Freudismo
Alemán: Freudianismus.
Francés: Freudisme.
Inglés: Freudianism.
En la historia de la psiquiatría dinámica, se llama freudismo a la escuela de pensamiento fundada por Sigmund Freud. El freudismo incluye el conjunto de las corrientes que se basan en él, sean cuales fueren sus divergencias. La historia del freudismo y su identificación teórica, sociológica y política, se confunde entonces con la historia de las interpretaciones sucesivas de la doctrina original estructurada por Freud.
Sus herederos, a quienes se llama "freudianos", la han modificado a lo largo de por lo menos cuatro generaciones de pensadores, comentadores, intérpretes, terapeutas o jefes de escuelas, agrupados o no en diversas instituciones, entre las cuales la más antigua y de lejos la más poderosa es la International Psychoanalytical Association (IPA). Desde su creación en 1910, ella se asignó la tarea de redefinir las tareas de la enseñanza teórica y de la formación llamada didáctica de los terapeutas denominados psicoanalistas, con independencia de su otra formación (médica, psiquiátrica, profana).
El freudismo es la alianza de un sistema de pensamiento y un método terapéutico. El sistema freudiano se basa en: 1) una concepción del inconsciente que excluye toda idea de subconciencia y supraconciencia; 2) una teoría de la sexualidad extendida a todas las formas sublimadas de la actividad humana, y por lo tanto irreductible a la actividad sexual y sus transgresiones; 3) finalmente, a una aprehensión de la relación terapéutica en términos de transferencia. Aunque haya nacido de la medicina y la psiquiatría (y a menudo sea practicado por médicos o psiquiatras), el método terapéutico freudiano es el psicoanálisis, y únicamente el psicoanálisis. Se caracteriza por tratar mediante la palabra, y únicamente mediante la palabra, las enfermedades del alma (psicosis, melancolía), de los nervios (neurosis) y la sexualidad (perversión), excluyendo deliberadamente cualquier otra forma de intervención -como el análisis clínico y los cuidados corporales adaptados a cada parte del organismo, los masajes, la cirugía, la hipnosis, la hidroterapia, la farmacología, la sugestión, el encierro, las terapias conductistas y cognitivas, la presión moral mediante la persuasión o la autopersuasión, la confesión, el trance o el exorcismo, la coacción física y moral (con o sin abuso sexual) basada en el reclutamiento, la alienación, el delirio (sectas), la homeopatía, la bioenergía (medicinas paralelas y parapsicología) y, finalmente, los métodos ligados al ocultismo (astrología, videncia, espiritismo, telepatía).
Con respecto a las otras medicinas del alma y del psiquismo que se basan también en la cura mediante la palabra, y que se agrupan en diversas escuelas de psicoterapia, el psicoanálisis es la única exclusivamente fundada en el sistema de pensamiento freudiano, y la única que aplica una técnica de la cura y de la transmisión de la clínica erigida sobre la transferencia y sobre la obligación del terapeuta de recurrir él mismo al psicoanálisis (llamado didáctico, y después de control o supervisión), así como sobre una concepción del psiquismo en la que entran en juego las definiciones freudianas del inconsciente y la sexualidad.
En este sentido, el freudismo está dividido en seis grandes componentes principales que se originaron entre 1930 y 1960: el annafreudismo, el kleinismo, la Ego Psychology, los Independientes, la Self psychology y el lacanismo. Las cinco primeras están en gran medida admitidas y diseminadas en la IPA, mientras que la sexta creó, a partir de 1964, su propio modelo institucional (la École freudienne de Paris). En 198 1, ésta se atomizó en una multitud de corrientes, entre las cuales sólo una ha fundado una nueva internacional: la Association mondiale de psychanalyse (AMP).
Otros métodos psicoterapéuticos, escuelas o corrientes, dicen basarse más o menos en el freudismo, sin adoptar su sistema de pensamiento, ni su técnica, ni su principio didáctico. En algunos casos han surgido de una escisión, de una disidencia o de una colaboración con el freudismo, conservando o no las huellas de esa pertenencia (psicología individual, psicología analítica, neofreudismo, terapia guestáltica, neopsicoanálisis, análisis existencial, etnopsicoanálisis, psicología de las profundidades, etcétera), y otras veces son independientes del freudismo y se desarrollaron en sus márgenes, según una dialéctica de la interioridad y la exterioridad (psicodrama, psicología clínica, medicina psicosomática, psicoterapia institucional, terapia familiar).
Como sistema de pensamiento, el freudismo ha influido sobre las artes y sobre los ámbitos del saber preexistentes a él (psicología, psiquiatría, filosofía, historia, religión, literatura, pintura); también sobre todos los que se constituyeron al mismo tiempo que él, planteándose interrogantes comparables (antropología, sexología, criminología, lingüística). Habiendo atravesado el siglo XIX, el freudismo se cruzó por otra parte con la historia de dos grandes corrientes de pensamiento que se desarrollaron mundialmente y dieron forma a movimientos: el marxismo y el feminismo. También atravesó la historia del cinematógrafo, nacido al mismo tiempo que él.
En tanto que escuela de pensamiento que realiza la alianza de un saber clínico con una teoría y un movimiento institucional, el freudismo ha producido una historiografía oficial basada en la idealización de sus orígenes (idolatría del maestro fundador), y un dogmatismo. Por las mismas razones, debido a la diversidad de sus escuelas y sus corrientes, suscitó en su propio seno las condiciones para una crítica de ese dogmatismo.
Freudomarxismo
Alemán: Freudomarxismus.
Francés: Freudo-marxisme.
Inglés: Freudian marxism.
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El freudomarxismo es una corriente intelectual que atraviesa toda la historia del pensamiento freudiano entre 1920 y 1975, tanto desde el punto de vista doctrinario (vínculo entre el freudismo y el marxismo) como desde un punto de vista político (relaciones entre el comunismo y el psicoanálisis, en Rusia, Alemania, Hungría, Francia, Brasil, la Argentina, Italia, los Estados Unidos). Los representantes de esta corriente tuvieron enfoques muy diversos. Los filósofos de la Escuela de Francfort, y sobre todo Max Horkheimer (1895-1973) criticaron el pesimismo freudiano, incompatible a su juicio con las esperanzas revolucionarias suscitadas por el marxismo, pero lograron vincular las dos doctrinas de una manera muy fructífera.
