Ego
s. m. [del latín ego]. Traducción usual en inglés del término freudiano Ich, «yo» [como instancia, y también como conjunto de representaciones, las dos acepciones más usuales del Ich freudiano, que Lacan dialectizará en los términos «moi» y «je», aludiendo el primero más a la segunda acepción en tanto efecto de la identificación especular, o sea, como representación social del sujeto, y el segundo, a la función enunciativa, de partícula (shfiter) del discurso, sin significado propio, pero como índice del inconciente]. (Véase psicología del yo.)
Ego psychology
(psicología del yo)
Junto al neofreudismo culturalista (Karen Horney, Abram Kardiner, etcétera), al annafreudismo, a la Escuela de Chicago (Franz Alexander), y después a la Self Psychology, más tardía, la Ego Psychology, representada por inmigrantes como Rudolph Loewenstein, Ernst Kris, Erik Erikson, David Rapapport (1911-1960), y sobre todo Heinz Hartmann, es una de las grandes corrientes de la historia del freudismo norteamericano, y la principal componente de lo que se denomina Escuela de Nueva York, la poderosa New York Psychoanalytic Society (NYPS) que le sirvió de soporte. En este sentido, la denominación "psicología del yo" es impropia. No da cuenta del carácter freudiano de esta corriente, conocida en todo el mundo con su nombre de origen.
La Ego Psychology tiene en común con todas las otras corrientes del freudismo norteamericano el hecho de que se basa en la idea de una posible integración del hombre a una sociedad, a una "comunidad", incluso, después de 1970, a una identidad sexual, a una diferencia (locura, margen), a un color, a una etnia. En consecuencia, no es simplemente una imitación servil de los ideales del American way of life, como se afirma
con demasiada facilidad en Francia, sobre todo siguiendo a Jacques Lacan. Si bien apunta a la adaptación pragmática de todo sujeto a la sociedad, toma en cuenta de manera crítica los desarraigos y las diferencias ligados al ideal adaptativo norteamericano.
Si existe ortodoxia, es de naturaleza técnica.
En efecto, la Ego Psychology sirvió como referencia doctrinaria principal, en la segunda mitad del siglo, a esas curas interminables y minuciosas, coaguladas en el silencio, reservadas a la rica burguesía urbana y practicadas por médicos ansiosos de obtener prestigio social y rentabilidad económica. Esta técnica psicoanalítica fue por otra parte violentamente criticada en el interior mismo de la International Psychoanalytical Association (IPA) por todos los renovadores del freudismo: desde Heinz Kohut hasta Donald Woods Winnicott, pasando por Michael Balint, Siegfried Bernfeld y Melitta Schmideberg.
De manera general, el freudismo norteamericano, en todas sus tendencias, privilegia al yo (ego), el self o el individuo, en detrimento del ello, el inconsciente y el sujeto. En consecuencia, opone a la supuesta decadencia de la vieja Europa una ética pragmática del hombre, basada en la noción de una profilaxis social o de higiene mental. De allí la generalización de un psicoanálisis medicalizado y asimilado a la psiquiatría, contra el antiguo psicoanálisis vienés profano, obsesionado por la muerte, el anonadamiento del individuo y el nihilismo terapéutico.
Las diferentes corrientes de este freudismo norteamericano, sean cuales fueren sus (numerosas) variantes, están casi siempre atravesadas por una religión de la felicidad y la salud, contraria tanto a la concepción vienesa del malestar en la Kultur como al recentramiento kleiniano del sujeto en una pura realidad psíquica, o a la visión lacaniana del freudismo como peste subversiva. Por otra parte, en razón de esta contradicción radical entre las interpretaciones europeas y norteamericanas del psicoanálisis, el kleinismo, el lacanismo, el freudismo "original" (vienés y alemán) no pudieron implantarse como tales en los Estados Unidos. En cuanto a los partidarios de la "izquierda freudiana" (agrupados alrededor de Otto Fenichel), fueron obligados a renunciar a sus actividades, porque se las consideró "subversivas" en el suelo americano. Después de haber sufrido los ataques del macartismo, tuvieron que medicalizarse, reprimir su pasado europeo y convertirse en técnicos de la adaptación. De allí esa ortodoxia burocrática que terminará por desacreditar la imagen del psicoanálisis y dejar el campo libre a la supremacía de los laboratorios farmacéuticos proveedores de "píldoras de la felicidad", o a las diversas terapias de la New Age (curas chamánicas, experiencias de espiritismo, videncia o telepatía).
La corriente de la Ego Psychology se desarrolló a partir de 1939 en el interior de la IPA. Está más cerca de la doctrina clásica de Sigmund Freud que la tradición naturalista, aunque procede a una revisión completa de la segunda tópica. En este sentido, el hecho de que el Ich freudiano haya sido traducido al inglés por James Strachey con el vocablo latino ego no careció de importancia para el florecimiento de todas las teorías del yo y de la persona en lengua inglesa, y sobre todo en el pasaje del ego al seIf, y después, de la Ego Psychology a la Self Psychology.
Mientras que en 1923 Freud afirmó la primacía del inconsciente sobre el consciente, y trastocó el campo de estudio de las pulsiones con la introducción de la pulsión de muerte, los partidarios de la Ego Psychology sostienen una posición que va en sentido contrario a ese descentramiento. Según ellos, el yo se autonomiza (se convierte en un yo autónomo) al controlar las pulsiones primitivas, lo que le permite adquirir independencia frente a la realidad externa. No obstante, la autonomía sigue siendo relativa: del lado de las pulsiones, el yo busca una garantía contra su esclavización por el ambiente. del lado del ambiente, reclama las mismas garantías contra las exigencias del ello. La adaptación del yo a la doble coacción del ello y la realidad pasa por un justo medio que asegura el equilibrio necesario para el florecimiento de la vida humana. Pero si el yo tiende a adaptarse para realizar su autonomía, la identificación deja de ser un proceso inconsciente para convertirse en un comportamiento imitativo. También la teoría de la sexualidad es objeto de una torsión: vertida en la sublimación, la libido asegura una desexualización de las pulsiones agresivas. Cuando más fuerte es el yo, más refuerza su quantum de energía neutralizada. Cuanto más débil es, menos actúa la neutralización.
En 1950, en "Comments on the psychoanalytic theory of the ego", Hartmann introdujo una distinción entre el yo (ego), como instancia psiquica, y el sí-mismo (self, en el sentido de personalidad o persona propia. El término fue retomado por Winnicott, quien le añadió una referencia fenomenológica, y por Kohut, que hizo del self una instancia específica, y la única capaz de explicar los trastornos narcisistas.
De modo que la Ego Psychology, soslaya la pulsión de muerte, y recentra el inconsciente en el preconsciente. En cuanto al concepto de transferencia, también sufre modificaciones, puesto que, en la cura, el terapeuta del ego debe ocupar el lugar de ese yo "fuerte" al que el paciente quiere asemejarse para conquistar la autonomía del yo. En el plano técnico, la revisión de la Ego Psychology se traduce en el privilegio acordado al análisis de las resistencias, en detrimento de la interpretación de los contenidos. De allí su vínculo con el annafreudismo.
En Francia, Jacques Lacan criticó la Ego Psychology, ese psicoanálisis norteamericano", según sus palabras, al realizar una lectura totalmente distinta de la segunda tópica. Sobre todo, introdujo en la doctrina freudiana una teoría no fenomenológica del sujeto, lo que le permitió distinguir, no un ego y un self, sino un je y un moi, y construir entonces el concepto del "sujeto representado" por un significante.
Egoísmo
Al.: Egoismus.
Fr.: égoïsme.
Ing.: egoism.
It.: egoismo.
Por.: egoismo.
Interés del yo por sí mismo.
En un principio el término «egoísmo» sirvió a Freud para caracterizar los sueños; éstos son calificados de «egoístas» en el sentido de que «[...] el querido yo aparece en todos ellos». Esto no significa que en un sueño no puedan aparecer los sentimientos más « desinteresados », sino que el yo del que sueña se halla siempre presente en persona o por identificación.
La introducción del narcisismo conduce a Freud a diferenciarlo conceptualmente del egoísmo: el narcisismo es «[...] el complemento libidinal del egoísmo». Se confunden con frecuencia, aunque no necesariamente. Esta distinción se basa en la existente entre pulsiones sexuales y pulsiones del yo: el egoísmo o «interés por el yo» (Ichinteresse) (véase: Interés) se define como una catexis por las pulsiones del yo, y el narcisismo como catexis del yo por las pulsiones sexuales.
Eitingon Max
(1881-1943) Psiquiatra y psicoanalista polaco
Como no dejó ninguna obra teórica importante, Max Eitingon está a menudo ausente en la lista de los autores que contribuyeron a la edificación de la doctrina psicoanalítica. No obstante, el progreso de los estudios históricos desde mediados de la década de 1970 ha permitido que este hombrecillo tímido, con aspecto de burócrata altanero, ocupe el lugar que le corresponde, uno de los más importantes, en la historia del movimiento.
Nacido en Mohilev, Bielorrusia, Max Eitingon era el segundo hijo de una familia judía ortodoxa, entre cuatro hermanos: dos mujeres (Esther y Fanny) y dos varones (Vladimir y Max). El padre, Chaim Eitingon, se dedicó al comercio de azúcar antes de convertirse en peletero y establecerse en 1893 en Leipzig, donde fue mecenas de la comunidad judía, haciendo construir un hospital y una sinagoga que iban a ser destruidos en 1938. Por razones oscuras, Chaim Eitingon adoptó durante cierto tiempo la nacionalidad húngara. Sus negocios prosperaron, abrió una sucursal en Nueva York, pero se encontró arruinado después de la crisis financiera de 1929. Murió en Leipzig en 1932.
