Associação Brasileira de psicanálise (ABP)
(Asociación brasileña de psicoanálisis)
Creada en mayo de 1967 por Mario Martins, y más tarde precidida por Durval Marcondes, la Asociación Brasileña de Psicoanálisis (ABP) es una federación reconocida por la International Psychoanalytical Association (IPA). Treinta años después de su fundación, terminó por federar a seis sociedades de la IPA de Brasil: dos en Río de Janeiro (SPRJ y SBPRJ), una en San Pablo (SBPSP), una en Porto Alegre (SPPA), una en Pelotas (SPP) y una en Recife (SPR). A ellas se suman tres grupos de estudio: Porto Alegre (GEPdePA), Ribeiráo Prêto (GEPRP) y Brasilia (GEPB). Estos nuevos grupos llevan a mil cuatrocientos cincuenta y seis el número de psicoanalistas brasileños miembros de la IPA. La ABP, como tal, no es miembro de la Federación Psicoanalítica de América Latina (FEPAL), la cual agrupa a todas las sociedades de Latinoamérica, sin tener el estatuto de asociación regional, como la American Psychoanalytic Association (APSA).
Association Mondiale de Psychanalyse (AMP)
(Asociación Mundial de Psicoanálisis)
Fundada en febrero de 1992 por Jacques-Alain Miller, yerno de Jacques Lacan, la Association mondiale de psychanalyse (AMP) se basa en un texto denominado "Pacto de París" por sus fundadores. Agrupa a cinco instituciones que toman como referencia la École freudienne de Paris (EFP), aunque ninguna de ellas fue creada por Lacan: la École de la cause freudienne (ECF, Francia, 1981), la Escuela del Campo Freudiano de Caracas (ECFC, Venezuela, 1986), la École européenne de psychanalyse (EEP, Francia, 1990), la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL, Argentina, 1992), la Escola Brasileira de Psicanálise (EBP, Brasil, 1995).
Con la AMP hay relacionadas otras tres estructuras: la Asociación de la Fundación del Campo Freudiano (AFCF), que coordina grupos de numerosos países que no entran en el marco de las cinco escuelas; la Federación Internacional de Bibliotecas del Campo Freudiano, que federa a varios organismos encargados de la difusión del pensamiento lacaniano, y el Instituto del Campo Freudiano, órgano de la formación psicoanalítica, dividido en secciones según los diferentes países. Este conjunto agrupa a aproximadamente mil ochocientos miembros (de los cuales trescientos cincuenta se encuentran en Francia, trescientos dieciocho en Brasil, doscientos en la Argentina, y un centenar en España). Centralizada y gobernada desde París por su presidente (Jacques-Alain Miller), en quien se han delegado todos los poderes, sin ningún control ni elegibilidad, la AMP es una institución de vocación mundialista, más hispanohablante que de lengua francesa, y más latinoamericana que realmente internacionalista. La mayoría de sus miembros son psicólogos que se han beneficiado con la expansión del análisis profano debido al desarrollo de estudios de psicología en la mayor parte de las universidades del mundo después de la Segunda Guerra Mundial.
La AMP es un aparato institucional que tiene por objetivo la centralización de las filiales, su coordinación y control a partir de la aplicación de un dogma. En nombre de la teoría del objeto (pequeño) a, la AMP incluso ha abolido en sus instituciones la noción de autor: las obras publicadas bajo su responsabilidad son esencialmente manifiestos colectivos no firmados, sino acompañados de una larga lista de nombres agrupados en carteles, secciones y subgrupos, a los cuales se añaden prefacios redactados por Jacques-Alain Miller y su esposa Judith Miller.