Desde Wilhelm Reich (a la vez marxista, freudiano y comunista) hasta Otto Fenichel o Marie Langer (representantes de una izquierda freudiana marxista y socialdemócrata) hasta los artífices del neofreudismo (menos marxistas que culturalistas), pasando por Joseph Wortis (que fue estalinista y después antifreudiano) y por Herbert Marcuse (que reactivó el debate a mediados de la década de 1960, con tina virulenta crítica a sus predecesores neofreudianos), todos los freudomarxistas han sostenido que el freudismo y el marxismo son dos doctrinas de liberación del hombre articuladas con el paradigma de la Revolución. La primera apunta a transformar el sujeto mediante la exploración singular de su inconsciente, y la segunda, a cambiar la sociedad a través de la lucha colectiva, y tomando en cuenta los trastornos generados por el movimiento de la economía.
Todos los freudianos que adherían al marxismo fueron perseguidos, excluidos o marginados por la International Psychoanalytical Association (IPA), sobre todo bajo la dirección de Ernest Jones, quien prefirió pactar con el nazismo, en nombre de una política de "salvamento" del psicoanálisis en Alemania, antes que interesarse por los freudianos de izquierda y de extrema izquierda. Esos mismos freudianos marxistas fueron también rechazados por el movimiento comunista internacional, que no cesó de condenar al freudismo, asimilado hasta 1940 a una biología de los instintos, decadente y mortífera, y después, a partir de 1948, a una "ciencia burguesa".
Por otra parte, los miembros de la antigua izquierda freudiana alemana, agrupados en torno a Fenichel, se vieron obligados, desde su exilio en los Estados Unidos (entre 1933 y 1938), a disimular primero su antigua adhesión al marxismo, y después, en un segundo momento, a renunciar a él, y someterse a la americanización del psicoanálisis y al ideal adaptativo.
Freund Anton von
Nacido Antal Freund von Tbszeghi (1880-1920)
Este rico cervecero húngaro, nacido en Budapest, realizó estudios de filosofía y se convirtió en uno de los amigos más íntimos de Sigmund Freud después de que éste lo curara de una neurosis consecutiva a un tumor maligno de testículo. Participaba en las reuniones de la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV), y recibió el anillo que Freud entregó a sus discípulos fieles en el momento de la creación del Comité Secreto.
Freund ayudó económicamente a la causa psicoanalítica, permitiéndole a Freud fundar la editorial del movimiento, la Internationaler Psychoanalytischer Verlag (o Verlag), cuyo primer director fue Otto Rank. A principios de 1919 viajó a Viena para hacerse curar con radio de la recidiva de su cáncer. Freud admiró su heroísmo y su~rayó que había terminado con su neurosis, y que en ese momento era razonable, intuitivo, sabio y realista.
Murió el 21 de enero de 1920, con perfecta conciencia de su estado, después de haberle hecho abonar 11.000 coronas a Freud. Según su última voluntad, su anillo debía ser devuelto a Freud, pero la viuda no quiso separarse de la sortija. Entonces Freud le entregó a Max Eitingon, que sucedió a Freund en el Comité, su propia piedra grabada (con la cabeza de Júpiter).
Freud se sintió conmovido por la muerte del amigo (que se produjo inmediatamente antes del fallecimiento de su hija Sophie), y redactó sobre él un artículo necrológico.
Friedländer Kate
Nacida Franki (1903-1949). Psiquiatra y psicoanalista inglesa
Gran especialista en delincuencia juvenil, Kate Friedländer era una mujer muy hermosa, inteligente, deportista y ambiciosa, dotada para las cosas del espíritu y amante del riesgo: practicaba danza, tenis, alpinismo, patín sobre hielo, y durante toda su vida enfrentó los múltiples sufrimientos de una juventud arrastrada a la rebelión y el rechazo de los valores de la sociedad occidental.
Nació en Innsbruck en una familia judía de la clase media austríaca, y se orientó muy pronto hacia la medicina. En Berlín, en 1929-1930, cuando era psiquiatra en el tribunal de menores, fue donde se cruzó con la historia del freudismo. Sin duda realizó un análisis con Hanns Sachs, y después anudó una amistad con Otto Fenichel y el círculo de la "izquierda freudiana", del que formó parte, lo mismo que Bárbara Lantos (1894-1962), una psicoanalista húngara que sería su compañera de trabajo en Londres.
Emigrada a Gran Bretaña en 1933, se integró a la British Psychoanalytical Society (BPS), gracias a Ernest Jones y Edward Glover. Pero se vio obligada a revalidar todos sus diplomas de medicina (recibió, entre otros, el prestigioso diploma in psychological medicine). Cercana a Anna Freud, se alineó junto a ella en el momento de las Grandes Controversias, y la tuvo como analista de control. Después de la guerra, la convenció de que creara la célebre Hampstead Child Therapy Clinic.
Fue entonces cuando Kate Friedländer se consagró plenamente a su profesión, escribiendo varias obras sobre la delincuencia, en las cuales diferenciaba claramente la asocialidad y la neurosis. Durante la guerra había trabajado en Londres, mientras habitaba con su esposo, profesor de sociología en Oxford, y la hija de ambos, Sybil, en una granja de la región de Chilterns. Esa experiencia de la vida rural la ayudó a crear, en 1946, un centro de guidance, el West Sussex Child Guidance Service, donde recibía a niños perturbados y formaba a psicoterapeutas en el enfoque psicoanalítico de la delincuencia. Afectada de metástasis cerebrales a continuación de un cáncer de pulmón, murió a los 46 años, en plena actividad, sin haber podido completar su obra.
Aunque Kate Friedländer había sido amiga de Anna Freud, sus trabajos fueron acogidos con mucha hostilidad en el ambiente psicoanalítico británico. Su independencia, el hecho de que no se sometiera a las normas de la International Psychoanalytical Association (IPA), su libertad de espíritu, su compromiso de izquierda y, finalmente, su concepción no adaptativa del psicoanálisis de adolescentes, hicieron de ella una marginal.
Frinl Horace W.
(1883-1935) Psiquiatra y psicoanalista norteamericano
Si Sigmund Freud fue muchas veces acusado injustamente de todo tipo de torpezas imaginarias, y sobre todo de haber disfrazado de éxitos los fracasos terapéuticos, o de haber "explotado" a pacientes, es preciso reconocer que con Horace Frink se comportó de una manera verdaderamente desastrosa. En el encuentro con este hombre afectado de una grave psicosis maníaco-depresiva cristalizó sin duda todo el horror consciente e inconsciente que a Freud le inspiraban la sociedad norteamericana, su puritanismo respecto de la sexualidad, sus dólares, y esa manera de transformar el psicoanálisis en higienismo psiquiátrico ("la criada para todo servicio de la psiquiatría", como dijo en el curso del debate sobre ¿Pueden los legos ejercer el análisis?). Fue Paul Roazen quien narro por primera vez la historia de esa triste experiencia analítica.
