escala con él, con el objetivo de definir una nueva teoría del complejo. Jung distinguió las asociaciones internas o semánticas, características de la introversión, de otras llamadas externas o verbales, relacionadas más bien con la extraversión (exteriorización de uno mismo). Después de haber aplicado profusamente el test, Jung renunció a él, en parte por influencia de Freud. Pero nunca lo repudió. Hoy en día sigue siendo utilizado por los representantes de la escuela de psicología analítica. |