De las veintitrés sociedades psicoanalíticas emergentes de la disolución de la EFP en 1981, cuatro han anunciado un proyecto de tipo federativo y vocación europea o internacional: la Association freudienne (AF), fundada en 1981 y convertida en internacional en 1992 (AFI), la Inter-Associatif de psychanalyse (1-Ap), la Fondation européenne pour la psychanalyse (FEpP), creadas ambas en 1991, y finalmente la Association mondiale de psychanalyse (AMP). Ninguna de estas sociedades aplica ya los principios de la formación didáctica propios de la EFP, y la mayor parte de ellas han adoptado un modelo de institución de tipo asociativo cercano al de las sociedades afiliadas a la International Psychoanalytical Association (IPA).
Por otra parte, la AMP es la única institución lacaniana del mundo que se ha asignado la tarea de exportar a todos los países un modelo de enseñanza y formación de los terapeutas que obedece a una doctrina única. Es por lo tanto diferente de la IPA, cuyo modelo es el de una asociación centralizada, por cierto, pero que acepta las tendencias, el debate, y realiza elecciones como corresponde a una asociación.
También a diferencia de la IPA, que encarna naturalmente la legitimidad freudiana, puesto que Freud fue su fundador, la AMP obtiene sobre todo su fuerza de la transmisión de los bienes y del derecho moral legados por Lacan a su familia.
Si bien la AMP no admite ninguna divergencia doctrinaria, no impone ninguna regla técnica: de allí la generalización de las sesiones cada vez más breves y, en particular, la atribución de un poder ¡limitado al analista, que puede imponerle al paciente sus propias reglas, incluso su compromiso personal.
Atención
Concebida primero como ley biológica o mecanismo que le permite al yo el control de sus afectos y la investidura de los datos de la percepción, la atención terminó por designar, en la segunda tópica, el aspecto pulsional del proceso cognitivo en general.
Después de haber definido en 1895 la atención como investidura de las neuronas ya investidas por la percepción, y de haber buscado su «prototipo» en la experiencia de la satisfacción, Freud le atribuye en 1901 la responsabilidad del efecto de inhibición que anticipa la eventualidad del lapsus. Tomando distancia con relación a Wundt, insiste en que el factor positivo que permite la formación del lapsus no podría ser determinante sin la acción simultánea de otro factor, negativo, que es la relajación de la acción inhibitoria de la atención (Psicopatología de la vida cotidiana). Desde este punto de vista, la atención se encuentra entonces como garantía de la intención significante del lenguaje, y se identifica con la función reguladora del proceso primario asegurada por el yo.
El desarrollo ulterior del concepto de atención responderá entonces a las exigencias de la cura y a los retoques que ésta impone a la concepción del yo. Para comprender bien el pasaje de la primera a la segunda teoría de la atención, es preciso considerar razones de orden técnico. La atención ya no concierne sólo al sujeto en análisis; concierne también, y en primer lugar, al psicoanalista. En efecto, la principal regla de la escucha es bautizada «atención flotante»: expresión de naturaleza antinómica, con características de oxímoron. Freud exige del analista una división o incluso una tensión entre el extremo de la concentración (que tiende a prejuzgar la naturaleza y la unidad de su objeto) y el extremo de la dispersión (que, si fuera radical, impediría captar ecos, analogías y corroboraciones).
¿Cómo interpretar y mantenerse al mismo tiempo perfectamente neutral? Ésta es la misión «imposible» que se asigna al responsable de la cura. En consecuencia, la atención ya no debe obstaculizar la formación de los procesos primarios; al contrario, tiene por misión reconocerla, es decir, favorecer su surgimiento.
Pero aparece una nueva dificultad: el obstáculo a la neutralización de la atención no proviene solamente del contenido del interés que se presta a la percepción del prójimo, sino que tiene que ver también con la investidura narcisista del proceso de la atención. Así se pueden identificar dos escollos permanentes a la cura: el crispamiento sobre el objeto, cuando el discurso del analizante está en una proximidad demasiado insistente con respecto a lo real y se apoya en la imagen o, al contrario, el repliegue narcisista cuando el acto de pensar está demasiado investido.