Psiquiatra brillante, Horace Frink, primero analizado por Abraham Arden Brill, viajó a Viena en 1920 para realizar una nueva cura con Freud, quien, en esa época, vivía en gran parte del dinero de los norteamericanos que llegaban para hacerse analizar por 61: Clarence Oberndorf, Leonard Blumgart (1881-1959), Monroe Meyer (18921939), Albert Polon, y otros. Muy pronto Freud depositó en Frink una confianza desmesurada, al punto de querer convertirlo en su principal delegado en los Estados Unidos: se trataba entonces de contrapesar el poder excesivo de Brill en Nueva York.
Durante la cura, Frink se enamoró de una de sus ex pacientes, rica heredera y millonaria: Anjelika Bijur. Apoyado por Freud, se casó con ella, después de divorciarse de su primera mujer, y a continuación la llevó a Viena. Freud la recibió y le explicó que existía el peligro de que Frink se convirtiera en homosexual si ella lo abandonaba. Después le propuso a Frink que participara económicamente en la expansión del movimiento psicoanalítico. Estalló el escándalo: el marido de Anjelika estuvo a punto de demandar a Freud por haber manipulado a su mujer y roto su matrimonio, pero murió antes de hacerlo, en el mismo momento en que fallecía la primera esposa de Frink.
Frink cayó pronto en la melancolía, y fue atendido por Adolf Meyer, quien lo hizo hospitalizar y aconsejó a Anjelika que le diera su apoyo. Anjelika se negó, y se separó de él, reprochándole retroactivamente a Freud que la hubiera manipulado. En 1935 Frink se casó por tercera vez. Pero, después de un nuevo ataque melancólico, fue internado de nuevo y murió en el hospital. El diagnóstico de Freud había sido erróneo; no advirtió la locura del paciente, a quien tomaba por homosexual reprimido. Molesto, le costó reconocer francamente su error. Este asunto demuestra la dificultad que experimentaba para enfrentar la psicosis. En todo caso, esa dificultad contribuyó a desacreditar el psicoanálisis en los Estados Unidos.
Cuando Abram Kardiner le habló de Frink a Freud, éste respondió con su lucidez habitual: "Usted dijo un día que el psicoanálisis no podía hacerle mal a nadie. Y bien, permítame mostrarle algo." Sacó entonces dos fotografías de Frink, una tomada antes del análisis, y la otra después. En la primera, tenía un aspecto normal, mientras que en la segunda se lo veía extraviado, demacrado, devastado.
En 1988 la hija de Frink encontró entre los papeles de Adolf Meyer la correspondencia de su padre con Freud, y varios documentos cuyo contenido reveló en una revista, acusando al maestro de Viena de haber sido un charlatán. Muchos partidarios de la historiografía revisionista aprovecharon el hecho para acusar a Freud de haber manipulado a todos sus pacientes, convertidos de pronto en víctimas de la perfidia del psicoanálisis.
Fromm Erich
(1900-1980) Psicoanalista norteamericano
Proveniente de una familia de judíos alemanes apegados a la tradición ortodoxa, Erich Fromm militaba a los 15 años en el movimiento de la juventud sionista, antes de emprender estudios de derecho y filosofía en la Universidad de Francfort. Alrededor de 1922 se volcó hacia el psicoanálisis, y después recibió su formación didáctica en Berlín, en los divanes de Harms Sachs y Theodor Reik. De retorno en Francfort, realizó un análisis fragmentario con Karl Landauer y comenzó una carrera universitaria, vinculándose con los filósofos de la Escuela de Francfort: Herbert Marcuse, Theodor Adorno (1903-1969) y Max Horkheimer (1895-1973). Lo mismo que Otto Fenichel y Wilhelm Reich, se integró entonces a esa "izquierda freudiana" que dio origen al freudomarxismo. En ese movimiento conoció a Frieda Reichmann, quien sería su cuarta analista, antes de convertirse en su esposa, con el nombre de Frieda Fromm-Reichmann. En el período de entreguerras criticó la tesis clásica del complejo de Edipo, y valorizó el matriarcado, en detrimento del patriarcado, inspirándose en los trabajos de Johann Jakob Bachofen (1815-1887), con un enfoque cercano al de Friedrich Engels (1820-1895). En 1946 lo atacó duramente Theodor Adorno, por su "revisionismo" antifreudiano; más tarde, también lo atacó Marcuse.
En 1934, huyendo del nazismo, se instaló en los Estados Unidos, donde fue compañero de Karen Horney y, después, el analista de su hija. Enseñó en numerosas universidades, mientras se acercaba a la corriente psicoanalítica de inspiración culturalista. Sin adherir a ningún grupo o escuela, practicó el psicoanálisis en Nueva York, renunciando a la mayoría de las reglas técnicas en vigor en la International Psychoanalytical Association (IPA), y sobre todo al diván. De modo que, lo mismo que todos los artífices de las escuelas de psicoterapia, privilegió la técnica cara a cara y las experiencias de grupo. A partir de 1951, como Igor Caruso, se instaló en la ciudad de México, una ciudad en la que el freudismo no se había implantado, a tal punto se lo consideraba una doctrina imperialista importada de los Estados Unidos.
Cosmopolita, culturalista, apasionado de la historia de las religiones y siempre tentado por el sincretismo mesiánico, el único capaz a su juicio de permitir la emancipación individual, Erich Fromm. publicó muchas obras. Presentó el psicoanálisis como la expresión última de una crisis espiritual del hombre occidental, deseoso de liberarse de su inconsciente; cuestionó radicalmente el universalismo freudiano Y la filosofía de las Luces en nombre del relativismo cultural, y propugnó los valores de un humanismo individualista. En consecuencia, se mostró hostil a todas las formas de tiranía y autoritarismo, fueran ellas políticas o familiares, mientras hacía de la técnica de la cura un instrumento de la adaptación a la sociedad.
Fromm (Erich)
Psicoanalista norteamericano de origen alemán
(Francfort del Meno 1900 - Muralto, Tesino, 1980).
Siendo docente, desde la década de 1930, en el Instituto de Psicoanálisis de Francfort, se asocia a las investigaciones de la escuela de Francfort, donde se relaciona especialmente con H. Marcuse y con T. Adorno. Desde esa época, se empeña en conciliar a K. Marx y a S. Freud y trata de integrar los factores socioeconómicos a la explicación de la neurosis. En 1934, tras el ascenso de Hifier al poder, emigra a los Estados Unidos. Pronto será considerado, junto con K. Horney, H. S. Sullivan y otros, representante de la tendencia culturalista del psicoanálisis. En 1962, es nombrado profesor de psiquiatría en la Universidad de Nueva York. La obra de Fromm es una protesta vigorosa contra las formas más diversas de totalitarismo y de alienación social. Opone la moral de una «planificación humanista» a la ideología del rendimiento económico y del consumo. Fromm ha publicado en especial: El miedo a la libertad (194l); Psicoanálisis y religión (1950); Sociedad alienada, sociedad sana (1955); El arte de amar (1956); Ensayos sobre Freud, Marx y la psicología (197l); La pasión de destruir (1975).
