Binswanger Ludwig
Psiquiatra suizo
(Kreuzlingen 1881 - id. 1966).
Intentó una síntesis entre psicoanálisis y fenomenología, donde la segunda predomina claramente sobre el primero. Proveniente de una familia de psiquiatras propietaria de la clínica de Kreuz1ingen, cerca del lago Constanza, sigue a la vez estudios médicos y filosóficos en Lausana y Heidelberg. En Zurich, adonde luego se traslada, es alumno y luego asistente de E. Bleuler en el hospital psiquiátrico del Burghölz1i. Allí conoce a C. Jung, al que acompaña a Viena en 1907 para encontrarse ahí con S. Freud y comenzar una formación psicoanalítica. Esta formación lo llevará a la comisión directiva de la Sociedad Suiza de Psicoanálisis en 1919.
Mientras dirige la clínica familiar, se interesa cada vez más en la fenomenología de E. Husserl y luego de M. Heidegger, para aplicarla a la observación clínica y al estudio psicopatológico de sus enfermos, de los que publica algunos casos que se han vuelto célebres, en particular los de Suzan Urban y de Ellen West. Esta última observación es largamente presentada en Extstence (trad. ingl. Clarion Books, 1967) como un modelo del análisis existencial que preconiza Binswanger. Para él, el psiquiatra debe reconstituir y comprender fenomenológicamente el mundo de la experiencia interna de su enfermo si quiere intentar curarlo. El «ser-en-el-mundo», el «Dasein» (Heidegger), debe permanecer en el centro de este análisis que Binswanger desarrolló largamente en sus seis artículos de los Archivos suizos de neurología y psiquiatría, a propósito de la conciencia, o, más precisamente, del «mundo maníaco», de la fuga de ideas (Über Ideenflucht, serie de artículos de 1930 a 1932, publicados bajo este título en 1933).
Al mismo tiempo que se aleja cada vez más de la ortodoxia psicoanalítica, Binswanger permanece fiel hasta el fin a Freud, a quien dedica su último libro de recuerdos (Erírmerungen an Sigmund Freud). Artículos importantes fueron reagrupados, publicados (1947) y traducidos al francés bajo el título Introduction a l'analyse existentielle (1971; reed. 1989). Los trabajos más notables son Einführung in die Probleme der allgemeinen Psychologie (1922), Grundformen und Erkenntnis menschlichen Daseins (1942), Schizophrenie (1957). En este últímotrabajo se encuentraLeCas Suzan Urban (trad. fr. en 1957, prologado por Binswanger).
Binswanger Ludwig
(1881-1966) Psiquiatra suizo
Nacido en Kreuzlingen, en la orilla suiza del lago de Constanza, Ludwig Binswanger descendía de una dinastía de psiquiatras. Su abuelo, Ludwig Senior (1820-1880), provenía de una familia judía de Osterberg, Baviera. Abandonó Alemania en 1850 para dirigir el Hospital Psiquiátrico Estatal de Munsterlingen, en Suiza. Poco después de asumir esa función compró el terreno de una ex imprenta en Kreuzlingen para fundar la clínica psiquiátrica de Bellevue, en concordancia con concepciones que su hijo, Robert, y su nieto, Ludwig, reconocieron como revolucionarias en su momento.
Desde el principio, la clínica se caracterizó por la proscripción de todos los medios de coerción, tan frecuentes en la época. Además su fundador introdujo técnicas nuevas, poniendo sobre todo al servicio de los enfermos el ambiente familiar del médico, práctica que autoriza a hablar, según los términos de Ludwig Binswanger al evocar a su abuelo, de "terapia familiar en el sentido estricto de la palabra". Mucho antes de encontrarse con Ludwig Binswanger, Sigmund Freud conocía la reputación de la clínica de Bellevue, a la cual ya había derivado pacientes; Joseph Roth (1894-1939) la evocó como sigue en La marcha de Radetzky: la casa de salud del lago de Constanza, donde se atendía con cuidados presurosos, pero dispendiosos, a los alienados de los ambientes de buen pasar, acostumbrados a los mimos, y que los enfermeros trataban con una delicadeza de comadrona". Mucho más tarde, en 1933, el escritor francés Raymond Roussel (1877-1933) habría residido en la clínica de Bellevue, según la decisión que había tomado, si no se hubiera detenido definitivamente en Palermo, por donde quiso pasar antes de dirigirse a Suiza.
El tío de Ludwig Binswanger, Otto Binswanger (1852-1929), que atendió a Friedrich Nietzsche (1844-1900) y conoció a Freud en 1894, en un congreso en Viena, publicó trabajos sobre la histeria y la parálisis general. Designado profesor en Jena, acogió a su sobrino entre 1907 y 1908 en su servicio de la clínica psiquiátrica de esa ciudad, donde el joven Ludwig, por otra parte, iba a conocer a su futura esposa, Hertha Buchenberger.
Ludwig Binswanger fue educado en el marco de las normas de su tiempo y su ambiente social. es decir, antes que nada en el respeto a la ley dictada por el padre, Robert Binswanger (1850-1910), que había sucedido a su propio padre, Ludwig Senior, en la dirección de la clínica. Muy pronto el joven Ludwig eligió llegar a ser psiquiatra para suceder a su vez al padre.
Entre 1900 y 1906 realizó estudios de medicina, pero también de filosofía, en Lausana, Zurich, Heidelberg, y de nuevo en Zurich. En esa época conoció a Eugen Bleuler, por quien sentía una admiración inmensa, lo mismo que muchos jóvenes psiquiatras de su generación. No tardó en trabajar como asistente voluntario en el Burghölzli, la clínica zuriquesa donde conoció a Karl Abraham, Max Eitingon y Carl Gustav Jung. Bajo la dirección de este último elaboró una tesis sobre las asociaciones verbales. En esa época todo el equipo del Burghölzli estaba apasionado con el descubrimiento freudiano, y Zurich estaba convirtiéndose en el segundo centro mundial del psicoanálisis después de Viena.
En enero de 1907 Jung realizó su primera visita a Freud, acompañado por su mujer Emma y el joven Ludwig Binswanger. Éste no ocultó su deseo de ser iniciado en el psicoanálisis. El relato por Binswanger de ese primer encuentro traduce la simpatía espontánea y recíproca que se estableció entre los dos hombres. Por un lado, el maestro, figura paterna afable y tolerante, muy diferente del padre de Ludwig, autoritario, y por otro lado el joven médico, veinte años menor que él, y tan dotado ya. A continuación de esta visita, impulsado por el entusiasmo que le suscitaban Freud y sus ideas, Ludwig Binswanger, que sólo tenía un conocimiento libresco del psicoanálisis, tomó a su primera paciente psicoanalítica mientras estaba en el servicio de su tío en Jena.
En diciembre de 1910, después de la muerte del padre, Ludwig Binswanger asumió la dirección de la clínica. Durante algunos años consideró el psicoanálisis como el recurso absoluto para todas las categorías de pacientes. Sólo más tarde se mostró más mesurado: "...diez años de labor y decepciones han sido el precio que debí pagar para llegar a reconocer que sólo una parte determinada de nuestros pacientes institucionales pueden ser abordados con un análisis".
La atracción creciente que sobre él ejercía la filosofía, su curiosidad y la asidua relación con intelectuales y artistas de su tiempo (entre ellos Martin Buber [ 1878-1965], Ernst Cassirer [1874-1945], Martin Heidegger [1889-1976], Edmund Husserl [1859-1938], Karl Jaspers [1883-1969], Edwin Fischer, Wilhelm Furtwängler, Kurt Goldstein [1878-1965] y Eugéne Minkowski) lo llevaron a desarrollar una concepción distinta del camino freudiano. Pero este distanciamiento no lo hizo renunciar a la teoría. Su respeto, su admiración a Freud y su amistad con él siguieron intactos a lo largo de los años, de lo cual da testimonio su intervención del 7 de mayo de 1936, en ocasión del octogésimo cumpleaños de Freud, pero también su texto de 1956, destinado a la conmemoración del centenario del nacimiento del creador del psicoanálisis, un trabajo titulado "Mi camino hacia Freud". Pero, ante todo, es la correspondencia entre los dos hombres la que da prueba del carácter excepcional de su relación. Aunque Freud, arrastrado por las primeras turbulencias del deterioro de su relación con Jung, formuló un juicio reservado sobre Binswanger, sobre todo en una carta del 30 de mayo de 1912, en la que relató a Sandor Ferenczi la famosa visita a Kreuzlingen, considerada por Jung como una ofensa deliberada, la nota dominante estuvo siempre impregnada de amistad, confianza y respeto por el psiquiatra suizo. El 11 de enero de 1929 Freud le escribió: "A diferencia de tantos otros, usted no ha permitido que su evolución intelectual, que cada vez lo sustrae más a mi influencia, destruya nuestras relaciones personales, y no puede saber hasta qué punto una delicadeza tal le hace bien a un hombre -a pesar de la indiferencia que entraña la edad, que usted tanto celebra".
En 1911, Binswanger concibió el proyecto de escribir una obra acerca de la influencia de Freud sobre la psiquiatría clínica. No obstante, se dio cuenta de que semejante empresa exigía conocimientos de los que él carecía. En consecuencia, decidió proceder en dos etapas. El primer volumen estaría dedicado al examen de los fundamentos de la psicología en general, y el segundo abordaría el núcleo de la cuestión. Pero este último no apareció nunca, aunque los capítulos se acumulaban y eran el tema de la correspondencia con Freud. Mientras tanto, Binswanger se volvió hacia la filosofía, primero la de Henri Bergson (1859-1941), pero sobre todo la fenomenología de Edmund Husserl, que exploró sistemáticamente antes de encontrarse con el filósofo en agosto de 1923. Ese encuentro hizo que doblaran las campanas para el gran proyecto epistemológico, y marcó el nacimiento de una nueva perspectiva, en la forma de una hermenéutica en la cual Binswanger se esforzó por inscribir la interpretación freudiana. Cerca de cuarenta años más tarde, Henri F. Ellenberger, en el marco de un artículo dedicado a la obra de Paul Ricoeur sobre la hermenéutica freudiana, confrontó las dos trayectorias, la de Binswanger y la de Ricoeur, reconociéndole a Binswanger el mérito de haber sido el primero, y el único en su tiempo, en reconocer la existencia de una hermenéutica freudiana basada en la experiencia, distinta de las hermenéutica filológica, teológica o histórica.
