Babinski Joseph
(1857-1932) Médico y neurólogo francés
Nacido en París en una familia de inmigrantes polacos católicos, Joseph Babinski fue el discípulo preferido de Jean Martin Charcot. En el célebre cuadro de André Brouillet (1857-1920) titulado Una lección clínica en la Salpêtrière, se lo ve a la izquierda del maestro, en una sesión de hipnotismo, sosteniendo a una mujer histérica (Blanche Wittmann) sumergida en el sueño. En 1901, ocho años después de la muerte de Charcot, revisó la definición que este último había dado de la histeria, y la denominó pitiatismo, M griego peithos (persuasión) y iatos (curable). Este desmembramiento, que sobre todo anulaba la etiología sexual construida por Sigmund Freud Y reavivaba el debate sobre la simulación, era en realidad consecuencia de la decisión de Babinski de emprender el camino de la fundación de la neurología moderna.
En efecto, para delimitar con precisión el dominio de una semiología lesional, había que dinamitar la enseñanza de Charcot, amputándola de sus investigaciones sobre la histeria, y dejando de tal modo en manos de los psiquiatras, y no ya de los neurólogos, la atención de una neurosis considerada entonces como una enfermedad mental.
A partir de 1908, la noción de pitiatismo fue muy debatida en Francia por los grandes nombres de la psiquiatría dinámica. Hacia 1925 la palabra cayó en desuso: ese año, los surrealistas celebraron el cincuentenario de la histeria y la implantación de las tesis freudianas.
Balint
(grupo)
(ingl. Balint group). Grupo de discusión que reúne a una decena de médicos, la mayor parte de las veces practicantes de medicina general, bajo la conducción de un psicoanalista, a fin de que cada participante tome conciencia, gracias al trabajo del grupo, de los procesos psíquicos que intervienen en su relación con sus propios pacientes.
Balint Michael
Psiquiatra y psicoanalista británico de origen húngaro
(Budapest 1896 - Londres 1970).
Practica el psicoanálisis desde 1926 hasta 1939 en el Instituto de Psicoanálisis de Budapest, que dirige a partir de 1935. Llegado a Gran Bretaña, ejerce la psiquiatría, especialmente en la Tavistock Clinic de Londres, de la que es el fundador. Sus observaciones clínicas y la influencia de S. Ferenczi (que fue su analista) lo llevan a proponer la noción del amor primario, que postula la existencia de una fase posnatal anterior al narcisismo primario en la que ya existe una relación de objeto primaria cuya base biológica es la interdependencia de la madre y del niño en el plano instintivo. Por otra parte, Mint intentó aislar la noción de «falta básica» como factor importante de la patogénesis mental. También inició un movimiento que busca reconsiderar profundamente el problema de las relaciones médico-enfermo -enfermedad. [Véase Balint (grupo).] Las principales obras de Balint son Primary Love and Psycho-Analytie Technique (1952), The Doctor, his Patient, and the Illness (1957), Thrílls and Regressions (1959), y, en colaboración con E. Balint, Técnicas psicoterapéuticas en medicina (196 l).
Balint Michael
Nacido Mihaly Bergsmann
(1896-1970) Médico y psicoanalista inglés
Nacido en Budapest en una familia de la pequeña burguesía judía, Michael Bergsmann era hijo de un médico clínico que confesaba su decepción por no haber llegado a especializarse. Amado por la madre, una mujer simple e inteligente, el joven Michael comenzó a oponerse a la autoridad paterna, pero no obstante decidió estudiar medicina. Como muchos judíos húngaros cuyos antepasados habían adoptado nombres alemanes, al final de la guerra quiso "magiarizarse" para afirmar de tal modo su pertenencia a la nación húngara. Tomó entonces el apellido Balint. En la universidad conoció a Alice Székely-Kovacs, estudiante de etnología, quien despertó su interés por el psicoanálisis.
La madre de ella, Wilma Prosnitz, se había casado muy joven con un hombre al que no amaba (Székely), y en segundas nupcias con Frederic Kovacs, un arquitecto a quien conoció en el sanatorio donde ella atendía su tuberculosis. Este arquitecto estaba en tratamiento con Georg Groddeck, por trastornos somáticos diversos. Después del matrimonio, él adoptó a los tres hijos de Wilma, y ésta se convirtió en psicoanalista con el nombre de Wilma Kovacs (1882-1940), después de haber realizado un análisis con Sandor Ferenczi, quien la curó de una grave agorafobia.
En 1921, Michael se casó con Alice, y la pareja se instaló en Berlín. Analizado por Harms Sachs y controlado por Max Eitingon, en el marco del prestigioso Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI), Balint se orientó hacia la medicina psicosomática, atendiendo pacientes en el Hospital de la Caridad. Después volvió a Budapest, donde hizo un reanálisis con Ferenczi. Cinco años después de la muerte de este último tomó el camino de] exilio, y llegó en 1939 a Manchester con la mujer y el hijo. Como todos los inmigrantes, debió volver a cursar la carrera de médico y, además del exilio, enfrentó el dolor de perder de pronto a casi todos los miembros de su familia. Alice Balint (18981939), su mujer, y Wilma Kovacs, la suegra, a la cual él estaba muy apegado, murieron en el lapso de un año. Después de la guerra supo que sus padres se habían suicidado para escapar a la deportación.
Al cabo de algunos años de celibato, Balint volvió a casarse con una ex paciente, Edna Oakeshott, convertida en psicoanalista. Sin duda la situación no era muy cómoda, y la pareja no tardó en experimentar dificultades.
A partir de 1946, Balint cambió de vida. Instalado en Londres, comenzó a trabajar en la Tavistock Clinic, donde conoció a las grandes "estrellas" de la escuela psicoanalítica inglesa: John Rickman y Wilfred Ruprecht Bion. Fue también allí donde conoció a Enid Albu-Eichholtz, su tercera mujer. Analizada por Donald Woods Winnicott, Enid Balint (1904-1994) inició a Michael en una nueva técnica, el case work. Se trataba de comentar e intercambiar relatos de casos en el seno de grupos compuestos por médicos y psicoanalistas. Esta experiencia dio origen a los que hoy se denominan grupos Balint. A pesar de la separación de la pareja en 1953, Michael y Enid continuaron trabajando juntos.
Con la doble genealogía de Ferenczi y la escuela inglesa, Balint definió una noción nueva, la "falta básica---, con la cual designaba una "zona" preedípica caracterizada por la ausencia, en ciertos sujetos, de un tercero estructurante, y por lo tanto de toda realidad objetal externa. El sujeto está entonces solo, y su principal preocupación consiste en crear algo a partir de sí mismo. La existencia de esta falta no permite establecer una contratransferencia. El analista se ve obligado a proceder a un reordenamiento del encuadre técnico, que permita aceptar la regresión del paciente.
Los grupos Balint, por otra parte, permitieron extender la técnica psicoanalítica a una mejor comprensión de las relaciones entre médico y paciente, sobre todo en el terreno hospitalario, en los servicios de pediatría y de medicina general. También contribuyeron a la humanización de las dos disciplinas. Por ello tuvieron tanto éxito, no sólo en Gran Bretaña sino también en otros países, y particularmente en Francia, donde el psicoanálisis estaba menos subordinado a la psiquiatría.
En 1954 fue el primer invitado extranjero de la Société française de psychanalyse (SFP). En esa oportunidad conoció a Ginette Raimbault. Alumna de Jenny Aubry y miembro de la École freudienne de Paris (EFP), Raimbault introdujo la práctica de los grupos Balint en el Hospital de los Niños Enfermos en 1965, en el marco del servicio del profesor Pierre Royer. Enid y Michael Balint asistieron a varias reuniones. Y fue Judith Dupont, miembro de la Association psychanalytique de France (APF), nieta de Wilma Kovacs, hija de Olga Dormandi (nacida Székely) y sobrina de Alice Balint, quien tradujo su obra al francés, además de convertirse en ejecutora testamentaria de la de Ferenczi. Todo esto contribuyó a la afirmación de la escuela húngara en Francia y a la expansión de una corriente particular de la historiografía freudiana, cuya huella se encuentra en la revista Le Coq Héron, creada en 1971. En Suiza, André Haynal, después de haber recibido de Enid Balint los manuscritos y correspondencias, abrió en Ginebra los Archivos Balint.
Gran técnico de la cura, Balint supo aliar el espíritu innovador de su maestro, Ferenczi, con la tradición clínica de la escuela inglesa. En este sentido, fue por cierto el "húngaro salvaje" de la British Psychoanalytical Society (BPS), cuyos rituales y esclerosis criticó con mucho humor, rindiendo homenaje, en cuanto podía, a las costumbres más liberales de la antigua sociedad de Budapest: "Su gentileza, su humanidad, su comprensión -escribe André Haynal-, la repugnancia que les suscitaban las reacciones autoritarias o de dependencia, sólo podían equipararse con su independencia de espíritu. Su convicción de que el psicoanálisis tenía que evolucionar gracias al aporte de pensadores independientes, animados por un deseo exclusivo de verdad [ ... ] lo persuadió de que ésta es una de las disciplinas más importantes que existen, al servicio del hombre y la humanidad. En consecuencia, lo afectó mucho la pequeñez de algunas personas que participaban en sus investigaciones."
Banda de Möebius
Superficie no orientable estudiada por Listing en 1861, que se define en la topología combinatoria a partir de un rectángulo, mediante la identificación de uno de los lados con su opuesto, orientado en el sentido contrario:
ver figura
aa
La superficie obtenida es unilátera, y tiene algunas propiedades topológicas muy interesantes. Su borde es homeomorfo a una circunferencia.
Baranger Willy
(1922-1994) Psicoanalista argentino
Nacido en la ciudad argelina de Bona, Willy Baranger realizó estudios de filosofía en Toulouse y emigró a la Argentina en 1946. En Buenos Aires se integró a la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), y posteriormente se instaló en Uruguay, donde creó la Asociación Psicoanalítica del Uruguay (APU). Después de volver a Buenos Aires en 1966, publicó varias obras de inspiración kleiniana, y se interesó muy particularmente por la obra de Jacques Lacan.
Basaglia Franco
(1924-1980) Psiquiatra italiano
En la historia de la antipsiquiatría, Franco Basaglia ocupa una posición muy diferente de las de Ronald Laing y David Cooper, en razón de la situación muy particular M psicoanálisis en Italia. En efecto, mientras que Laing y Cooper trataron de destruir la institución asilar a partir de una reflexión existencial sobre el estatuto de la esquizofrenia, Basaglia fue al principio un militante político con una trayectoria inscrita en la historia del marxismo y el comunismo. En este sentido, a diferencia de Cooper, y sobre todo de Laing, profundamente marcados por la escuela inglesa de psicoanálisis, Basaglia había tenido alguna relación con el freudismo, al que consideraba vehículo privilegiado de una concepción capitalista de la adaptación del individuo a la sociedad.