Fromm - Reichmann Frieda
Nacida Reichmann (1889-1957)
Psiquiatra y psicoanalista norteamericana
Originaria de Alemania, y miembro del Instituto Psicoanalítico de Francfort, donde conoció a Erich Fromm, que fue su analizante antes de convertirse en su esposo, Frieda Reichmann dirigió también en Heidelberg un sanatorio para jóvenes judías ortodoxas. Huyendo del nazismo emigró a los Estados Unidos, pasando por Estrasburgo y Palestina. En virtud de sus funciones en la prestigiosa Chestriut Lodge Clinic, se convirtió allí en una de las principales introductoras del psicoanálisis en el saber psiquiátrico norteamericano de posguerra. Desempeñó un papel importante junto a Harry Stack Sullivan en oportunidad de la creación de la Washington-Baltimore Psychoanalytic Society. Adicta al tabaco, alcohólica, y próxima a los pacientes psicóticos de los que se ocupó durante toda su vida, tuvo una existencia con mucho movimiento y poco conformista. Murió a los 68 años, de un ataque cardíaco masivo.
Frustración
s. f. (fr.frustration; ingl.frustration; al. Versagung).1191 Estado de un sujeto que se encuentra en la incapacidad de obtener el objeto de satisfacción que codicia.
El término frustración es entendido a menudo, en un sentido muy amplio, como toda imposibilidad, para un sujeto, de apropiar -se de lo que desea. Así, las vulgarizaciones de la psicología o del psicoanálisis dejan pensar fácilmente que las dificultades de cada uno remiten a alguna frustración. Porque habría sido frustrado en su infancia, un sujeto sería neurótico.
Hay que reconocer sin embargo que en los mismos textos psicoanalíticos encontramos a veces formulaciones de este tipo. Este es, por ejemplo, el caso cuando la práctica analítica es concebida como una práctica de la frustración. El analista rehusa responder a la demanda del paciente, y así haría retornar demandas más antiguas, induciría a la revelación de deseos más verdaderos.
Tal concepción tiene el inconveniente de confundir varias modalidades de la falta. J. Lacan, por su parte, distingue tres: la privación, la frustración y la castración. Estos tres términos son especificados partiendo de una distinción del agente de la falta, del objeto de la falta y de la falta misma como «operación». Lacan destaca así que para el niño, aun en una etapa anterior al Edipo, no podemos conformarnos, para situar la frustración, con pensar en los objetos reales que podrían faltarle. La falta misma, en la frustración, es imaginaria: la frustración es el campo de las exigencias sin límite, sin duda porque acompaña la tentativa siempre vana de restaurar una completud del yo, según el modelo de la completud de la imagen del cuerpo. Pero no podemos quedarnos ahí: en el mundo humano, en el que el niño constituye su deseo, la respuesta es escondida por un Otro, Otro paterno o materno que da o rehusa, y ante todo da o rehusa su presencia. Es esta alternancia de la presencia y de la ausencia, formalizable como alternancia de un más y de un menos, de un 1 y de un 0, la que da al agente de la frustración su dimensión simbólica.
Frustración
Al.: Versagung.
Fr.: frustration.
Ing.: frustration.
It.: frustrazione.
Por.: frustração.
Condición del sujeto que ve rehusada o se rehusa la satisfacción de una demanda pulsional.
El uso, reforzado por el auge del concepto de frustración en la literatura de lengua inglesa, ha hecho que el término alemán Versagung se traduzca la mayoría de las veces por frustración. Pero esta traducción requiere algunas observaciones:
1) La psicología contemporánea, de modo especial en las investigaciones acerca del aprendizaje, tiende a asociar frustración y gratificación y a definirlas como la condición de un organismo sometido respectivamente a la ausencia o a la presencia de un estímulo agradable. Esta concepción puede relacionarse con algunos puntos de vista de Freud, especialmente aquellos en los que parece asimilar la frustración a la ausencia de un objeto externo susceptible de satisfacer la pulsión. En este sentido, en su trabajo Formulaciones sobre los dos principios del funcionamiento psíquico (Formulierungen über die zwei Prinzipen des psychischen Geschehens, 1911), contrapone las pulsiones de autoconservación, que reclaman un objeto exterior, a las pulsiones sexuales, que pueden satisfacerse durante mucho tiempo en forma autoerótica y en forma de fantasías: solamente los primeros podrían ser frustrados.
2) Pero la mayoría de las veces el término freudiano Versagung posee otras implicaciones: designa, no solamente un dato fáctico, sino una relación que implica el acto de rehusar (como indica la raíz sagen, que significa decir) por parte del agente y una exigencia más o menos formulada como demanda por parte del sujeto.
3) El término «frustración» parece indicar que el sujeto es frustrado pasivamente, mientras que Versagung no designa en absoluto quién rehusa. En algunos casos parece predominar el sentido reflexivo de privarse de (renunciar).
Estas reservas nos parecen justificadas por los diversos textos que Freud dedicó al concepto Versagung. En Sobre los tipos de adquisición de las neurosis (über neurotische Erkrankungstypen, 1912), Freud habla de Versagung para designar todo obstáculo (externo o interno) a la satisfacción libidinal. Diferenciando entre el caso en el que la neurosis es desencadenada por una carencia en la realidad (por ejemplo, pérdida de un objeto amoroso) y aquel en que el sujeto, a consecuencia de conflictos internos o de una fijación, se rehusa a las satisfacciones que la realidad le ofrece, Freud considera que Versagung es un concepto capaz de englobarlos. Relacionando los distintos modos de formación de la neurosis, se deduciría, por consiguiente, la idea de que lo que se ha modificado es una relación, un cierto equilibrio que dependía a la vez de las circunstancias exteriores y de las peculiaridades de la persona.
En las Lecciones de introducción al psicoanálisis (Vorlesungen zur Einfürhung in die Psychoanalyse, 1916-1917) Freud subraya que una privación externa no es por sí misma patógena, salvo cuando afecta a «la única satisfacción que el sujeto exige».
Los casos paradójicos de «individuos que enferman en el momento de alcanzar el éxito» patentizan el papel preponderante de la «frustración interna»; aquí se ha dado un paso más: lo que el sujeto se rehusa es la satisfacción efectiva de su deseo.
