Freud Schiomo Sigismund
Llamado Sigmund (1856-1939)
Médico vienés, fundador del psicoanálisis
Sobre Sigmund Freud se han escritos centenares de obras en todo el mundo, y se le han dedicado algunas decenas de biografías, desde la de Fritz Wittels hasta la de Peter Gay, pasando por las de Lou Andreas-Salomé, Thomas Mann, Siegfried Bernfeld, Ernest Jones, Ola Andersson, Henri F. Ellenberger, Max Schur, Kurt Eissler, Didier Anzieu y Carl Schorske. En cuanto a su obra, traducida a una treintena de idiomas, la componen veinticuatro libros propiamente dichos (dos en colaboración: uno con Josef Breuer y el otro con William Bullitt), y ciento veintitrés artículos. A este conjunto hay que añadir prefacios, notas necrológicas, intervenciones diversas en congresos y contribuciones a enciclopedias. En este diccionario catalogamos los veinticuatro libros.
Kurt Eissler ha estimado en quince mil las cartas escritas por Freud, y aproximadamente en diez mil las depositadas en la Library of Congress: se han perdido aproximadamente cinco mil piezas. El historiador alemán Gerhard Fichtner propuso otras cifras. Según él, Freud habría escrito aproximadamente veinte mil cartas. Diez mil habrían sido destruidas o se habrían extraviado, cinco mil se conservaron, y cinco mil tendrían que encontrarse en el siglo XXI: diez mil en total. Observemos que el propio Freud destruyó, perdió o extravió una parte de las cartas recibidas de sus corresponsales, sobre todo las de Wilhelm Fliess.
Se han publicado tres mil doscientas cartas de Freud, entre ellas las dirigidas a Eduard Silberstein, Wilhelm Fliess, Lou Andreas-Salomé, Ernest Jones, Carl Gustav Jung, Sandor Ferenczi, Romain Rolland, Arnold Zweig, Stefan Zewig, Edoardo Weiss, Oskar Pfister (expurgadas), Karl Abraham (expurgadas).
Hay dos ediciones completas de la obra de Freud en alemán. Una en vida del autor, los Gesammelte Schrffiten, y la otra después de su muerte, las Gesammelte Werke (GW), publicadas primero en Londres, y después en Francfort. Las GW se han convertido en la edición de referencia en el mundo entero, complementadas con otros dos volúmenes: un índice, y un tomo de suplementos (Nachtragsband) realizado por Angela Richard e llse Grubricli-Sirnitis. A esto hay que añadir una edición llamada de estudio, la Studienalisgabe, iniciada por Alexander Mitscherlich, y compuesta por textos escogidos. A pesar de todos los esfuerzos de Mitscherlich e llse Grubrich-Simitis, en Alemania no ha podido ver la luz ninguna edición "crítica" de las GW (con notas, comentarios, presentaciones, etcétera).
La edición inglesa, realizada por James Strachey con el título de Standard Edition qf the Complete Psychological Works of Sigmund Freud (SE), es la única edición crítica de la obra de Freud. Por ello, más aún que las Gesaminelte Werke, se le atribuye autoridad en el mundo entero.
En razón de la oposición de los herederos (Ernst Freud y Anna Freud), ninguno de los textos de Freud anteriores a 1886 forma parte de las diversas ediciones de las obras completas. Ahora bien, en ese período llamado prepsicoanalítico, que se extiende desde 1877 hasta 1886, Freud publicó veintiún artículos sobre temas diversos: neurología, medicina, histología, cocaína, etcétera. Esos artículos fueron inventariados en 1973 por Roger Dufresne.
En 1967, Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis aislaron aproximadamente noventa conceptos estrictamente freudianos en el seno de un vocabulario psicoanalítico compuesto por cuatrocientos treinta términos. Esos conceptos fueron objeto de revisiones múltiples, realizadas por los grandes teóricos y clínicos del freudismo: Sandor Ferenczi, Melanie Klein, Jacques Lacan:, Donald Woods Winnicott, Heinz Kohut, y otros.
Observernos que Freud publicó cinco grandes historiales clínicos, que fueron comentados o revisados por sus sucesores: Ida Bauer (Dora), Herbert Graf (Juanito), Ernst Lanzer (el Hombre de las Ratas), Daniel Paul Schreber, Serguei Constantinovich Pankejeff (el Hombre de los Lobos). Según el cuadro de las filiaciones establecido por Ernst Falzeder en 1994, Freud formó en el análisis didáctico a más de sesenta profesionales, en su mayoría alemanes, austríacos, ingleses, húngaros, holandeses, norteamericanos, suizos, a los cuales habría que añadir los pacientes cuya identidad se ignora.
Fue sin duda Stefan Zweig quien, en 1942, trazó uno de los retratos más realistas de Freud: "No se podría imaginar un ser de espíritu más intrépido. Instante tras instante, Freud se atrevía a expresar lo que pensaba, aun cuando sabía que inquietaba y perturbaba con sus declaraciones claras e inexorables; nunca trató de hacer menos difícil su posición recurriendo a concesiones, así fueran mínimas o puramente formales. Estoy convencido de que Freud habría podido exponer las cuatro quintas partes de sus teorías sin encontrar ninguna resistencia de la universidad, si hubiera estado dispuesto a cubrirlas prudentemente, a decir «erótico» en lugar de «sexual», «Eros» en lugar de «libido», y no ir siempre al fondo de las cosas, sino limitarse a sugerirlas. Pero cuando se trataba de su enseñanza y de la verdad, no abandonaba la intransigencia; cuanto más firme era la resistencia, más se afirmaba él en su resolución. En los momentos en que busco un símbolo del coraje moral (el único heroísmo del mundo que no exige víctimas), veo siempre ante mí el hermoso rostro de Freud con su claridad masculina, sus ojos oscuros y la mirada directa y viriV'
Nacido en Freiberg, Moravia (o Pribor, en la República Checa), el (a de mayo de 1856, recibió como nombres de pila SchIomo (Salomón) Sigismund. Era el hijo de Amalia Freud y Jacob Freud, el mayor del tercer matrimonio del padre, comerciante en lana y textiles. Del primer matrimonio de Jacob con Sally Freud, Sigmund tenía dos hermanos: Emanuel Freud y Philipp Freud. Del matrimonio de Jacob y Amalia nacerían siete hijos más: Julius, Anna, Debora (Rosa), Marie (Mitzi), Adolfine (Dolfi), Pauline (Paula) y Alexander.
Circuncidado poco después de nacer, el joven Sigmund recibió una educación judía no tradicionalista y abierta a la filosofía de las Luces. La madre, que lo llamaba "mi Sigi de oro", lo adoraba, y también lo amaba el padre, que le transmitió los valores del judaísmo clásico. Él sentía un afecto particular por su nodriza checa y católica, Monika Zajic, llamada Nannie, que lo llevaba a visitar iglesias, le hablaba del "buen Dios" y le reveló un mundo distinto del mundo del judaísmo y la judeidad. Sin duda, ella desempeñó también un papel en su aprendizaje de la sexualidad.