Proveniente de una familia veneciana y formado como psiquiatra en Padua, fue nombrado en 1961 director del Hospital Psiquiátrico de Gorizia, pequeña ciudad próxima a la frontera yugoslava. Inspirándose en los trabajos del psiquiatra anglo-norteamericano Maxwell Jones (1907-1990) sobre las comunidades terapéuticas, aplicó una práctica nueva de la locura, considerándola a la vez una enfermedad mental y resultado de la marginación económica. Su crítica radical a toda forma de institución asilar lo llevó años más tarde a crear la asociación Psichiatria Democratica. Sus tesis fueron vigorosamente defendidas y compartidas por gran parte de la izquierda italiana.
En el hospital de Trieste continuó sus experiencias, reemplazó el encierro por ubicaciones terapéuticas en ambiente abierto (departamentos y lugares de habitación colectiva) y demostró la inutilidad, tanto del asilo clásico como del encarnizamiento farmacológico en el tratamiento de la locura.
En 1979 su experiencia se vio coronada por el éxito: después de una prolongada consulta realizada por los partidos políticos a los psiquiatras, el parlamento votó una ley que suprimía el hospital psiquiátrico y restituía los enfermos mentales al hospital general, o bien a comunidades terapéuticas.
Como todas las experiencias del movimiento antipsiquiátrico, la de Basaglia fue posteriormente cuestionada con el retorno de las tesis organicistas y la utilización masiva de la farmacología.
Bateson Gregory
(1904-1980) Antropólogo norteamericano
Nacido en Cambridge e hijo de un gran genetista, Gregory Bateson estudió zoología antes de orientarse hacia la antropología. Realizó trabajo de campo en Nueva Guinea, y después en las poblaciones del río Sépick, donde en 1932 conoció a Margaret Mead, quien iba a ser su esposa.
Siendo el primero en especializarse en el análisis de los rituales y las relaciones entre hombres y mujeres, Bateson se volvió luego hacia el estudio de la locura, y después se instaló en California, en el Veteran's Hospital de Palo Alto, donde se consagró al tratamiento y la observación de las familias de esquizofrénicos, convirtiéndose en un pionero de la antipsiquiatría y la terapia familiar. Con el enfoque de la escuela llamada de Palo Alto, explicó que la esquizofrenia resulta de una disfunción basaba en lo que llamó el double bind (doble vínculo). La expresión hizo carrera, y fue retomada más tarde por todos los clínicos de la esquizofrenia.
Baudouin Charles
(1893-1963) Psicoanalista suizo
Nacido en Nancy, Charles Baudouin estudió letras, y después, en 1915, se dirigió a Ginebra, atraído por el desarrollo del Institut Jean-Jacques Rousseau. Allí descubrió el psicoanálisis. Formado por Carl Picht, un junguiano, y más tarde por Charles Odier, en 1920 se le entabló un proceso por ejercicio ¡legal de la medicina, después de haber dado cursos de iniciación en la sugestión. Henri Flournoy se opuso a su candidatura a la Société psychanalytique de Paris (SPP).
Autor de unos treinta libros y artículos de inspiración psicobiográfica, fundó Éditions du Mont-Blanc, casa editorial en la que se publicaron las obras de algunos psicoanalistas de la primera generación francesa. Creador en 1924 de un instituto internacional de "psicagogía", trató de conciliar la práctica del psicoanálisis con la de la sugestión y el método de Émile Coué (1857-1926); este último preconizaba una psicoterapia basada en el autodominio mediante la autosugestión. Baudouin siempre quiso estar al mismo tiempo cerca de las teorías freudianas y de las de Pierre Janet o Carl Gustav Jung.
Bauer Ida
Señora de Adler (1882-1945). Caso "Dora"
Primera gran cura psicoanalítica realizada por Sigmund Freud, anterior a las del Hombre de las Ratas (Ernst Lanzer) y del Hombre de los Lobos (Serguei Constantinovich Pankejeff), la historia de "Dora", redactada en diciembre de 1900 y enero de 1901, y publicada cuatro años más tarde, se desplegó entre la escritura de La interpretación de los sueños y la de los Tres ensayos de teoría sexual. Inicialmente, Freud quiso darle a este “Fragmento de análisis de un caso de histeria" el título de,"Sueño e histeria". A través de este caso trató de demostrar la validez de sus tesis sobre la neurosis histérica (etiología sexual, conflicto psíquico, herencia sifilítica) y exponer la naturaleza del tratamiento psicoanalítico, muy distinto de la catarsis y la hipnosis, y en adelante basado en la interpretación de los sueños y la asociación libre.
Con el transcurso de los años, el texto adquirió un estatuto especial: en efecto, se trata de] documento clínico más comentado desde su aparición. Sobre Dora se han escrito decenas de artículos, varios libros, una novela y una pieza de teatro; el caso de esta joven se convirtió en objeto privilegiado de los estudios feministas. A menudo se lo ha comparado con el de Bertha Pappenheim. La mayor parte de los comentadores observaron que esta cura fue menos "exitosa" que las otras dos. Por cierto, Freud tuvo muchas dificultades con su paciente, y no las ocultó. Como lo señala Patrick Mahony a propósito de Ernst Lanzer. Cuando se comparan las contratransferencias de Freud con sus principales pacientes, se tiene la sensación de que sentía más simpatía por el Hombre de las Ratas que por Dora o el Hombre de los Lobos. Si con Dora fue un fiscal, con Lanzer fue un educador amistoso.-
Para la publicación de] historial de esta primera cura exclusivamente psicoanalítica, realizada con una joven virgen de 18 años, Freud tomó precauciones excepcionales. En efecto, en esa época la cruzada dirigida contra el freudismo consistía en hacer pasar el psicoanálisis por una doctrina pansexualista cuyo objetivo era hacer confesar a los pacientes (sobre todo a las mujeres), por medio de la sugestión, "cochinadas" sexuales inventadas por los propios psicoanalistas. En Gran Bretaña y Canadá, por ejemplo, Ernest Jones sufrió las consecuencias de tales acusaciones.
En su introducción, Freud decidió por lo tanto responder de antemano a este tipo de objeciones, demostrando que su teoría no era un maleficio destinado a pervertir a las mujeres y las jóvenes: "Con las jóvenes y las mujeres se puede hablar de todas las cuestiones sexuales sin causarles perjuicios ni hacerse sospechoso, pero con la condición de adoptar de entrada una cierta manera de hacerlo, y después despertar en ellas la convicción de que es inevitable [ ... ]. La mejor manera de hablar de estas cosas es el estilo conciso y directo; esa manera es al mismo tiempo la más alejada de la lubricidad con la cual se tratan estos temas en la «sociedad», lubricidad a la cual las mujeres y las jóvenes están muy acostumbradas. Yo les doy a los órganos y a los fenómenos sus nombres técnicos, y comunico esos nombres si no son conocidos." Y añade en francés: "J'appelle un chat un chat" ("Al gato lo llamo gato").
La historia de Ida Bauer es un drama burgués tal como se lo encuentra en las comedias de bulevar de fines de siglo XIX. Un marido débil e hipócrita engaña a la esposa, ama de casa estúpida, con la mujer de uno de sus amigos, durante unas vacaciones en Merano. Primero celoso y luego indiferente, el esposo engañado trata de seducir a la institutriz de sus hijos. Después se enamora de la hija de su rival, y la corteja cuando se encuentran en su casa de campo, en las orillas del lago de Garda. Horrorizada, la joven lo rechaza, le da una bofetada y le cuenta la escena a la madre, para que ella se lo diga al padre. Este último interroga entonces al marido de la amante, el cual niega categóricamente los hechos que se le reprochan. Preocupado por proteger su propia relación, el padre culpable hace pasar a la hija por fabuladora, y la manda a atenderse con un médico (Freud) que le había prescrito, algunos años antes, un excelente tratamiento contra la sífilis.
La entrada en escena de Freud transforma esta historia de familia en una verdadera tragedia de sexo, amor y enfermedad. En tal sentido, su relato del caso "Dora" se asemeja a una novela moderna: uno no sabe si pensar en Arthur Schnitzler, Marcel Proust (1871-1922) o Henrik lbsen (1828-1906). Todo el drama gira en torno a la introspección a través de la cual la heroína (Ida) se sumerge progresivamente en las profundidades de una subjetividad oculta a su conciencia. Y la fuerza de la narración se debe al hecho de que Freud hace surgir una patología formidable detrás de las apariencias de una gran normalidad. Así puede restituirle a Dora una verdad que su familia le sustrae, al tratarla de simuladora.
Nacida en Viena en una familia de la burguesía judía acomodada, Ida era el segundo vástago de Philipp Bauer (1853-1913) y Katharina Gerber-Bauer (1862-1912). Afectado de sífilis antes de su matrimonio, Philipp era también tuerto de nacimiento. Freud lo describe como un hombre activo y lleno de talento: "La personalidad dominante era el padre, tanto por su inteligencia y sus cualidades de carácter como por las circunstancias de su vida, que habían condicionado la trama de la historia patológica e infantil de mi cliente". Gran industrial, disfrutaba de una envidiable situación financiera, y era admirado por la hija. En 1888 contrajo tuberculosis, lo que lo obligó a instalarse lejos de la ciudad con toda su familia. Optó por vivir en Merano, en el Tirol, donde conoció a Hans Zellenka (el señor K.), un hombre de negocios menos afortunado que él, casado con una bella italiana, Giuseppina o Peppina (la señora K.), quien sufría trastornos histéricos y frecuentaba los sanatorios. Ella se convirtió en la amante de Philipp y lo cuidó en 1892 cuando este último sufrió un desprendimiento de retina.
En esa época, de retorno en Viena, se instaló en la misma calle que Freud, y lo consultó como médico por un acceso de parálisis y confusión mental de origen sifilítico. Satisfecho con el tratamiento, le envió a su hermana, Malvine Friedman (1855-1899). Afectada de una neurosis grave y hundida en la desdicha de una vida conyugal atormentada, esta última murió pronto, por una caquexia de evolución rápida.
Katharina, la madre de Ida, provenía, como el esposo, de una familia judía originaria de Bohemia. Poco instruida y bastante estúpida, padecía dolores abdominales permanentes, que la hija heredó. Nunca se interesó por los hijos y, desde la enfermedad de su marido y la desunión que la había seguido, presentaba todos los signos de una "psicosis de ama de casa-: "Sin comprender las aspiraciones de sus hijos, trataba de estar ocupada todo el día --escribe Freud-, limpiando y manteniendo ordenado el departamento, los muebles y los utensilios domésticos, a tal punto que usarlos y disfrutarlos se había vuelto casi imposible [...]. Las relaciones entre la madre y la hija eran poco afectuosas desde años antes. La hija no prestaba ninguna atención a la madre, la criticaba duramente y se había sustraído por completo a su influencia." Quien sostenía a Ida era una institutriz. Mujer moderna y "liberada", leía libros sobre la vida sexual e informaba a su alumna en secreto. Ella le había abierto los ojos sobre la relación del padre con Peppina. No obstante, después de haberla amado y de haberle prestado oídos, Dora se había malquistado con su institutriz.