En un primer momento, fue bajo el efecto de esta influencia husserliana como Binswanger desarrolló su método terapéutico, el análisis existencial (Daseinanalyse), que él ilustró particularmente con la publicación del caso "Susan Urban". A partir de 1927, fecha de la aparición del libro Sein und Zeit de Martin Heidegger, dio un nuevo giro a sus pensamientos, abandonando la perspectiva estrechamente fenomenológica para abrirse a la ontología. En ese marco, en 1930, publicó Sueño y existencia, donde mezcla la concepción freudiana de la existencia humana con las de Husserl y Heidegger. Para esta obra, Michel Foucault (1926-1984), que la tradujo en colaboración con Jacqueline Verdeaux, redactó un largo prefacio. En 1983, en la versión inglesa (inédita en francés) de la presentación de su libro El uso de los placeres, Foucault evocó su deuda con Binswanger y las razones que lo llevaron a alejarse de él.
Como lo ha subrayado Gerhard Fichtner en su introducción a la correspondencia entre los dos hombres, Freud no suscribía por cierto las críticas y los interrogantes que salpicaban los homenajes que le rendía Binswanger. Pero sin duda alguna habría apreciado las líneas que su amigo suizo anotó en su diario, después de visitarlo en su casa de Londres, en 1946: "Freud sigue siendo mi experiencia humana más importante, es decir, la experiencia de mi encuentro con el más grande de los hombres".
Bion Wilfred Ruprecht.
Psiquiatra y psicoanalista británico
(Muttra, hoy Mathura, India, 1897 - Oxford 1979).
Alumno de M. Klein, fue presidente de la Sociedad Británica de Psicoanálisis (1962-1965). Orientó una parte de su trabajo hacia los pequeños grupos y sobre todo hacia el análisis de los psicóticos. Su contribución se extiende al estudio del «aparato protomental», que define como un sistema que constituye una vía de acercamiento a los fenómenos psicosomáticos, al estudio del movimiento de «desintegración-integración» que opera en todo aprendizaje por la experiencia, y al del psiquismo visto como sistema gastro-intestinal- intelectual -emocional. También se interesó en el desarrollo del pensamiento del niño -y sus trastornos-, en estrecha relación con la capacidad materna de «contener», de recibir sus proyecciones y alimentarlo psíquicamente. Sus principales obras son Acerca cle los pequeños grupos (1961), Aprendiendo de la experiencia (1962), Elementos del psicoanálisis (1963), Trasformaciones (1965), La atención y la interpretación (1970), Memorias del futuro (19751979).
Bion Wilfred Ruprecht
(1897-1979) Médico y psicoanalista inglés
Clínico erudito y brillante, reformador de la psiquiatría militar, gran clínico de las psicosis y los estados límite, Wilfred Ruprecht Bion fue el discípulo más turbulento de Melanie Klein, cuyo dogmatismo rechazó, para construir una teoría refinada del self y la personalidad, sobre la base de un modelo matemático y atravesada por nociones originales (pequeño grupo, función alfa, continente/contenido, objetos bizarros, presupuestos básicos, grilla, etcétera), las cuales, en cierto sentido, se asemejan a las de Jacques Lacan, su contemporáneo. Como este último, trató de dar un contenido formal a la transmisión del saber psicoanalítico, basándose en fórmulas y en el álgebra; a semejanza de Lacan, se apasionó por el lenguaje, la filosofía y la lógica, pero desde una perspectiva netamente cognitivista.
Este gran viajero no sólo hizo escuela en Gran Bretaña, sino también en Brasil, sobre todo en San Pablo, donde marcó en profundidad a sus discípulos. En su juventud tuvo el privilegio de ser el terapeuta del escritor Samuel Beckett (1906-1989), con el cual se identificó fuertemente. En Francia ganó algunos partidarios, entre ellos Didier Anzieu y André Green.
Nacido en Muttra, en el Pendjab, de madre india y padre inglés, ingeniero en irrigación, fue criado por una nodriza y pasó su infancia en la India, a fines de la era victoriana y en el apogeo del período colonial. No sin humor, admitirá de buena gana que los miembros de su familia estaban "completamente chiflados". En su autobiografía presenta a la madre como una mujer fría y terrorífica que le recordaba las gélidas corrientes de aire de las capillas inglesas.
Igual que todo los niños de los administradores coloniales de nivel superior, desde los ocho años fue enviado a Inglaterra como pensionista en un colegio. Abandonado por los suyos y aislado en un clima hostil, realizó sus estudios soñando con los suntuosos paisajes del Pendjab, y desarrollando un fuerte disgusto por las cosas de la sexualidad. Sólo le gustaban las actividades deportivas, y llegó virgen al matrimonio, a los cuarenta años. En enero de 1916 fue incorporado a un batallón de blindados, y pronto se encontró en el campo de batalla de Cambrai, en medio de los obuses y el fuego de la guerra. En 1918 salió de ella con el grado de capitán y una sólida experiencia de la fraternidad humana y de las trapacerías de la jerarquía militar, de la cual se servirá años más tarde. En la prestigiosa Universidad de Oxford se formó en filosofía y literatura, sin descuidar el rugby, pero estudió humanidades en Poitiers, a fin de dominar la lengua francesa. Más tarde fue profesor en el Bishop's Stortford, su antiguo colegio, donde vivió una extraña aventura. Después de haber simpatizado con la madre de un alumno, ésta lo acusó de haber querido abusar del adolescente, y tuvo que abandonar la enseñanza. Inició entonces estudios de medicina, que terminó satisfactoriamente.
A continuación de un fracaso amoroso, decidió someterse a una psicoterapia, lo que lo llevó a la psiquiatría y después al psicoanálisis. En 1932, contratado como médico asistente en la Tavistock Clinic de Londres, trató a adolescentes delincuentes o afectados por trastornos de la personalidad, y durante dos años, aproximadamente, se ocupó del tratamiento de Samuel Beckett.
Esta relación terapéutica tuvo un efecto considerable sobre el destino de los dos hombres que, en esa época, eran aún principiantes. Tenían en común una relación difícil con la madre. Amigo y admirador de James Joyce (1882-1941) desde 1928, Beckett se había malquistado con él dos años más tarde, después de haber rechazado el flirteo de la hija de éste, Lucia Joyce, afectada de esquizofrenia y atendida por Carl Gustav Jung. Hostigado por una madre conformista y abusiva, que desconocía el talento y desaprobaba la conducta de él, en 1932 padeció graves trastornos respiratorios, dolor de cabeza y diversas afecciones crónicas vinculadas con el alcoholismo y una cierta vagabundización. En consecuencia, se decidió a emprender una psicoterapia, por consejo de su amigo el doctor Geoffrey Thomson. La cura con Bion fue conflictiva y difícil. Cada vez que Beckett volvía a la casa de su madre en Dublín, sufría terrores nocturnos, embotamiento y forúnculos en el cuello y el ano. Bion terminó por pedirle que dejara de visitarla. Beckett no llegó a hacerlo e interrumpió el análisis, después de haber asistido, por consejo de Bion, a una conferencia de Jung en la Tavistock Clinic, en la cual éste afirmó que los personajes de ficción son siempre imagen del estado mental del escritor que los ha creado. De allí nació Murphy, primera novela de Beckett.
En 1937 Bion se integró de veras a la historia del freudismo inglés al conocer a John Rickman. Miembro de la British Psychoanalytical Society (BPS), y analizado por Melanie Klein, Rickman se convirtió en su analista, lo inició en las tesis kleinianas y, sin duda, a través de esa segunda cura, le permitió comprender mejor sus problemas sexuales. A principios de la guerra Bion se casó con la actriz Betty Jardine, quien iba a morir algún tiempo después de una embolia pulmonar, en el parto de su hija. Más tarde Bion volvió a casarse.
Movilizado al entrar Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial, participó con Rickman y otros médicos en la reforma de la psiquiatría inglesa, elogiada por Lacan en 1946, que daría origen a la famosa teoría del pequeño grupo, inspirada en la experiencia de Maxwell Jones (1907-1990) con las comunidades terapéuticas.
Fue en el hospital militar de Northfield, cerca de Birmingham, en el que se recibía a pacientes afectados de neurosis de guerra, donde Bion y Rickman experimentaron el principio del "grupo sin líder", que consistía en organizar en pequeñas células a hombres considerados inadaptados o inútiles. Cada grupo definía el objeto de su trabajo bajo el patrocinio de un terapeuta, el cual apoyaba a todos los hombres del grupo sin ocupar el lugar de un jefe ni el de un padre autoritario. La experiencia dio resultado, pero fue brutalmente interrumpida, porque cuestionaba el principio mismo de la jerarquía militar.
En 1945, cerca de los cincuenta años, Bion realizó un tercer análisis con quien iba a marcar definitivamente su orientación: Melanie Klein. La cura duró ocho años y, desde el principio, Bion le anunció a su analista que rechazaba toda idolatría y deseaba trabajar con total independencia. Fue entonces un discípulo fiel, pero nunca sumiso. A partir de 1960 comenzó a publicar una serie de obras que sorprendieron a la comunidad psicoanalítica por su complejidad, y cuyo objetivo era, ni más ni menos, revisar filosóficamente la obra freudiana (y su lectura kleiniana), concibiendo un inconsciente fundado en el lenguaje. Basándose en la filosofía de Kant, dividió el aparato psíquico en dos funciones mentales: la función alfa, correspondiente al fenómeno, y la función beta, correspondiente al nóumeno (la cosa en sí, la idea). Para Bion, la función alfa preserva al sujeto del estado psicótico, mientras que la función beta lo pone al desnudo.