En octubre de 1959 Jacob dejó Freiberg, donde sus negocios declinaban debido a la introducción del maquinismo y el desarrollo de la industrialización. Se instaló entonces en Leipzig, esperando encontrar en esa ciudad mejores condiciones para el comercio de textiles. Emanuel y Philipp, por su lado, emigraron a Manchester. Un año después, sin haber podido mejorar su mala situación económica, Jacob decidió establecerse en Leopoldstrasse, el barrio judío de Viena. Entre 1865 y 1873 el joven Sigmund asistió al Realgymnasium, y después al Obergymnasium, donde conoció a Eduard Silberstein, con el cual mantuvo su primera gran correspondencia intelectual, sobre todo a propósito de Franz Brentano. En esa época se enamoró de Gisela Fluss, hija de un comerciante amigo de su padre. Más tarde se hizo amigo de Heinrich Braun (1854-1927), quien suscitó en él un interés por la política (más tarde, Braun se orientó hacia el socialismo).
En el otoño de 1873 Freud comenzó sus estudios de medicina. Lo apasionó la ciencia positiva, y sobre todo la biología darwiniana (que le serviría de modelo en todos sus trabajos). En 1874 pensó en viajar a Berlín para asistir a los cursos de Hermann von Helmholtz. Un año después, impulsado por Carl Claus, su profesor de zoología, obtuvo una beca que le permitió estudiar en Trieste la vida de las anguilas macho de río. Publicado en 1877, ese texto demuestra que Freud trabajaba en la elaboración de una teoría del funcionamiento específico de las células nerviosas (las futuras neuronas), teoría cuyas huellas se encontrarán en el "Proyecto de psicología” de 1895.
Después de esa experiencia, Freud pasó del instituto de zoología al de fisiología, para convertirse en alumno de Ernst Wilhelm von Brücke, eminente representante de la escuela antivitalista fundada por Helmholtz. En ese instituto, donde permaneció seis años, se vinculó con Josef Breuer. Entre 1879 y 1880, obligado a pedir licencia para cumplir con su servicio militar, se distrajo traduciendo cuatro ensayos de John Stuart Mill (1806-1873), bajo la dirección Theodor Gomperz (1832-1912), escritor y helenista austríaco, responsable de la publicación alemana de las obras completas de ese filósofo inglés, teórico del liberalismo político.
En 1882, después de haberse recibido, se comprometió con Martha Bernays (Martha Freud), quien sería su mujer. Por razones económicas, renunció entonces a la carrera de investigador, y decidió ejercer la medicina. Los tres años siguientes trabajó en el Hospital General de Viena, primero en el servicio de Hermann Nothnagel, y después con Theodor Meynert. Allí conoció a Nathan Weiss (1851-1883), y cuando ese nuevo amigo se suicidó, ahorcándose, Freud quedó profundamente conmovido: "Su vida -le escribió a Martha- parece haber sido la de un personaje de novela, y su muerte una catástrofe inevitable”.
Soñando con lograr celebridad y dejar de ser pobre para poder casarse, creyó descubrir las virtudes de la cocaína, y la administró a su amigo Ernst von Fleischl-Marxow, afectado de una enfermedad incurable. No advirtió la dependencia inducida por la droga, e ignoró su acción anestésica, que iba a ser descubierta por Carl Koller.
En 1885, designado Privatdozent en neurología, Freud obtuvo una beca para viajar a París. Ardía en deseo de conocer a Jean Martin Charcot, cuyas experiencias sobre la histeria lo fascinaban. Esa primera estada en Francia marcó el inicio de la gran aventura científica que lo llevaría a la creación del psicoanálisis. En el teatro Saint-Martin, Freud asistió maravillado a la representación de una obra de Victorien Sardou interpretada por Sarah Bernhardt: Nunca una actriz me ha hecho dudar tan poco, yo estaba dispuesto a creer todo lo que ella dijera". Después de París, se dirigió a Berlín, donde siguió la enseñanza del pediatra Adolf Baginsky.
De retorno en Viena, inició la práctica privada, abriendo su consultorio en la Rathausstrasse. Tres tardes por semana trabajaba también como neurólogo en la clínica Steindlgasse, primer instituto público de pediatría dirigido por el profesor Max Kassowitz (1842-1913). En septiembre de 1886 se casó con Martha, y el 15 de octubre dio una conferencia sobre la histeria masculina en la sociedad de médicos, donde tuvo una acogida glacial: no en razón de sus tesis (etiológicas), según él dijo más tarde, sino porque le atribuyó a Charcot la paternidad de ideas ya conocidas por los médicos vieneses.
En 1887, un mes después del nacimiento de su hija Mathilde (Hollitscher), Freud conoció a Wilhelm Fliess, brillante médico judío berlinés que realizaba amplias investigaciones sobre la fisiología y la bisexualidad. Ése fue el comienzo de una larga amistad y una excepcional correspondencia íntima y científica. A pesar de haber realizado varios intentos, Fliess nunca logró curar a Freud de su pasión por el tabaco: "Comencé a fumar a los 24 años -escribió en 1929-, primero cigarrillos y muy pronto exclusivamente cigarros [ ... ]. Estimo que le debo al cigarro un gran crecimiento de mi capacidad de trabajo y un mejor dominio de mí mismo."
En septiembre de 1891, Freud se instaló en un departamento ubicado en 19 Berggasse. Allí permaneció hasta su exilio en 1938, rodeado de sus seis hijos (Mathilde, Martin, Oliver, Ernst, Sophie Halberstadt y Anna) y su cuñada Minna Bernays. En su práctica se ocupaba esencialmente de mujeres de la burguesía vienesa calificadas de .'enfermas nerviosas" y afectadas de trastornos histéricos. Dejando de lado el nihilismo terapéutico tan corriente en el ambiente médico vienés de la época, trataba ante todo de atender y curar a sus pacientes, aliviarlas de sus sufrimientos psíquicos. Durante un año utilizó los métodos terapéuticos aceptados en la época: masajes, hidroterapia, electroterapia. Pero pronto constató que esos tratamientos no tenían ningún efecto. Empezó entonces a emplear la hipnosis, inspirándose en los métodos de sugestión de Hippolyte Bernheim, a quien visitó en ocasión del primer congreso internacional de hipnotismo realizado en París en 1889. En 1891 publicó una monografía, "Sobre la concepción de las afasias", en la cual se basaba en las tesis de Hughlings Jackson para proponer una comprensión funcional, y no sólo neurofisiológica, de los trastornos del lenguaje. Reemplazaba la doctrina de las localizaciones cerebrales" por la del asociacionismo, preparando el camino para la definición de un "aparato psíquico" tal como se lo encuentra en la metapsicología: lo formuló por primera vez en 1896 y postuló sus fundamentos en el capítulo VII de La interpretación de los sueños.