En cuanto al hermano, Otto Bauer (1881-1938), pensaba sobre todo en huir de las querellas familiares. Puesto que tenía que tomar partido, se alineó con la madre: "Es así cómo, por la atracción sexual habitual, el padre se había acercado a la hija, y la madre al hijo". A los nueve años, Otto era ya un niño prodigio, al punto de haber escrito un drama en cinco actos sobre el fin de Napoleón. Más tarde se reveló contra las opiniones políticas del padre, cuyo adulterio, por otra parte, aprobaba. Lo mismo que el padre, tuvo una doble vida, marcada por el secreto y la ambivalencia. Se casó con una mujer diez años mayor que él, madre de tres niños, aunque ya tenía una larga relación con Hilda Schiller-Marmorek, diez años menor que él, que siguió siendo su amante hasta su muerte. Secretario del Partido Socialdemócrata entre 1907 y 1914, y adjunto de Viktor Adler en el Ministerio de Asuntos Exteriores en 1918, fue una de las grandes figuras de la intelligentsia austríaca de entreguerras. No obstante, a pesar de su talento excepcional, nunca se repuso de la caída del Imperio Austro-Húngaro, y dedicó más energía a atacar a Lenin que a luchar contra Hitler: "Esta ingenuidad -escribe William Johnstonera aún una herencia del Imperio de preguerra, en el que la tradición protegía a los disidentes. Incluso en 1934 Bauer persistió en dirigir cruzadas de preguerra contra la Iglesia y la aristocracia, en el momento en que precisamente habría tenido que asociarse con sus enemigos de poco antes para rechazar al fascismo. Pocas cegueras han estado tan cargadas de consecuencias.-
De modo que en octubre de 1900 Ida Bauer visitó a Freud para iniciar esa cura que duró exactamente once semanas. Afectada de diversos trastornos nerviosos (migrañas, tos convulsiva, afonía, depresión, tendencias suicidas), acababa de sufrir una afrenta terrible.
Consciente desde mucho tiempo antes de la "falta" paterna y de la mentira sobre la que reposaba la vida familiar, rechazó las propuestas amorosas que le hizo Hans Zellenka (el señor K.) en las orillas del lago de Garda, y lo abofeteó. Entonces estalló el drama: fue acusada por Hans y el padre de haber inventado la escena de seducción. Lo que era peor aún, sufrió el repudio de Peppina Zellenka (la señora K.), quien dijo sospechar que la joven leía libros pornográficos, en particular la Fisiología del amor de Paolo Mantegazza (1831-1901), publicado en 1872 y traducido al alemán cinco años más tarde. El autor era un sexólogo darwiniano abundantemente citado por Richard von Krafft Ebing, y especializado en la descripción "etnológica" de las grandes prácticas sexuales humanas: lesbianismo, onanismo, masturbación, inversión, felación, etcétera. Al enviar su hija a ver a Freud, Philipp Bauer esperaba que le diera la razón a él y se ocupara de poner fin a los fantasmas sexuales de la joven.
Lejos de adherir a la voluntad del padre, Freud tomó una dirección totalmente distinta. En once semanas, y a partir de dos sueños (uno con un incendio de la casa familiar y el otro con la muerte del padre), reconstituyó la verdad inconsciente de este drama. El primer sueño revelaba que Dora se había entregado a la masturbación, y que en realidad estaba enamorada de Hans Zellenka. Por ello le pedía al padre que la protegiera de la tentación de ese amor. Pero esa tentación despertaba también un deseo incestuoso reprimido respecto del padre. En cuanto al segundo sueño, permitió ir aún más lejos en la investigación de la "geografía sexual" de Dora, y sobre todo sacar a luz su perfecto conocimiento de la vida sexual de los adultos.
Freud advirtió claramente que la paciente no soportó la revelación de que deseaba al hombre que había abofeteado. En consecuencia, la dejó irse cuando ella decidió interrumpir el tratamiento. ¿Qué otra cosa podía hacer? El padre, al principio favorable a la cura, se dio cuenta en seguida de que Freud no aceptaba la tesis de la fabulación. Por lo tanto, se desinteresó del tratamiento. La hija, por su lado, no encontró en Freud la seducción que esperaba: él no había sido sensible ni había sabido poner en juego con ella una relación transferencial positiva. En efecto, en ese entonces Freud no sabía aún manejar la transferencia en la cura. Por otro lado, como él mismo lo subrayó en una nota de 1923, fue incapaz de comprender la naturaleza del vínculo homosexual que unía a Ida (Dora) con Peppina. Sin embargo, había sido la señora K. quien le había dado a leer el libro prohibido a la joven, para después acusarla. También había sido ella quien le hablaba de cosas sexuales.
Este tema de la homosexualidad inherente a la histeria femenina fue extensamente comentado por Jacques Lacan en 1951, mientras que otros autores se dedicaron a demostrar que Freud no comprendía en nada la sexualidad femenina, o que Dora era inanalizable.
Ida Bauer nunca se curó de su horror a los hombres. Pero sus síntomas se apaciguaron. Después de su breve análisis, pudo vengarse de la humillación sufrida, haciéndole confesar a la señora K. su relación con el padre, y al señor K. la escena del lago. Luego le contó la verdad al padre e interrumpió toda relación con la pareja. En 1903 se casó con Ernst Adler, un compositor empleado en la fábrica paterna. Dos años más tarde tuvo un hijo que iba a hacer carrera de músico en los Estados Unidos.
En 1923, víctima de nuevos trastornos (vértigo, zumbido de oídos, insomnio, migrañas), llamó por azar a Felix Deutsch a la cabecera de su cama. Le narró entonces toda su historia, habló del egoísmo de los hombres, de sus frustraciones, su frigidez. Escuchando sus quejas, Deutsch reconoció el famoso caso "Dora": "Desde ese momento, ella olvidó su enfermedad y puso de manifiesto un inmenso orgullo por haber sido objeto de un escrito tan célebre en la literatura psiquiátrica". La mujer discutió las interpretaciones realizadas por Freud de sus dos sueños. Cuando Deutsch volvió a verla, los ataques habían desaparecido.
En 1955, emigrado a los Estados Unidos, Deutsch se enteró de la muerte de Dora, que se había producido diez años antes. Por Ernest Jones supo que Ida había fallecido en Nueva York y, por un colega, tuvo noticias de cómo se habían desarrollado los últimos años de su vida. Dora había dirigido contra su propio cuerpo la obsesión de la madre: "Su constipación, vivida como una imposibilidad de «limpiar los intestinos», le creó problemas hasta el fin de su vida. No obstante, habituada a esos trastornos, los trataba como un síntoma familiar, hasta el momento en que demostraron ser más graves que una simple conversión. Su muerte -de un cáncer de colon diagnosticado demasiado tarde para que pudiera operarse con éxito- fue como una bendición para sus allegados. Según mi informante, había sido una de las «histéricas más repulsivas» que hubiera conocido.
Bélgica
La introducción del psicoanálisis en Bélgica siguió el mismo movimiento que en todos los otros países de Europa. Pero, dividido en dos idiomas, y entre médicos y profanos (los no-médicos), atravesado por la historia del nazismo, y después por la de la renovación lacaniana, el movimiento psicoanalítico belga tiene la característica de no poder encontrar su autonomía. Su destino sigue ligado al psicoanálisis en Francia y, en parte, en Holanda.
Desde la década de 1900 hubo polémicas entre neurólogos y psiquiatras a propósito del freudismo. El psicoanálisis era entonces considerado un método de investigación útil en los procesos judiciales y en el diagnóstico de las simulaciones. Se lo confundía con el test de asociación verbal de Carl Gustav Jung. Sobre todo, no se distinguía la práctica freudiana de las otras formas de terapia. En cuanto al primado de la sexualidad, fue calificado de pansexualismo por el conjunto del cuerpo médico, lo mismo que en todos los otros países.
Después de la Primera Guerra Mundial, Juliaan Varendonck fue el verdadero pionero del psicoanálisis de Bélgica. Formado en Viena, reconocido por Sigmund Freud y miembro de la Nederlandse Vereniging voor Psychoanalyse (NVP), se instaló en Gante y ejerció durante un breve período, antes de morir sin dejar posteridad.
Hubo que esperar el período de entreguerras para que algunos marginales y autodidactas fundaran verdaderamente el movimiento belga: Fernand Lechat, Camille Lechat, su esposa, y Maurice Dugautiez. Con el título de "psiquistas" crearon en 1920 un Círculo de Estudios Psíquicos, en el que se practicaban tanto las ciencias ocultas, el espiritismo, la hipnosis, como el psicoanálisis. Muy pronto Lechat y Dugautiez crearon la revista Le Psychagogue, tomaron contacto con la Société psychanalytique de Paris (SPP), creada en 1926, e iniciaron el análisis didáctico en el diván de Ernst Paul Hoffmann, llegado de Viena y refugiado en Bélgica entre 1938 y 1940.
En esa época surgió el conflicto en torno al análisis profano (entre médicos y no-médicos), que marcó la posguerra en Bélgica, pero que ya atravesaba al movimiento internacional. Lechat y Dugautiez se vieron cuestionados como marginales, incluso "charlatanes", por Jacques De Busscher, un médico miembro de la NVP muy favorable a las tesis freudianas. Él mismo no practicaba el psicoanálisis, pero luchaba por reservarlo a los médicos.
Paralelamente, también los medios intelectuales se interesaron por el pensamiento de Freud. Hendrik (Henri) De Man (1885-1953), futuro presidente de] Partido Obrero Belga, le escribió en 1925. Por otra parte, sociólogos, pedagogos y universitarios, lo mismo que los jesuitas próximos a la Universidad Católica de Lovaina, comenzaron a comentar las obras psicoanalíticas y a inspirarse en ellas.
En 1924 apareció un número especial de la revista Le Disque vert, enteramente dedicado al psicoanálisis. El director, Franz Hellens, había logrado reunir acerca de este tema a nombres prestigiosos de la literatura y el saber médico. Fue un verdadero acontecimiento.
Abría el volumen una carta de Freud, seguida por artículos de psicoanalistas y escritores franceses. En su conjunto, el número expresaba bastante bien lo que estaba en juego en la batalla de la década de 1920 en torno al freudismo. Algunos condenaban una moda efímera, otros insistían en la seriedad de lo que les parecía una verdadera doctrina.