De estos textos se desprende que lo que interviene en la frustración, según Freud, no es tanto la carencia de un objeto real como la respuesta a una exigencia que implica una determinada forma de satisfacción o que no puede recibir satisfacción de ninguna clase.
Desde un punto de vista técnico, la idea de que la neurosis viene condicionada por la Versagung constituye la base de la regla de abstinencia; conviene rehusar al paciente las satisfacciones substitutivas que podrían apaciguar su exigencia libidinal: el analista debe mantener la frustración.
Frustración
En un texto tardío (El porvenir de una ilusión, 1925), Freud bosqueja en los términos siguientes una definición comparada de la frustración, la prohibición y la privación: «A fin de unificar nuestro vocabulario, designaremos el hecho de que una pulsión (Trieb) no sea satisfecha (befriedigt) con el término frustración (Versagung); al medio por el cual esa frustración es impuesta lo denominaremos prohibición (Verbot), y al estado producido por la prohibición lo llamaremos privación (Entbehrung)».
Posteriormente, la «satisfacción» fue relacionada con la pulsión, más exactamente con la pulsión sexual: sólo entonces la «frustración» encuentra su definición en la incapacidad de la pulsión para satisfacer su meta mediante el apaciguamíento de las tensiones internas; entonces también, en el contexto de una teoría de la psicosis -y bajo la presión de la polémica con Jung-, se planteará el problema de la parte de la «realidad» en ese desasimiento y se relacionarán las nociones de frustración y privación.
Pero lo que caracteriza la pulsión, a diferencia del instinto, es su plasticidad. En consecuencia, la frustración misma participará del «destino» de las pulsiones; la realidad de la existencia humana es la civilización; la frustración -en su relación con la privación- será entonces parte integrante de una teoría del desarrollo social.
Por todas estas razones, la noción de frustración no aparece sólo como una categoría fundamental de la metapsicología; ella sostendrá toda reflexión sobre la posible elaboración de una sociología psicoanalítica.
Al principio, la definición freudiana de la frustración resulta entonces producto de la elaboración a la cual dio material el análisis de la satisfacción.
En la perspectiva común a Breuer y Freud, la satisfacción expresa la abreacción de la energía. «Cuando la persona auxiliadora -escribe Freud en 1895- ha ejecutado para el ser impotente el trabajo de la acción específica necesaria, éste, gracias a sus posibilidades reflejas, está en condiciones de consumar de inmediato, en el interior de su cuerpo, lo que exige la supresión del estímulo endógeno. El conjunto de este proceso constituye una "vivencia de satisfacción" que tiene las consecuencias más importantes en el desarrollo funcional del individuo.»
En La interpretación de los sueños, lo que se toma en cuenta es la satisfacción del deseo, que implica, con la repetición alucinatoria de la satisfacción originaria, la de la presencia gratificante. No se evocan, en cambio, la noción de pulsión ni la de insatisfacción.
Si bien la noción de pulsión surge en los Tres ensayos de teoría sexual, sólo adquirirá valor operatorio en el psicoanálisis por su asociación con la noción de zonas erógenas, que la determina en tanto que pulsión sexual. «Junto a una pulsión no sexual, surgida de fuentes de impulsión motriz», se leía en la primera edición, bajo el título de «Pulsiones parciales y zonas erógenas», «se distinguirán, como pulsiones parciales, las contribuciones de los órganos susceptibles de excitación [Reiz, y no Erregung, estimulación]. Lo son la piel, las mucosas, los órganos de los sentidos. El órgano sensorial debe definirse como zona erógena en tanto su estimulación [Erregung] le presta a la pulsión un carácter sexual.»
Al pasar al estudio de la «meta sexual de la sexualidad infantil», Freud subraya la excitación del dominio en el cual se impone la afinidad de la satisfacción con la excitación. Finalmente, al abordar las transformaciones de la pubertad, aporta una determinación nueva a la satisfacción, en favor de la distinción entre el placer preliminar y el placer final, relacionándola con este último.
Aporte de la psicosis
¿Es decir que podemos pasar directamente de la noción de satisfacción a la de frustración? En realidad, este desarrollo favoreció la extensión del campo teórico de la neurosis a la psicosis. Desde el punto de vista de la psicosis, caracterizada por el desasimiento del sujeto respecto del campo de la realidad, la frustración se produce en efecto en relación con esta última, y en la medida en que la realidad hace obstáculo.
En este caso Freud está en deuda con Jung, de quien, aproximadamente en 1911, toma la noción de introversión. No por ello disentía menos acerca de un punto esencial: mientras que en la acepción de Jung la realidad hace obstáculo a la reivindicación del sujeto, en Freud hace fracasar el trabajo de la pulsión.
Desde el origen, se observa la asociación de la privación (Entbehrung) con la frustración (Versagung). «Añadiría aún unas palabras -escribe Freud a propósito de Schreber- con relación a las causas de este conflicto que estalló con motivo de una fantasía optativa femenina. Lo sabemos: cuando una fantasía optativa se manifiesta, nuestra tarea consiste en relacionarla con alguna privación impuesta por la vida real. Ahora bien, Schreber reconoce haber sufrido una tal privación. Su matrimonio, que él por otra parte califica de feliz, no le dio hijos, y en particular no le dio el hijo que lo hubiera consolado por la pérdida de su padre y su hermano, y con el cual habría podido dar salida a su ternura homosexual insatisfecha.»
En los años siguientes, varios textos extraerán las consecuencias de esas primeras sugerencias: ellas permiten que aparezcan a su vez, en la concepción propiamente freudiana de la pulsión sexual, la integración del tema junguiano de la introversión -derivada del fracaso del sujeto en la asunción de la realidad-, y su desarrollo en función del enriquecimiento interno del pensamiento de Freud, con la contribución que le aporta el narcisismo.
En «Sobre los tipos de contracción de neurosis» (1912), Freud pone en relación la frustración con las limitaciones impuestas por la cultura. El efecto patógeno de la frustración reside en «otorgar vigencia a los factores predisponentes hasta entonces inactivos» (por lo cual entendemos los residuos pulsionales heredados enraizados en zonas erógenas arcaicas). Así propone Freud su interpretación de la introversión junguiana: el caso particular en que la frustración de ciertas aspiraciones del yo conduce a la inhibición del desarrollo.
De modo que pueden distinguirse cuatro tipos de entrada en la neurosis, según que la frustración implique: abstinencia, fracaso del intento de cumplir la exigencia de la realidad, inhibición del desarrollo, o estasis libidinal.