Trabajando junto a Breuer, Freud abandonó progresivamente la hipnosis en beneficio de la catarsis, y después creó el método de la asociación libre, para desembocar en el psicoanálisis: la palabra fue empleada por primera vez en 1896, y su creación se atribuye a Breuer. En 1897, sobre la base de un informe favorable de Nothnagel y Richard von Kraffi-Ebing, Freud fue propuesto para recibir el título prestigioso de profesor extraordinario. Su designación fue ratificada por el emperador Francisco José el 5 de marzo de 1902.
Contrariamente a muchos intelectuales vieneses marcados por el "auto-odio judío", Freud, judío infiel e incrédulo, hostil a todos los rituales y a la religión, nunca renegó de su judeidad. Como lo ha subrayado Manes Sperber, siguió siendo un "judío consciente, que nunca disimulaba su origen ante nadie; por el contrario, lo proclamaba con dignidad, a menudo con orgullo. Muchas veces dijo que detestaba a Viena y que se sentía liberado siempre que se alejaba de esa ciudad en la que había crecido y a la que debía seguir ligado por vínculos indestructibles. Su conciencia de la identidad judía no se eclipsó nunca, porque su origen no fue jamás para él una fuente de sentimientos de inferioridad, aunque le creara problemas y le causara dificultades adicionales, sobre todo en su vida profesional”
En el marco de su amistad con Fliess se produjeron varios acontecimientos principales de la vida de Freud: su autoanálisis, la derivación de una paciente (Emma Ekstein), la publicación de un primer gran libro, Estudios sobre la histeria, en el que se relataban varias historias de mujeres (Bertha Pappenheim, Fanny Moser, Aurelia Ohm, Anna von Lieben; Lucy, Elisabeth von R., Mathilde H., Rosalie H.), y finalmente el abandono de la teoría de la seducción, según la cual toda neurosis se podría explicar por un trauma real. Esta renuncia, fundamental para la historia del psicoanálisis, se produjo el 21 de septiembre de 1897. Freud se la comunicó a Fliess en un tono enfático, en una carta que iba a hacerse célebre: "Ya no creo en mi neurótica".
Comenzó entonces a elaborar su teoría del fantasma, y después concibió una nueva teoría del sueño y del inconsciente, centrada en la represión y el complejo de Edipo. Su interés por la tragedia de Sófocles fue contemporáneo de su pasión por Hamlet. En efecto, Freud era un gran lector de literatura inglesa, y se nutrió particularmente en la obra de Shakespeare:---Unaidea me ha cruzado por la mente -le escribió a Fliess en 1897-, la de que el conflicto edípico puesto en escena en el Oedilnis Rex de Sófocles podría estar también en el corazón de Hamlet. No creo en una intención consciente de Shakespeare, sino más bien que un acontecimiento real impulsó al poeta a escribir ese drama, y que su propio inconsciente le permitió comprender el inconsciente de su héroe."
Después de 1926, y a pesar de una larga discusión con James Strachey, Freud terminó por ceder a la creencia de que Shakespeare no era el autor de su obra. Este tema del desplazamiento de la atribución de una paternidad o de una identidad fue retomado varias veces por Freud, sobre todo en Moisés Y la religión monoteísta, donde convierte a Moisés en un egipcio.
De la nueva teoría del inconsciente nacerá un segundo gran libro, publicado en noviembre de 1899, La interpretación de los sueños, donde se narra el sueño de Ia inyección a Irma---, que se produjo cuando Freud se encontraba en Bellevue, en julio de 1895, en un pequeño castillo de los bosques de Viena: -¿Crees tú -le escribió a Fliess el 12 de junio de 1900-, que algún día habrá en esta casa una placa de mármol en la que podrá leerse: «En esta casa, el 24 de julio de 1895 le fue revelado el misterio del sueño al doctor Sigmund Freud»? Hasta hoy, tengo pocas esperanzas."
Entre 1901 y 1905, Freud publicó su primer caso clínico (Dora), y otras tres obras: Psicopatologia de la vida cotidiana (1901), El chiste , N, su relación con lo inconsciente ( 1905), y Tres ensayos de teoría sexual (1905). En 1902, con Alfred Adler, Wilhelm Stekel, Max Kahane (1866-1923) y Rudolf Reitler (1865-1917), fundó la Sociedad Psicológica de los Miércoles, primer círculo de la historia del freudismo. En los años que siguieron, numerosas personalidades del mundo vienés se unieron al grupo: Paul Federn, Otto Rank, Fritz Wittels, Isidor Sadger. En el curso de esas reuniones, él elaboró la idea de una posible aplicación del psicoanálisis a todos los ámbitos del saber: la literatura, la antropología, la historia, etcétera. El propio Freud defendió la ideadel psicoanálisis aplicado, publicando una fantasía literaria: El delirio y los sueños en la “Gradiva" de Jensen ( 1907).
En 1907 y 1908, el círculo de los primeros discípulos freudianos se amplió aún más con la adhesión al psicoanálisis de Hamis Sachs, Sandor Ferenczi, Karl Abraham, Ernest Jones, Abraham Arden Brill y Max Eitingon.
Durante el primer cuarto de siglo, la doctrina freudiana se implantó en varios países: Gran Bretaña, Hungría, Alemania, la Costa Este de los Estados Unidos. En Suiza se produjo un hecho principal en la historia del movimiento psicoanalítico: Eugen Bleuler, médico jefe de la Clínica del Burghölzli en Zurich, comenzó a aplicar el método psicoanalítico al tratamiento de las psicosis, mientras elaboraba la noción de esquizofrenia. De tal modo se abrió una nueva -tierra prometida- a la doctrina freudiana: en adelante ella pudo incorporarse también al saber psiquiátrico, y tratar de solucionar el enigma de la locura humana.
El 3 de marzo de 1907, Carl Gustav Jung, alumno y asistente de Bleuler, viajó a Viena para encontrarse con Freud. Después de una entrevista de varias horas, ese nuevo maestro vienés lo conquistó. Jung fue el primer discípulo no judío de Freud.
En 1909, por invitación de Grandville Stanley Hall, Freud, en compañía de Jung y Ferenczi, viajó a los Estados Unidos, para dar cinco conferencias en la Clark University de Worcester, Massachusetts. Esas conferencias fueron reunidas y publicadas con el título de Cinco conferencias sobre psicoanálisis. A pesar del encuentro fructífero con James Jackson Putnam y de un éxito considerable, Freud no apreciaba mucho al continente americano. Durante toda su vida desconfió del espíritu pragmático y puritano de los Estados Unidos, un país que acogió sus ideas con un entusiasmo ingenuo y desconcertante.