Durante el período de la ocupación nazi, Lechat y Dugautiez continuaron practicando el psicoanálisis. En 1947, con el patrocinio de la SPP, fundaron la Association des psychanalystes de Belgique (APB), que iba a ser reconocida por la International Psychoanalytical Association (IPA) en el Congreso de Zurich de 1949, con el firme apoyo de Marie Bonaparte. Esta fundación le permitió al psicoanálisis desarrollarse en el sector de la lengua francesa de] país.
La adhesión a la IPA tuvo por efecto obligar a la APB a normalizarse, es decir, en el contexto belga, a adoptar el punto de vista de la medicalización. Fueron mujeres médicas las que asumieron la dirección de la asociación y apartaron a los fundadores autodidactos. La APB cambió entonces sus estatutos y, en 1960, tomó el nombre de Société belge de psychanalyse (SBP). Compuesta por una fuerte mayoría de médicos, se abandonó la preocupación por la investigación intelectual. A fines de la década de 1990 tiene sesenta miembros, para una población global de diez millones de habitantes, o sea seis psicoanalistas (IPA) por millón de habitantes.
En este contexto, los jóvenes terapeutas más brillantes prefirieron volverse hacia las tesis de Jacques Lacan, cuya doctrina era proscrita de la SBP en el momento mismo en que comenzaba a florecer en Francia, en el seno de la Société française de psychanalyse (SFR 1953-1963). Marcados por la fenomenología, los representantes de la joven generación psicoanalítica (la tercera para Bélgica) emprendieron curas didácticas fuera de su país. En Francia, con Lacan; en Suiza, con Gustav Bally (1893-1966) o Maeder Boss.
Negándose a plegarse a las exigencias ortodoxas de la SBP, terminaron por fundar su propia institución, la École belge de psychanalyse (EBP), en 1969, copiada de la École freudienne de Paris, y con un idéntico programa de enseñanza: retorno a Freud, enseñanza de la filosofía, la antropología, la lingüística. Favorable al análisis profano, esta escuela integró a los no-médicos, que fueron mayoritarios desde el principio.
No obstante, ante la SBP, preocupada por la respetabilidad, la EBP siguió buscando una verdadera identidad. Próximos a la Universidad de Lovaina, sus fundadores favorecieron la implantación del lacanismo en Bélgica, a través de una vía católica y universitaria. El filósofo Alphonse de Wahlens (1911-1981), lector de Husserl, traductor de Heidegger y amigo de Maurice Merleau-Ponty (1908-1961), desempeñó un papel importante en tal sentido. Miembro de la École freudienne de Paris (EFP) entre 1964 y 1971, comenzó por seguir el seminario de Lacan, y asistió a sus presentaciones de enfermos, antes de tomar distancia y militar con más firmeza que nunca en favor de un psicoanálisis de inspiración fenomenológica.
En 1980, la disolución de la EFP provocó el estallido de la EBP y la creación de una multitud de grupúsculos dependientes de las diversas escuelas neolacanianas parisienses: la École de la Cause freudienne (ECF), la Association freudienne (AF), etcétera. En virtud de esta diseminación, la EBP siguió por su parte ligada a la Universidad de Lovaina, en torno a Jacques Schotte y Antoine Vergote, con un enfoque pluralista, abierto y democrático; la referencia a Lacan y su doctrina no es exclusiva.
Benedikt Moriz
(1835-1920) Médico austríaco
El escritor Hermann Bahr (1863-1934) subrayó que "el vienés es un hombre que detesta y desprecia a los otros vieneses, pero no puede vivir fuera de Viena". Si bien esta frase se aplica a Sigmund Freud, sin duda conviene mucho más a Moriz (o Moritz) Benedikt, cuyo destino trágico conocemos gracias a la autobiografía publicada en 1906 y a los trabajos del historiador Henri F. Ellenberger.
Este médico proveniente de una familia judía del Burgenland pasó su vida haciendo descubrimientos sobre las enfermedades nerviosas y su tratamiento, sin llegar jamás a ser reconocido como innovador. Fue de alguna manera un pionero en las sombras, que vivió de decepción en decepción, y de conversión en repudio, como muchos judíos vieneses de la época, siempre en busca de identidad y atravesados por el "auto-odio judío".
Benedikt se identificó con todos los científicos malditos olvidados por la ciencia oficial. No sólo siguió siendo un médico oscuro a pesar de su talento, sino que además padeció la desdicha de tener el mismo apellido que un periodista de la Neue Freie Press.
Especialista en histeria, practicante de la hipnosis y amigo de Jean Martin Charcot, en 1864 sostuvo que la histeria era una enfermedad sin causas uterinas. Cuatro años más tarde se interesó por la electroterapia, pero en 1891 dio una media vuelta y comenzó a luchar contra el hipnotismo. Finalmente, fue uno de los primeros en hablar de histeria masculina. Erna Lesky, historiadora de la medicina vienesa, explicó en 1965 las razones de] fracaso reiterado de este terapeuta brillante, que no logró afirmarse como un verdadero innovador: aunque había recibido una formación sólida, no se resolvía a aceptar los hechos y siempre se dejaba arrastrar por su loca imaginación. Además prefería la polémica al trabajo lento de la razón, y no cesó de atacar a quienes consideraba adversarios o falsos científicos: Richard von Krafft-Ebing o Wilhelm Fliess. Hay que añadir que Benedikt siguió enfeudado a una concepción de] psiquismo fundada en la conciencia.
En la "Comunicación preliminar" de 1893, después incorporada a los Estudios sobre la histeria, Freud y Josef Breuer lo citan como autor de observaciones sobre el tema publicadas "ocasionalmente". En La interpretación de los sueños Freud se refiere también a su obra Hipnotismo y sugestión, aparecida en 1894.
La contribución más interesante de Benedikt a la historia de la psiquiatría dinámica fue un artículo de 1914 cuyo tema era lo que él llamaba, en inglés, the second life, es decir, la vida interior secreta de cada sujeto. Esta segunda vida (que por otra parte era la expresión misma de su propio itinerario de médico vienés atormentado por la inautenticidad de esa sociedad de fin de siglo) se construía, según él, como un sistema de representaciones y rumiaciones que el individuo conserva en su fuero interno, sin querer tenerlas en cuenta. Más frecuente en la mujer, es dominante en los jugadores, los excéntricos, los criminales, los neurasténicos. La primera preocupación del terapeuta debe consistir en explorarla, pues ella oculta secretos patógenos. Benedikt fue también uno de los primeros científicos en descubrir las causas sexuales de la histeria. Antes de morir, solitario y olvidado, se había vuelto hacia las ciencias ocultas, a pesar de haberlas despreciado al principio de su carrera.
Beneficio
s. m. (fr. bénéfíce; ingl. gainfroni illness, al. Krankheitsgewinn). Idea general según la cual la formación de síntomas le permite al sujeto una reducción de las tensiones engendradas por una situación conflictiva, conforme al principio de placer.
En una nota de 1923, dedicada al caso Dora, que había publicado en 1905, S. Freud escribe que «el motivo de la enfermedad no es otro que el propósito de obtener cierto beneficio». Define allí el beneficio primario como «la solución más cómoda en el caso de un conflicto psíquico», en la medida en que «ahorra en primer lugar un esfuerzo». Precisa además que factores exteriores como la modificación para ventaja del paciente de las relaciones con su entorno entran dentro del beneficio primario de la enfermedad. El beneficio secundario de la enfermedad es descrito en 1926, en Inhibición, síntoma y angustia, como el esfuerzo del yo por pactar con una enfermedad ya instalada. Esfuerzo que moviliza las capacidades integradoras del yo: «El yo intenta suprimir el carácter extraño y aislado del síntoma, y extrae partido de todas las posibilidades que puedan ofrecerse de ligársele de cualquier manera, y de incorporarlo por medio de tales lazos a su organización». De allí que el yo se adapta al síntoma como lo hace de ordinario con el mundo exterior. Este esfuerzo choca, sin embargo, con uno de los aspectos irreductibles del síntoma, que es el de ser un sustituto de la moción pulsional reprimida, que renueva continuamente su exigencia de satisfacción y arrastra al yo a una nueva lucha defensiva. El beneficio secundario aparece por lo tanto como una frágil ganancia.
Beneficio primario y secundario de la enfermedad
Al.: primärer und sekundärer Krankheitsgewinn. -
Fr.: bénéfice primaire et secondaire de la maladie. -
Ing.: primary and secondary gain from illness. -
It.: utile primario e secondario della malattia. -
Por.: lucro primário e secundário da doença.
Beneficio de la enfermedad designa, de un modo general, toda satisfacción directa o Indirecta que un sujeto obtiene de su enfermedad.
El beneficio primario es el que entra en consideración en la motivación misma de una neurosis: satisfacción hallada en el síntoma, huida en la enfermedad, modificación favorable de las relaciones con el ambiente.
El beneficio secundario podría distinguirse del anterior por:
- su aparición con posterioridad, como ganancia suplementaria o utilización por el sujeto de una enfermedad ya constituida;
- su carácter extrínseco en relación con el determinismo inicial de la enfermedad y con el sentido de los síntomas;
- el hecho de que se trata de satisfacciones narcisistas o ligadas a la autoconservación más que de satisfacciones directamente libidinales.
Desde sus comienzos, la teoría freudiana de la neurosis es inseparable de la idea de que la enfermedad se desencadena y se mantiene en virtud de la satisfacción que aporta al individuo. El proceso neurótico responde al principio del placer y tiende a obtener un beneficio económico, una disminución de la tensión. Este beneficio se evidencia por la resistencia del sujeto a la cura, resistencia que se opone al deseo consciente de curarse.
Pero sólo más tarde, y siempre en forma bastante aproximada, establece Freud la distinción entre beneficio primario y beneficio secundario. Así, en el estudio del Caso Dora, Freud parecía sostener inicialmente la idea de que los motivos de la enfermedad son siempre secundarios con relación a la formación de los síntomas. Éstos no tendrían al principio una función económica y podrían ser efímeros si no resultasen fijados en un segundo tiempo: «Cierta corriente psíquica puede encontrar cómodo servirse del síntoma, y éste adquiere así una función secundaria, quedando como anclado en el psiquismo».