Max Eitingon tenía 12 años cuando su familia se instaló en Alemania. Padecía tartamudeo, lo que perturbó su escolaridad secundaria. Impedido por ello de cursar el bachillerato, realizó no obstante estudios superiores de historia del arte y filosofía como oyente libre en las prestigiosas universidades de Halle, Heidelberg, Marburgo. En 1902 volvió a Leipzig, donde, seguramente después de haber rendido equivalencias, estudió medicina. A continuación fue a Zurich, y se empleó como asistente de Eugen Bleuler en la clínica del Burghölzli. Defendió su tesis bajo la dirección del mismo Bleuler, y conoció a Carl Gustav Jung, quien siempre lo trató con un desprecio condescendiente y, si hemos de creer en una carta que le dirigió a Freud el 25 de septiembre de 1907, lo consideraba perfectamente capaz de ser un buen diputado en la Duma. En Zurich, Eitingon conoció también a Karl Abraham, Ludwig Binswanger y a su compatriota Sabina Spielrein.
Max Eitingon fue el primero de los miembros del grupo zuriqués que viajó a Viena (en 1907) para encontrarse con Sigmund Freud. Asistió entonces a algunas reuniones de la Sociedad Psicológica de los Miércoles: en particular, a la del 30 de enero de 1907, donde intervino con mucha pertinencia en la discusión sobre la etiología de las neurosis. En esa época también se vio con Freud para hablarle de un enfermo cuyo tratamiento se presentaba como delicado. Con tal motivo, primero en 1908, y después en octubre de 1909, realizó un análisis didáctico, uno de los primeros de la historia, que tuvo por marco insólito las caminatas vespertinas de ambos hombres. El encuentro con Freud fue para Max Eitingon el momento decisivo de su vida, y marcó el inicio de una amistad indestructible. Iba a participar en todas las batallas, incluso la relacionada con la cuestión del análisis profano, en la cual, después de un tiempo de duda, se alineó con el maestro, contra los psicoanalistas norteamericanos. Freud, por su lado, no le ahorró elogios, y asumió sistemáticamente su defensa cuando era atacado (sobre todo por Otto Rank). Además no cesó de recordarle, como se lo dijo en una carta del 7 de enero de 1913, que él había sido "el primer mensajero que se aproximó a un hombre solitario". Más tarde, en una carta particularmente cálida del 24 de enero de 1922, volvió a evocar esa prioridad, inolvidable a sus ojos, añadiendo: "Usted sabe qué papel ha conquistado en mi existencia y en la de los míos".
En noviembre de 1909, Max Eitingon abandonó Zurich para dirigirse a Berlín, donde participó, con Abraham, quien sería el presidente, en la constitución de la sociedad psicoanalítica. El 20 de abril de 1913 se casó con la actriz de teatro Mirra JacovIeina Raigorodsky, junto a la cual siguió toda su vida. Ella le hizo conocer los ambientes artísticos de la capital alemana, y en particular le presentó a la cantante Plevitskaia, cuyas malandanzas contribuyeron más tarde a dar visos de verosimilitud a las acusaciones de espionaje de las que Eitingon fue objeto.
Hay quienes lo consideran austríaco, como habría llegado a serlo su padre, y otros, por el contrario, afirman que eligió esa nacionalidad al principio de la guerra. Las versiones no concuerdan. Combatiente valeroso, condecorado varias veces, en 1919 optó por la nacionalidad polaca, como todos los supervivientes del Imperio Austro-Húngaro podían hacerlo en esa época.
Ese mismo año de 1919 volvió a Berlín, donde comenzó a desempeñar un papel importante en el seno del movimiento freudiano. De conformidad con las últimas recomendaciones de Anton von Freund, quien solicitó que se lo considerara heredero de su anillo, Max Eitingon fue nombrado miembro del Comité Secreto por propuesta de Freud.
En 1920 puso en práctica el sueño freudiano de un psicoanálisis social, expresado en el Congreso de Budapest en 1918. Hasta 1929 financió el Policlínico de Berlín, construido según los planos de Ernst Freud, el hijo de Sigmund. El Policlínico, que Eitingon dirigiría conjuntamente con Abraham entre 1920 y 1925, y después con Ernst Simmel hasta 1933, fue el primero de ese tipo, y modelo de los futuros institutos de todo el mundo. Se trataba de asegurar la formación de los analistas -ése fue el papel reservado al instituto, el Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI)- y, a la vez, de hacer accesible el tratamiento psicoanalítico al mayor número de personas y a los más carecientes. Max Eitingon hizo de esta empresa su propia obra, asegurando durante cerca de trece años ayuda, admisión y orientación para pacientes de todos los orígenes. Al mismo tiempo supervisó la formación de los analistas y, por lo tanto, de la mayor parte de los grandes nombres de la segunda generación. Él mismo no ignoraba la importancia política de esa posición, como lo atestigua su famosa declaración de 1922: "Soy yo quien tiene el control en las manos".
Su poder en el seno del movimiento psicoanalítico no cesó de desarrollarse. Dirigió cada vez más los congresos, se tratara de su preparación o de su desarrollo, y de tal modo, en el Congreso de Bad-Homburg de 1925, con el acuerdo silencioso de Freud, hizo triunfar las posiciones berlinesas, contra las vienesas, en materia de formación y supervisión de los analistas, dando así un impulso decisivo a la burocratización del movimiento freudiano. Entre 1927 y 1932 fue presidente de la International Psychoanalytical Association (IPA). En 1925 presidió la International Training Commission, principal instrumento de poder de la IPA, encargado de la armonización de las reglas del análisis didáctico en el mundo. Eminencia gris o consejero especial de Freud, el maestro le encargaba resolver las crisis que sacudían a algún movimiento psicoanalítico (por ejemplo, en Suiza en 1928), o ayudar al nacimiento o desarrollo de otro. Con tal propósito, Freud le pidió que viajara a Francia en 1923 para encontrarse con René Laforgue y crear una sociedad freudiana en París.
Después de un primer viaje en 1910, nunca dejó de interesarse por la evolución de Palestina, entonces bajo mandato británico, y por las diversas experiencias realizadas allí en el ámbito de la educación y de la ayuda a los niños minusválidos. El 13 de junio de 1933, cuando pronunció en Budapest el elogio fúnebre a Sandor Ferenczi, ya tenía decidido su futuro. Con la llegada de los nazis al poder, ese gran germanófilo se vio obligado a renunciar a su preferencia cultural. Tomó entonces el camino del exilio. Sin duda había previsto que ése sería su destino, puesto que abrió muy pronto una oficina de emigración para analistas.
Freud, a quien fue a ver en enero de 1933 a Viena, lo alentó sin embargo a quedarse en Berlín todo el tiempo posible. Pero tres meses más tarde, mientras estaba en Menton con su mujer, él se enteró del decreto del Reich que prohibía a todo extranjero ocupar cargos en una sociedad médica. Felix Boehm, a quien había otorgado plenos poderes en caso de que la Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG) tuviera que darse un presidente "ario", se apresuró a preguntar a las autoridades si el psicoanálisis estaba incluido en el decreto. La respuesta no se hizo esperar y, a su retorno a Berlín, Max Eitingon renunció a la dirección del Policlínico.
El 31 de diciembre de 1933 abandonó Alemania para siempre. Se dirigió a Palestina y se instaló en Jerusalén en abril de 1934. Gracias a Freud, que se había entrevistado previamente con el presidente de la Universidad Hebrea de la ciudad, iba a beneficiarse con un puesto de psicólogo recientemente creado. Pero, para gran decepción suya (y de Freud), ese cargo fue finalmente asignado a un psicólogo de una orientación totalmente distinta: Kurt Lewin (1890-1947), quien a partir de 1945 se convertiría en el teórico y artífice del desarrollo de la psicología social en los Estados Unidos.
Con Moshe Wulff, Eitingon fundó la primera sociedad psicoanalítica de Palestina, que se convirtió en la Hachevra Hapsychoanalytit Be-Israel (HHBI), pronto reconocida por la IPA. Eitingon fundó después el Instituto de Psicoanálisis de Jerusalén, donde hasta el día de hoy, en la biblioteca, se encuentran algunos de los objetos que formaban parte de su ambiente de trabajo cuando dirigía el Policlínico de Berlín.
En julio de 1938 asistió en París al XV Congreso de la IPA, y después viajó a Londres para hacer una última visita a Freud. El 20 de abril de 1939 recibió la última carta enviada por el maestro, cuya muerte, algunos meses más tarde, lo afectó profundamente.
Max Eitingon está enterrado en el cementerio del Monte de los Olivos.
En 1988 apareció en la New York Times Book Review un artículo que retomaba alegaciones expuestas por Jones J. Dziak, ex empleado de la CIA, en su libro History of the KGB, aparecido en los Estados Unidos en 1987. Allí se acusaba a Eitingon de haber sido agente secreto soviético al servicio de la NKVD y después de la KGB, y de haber estado implicado en el secuestro del general Miller en París, organizado por un tal Nicolas Skobline, esposo de la cantante Nadezhda Plevitskaia, que Eitingon había conocido en el pasado. También se le reprochaba haber participado en el asesinato de un espía ruso disidente. Todas esas acusaciones se basaban en los dichos de Sandor Rado, según quien Max Eitingon era hermano de Leonid Eitingon, un espía soviético que había residido en los Estados Unidos, y después en México, donde lo había reclutado Ramón Mercader, el asesino de León Trotski (1879-1940).
Theodor Praper, en un artículo de la New York Review aparecido un tiempo después, aclaró este asunto, estableciendo que Max Eitingon no era hermano de Leonid Eitingon, y que nunca estuvo mezclado en ningún asunto de espionaje. Sólo testimonios malintencionados y una increíble confusión de identidades, basada en algunas coincidencias (por ejemplo, el sostén financiero que Max Eitingon aportó durante toda su vida al movimiento psicoanalítico y, más ocasionalmente, a la cantante Plevitskaia, gracias a su fortuna personal, por cierto muy real), habían podido dar verosimilitud a esa leyenda que algunos autores (en especial Alexandre Etking en su Histoire de la psychanalyse en Russie), con cierta ligereza, continúan difundiendo.