En vista del antisemitismo, y temiendo que el psicoanálisis fuera asimilado a una "ciencia judía", Freud decidió "desjudaizarlo", ubicando a Jung a la cabeza del joven movimiento. Después de un primer congreso que reunió en Salzburgo, en 1908, a todas las sociedades locales, él creó con Ferenczi, en Nuremberg, en 19 10, una asociación internacional: la Internationale Psychoanalytische Vereinigung (IPV). En 1933 fue abandonada la sigla alemana. La IPV se convirtió entonces en la International Psychoanalytical Association (IPA).
Entre 1909 y 1913 Freud publicó otras dos obras: Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci (1910) y Tótem , y tabú (1912-1913). A partir de 1910 la expansión del movimiento se tradujo en disidencias en las que estaban en juego disputas personales y a la vez cuestiones teóricas y clínicas. Las rivalidades narcisistas se mezclaban con críticas sobre la duración de las curas, la cuestión de la transferencia y la contratransferencia, el lugar de la sexualidad y la definición del inconsciente. En 1911 Adler y Stekel se separaron del grupo freudiano. Dos años más tarde, Jung y Freud interrumpieron toda relación entre ellos. Freud, que no soportaba las desviaciones respecto de su doctrina, publicó en vísperas de la Primera Guerra Mundial un verdadero panfleto, -Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico---, en el cual denunció las traiciones de Jung y Adler. Después creó un Comité Secreto, compuesto por sus mejores paladines, entre los cuales distribuyó un anillo de fidelidad.
Lejos de impedir las disidencias, esta iniciativa generó nuevas disputas. Apoyados por Jones, los berlineses (Abraham y Eitingon) preconizaban la ortodoxia institucional, mientras que los austro-húngaros (Rank y Ferenczi), se interesaban más por las innovaciones técnicas. Una nueva disidencia marcó también la historia de ese primer freudismo: la de Wilhelm Reich.
Alrededor de 1930, el fenómeno de la disidencia fue reemplazado por el de las escisiones, característico de la transformación del psicoanálisis en un movimiento de masas. En adelante se enfrentaron grupos, y no ya los discípulos o los pioneros en rivalidad con su maestro. Aislado en Viena, pero célebre en todo el mundo, Freud continuó su obra sin poder controlar la política de su movimiento. Entre 1919 y 1933, la IPA se transformó en una verdadera máquina burocrática, encargada de regular todos los problemas técnicos relativos a la formación de los psicoanalistas.
Al final de la Primera Guerra Mundial, con la aparición de las neurosis de guerra, se reinició la discusión sobre el carácter traumático de las afecciones psíquicas. Freud se vio entonces enfrentado a su viejo rival Julius Wagner-Jauregg, acusado de haber sometido a inútiles tratamientos eléctricos a soldados a los que se le atribuía simulación. En ese debate Freud intervino de manera magistral para demostrar la superioridad del psicoanálisis sobre todos los otros métodos.
Con el derrumbamiento del Imperio Austro-Húngaro, Berlín se convirtió en la capital del freudismo, según lo atestiguan la creación del Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI) y las numerosas actividades del Instituto de Francfort en torno a Otto Fenichel y la "izquierda freudiana". Mientras que a Viena afluían los norteamericanos para formarse en el diván del maestro, éste tomó en análisis a su propia hija, Anna Freud. Anna no tardaría en convertirse en jefe de escuela y oponerse a Melanie Klein, su principal rival en el dominio del psicoanálisis de niños. En este sentido, la oposición entre la escuela inglesa y la escuela vienesa, que se desarrolló en la IPA a partir de 1924, y que giraba en torno a la cuestión de la sexualidad femenina, puso de manifiesto el lugar cada vez más importante que ocupaban las mujeres en el movimiento psicoanalítico. En el corazón de esa polémica, Freud mantuvo su teoría de la libido única y del falocentrismo, pero sin mostrarse misógino. Apegado en su vida privada a una concepción burguesa de la familia patriarcal, en sus amistades con las mujeres intelectuales adoptaba sin embargo una actitud perfectamente cortés, moderna e igualitaria. Por su doctrina y su lugar de terapeuta, desempeñó un papel en la emancipación de las mujeres.
En la década de 1920, Freud publicó tres obras fundamentales, a través de las cuales definió su segunda tópica y reestructuró totalmente su teoría del inconsciente y del dualismo pulsional: Más allá del principio de placer (1920), Psicología de masas - y análisis del yo (1921), y El yo y el ello (1923). Este movimiento de refundición conceptual ya había comenzado en 1914, con la publicación de un artículo dedicado a la
cuestión del narcisismo. Se había confirmado en 1915, con la elaboración de una metapsicología y la aparición de un ensayo sobre la guerra y la muerte, en el cual Freud subrayaba la necesidad que tiene el sujeto de "organizarse con vistas a la muerte a fin de soportar mejor la vida". De tal refundición, centrada en la dialéctica de la vida y la muerte, y en una acentuación de la oposición entre el yo y el ello, nacerán las diferentes corrientes del freudismo moderno: el kleinismo, la Ego Psychology, la Self Psychology, el lacanismo, el annafreudismo, los Independientes.
Para postular la existencia de una pulsión de muerte, Freud revaloriza dos grandes figuras de la mitología griega: Eros y Tánatos. Esta revisión de la doctrina original se produjo en un momento en que la sociedad vienesa, ya obsesionada por su propia muerte desde fines de siglo, enfrentó la negación absoluta de su identidad: la Austria de esa época, como lo ha subrayado Stefan Zweig, no era ya en el mapa de Europa más que "una luz crepuscular", una "sombra gris, incierta y sin vida de la antigua monarquía imperial".
En febrero de 1923 Freud descubrió en el lado derecho de su paladar un pequeño tumor que debió ser extirpado de inmediato. En un primer momento, Felix Deutsch, su médico, le ocultó la naturaleza maligna de ese tumor. Freud se malquistó con él. Seis meses más tarde, Hans Pichler, cirujano vienés, procedió a una intervención radical: la resección parcial de los maxilares y de la parte derecha del paladar. Después, bajo el control de Max Schur, Freud debió soportar treinta y una operaciones. Se vio obligado a llevar una prótesis, a la que llamaba "el monstruo": "Con su paladar artificial -escribió Zweig-, era visible que le costaba hablar [ ...]. Pero no abandonaba a sus interlocutores. Su alma de acero ponía una ambición particular en demostrar a sus amigos que su voluntad seguía siendo más fuerte que los tormentos mezquinos que le infligía el cuerpo [... ]. Éste era un combate terrible, y cada vez más sublime, a medida que se prolongaba. Cada vez, que yo volvía a verlo, la muerte había arrojado una sombra más nítida sobre su rostro [ ... ]. Un día, en una de mis últimas visitas, llevé conmigo a Salvador Dalí, para mí el pintor más dotado de la joven generación, que tenía por Freud una veneración extraordinaria. Mientras yo hablaba, él hizo un dibujo. Nunca tuve el valor de mostrárselo a Freud, pues Dalí, con su clarividencia, había ya figurado la muerte en la obra."