El tema vuelve a ser examinado por Freud en las Lecciones de introducción al psicoanálisis (Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse, 1916-1917) y en una nota de rectificación añadida en 1923 al estudio del Caso Dora:
El «beneficio primario» va ligado al propio determinismo de los síntomas. En él distingue Freud dos partes: la «parte interna del beneficio primario» consiste en la reducción de tensión que procura el síntoma; éste, por doloroso que sea, tiene por finalidad evitar al sujeto conflictos a veces más penosos: es el mecanismo llamado de la «huida en la enfermedad». La «parte externa del beneficio primario» estaría ligada a las modificaciones que el síntoma aporta en las relaciones interpersonales del sujeto. Así, una mujer «oprimida por su marido» puede conseguir, gracias a la neurosis, mayor ternura y atención, al mismo tiempo que se venga de los malos tratos recibidos.
Pero si bien Freud designa este último aspecto del beneficio con los términos de «externo o accidental», la frontera que lo separa del beneficio secundario resulta difícil de trazar.
Para describir este último, Freud alude al caso de la neurosis traumática o de una enfermedad física a consecuencia de un accidente. El beneficio secundario se materializa en este caso por la indemnización percibida por el enfermo, motivo poderoso que se opone a una readaptación: «Al librarlo de su enfermedad, le privaríais ante todo de sus medios de subsistencia, puesto que entonces tendría que preguntarse si todavía es capaz de reemprender su antiguo trabajo».
Sobre la base de este claro ejemplo, es fácil descubrir las tres características que definen el beneficio secundario. Pero además se debe precisar que, incluso en un caso de este tipo, haría falta preguntarse por las motivaciones inconscientes del accidente, como han subrayado las investigaciones modernas. Tratándose de neurosis y a fortiori de neurosis no traumática, ¿no son las distinciones todavía menos netas? En efecto, un beneficio sobrevenido secundariamente en el tiempo, y aparentemente extrínseco, ha podido ser previsto y considerado en el desencadenamiento del síntoma. En cuanto al aspecto objetivo del beneficio secundario, oculta con frecuencia su carácter profundamente libidinal: el subsidio pagado al enfermo (para seguir con el mismo ejemplo) puede, por ejemplo, simbolizar una dependencia del tipo niño-madre.
El punto de vista tópico es probablemente el que permite comprender mejor lo que se quiere indicar con el término «beneficio secundario», en la medida en que se toma en consideración la instancia del yo en su tendencia, o incluso «compulsión», a la síntesis (véase: Yo). Freud aborda este problema en el capítulo III de Inhibición, síntoma y angustia (Heminung, Symptom und Angst, 1926), en el cual el concepto de beneficio secundario se aclara al compararlo con el «combate defensivo secundario» emprendido por el yo, no directamente contra el deseo, sino contra un síntoma ya constituido. Defensa secundaria y beneficio secundario aparecen como dos modalidades de respuesta del yo a este «cuerpo extraño» que es ante todo el síntoma: «[...] el yo se comporta como guiado por la idea de que el síntoma persistirá en lo sucesivo y no podrá ser eliminado: no queda otro remedio que transigir con esta situación y obtener de ella la mayor ventaja posible». En este beneficio secundario de la enfermedad, que constituye una verdadera incorporación del síntoma al yo, distingue Freud, por una parte, las ventajas obtenidas del síntoma en el terreno de la autoconservación, y por otra parte las satisfacciones propiamente narcisistas.
En conclusión, se observará que la denominación «beneficio secundario» no debe ser obstáculo para la investigación de motivaciones ligadas más directamente a la dinámica de la neurosis. La misma observación podría aplicarse a aquellos tratamientos Psicoanalíticos en los cuales se recurre al concepto de beneficio secundario para explicar el hecho de que el paciente parece hallar más satisfacción en el mantenimiento de una situación transferencial que en la curación.
Beneficio secundario
La noción de un beneficio secundario de la enfermedad fue introducida por Freud en su análisis de Dora («Fragmento de análisis de un caso de histeria»), como comentario a la intención atribuida a su paciente de alejar a su padre de la Señora K., suscitando su compasión por medio de sus desvanecimientos. Freud comienza por distinguir los «motivos» (Motiv) de la enfermedad, de los modos que ésta puede revestir, es decir, del material con el que son formados los síntomas. Una nota añadida al texto de este análisis, no obstante, nos permite asistir a una evolución del pensamiento de Freud entre 1905 y 1923. «Los motivos de la enfermedad -escribe en 1905- no participan de la formación de los síntomas, ni tampoco están presentes desde el principio de la enfermedad; sólo se suman secundariamente, y la enfermedad no queda plenamente constituida sin su aparición. Es preciso contar con la presencia de los motivos de la enfermedad en todo caso que implique un verdadero sufrimiento y que sea de una duración bastante larga. Si al principio el síntoma no puede encontrar ninguna utilización en la economía psíquica, a menudo sucede que termina secundariamente por adquirir una. Una cierta corriente psíquica puede encontrar cómodo servirse del síntoma, y de tal manera éste adquiere una función secundaria [subrayado de Freud] y queda como anclado en el psiquismo. Quien quiere curar al enfermo tropieza, para su sorpresa, con una gran resistencia, que le enseña que el enfermo no tiene la intención de renunciar a su enfermedad, por más formal y serio que parezca su propósito». Además, «los motivos de la enfermedad comienzan a despuntar desde la infancia».
Sin embargo, Freud se corrige en su nota de 1923: «Ya no se está autorizado a pretender que los motivos de la enfermedad no están presentes desde su inicio», como lo sugerían las últimas líneas citadas. Freud continúa: «Yo he tenido mejor en cuenta el estado de las cosas introduciendo una distinción entre la utilidad (profit) primaria y el beneficio (benefice) secundario de la enfermedad. El motivo para enfermar no es otra cosa que el propósito de obtener una cierta ganancia. Lo que se dice en las páginas siguientes es justo en lo que concierne al beneficio secundario de la enfermedad. Pero la existencia de una utilidad primaria debe ser reconocida en toda neurosis. El hecho de enfermar ahorra ante todo una operación psíquica; desde el punto de vista económico, es la solución más cómoda en el caso de un conflicto psíquico (refugio en la enfermedad), aunque el carácter impropio de esa salida se revele ulteriormente de modo inequívoco, en la mayoría de los casos. Esa parte de la ganancia primaria de la enfermedad puede denominarse utilidad interna, psicológica: es, por así decirlo, constante. Además, hay factores exteriores, como por ejemplo la situación aquí mencionada de una mujer oprimida por su marido, que pueden proveer motivos para enfermar, y representar de tal modo la parte externa de su ganancia primaria.»
Para comprender mejor esta evolución, se pueden mencionar otros puntos de referencia intermedios.
En 1915, en las Conferencias de introducción al psicoanálisis, con el título de «El estado neurótico común», Freud evoca, bajo la influencia de Adler y de su «carácter nervioso», la participación del yo en la emergencia de la neurosis, y con tal fin retorna la noción de ganancia de la enfermedad (Krankheitsgewinn) a título de «función secundaria». En efecto, en esa fecha emprendió el trabajo de análisis del yo consecutivo al aporte de «Introducción del narcisismo». Ese movimiento del pensamiento está destinado a desembocar, en «Análisis terminable e interminable», de 1937, en una visión general de los «procesos secundarios» considerados desde el punto de vista metapsicológico en la relación del yo con la pulsión.
Benussi Vittorio
(1878-1927) Psicoanalista italiano
Nacido en Trieste, Vittorio Benussi vivió dividido entre sus dos patrias, Austria e Italia. Después de estudiar psicología en Roma, en el departamento dirigido por Sante De Sanctis (1862-1935), se especializó en psicología experimental en Austria, y realizó un análisis con Otto Gross en Graz. Producida la caída del Imperio Austro-Húngaro, rechazó un trabajo en Praga por razones políticas, y volvió a Italia, donde obtuvo la cátedra de psicología en la Universidad de Padua. Riguroso en extremo, como lo atestiguan sus trabajos experimentales, Benussi fue también un poeta y una especie de gurú; realizó estudios sobre la sugestión hipnótica y la psicología del testimonio.
En 1926, en el clima antipsicoanalítico alimentado por la publicación del libro del célebre psiquiatra Enrico Morselli (1852-1929), dio una serie de cursos sobre los fundamentos del psicoanálisis y formó a una cierta cantidad de alumnos, entre ellos Cesare Musatti (quien iba a ser su asistente y lo sucedería después de su muerte) y Novello Papafava, militante antifascista, amigo de esa gran figura de la lucha contra el régimen mussoliniano que fue Piero Gobetti (1901-1926), y autor de un ensayo de inspiración freudiana sobre los fundamentos del fascismo italiano. Ese mismo año de 1926, Benussi conoció en Groninga a Ludwig Binswanger y a Karl Jaspers (1883-1969). Por razones desconocidas, se suicidó en 1927, poco antes del congreso de la psicología italiana que iba a reunirse en Padua en honor suyo.
Sus trabajos de psicología experimental fueron escritos y publicados en lengua alemana, pero redactó en italiano sus contribuciones clínicas, reunidas y publicadas en 1932 con el título de Suggestione e Psicoanalisi, por iniciativa de Silvia Musatti de Marchi, que fue su alumna.
Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI)
Instituto Psicoanalítico de Berlín
Creado por Max Eitingon, Karl Abraham y Ernst Simmel en el marco del policlínico del mismo nombre, el Instituto Psicoanalítico de Berlín fue inaugurado el 14 de febrero de 1920 en locales de la Potsdamer Strasse acondicionados por Ernst Freud. Verdadero laboratorio de formación de terapeutas, durante diez años desempeñó un papel considerable en la elaboración de los principios del análisis clínico, y sirvió de modelo a todos los otros institutos creados más tarde en el marco de la International Psychoanalytical Association (IPA). Hasta su partida a Palestina, Eitingon presidió la comisión de enseñanza, y en 1923, por primera vez en el mundo, el cursus analítico fue sometido a las tres prescripciones sistemáticas: análisis didáctico, enseñanza teórica, análisis de control.
Harms Sachs, el primer psicoanalista exclusivamente didacta M BPI, llegado de Viena, formó a veinticinco profesionales, entre los cuales se contaron los más brillantes representantes del freudismo internacional. A lo largo de los años, debido a la afluencia de inmigrantes húngaros que huían del régimen del almirante Horthy, y después por la llegada de los vieneses obligados a exiliarse por razones económicas, el Instituto pasó a ser el más grande de los centros de formación psicoanalítica del mundo, mientras que en el Policlínico se realizaban tratamientos de todo tipo: gratuitos para los carecientes, pagos en diversa medida para los otros pacientes. En 1930, en el momento en que Eitingon publicó su "Informe inicial sobre los diez años del BPI", Berlín, según las palabras de Ernest Jones, se había convertido en "el corazón de todo el movimiento psicoanalítico internacional".
Después de la implantación del nazismo en Alemania, el BPI fue integrado al Instituto que dirigía Matthias Heinrich Göring, poniéndose así al servicio de la siniestra comedia de la "arianización- del psicoanálisis, es decir, de su destrucción sistemática en tanto que "ciencia judía".