Toda la problemática de la sublimación está así en germen, puesto que el aspecto voluntario del acto de atención, como el de la superación sublimatoria, se acompaña de una sumisión a los fenómenos en su carácter errático. Recuperar una energía pulsional que se dispersa y disciplinarla asignándole metas y objetos que pueden adquirir un valor social, es el logro del proceso sublimatorio. Paralelamente, el movimiento conativo de la atención apunta al dominio de las fuentes de excitación que surgen en el campo circundante y tienden a sustraerse a la percepción consciente. En efecto, es preciso distinguir entre la intensidad de impresión propia del estímulo (su vivacidad y su claridad) y la intensidad de impresión que depende de la voluntad atenta y que el psicólogo norteamericano Dallenbach propuso denominar «atensidad» (attensity).
En síntesis, la sublimación y la atención introducen en la existencia del sujeto un espacio de libertad o de retroceso con relación a las presiones inmediatas. Restituir a la atención su soltura y a la sublimación su elasticidad es la ambición de la cura psicoanalítica, en cuanto adopta como fundamento, no la simple empatía, ni la conjugación de las adherencias del yo en el privilegio de una interpretación subjetiva que sería del orden de una demanda de asistencia, sino el análisis de las vicisitudes del discurso.
Atención flotante
(fr. Attention flottante; ingl. suspended attention; al. gleichschwebende Aufmerksamkett). Regla técnica a la que procura atenerse el psicoanalista al no privilegiar, en su escucha, ninguno de los elementos particulares del discurso del analizante.
La atención flotante es la contrapartida de la asociación libre propuesta al paciente. S. Freud formula esta técnica explícitamente así en Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico (1912): «No debemos otorgar una importancia particular a nada de lo que oímos y conviene que le prestemos a todo la misma atención flotante». De igual modo le asigna al inconciente del analista comportarse respecto al inconciente del paciente «corno el auricular telefónico respecto del micrófono». La atención flotante supone por consiguiente, de parte del profesional, la supresión momentánea de sus prejuicios concientes y de sus defensas inconcientes.
Atención flotante
Alemán: Gleichschwebende Aufmerksamkeit.
Francés: Attention flottante.
Inglés: Suspended attention.
Expresión creada por Sigmund Freud en 1912 para designar la regla técnica según la cual el analista debe escuchar al paciente sin privilegiar ningún elemento del discurso de este último, y dejando obrar su propia actividad inconsciente.
Atención (parejamente) flotante
Al: Gleichschwebende Aufmerksamkeit. -
Fr.: attention (également) flottante. -
Ing.: (evenly) suspended (o [evenly] poised) attention. -
It.: attenzione (ugualmente) fluttuante. -
Por.: atenção equiflutuante.
Manera como, según Freud, el analista debe escuchar al analizado: no debe, a prior¡, conceder un privilegio a ningún elemento del discurso de éste, lo cual implica que el analista deje funcionar lo más libremente posible su propia actividad inconsciente y suspenda las motivaciones que habitualmente dirigen la atención. Esta recomendación técnica constituye la contrapartida de la regla de la libre asociación que se propone al analizado.
Esta recomendación esencial, que caracteriza la actitud subjetiva del psicoanalista cuando escucha a su paciente, fue enunciada y comentada por Freud en sus Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico (Ratschläge für den Arzt be¡ der psychoanalytischen Behandlung, 1912). Consiste en una suspensión, tan completa como sea posible, de todo lo que habitualmente focaliza la atención: inclinaciones personales, prejuicios, supuestos teóricos, incluso los mejor fundados. «Al igual que el paciente debe decir todo lo que pase por su mente, eliminando toda objeción lógica y afectiva que le induciría a seleccionar, también el médico debe estar en condiciones de interpretar todo lo que escucha, a fin de descubrir en ello todo lo que el inconsciente oculta, sin que su propia censura venga a reemplazar la elección a la que ha renunciado el paciente».
A partir de Freud, esta regla permite al analista descubrir las conexiones inconscientes en el discurso del paciente. Mediante ella el analista puede conservar en su memoria multitud de elementos aparentemente insignificantes, cuyas correlaciones sólo más tarde se pondrán de manifiesto.