Elaboración
s. f. (fr. perlaboration; ingl. working-through; al. Durcharbeitung). (Adoptamos este término en castellano, un poco por tradición, y otro poco para no complicar con neologismos, como «per -elaboración» o «translaboración», la traducción de la «Durcharbeitung», que se distingue del trabajo del sueño, por un lado, y de la elaboración secundaria del sueño, por el otro, creyendo suficientemente indicado en el prefijo «e» la extensión en el tiempo del trabajo que debe hacer el analizante pos-interpretación y aun posconstrucción.] Trabajo, a menudo largo y silencioso, por el cual la interpretación hace su camino a pesar de la resistencia.
El hecho de resistir es un medio necesario del sujeto en análisis para asegurarse su sitio. De tal suerte, si la elaboración aparece como un momento penoso del análisis, no por ello deja de ser necesaria y de estar dotada de una fecundidad propia.
Elaboración psíquica
Al.: psychische Verarbeitung (o Bearbeitung, o Ausarbeitung, o Aufarbeitung).
Fr.: élaboration psychique.
Ing.: psychical working over, o out.
It.: elaborazione psichica.
Por.: elaboração psíquica.
A) Término utilizado por Freud para designar, en diversos contextos, el trabajo realizado por el aparato psíquico con vistas a controlar las excitaciones que le llegan y cuya acumulación ofrece el peligro de resultar patógena. Este trabajo consiste en integrar las excitaciones en el psiquismo y establecer entre ellas conexiones asociativas.
B) La palabra elaboración se utiliza a menudo por los traductores como equivalente del alemán Durcharbeiten o del Inglés working through. En esta acepción preferimos el término trabajo elaborativo.
La misma palabra Arbeit (trabajo) se encuentra en varias expresiones de Freud, como Traumarbeit (trabajo del sueño), Trauerarbeit (trabajo del duelo), Durcharbeiten (trabajo elaborativo), y en diferentes términos como Verarbeitung, Bearbeitung, Ausarbeitung, Aufarbeitung, traducidos por elaboración. Hay aquí una utilización original de la noción de trabajo, aplicado a operaciones intrapsíquicas. Este se comprende si se relaciona con la concepción freudiana de un aparato psíquico que transforma y transmite la energía que recibe, definiéndose la pulsión, desde este punto de vista, como «cantidad de trabajo exigido al psiquismo».
En sentido muy amplio, elaboración psíquica podría designar el conjunto de las operaciones de este aparato; pero el uso que hace Freud de esta expresión parece más específico: la elaboración psíquica consiste en una transformación de la cantidad de energía, que permite controlarla, derivándola o ligándola.
Freud y Breuer encontraron este término en Charcot, quien, refiriéndose al paciente histérico, hablaba de un período de elaboración psíquica entre el traumatismo y la aparición de los síntomas. Pero, al recoger este término en su teoría de la histeria, desde el punto de vista de la etiología y de la cura, Breuer y Freud lo hacen desde otra perspectiva. Normalmente el efecto traumático de un acontecimiento se liquida, bien por abreacción, bien por integración «en el gran complejo de las asociaciones», que ejerce así una acción correctora. En el histérico, diversas condiciones (véase: Histeria hipnoide; Histeria de defensa) impiden tal liquidación; no existe elaboración asociativa (Verarbeitung): el recuerdo del trauma persiste en estado de «grupo psíquico separado». La eficacia de la cura proviene del establecimiento de conexiones asociativas que permiten la liquidación progresiva del trauma (véase: Catarsis).
Igualmente se utiliza el término «elaboración» en la teoría de las neurosis actuales: la ausencia de elaboración psíquica de la tensión sexual somática conduce a la derivación directa de ésta en síntomas. El mecanismo se asemeja al de la histeria, pero el defecto de elaboración es más radical: «[...] la tensión sexual se transforma en angustia en todos aquellos casos en que, a pesar de producirse con intensidad, no experimenta la elaboración psíquica que la transformaría en afecto».
En Introducción al narcisismo (Zur Einführung des Narzissmus, 1914) Freud prosigue y desarrolla la idea de que la ausencia o las insuficiencias de elaboración psíquicas son las que, provocando un estancamiento de la libido, se hallan, según diversas modalidades, en el origen de la neurosis y de la psicosis.
Relacionando los empleos que hace Freud del concepto de elaboración psíquica en la teoría de la histeria y en la de las neurosis actuales, podríamos distinguir dos aspectos: 1.°, la transformación de la cantidad física en cualidad psíquica; 2.°, el establecimiento de vías asociativas que supone como condición previa esta transformación.
Tal distinción es sugerida también en Introducción al narcisismo, donde Freud sitúa en la raíz de toda psiconeurosis una neurosis actual, admitiendo, por consiguiente, dos estadios sucesivos del estancamiento de la libido y de la elaboración psíquica.
Así, pues, la noción de elaboración permitiría articular el registro económico con el registro simbólico del freudismo. Para la discusión de este problema, remitimos al lector a nuestro comentario del artículo: Ligazón (Bindung).
Hagamos observar, finalmente, que se impone un paralelismo entre elaboración y trabajo elaborativo: existe una analogía entre el trabajo de la cura y el modo de funcionamiento espontáneo del aparato psíquico.
Elaboración secundaria
Al.: sekundäre Bearbeitung.
Fr.: élaboration secondaire.
Ing.: secondary revision (o elaboration).
It.: elaborazione secondaria.
Por.: elaboração, secundária.
Recomposición del sueño destinada a presentarlo en forma de un guión relativamente coherente y comprensible.
Substraer al sueño su apariencia de absurdidad e incoherencia, cubrir las lagunas, efectuar una recomposición parcial o total de sus elementos, mediante selección y añadiduras, intentar crear algo parecido a un sueño diurno (Tagtraum), en esto consiste esencialmente lo que Freud llamó elaboración secundaria o también «consideración de la representabilidad» (Rücksicht auf Verständlichkeit).
Constituye, como su nombre (Bearbeitung) indica, un segundo tiempo del trabajo (Arbeit) del sueño; actúa, por consiguiente, sobre los productos ya elaborados por los restantes mecanismos (condensación, desplazamiento, representabilidad). Con todo, Freud considera que esta elaboración secundaria no se ejerce sobre formaciones que recompondría con posterioridad; por el contrario «[...] ejerce desde el principio [...] una influencia inductora y selectiva sobre la materia de los pensamientos del sueño». Esto hace que el trabajo del sueño utilice de preferencia ensueños ya construidos (véase: Fantasía).
Siendo la elaboración secundaria un efecto de la censura (de la cual dice Freud a este respecto que no tiene sólo una función negativa, sino que puede producir añadiduras), actuará sobre todo cuando el sujeto durmiente se aproxima al estado de vigilia y a fortiori cuando narra su sueño. Pero, de hecho, coexiste en cada momento del sueño.
En Tótem y tabú (Totem und Tabu, 1912), Freud relaciona la elaboración secundaria con la formación de ciertos sistemas de pensamiento. «Es inherente al ser humano una función intelectual que exige, de todos los materiales que se presentan a nuestra percepción o a nuestro pensamiento, unificación, coherencia e inteligibilidad; y no teme establecer relaciones inexactas cuando, por ciertas circunstancias, es incapaz de captar las relaciones correctas. Conocemos algunos sistemas característicos, no solamente del sueño, sino también de las fobias, el pensamiento obsesivo y las diferentes formas del delirio. En las enfermedades delirantes (la paranoia), el sistema es lo más manifiesto, domina el cuadro morboso, pero no debe ser pasado por alto en las restantes formas de psiconeurosis. En todos estos casos, puede mostrarse que se ha efectuado una recomposición del material psíquico en función de un nuevo fin, recomposición que a menudo es básicamente forzada, pero que resulta comprensible si nos situamos en el punto de vista del sistema». En este sentido la elaboración secundaria puede relacionarse con la racionalización.
Elaboración secundaria
En un primer tiempo, el trabajo del sueño se basa en mecanismos tales como la condensación, el desplazamiento, la figurabilidad. Pero sobre ese material se ejerce de entrada otro trabajo, a fin de darle un carácter de inteligibilidad. En esto, el sueño narrado se emparienta con una historia relativamente bien construida, como puede serlo una fantasía o un ensueño diurno. Freud aísla esa operación como una función «intelectual», pero sin darle ese nombre. No obstante, esta terminología volverá a trabajarla en 1925, en oportunidad del texto sobre «La negación». Con la negación, Freud describe el modo como la función intelectual se separa del proceso afectivo; al producir un contenido de representación o de pensamiento denegado, el sujeto se vuelve poseedor de ese contenido en el plano intelectual, sin por ello aceptar la implicación afectiva. En el marco del sueño, esta función de inteligibilidad se denomina «elaboración secundaria». «Sirve para reducir la importancia de los acontecimientos que acaban de vivirse y hacer más soportable lo que va a seguir», escribe Freud (La interpretación de los sueños). Por ejemplo, decirse, en el interior de un sueno, que uno está soñando, permite soportar la angustia que en ese instante surge en el sueño y que llevaría a despertar. En esa medida, la elaboración secundaria del sueño, por la semejanza que da a éste con los pensamientos diurnos, es un efecto de la censura. Establece en el sueño un «encadenamiento aparente» por el cual no hay que dejarse tomar. Freud insiste en que hay que rastrear separadamente hasta su origen cada elemento del sueño. El contenido del sueño no proviene por completo de sus pensamientos, sino de «una función psíquica inseparable de nuestro pensamiento de vigilia que le procura una parte de sus elementos». Esta función de censura es un hecho corriente; expresiones del tipo «como si» permiten el ensamblaje de las dos partes del sueño. Freud dice que a menudo esos agregados «se traicionan por la ausencia de material correspondiente en los pensamientos del sueño. Es posible relacionarlos con el material de los pensamientos latentes». Según Lacan, la intelectualización -o mejor, la «racionalización»- que es el mecanismo clave de la neurosis obsesiva, corresponde a la elección de la ignorancia. Es decir que todas las estructuras que operan en el psiquismo eligen siempre sistemas de pensamiento junto a los pensamientos mismos.