Se observará además que esta última clasificación se basa en una concepción todavía bastante vaga de «las aspiraciones del yo» que invoca. Se siente la influencia de Jung, pero sigue insuficientemente elaborada la noción propiamente freudiana de narcisismo. «Por cierto, en este caso -nos dice Freud-, lo que la realidad rehúsa no es cualquier tipo de satisfacción, sino muy precisamente el único tipo que el individuo declara que le es posible, y la frustración no proviene directamente del mundo exterior sino, en el nivel primario, de ciertas aspiraciones del yo; no obstante, la frustración sigue siendo el factor común y el más comprehensivo. Como consecuencia del conflicto que se instaura de entrada en el segundo tipo, son igualmente inhibidas las dos clases de satisfacción: tanto aquella a la cual uno estaba acostumbrado, como la que uno trata de alcanzar; se desemboca en el estancamiento de la libido. con todas las consecuencias que se desprenden de ella, como en el primer caso.»
Cuatro años más tarde, se realizará un progreso en el artículo «Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico» (1916): en el intervalo había aparecido «Introducción del narcisismo» (1914). Freud sigue fiel a la primera definición del yo por las pulsiones de autoconservación.
Incluso anticipa desarrollos ulteriores, al evocar el valor «ideal» de una satisfacción otorgada al yo. «El trabajo psicoanalítico nos procura la tesis siguiente: los seres humanos se vuelven neuróticos como consecuencia de la frustración (Versagung). Se trata de la frustración de la satisfacción de sus deseos libidinales, y para comprender esta tesis hay que dar un rodeo bastante largo. Pues, para que se constituya la neurosis, tiene que haber un conflicto entre los deseos libidinales de un hombre y esa parte de su ser, que nosotros llamamos su «yo», que es la expresión de sus pulsiones de autoconservación e incluye los ideales que él tiene de su propio ser. Ese conflicto patógeno sólo se produce si la libido quiere lanzarse en vías y hacia metas desde mucho antes superadas y proscriptas por el yo, y que él ha prohibido para siempre; la libido sólo hace esto si le es retirada la posibilidad de una satisfacción ideal acorde con el yo.»
Así se introducirá la distinción entre la frustración externa y la interna: «Si el objeto por el cual la libido puede encontrar su satisfacción desaparece en la realidad, hay una frustración externa. En sí misma no tiene consecuencias, permanece no patógena mientras una frustración interna no se asocie con ella. Esta última, la frustración interna, debe emanar necesariamente del yo, y disputar a la libido otros objetos de los que ahora ella quiere apoderarse. Sólo entonces se originan un conflicto y la posibilidad de contraer una afección neurótica, es decir, la posibilidad de una satisfacción sustitutiva por el desvío a través del inconsciente reprimido. De modo que la frustración interna entra en la cuenta en todos los casos; sólo que ella no entra en acción antes de que la frustración externa real le haya preparado el terreno».
No obstante, el alcance de estas sugerencias sólo se advertirá con el análisis del Hombre de los Lobos (1918). «Se podría decir -escribe Freud- que la infancia de nuestro enfermo se había caracterizado por oscilaciones entre la actividad y la pasividad; su pubertad, por una lucha por la virilidad, y el período que siguió a la contracción de la enfermedad, por la lucha en torno del objeto de sus deseos viriles. La causa ocasional de su enfermedad no entra en los tipos de contracción de neurosis que he podido agrupar como casos particulares de reacción a la "frustración", de modo que nuestra atención se ve atraída hacia una laguna que presenta esa clasificación. El paciente se quebrantó cuando una afección orgánica de los genitales hizo revivir en él la angustia de castración, derrotando su narcisismo y obligándolo a abandonar la esperanza de ser un favorito del destino. Cayó entonces enfermo de una “frustración" narcisista. Ese narcisismo, en él excesivo, estaba en perfecto acuerdo con los otros indicios que presentaba de un desarrollo sexual inhibido: con el hecho de que fueran tan pocas las tendencias psíquicas que se concentraban en su elección heterosexual de objeto, a pesar de toda su energía, y también con el otro hecho de que la actitud homosexual, tanto más próxima al narcisismo, había persistido en él con tal tenacidad como fuerza inconsciente.»
De modo que el análisis de la frustración aprovecha plenamente la elaboración del narcisismo. Fue por completo natural que la perspectiva abierta por la segunda tópica le aportara un nuevo retoque. La etiología de la neurosis sigue basándose en la frustración de un deseo infantil, y esa frustración proviene del afuera. «No obstante, las exigencias de la realidad son representadas por el superyó, el cual "reúne" en sí, según un encadenamiento que falta dilucidar, influencias provenientes tanto del ello como del mundo exterior, y de algún modo constituye un modelo ideal de aquello a lo que apuntan todas las tendencias del yo, a saber: la conciliación de sus múltiples alianzas. El comportamiento del superyó, contrariamente a lo ocurrido hasta ahora, debería tomarse en consideración en todas las formas de enfermedad psíquica. Mientras tanto, cabe postular que tiene que haber afecciones que se basan en un conflicto entre el yo y el superyó. El análisis nos autoriza a admitir que la melancolía es un caso ejemplar de ese grupo; nos gustaría darle a este tipo de trastornos el nombre de "psiconeurosis narcisistas".»
De la frustración freudiana al «daño» imaginario de Lacan
Llegamos así a la definición de la frustración dada por Freud en 1927 en El porvenir de una ilusión, en comparación con la prohibición y la privación. Veamos, por otro lado, la caracterización que hace de ella Lacan. En Freud, la frustración es el hecho (Tatsache) de que una pulsión no pueda ser satisfecha. Se observará que en ese momento de la elaboración la pulsión debe entenderse según la acepción de la segunda tópica, en las condiciones que le impone la organización del ello por el yo, bajo la coacción del superyó. En otras palabras, la frustración, si seguimos a Freud, implica una identificación cuyo fracaso consagra. Queda por precisar el estatuto del yo así implicado: yo narcisista investido -heredero, si seguimos a Lacan, del estadio del espejo- y desde esta perspectiva se comprenderá la fórmula de Lacan: la frustración entendida como «daño imaginario de un objeto real». Daño imaginario: la primera parte de la fórmula reinterpreta la referencia freudiana al yo y a la frustración interna en tanto que ese yo, heredero del estadio del espejo, aparece precisamente en Lacan como el núcleo de lo imaginario.
Objeto real: la indicación concuerda con la frustración externa de Freud.
Desde el primer punto de vista se perfila el objeto a del deseo, y desde el segundo punto de vista, la dependencia en la que se encuentra la demanda del sujeto con relación al Otro. Así se nos orienta hacia la representación topológica de la frustración, en tanto que lo imaginario, orden del que ella participa, se sostendrá en su articulación con lo simbólico del ideal del yo y con lo real, en una representación «borromea».