Bernaert Louis
(1906-1985) Sacerdote y psicoanalista francés
Nacido en Ascq, Louis Beirnaert ingresó en la Compañía de Jesús en 1923, y se convirtió en profesor de teología dogmática. Durante la Segunda Guerra Mundial participó en la Resistencia anti-nazi, en una red gaullista. Después se orientó hacia la psiquiatría, y fue analizado por Daniel Lagache, antes de pasar a ser uno de los compañeros cercanos a Jacques Lacan y desempeñar un papel importante en la historia de las relaciones entre el psicoanálisis y la Iglesia Católica, sobre todo acerca de la cuestión del discernimiento de las vocaciones. Cronista en la publicación periódica Études, redactó varios textos importantes sobre mística, en especial acerca de Ignacio de Loyola (1491-1556).
Bernays Anna
Nacida Freud (1859-1955). Hermana de Sigmund Freud
Nacida en Freiberg, tercer vástago de Jacob y Amalia Freud, Anna era también la primera de las cinco hermanas de Sigmund Freud, y la única de ellas que escapó al exterminio de los judíos por los nazis. En sus recuerdos pone de manifiesto los mismos celos que el hermano había experimentado respecto de ella cuando era niño. Cuenta hasta qué punto Amalia privilegiaba a su hijo mayor: Sigmund tenía derecho a una habitación para él solo, mientras que sus hermanas se amontonaban en el resto del departamento. Cuando Amalia quiso que Anna tomara lecciones de piano, Sigmund se opuso y amenazó con irse de la casa. Cuando ella tenía 16 años, él le prohibió leer las obras de Honorato de Balzac (1799-1850) y Alejandro Dumas (1802-1870). Esta actitud tiránica se relacionaba con el hecho de que Freud había estado celoso de su hermano Julius Freud, nacido después de él, y a continuación se sintió culpable de su muerte. Entonces derivó su rivalidad hacia la hermanita, vivida como una "usurpadora" porque se llevaba una parte del amor de la madre. Pero esta hostilidad demuestra también hasta qué punto Freud obedecía en ciertos temas a la concepción victoriana de la educación de las mujeres, propia de la sociedad vienesa de fin de siglo. Sus relaciones difíciles con esta hermana estimularon sin duda alguna sus reflexiones sobre las rivalidades edípicas y los vínculos familiares en general. Más tarde, Freud se mostró mucho más afectuoso con sus otras cuatro hermanas, cuyo destino fue trágico.
En octubre de 1883, Anna Freud se casó con El¡ Bernays, hermano de Martha Bernays, futura esposa de Freud, con el cual este último no tardó en disputar por una historia trivial de dinero. De nuevo se revelaron sus celos, y quiso que Martha, su novia, se pusiera de parte de él, lo que ella no hizo. Pero él no asistió al casamiento de su hermana. Más tarde puso fin a la desavenencia y ayudó a los Bernays a emigrar a los Estados Unidos, donde Eli se convirtió en un hombre de negocios muy rico. Anna tuvo cinco hijos y murió en Nueva York casi centenaria.
Bernays Minna
(1865-1941) Cuñada de Sigmund Freud
En la historia de la vida privada de Sigmund Freud, Minna Bernays, hermana menor de Martha Freud (nacida Bernays), ocupa un lugar decisivo, no sólo por los vínculos íntimos que mantuvo con el cuñado (y que duraron toda la vida), sino porque esa amistad se convirtió en una de las grandes cuestiones de la historiografía freudiana, sobre todo para la corriente revisionista.
En 1882, cuando Freud se enamoró de Martha, también se sentía muy atraído por Minna, cuya inteligencia y espíritu cáustico le encantaban. Le escribió cartas muy íntimas, en las cuales le hacía numerosas confidencias, llamándola "mi tesoro, mi hermana". En esa época, la joven estaba de novia con un amigo de Freud, Ignaz Schönberg (1856-1886), quien contrajo tuberculosis y murió a principios del año 1886! Minna decidió entonces permanecer soltera, y se ocupó de la madre en Hamburgo, mientras trabaja intermitentemente como dama de compañía.
En 1896 se instaló en Viena, en la casa de la hermana y el cuñado, el departamento de la Berggasse 19, donde ocupó una habitación sin entrada independiente: para llegar a ella, tenía que pasar continuamente por el dormitorio de la pareja Freud. Con el paso de los años se convirtió en "tía Minna" para los cinco hijos de la familia, a los cuales consagraba mucho tiempo y toda su energía. Mientras que Freud mantenía a su mujer y sus hijos alejados de su vida profesional, confiaba sus dudas, sus interrogantes y sus certidumbres a la cuñada tiernamente amada. Incluso viajó varias veces en su compañía, sobre todo a Italia. En sus cartas la mantenía informada de todos los asuntos de familia, hablándole tanto de Martha como de sus descubrimientos intelectuales. Ella respondía con la seguridad de una mujer que ocupaba una posición sólida en el corazón de la casa. En 1938, ya enferma y casi ciega, llegó a exiliarse en Londres, donde murió dos años después que el cuñado.
Carl Gustav Jung, quien rechazaba la teoría freudiana de la sexualidad, tenía sin embargo un gusto acentuado por las anécdotas picarescas de la vida privada. Como él mismo había tenido varias aventuras extraconyugales (entre otras, una con Sabina Spielrein), no vacilaba en divulgar rumores, verdaderos y falsos, sobre relaciones carnales de sus amigos y de sus contemporáneos. Él fue el primero del entorno de Freud que le atribuyó una relación amorosa con la cuñada. En 1957, en una entrevista con John Billinsky, contó que, en marzo de 1907, Minna Bernays, muy "desamparada", le había confesado que Freud estaba enamorado de ella, y que su "relación era verdaderamente muy íntima". Dijo recordar el "suplicio" que fue para él escuchar esa "revelación".
Con mucho menos que eso se podía conmover a la comunidad freudiana y reactivar las acusaciones al psicoanálisis: esa doctrina, que veía sexo en todas partes, ¿había sido finalmente sorprendida en flagrante delito de incesto, en la persona misma de su hipócrita fundador? Ernest Jones, el biógrafo oficial del maestro, afirmó repetidamente que el gran hombre había sido "monógamo en una medida inhabitual", pero no pudo impedir que el rumor hiciera estragos. Tanto más cuanto que la correspondencia entre Minna Bernays y su cuñado seguía siendo inaccesible a todos los investigadores, celosamente custodiada por el ortodoxo Kurt Eissler, responsable de los Archivos Freud depositados en la Library of Congress de Washington.
A fines de 1970, el historiador revisionista Peter Swales retomó el asunto, dándole un contenido teórico. Con la inquietud por encontrar la huella original de todas las felonías cometidas por el padre fundador, comenzó a investigar la cuestión, y en noviembre de 1981 pronunció en Nueva York una conferencia que tuvo una gran repercusión. Tomando como punto de partida la confidencia de Jung, explicó que Freud había tenido una relación sexual con Minna, que incluso la había embarazado, y después obligado a abortar. Pero el método de investigación no aportaba la menor prueba sobre la realidad de esa presunta relación. Se trataba de una especie de parodia de interpretación psicoanalítica, que pretendía encontrar en la obra de Freud "revelaciones" autobiográficas capaces de perfilar con toda exactitud los actos de su vida privada.
A este delirio de interpretación, el historiador Peter Gay, nuevo biógrafo de Freud, respondió describiendo la turbación que él mismo había experimentado al consultar, en la Library of Congress, la correspondencia entre Freud y Minna Bernays: más exactamente, al verificar la existencia de un blanco entre 1893 y 1910 en la numeración de las cartas. Ahora bien, era precisamente en ese período cuando podría haber tenido lugar la relación sexual. Gay no creía en la existencia de esa escena incestuosa original, y señaló que los herederos legales, al censurar la vida privada de los pensadores, suprimían datos inútilmente, con lo cual favorecían la difusión de las interpretaciones más fantasiosas.
Según Albrecht Hirschmüller, especialista alemán en la publicación de la correspondencia de Freud con los miembros de su familia, Gay cometió un error, y la numeración de las famosas cartas no presenta ningún salto. Hirschmüller dice que la correspondencia de Freud con la cuñada no contiene ningún elemento que demuestre la existencia de semejante relación: "La correspondencia es muy abierta e íntima. Demuestra que las relaciones de Freud con la cuñada formaban parte de una red de relaciones familiares [ ... ]. Una relación carnal habría creado demasiados problemas y destruido el vínculo con Martha, que era fundamental para Freud, pero diferente del que mantenía con Minna. Ésta es la opinión que me he formado después de haber examinado detenidamente todo lo que encontré en los archivos de Freud sobre la familia Bernays."
De modo que la relación carnal fue inventada por Jung a partir de un testimonio de Minna mal interpretado, antes de convertirse en un fantasma principal de la historiografía revisionista y antifreudiana.
Bernfeld Siegfried
(1892-1953) Psicoanalista norteamericano
Militante sionista y marxista austríaco, amante de las mujeres, fumador inveterado de cigarrillos norteamericanos, gran conocedor de los orígenes del freudismo, pionero del análisis profano y de la psicología de la adolescencia, Siegfried Bernfeld fue una de las principales figuras del primer círculo psicoanalítico vienés, antes de convertirse, en 1941, en fundador de la San Francisco Psychoanalytical Society (SFPS).
Nacido en Lemberg (Galitzia) en una familia judía de comerciantes textiles, instalada en las afueras de Viena, realizó estudios de botánica y zoología, con los que obtuvo un sólido conocimiento de las ciencias de la naturaleza. Después se orientó hacia la psicología y la pedagogía. En su juventud se interesó por el hipnotismo, que practicó con su joven hermano, y luego por el método de la asociación libre. Militante sionista y socialista, comenzó a interesarse por el psicoanálisis a través de la pedagogía, llevado por las experiencias de Maria Montessori. En 1915 se casó con Anne Salomon, una estudiante de medicina y militante marxista, con la que tuvo dos hijas: Rosemarie y Ruth.
En 1918, Bernfeld organizó en Viena una gigantesca reunión de la juventud sionista, en la cual Martin Buber (1878-1965) pronunció un discurso célebre. Un año más tarde creó una institución, el Kinderheim Baumgarten, especializada en recoger a niños judíos huérfanos de guerra, a los cuales debía dar una formación que les permitiera emigrar a Palestina. En su apertura, el instituto se hizo cargo de ciento cuarenta pensionistas, entre ellos niños de menos de cinco años, hambrientos, discapacitados o traumatizados. Convertido en miembro de la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV) ese mismo año, Bernfeld conoció a Sigmund Freud, quien lo recomendó a Max Eitingon y al Policlínico de Berlín. Finalmente, en 1922, se instaló como psicoanalista en Viena, se convirtió en íntimo de Anna Freud, y luego formó un grupo con quienes se interesaban por la niñez y la adolescencia desamparada: Wilhelm (Willi) Hoffer (1897-1967), Anna Freud, August Aichhorn. Todos tenían el objetivo de extender la doctrina freudiana a las cuestiones sociales.