La experiencia de los pequeños grupos le permitió a Bion abordar el dominio de la psicosis, con la ayuda de diferentes conceptos kleinianos, a los cuales él añadió sobre todo los de "objeto bizarro" (partícula desprendida del yo, que lleva una vida autónoma) e "ideograma" (inscripción preverbal de un pensamiento primitivo). Por otra parte, tomando de Paul Schilder la noción de imagen del cuerpo, desarrolló la idea de que los grupos y los individuos están compuestos de un continente y un contenido. Si bien, para un sujeto dado, el grupo funciona como un continente, cada sujeto tiene también en sí un contenido, o presupuesto básico, que determina sus emociones. En cuanto a la personalidad psicótica, es una componente normal del yo. En algunos casos lo destruye, impidiendo toda forma de acceso a la simbolización, y en otros, por el contrario, coexiste con otros aspectos del yo sin convertirse en un agente destructivo. Bion construyó también un modelo de la cura al que dio el nombre de grilla. Compuesto por un eje vertical de ocho letras (de la A a la H) que indica el grado de complejidad del enunciado, y un eje horizontal de seis cifras (del 1 al 6), que representa la relación transferencial, la finalidad de este modelo es ayudar al profesional en su escucha, y dar un fundamento considerado "científico" a la práctica del psicoanálisis.
Después de la muerte de Melanie, negándose a transgredir su doctrina del "grupo sin líder" y a convertirse en el maestro de pensamiento de la escuela kleiniana, Bion prefirió instalarse en California. A partir de 1968 vivió en Los Angeles, y desde allí realizó numerosos viajes a Brasil y la Argentina, donde el impacto de su enseñanza, su doctrina y su técnica psicoanalíticas tuvo una gran importancia para la difusión de lo que no tardó en considerarse un neokleinismo (o poskleinismo). La obra de Bion fue entonces traducida a numerosos idiomas.
Al final de su vida, ya célebre, volvió a Inglaterra, donde murió, afectado de leucemia.
Bisexualidad
Al.: Bisexualität.
Fr.: bisexualité.
Ing.: bisexuality.-
It.: bisessualitá.
Por.: bissexualidade
Concepto introducido por Freud en psicoanálisis bajo la influencia de Wilhelm Fliess: todo ser humano tendría constitucionalmente disposiciones sexuales tanto masculinas como femeninas, que se manifestarían en los conflictos que experimenta el sujeto para asumir su propio sexo.
En la historia del movimiento psicoanalítico, la aparición del concepto de bisexualidad se debe sin duda alguna a la influencia de Wilhelm Fliess. Tal concepto existía en la literatura filosófica y psiquiátrica de los años 1890, pero fue Fliess quien lo defendió ante Freud, como lo atestigua su correspondencia.
La teoría de la bisexualidad se basa ante todo en los datos de la anatomía y de la embriología: «Cierto grado de hermafroditismo anatómico es normal. En todo individuo, sea varón o hembra, se encuentran vestigios del aparato genital del sexo opuesto [...]. De estos hechos anatómicos, conocidos desde hace ya mucho tiempo, se desprende el concepto de un organismo originariamente bisexual, el cual, en el curso de su evolución, se orienta hacia la monosexualidad, aunque conservando algunos restos del sexo atrofiado».
W. Fliess atribuyó considerable importancia a los hechos indicadores de una bisexualidad biológica: la bisexualidad es un fenómeno humano universal y que no se limita, por ejemplo, al caso patológico de la homosexualidad; por el contrario, comporta consecuencias psicológicas fundamentales. Así, Fliess interpreta la teoría freudiana de la represión invocando el conflicto que existe, en todo individuo, entre las tendencias masculinas y femeninas; Freud resume la interpretación de Fliess con estas palabras: «El sexo [...]dominante en la persona habría reprimido en el inconsciente la representación psíquica del sexo vencido».
Freud no definió claramente su postura respecto al problema de la bisexualidad, y en 1930 reconoce que «[...]la teoría de la bisexualidad comporta todavía numerosos puntos oscuros, y debemos sentirnos incómodos en psicoanálisis por no haber podido enlazarla con la teoría de las pulsiones». Freud sostuvo siempre la importancia psicológica de la bisexualidad, pero su opinión implica reservas y dudas que pueden agruparse del siguiente modo:
1.° El concepto de bisexualidad supondría una aprehensión clara del par masculinidad-feminidad; pero, como hizo notar Freud, se trata de conceptos que poseen distinta significación según que se consideren a nivel biológico, psicológico o sociológico; a menudo estas significaciones se hallan mezcladas y no permiten establecer equivalencias, término a término, entre cada uno de estos niveles.
2.° Freud reprocha a la concepción de Fliess el sexualizar el mecanismo psicológico de la represión, entendiendo por «sexualizar»: «[...] fundar el origen del mismo sobre bases biológicas». En efecto, tal concepción conduce a determinar a priori la modalidad del conflicto defensivo, procediendo la fuerza represora del sexo biológico manifiesto, y siendo lo reprimido el sexo opuesto. A lo que Freud objeta «[...] que existen en los individuos de ambos sexos mociones pulsionales tanto masculinas como femeninas, pudiendo unas y otras volverse inconscientes por la represión».
Si bien Freud, en Análisis ternzinable e interrninable (Die endliche und die unendliche Analyse, 1937), parece acercarse, a pesar de todo, a la concepción de Fliess, admitiendo que «[...] lo que experimenta la represión es lo que va en contra del sexo del individuo» (envidia del pene en la mujer, actitud femenina en el hombre), en el mismo texto se insiste en la importancia del complejo de castración, que no puede explicarse mediante sólo los datos biológicos.
3.° Se comprende que Freud encuentre una gran dificultad en armonizar la idea de bisexualidad biológica con la idea, que se va afirmando cada vez con mayor claridad en su obra, de la prevalencia del falo para uno y otro sexo.
Bisexualidad
Alemán: Bisexualität.
Francés: Bisexualité.
Inglés: Bisexuality.
Término proveniente del darwinismo y la embriología, y adoptado por la sexología a fines del siglo XIX (al mismo tiempo que los de homosexualidad y heterosexualidad) para designar la existencia, en la sexualidad humana y animal, de una disposición biológica dotada de dos componentes: uno masculino y otro femenino. Por extensión, se habla de bisexualidad para designar una forma de amor carnal, con personas que pertenecen a veces al mismo sexo, y otras al sexo opuesto.
Retomado por Sigmund Freud y todos sus sucesores como concepto central de la doctrina psicoanalítica de la sexualidad, junto con los de libido y pulsión, fue progresivamente utilizado para designar una disposición psíquica inconsciente propia de toda subjetividad humana, en la medida en que ésta se funda en la existencia de la diferencia de los sexos, es decir, para el sujeto, en la necesidad de efectuar una elección sexual, sea a través de la represión de uno de los dos componentes de la sexualidad, sea a través de la aceptación de ambos componentes, sea a través de un trabajo de renegación de la realidad de la diferencia de los sexos.
Así como todos los trabajos modernos sobre transexualismo han tomado como mitos fundadores la leyenda del Hermafrodita y los amores de la diosa Cibeles, la fuente de las reflexiones acerca de la bisexualidad ha sido siempre el célebre relato de las desdichas del Andrógino realizado por Aristófanes en El banquete de Platón: "Antaño, la naturaleza humana no era la misma que hoy, sino muy distinta. Al principio la humanidad se dividía en tres especies de seres humanos, y no en dos, como ahora. Junto con los sexos masculino y femenino, había un tercero, que tenía los dos. Esta especie se llamaba entonces Andrógino. El cuerpo de cada uno de estos Andróginos tenía una forma redonda. El pecho y la espalda eran como una esfera, y las costillas circulares; tenían cuatro manos, igual número de piernas, dos rostros perfectamente semejantes, dos órganos generadores, etc. [ ... ] Zeus cortó a los Andróginos en dos [ ... ]. Una vez realizada esta división, cada mitad deseaba unirse a su otra mitad. Cuando se encontraban, se enlazaban con los brazos y se estrechaban tan fuertemente que, en el deseo de refundirse, se dejaban morir de hambre e inercia, pues no querían emprender nada la una sin la otra."
Los sexólogos de fines del siglo XIX, desde Richard von Krafft-Ebing hasta Magnus Hirschfeld, retomaron este tema, mezclando estrechamente la bisexualidad, la homosexualidad, el hermafroditismo real y los fenómenos de transvestismo, todavía confundidos con lo que iba a convertirse en el transexualismo en la década de 1950. Así se construyó el famoso mito del "tercer sexo" para designar a la vez al andrógino (el bisexual), el invertido (el homosexual) y el hermafrodita psicosexual (el transexual). Freud recusó este término; en 1905, en sus Tres ensayos de teoría sexual, definió la homosexualidad como una elección sexual que derivaba de la existencia en todo sujeto de una bisexualidad original. A sus ojos, era inútil inventar un "tercer sexo", o un "sexo intermedio", para designar lo que provenía de un rasgo universal de la sexualidad humana.
El pasaje desde el mito platónico de la androginia a la nueva definición de la bisexualidad según la perspectiva de la ciencia biológica comenzó en 1871, con la publicación de El origen del hombre, de Charles Darwin (1809-1882). Se trataba entonces de dotar al estudio de la sexualidad humana con una terminología adecuada: "raza", constitución, especie, organicidad, etcétera. El aporte de la embriología fue decisivo, en la medida en que ella pudo demostrar, gracias a la utilización del microscopio, que el embrión humano tenía dos potencialidades, una masculina y otra femenina. De allí la idea de que la bisexualidad no era sólo un mito, sino una realidad de la naturaleza. A través de la enseñaza de Carl Claus, y después a través del contacto con su amigo Wilhelm Fliess, Freud adoptó hacia 1890 la tesis de la bisexualidad.