Frustración
Alemán: Versagung.
Francés: Frustration.
Inglés: Frustration.
Estado en el que se encuentra un sujeto cuando se le niega o se le prohíbe la satisfacción de una demanda de origen pulsional.
En el lenguaje corriente, la utilización del término frustración para designar indiferentemente el displacer, la insatisfacción, incluso la contrariedad, tiende a ocultar el alcance conceptual de la palabra en la doctrina freudiana y en la teorización lacaniana..
Para Sigmund Freud, y esto desde el artículo de 1912 titulado "Sobre los tipos de contracción de neurosis", la frustración (Versagung) no implica necesariamente la idea de pasividad. Freud agrupa en esta categoría tanto la insatisfacción debida a que un agente exterior se niega a responder a una exigencia libidinal, como la ligada a factores internos, a la inhibición, las defensas yoicas, que desembocan en formulaciones vacilantes, torpes o imposibles de la demanda.
Después de la importante modificación metapsicológica introducida por el concepto de narcisismo, Freud, en 1916, en el artículo "Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico", traza una distinción entre la frustración externa y la frustración interna. "E] trabajo psicoanalítico nos ha proporcionado esta tesis: los seres humanos se vuelven neuróticos a continuación de la frustración." La neurosis resulta del conflicto entre los deseos libidinales del ser humano y esa parte de él, su yo, sede de las pulsiones de autoconservación y de sus ideales, que vela por evitarle el displacer que le ocasionarían los estados de excitación excesiva. La frustración de una satisfacción muy real constituye entonces una de las causas de la neurosis.
¿Cómo explicar los casos en que el sujeto enferma en el momento mismo en que su deseo está a punto de realizarse? Más allá de los ejemplos clínicos que presenta Freud, se puede evocar el de los atletas de pronto afectados por lo que se denomina corrientemente el miedo a ganar. En apariencia hay una contradicción con la tesis de la frustración como causa de la afección neurótica. Resolver este obstáculo supone distinguir entre una frustración externa y una frustración interna. "Si, en la realidad -escribe Freud-, el objeto mediante el cual la libido puede encontrar su satisfacción desaparece, hay una frustración externa. En sí misma no tiene efectos, sigue siendo no patógena mientras no se asocie a ella una frustración interna."
La frustración interna está siempre presente, como marca de la permanencia del conflicto entre el yo y la libido, pero "no entra en acción antes que la frustración externa real le haya preparado el lugar". En las situaciones contradictorias a las que acabamos de referirnos, la frustración interna aparece después de que "la frustración externa haya dado lugar a la realización del deseo". En tanto ese deseo, el deseo de ganar, de tener éxito, etcétera, permanecía en el registro del fantasma, el yo lo toleraba: el yo interviene para inhibir, anular la operación en el momento en que se aproxima la realización, en que el fantasma está a punto de sufrir una transformación real.
En 1927, en El porvenir de una ilusión, Freud da una definición muy precisa de la palabra frustración, que relaciona con interdicción y privación. La frustración es caracterizada como resultado de la insatisfacción de una pulsión; la interdicción, como el medio por el cual se inflige la frustración, y la privación, como el estado producido por la interdicción. La frustración, explica Freud, en la medida en que es el resultado de una insatisfacción libidinal, es también el producto de esa limitación general que constituye la cultura, modalidad de socialización del ser humano. La frustración aparece así como un estado inherente a la condición humana.
El estado de frustración es una dimensión esencial en la cura psicoanalítica. El analista debe mantenerlo, sobre todo respetando la regla de abstinencia, pues la frustración constituye uno de los motores del despliegue de la cura, un medio importante para luchar contra las resistencias.
Jacques Lacan inscribe el concepto de frustración en su tópica de lo real, lo simbólico y lo imaginario. La frustración constituye la modalidad en la que el infante vive la segunda fase del despliegue del Edipo. La intrusión paterna priva a la madre del falo y frustra al niño, separándolo de la madre.
En su seminario de los años 1956-1957, La relación de objeto, Lacan determina los registros específicos de la frustración, la privación y la castración. Establece el carácter primordial de la relación con el objeto, la naturaleza de la falta así constituida, para distinguir esos tres procesos. Si bien la frustración, definida por Lacan como la falta imaginaria del objeto real, especifica la vivencia de un momento de la fase edípica, su origen está en "traumas, fijaciones, impresiones, provenientes de experiencias preedípicas. Por tal razón, constituye---elterreno preparatorio, la base y el fundamento- del Edipo.
Lacan volvió a esta inscripción de la frustración en el campo imaginario en el seminario del año siguiente, Las formaciones del inconsciente. La frustración es estudiada allí como el efecto de una demanda excesiva, en el límite de lo formulable, a propósito de un objeto real, y como tal, imposible. El pene, objeto de la frustración de la niña, constituye el modelo original de ese objeto imposible, y el descubrimiento por el infante de su ausencia en la mujer provoca la frustración, punto de anclaje de manifestaciones neuróticas, como lo atestigua la observación clínica del caso de "Juanito" (Herbert Graf).
Fuente de la pulsión
Al: Triebquelle.
Fr.: source de la pulsion.
Ing.: source of the instinct.
It.: fonte dell'istinto o della pulsione.
Por.: fonte do impulso o da pulsâo.
Origen interno específico de cada pulsión determinada, ya sea el lugar donde aparece la excitación (zona erógena, órgano, aparato), ya sea el proceso somático que se produciría en aquella parte del cuerpo y se percibiría como excitación.
El sentido de la palabra fuente se va diferenciando, dentro de la obra de Freud, a partir de su empleo metafórico corriente. En los Tres ensayos sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905), Freud enumera, bajo el epígrafe «fuentes de la sexualidad infantil», fenómenos muy distintos, pero que finalmente se clasifican en dos grupos: excitación de zonas erógenas por diversos estímulos, y «fuentes indirectas», tales como: «la excitación mecánica», «la actividad muscular», «los procesos afectivos», «el trabajo intelectual». Este último tipo de fuentes no da origen a una pulsión parcial determinada, sino que contribuye a aumentar «la excitación sexual» en general.
Dado que Freud efectúa en este artículo una enumeración exhaustiva de los factores internos y externos que desencadenan la excitación sexual, parece perder validez la idea de que la pulsión corresponde a una tensión de origen interno. Esta última idea se hallaba presente desde el Proyecto de psicología científica (Entwurf einer Psychologie, 1895): el aflujo de excitaciones endógenas (endogene Reize) somete al organismo a una tensión de la cual no puede escapar, como escapa, por medio de la huida de las excitaciones externas.