Elección de la neurosis
Al.: Neurosenwahl.
Fr.: choix de la névrose.
Ing.: choice of neurosis.
It.: scelta della nevrosi.
Por.: escolha da neurose.
Conjunto de procesos mediante los cuales un sujeto se ve Inducido a la formación de un determinado tipo de psiconeurosis en lugar de otro tipo.
El problema planteado por la expresión «elección de la neurosis» se halla en el propio fundamento de una psicopatología analítica: ¿cómo y por qué procesos generales que explican la formación de la neurosis (por ejemplo, el conflicto defensivo) se especifican en organizaciones neuróticas lo bastante diferenciadas para que pueda establecerse una nosografía?
Este problema preocupó a Freud a todo lo largo de su obra, y es inseparable del esclarecimiento profundo de la estructura neurótica. La respuesta de Freud a esta cuestión ha variado; escaparía a los límites de la presente obra el intentar exponer aquí la historia de esta evolución, que implica la de los conceptos de trauma, fijación, predisposición, desigualdad de evolución entre la libido y el yo, etc.
Limitándonos al aspecto terminológico del problema, cabe preguntarse por qué Freud utilizó y conservó el término «elección». Evidentemente esta palabra no hace referencia a una concepción intelectualista, que supondría que, entre diferentes posibilidades igualmente presentes, se elige una de ellas; por lo demás, lo mismo puede decirse de la elección de objeto (Objektwahl). Con todo, no es indiferente el hecho de que, en una concepción que reivindica un determinismo absoluto, aparezca este término que sugiere que es necesario un acto del sujeto para que los diferentes factores históricos y constitucionales evidenciados por el psicoanálisis adquieran su sentido y su valor motivante.
Elección de objeto
en apoyo / por apuntalamiento
(fr. choix d'objet par étayage; ingl. anaclitic type of object choice; al. Anlehn-ungstypus der Objektwahl). Tipo de elección de objeto que se hace según el modelo de las figuras parentales en tanto estas aseguraban al niño la posibilidad de satisfacer sus necesidades vitales.
Desde 1905, en sus Tres ensayos de teoría sexual, Freud establece que las pulsiones sexuales se apoyan sobre las pulsiones de autoconservación (véase apoyo). De este modo, el primer objeto sobre el cual se volcaría la libido no sería otro que el seno materno, el seno nutricio. Luego, el niño aprendería a amar a otras personas según el modelo de la madre nutricia: aquellos que le aportan comida, cuidado y protección, los que lo ayudan en su estado de carencia y lo auxilian para satisfacer sus necesidades. En Introducción del narcisismo (1914), Freud opone la elección de objeto en apoyo a la elección de objeto narcisista. «Se ama (...) de acuerdo con el tipo de elección de objeto en apoyo: a) a la mujer que alimenta; b) al hombre que protege; y a la línea de personas sustitutivas que de allí provienen».
Con todo, cabe preguntarse si, antes que en un apoyo de la pulsión sexual sobre la pulsión de autoconservación, no habría que poner el acento en el modo en que aquella se desprende de esta. Lacan, en particular, ha subrayado el hecho de que el objeto de la pulsión sexual se define de entrada como perdido, fuera de alcance: «ningún alimento satisfará jamás la pulsión oral, a no ser contorneando al objeto eternamente faltante» (Seminario XI, «Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis»).
Elección de objeto narcisista
(fr. choix d'objet narcissique; ingl. narcissistic object-choice; al. narzisstische Objektwahl). Tipo de elección de objeto que se hace según el modelo de la relación del sujeto consigo mismo.
La idea de que un sujeto pueda elegir un objeto de amor y de deseo según el modelo de su propia persona responde ante todo en Freud a la necesidad de aclarar la cuestión de la homosexualidad. Sin embargo, aun en ese caso, el esquema explicativo no es tan simple como podría parecerlo, puesto que el sujeto, que elige su objeto según el modelo del niño o del adolescente que ha sido, se identifica con la madre que lo cuidaba.
De un modo más general, Freud opone (Introducción del narcisismo, 1914) la elección de objeto narcisista a la elección de objeto en apoyo, o por apuntalamiento. «Se ama (...) de acuerdo con
el tipo narcisista:
a) a lo que se es (a sí mismo);
b) a lo que se ha sido;
e) a lo que se quisiera ser;
d) a la persona que ha sido una parte de la propia persona».
Freud estima que la elección de objeto de la mujer es narcisista con mayor frecuencia que la del hombre. Piensa en «esas mujeres que estrictamente hablando sólo se aman a sí mismas, casi tan intensamente como las ama el hombre». Más allá de esta distinción, que ha podido ser criticada, se puede estimar, a partir del aporte lacaniano, que la dimensión imaginaria constitutiva del amor hace que haya un componente narcisista en toda vinculación erótica.
Elección de objeto u objetal
Al.: Objektwahl.
Fr.: choix d'objet (o choix objectal).
Ing.: object-choice.
It.: scelta d'oggetto.
Por.: escolha de objeto u objetal.
Acto de elegir a una persona o un tipo de persona como objeto de amor.
Se distingue una elección de objeto infantil y una elección de objeto puberal; la primera marca el camino para la segunda.
Según Freud, la elección de objeto se efectúa según dos modalidades principales: el tipo de elección de objeto por apoyo y el tipo de elección de objeto narcisista.
Freud introdujo la expresión «elección» de objeto en los Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905); ha seguido siendo de uso corriente en psicoanálisis.
Objeto (véase esta palabra) debe tomarse aquí en el sentido de objeto de amor.
En cuanto a la palabra «elección», no debe tomarse en un sentido intelectualista (elección entre diversas posibilidades igualmente presentes), como tampoco en la expresión «elección de la neurosis». Evoca lo que puede existir de irreversible y determinante en la elección por el sujeto, en un momento decisivo de su historia, de su tipo de objeto amoroso. En los Tres ensayosFreud habla también de Objektfindung (descubrimiento o hallazgo del objeto).
Observemos que la expresión «elección de objeto» se emplea para designar, ora la elección de una persona determinada (ejemplo: «su elección de objeto recae sobre su padre»), ora la elección de cierto tipo de objeto (ejemplo: «elección de objeto homosexual»).
Es sabido que la evolución de las concepciones de Freud acerca de las relaciones entre la sexualidad infantil y la sexualidad postpuberal le condujo a aproximarlas cada vez más, hasta admitir la existencia de una «plena elección de objeto» desde la infancia..
En Introducción al narcisismo (Zur Einführung des Narzissmus, 1914), Freud refirió la diversidad de elecciones de objeto a dos grandes tipos: por apoyo y narcisista (véanse estos términos).
Elección objetal por apoyo o anaclítica
Al.: Anlehnungstypus der Objektwahl.
Fr.: choix d'objet par étayage.
Ing.: anaclitic type of object-choice.
It.: tipo anaclitico (o per appoggio) di scelta d'oggetto.
Por.: escolha anaclitica de objeto.
Tipo de elección de objeto en el que el objeto de amor se elige sobre el modelo de las figuras parentales, en tanto que éstas aseguran al niño alimento, cuidados y protección. Tiene su fundamento en el hecho de que originariamente las pulsiones sexuales se apoyan en las pulsiones de autoconservación.
Con respecto a la traducción de Anlehnungstypus der Objektwahl por elección objetal por apoyo o anaclítica, remitimos al lector al artículo «Anaclítico», donde hallará algunas consideraciones terminológicas.
En Introducción al narcisismo (Zur Einführung des Narzissmus, 1914), Freud habla de un «tipo de elección objetal por apoyo», oponiéndolo al tipo de elección objetal narcisista.
En este texto Freud aporta esencialmente la idea de la existencia de dos tipos fundamentales de elección de objeto amoroso, y la descripción de la elección objetal narcisista. Pero la descripción del otro tipo de elección objetal ya había sido efectuada en los Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905), en relación con la teoría general del apoyo que aquélla presupone. Freud mostraba cómo, originariamente, las primeras satisfacciones sexuales aparecían con ocasión del funcionamiento de los aparatos que sirven para la conservación de la vida, y cómo, de este apoyo original, resulta que las funciones de autoconservación señalan un primer objeto a la sexualidad: el pecho materno. Más tarde « [...] el niño aprende a amar a otras personas que le ayudan en su estado de desamparo y que satisfacen sus necesidades; y este amor se forma sobre el modelo y como prolongación de las relaciones con la madre nodriza durante el período de la lactancia». Es esto lo que orienta la elección de objeto postpuberal, la cual se produce siempre, según Freud, apoyándose más o menos estrechamente sobre las imágenes de figuras parentales. Como dirá Freud en Introducción al narcisismo, «se ama [...] según el tipo de elección objetal por apoyo: a) a la mujer que alimenta; b) al hombre que protege, y a las series de personas substitutivas que de ellos parten».
Como puede verse, el concepto de elección objetal por apoyo implica a la vez, a nivel de las Pulsiones, el apoyo de las pulsiones sexuales sobre las pulsiones de autoconservación y, a nivel de los objetos, una elección amorosa en la cual «[...]las personas encargadas de la alimentación, los cuidados, la protección del niño» proporcionan el prototipo del objeto que satisface sexualmente.
Elección objetal narcisista
Al.: narzisstische Objektwahl.
Fr.: choix d'objet narcissique.
Ing.: narcissistic object-choice.
It.: scelta d'oggetto narcisistica.
Por.: escolha narcisica de objeto.
Tipo de elección de objeto que se efectúa sobre el modelo de la relación del sujeto con su propia persona, y en la cual el objeto representa a la propia persona en alguno de sus aspectos.