Al darwinismo y la embriología, Fliess añadía toda la tradición romántica de la medicina alemana, la cual, por otra parte, se encontraba también en los escritores de fin de siglo marcados por los trabajos de Johann Jakob Bachofen (1815-1887) sobre el matriarcado y el patriarcado. Desde August Strindberg (1849-1912) hasta Otto Weininger, pasando por Karl Kraus y Daniel Paul Schreber, el doble tema de la nostalgia de lo femenino y de la obsesión de la feminización de la sociedad alimentaba los interrogantes del fin de siglo, en plena reflexión sobre las condiciones de una reestructuración de la familia burguesa y de una redistribución de las relaciones de identidad entre los sexos.
En su obra de 1896 sobre las relaciones entre la nariz y los genitales, Fliess presentó su doble concepción de la bisexualidad y la periodicidad, estableciendo un vínculo entre los dolores menstruales y los del parto, referidos por igual a Iocalizaciones genitales" situadas en la nariz. De allí se desprendía la tesis de la periodicidad, según la cual las neurosis nasales, los accesos de migrañas y otros síntomas del ciclo femenino, obedecían a un ritmo de veintiocho días, igual que la menstruación.
A ese primer ciclo Fliess sumaba un segundo, de veintitrés días, calificado de masculino, y llegaba a la conclusión de que los dos ciclos se manifestaban en ambos sexos. Según él, era posible prever mediante cálculos, cuál sería el sexo del futuro niño, durante el embarazo de la madre. La madre le transmitía al feto los dos períodos (de veintiocho y veintitrés días) y la pertenencia sexual del futuro recién nacido se podía determinar si se sabía cuál había sido el período transmitido en primer término. En diciembre de 1897, en el curso de un encuentro en Breslau, Fliess desarrolló una nueva idea, afirmando que la bisexualidad biológica se prolongaba en el hombre en una bisexualidad psíquica que iba de la mano con la bilateralidad particular del organismo humano; la izquierda y la derecha traducían de algún modo la organización corporal y espacial de la diferencia de los sexos.
Como muchos científicos de su época, Fliess anhelaba transformar la biología en una matemática universal. En un primer momento, Freud lo siguió en ese terreno, y no sólo se entregó a cálculos insensatos, sino que también hizo atender por su amigo a la famosa Emma Eckstein, y después se hizo operar él mismo los senos frontales, con la esperanza de curar su neurosis. Sin embargo, en el momento mismo en que abandonaba su teoría de la seducción, no tomó de Fliess la tesis de la bisexualidad natural acompañada de la bilateralidad, sino la idea de la bisexualidad psíquica. Más tarde, después de malquistarse con Fliess, borró las huellas de esa apropiación, sobre todo a causa del episodio delirante de plagio en el que quedó implicado a través de Hermann Swoboda. En 1910, en una nota añadida a los Tres ensayos de teoría sexual, dirá simplemente que Fliess había reivindicado la paternidad del concepto, y después, en otra nota de 1924, afirmó: "En ciertos círculos no especializados se considera que la noción de bisexualidad humana es obra del filósofo O. Weininger, prematuramente desaparecido, quien hizo de ella el fundamento de un libro un tanto irreflexivo (1903). Las indicaciones que preceden demuestran hasta qué punto esta pretensión es poco justificada." La actitud de Freud llevó a los representantes de la historiografía oficial a afirmar que Freud fue el creador de la noción de bisexualidad psíquica, y que en tal sentido no les debía nada a las tesis de Fliess; por otra parte, los partidarios de la historiografía revisionista han sostenido que era un plagiario y que no inventó nada. En realidad, la conceptualización freudiana de la noción de bisexualidad pasa por otros caminos, más complejos que los descritos por los hagiógrafos de un lado y los antifreudianos del otro.
En Weininger, la tesis de la bisexualidad adquirió una amplitud considerable, tanto más en cuanto servía de complemento a la cuestión de la judeidad, pensada como auto-odio judío, y de la feminidad, concebida como un peligro sexual. En su libro Sexo y carácter, publicado en Viena en 1903, y que fue un verdadero best-seller durante cuarenta años, Weininger seguía el hilo de la bisexualidad para estudiar la evolución de la sociedad occidental. Retornando la idea fliessiana de la división de las especies, consideraba al polo masculino como la expresión suprema del genio creador y de la intelectualidad humana, y al polo femenino como manifestación de la sensualidad, la molicie, la pulsión. De allí la apología de la desigualdad y el antifeminismo que se jactaba de los méritos de la virilidad "nórdica", única capaz, decía Weininger, de sublimación y grandeza ante el peligro social representado por la feminidad. Como consecuencia directa de esta concepción inferiorizante de la diferencia de los sexos, Weininger asimilaba el judío a la mujer, subrayando por otra parte que esta última era peor, puesto que el primero, en tanto encarnación de una dialéctica negativa, podía acceder a la emancipacion. De este modo, la noción de bisexualidad servía para prolongar, con una nueva forma, los antiguos prejuicios de la época clásica.
En 1897 Freud adoptó una posición distinta de la de Fliess. Renunciando a ver en la bisexualidad el sustrato biológico de lo psíquico, la pensó como una pura organización psíquica, aunque afirmando que los progresos ulteriores de la biología confirmarían su hipótesis. Esta diferenciación entre lo psíquico y lo biológico le permitió comprender la asimetría que existe entre los dos dominios: en efecto, no hay continuidad entre ellos, ni siquiera una relación de término a término. Lo mismo que Fliess, Freud consideró entonces que la bisexualidad es un motor de la represión, pero -allí surgía la divergencia- en lugar de entenderla como un conflicto entre dos tendencias (una libido viril, una represión femenina), examinó la manera en que cada ser sexuado reprime o no reprime los caracteres del otro sexo.
Primero pensó que Ia represión emana de la feminidad para dirigirse contra la virilidad" (carta a Fliess del 15 de octubre de 1897). Un mes más tarde renunció a esa idea y, en el verano de 1899, afirmó que cada acto sexual es "un acontecimiento que involucra a cuatro personas". En los Tres ensayos... hizo de la bisexualidad el fundamento de la inversión (homosexualidad) y recusó todas las tesis sexológicas sobre el tercer sexo, así como las de Weininger sobre la desigualdad de los dos polos. En 1905 reemplazó esa desigualdad por la idea de una libido única de esencia masculina, a fin de incluir la diferencia de los sexos en el marco universalista del monismo sexual (o falocentrismo) de tipo igualitarista. En 1919, en "Pegan a un niño", rechazó sin mencionarlas las tesis de Fliess y de Alfred Adler sobre la protesta viril, para demostrar que la represión de los caracteres del otro sexo está tan presente en las niñas como en los varones. Extrajo entonces la conclusión de que los motivos de la represión no debían ser sexualizados.
Después de haber constituido a la bisexualidad como núcleo central de su doctrina de la homosexualidad y de la sexualidad femenina, Freud pensó que esta noción seguiría siendo totalmente oscura mientras no se la pudiera articular con la de pulsión. Pero en 1937 dio un giro y, en "Análisis terminable e interminable", mencionó a Fliess y volvió a la idea de 1919, según la cual cada sexo reprime lo que concierne al sexo opuesto: envidia del pene en la mujer, rebelión en el hombre contra su propia feminidad y su homosexualidad latente: "Ya he mencionado en otra parte que este punto de vista me fue expuesto en su momento por Wilhelm Fliess, quien se inclinaba a ver en la oposición de los sexos la causa verdadera y el motivo originario de la represión. No hago más que reiterar mi desacuerdo de antaño, negándome a sexualizar de este modo la represión, y por lo tanto a darle un fundamento biológico, y no sólo psicológico."
Esta afirmación era consecutiva al gran debate que se había desarrollado en el seno del movimiento psicoanalítico a propósito del monismo sexual (la sexualidad femenina), el cual había opuesto a los partidarios de la escuela inglesa (Melanie Klein, Ernest Jones) con los de la escuela vienesa (Helene Deutsch, Jeanne Lampl-De Groot, Ruth Mack-Brunswick). En la disputa, en efecto, había surgido hasta qué punto era difícil conciliar la idea de la diferencia de los sexos y de la bisexualidad (en el sentido psíquico) con la de una libido única (de esencia masculina).
Fueron los sucesores de Freud, en especial la tercera generación psicoanalítica mundial, desde Donald Woods Winnicott hasta Robert Stoller, pasando por Jacques Lacan, quienes aportaron una solución nueva al enigma de la bisexualidad, sea profundizando, a partir del falocentrismo, el estudio de la sexualidad femenina en todas sus formas (Lacan), sea estudiando los trastornos de la identidad sexual a partir de una separación mucho más radical que la realizada por Freud entre la sexualidad en el sentido biológico y anatómico, por una parte, y por la otra el género, en tanto que representación social y psíquica de la diferencia de los sexos.
Bleger José
(1922-1972) Psiquiatra y psicoanalista argentino
Marxista y militante comunista, especialista en psicosis, clínico de los estados límite, José Bleger fue una de las figuras importantes de la segunda generación psicoanalítica de la Argentina. Suscitó tanta hostilidad como idolatría, por su ambivalencia, sus cóleras y su doble compromiso con el comunismo y el psicoanálisis.