En 1925 publicó dos obras importantes, una consagrada a la psicología de la adolescencia, y la otra centrada en el mito de Sísifo; en esta última denunciaba los métodos educativos alemanes, con los cuales, según él, se corría el riesgo de favorecer la instauración de una dictadura.
Ese año, separado de su primera mujer, viajó a Berlín y su destino se cruzó con el de todos los que se habían agrupado en torno a Karl Abraham y Eitingon. Realizó un análisis de dos años con Hanns Sachs, y volvió a Viena en 1932, después de haberse casado con la actriz Élisabeth Neumann, discípula de Erwin Piscator (1893-1966) y futura figura de Hollywood, de la que se separó en 1934 para casarse con la que sería su tercera esposa y su valiosa colaboradora: Suzanne Cassirer-Paret. Francesa de origen y madre de dos niños, Peter y Renate, ella se había formado en el diván de Freud.
En términos generales, Bernfeld insistía en que el hombre está siempre en una "posición social", y que esta dependencia respecto de lo social es decisiva en la construcción del yo. De allí la idea esencial de que la neurosis y la delincuencia resultan por igual de la manera en que los individuos han sido educados en su infancia.
En 1934, después de que los nazis tomaran el poder, Bernfeld se exilió con su hija Ruth, la madre de Suzanne, Peter y Renate. Instalados en Menton, en el mediodía de Francia, los Bernfeld pasaron por París en 1935, oportunidad en que él se encontró con René Spitz y conoció a René Laforgue. Después de un largo periplo que los condujo desde Amsterdam hasta Londres, abandonaron definitivamente Europa por los Estados Unidos. En septiembre de 1937 se instalaron en San Francisco. Manfred Bernfeld, hermano de Siegfried, fue deportado y murió en el campo de concentración de Therensienstadt, y una parte de la familia de este último fue exterminada en Auschwitz.
A diferencia de muchos otros inmigrantes vieneses que adoptaron fácilmente los ideales pragmáticos del freudismo norteamericano, Bernfeld conservó durante toda su vida un "espíritu vienés" contestatario y profundamente marcado por la teoría de las pulsiones. Por ello, desde su llegada a California, por un lado lo deslumbró la belleza salvaje de los lugares de la Costa Oeste, mientras que por otro lo defraudaba la reducción del psicoanálisis a una psicología del yo, a su "masificación": "Los «psicoanalistas» que he encontrado aquí -le escribió a Anna Freud en 1937- son gente pequeña [ ... ]. La palabra psicoanálisis es tan conocida aquí como en el Oriente profundo. El nombre de Freud es menos corriente, y preferentemente lo pronuncian «Frud» [ ... ]. Según la geografía del corazón de los californianos, Viena se encuentra en la frontera entre Norteamérica y Europa. Después de una buena cantidad de discos de música vienesa que nos hacen oír para honrarnos, uno no siempre encuentra placer en sentirse vienés, y después de algunas preguntas directas sobre la situación en Austria, tampoco se siente mucho honor por serio.-
El apego a su pasado vienés llevó a Bernfeld a interesarse por la vida de Freud y la historia de los orígenes del freudismo. Sus artículos sobre el tema fueron ampliamente utilizados por Ernest Jones cuando Anna Freud, con gran pesar de todos los judíos vieneses exiliados, lo aceptó como historiador oficial del padre fundador. En virtud de esta decisión. la tarea de ocuparse de la herencia freudiana fue confiada a la escuela inglesa, y no a los norteamericanos como Bernfeld: a James Strachey como traductor de las obras completas del maestro, y a Jones como biógrafo.
Unos meses antes de morir por un cáncer de pulmón, Bernfeld pronunció en el Instituto de San Francisco una conferencia sobre la historia del análisis didáctico. En ella criticó con ferocidad las normas de la formación psicoanalítica en el interior de la International Psychoanalytical Association (IPA). Su discurso provocó un escándalo y no fue publicado hasta 1962, acompañado por una presentación "oficial- de Rudolf Eckstein, que intentaba restringir su alcance, subrayando que quizá Bernfeld no tenía razón al preferir el proceso de enseñanza al de la organización institucional.
Bernheim Hippolyte
(1840-1919) Médico francés
Iniciador de la noción moderna de psicoterapia, Hippolyte Bernheim renunció a su posición hospitalaria en Estrasburgo cuando Alsacia fue anexada a Alemania en 1871. Incorporado entonces a la Universidad de Nancy, fue designado profesor titular de medicina interna en 1879. Tres años más tarde adoptó el método hipnótico de Auguste Liébeault, al cual dio un contenido racional. Contrariamente a ese viejo médico, él sólo atendía a pacientes capaces de entrar en estado de hipnosis (soldados, obreros, campesinos), con los cuales, como lo ha subrayado Henri F. Ellenberger, obtenía mejores resultados que con enfermos de las clases superiores. De tal modo pudo demostrar que la hipnosis era un estado de sugestionabilidad provocado por sugestión.
Así como el marqués Armand de Puységur (1751-1825), en vísperas de la Revolución de 1789, había abierto el camino a la idea de que un amo (noble, médico, científico) podía ser limitado en el ejercicio de su poder por un sujeto capaz de hablar, y por lo tanto de resistir a él, Bernheim demostró al contrario que, a fines del siglo XIX, la hipnosis ya no era más que una cuestión de sugestión verbal: una clínica de la palabra reemplazaba entonces a la clínica de la mirada. En resumen, él contribuyó a disolver los últimos restos del magnetismo, invirtiendo la relación descrita por Puységur y anulando la hipnosis en la sugestión.
De allí la disputa con Jean Martin Charcot, quien asimilaba la hipnosis a un estado patológico, y se servía de ella, no como medio terapéutico, sino para provocar crisis convulsivas y dar un estatuto de neurosis a la histeria. Bernheim acusó al maestro de la Salpêtrière de fabricar artificialmente síntomas histéricos, y de manipular a las enfermas. Agrupó en torno de él, además de Liébeault, a otros dos científicos: Henri Beaunis (1830-1921) y Jules Liégeois (1833-1908). Así se constituyó la Escuela de Nancy, que durante diez años batalló con la Escuela de la Salpêtrière. Mientras que Beaunis se aplicó a separar la filosofía de la psicología, creando con Alfred Binet, en 1894, la revista L'Année psychologique, Liégeois, jurista de formación, se interesó en los crímenes y delitos cometidos en estado de hipnosis, asumiendo la defensa de criminales víctimas de hipnotizadores en numerosos casos judiciales.
La lógica de esta disolución de la hipnosis en la sugestión llevó entonces a Bernheim a sostener que los efectos obtenidos por el hipnotismo también se podían alcanzar mediante una sugestión en estado de vigilia -lo que luego se denominó psicoterapias-.
De la misma manera, puede decirse que Sigmund Freud creó el psicoanálisis al abandonar la hipnosis por la catarsis, incluso sin haber adoptado la sugestión. Él socavó simultáneamente las tesis de Bernheim y Charcot, aunque inspirándose en ambas experiencias. De Charcot tomó una nueva conceptualización de la histeria, y de Bernheim el principio de una terapia mediante la palabra.
En su autobiografía de 1925, Freud narra la visita que realizó a Bernheim y Liébeault, en el verano de 1889, en compañía de Anna von Lieben (Frau Cäcilie), inmediatamente antes de dirigirse a París para asistir a dos congresos internacionales, uno sobre psicología y otro sobre hipnotismo. En Nancy presenció las experiencias sorprendentes del médico alsaciano, mantuvo con él discusiones estimulantes, y emprendió la traducción de su libro. Pero comprobó que la sugestión sólo daba resultado en un ambiente hospitalario, y no con la clientela privada: "Abandoné entonces la hipnosis -subraya Freud-, y sólo retuve de ella la posición del paciente, tendido en un diván detrás del cual me sentaba yo, de manera que lo veía sin ser visto por él".
Betlheim Stjepan
(1898-1970) Psiquiatra y psicoanalista yugoslavo
Stjepan Betlheim nació en Zagreb, en una familia judía, realizó su análisis en Berlín con Sandor Rado, y después controles con Helen Deutsch y Karen Horney, antes de adherir a la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV) en 1928, fecha en la cual comenzó a practicar el psicoanálisis en Zagreb. En el período de entreguerras, junto con Nikola Sugar, trató de crear una asociación psicoanalítica en Yugoslavia. Después de haber combatido en Bosnia del lado de los guerrilleros, en 1952 fue incorporado a la International Psychoanalytical Association (IPA) a título personal, y en 1968 creó la Asociación de los Psicoterapeutas Yugoslavos.
Bettelheim Bruno
Psicoanalista norteamericano de origen austríaco
(Viena 1903 - Silver Spring, Maryland, 1990).
Tras sus estudios de psicología, adquiere una formación psicoanalítica. Es deportado en razón de sus orígenes judíos a Dachau y Bucheriwald, de donde es liberado gracias a la intervención de la comunidad internacional. Extrae de esta experiencia un informe titulado Individual and Mass Behavior in Extreme Situation (1943), que el general Eisenhower dio a leer a todos los oficiales del ejército norteamericano. También extrajo de esta experiencia El corazón conciente (1960) y Sobrevivir (1979), donde analiza las actitudes humanas en las situaciones extremas y jerarquiza los comportamientos que parecen más eficaces para salvaguardar la integridad funcional del yo. Después de su liberación se dirige a los Estados Unidos, donde se hace profesor de educación (1944), luego de psiquiatría (1963) en la Universidad de Chicago. También toma la dirección, en 1944, de un instituto destinado a los niños con dificultades, que reforma en 1947, con el nombre de Instituto Ortogenético de Chicago. Organiza este Instituto, que describe en Un lugar para renacer (1974), como un medio aislado de las presiones exteriores, especialmente de los padres, y en el que toma a su cargo a los niños autistas. Por su práctica y sus observaciones pone en cuestión las concepciones del autismo, y sostiene que la causa primera de esta enfermedad es un incidente sobrevenido en la más temprana infancia, en particular, en una relación mal establecida entre el niño y su madre. Intenta demostrar esta tesis a partir de varios casos en La fortaleza vacía (1967). En su Instituto Ortogenético no deja ningún detalle librado al azar: un medio en todo momento favorable al niño, el reparto de los pensionistas en seis grupos de ocho, el respeto absoluto de lo que quiere el niño, sin intervención de ninguna jerarquía, pues, según sus decires, «el poder corrompe». Sus métodos invocan a S. Freud, A. Aichhorn y sobre todo a E. Erikson, promotor del «principio de la confianza básica». Bettelheim se vincula así con la corriente de la psicología del yo. Luego de haber escrito Diálogo con las madres (1962) y de haberse interesado en los mitos y los cuentos de hadas (Psicoanálisis de los cuentos de hadas, 1976), publica Las heridas simbólicas (1976). La importancia de Bettelheim, aunque a veces cuestionada, se destaca especialmente en su voluntad de dejarle al niño toda la facultad de autonomía posible, incluso en sus tendencias a la retracción, para que acceda a partir de sí mismo al otro, al mundo, de manera personal y auténtica.