El descubrimiento de que ciertos sujetos, especialmente los homosexuales, « [...] eligen su objeto amoroso [...] sobre el modelo de su propia persona» representa para Freud «el principal motivo que nos obliga a admitir la existencia del narcisismo». La elección objetal narcisista se opone a la elección de objeto por apoyo en que la primera no constituye la reproducción de una relación de objeto preexistente, sino la formación de una relación de objeto sobre el modelo de la relación del sujeto consigo mismo. En sus primeras elaboraciones del concepto de narcisismo, Freud considera la elección narcisista homosexual como una etapa conducente al sujeto desde el narcisismo a la heterosexualidad: el niño elegiría primeramente un objeto cuyos órganos genitales fueran similares a los suyos.
Pero ya en el caso de la homosexualidad, el concepto de elección narcisista no es simple: el objeto se elige sobre el modelo del niño pequeño o del adolescente que el sujeto ha sido, y el sujeto se identifica con la madre que en otro tiempo le cuidaba.
En Introducción al narcisismo (Zur Einführung des Narzissmus, 1914), Freud amplía el concepto de elección narcisista y da de ella el siguiente cuadro:
«Se ama:
»[...] según el tipo narcisista:
»a) lo que uno es (sí mismo);
»b) lo que uno ha sido;
»c) lo que uno quisiera ser;
»d) a la persona que ha sido una parte de la propia persona».
Estos apartados comprenden fenómenos muy diferentes. En los tres primeros casos, se trata de la elección de un objeto parecido a la propia persona del sujeto, pero conviene subrayar, por una parte, que lo que sirve de modelo para la elección es una imagen o un ideal, y, por otra parte, que la semejanza entre el objeto elegido y el modelo puede ser meramente parcial, reducida a algunos signos privilegiados. En el apartado d), Freud alude al amor narcisista que la madre siente por su hijo, el cual en otro tiempo ha sido parte de su propia persona. Aquí el caso es muy distinto, por cuanto el objeto elegido no es semejante a la propia unidad del sujeto, sino que le permite a éste recobrar, restablecer su unidad perdida.
En Introducción al narcisismo Freud opone la elección de objeto que efectúa el hombre, la cual tendría lugar casi siempre por apoyo, a la elección de objeto de la mujer, que sería más frecuentemente narcisista. Pero indica que esta oposición es meramente esquemática y que «para todo ser humano están abiertos los dos caminos conducentes a la elección de objeto».
Así, pues, los dos tipos de elección serían puramente ideales y susceptibles de alternar entre sí o de asociarse en cada caso individual.
Sin embargo, es dudoso que se puedan oponer, incluso como tipos ideales, una elección narcisista y una elección por apoyo. Precisamente en «el pleno amor objetal del tipo anaclítico» Freud encuentra «la sorprendente sobrestimación sexual que tiene su origen en el narcisismo originario del niño, y responde por consiguiente a una transferencia de este narcisismo sobre el objeto sexual». Y a la inversa, Freud describe el caso de esas «mujeres narcisistas» que «[...] en rigor, sólo se aman a sí mismas, y casi tan intensamente como las ama el hombre. Su necesidad no las impulsa a amar, sino a ser amadas, y las complace el hombre que cumple esta condición». Cabe preguntarse si en este caso, descrito como narcisista, el sujeto no tiende a reproducir la relación del niño con la madre nodriza, lo que para Freud caracteriza la elección por apoyo.
Ellenberger Henri F.
(1905-1993) Psiquiatra y psicoanalista canadiense
Nacido en Nalolo, Rodesia, Henri Frédéric Ellenberger debe ser considerado el fundador de la historiografía experta del freudismo, el psicoanálisis y la psiquiatría dinámica. Fue también criminólogo y antropólogo. Proveniente de una familia de misioneros protestantes de origen suizo, realizó estudios de psiquiatría en Estrasburgo, donde asistió a los cursos de algunos de los que, cinco años más tarde, se encontrarían en torno a Lucien Febvre (1878-1956) y Marc Bloch (1886-1944) en la estela de la escuela de los Annales.
Al finalizar sus estudios de medicina, Henri F. Ellenberger se radicó en París. Allí se casó con una joven de origen ruso-báltico y religión ortodoxa. A principios de la década de 1930, en el Hospital Sainte-Anne se cruzó con la historia de esa psiquiatría dinámica cuya aventura narrará treinta años más tarde. Se hizo amigo de Henri Ey, y más tarde se instaló en Poitiers como psiquiatra, aprovechando la oportunidad para estudiar los mitos y las supersticiones de la región rural.
Nacido de padres franceses en una colonia inglesa, debería haber tenido la nacionalidad francesa. Pero, como el padre omitió declarar su nacimiento en el consulado de Francia, Ellenberger tenía pasaporte inglés. No obstante, su mujer apátrida, sus hijos y él mismo se naturalizaron franceses. En 1941, corriendo el riesgo de que esa naturalización le fuera retirada por el gobierno de Vichy, emigró a Suiza, donde trabajó en varias clínicas mientras aprendía la lengua alemana. Frecuentó mucho a Carl Gustav Jung, quien le transmitió la memoria oral de la primera saga del psicoanálisis y de su implantación en el ambiente psiquiátrico zuriqués, sobre todo en la clínica del Burghölzli. En 1950, Ellenberger realizó su análisis didáctico con Oskar Pfister, entonces de 77 años. En ese momento pensó en convertirse en miembro de la Sociedad Suiza de Psicoanálisis (SSP).
De modo que a mediados de siglo había adquirido un gran conocimiento de la historia de la psiquiatría y el psicoanálisis en Europa. Hablaba y escribía muy bien el francés, el alemán y el inglés, y se interesaba en la evolución de todas las formas de curación psíquica. No le faltaba más que iniciarse en la historia de la emigración freudiana de este a oeste. La orientación de sus trabajos ulteriores fue determinada por un viaje de estudio a los Estados Unidos, y después por el encuentro con Karl Menninger y la estada en su clínica de Topeka, Kansas.
En 1953 tendría que haberse instalado definitivamente en los Estados Unidos, después de haber recibido el título de profesor en la Menninger School of Psychiatry. Pero como su esposa había nacido en Rusia, ella no pudo, en ese período de la Guerra Fría, conseguir la visa para una estada prolongada. Entonces, en 1959, tomó la decisión de vivir en Montreal, donde obtuvo la cátedra de criminología en el Allen Memorial Institute de la Universidad McGill. El Quebec, región de lengua francesa, fue la última tierra que lo acogió. Allí murió en mayo de 1993, después de haber formado con su trabajo a toda una generación de historiadores del freudismo, la mayor parte de los cuales son norteamericanos.
Al cabo de un trabajo de veinte años con los archivos, escribió en inglés su obra fundamental, The Discovery of the Unconscious. The History and Evolution of Dynamic Psychiatry - y, que apareció en los Estados Unidos en 1970 y le valió el reconocimiento en la mayoría de los países del mundo, excepción hecha de Francia, donde la primera traducción, de 1974, sólo interesó en el ambiente psiquiátrico. Ellenberger realizaba una revolución que recordaba a la de los Annales. Oponiéndose sobre todo a la historia oficial según Ernest Jones y sus herederos, su método asociaba el tratamiento positivo de las fuentes, a la manera de Alphonse Aulard, con la investigación imaginativa, tal como la concebía Lucien Febvre.
Según él, había una dicotomía entre la historia de la teorización de la noción de inconsciente y la de su utilización terapéutica. La primera había comenzado con las intuiciones de los filósofos de la Antigüedad, y continuado con los grandes místicos. En el siglo XIX, la noción de inconsciente se había precisado con Arthur Schopenhauer (1788-1860), Friedrich Nietzsche (1844-1900) y los trabajos de los psicôlogos experimentales: Johann Friedrich Herbart, Hermann Helmholtz y Gustav Fechner. En cuanto a la segunda historia, se remontaba al arte del brujo y del chamán, pasando por la confesión cristiana. Se habían practicado dos métodos terapéuticos. Uno consistía en provocar en el enfermo la emergencia de fuerzas inconscientes, en forma de "crisis": posesiones o sueños. El segundo generaba el mismo proceso en el médico. De la cura centrada en el enfermo se desprendía la neurosis de transferencia en el sentido freudiano; de la cura centrada en el médico derivaba el análisis didáctico. En efecto, éste heredaba en primer lugar la "enfermedad iniciática” que le otorgaba al chamán su poder curativo, y en segundo término la "neurosis creadora", tal como la habían concebido, a fines del siglo XIX, los pioneros del descubrimiento del inconsciente: Pierre Janet, Sigmund Freud, Carl Gustav Jung y Alfred Adier.
Desde esta perspectiva, el primer gran intento de integrar la investigación del inconsciente con su utilización terapéutica comenzó con las experiencias de Franz Anton Mesmer, iniciador de la primera psiquiatría dinámica. Ésta había llegado a su fin con Jean Martin Charcot, y entonces, sobre las ruinas de un magnetismo convertido en hipnotismo, había nacido la segunda psiquiatría dinámica, dividida en cuatro grandes corrientes: el análisis psicológico de Pierre Janet, centrado en la exploración del subconsciente; el psicoanálisis de Freud, basado en la teoría del inconsciente; la psicología individual de Adler, y la psicología analítica de Jung. Ellenberger subrayó que la paradoja de esta segunda psiquiatría dinámica, cuya historia él detenía en 1940, consistía en que, al escindirse en escuelas opuestas, había roto el pacto fundador que la ligaba al ideal de un ciencia universal, nacida de la Ilustración, para volver al antiguo modelo de las sectas grecorromanas.
Ellis Henry Hayelock
(1859-1939). Médico y escritor inglés
Fundador de la sexología junto con Albert Moll y Richard von Krafft-Ebing, Havelock Ellis, hijo de un capitán de altamar, fue educado por la madre y sus cuatro hermanas.