Nacido en Ceres, Provincia de Santa Fe, provenía de una familia judía inmigrante, instalada en una colonia agrícola. Realizó sus estudios de medicina en Rosario y practicó la psiquiatría en Santiago del Estero. Después se instaló en Buenos Aires, y se integró a la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), a continuación de un análisis con Enrique Pichon-Rivière. Más tarde hizo una segunda cura con Marie Langer. Preocupado por las cuestiones sociales y políticas, adhirió al Partido Comunista Argentino, y se basó en las tesis del filósofo francés Georges Politzer (1903-1942) para crear las condiciones de una nueva psicología de la subjetividad. Más tarde evolucionó hacia el marxismo, y en 1958 publicó una obra dedicada a la relación entre el psicoanálisis y el materialismo dialéctico. A diferencia de Politzer, que había pasado desde un freudismo crítico a una militancia estalinista y antifreudiana, Bleger trató más bien de realizar la síntesis de ambas doctrinas, a fin de definir una psicología de la personalidad. Durante un viaje a la Unión Soviética criticó al régimen comunista, especialmente en lo referente a la cuestión del antisemitismo y, en 1961, después de una violenta requisitoria contra su freudismo, considerado un “irracionalismo", fue excluido del Partido Comunista Argentino.
En el interior de la APA desempeñó un papel importante desde el punto de vista de la formación didáctica. En el plano clínico, se orientó hacia las tesis de Melanie Klein y Ronald Fairbairn, interesándose particularmente por lo que él llamaba "la indiferenciación primitiva". Teorizó la cuestión de las personalidades llamadas "ambiguas", es decir, afectadas de trastornos de la personalidad.
En el momento de la crisis que sufrió la APA y que desembocó en la creación de los dos movimientos de impugnación de la ortodoxia freudiana (Plataforma y Documento), José Bleger, ya enfermo, a pesar de su compromiso con la izquierda, se declaró favorable a la continuidad institucional, provocando con ello la cólera de sus propios alumnos, decepcionados por su actitud. Murió de una crisis cardíaca a los 49 años.
Bleuler Eugen
(1857-1939) Psiquiatra suizo
Creador de los términos esquizofrenia y autismo, director, después de August Forel, de la prestigiosa Clínica del Burghölzli, por la que pasaron todos los pioneros del freudismo, Eugen Bleuler fue el gran iniciador de la nueva psiquiatría del siglo XX, y un reformador del tratamiento de la locura, comparable a lo que, un siglo antes, representó Philippe Pinel (1745-1826). Contemporáneo de Sigmund Freud, de quien fue amigo y defensor, más allá de los conflictos y los desacuerdos, fundó una verdadera escuela de pensamiento, el bleulerismo, que marcó al conjunto del saber psiquiátrico hasta 1970, fecha a partir de la cual se generalizó en todos los países del mundo un nuevo organicismo surgido de la farmacología.
Nacido en Zollikon, cerca de Zurich, en un ambiente protestante de origen campesino, Bleuler era el hijo de un administrador de la escuela local: "Su padre, su abuelo y todos los miembros de la familia -escribe Henri F. Ellenberger- conservaban aún un recuerdo muy vivo de la época en que la población campesina del cantón estaba bajo el dominio de las autoridades de la ciudad de Zurich, las cuales limitaban estrictamente el acceso de los campesinos a ciertas Profesiones o empleos [ ... ]. La familia Bleuler tomó parte en las luchas políticas que concluyeron en 1831 con el reconocimiento de la igualdad de derechos para los campesinos y la creación de la Universidad de Zurich, en 1833, destinada a promover el desarrollo intelectual de la joven generación campesina."
Decidido a atender alienados provenientes del campo, escuchando su idioma y dejando de considerarlos objetos de laboratorio, Bleuler emprendió estudios de psiquiatría, primero en Berna y después en París, donde siguió la enseñanza de Jean Martin Charcot y Valentin Magnan (1835-1916), y después en Londres y Múnich. A continuación de ese periplo ingresó como interno de Forel en la Clínica del Burghölzli, y lo sucedió en 1898. Permaneció en ese puesto durante treinta años, y su hijo, Manfred Bleuler, lo sucedió a su vez en 1927.
Cuando Bleuler llegó al Burghölzli, la psiquiatría de lengua alemana estaba dominada por la nosografía de Emil Kraepelin. También contemporáneo de Freud y Bleuler, este último había aportado una organización rigurosa a la clínica de las enfermedades mentales. Creador de un sistema de codificación, Kraepelin seguía no obstante apegado a una concepción normativa y reflexiva de la locura, que trataba de clasificar los síntomas sin mejorar la suerte de los alienados, cuyo destino se confundía con el del universo carcelario.
Ahora bien, hacia el año 1900 este sistema estaba ya agrietándose por todas partes. Reconociendo como antecedente directo una cierta tradición francesa, la de Charcot por un lado, y la de Hippolyte Bernheim por otro, los principales especialistas en enfermedades mentales y nerviosas trataban de elaborar una nueva clínica de la locura, no basada en la abstracción clasificatoria, sino en la escucha del paciente: querían escuchar el sufrimiento de los enfermos, descifrar su lenguaje, comprender la significación de su delirio y establecer con ellos una relación dinámica y transferencial.
En 1911, Bleuler publicó su gran obra, Dementia praecox: el grupo de las esquizofirenias, en la que presentaba ese nuevo enfoque de la locura. Los síntomas, los delirios, los trastornos diversos y las alucinaciones encontraban su significación -decía Bleuler- si uno se volvía hacia los mecanismos descritos por Freud en su teoría del psiquismo. En primer lugar, proponía en el fondo integrar el pensamiento freudiano al saber psiquiátrico. De allí la siguiente analogía: así como Freud había transformado la histeria en un paradigma moderno de la enfermedad nerviosa, Bleuler creó la esquizofrenia para hacer de ella el modelo estructural de la locura en el siglo XX.
Sin renunciar a la etiología orgánica y hereditaria, él situaba la enfermedad en el campo de las afecciones psicológicas: la nueva esquizofrenia no era por lo tanto una demencia, ni tampoco era precoz. Tenía un origen tóxico y se caracterizaba por trastornos primarios, como la disociación de la personalidad o Spaltung (schize), y trastornos secundarios, el repliegue en sí mismo, o autismo.
Con este desplazamiento, Bleuler renovaba el gesto del alienismo de la Ilustración, según el cual la locura era curable, puesto que todo sujeto afectado de sinrazón conservaba en sí un resto de razón accesible a un tratamiento apropiado: el tratamiento moral.
Ahora bien, a fines del siglo XIX las diversas teorías de la herencia-degeneración habían abolido esta idea de la curabilidad, en favor de un constitucionalismo de la enfermedad mental que tenía por corolario un encierro a perpetuidad.
Bajo el impulso de las tesis freudianas, que reactivaron el debate sobre un posible origen psíquico de la locura, de nuevo resultaban valederas todas las esperanzas de curabilidad. Ésa fue entonces la verdadera ruptura de Bleuler con la psiquiatría de su tiempo: él restableció una concepción progresista del asilo, que incluía su abolición. Y, para realizar esa transformación, preconizaba el empleo del psicoanálisis, y pasaba horas examinando a pacientes escogidos a fin de demostrar la justeza de las ideas freudianas.
Con los tratamientos elaborados en la Clínica del Burghölzli, entre 1900 y 1913 tuvo lugar la implantación de las tesis freudianas en el corazón del saber psiquiátrico. En ese proceso participaron tres hombres animados por una formidable pasión, a través de un prolongado diálogo conflictivo: Freud, Bleuler y el joven Carl Gustav Jung, convertido en discípulo del primero, y alumno del segundo.
Hostil a la tesis de la primacía de la sexualidad, Bleuler, para curar a sus enfermos, trataba primero de entrar en contacto con ellos, de comprenderlos íntimamente. Introdujo el concepto de autismo, a partir de la noción de autoerotismo creada por Havelock Ellis y adoptada por Freud. Este neologismo, contracción de dos palabras, le permitía eludir el pansexualismo freudiano, que él consideraba peligroso. Más tarde, el término se impuso en la clínica de las psicosis infantiles.
Si Bleuler quería adaptar el psicoanálisis al asilo, Freud, desde Viena, soñaba con conquistar, vía Zurich, la tierra prometida de la psiquiatría de lengua alemana, la cual, en esa época, dominaba el mundo. Y contaba con la fidelidad de Jung, asistente de Bleuler en el Burghölzli, como colaborador en esa empresa. Contra la propuesta de Bleuler, conservó la noción de autoerotismo, y prefirió pensar el dominio de la psicosis en general bajo la categoría de la paranoia, y no de la esquizofrenia. Opuso por lo tanto el sistema de Kraepelin a la innovación bleuleriana, pero transformándolo totalmente para establecer una distinción estructural entre neurosis, psicosis y perversión.
En cuanto a Jung, se separó primero de Bleuler, su maestro en psiquiatría, y después de Freud, que lo consideraba su delfín. Jung optó por la expresión "demencia precoz", y no esquizofrenia, y en 1910 creó la palabra introversión, que prefirió a autismo para designar el retraimiento de la libido en el mundo interior del sujeto.
La ruptura con los dos hombres llevó a Bleuler a una inversión casi semejante a la de Pinel un siglo antes. Desprendiéndose del psicoanálisis, se mostró cada vez mas pesimista respecto de la curabilidad, y después volvió a la idea de una etiología puramente orgánica. No obstante, el encuentro de principios de siglo fue una victoria para las tesis freudianas, puesto que, primero en Francia, y después en los Estados Unidos y el resto del mundo, se desarrolló un vasto movimiento que desembocó en la implantación del psicoanálisis por la vía médica, a partir de un enfoque psicógeno de la locura.
Después de haber sido impugnada por la antipsiquiatría, esta clínica freudo-bleuleriana fue marginada, a partir de 1970, por la puesta a punto del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM III, IE etcétera) de inspiración conductista y farmacológica.
Boehm (o Böhm) Felix
(1881-1958) Psiquiatra y psicoanalista alemán
Con Werner Kemper, Harald Schultz-Hencke y Carl Müller-Braunschweig, Felix Boehm fue uno de los psicoanalistas que aceptaron trabajar en el Deutsches Institut für Psychologische Forschung (o Göring-Institut, o Instituto Alemán de Investigación Psicológica y Psicoterapia) fundado por Matthias Heinrich Göring en 1936, en el marco de la nazificación del psicoanálisis en Alemania y de la política de "salvarnento" del psicoanálisis preconizada por Ernest Jones.