La atención flotante plantea problemas teóricos y prácticos, que el propio término ya indica en su aparente contradicción.
l.° El fundamento teórico del concepto es evidente, si se considera la cuestión en relación con el analizado: las estructuras inconscientes, tal como las describió Freud, salen a la luz a través de múltiples deformaciones, como por ejemplo esa «transmutación de todos los valores psíquicos» que hace que, tras los elementos más insignificantes, en apariencia, se oculten a menudo los más importantes pensamientos inconscientes. Así, la atención flotante constituye la única actitud objetiva, por cuanto se adapta a un objeto esencialmente deformado. Por lo demás, se observará que Freud, sin utilizar todavía el término «atención flotante», ya había descrito, a partir de La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung, 1900), una actitud mental análoga, que consideraba como condición indispensable para el autoanálisis de los sueños.
2.° Como contrapartida, la teoría de la atención parejamente flotante plantea, por parte del analista, difíciles problemas.
Puede concebirse que el analista, al igual que el analizado, intente suprimir la influencia que podrían ejercer sobre su atención sus prejuicios conscientes, e incluso sus defensas inconscientes. Para eliminarlas en lo posible, Freud aconseja el análisis didáctico, puesto que « [...] toda represión no liquidada constituye lo que Stekel denominó acertadamente punctum caecum en sus facultades de percepción analítica».
Pero Freud exige más: el fin a conseguir sería una verdadera comunicación de inconsciente a inconsciente: «El inconsciente del analista debe -comportarse, con respecto al inconsciente que emerge del paciente, como el auricular telefónico con respecto al micrófono». Esto es lo que más tarde Theodor Reik llamó metafóricamente «escuchar con el tercer oído».
Ahora bien, como indicó el propio Freud a propósito de la asociación libre, la suspensión de las «representaciones-fin» conscientes sólo puede conducir a su substitución por «representaciones-fin» inconscientes. Ello plantearía una especial dificultad al analista cuando se sitúa en la actitud de atención flotante: ¿cómo puede su atención no estar orientada por sus propias motivaciones inconscientes? La respuesta a esta pregunta sería indudablemente que la ecuación personal del psicoanalista no solamente es reducida (por su análisis didáctico), sino que además debe ser apreciada y controlada por el autoanálisis de la contratransferencia.
De un modo general, es preciso comprender la regla de la atención flotante como una regla ideal, que, en la práctica, tropieza con exigencias contrarias: ¿cómo concebir, por ejemplo, el paso a la interpretación y a la construcción sin que, en un momento dado, el analista conceda una importancia privilegiada a un determinado material, lo compare, lo esquematice, etc.?
En el movimiento psicoanalítico contemporáneo pueden distinguirse varias orientaciones sobre el problema de la atención flotante, que no fue reformulado por Freud en el marco de la segunda tópica.
a) Algunos autores, siguiendo a Th. Reik (loc. cit.) tienden a desviar la escucha de inconsciente a inconsciente en el sentido de una empatía (Einfühlung), que esencialmente tendría lugar a un nivel infraverbal. La contra transferencia, lejos de oponerse a la comunicación, que se describe entonces como una percepción, testificaría el carácter profundo de ésta.
b) Para otros, la regla técnica de la atención flotante exige una relajación de las funciones inhibidoras y selectivas del yo; no implica valoración alguna de lo sentido, sino simplemente una «apertura» del analista a las incitaciones de su propio aparato psíquico, apertura destinada a evitar la interferencia de sus compulsiones defensivas. Pero lo fundamental del diálogo psicoanalítico tiene lugar de yo a yo.
c) Finalmente, desde un punto de vista teórico que hace recaer el acento en la analogía existente entre los mecanismos del inconsciente y los del lenguaje (Lacan), es esta similitud estructural entre todos los fenómenos inconscientes lo que se trataría de hacer funcionar, lo más libremente posible, en la actitud de escucha psicoanalítica.
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