Homosexual en rebelión contra los códigos morales de la Inglaterra victoriana, a la edad de 16 años decidió consagrar su vida al análisis de la sexualidad humana en todas sus formas. Con este designio realizó estudios de medicina: "Quería ahorrarle a la juventud de las generaciones futuras las preocupaciones y las perplejidades que esta ignorancia [del sexo] me había infligido". Entre 1884 y 1889 fue amigo íntimo de una novelista feminista, Olive Schreiner, que le había presentado la hija de Karl Marx (1818-1883). Después de que Olive se casara, él desposó a Edith Lees, una mujer de letras que cayó progresivamente en la locura.
Lanzado a la carrera literaria a los 30 años, Ellis se dedicó a la reedición de las mejores piezas de los contemporáneos de Shakespeare. En 1890 emprendió la redacción de su gran libro: Estudios de psicología sexual. Editado en Londres un año después del proceso a Oscar Wilde (1854-1900), el primer volumen estaba dedicado a la inversión sexual. Provocó un escándalo, y se desencadenó una acción judicial contra el librero que había vendido la obra. Más tarde, Ellis se vio obligado a hacer publicar los otros volúmenes en los Estados Unidos: "La envergadura de la documentación de Ellis en estos Studies -escribe Frank Sulloway- lo dejaba a uno literalmente estupefacto. Él estaba increíblemente al corriente de toda la literatura médica de su tiempo, y citaba a más de dos mil autores, pertenecientes a doce ámbitos lingüísticos diferentes. Cada volumen era una suma enciclopédica del saber contemporáneo sobre cada uno de los temas que en él se trataban."
Contemporáneo de Sigmund Freud, Ellis acogió con fervor las obras de este último, y los dos hombres intercambiaron correspondencia durante toda su vida, no vacilando en señalar cada vez sus desacuerdos, sus celos o su admiración recíproca. Freud tomó de Ellis la noción de autoerotismo, y le rindió homenaje en los Tres ensayos de teoría sexual.
Ello
s. m. (fr. ça [eso, ello]; ingl. id; al. Es). Instancia psíquica, en la segunda teoría del aparato psíquico enunciada por S. Freud, que es la más antigua, la más importante y la más inaccesible de las tres.
El ello está en una relación estrecha y conflictiva con las otras dos instancias, el yo y el superyó, que son sus modificaciones y diferenciaciones.
Para Freud, el ello es desconocido e inconciente. Reservorio primero de la energía psíquica, representa la arena en la que se enfrentan pulsiones de vida y de muerte. La necesidad imperiosa de la satisfacción pulsional rige el curso de sus procesos. Expresión psíquica de las pulsiones, sus contenidos inconcientes son de diferentes orígenes. Por una parte, se trata de tendencias hereditarias, de determinaciones innatas, de exigencias somáticas, y, por otra parte, de adquisiciones, de lo que proviene de la represión.
La conquista del ello, ese núcleo de nuestro ser, para Freud, ese lugar de ser, para J. Lacan, es facilitada por el psicoanálisis.
Freud y Gromeck. Es en 1923 cuando Freud, mientras trabaja su segunda teoría del aparato psíquico, propone en El yo y el ello el pronombre demostrativo (impersonal) Es, que toma de G. Groddeck. Acordándole a su manera de ver «el lugar que le corresponde en el terreno de la ciencia», e interesado por la idea que este defiende, según la cual estamos habitados por fuerzas desconocidas e indominables a las que llama Es, Freud le toma prestado ese término, aunque no sigue a Groddeck en cuanto a lo que define y representa. Groddeck mismo señala el préstamo y sus divergencias, particularmente en su libro La enfermedad, el arte y el símbolo, donde recuerda que Freud le reconoce la invención del término e insiste en la diferencia radical de los usos respectivos de ambos. Como lo dirá en la trigésima primera de las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1932), Freud se apropia del término pues le parece el más adecuado para expresar el carácter radicalmente distinto, extraño e impersonal de «la parte oscura, inaccesible de nuestra personalidad».
Ello e inconciente. En su primera teoría del aparato psíquico, Freud proponía para el inconciente fronteras que la segunda teoría del aparato psíquico lo lleva a reconsiderar. Las características atribuidas al inconciente en la primera teoría son retomadas globalmente por Freud para calificar al ello. Pero se corrobora que el inconciente ya no es considerado un sistema sino que se da como una propiedad del ello: «Lo inconciente es la única cualidad dominante en el interior del ello», escribe Freud en Esquema del psicoanálisis (1938). Esta cualidad, en esta segunda teoría, es también una propiedad de una parte del yo y una parte del superyó. Así, el ello no es el todo de lo inconciente, pero tiene la propiedad de ser totalmente inconciente, como el yo y el superyó no son totalmente, sino en su mayor parte, inconcientes. Pero, aunque inconcientes como el ello, el yo y el superyó, dice Freud en Nuevas conferencias, no tienen «las mismas características primitivas e irracionales».
Lo que proviene de la represión, lo reprimido, que en su primera teoría Freud asimila al inconciente, aunque se confunda con el ello, es sólo una parte del ello. Porque el ello también representa el lugar donde las exigencias de orden somático encuentran un primer modo de expresión psíquica, de la misma manera que las tendencias hereditarias, las determinaciones constitucionales, y el pasado orgánico y filogenético, lo que lleva a Freud a hablar de un «ello hereditario». Esta expresión retorna en parte lo que Freud entendía en la primera teoría por «núcleo del inconciente», donde alojaba los contenidos no adquiridos, filogenéticos.
El ello y el inconciente están en una relación muy estrecha y tienen lazos casi exclusivos el uno con el otro. Sus propiedades son similares y conocen los mismos procesos. Pero, si «en el origen todo era ello», como dice Freud en Esquema del psicoanálisis, hay empero una primera represión que marca un primer momento en el origen de las primeras formaciones inconcientes, inaugurales del inconciente. Sin represión, no hay inconciente tal como lo teoriza la primera tópica del aparato psíquico. Y sin el ello, inconciente, no hay un psiquismo que constituya su primer fondo originario.
El aparato psíquico y las pulsiones. Con el ello, «provincia psíquica», como dice Freud, sin organización, sin voluntad general, el sistema inconciente, organizado, «estructurado como un lenguaje», según Lacan, presenta entonces diferencias notables, aunque el lugar que ocupa en la primera teoría sea aproximadamente el mismo que el del ello en la segunda, y que, para uno y otro, procesos y contenidos se correspondan.
Además, con el ello, Freud reconoce toda una dimensión de lo pulsional que su teorización del inconciente en la primera teoría había dejado en la sombra.
La admisión de un conjunto de consideraciones clínicas, el choque incesante contra oscuros obstáculos que hacen fracasar el trabajo de la cura, obligan a Freud a lo que se presenta como una necesidad especulativa, y lo llevan especialmente a retomar la teoría del aparato psíquico y a refundir la teoría de las pulsiones. Con el ello, Freud delimita y reconoce, en el psiquismo, un papel hasta entonces descuidado: el de las pulsiones de destrucción y de muerte. En el ello, que él a menudo representa con su fondo abierto sobre lo orgánico, reinan salvajemente, oscuramente, sostiene, estas pulsiones que se enfrentan con las pulsiones de vida. Caos, marmita hirviente llena de excitaciones: estas son las comparaciones, las imágenes que acuden a Freud para intentar expresar ese ello habitado por potencias ciegas, indominables, y que representa «la arena» donde se traban en lucha las pulsiones. Es por lo tanto una referencia determinante e inevitable a lo pulsional y, más allá, a lo biológico, la que Freud formula con el término ello. ¿No llega por otra parte a afirmar, en el Esquema del psicoanálisis, que la energía, la potencia del ello traducen en el psiquismo «el verdadero fin de la vida orgánica»? Así, es un punto de vista «biologizante», un modelo vitalista, evolucionista, naturalista, a veces próximo a ciertas formulaciones de Groddeck, el que Freud sostiene con esta segunda teoría del aparato psíquico. Con ello, acentúa y reargumenta lo que ha descubierto en el curso de la experiencia de la cura y que no deja de ser reacio a toda captación plena: algo actúa, algo piensa en nosotros, extraño a nosotros mismos, neutro e impersonal, procediendo sin que lo sepamos.
Expresiones comunes tales como «eso [ello] me agarró de golpe», «eso me hizo sufrir» o el famoso «eso habla» de Lacan confluyen con esta perspectiva de Freud. Al reflexionar sobre lo que allí se enuncia como ello, Lacan llega a formular, en su seminario sobre la Lógica del fantasma, que «ello es lo que. en el discurso en tanto estructura lógica» (aquí estructura gramatical), «es todo lo que no es yo [«je», yo de la enunciación distinto del «moi», yo del enunciado], es decir, todo el resto de la estructura».
Un trabajo de civilización. Lo poco que sabemos del ello «lo hemos aprendido por el estudio del trabajo del sueño y de la formación del síntoma neurótico, y la mayor parte de lo que conocemos es de carácter negativo, sólo puede describirse por oposición al yo», escribe Freud en Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1933). El yo, que incita a la represión, es un trozo del ello «modificado convenientemente por la proximidad del mundo exterior», agrega todavía Freud. No hace más que tomar su energía del ello, reservorio primero de energía pulsional. En su parte inconciente, se mezcla con el ello, al igual que lo reprimido. Tampoco el superyó está por completo separado del ello. En gran parte inconciente, «Se hunde en el ello», con el que tiene relaciones estrechas y complejas.
En el origen, por consiguiente, «todo era ello», y yo y superyó se constituyeron por diferenciación progresiva.