Analizado primero por Eugénie SokoInicka y después por Karl Abraham, Boehm trabajó en el Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI), integrado al famoso Policlínico de Berlín fundado por Max Eitingon, y se interesó principalmente por la cuestión de la homosexualidad. Presidente de la Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG) a partir de 1933, dos años más tarde obligó a renunciar a los judíos, en una sesión presidida por Ernest Jones.
En el marco del Göring Institut, continuó sus "investigaciones", llegando a ser "perito" en homosexualidad en la Wehrmacht, y sobre todo en la Luftwaffe. En un primer momento se contentó con denunciar el peligro homosexual que pesaba sobre Alemania, solicitándole al Reich que tomara medidas de vigilancia y diagnóstico precoz. De tal modo pretendía oponerse a las tesis nacionalsocialistas sobre la homosexualidad, que conducían directamente a la esterilización, el encarcelamiento, el asesinato y el exterminio. Pero a partir de 1944 aceptó el programa nazi, de modo que enviaba a una muerte programada a los homosexuales de los que él se ocupaba o examinaba como "perito", pretendiendo entonces salvar a los que padecían psicosis o alcoholismo.
Contrariamente a Müller-Braunschweig, que padeció una crisis depresiva y se sentía culpable de sus actos de colaboración, Boehm era un hombre grosero, arrogante y misógino. En 1946, cuando John Rickman viajó a Berlín para interrogar a los freudianos que habían quedado en Alemania bajo el nazismo, a fin de evaluar su capacidad para formar a candidatos didactas, juzgó que Boehm era inepto para ejercer esa función, no por el hecho de su colaboración con Göring, sino por razones de deterioro psíquico. De tal modo, el representante de la International Psychoanalytical Association (IPA), notable reformador de la psiquiatría inglesa durante la guerra, participó en una política de reconstrucción del freudismo en Alemania que no consistía en juzgar a los psicoanalistas en función de su compromiso con el nazismo, sino en evaluar su supuesta normalidad psíquica. Con esta perspectiva, Rickman se dejó engañar por Kemper, el cual, por su parte, no presentaba ningún trastorno de la personalidad.
En el momento de la creación de la Deutsche Psychoanalytische Vereinigung (DPV) por Müller-Braunschweig, Boehm siguió en la DPG, y por lo tanto no fue reintegrado a la IPA.
Bola n–dimensional
En el espacio n–dimensional Rn, se define la bola (abierta) de radio r centrada en x al conjunto formado por aquellos puntos cuya distancia a x es menor que r, es decir: Br(x) = { y Î Rn / d(x,y)r}. Si bien esta definición es métrica (pues emplea alguna clase de distancia, si bien no necesariamente euclidiana), sirve para describir la topología usual de Rn. Asimismo se tiene la bola cerrada, que consiste en la clausura del conjunto anterior, es decir: = { y Î Rn / d(x,y) £ r}. La bola 1- dimensional es un intervalo (abierto o cerrado).
Bonaparte Marie
(1882-1962) Princesa de Grecia, psicoanalista francesa
Hija de Roland Bonaparte (1858-1924), a su vez nieto de Lucien, hermano del emperador, Marie Bonaparte (nacida en Saint-Cloud) era por lo tanto sobrina bisnieta de Napoleón Bonaparte (1769-1821). La madre había muerto al nacer ella, que tuvo una infancia y una adolescencia trágicas. Criada por el padre, que no se interesaba más que por sus actividades de geógrafo y antropólogo, y por la abuela paterna, verdadera tirana doméstica, ávida de éxito y notoriedad, Marie tiene todos los rasgos de un personaje novelesco.
Su matrimonio concertado con el príncipe Georges, de Grecia (1869-1957), un homosexual al mismo tiempo libertino, alcohólico y conformista, hizo de ella una alteza real colmada de honores y celebridad, pero siempre obsesionada por la búsqueda de una causa noble, y en particular por el problema de su frigidez. Cuando visitó a Freud en Viena, en 1925, por consejo de René Laforgue, estaba al borde del suicidio, y acababa de publicar, bajo el seudónimo de Narjani, un artículo en el cual ponderaba los méritos de una intervención quirúrgica, de moda en esa época, que consistía en acercar el clítoris a la vagina, a fin de transferir el orgasmo clitoridiano a la zona vaginal. Ella creía que de tal modo se podía remediar la frigidez, y no vaciló en experimentar la operación en su propio cuerpo, sin obtener el menor resultado.
Gracias al minucioso trabajo de Celia Bertin, la única entre los autores que tuvo acceso a los archivos de la familia, conocemos ahora la vida de esta princesa, querida por Sigmund Freud, que reinó como ama en la Société psychoanalytique de Paris (SPP), de la que fue, en 1926, miembro fundador, junto con René Laforgue, Adrien Borel, Rudolph Loewenstein, Édouard Pichon, Raymond de Saussure, René Allendy, etcétera. Traductora infatigable de la obra freudiana, organizadora del movimiento francés, que financió en parte con su dinero, Marie Bonaparte consagró su vida al psicoanálisis con un entusiasmo y un coraje que le envidiaron todos sus contemporáneos. Luchó en favor del análisis profano y, frente al nazismo adoptó una actitud ejemplar, rechazando todo compromiso. Pagó un rescate considerable para arrancar a Freud de las garras de la Gestapo; salvó sus manuscritos y se instaló en Londres con la familia de él. Su actividad sin desfallecimiento al servicio de la causa le valió un lugar central en Francia, y llegar a ser una de las personalidades más respetadas del movimiento freudiano.
Después de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en una especie de monstruo sagrado, incapaz de captar las ambiciones, los sueños y los talentos de dos nuevas generaciones francesas (la segunda y la tercera).
En el curso de la primera escisión (1953) y en vísperas de la segunda (1963), ella se opuso fanáticamente a Jacques Lacan, a quien detestaba, y quien la trataba habitualmente de "cadáver ionesquiano". En efecto, él la desposeyó de su papel de jefa de escuela, arrastrando tras de sí a la juventud psicoanalítica francesa.
A pesar de su abundancia, la obra escrita de Marie Bonaparte es bastante mediocre, excepción hecha de algunos textos muy hermosos, entre ellos una obra monumental sobre Edgar Allan Poe (1809-1849), ilustración de los principios freudianos de la psicobiografía, un artículo de 1927 sobre Marie-Félicité Lefebvre (un caso de locura criminal), y los famosos "cuadernos": los Cinco cuadernos de una niña, en los cuales ella comenta su análisis y sus recuerdos de infancia, y los Cuadernos negros, diario íntimo donde recoge todos los detalles de su vida, y las confidencias que le hizo Freud sobre diversos temas.
A diferencia de las curas de otros discípulos, la de la princesa fue interminable. Se desarrolló en alemán e inglés, en etapas sucesivas, entre 1925 y 1938: de cinco a seis meses los primeros años, de uno a dos meses los años siguientes. Desde el inicio, Marie tuvo derecho a una fuerte interpretación. A continuación de un sueño en el que se veía en la cuna presenciando escenas de coito, Freud le afirmó en tono perentorio que ella no sólo había oído esos actos, como la mayoría de los niños que duermen en la habitación de los padres, sino que los había visto a pleno día. Aturdida y siempre preocupada por las pruebas materiales, la princesa rechazó esta afirmación, y adujo que no había tenido madre. Freud se mantuvo firme, y objetó que sí había tenido nodriza. Finalmente, ella decidió interrogar al medio hermano de su padre, que se ocupaba de los caballos en la casa de su infancia. A fuerza de hablarle del alto alcance científico del psicoanálisis, le hizo confesar su antigua relación con la niñera. Un poco avergonzado, el anciano le contó entonces que había hecho el amor a pleno día delante de la cuna de Marie. De modo que ella había visto escenas de coito, felación y cunnilingus.
Con esa mujer que lo colmaba de regalos, Freud dio prueba de su extraordinario genio clínico. La quería tanto que, para recompensar su fidelidad, le ofreció, lo mismo que a Lou Andreas-Salomé, uno de los famosos anillos reservados a los miembros del Comité Secreto. Lou era la Mujer, la amiga, la igual, la encarnación de la libertad, la belleza, la inteligencia y la creatividad; Marie fue la alumna, la discípula sumisa, la admiradora, la analizante, la embajadora devota.
En el curso del análisis, él le evitó una relación incestuosa con su hijo, e impuso ciertos límites a sus experiencias quirúrgicas, pero sin llegar a impedirle el pasaje al acto. Hay que decir que su situación contratransferencial era difícil: durante todo este análisis, él mismo padeció temibles operaciones en el maxilar, destinadas a combatir el progreso de su cáncer. En tales condiciones, ¿cómo podía interpretar el goce experimentado por Marie con el manipuleo del bisturí?
Desde la publicación en 1931 del artículo de Freud sobre la sexualidad femenina, la princesa tomó parte del debate de una manera muy personal, transformando la doctrina psicoanalítica en una tipología de los instintos biológicos. Extrajo de ella una psicología de la mujer, en la que aparecía evacuado el inconsciente. Distanciándose a la vez de la escuela vienesa y la escuela inglesa, distinguía tres categorías de mujeres: las reivindicadoras (que intentan apropiarse del pene del hombre), las aceptadoras (que se adaptan a la realidad de sus funciones biológicas o de su rol social), y las renunciadoras (que se desprenden de la sexualidad). Estas tesis no tuvieron mucho eco en Francia, donde el debate sobre el tema fue conducido primero por Simone de Beauvoir (1908-1986), y después por los alumnos de Lacan (François Perrier y WIadimir Granoff) y por Françoise Dolto. En la SPP, fue Janine Chasseguet-Smirgel quien las cuestionó, introduciendo las tesis de Melanie Klein.