Bettelheim Bruno
(1903-1990) Psicoanalista norteamericano
Es imposible invocar la vida y la obra de Bruno Bettelheim sin tener en cuenta el escándalo que estalló en los Estados Unidos una semana después de su muerte. Como consecuencia de la publicación, en algunos importantes periódicos, de las cartas de ex alumnos de la Escuela Ortogénica de Chicago, que Bettelheim había dirigido durante cerca de treinta años y que recibía a niños clasificados como autistas, la imagen del buen "Dr. B.", como se lo llamaba, quedó eclipsada por la de un tirano brutal, que había impuesto el terror en su escuela. Se recordó entonces que no aceptaba ningún visitante, salvo, y en condiciones muy restringidas, las familias de los niños albergados. Muy pronto los ataques se extendieron a su vida y su obra, y los calificativos de impostor, falsificador y plagiario se sumaron al de charlatán. Este tumulto tuvo poco eco en Francia, donde Bettelheim disfrutaba de un inmenso prestigio desde el éxito de su libro La fortaleza vacía, y de la emisión dedicada a la Escuela Ortogénica, realizada por Daniel Karlin y Tony Lainé para la televisión francesa, y difundida en octubre de 1974. Ese prestigio sólo había sido mellado por la declinación general de las ideas filosóficas y psicoanalíticas en la década de 1970.
Sin dar crédito a la totalidad de las acusaciones lanzadas contra él, y refutando sobre todo la de plagiario, su biógrafa, Nina Sutton, ha demostrado la autenticidad de algunas de ellas, dejando ver que la cuestión central residió en la interpretación a que habían dado lugar sus arrebatos verbales, la brutalidad de algunos de sus actos, sus "pequeñas mentiras, sus "fraudes" y, más allá de esto, sus continuos acomodamientos de la historia. Fiel a las ideas freudianas, Bruno Bettelheim lo fue a su manera, una manera que, en lo esencial, tenía necesariamente que chocar con los sostenedores y herederos de la Ego Psychology, custodios de una ortodoxia encarnada por la International Psychoanalytical Association (IPA). Rechazando tanto la comodidad del dogmatismo teórico como el pragmatismo, postulando que los niños a su cargo debían ser tratados con un respeto y una exigencia que no admitía ninguna distensión, Bruno Bettelheim concibió un universo "terapéutico total" que hizo de su trabajo un combate permanente, cuyo objetivo, la salida del encierro en el que esos niños habían encontrado refugio, justificaba los medios.
Nacido en Viena el 28 de agosto de 1903, en una familia de la pequeña burguesía judía asimilada, aquejado de una fealdad que la madre, que siempre le escatimó su afecto, reconocía sin miramientos, muy pronto Bruno Bettelheim puso de manifiesto tendencias depresivas. Dos acontecimientos trágicos impactaron sobre su joven existencia. La afección sifilítica del padre, enfermedad "vergonzosa" mantenida en secreto, que durante mucho tiempo él mismo creyó padecer por trasmisión hereditaria, y el estallido de la Primera Guerra Mundial, con su cortejo de recesión y miseria, que en 1918 desembocó en la caída del imperio de los Habsburgo y el fin de lo que Stefan Zweig denominó "el mundo de ayer". Estas primeras fracturas materiales y morales orientaron su reflexión sobre las posibilidades de adaptación del hombre ante condiciones que amenazan destruirlo. Consagrado a estudios literarios y artísticos, Bruno Bettelheim frecuentó una organización juvenil denominada Jung Wandervogel ("Jóvenes Pájaros Migratorios"), marco de su primer encuentro con las ideas de Sigmnund Freud, a través de un oficial desmovilizado, Otto Fenichel.
La muerte del padre lo obligó a interrumpir sus estudios para dirigir la empresa familiar de venta de madera. Después de algunos años de una vida conyugal difícil, volvió a la universidad, emprendió un análisis con Richard Sterba e inició una relación con una joven institutriz que iba a ser más tarde su segunda esposa y que, como la primera, era una émula de Maria Montessori. En 1938 se recibió de doctor en estética (más tarde se dirá doctor en filosofía), una semana antes de la entrada de los nazis en Viena. Por razones confusas que él no aclaró nunca, permaneció en Viena, mientras que su mujer y la pequeña autista norteamericana que estaba a cargo de esta última partían a los Estados Unidos (años después, Bettelheim trató de hacer creer que era él el responsable de la niña).
Arrestado por la Gestapo, llegó a Dachau el 3 de junio de 1938, después de haber sido violentamente golpeado. Transferido a Buchenwald el 23 de septiembre de 1938, se encontró allí con Ernst Federn, el hijo de Paul Federn, compañero de Freud. En ese universo de terror, angustia y humillación permanentes, inició un trabajo sobre sí mismo para resistir a la empresa mortífera de la SS. La experiencia del campo de concentración está en el origen del concepto de "situación extrema", expresión con la cual Bettelheim designaba las condiciones de vida ante las cuales el hombre puede abdicar, identificándose con la fuerza destructora constituida tanto por el verdugo o el entorno como por la coyuntura, o bien resistir, practicando una estrategia de supervivencia (Sobrevivir será el título de uno de sus libros) que consiste en construirse, a semejanza de lo que él iba a suponer que está en el origen del autismo, un mundo interior con fortificaciones contra las agresiones externas. Liberado el 14 de abril de 1939 gracias a intervenciones que le dieron una nueva oportunidad de fabular, emigró a los Estados Unidos despojado de todos sus bienes.
Experimentó nuevos choques a su llegada, cuando la mujer le anunció su intención de divorciarse, y él descubrió el poco interés que prestaban los norteamericanos al horror de los campos de concentración. Fiel al compromiso asumido con Ernst Federn, en virtud del cual el primer liberado de los dos debía testimoniar las atrocidades nazis, consignó por escrito la observación minuciosa que había hecho del comportamiento de los prisioneros y los verdugos, y de las relaciones que mantenían entre ellos. Este documento, que en un primer momento encontró indiferencia o resistencia, apareció en 1943; atrajo entonces el interés del general Eisenhower, quien decidió hacerlo leer a sus oficiales. Simultáneamente, Bruno Bettelheim se convirtió en el especialista en campos de concentración, estatuto que iba a revelarse cargado de malentendidos, en este caso con el conjunto de la comunidad judía. En efecto, los testimonios de los pocos sobrevivientes de los campos de la muerte revelaron la insondable distancia que separaba el universo concentracionario de la empresa de exterminio sistemático de la que Auschwitz seguirá siendo símbolo para siempre. Bruno Bettelheim iba a tardar años en admitir esta diferencia, negándose a ver en ella un límite trágico a su virulenta crítica de lo que él presentaba como la pasividad de los judíos ante sus verdugos.
En 1944 fue nombrado director de la Escuela Ortogénica, dependiente de la Universidad de Chicago, cuyo funcionamiento ya no era satisfactorio. Durante treinta años esa institución se convirtió en "su" escuela, teatro de la puesta en obra draconiana de las concepciones y los métodos forjados en el curso de los episodios dolorosos vividos por él. Se trataría de construir, en cada instante de la vida cotidiana de ese internado, un universo que diera seguridad, capaz de constituir un antídoto a las "situaciones extremas" que se suponía habían precipitado a los niños en el autismo y la psicosis. De inspiración psicoanalítica, la empresa era no obstante paradójica, e iba en sentido contrario a esos mismos principios psicoanalíticos de apertura hacia el exterior y autonomización de los sujetos. La cuestión no consiste sólo en recusar las doctrinas organicistas sobre el autismo y la psicosis, sino también en examinar las modalidades de aplicación de la teoría psicoanalítica en el tratamiento de esas afecciones. Y en tal sentido conserva toda su actualidad.
Bruno Bettelheim dedicaba sus días y una parte de las noches a la escuela y a la redacción de los informes que iban a constituir la materia prima de sus principales obras. Fue convirtiéndose en un personaje mediático en los Estados Unidos y el resto del inundo, objeto de adhesiones apasionadas y también de violentas polémicas. Después de jubilarse en términos conflictivos, continuó escribiendo; se dedicó tanto al esclarecimiento analítico de los cuentos de hadas como a efectuar una lectura crítica de la traducción inglesa de las obras de Freud. Afectado por la muerte de la esposa y por preocupaciones de salud que limitaban su autonomía, depresivo y colérico, obsesionado por el miedo a la invalidez, Bruno Bettelheim puso fin a sus días la noche del 12 al 13 de marzo de 1990, cincuenta y dos años después de la entrada de los nazis en Viena, ahogándose con una bolsa de plástico revestida de caucho.
Bibring Edward
(1894-1959) Médico y psicoanalista norteamericano
Nacido en Stanislau (Galitzia), Edward Bibring, proveniente de una familia judía, tuvo una vida signada por sucesivas emigraciones. Después de la Revolución de Octubre viajó a Viena, donde volvió a realizar sus estudios de medicina mientras se analizaba con Paul Federn. En 1938 emigró a Londres, al mismo tiempo que la familia de Freud. Tres años más tarde, en febrero de 1941, partió hacia los Estados Unidos, y se integró a la Boston Psychoanalytic Society (BoPS), que presidió durante dos años. Bibring fue ante todo un clínico ortodoxo de la International Psychoanalytical Association (IPA), cercano a las tesis de Anna Freud. En 1943, en el marco del desarrollo de la teoría posfreudiana del yo, elaboró la noción de mecanismos de desprendimiento (working-off mechanisms) para designar un proceso de resolución de los conflictos del yo, distinto de las defensas y de la abreacción. Murió por mal de Parkinson. Su mujer, Grete Bibring-Lehner (1899-1977), analizada por Hermann Nunberg, fue también médica y psicoanalista.
Bigras Julien
(1932-1989) Psiquiatra y psicoanalista canadiense
Contrariamente a François Peraldi, que se exilió en Quebec conservando la nacionalidad francesa, Julien Bigras, lo mismo que su compatriota René Major, trató de instalarse en Francia. No logró hacerlo, y volvió a Montreal, donde desempeñó un p |