De hecho es por un verdadero artificio como Freud separa estas tres instancias en tres «provincias». Más bien, como dice en Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, se las podría «representar con zonas de color que se esfuman, como en las pinturas modernas». Para retomar esta imagen de Freud, la zona de color del ello es, para él, de lejos, la más importante. El psicoanálisis puede facilitar y permitir la conquista progresiva de ese campo que, para Freud, constituye «el núcleo de nuestro ser». Este es, para Freud, un trabajo de civilización y de construcción comparable al de los pólders, a la desecación de tierras que salen a la luz en lugar del mar, justo donde este estaba antes. «Wo Es war, soll Ich werden», escribe Freud, lo que la última versión francesa de las Nuevas conferencias se traduce como «Là où était du ça doit advenir du moi [allí donde estaba algo del ello debe advenir algo del yo». Lacan sostiene que se trata ahí no del «moi», «constituido en su núcleo por una serie de identificaciones alienantes», sino del «je», del «Sujeto verdadero del inconciente». que debe emerger a la luz en ese lugar de ser que es ello.
Ello
Al.: Es.
Fr.: ça (subst.).
Ing.: Id.
It.: es.
Por.: id.
Una de las tres instancias distinguidas por Freud en su segunda teoría del aparato psíquico. El ello constituye el polo pulsional de la personalidad; sus contenidos, expresión psíquica de las pulsiones, son inconscientes, en parte hereditarios e Innatos, en parte reprimidos y adquiridos.
Desde el punto de vista económico, el ello es para Freud el reservorio primario de la energía psíquica; desde el punto de vista dinámico, entra en conflicto con el yo y el superyó que, desde el punto de vista genético, constituyen diferenciaciones de aquél.
El término das Es fue introducido en El yo y el ello (Das Ich und das Es, 1923). Freud lo tomó de Georg Groddeck y cita el precedente de Nietzsche, que designaba con este término «[...] lo que existe de impersonal y, por as! decirlo, de necesario por naturaleza en nuestro ser»
Freud conserva la expresión das Es por cuanto ilustra la idea, desarrollada por Groddeck, de que «[...] lo que llamamos nuestro yo se comporta en la vida de un modo completamente pasivo y que [...]somos "vividos" por fuerzas desconocidas e ingobernables»; esta expresión concuerda también con el lenguaje espontáneo de los pacientes en frases como «ello ha sido superior a mí, ello me ha venido de golpe, etcétera».
El término «ello» es introducido con la reestructuración a que somete Freud su tópica durante los años 1920-1923. El lugar que ocupa el ello en la segunda tópica puede considerarse aproximadamente equivalente al del sistema inconsciente (Ics) en la primera tópica; esto, sin embargo, con algunas diferencias que pueden precisarse del siguiente modo:
1.ªDejando aparte ciertos contenidos o esquemas adquiridos filogenéticamente, el inconsciente de la primera tópica coincide con lo reprimido.
En El yo y el ello (capítulo I), por el contrario, Freud pone de relieve el hecho de que la instancia represora (el yo) y sus operaciones defensivas son igualmente en su mayor parte inconscientes. De ahí resulta que, en lo sucesivo, el ello incluirá los mismos contenidos que anteriormente el Ics, pero ya no el conjunto del psiquismo inconsciente.
2.ª La reestructuración de la teoría de las pulsiones y la evolución del concepto de yo implican otra diferencia. El conflicto neurótico se había definido, en un principio, por la oposición entre pulsiones sexuales y pulsiones del yo, correspondiendo a éstas un papel primordial en la motivación de la defensa (véase: Conflicto). A partir de los años 1920-1923, el grupo de pulsiones del yo pierde su autonomía y queda absorbido en la gran oposición pulsional de vida-pulsiones de muerte. El yo ya no se caracteriza por un tipo de energía pulsional específica, sino que en lo sucesivo la nueva instancia del ello incluirá, desde un principio, ambos tipos de pulsiones.
En resumen, la instancia contra la cual se ejerce la defensa ya no se define como el polo inconsciente, sino como el polo pulsional de la personalidad.
En este sentido el ello se concibe como «el gran reservorio» de la libido y, de un modo más general, de la energía pulsional. La energía que utiliza el yo la toma de aquel fondo común, especialmente en forma de energía «desexualizada y sublimada».
3.ª Los límites de la nueva instancia, en relación con las otras instancias y con el ámbito de lo biológico, se definen de distinto modo y, en general, de forma menos clara que en la primera tópica:
a) En relación con el yo, el límite es menos tajante de lo que anteriormente lo era la frontera de la censura entre Ics y Pcs-Cs: «El yo no está netamente separado del ello; en su parte inferior, se mezcla con él. Pero lo reprimido se mezcla también con el ello, del cual es sólo una parte. Lo reprimido sólo se separa de un modo tajante del yo por las resistencias de la represión, y puede comunicar con él a través del ello».
Esta confluencia del ello con la instancia represora afecta ante todo a la definición genética que se da de ésta, siendo el yo « [...] la parte del ello que ha sido modificada bajo la influencia directa del mundo exterior, por mediación del sistema percepción-conciencia».
b) Tampoco el superyó es una instancia claramente autónoma; en gran parte inconsciente, «se sumerge en el ello».
c) Finalmente, la distinción entre el ello y un substrato biológico de la pulsión es menos neta que la existente entre el inconsciente y la fuente de la pulsión: el ello está «abierto en su extremo del lado somático». La idea de una «inscripción» de la pulsión, que venía confirmada por el concepto «representante», si bien no es francamente rechazada, por lo menos no es reafirmada.
4.ª ¿Tiene el ello un modo de organización, una estructura interna específica? El propio Freud afirmó que el ello era «un caos»: «Está lleno de una energía proveniente de las pulsiones, pero carece de organización, no ofrece ninguna voluntad general ... ». Los caracteres del ello sólo se definirían en forma negativa, por oposición al modo de organización del yo.
Conviene subrayar que Freud, al referirse al ello, repite la mayoría de las propiedades que, en la primera tópica, caracterizaban el sistema Ics y que representan un modo positivo y original de organización: funcionamiento según el proceso primario, organización compleja, estratificación genética de las pulsiones, etc. Asimismo, el dualismo, nuevamente introducido, de las pulsiones de vida y pulsiones de muerte, implica que éstos se hallan organizados en forma de una oposición dialéctica. Así, pues, la falta de organización del ello es meramente relativa, y encuentra su sentido en la ausencia de las relaciones propias de la organización del yo. Se caracteriza ante todo por el hecho de que las «mociones (pulsionales) contradictorias coexisten, sin suprimirse ni excluirse mutuamente». Lo que mejor caracteriza la organización del ello, como ha subrayado D. Lagache, es la ausencia de un sujeto coherente, lo que connota el pronombre neutro «ello» elegido por Freud para designarlo.
5.ª Finalmente, como mejor se comprende el paso del inconsciente de la primera tópica al ello de la segunda tópica es en virtud de la diferencia de perspectivas genéticas en las cuales se inscriben.
El inconsciente tenía su origen en la represión que, bajo su doble aspecto histórico y mítico, introducía en el psiquismo la escisión radical entre los sistemas Ics y Pcs-Cs.
Con la segunda tópica, este factor de la separación entre las instancias pierde su carácter fundamental. La génesis de las diferentes instancias se concibe más bien como una diferenciación progresiva, una emergencia de los distintos sistemas. De ahí que Freud insista tanto en la continuidad, dentro de la génesis que conduce de la necesidad biológica al ello y de éste al yo, así como al superyó. En este sentido la nueva concepción freudiana del aparato psíquico se presta, más fácilmente que la primera, a una interpretación «biologizante» o «naturalizante».
Ello
Un pasaje célebre del trabajo de Freud titulado El yo y el ello (1923) da testimonio de que la noción de «ello» fue tomada de la obra de Groddeck, más exactamente del libro publicado ese mismo año por la Int. Psycha. Verlag con el título de Das Buch vont Es (El libro del ello). En una nota, Freud recuerda además la procedencia de este empleo del pronombre impersonal: «El propio Groddeck se inspiró en tal sentido, según nos lo ha dicho, en el ejemplo de Nietzsche, que emplea esta expresión gramatical para designar lo que hay de impersonal, de sometido a las necesidades naturales, en nuestro ser».
El uso que hace Freud del término en la presentación de su segunda tópica (ello, yo, superyó) se aclarará no obstante con algunas precisiones concernientes a su origen, al contexto de este préstamo y al interés que le atribuye Groddeck: «Más allá de Nietzsche, es en efecto de Kant de quien deriva la reconstrucción de la función del ello, en oposición al yo consciente. En el capítulo primero del Libro Segundo de la Dialéctica Trascendental leemos que existen cuatro paralogismos de la psicología trascendental, que se toma de modo erróneo por una ciencia de la razón pura concerniente a la naturaleza de nuestro ser pensante. No podemos darle otro fundamento que esa simple representación, vacía en sí misma de todo contenido, yo (ich), que incluso no podría denominarse concepto, que no es más que una pura conciencia que acompaña a todos los conceptos. Por medio de ese yo, o ese él, o ese ello -la cosa- que piensa (durch dieses ich, oder Er, oder Es -das Ding- welches denkt), no se representa nada más que un sujeto trascendental de los pensamientos = x; este sujeto sólo puede ser conocido por los pensamientos, que son sus predicados, y fuera de ellos no tenemos de él el menor concepto».
Si nos remitimos a lo que expresa Freud sobre la adopción del término, surge que el ello sólo responde a la exigencia de una crítica del yo, basada en la consideración de su génesis.
«Después de haber dilucidado las relaciones existentes entre la percepción externa, la percepción interna y el sistema superficial "percepción-conciencia" -escribe Freud-, podemos tratar de dar una forma más acabada a nuestra representación del yo. Lo vemos formarse a partir del sistema P (percepción), que constituye como su núcleo, y comprende al principio el preconsciente, que se basa en las huellas mnémicas. No obstante, sabemos que el yo es además inconsciente. Creo que sería ventajoso seguir las sugerencias de un autor que, por motivos personales, querría persuadirnos, sin lograrlo, de que no tiene nada que ver con la ciencia rigurosa y elevada. Este autor es Groddeck, quien no deja de repetir que lo que llamamos nuestro yo se comporta en la vida de una manera esencialmente pasiva, y que nosotros, para servimos de su expresión, somos "vividos" por fuerzas ignotas, que escapan a nuestro dominio.»