Afectada de una leucemia fulminante, Marie Bonaparte murió con toda lucidez, después de haber dado prueba de un coraje ejemplar, demasiado pronto para asistir a la derrota de Lacan. Durante diez años, ella había luchado con todas sus fuerzas para impedir la integración de la Société françoise de psychanalyse (SFP, 1953-1963) a la International Psychoanalytical Association (IPA).
Borel Adrien
(1886-1966) Psiquiatra y psicoanalista francés
Formado en el marco de la tradición psiquiátrica francesa, y analizado por René Laforgue, Adrien Borel fue uno de los dos fundadores de la Société psychanalytique de Paris (SPP). Lo mismo que René Allendy, pero de distinta manera, se especializó en el análisis de escritores; entre otros, tuvo en su diván a George Bataille (1897-1962) y Michel Leiris (1901-1990). En 1950 se puso una sotana para interpretar el papel del cura de Torcy en la película de Robert Bresson titulada Diario de un cura de campaña.
Borromeos (nudos)
Las versiones sucesivas del testimonio que nos ha dejado Lacan del despertar de su interés por los «nudos borromeos» («cadena de tres, tal que al desatar uno de los anillos de esta cadena los otros dos se deshacen», según la definición clásica mencionada en el seminario ... Ou pire, del 2 de marzo de 1972) aclaran el partido que ha sacado progresivamente de ellos en el campo del psicoanálisis, en la época del seminario ...Ou pire (1971-72), en Les nondupes errent (1973-1974), en el seminario R.S.I (1974-1975).
«Cosa extraña --comienza diciendo el 9 de febrero de 1972-, mientras que con mi geometría de la tétrada me interrogaba ayer sobre la manera en que les presentaría esto hoy, me sucedió, cenando con una persona encantadora que asiste a los cursos del señor Guilbaud, que como anillo al dedo me fue dado algo que les voy a mostrar y que no es nada menos -según parece: yo me enteré ayer por la noche- que el blasón de los Borromeos.»
Por iniciativa del titular del Departamento de Filosofía de la Universidad de París X-Nanterre, la enseñanza sobre epistemología de las ciencias humanas incluía dos cursos: uno destinado a la exposición sistemática del pensamiento de Lacan, y otro de iniciación elemental a la topología, desarrollado por Guilbaud. Es pues la clase de este último dictada el 8 de febrero de 1972 la que habría sido citada al día siguiente por Lacan.
Se observará que su interés se limitaba a la representación de su «tétrada», ilustrada por la fórmula entonces prevaleciente en su pensamiento: «yo te demando» - «que rechaces» -«lo que te ofrezco» - «porque no es eso». Y si los nudos borromeos le interesan en relación con dicho tema, es a causa de su función esencial, «es decir, del tipo paradójico de enlace que instituyen»: «¿Qué es una topología? Una topología -declarará Lacan el 3 de marzo de 1972 en su "charla" "Savoir du psychanalyste"- es algo que tiene una definición matemática. La topología es lo que se aborda en primer lugar mediante relaciones no métricas, relaciones deformables. Propiamente hablando, es el caso de esas especies de círculos blandos que constituyen mi: Yo te demando... que rechaces... lo que te ofrezco. Cada uno es una cosa cerrada blanda que sólo se sostiene por estar encadenada a las otras. Nada se sostiene solo. Esta topología, por su inserción matemática, está ligada a relaciones de pura significancia, es decir, que es en tanto que esos tres términos son tres que vemos que por la presencia del tercero se establece una relación entre los otros dos. Es esto lo que quiere decir el nudo borromeo». A continuación Lacan se refiere a René Thom, «mencionado después de que lo hiciera Jakobson, pero, como "suele suceder" -subraya- yo lo había conocido inmediatamente antes».
La interpretación será explicitada al año siguiente en Aun (el 22 de octubre de 1972). Se ve entonces que la teorización borromea integra elementos cada vez más diversificados de la construcción de Lacan. «¿Por qué hice intervenir otrora el nudo borromeo?», se pregunta en el seminario Aun el 15 de mayo de 1973. «Lo hice para traducir la fórmula yo te pido -¿qué?- que rechaces -¿qué?- lo que te ofrezco -¿por qué?- porque no es eso -eso, ustedes saben lo que es, es el objeto a. El objeto a no es ningún ser. El objeto a es lo que supone de vacío una demanda, la cual sólo situada mediante la metonimia, es decir, por la pura continuidad asegurada desde el comienzo al fin de la frase, permite imaginar lo que en ella puede haber de un deseo que ningún ser sostiene. Un deseo sin otra sustancia que la que se asegura con los propios nudos.
Al enunciar la frase «te pido que rechaces lo que te ofrezco» sólo he podido motivarla por ese «no es eso» que he retomado la vez anterior.
«"No es eso" quiere decir que, en el deseo de toda demanda, no hay más que la solicitud del objeto a, del objeto capaz de satisfacer el goce, el cual sería entonces la Lustbefriedigung supuesta en lo que en el discurso analítico, se llama impropiamente la pulsión genital, aquella en la cual se supone que se inscribe una relación que sería la relación plena, inscribible, de uno con lo que sigue siendo irreductiblemente Otro. He insistido en esto, en que la pareja de ese sujeto del verbo yo Uel que es el sujeto, sujeto de toda frase de demanda, es, no el Otro, sino lo que viene a sustituirlo bajo la forma de la causa del deseo, que he diversificado en cuatro, en tanto que ella está constituida diversamente, según el descubrimiento freudiano, con el objeto de la succión, el objeto de la excreción, la mirada y la voz. Estos objetos son reclamados en tanto que sustitutos del Otro, y convertidos en causa del deseo.»
Así llegamos a la función esencial del «anillo» de cuerda representado como nudo borromeo, función que es la de representar un «agujero». Veamos cómo sigue el seminario Aun correspondiente al 15 de mayo de 1973. «El Otro sólo se presenta para el sujeto en forma asexuada. Todo lo que ha sido soporte, soporte sustituto, el sustituto del Otro en forma del objeto de deseo, es a-sexuado.
«Por esto el Otro como tal sigue siendo -no sin que podamos avanzar un poco más- sigue siendo un problema en la teoría freudiana, el que se expresa en la pregunta que repetía Freud -¿qué quiere la mujer?-, siendo en este caso la mujer el equivalente de la verdad. Por esto se justifica esta equivalencia que he producido.
«¿Esto les aclara el interés que existe en partir del redondel de cuerda? Este anillo es sin duda la representación más eminente del Uno, en el sentido de que no encierra más que un agujero. Ésta es por otra parte la razón de que un verdadero anillo de cuerda, redondo, sea muy difícil de fabricar. El anillo de cuerda que yo utilizo es incluso mítico, puesto que no se fabrican anillos de cuerda cerrados.
«Pero ¿qué hacer con ese nudo borromeo? Yo les respondo que puede servir para representarnos la metáfora tan difundida que expresa lo que distingue el uso del lenguaje: precisamente, la cadena.
«Observernos que, contrariamente a los redondeles de cuerda, los elementos de cadena se forjan. No es muy difícil imaginar de qué modo: se dobla el metal hasta que se llega a soldarlo. Sin duda, no se trata de un soporte simple, pues, para que pueda representar adecuadamente el uso del lenguaje, en esta cadena habría que hacer eslabones que fueran a engancharse a otro eslabón un poco más lejos, con dos o tres eslabones flotantes intermedios. También habría que comprender por qué una frase tiene una duración limitada. Esto no puede dárnoslo la metáfora.
«¿Quieren un ejemplo que les muestre para qué puede servir esta hilera de nudos plegados que se vuelven independientes en cuanto se corta alguno? No es muy difícil encontrarlo, y no por nada, en la psicosis. Recuerden lo que puebla alucinatoriamente la soledad de Schreber: Nun well ich mich_.. (ahora me voy a...), O bien Sie sollen nümlich... (ustedes deberían...). Estas frases interrumpidas, que yo he denominado mensajes de código, dejan en suspenso no sé qué sustancia. Se percibe allí la exigencia de una frase, sea cual fuere, que sea tal que si falta uno de sus eslabones libere a todos los otros, es decir, les retire el Uno.»
Al año siguiente, el seminario Les non-dupes errent (es decir les Noms-du-Pére, 1973-1974) confirma ese alcance operatorio del nudo, en cuanto extiende su aplicación a la representación de lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real. Observemos no obstante que, a medida que se amplía el dominio de aplicación de la teoría, Lacan parece olvidar su origen. «Es totalmente seguro -declara el 18 de marzo de 1975 en el seminario R.S.I.- que históricamente el nudo borromeo no se encuentra en cualquier parte; yo lo encontré en las notas de una persona con la que me veo cada tanto y que las había tomado en el seminario de Guilbaud. Algo es seguro: en seguida tuve la certeza que allí había algo precioso para mí, para lo que tenía que explicar. De inmediato relacioné ese nudo borromeo que desde entonces se me aparecía como anillos de cuerda, con esas tres consistencias particulares, con eso que yo había reconocido desde el comienzo de mi enseñanza. Esto sin duda yo no lo habría puesto en circulación, siendo poco inclinado a ello por naturaleza, no lo habría puesto en circulación sin un llamado, un llamado ligado de manera más o menos contingente a una crisis en el discurso analítico; es posible que con el tiempo yo hubiera advertido que a esa crisis había que desanudarla. Pero se necesitaron las circunstancias para que yo pasara al acto.
«De modo que esos nudos borromeos me vinieron como anillo al dedo, y en seguida supe que e! nudo me permitía enunciar de lo simbólico, de lo imaginario y de lo real algo que los homogeneizaba.
»¿Qué quiere decir homogeneizar? Que evidentemente, como lo observó antes Pierre Soury en una pequeña nota que me ha comunicado -porque me cuido mucho de reconocerle a cada uno lo que se le debe-, tienen algo de semejante. Como el mismo Pierre Soury lo señala, entre lo semejante y lo mismo -esto es de él-, entre lo semejante y lo mismo hay lugar para una diferencia. Pero la homogeneización consiste precisamente en poner el acento en lo semejante: el realce de lo imaginario que no es lo mismo, que es lo semejante.