La enfermedad no le impidió a Freud continuar con sus actividades, pero lo mantuvo alejado de los asuntos del movimiento psicoanalítico, y fue Jones quien presidió los destinos de la IPA a partir de 1934, fecha en la que Max Eitingon se vio obligado a abandonar Alemania.
Apasionado de la telepatía, Freud, entre 1921 y 1933, no vaciló en entregarse con Ferenczi a experiencias llamadas "ocultas" que iban en dirección opuesta a la política de Jones, quien apuntaba a darle al psicoanálisis una base racional, científica y médica. En 1926, a continuación de un proceso seguido a Theodor Reik, Freud asumió vigorosamente la defensa de los psicoanalistas no médicos, publicando ¿Pueden los legos ejercer el análisis? Al año siguiente mantuvo una polémica con su amigo Oskar Pfister, al publicar El porvenir de una ilusión, obra en la que comparaba la religión con una neurosis. Finalmente, en 1930, con El malestar en la cultura, examinó la capacidad de las sociedades democráticas modernas para dominar las pulsiones destructivas que llevan a los hombres a perderse. Dos años más tarde, en un intercambio epistolar con Albert Einstein (1879-1955), subrayó que el desarrollo de la cultura es siempre un modo de trabajar contra la guerra. Entre 1929 y 1939 llevó una crónica de sus entrevistas (Kürzeste Chronik, crónica mínima) que iba ser publicada por Michael Molnar en Londres, en 1992.
Cada vez más pesimista sobre el futuro de la humanidad, Freud no se hacía ninguna ilusión acerca de la manera en que el nazismo trataba a los judíos y al psicoanálisis: "Como un hombre verdaderamente humanitario -escribió Zweig-, estaba profundamente conmovido, pero el pensador no se sorprendía en absoluto de la espantosa irrupción de la bestialidad". No obstante, el día siguiente al incendio del Reichstag decidió con Eitingon mantener la existencia del BPI. Aunque no aprobaba la política de "salvamento" del psicoanálisis preconizada por Jones, cometió el error de privilegiar la lucha contra los disidentes (Reich y los adierianos), en lugar de rechazar cualquier compromiso con Matthias Heinrich Göring, lo que habría llevado a suspender todas las actividades psicoanalíticas desde la llegada de Hitler al poder.
No obstante, en marzo de 1938, en el momento de la invasión de Austria por las tropas alemanas, Richard Sterba actuó en otro sentido; decidió rechazar la política de Jones y no crear en Viena un instituto "arianizado" según el modelo del de Göring en Berlín. Se tomó entonces la decisión de disolver la Wiener Psychonalytische Vereinigung (WPV) y llevarla a "donde Freud resida". Gracias a la intervención del diplomático norteamericano William Bullitt (1891-1967) y a un rescate pagado por Marie Bonaparte, Freud pudo abandonar Viena con su familia. En el momento de partir lo obligaron a firmar una declaración en la cual afirmaba que ni él ni sus allegados habían sido importunados por los funcionarios del Partido Nacionalsocialista. En Londres se instaló en una hermosa casa de 20 Maresfield Gardens, futuro Freud Museum. Allí redactó su última obra, Moisés y la religión monoteísta. No llegó a conocer la suerte reservada por los nazis a sus cuatro hermanas, exterminadas en campos de concentración.
A principios del mes de septiembre de 1939 escuchaba radio todos los días. A quienes a su alrededor le preguntaron si ésa sería la última guerra, él respondió simplemente: "Mi última guerra". Inició entonces la lectura de La piel de Zapa, de Honorato de Balzac (1799-1850): "Es precisamente lo que necesito -dijo-; este libro habla de encogimiento y muerte por inanición". El 21 de septiembre tomó la mano de Max Schur y le recordó lo que habían convenido en su primer encuentro: "Usted me prometió entonces que no me abandonaría cuando llegara el momento. Ahora, esto es sólo una tortura, y ya no tiene sentido." Después añadió: "Háblele de esto a Anna, y si ella piensa que es justo, terminemos". Consultada, Anna quiso posponer el instante fatal, pero Schur insistió, y ella aceptó su decisión. Le aplicó a Freud tres inyecciones espaciadas de tres centigramos de morfina. El 23 de septiembre, a las tres de la madrugada, después de dos días de coma, el anciano se extinguió apaciblemente: "Fue la conclusión sublime de una vida sublime -escribió Zweig-, una muerte memorable en medio de la hecatombe de esa época asesina. Y cuando nosotros, sus amigos, depositamos su féretro, sabíamos que abandonábamos a la tierra inglesa lo que nuestra patria tenía de mejor."
Las cenizas de Freud reposan en el crematorio de Golder's Green.
Freud Sigmund
Médico austríaco
(Freiberg, hoy Pribor, Moravia 1856 - Londres 1939).
Con el descubrimiento del psicoanálisis, Freud inaugura un nuevo discurso que procura dar un estatuto científico a la psicología. En realidad, lejos de agregar un capítulo nuevo al dominio de las ciencias llamadas positivas, introduce una ruptura radical con lo que después se llamará las ciencias humanas y también con lo que constituía hasta entonces el centro de la reflexión filosófica, es decir, la relación del hombre con el mundo.
Algunos elementos biográficos. Se tiende a creer que el psicoanálisis ha renovado el interés tradicionalmente atribuido a los acontecimientos de la existencia para comprender o interpretar el comportamiento y las obras de los hombres excepcionales. Esto no es así, y Freud es categórico al respecto: «Quien quiere hacerse biógrafo se compromete con la mentira, con el disimulo, con la hipocresía, e incluso con el disimulo de su incomprensión, pues la ver -dad biográfica no es accesible, y si lo fuera, uno no podría servirse de ella» (carta a A. Zweig, autor de La confusión de los sentimientos, del 31 de mayo de 1936).
Freud nació en una familia de comerciantes judíos bastante acomodados. Siempre se señala la complejidad de las relaciones intrafamiliares. Su padre, Jakob Freud, se había casado por primera vez a los diecisiete años y había tenido dos hijos, Emmanuel y Philippe. Viudo, se vuelve a casar con Amalia Nathanson, que tiene veinte años, edad del segundo hijo de Jakob. Freud será el mayor de los ocho hijos del segundo matrimonio de su padre y su compañero de juegos preferido, apenas un año mayor que él, es su sobrino. Cuando tiene tres años, la coyuntura económica provoca una caída de los ingresos familiares y la familia debe dejar Freiberg para instalarse en Viena, donde nunca volverá a encontrar la holgura anterior. Esta partida será siempre dolorosa para Freud. Un punto que él mismo destacó merece ser recordado: el amor sin desfallecimientos que su madre le dedicó siempre, al que atribuyó la confianza y la seguridad de las que dio pruebas en todas las circunstancias. Fue muy buen alumno durante sus estudios secundarios y, sin una vocación particular, se puso a estudiar medicina. Dos cosas deben destacarse: una ambición precozmente formulada y reconocida y «la aspiración de aportar algo, durante su vida, al conocimiento de la humanidad» (Sobre la psicología del colegial, 1914). Su curiosidad, «que apuntaba más a las cuestiones humanas que a las cosas de la Naturaleza» (Presentación autobiográfica, 1925), lo lleva a seguir al mismo tiempo, durante tres años, las conferencias de F. Brentano, varias de ellas dedicadas a Aristóteles. En 1880 publica la traducción de varios textos de J. S. Mill: Sobre la emancipación de la mujer Platón, La cuestión obrera, El socialismo. En setiembre de 1886, después de un noviazgo de varios años, desposa a Martha Bernays, de la que tendrá cinco hijos. En 1883 es nombrado privatdozent (profesor libre, dictante de conferencias), y en 1902, profesor honorario. A pesar de la hostilidad y las dificultades de toda índole, Freud rehusará siempre dejar Viena. Sólo bajo la presión de sus alumnos y amigos, y tras el Anschluss de marzo de 1938, se decide al fin, dos meses después, a partir para Londres.