Aun es preciso añadir que, a lo largo del Libro del ello, el ello se define por su oposición al yo, en tanto que éste representa la unidad de la conciencia. «Nosotros reservamos la denominación de ello -escribe el propio Freud- para todos los elementos psíquicos en los cuales el yo se prolonga comportándose de una manera inconsciente.» Podría parecer que estamos aquí encerrados en los límites de la primera tópica. En verdad, el interés de la adopción del término por Freud reside en la insistencia puesta en el problema del yo. La característica descriptiva del inconsciente le será subordinada, y de esto se sigue la fecundidad de la noción, en cuanto el ello ya no representará simplemente la raíz inconsciente del yo, sino su matriz no organizada.
Ello
Alemán: Es.
Francés: ça.
Inglés: Id.
Término introducido por Georg Groddeck en 1923, y conceptualizado por Sigmund Freud ese mismo año, a partir del pronombre alemán neutro de la tercera persona del singular (Es), para designar una de las tres instancias de la segunda tópica freudiana, junto con el yo y el superyó. El ello es concebido como un conjunto de contenidos de naturaleza pulsional y de tipo inconsciente. La traducción francesa fue introducida por Édouard Pichon y la inglesa por James Strachey.
La introducción por Freud del concepto del ello en la teoría psicoanalítica está intrínsecamente ligada con la gran reestructuración de los años 1920-1923. Se sabe que ésta se caracterizó por el reordenamiento de la teoría de las pulsiones, la elaboración de una nueva psicología del yo que toma en cuenta sus funciones inconscientes de defensa y represión, y por la definición de una nueva tópica, en la cual el ello ocupa el que había sido el lugar del inconsciente en la tópica anterior.
Freud introdujo por primera vez esta palabra en su ensayo El yo y el ello, insistiendo en lo bien fundado de la acepción definida por Groddeck: una vivencia pasiva del individuo confrontado con fuerzas desconocidas e imposibles de dominar.
La primera tópica era una descripción cómoda de los procesos psíquicos. Permitía distinguir entre el consciente y dos modalidades de inconsciente: el inconsciente propiamente dicho, cuyos contenidos sólo muy pocas veces o nunca se podían transformar en pensamientos conscientes, y el preconsciente, hecho de pensamientos latentes susceptibles de hacerse o volver a hacerse conscientes.
Progresivamente, a partir de 1915, como consecuencia de una lenta maduración basada en la experiencia clínica, Freud llegó a la conclusión de que grandes partes del yo y el superyó son inconscientes. En consecuencia, se hacía imposible afirmar la identidad entre el yo y el consciente, por una parte, y lo reprimido y lo inconsciente por la otra. De modo que había que revisar poi completo la concepción de las relaciones consciente/inconsciente expresada por la primera tópica. De allí la introducción del término "ello" para designar el inconsciente, considerado como un receptáculo pulsional desorganizado, semejante a un verdadero caos, lugar de "pasiones indómitas- que, sin la intervención del yo, seguiría siendo juguete de sus aspiraciones pulsionales y se dirigiría ineluctablemente a su propia pérdida.
Al mismo tiempo, el yo perdía su autonomía pulsional y el ello se convertía en la sede de la pulsión de vida y la pulsión de muerte. A diferencia del enfoque descriptivo de la primera tópica, la perspectiva dinámica de la segunda no postula ninguna separación radical entre las instancias que la componen: los límites del ello no tienen ya la precisión de los que trazaban la frontera entre el inconsciente y el sistema conscientepreconsciente; el yo no aparece ya estrictamente diferenciado del ello, en el cual el superyó hunde sus raíces.
En la trigésimo primera de las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, dedicada a la -disección de la personalidad psíquica", Freud inaugura una reflexión sobre los devenires respectivos del yo y el ello, y acerca de la misión que desde este punto de vista le incumbe al psicoanálisis. En ese marco enuncia su célebre frase -Wo Es war; soll Ich werden”-, que iba a dar lugar a diversas lecturas, a su vez articuladas con las modalidades de la interpretación de la segunda tópica. Una primera lectura, la de la Ego Psychology, privilegia el papel del yo, el cual se considera que debe dominar al ello al término de un análisis bien realizado. A la inversa, Jaeques Lacan da una traducción de la frase freudiana basada en su propia teoría del lenguaje. Él pone el acento en la emergencia de los deseos inconscientes a los cuales el análisis debe abrir un camino contra las defensas del yo, posición que recapituló en 1967 con la fórmula que se ha vuelto célebre: "(ça parle!” (-ello, o eso, habla-).
Embiricos Andreas
(1901-1975) Escritor y psicoanalista griego
Nacido en Braila, Rumania, Andreas Embiricos realizó estudios de filosofía y literatura en Atenas. Después de encontrarse en 1927 con André Breton (1896-1966), lo marcó fuertemente el surrealismo, y publicó una obra poética muy abundante, en la cual evocaba a Rimbaud, los futuristas y la escritura automática: "Embiricos -escribió Gilles Ortlieb- ha abierto el camino a un nuevo modo de expresión, desbordante de imaginación y sensualidad [ ... ]. A imagen de su vida, dividida entre Grecia y las capitales europeas, sus escritos dan testimonio de un cosmopolitismo casi aristocrático."
Analizado por René Laforgue durante una larga estada en París, entre 1925 y 1931, comenzó a practicar el psicoanálisis en Atenas, formando así, con Dimitri Kouretas, Georges Zavitzianos y Nicolas Dracoulidis (1900-1986) -estos dos analizados por Marie Bonaparte-, el primer grupo freudiano de Grecia. Reconocido de manera efímera por la International Psychoanalytical Association (IPA), el grupo se vio obligado a disolverse en 1950, en circunstancias difíciles y no dilucidadas. Embiricos prefirió entonces renunciar a la profesión de psicoanalista, para consagrarse a su obra poética y literaria.
En 1935 publicó una hermosa compilación (Haut Fourneau) de sesenta y tres prosas breves, centradas en la figura de Eros. En 1964 se editó Argo, relato erótico en el cual se pone en escena el voyeurismo de un padre que descubre los abrazos de su hija con el amante.
Tanto como la de Embiricos, la práctica de Dracoulidis, que era a la vez sexólogo y dermatólogo, no se consideró conforme a las normas de la IPA. En cuanto a, Zavitzianos, decidió emigrar a Canadá, donde desempeñó un papel importante. Sólo Kouretas logró mantenerse en Atenas, y en 1983 un nuevo grupo de estudio pudo ser reconocido por la IPA.
Emden Jan Van
(1868-1950) Psiquiatra y psicoanalista holandés
Analizado por Sigmund Freud y miembro en 1911 de la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV), Jan Van Ernden fue uno de los pioneros del psicoanálisis en Ho]anda, y cofundador en 1917 de la Nederlandse Vereniging voor Psychoanalyse (NVP) con Johan Van Ophuijsen, August Stárke, el psiquiatra Gerbrandus Jelgersma (18591942), el hipnotizador Albert Willem Van Renterghem (1845-1939) y el neurólogo A. Van der Chijs (1875-1926). En 1941 se instaló en Amsterdam, donde formó un pequeño grupo de trabajo, y más tarde se mudó a La Haya.
Emerson Louville Eugene
(1873-1939) Psicólogo norteamericano
Miembro de la American Psychoanalytic Association (APsaA), Louville Eugene Emerson fue uno de los primeros psicólogos norteamericanos que se interesaron en las tesis freudianas; en el marco del Massachusetts General Hospital, cerca de Boston, estudió el papel de las neurosis en las relaciones familiares.
Empuje
(de la pulsión)
Al.: Drang.
Fr.: poussée.
Ing.: pressure.
It.: spinta.
Por.: pressão.
Factor cuantitativo variable que afecta a cada pulsión y que, en último análisis, explica la acción desencadenada para obtener la satisfacción; incluso cuando la satisfacción es pasiva (ser visto, ser pegado), la pulsión, en la medida que ejerce un «empuje», es activa.
En el análisis de la noción de pulsión que se encuentra al principio del trabajo Las pulsiones y sus destinos (Triebe und Triebschicksale, 1915), Freud define, además de la fuente, el objeto y el fin, el empuje de la pulsión en los siguientes términos: «Por empuje de una pulsión entendemos su aspecto motor, la suma de fuerza o la cantidad de exigencia de trabajo que representa. Cada pulsión es un fragmento de actividad; cuando se habla en forma imprecisa de pulsiones pasivas, no quiere decirse más que pulsiones con fin pasivo» .
En este texto se subrayan dos características de la pulsión:
1.°, el factor cuantitativo, en el cual Freud siempre insistió y en el que ve un elemento determinante del conflicto patológico (véase: Económico);
2.°, el carácter activo de toda pulsión. Sobre este punto, Freud alude a Adler, que considera la actividad como el patrimonio de una pulsión especial, la pulsión agresiva: «Creo que Adler ha erróneamente hipostasiado en una sola pulsión particular un carácter general e indispensable de todas las pulsiones, precisamente lo que hay en ellas de «pulsional», de empuje (das Drängende), lo que podríamos describir como la capacidad de poner en marcha la motilidad».
La idea de que las pulsiones se definen esencialmente por el empuje que ejercen se encuentra ya en los comienzos del pensamiento teórico de Freud, influido por los conceptos de Helmholtz. El Proyecto de psicología científica (Entwurf einer Psychologie, 1895) comienza por una distinción fundamental entre las excitaciones exteriores, a las cuales el organismo puede escapar mediante la huida, y las excitaciones endógenas provenientes de los elementos somáticos: «El organismo no puede huir de ellas [...]. Debe aprender a soportar una cantidad almacenada». Es la necesidad de la vida (die Not des Lebens) la que empuja al organismo a la acción específica, que es la única capaz de resolver la tensión.
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