»¿Qué tienen de semejante? Y bien, es lo que creo que debo designar con el término de consistencia, lo que es ya proponer algo increíble. ¿Qué es lo que pueden tener de común las consistencias de lo imaginario, lo simbólico y lo real? ¿Es que de este modo, con este enunciado, les hago sensible -me parece difícil hacerlo más sensible para ustedes- que el término consistencia pertenece a la jurisdicción de lo Imaginario?
»Sí, aquí me detengo para hacer un paréntesis destinado a mostrarles que el nudo no es fácil de figurar; no digo de figurárselo, porque en el asunto yo elimino totalmente el sujeto. Parto de la tesis de que el sujeto es lo determinado por la figura en cuestión, determinado: no se trata de ninguna manera que él sea su doble, sino que el sujeto se condiciona por los atascamientos del nudo, por lo que en el nudo determina puntos triples; es por su ajuste, por el apretamiento del nudo que el sujeto se condiciona. Quizá luego les recuerde esto con dibujos en la pizarra. Sea lo que fuere figurar ese nudo, no es cómodo. Ya lo he demostrado a equivocarme más o menos yo mismo en uno u otro pequeño dibujo que he hecho.
»A lo real del nudo borromeo, ustedes pueden agregarle esto, la diferenciación de cada uno de los redondeles. La manera más simple es colorearlos. Aunque Goethe no lo diga en ninguna parte de su Teoría de los colores, el color es, en sí mismo, algo notable para la diferenciación. Hay un límite es cierto, ya que no hay un número infinito de colores, pero en fin, gracias al color hay diferencia. Ustedes introducen entonces la diferenciación coloreando cada redondel de modo diferente. Así pueden ustedes llegar a orientarlos.
»En uno de mis seminarios anteriores, yo había planteado la cuestión de saber si esta diferenciación de cada uno de los redondeles deja al nudo, no ya semejante, sino siempre el mismo. Es en efecto siempre el mismo, pero hay una sola manera de demostrarlo: consiste en demostrar que en todos los casos -¿que quiere decir "caso"?- es reductible al semejante.
»En efecto, a esto se llegó: que yo estaba convencido de que no hay más que un nudo coloreado, pero tuve una vacilación -es lo que yo llamo mi última aventura- acerca del nudo orientado, porque la orientación concierne a un sí o un no para cada uno de los nudos, y en ese punto me dejé desorientar por algo atinente a la relación de cada uno de esos sí o no con los otros dos, y durante un momento me dije... -no llegué a decirme que había ocho nudos, no soy tan necio, a saber, 2 x 2 x 2: sí o no x sí o no x sí o no, no llegué siquiera a pensar que había cuatro nudos-, pero no sé por qué me rompí la cabeza en cuanto al hecho de que había dos. Y con todo no carece de alcance que, después de haberlo pedido de manera expresa, yo haya obtenido de Pierre Soury, quien espero que haga el reparto la próxima vez, que yo haya obtenido, diré ¿la demostración? No. Que haya obtenido lo que le pedía, a saber: la mostración de que no hay sino un nudo borromeo orientado. La mostración de la que se trata, que Pierre Soury me ha comunicado es que hay un solo nudo orientado, claramente "el mismo". Pero noten que no pudo hacerlo sin pasar, para ello, por lo que yo llamo el achatamiento del nudo: reducir ese "semejante" a "el mismo" sólo pudo hacerlo a partir del achatamiento.»
Sin duda el recuerdo del seminario del 9 de febrero de 1972 permitirá medir el camino recorrido desde entonces, es decir, desde la época en que el nudo facilitaba la representación de la tétrada.
Desde esta perspectiva, el seminario R.S.I. fija de nuevo un punto de inflexión, con el intento de formalización en el que cooperaron Pierre Soury y Michel Thomé. Finalmente, también la construcción técnica de esos matemáticos asegura con su garantía la elaboración que precede.
Bose Girîndrashekhar
(1883-1953) Médico y psicoanalista indio
En ciertos aspectos, el destino de Girîndrashekhar Bose se asemeja al del gran psicoanalista Heisaku Kosawa. En efecto, ambos fueron pioneros solitarios en los únicos dos países de Asia donde pudo implantarse el psicoanálisis, aunque sin la expansión que tuvo en los países occidentales. Sin embargo, entre estos dos hombres existía una diferencia radical. Analizado por Sigmund Freud, Kosawa fue un internacionalista, un didacta clásico y el fundador de una escuela japonesa de psicoanálisis. En el caso de Bose, en cambio, se trató sobre todo de un autodidacto del freudismo, un defensor de su cultura y un formador de discípulos cuya enseñanza se limitó a su círculo de Calcuta. La diferencia entre los dos pioneros tiene que ver también con la historia política de uno y otro país. De allí la distancia que separa el freudismo indio del freudismo japonés: el primero siguió siempre marcado por la tradición colonial inglesa, mientras que el segundo fue una creación autónoma.
Hijo de un administrador terrateniente, Bose pertenecía a una familia rica y cultivala de Bengala, y fue en Calcuta, después de la jubilación del padre, donde él comenzó a orientarse hacia la medicina. Se casó muy joven, en el marco estricto de la religión hindú, y después se apasionó por la magia. De tal modo derivó hacia la hipnosis, para volverse a continuación hacia la psicología. Hacia 1914 atendió a enfermos que padecían trastornos mentales. Algún tiempo más tarde conoció los primeros textos de Freud traducidos al inglés, y de inmediato puso de manifiesto un entusiasmo real por el método psicoanalítico. Se especializó en psicología, y en 1921 presentó un trabajo sobre la represión, obteniendo con él el primer doctorado en esta materia otorgado por la Universidad de Calcuta. A partir de 1917 realizó una brillante carrera de psicólogo universitario, que concluyó en 1949.
Contrariamente a Kosawa, Bose decidió no viajar a Viena para recibir allí una formación psicoanalítica. Sin haber sido analizado, comenzó entonces a reunir en torno suyo a amigos y colegas que se convirtieron en sus analizantes y discípulos. En 1922 creó la Sociedad Psicoanalítica India, de la que fue presidente hasta su muerte. -Informó al respecto a Freud, que se alegró por el hecho y le aconsejó que escribiera a Ernest Jones, a fin de que ese primer grupo se incorporara a la Internacional Psychoanalytical Association (IPA). En realidad, el círculo de Bose pudo ser reconocido muy rápidamente por la IPA gracias a Owen Berkeley-Hill (1879-1944), psiquiatra inglés analizado por Jones y médico jefe del Hospital de Rangi. De allí que, más tarde, surgieran numerosas tensiones en el seno del grupo entre los británicos, vistos como colonizadores, y los indios. En 1947 Bose fundó la revista oficial de la sociedad, Samiska.
Igual que muchos freudianos de esa generación, Bose fue entonces universitario, escritor, maestro de pensamiento y jefe de escuela. Era además un gran especialista en hinduismo. En la correspondencia que mantuvo con Freud entre 1920 y 1937 expresó su deseo de elaborar una doctrina del psiquismo que tuviera en cuenta las particularidades culturales vinculadas con el hinduismo. Desarrolló principalmente la idea de la coexistencia de elementos opuestos en el deseo humano, y redactó verdaderos cuadros nosográficos de las diferentes dualidades oposicionales.
Desde el punto de vista de la técnica psicoanalítica, en 1931 consideró que había que inspirarse en el método de los gurúes, e intervenir activamente, tomando notas y obligando al paciente a superar sus resistencias: "Cuando Bose le dice al paciente cuál es la dirección que debe tomar su fantasma -escribe Sudhir Kakar-, no está muy lejos de ciertos procedimientos meditativos utilizados en las escuelas psicofilosóficas hindúes de autorrealización. De inmediato uno piensa en la visualización tántrica, así como en el nyasa o el yoganidra del raja yoga. Éstas eran técnicas familiares a Bose, por su estudio profundo de los yogas."
Hacia fines de la década de 1940, los psicoanalistas indios formados por Bose, y en particular T. C. Sinha, su principal discípulo, estudiaron las particularidades de la vida psíquica india en textos que aludían a la mitología de Shiva o Kali. Diez años más tarde esta tradición se agotó, mientras iba desapareciendo la primera generación psicoanalítica india, para dejar lugar al florecimiento de las tesis de la escuela inglesa: Melanie Klein o Wilfred Ruprecht Bion. En consecuencia, la enseñanza de Bose no contribuyó a fundar, en una India todavía colonial, una escuela de psicoanálisis semejante a la del Japón.
Botella de Klein
Superficie no orientable definida en la topología combinatoria a partir de un rectángulo, mediante la identificación de cada lado con su opuesto. A diferencia del toro, en uno de los pares de lados la identificación se efectúa en sentido contrario, como en una banda de Möbius:
b
a a
b
Como ocurre con el crosscap, la botella de Klein no puede sumergirse en el espacio tridimensional, por lo cual su construcción con un trozo de goma es imposible si no se efectúa una línea de penetración. La botella de Klein puede pensarse como dos bandas de Möbius pegadas por el borde.
Bouvet Maurice
(1911-1960) Psiquiatra y psicoanalista francés
Como Daniel Lagache, Sacha Nacht, Françoise Dolto y Jacques Lacan, Maurice Bouvet pertenece a la segunda generación psicoanalítica francesa, la tercera en la historia mundial. Analizado por Georges Parcheminey (1888-1953), controlado por Nacht y John Leuba (1884-1952), él fue uno de los titulares más respetados de la Société psychanalytique de Paris (SPP), y formó a numerosos psicoanalistas. Sus trabajos, esencialmente clínicos y de inspiración posfreudiana, abordan los temas de la cura tipo, la relación de objeto y la despersonalización.
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