El neurólogo. En 1876, después de cursar tres años de estudios médicos, Freud ingresa en el Instituto de Fisiología dirigido por E. Brücke. Su primera publicación aparece en 1877: Sobre el origen de las raíces nerviosas posteriores en la médula espinal del amocetes (Petrornyzon planeri); la última, concerniente a La parálisis cerebral infantil, es de 1897. En el lapso de esos veinte años, pueden contarse cuarenta artículos (fisiología y anatomohistología del sistema nervioso).
El trabajo de Freud sobre la afasia (Una concepción de la afasia, estudio crítico [Zur Auffassung der Aphasien], 1891) permanecerá en las sombras, aunque ofrece la elaboración más acabada y más notable de la afasiología de la época. Sus esperanzas de notoriedad tampoco fueron satisfechas por sus trabajos sobre la cocaína publicados de 1884 a 1887. Había descubierto las propiedades analgésicas de esta sustancia, descuidando las propiedades anestésicas, que serán utilizadas con éxito por K. Koller. El recuerdo de este fracaso será uno de los elementos de la elaboración de un sueño de Freud, el de la «monografía botánica».
Las circunstancias inmediatas del descubrimiento del psicoanálisis. A comienzos de la década de 1880, Freud se encontraba en la posición de investigador en neurofisiología y de autor de trabajos de valor, pero que no podían permitirle, en ausencia de toda fortuna personal, asegurar la subsistencia de una familia, A pesar de sus reticencias, la única solución que se le ofrecía era abrir un consultorio privado como neurólogo, lo que hizo sorpresivamente el domingo de Pascuas del 25 de abril de 1886. Algunos meses antes había obtenido una beca gracias a la cual pudo realizar uno de sus sueños, el de ir a París. Fue así como tuvo en la Salpêtrière un encuentro determinante: conoció a J. M. Charcot. Debe destacarse que Charcot no se mostró interesado ni por los cortes histológicos que le aportó Freud como testimonio de sus trabajos, ni por el relato del tratamiento de Anna O., cuyos elementos principales le había comunicado su amigo Breuer desde 1882. Charcot no se preocupaba casi por la terapéutica, sino por describir y clasificar los fenómenos para intentar dar cuenta de ellos racionalmente.
Freud comenzó utilizando los medios entonces a su disposición: la electroterapia de W. H. Erb, la hipnosis y la sugestión. Las dificultades encontradas lo llevaron a acercarse a A. A. Liébault y H. M. Bernheim en Naney durante el verano de 1889, Por otra parte tradujo las obras de este último al alemán, encontrando allí la confirmación de las reservas y las decepciones que él mismo experimentaba frente a esos métodos.
En 1890, logra convencer a su amigo Breuer para escribir en conjunto una obra sobre la histeria. Su trabajo en común dará lugar a la publicación en 1893 de la «Comunicación preliminar» que servirá luego de introducción a los Estudios sobre la histeria, ya se encuentra allí la idea freudiana de la defensa para proteger al sujeto de una representación «insoportable» o «incompatible». El mismo año, en un artículo titulado «Algunas consideraciones para un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas», publicado en francés en los Archives Neurologiques, Freud afirma que «la histeria se comporta en sus parálisis y otras manifestaciones como si la anatomía no existiese, o como sí no tuviese ningún conocimiento de ella».
Los Estudios sobre la histeria, obra común de Breuer y Freud, aparecen en julio de 1895. Además de la «Comunicación preliminar», comprenden cinco observaciones de enfermos: la primera, la de Anna O. (Bertha Pappenheim), está redactada por Breuer, encontrándose allí la tan feliz expresión de talking cure propuesta por Anna O.; las cuatro siguientes se deben a Freud. La obra termina con un texto teórico de Breuer y un texto sobre la psicoterapia de la histeria de Freud, en el que puede verse esbozado lo que separará a los dos autores el año siguiente. En La herencia y la etiología de las neurosis, publicada en francés en 1896 en la Revue Neurologique, Freud afirma en efecto: «Una experiencia de pasividad sexual antes de la pubertad; esta es la etiología específica de la histeria». El término psicoanálisis es empleado allí por primera vez. También en el trascurso de esos años, la reflexión de Freud sobre la interrupción brutal por Breuer del tratamiento de Anna O. lo lleva a concebir la trasferencia.
Hay que señalar, por último, la redacción en algunas semanas, a fines de 1895, del Proyecto de psicología (Entwurf einer Psychologie), que Freud no publicará nunca y que constituye en principio su última tentativa para asentar la psicología sobre los enunciados más recientes de la neurofisiología. En esta época, entonces, Freud ha abandonado la hipnosis y la sugestión, en tanto que inaugura la técnica de la asociación libre. Su posición doctrinal está centrada en la teoría del núcleo patógeno constituido en la infancia con ocasión de un trauma sexual real resultante de la seducción por un adulto. El síntoma es la consecuencia de la represión de las representaciones insoportables que constituyen este núcleo, y el tratamiento consiste en volver a traer a la conciencia sus elementos como se extrae un «cuerpo extraño», siendo la desaparición del síntoma la consecuencia del levantamiento de la represión.
Los tres libros fundamentales sobre el inconsciente. Durante los años que preceden a la publicación de La interpretación de los sueños, Freud introduce en la nosografia, a la que no es indiferente, algunas entidades nuevas. Describe la neurosis de angustia separándola de la categoría bastante heteróclita de la neurastenia. Aísla por primera vez la neurosis obsesiva (al. Zwangsneurose) y propone el concepto de psiconeurosis de defensa en el que es integrada la paranoia.
Pero la tarea principal es la de su autoanálisis, término que no empleará durante mucho tiempo. He aquí lo que dice de él en la carta a W. Fliess del 14 de noviembre de 1897: «Mi autoanálisis sigue interrumpido. He echado de ver por qué. Sólo puedo analizarme a mí mismo con los conocimientos adquiridos objetivamente (como a un extraño). Un autoanálisis genuino es imposible, de lo contrario no habría enfermedad».
El encuentro con Fliess se remonta a 1887. Freud comienza a analizar sistemáticamente sus propios sueños a partir de julio de 1895. Todo pasa como si Freud, sin darse cuenta, hubiese usado a Fliess como intermediario para su propio análisis. El 23 de octubre de 1896 muere su padre. Puede pensarse que este acontecimiento no es extraño al descubrimiento del complejo de Edipo, del que, un año después, en la carta a Fliess del 15 de octubre de 1897, encontramos la siguiente formulación: «Sólo se me ha ocurrido una idea de valor general. He encontrado en mí, como por otra parte en todos, sentimientos de amor hacia mi madre y de celos hacia mi padre, sentimientos que son, pienso, comunes a todos los niños, aunque su aparición no es tan precoz como en los niños que se han vuelto histéricos (de una manera análoga a la "novela de los orígenes" en la paranoia -héroes y fundadores de religiones-). Si esto es así, se comprende, a pesar de todas las objeciones racionales que se oponen a la hipótesis de una inexorable fatalidad, el poder cautivante del Edipo rey. También se comprende por qué tenían que fracasar miserablemente todos los posteriores dramas de destino (...) pero la leyenda griega ha captado una compulsión que todos reconocen porque todos la han sentido. Cada espectador fue un día en germen y en su fantasía un Edipo, y se espanta retrospectivamente ante el cumplimiento de su sueño traspuesto en la realidad, con todo el aporte de la represión que separa su estado infantil de su estado actual». La ruptura definitiva con Fliess ocurrirá en 1902. En 1900 aparece La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung). El postulado de partida introduce una ruptura radical con todos los discursos anteriores. El absurdo, la incongruencia de los sueños no es un accidente de orden mecánico, el sueño tiene un sentido, ese sentido está oculto y no se desprende de las figuras que utiliza el sueño, sino de un conjunto de elementos propios del soñante mismo, es decir que dependemos, para descubrir ese sentido oculto, de las «asociaciones» producidas por el sujeto. Queda entonces excluido que ese sentido pueda ser determinado sin la colaboración del soñante.
Debemos ocuparnos, pues, de un texto. Sin duda el sueño está constituido principalmente por imágenes, pero no hay otro acceso a ellas que el relato del soñante, que constituye el «contenido manifiesto» que se trata de descifrar, como lo hizo Champollion con los jeroglíficos egipcios, para descubrir el «contenido latente». El sueño está constituido con ayuda de los «sueños diurnos», a los que son trasferidos los investimientos afectados a las representaciones de deseo. Así, al mismo tiempo que protege el dormir, el sueño asegura, bajo una forma camuflada, cierto «cumplimiento de deseo». La elaboración del sueño se efectúa con ayuda de técnicas especiales, extrañas al pensamiento conciente: la condensación (un mismo elemento representa varios pensamientos del sueño) y el desplazamiento (un elemento del sueño es puesto en lugar de un pensamiento latente).
De esta concepción del sueño resulta una estructura particular del aparato psíquico que es objeto del séptimo y último capítulo.
Más que la división en tres instancias, conciente, preconciente e inconciente, que especifica lo que se llama la primera tópica, conviene retener la idea de una división del psiquismo en dos tipos de instancias, que obedecen a leyes diferentes y separadas por una frontera que no es franqueable sino en condiciones particulares: de un lado, conciente-preconciente, del otro, inconciente. Este corte es radical e irreductible, jamás puede haber allí síntesis, sino «tendencia a la síntesis». Por lo tanto, el sentimiento de la unidad de lo mental que es propio del yo no es sino una ilusión. Este aparato hace problemática la aprehensión de la realidad, que tiene que ser constituida por el sujeto. La posición de Freud aquí es la misma que la expresada en el Proyecto: «Lo inconciente es lo psíquico mismo y su esencial realidad. Su naturaleza íntima nos es tan desconocida como la realidad del mundo exterior, y la conciencia nos informa sobre ello de una manera tan incompleta como nuestros órganos de los sentidos sobre el mundo exterior».
El sueño, para Freud, resulta ser una encrucijada entre lo normal y lo patológico, y las conclusiones concernientes al sueño serán consideradas por él como válidas para dar cuenta de los estados neuróticos.
La Psicopatologia de la vida cotidiana (Zur Psychopathologie des AlItagslebens) aparece al año siguiente, en 1901. Se abre con el ejemplo de un olvido de nombre, el de Signorelli, análisis ya publicado por Freud en 1898; este olvido asocia en sus determinaciones motivos sexuales y la idea de la muerte. La obra reseña toda una serie de pequeños accidentes, a los que de ordinario apenas se les presta atención, como los olvidos de palabras, los «recuerdos encubridores», los lapsus del habla o de la escritura, las torpezas, los actos fallidos, etc. Estos hechos pueden considerarse manifestaciones del inconciente bajo las siguientes tres condiciones: 1) no deben superar cierto límite fijado por nuestro juicio, es decir, lo que llamamos «los límites del acto normal»; 2) deben tener el carácter de un trastorno momentáneo; 3) sólo pueden ser caracterizados así si sus motivos se nos escapan y nos vemos reducidos a invocar el «azar» o la «inatención».
«Al poner a los actos fallidos en el mismo nivel que las manifestaciones de las psiconeurosis, les damos un sentido y una base a dos afirmaciones que a menudo escuchamos repetir, a saber, que entre el estado nervioso normal y el funcionamiento nervioso normal no existe un límite nítido y tajante (...) Todos estos fenómenos, sin excepción alguna, se dejan reducir a materiales psíquicos incompletamente rechazados que, aunque reprimidos por la conciencia, no han perdido toda posibilidad de manifestarse y expresarse».
El tercer texto, El chiste y su relación con lo inconciente (Der Witz und seine Beziehung zum Unbewuflten), se publica en 1905. Ante este largo y difícil texto, algunos se han preguntado por qué juzgó Freud necesario acumular una cantidad tan grande de ejemplos a través de una complicada clasificación. Sin duda, porque sus tesis eran difíciles de demostrar. He aquí las principales. «La gracia sólo reside en la expresión verbal». Los mecanismos no son otros que los del sueño, la condensación y el desplazamiento. El placer que el chiste engendra está ligado a la técnica y a la tendencia satisfecha, hostil u obscena. Pero, sobre todo, «el tercero» ocupa en el chiste un papel preferencial, cosa que lo distingue de lo cómico. «El chiste necesita en general la intervención de tres personajes: el que lo produce, el que paga el gasto de la verba hostil o sexual, y por último aquel en el que se realiza la intención del chiste, que es producir placer». Finalmente, «sólo es chiste el que acepto como tab. Se comprende entonces la dificultad de traducir la palabra alemana Witz, pero también la dificultad de su manejo en alemán, por lo que se acaba de mencionar y la diversidad de los ejemplos utilizados: historias extrañas, chistes, retruécanos, juegos de palabras, etc. La especificidad del Witz explica la atención que Freud pone en distinguirlo de lo cómico, distingo que se resume así: «el chiste es para lo cómico, por así decir, la contribución que le viene del inconciente».
El mismo año aparecen los Tres ensayos de teoría sexual (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie), donde se afirma e ilustra la importancia de la sexualidad infantil y se propone un esquema de la evolución de la libido a través de fases caracterizadas por la dominancia sucesiva de las zonas erógenas bucal, anal y genital. En este texto es donde, respecto de la sexualidad, el niño es definido como un «perverso polimorfo» y la neurosis es situada como «negativo de la perversión». Entre 1905 y 1918, aproximadamente, van a sucederse un gran número de textos concernientes a la técnica, por una parte, y a su ilustración a través de la presentación de casos clínicos, por otra. Entre estos últimos figuran los clásicos cinco historiales clínicos psicoanalíticos:
1905, Fragmento de análisis de un caso de histeria: es la observación de una paciente llamada Dora, centrada en dos sueños principales cuyo trabajo de interpretación ocupa la mayor parte;
1909, Análisis de lafobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans o Juanito): Freud verifica allí la exactitud de las «reconstrucciones» efectuadas en el adulto;
en 1909 también, A propósito de un caso de neurosis obsesiva (el Hombre de las Ratas): el análisis está dominado por un deseo de muerte inconciente y Freud se sorprende de verificar «aún mejor» en un obsesivo sus descubrimientos hechos en el estudio de la histeria;
1911, Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente (el presidente Schreber): la particularidad de este análisis consiste en el hecho de que Freud nunca se encontró con el paciente, conformándose con trabajar sobre las Memorias escritas por este para exponer su enfermedad y hacer valer su interés científico;
1918, finalmente, De la historia de una neurosis infantil (el Hombre de los Lobos): esta observación presentaba para Freud una importancia muy particular. Aportaba la prueba de la existencia, en el niño, de una neurosis perfectamente constituida, patente o no; y la del adulto es sólo la exteriorización y la repetición de la neurosis infantil; demostraba la importancia de los motivos libidinales y la ausencia de aspiraciones culturales, contra Jung; daba una ilustración precisa de la constitución del fantasma y del lugar de la escena primaria.
Conviene señalar que la soledad de Freud, que duró muchos años, cesó cerca de 1906 con la constitución de la Sociedad de los Miércoles, día de reunión de los primeros adeptos, rápidamente trasformada en Sociedad Psicoanalítica de Viena.
En 1910, Freud funda la Sociedad Internacional de Psicoanálisis, cuyo primer presidente es Jung.
Los complementos necesarios. Intentemos reunir bajo este título algunos temas que, aunque presentes muy a menudo en los primeros escritos, fueron elaborados por Freud bastante tardíamente. En primer lugar, la cuestión del padre, tratada con una amplitud excepcional en Tótem Y tabú de 1912-13 y retomada para un ejemplo particular en Moisés y la religión monoteísta (1932-38). Este es uno de los puntos más difíciles de la doctrina de Freud, debido al polimorfismo de la función paterna en su obra. Luego, está el concepto de narcisismo, que es el objeto del gran artículo de 1914 Introducción del narcisismo, necesario para superar las dificultades encontradas en el análisis de Schreber e intentar dar cuenta de las psicosis, pero también para esbozar una teoría del yo. Lo siniestro (Das Unheimliche), publicado en 1919, atañe más especialmente a la problemática de la castración. Pero la conmoción más importante viene de la conceptualización del automatismo de repetición y del instinto de muerte, que son el tema de Más allá del principio de placer (Jenseits des Lusiprinzips, 1920). La teoría del yo y la identificación serán los temas centrales de Psicología de las masas y análisis del yo (Massenpsychologie und Ich-Analyse, 192 l).
La negación (Die Verneinung, 1925), por último, viene a subrayar la primacía de la palabra en la experiencia psicoanalítica, al mismo tiempo que define un modo particular de presentificación del inconciente.
Las modificaciones doctrinales. Freud nunca dejó de intentar reunir, en una perspectiva que él denominaba metapsicológica, los descubrimientos que su técnica le permitió hacer y las elaboraciones que no dejaron nunca de acompañar su práctica, subrayando al mismo tiempo que este esfuerzo no debía ser interpretado como la tentativa de constitución de una nueva «visión del mundo» (Weltanschauung).
Ciertas modificaciones valen como correcciones de posiciones anteriores. Este es el caso de la teoría del fantasma, que remplazará alrededor de 1910 a la primera teoría traumática de la seducción precoz (Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci, 1907; Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico, 1911; «El Hombre de los Lobos», 1918).
Este es el caso también del masoquismo, considerado primero como una inversión del sadismo. Las tesis de Más allá del principio de placer harán concebible la idea de un masoquismo primario que Freud se verá llevado a hacer equivaler, en El problema económico del masoquismo (1925), al instinto de muerte y al sentimiento de culpa irreductible e inexplicado que revelan ciertos análisis.
De un modo sin duda arbitrario, se puede contar entre las modificaciones requeridas por el desgaste de los términos (sobrentendiendo que muchos otros motivos las justifican) la introducción de la segunda tópica, constituida por tres instancias: ello, yo y superyó (El yo y el ello [Das Ich und das Es], 1923), las nuevas consideraciones sobre la angustia como señal de peligro (Inhibición, síntoma y angustia [Hemmung, Symptom und Angst], 1926), y el último texto, inacabado, de La escisión del yo en el proceso defensivo (Die Ichspaltung im Abwehrvorgang, 1938). En este texto, Freud anuncia que, a pesar de las apariencias, lo que va a decir, retornando la observación del artículo de 1927 sobre el fetichismo, es, también en este caso, totalmente nuevo. En efecto, las formulaciones que allí se proponen se presentan como el esbozo de una remodelación del conjunto de la economía de su doctrina.
Dos textos tienen aparentemente un estatuto un poco particular en la obra de Freud. Son El porvenir de una ilusión (Die Zukunft einer Illusion), publicado en 1927, y que examina la cuestión de la religión, y El malestar en la cultura (Das Unbehagen in der Kultur, 1929), dedicado al problema de la felicidad lo el bien-estar], considerada por Freud inalcanzable, y a las exigencias exorbitantes de la organización social hacia el sujeto humano.
Se trata, en efecto, de la consideración de los fenómenos sociales a la luz de la experiencia psicoanalítica. En realidad, como siempre en Freud, el ángulo elegido para tratar cualquier cuestión le sirve ante todo para aportar precisiones o para poner a punto aspectos importantes de la experiencia. En El porvenir, es la cuestión del padre y de Dios como su corolario; en El malestar, es la maldad fundamental del ser humano y la comprobación paradójica de que cuanto más satisface el sujeto los imperativos morales del superyó, más exigente se muestra este.
|