En Las pulsiones y sus destinos (Triebe und Triebschicksale, 1915), Freud procede a un análisis más metódico de los diversos aspectos de la pulsión parcial: fuente y empuje, fin y objeto. Esta distinción es válida para todas las pulsiones, pero se aplica especialmente a las pulsiones sexuales.
Aquí, la fuente-adquiere un sentido preciso que enlaza con los puntos de vista del primer escrito metapsicológico de 1895: es la fuente interior del organismo, la «fuente orgánica» (Organquelle), «fuente somática» (somatische Quelle). Entonces el término «fuente» designa, en ocasiones, el órgano mismo que es asiento de la excitación. Pero, de un modo más preciso, Freud reserva este término para designar el proceso orgánico, físico-químico, que se encuentra en el origen de esta excitación. La fuente es, por consiguiente, el momento somático, no psíquico, «[...] cuya excitación [Reiz] está representada en la vida psíquica por la pulsión». Este proceso somático es inaccesible a la psicología y casi siempre desconocido, pero sería específico de cada pulsión parcial y determinaría su fin particular.
Freud se propone asignar a cada pulsión una fuente determinada: además de las zonas erógenas, que constituyen las fuentes de pulsiones bien definidas, la musculatura sería la fuente de la pulsión de apoderamiento, el ojo, la fuente de la «pulsión de ver» (Schautrieb.
Dentro de esta evolución, el concepto de fuente se fue precisando cada vez más hasta volverse unívoco: la especificidad de las pulsiones sexuales se atribuye, en último análisis, a la especificidad de un proceso orgánico. En una sistematización coherente, sería preciso asimismo atribuir cada pulsión de autoconservación a una fuente distinta. Cabe preguntarse si esta fijación de la terminología no ha zanjado al mismo tiempo en forma unilateral el problema teórico del origen de las pulsiones sexuales. Así, en los Tres ensayos, la enumeración de las «fuentes de la sexualidad infantil» conducía al concepto de que la pulsión sexual surge como efecto paralelo, como producto marginal (Nebenwirkung, Nebenprodukt) de diversas actividades no sexuales: tal es el caso de las fuentes llamadas «indirectas», pero lo mismo sucede en el funcionamiento de las zonas erógenas (a excepción de la zona genital), en las que la pulsión sexual se apoya (véase: Apoyo) en un funcionamiento ligado a la autoconservación. El carácter común a todas estas «fuentes» lo constituye, por tanto, el hecho de que no engendran la pulsión sexual como su producto natural y específico, en forma similar a como un órgano segrega su producto, sino como un efecto sobreañadido de una función vital. Es el conjunto de esta función vital (que a su vez puede comprender una fuente, un empuje, un fin y un objeto) lo que constituiría el origen, la «fuente», en sentido amplio, de la pulsión sexual.
La libido se califica de oral, anal, cte., por el modo de relación que le proporciona una determinada actividad vital (así, por ejemplo, amar, en la fase oral, se constituye en la forma comer-ser comido).
Fuerza
La prevalencia de la consideración de las fuerzas en la investigación psicoanalítica aparece subrayada en la cuarta de las Conferencias de introducción al Psicoanálisis, como conclusión del estudio de los actos fallidos.
«Por lo tanto -escribe Freud-, vamos a abandonar aquí el análisis de los actos fallidos. Sólo quiero recomendarles lo siguiente. Conserven en su memoria, como modelo, el modo en que hemos tratado estos fenómenos. Por este ejemplo podrán colegir los propósitos de nuestra psicología. No queremos solamente describir y clasificar los fenómenos; deseamos también concebirlos como indicios de un juego de fuerzas que tiene lugar en el alma, como la manifestación de tendencias que aspiran a alcanzar una meta y que trabajan en la misma dirección o en direcciones opuestas. Tratamos de formarnos una concepción dinámica de los fenómenos psíquicos. En nuestra concepción, los fenómenos percibidos tienen que ceder el paso a tendencias sólo supuestas.»
El estatuto epistemológico y la significación operatoria del concepto de fuerza quedan entonces claramente enunciados.
Desde el punto de vista epistemológico, Freud insiste en el carácter de construcción del concepto, y por lo tanto recusa toda interpretación realista y dogmática de la fuerza. Además rechaza derivar su representación de la experiencia interna.
El concepto extraerá más bien sus determinaciones de las respuestas que es capaz de dar a los problemas específicos del psicoanálisis,
-En primer lugar, apunta a las características de un proceso, y no a las cualidades de un dato.
-Tiene por función sacar a luz los indicios (Anzeichen) de este proceso. Dicho de otro modo, el alcance constructivo del concepto representa el aspecto epistemológico de la situación psicológica del proceso en tanto que inconsciente.
-Esa inconciencia del proceso tiene que ver más exactamente con su relación con una meta y con los factores que rigen otros procesos. Es un rasgo esencial de la fuerza que se relacione con una exigencia, con una orientación, y con la concurrencia compleja de exigencias a las cuales se responde con procesos diversamente orientados. En estas condiciones, es propio de la fuerza que realice un cierto «trabajo».
Función anafórica o gestual
Definición
Esta noción apunta en un plano descriptivo, a relevar una complejidad en el entrelazamiento entre el plano simbólico del discurso y su producción en una situación vincular. La función gestual o anafórica es pensada como trabajo de semiosis desde la mutua apelación encarnada de los sujetos de una configuración vincular dada. En un nivel metapsicológico propone la enunciación de una función, condición constructiva, configurante del vínculo en su singularidad.
Se sitúan dos principios de semiotización suplementarios y heterogéneos en la situación de discurso vincular: 1) una función gestual o anafórica, previa lógicamente, condición de producción de sentido; y 2) la emergente de la relación entre signos. Se trata de un función designante, diseñante " del espacio semántico (contexto) en que advendrá la significación. La condición de suplementarios, se refiere a que ambos principios se enhebran en una generatividad siempre abierta, por oposición a la idea de complementación, en el sentido de conformar una "buena forma". Son pensados como heterogéneos, en tanto radicalmente no reducibles uno al otro.
Origen e historia del término
"Gesto" proviene del latín: "expresión o ademán del rostro según los distintos estados de ánimo, Movimiento exagerado del rostro por hábito o enfermedad. Mueca. Semblante, cara, rostro. Acto o hecho. Rasgo notable de carácter o conducta". Ya la acepción coloquial de la familia de términos de la misma raíz (gestar, gestación, gesticular, gestionar, gestión, gestor, gestudo) cubre significaciones en torno al movimiento humano, pero, nótese, no como motricidad mecánica. Incluye un nivel de trascendencia, un engendrar en un más allá.. Etimológicamente, anáfora, del griego, es lo que remite hacia atrás. Es un término usado en ciencias del lenguaje en relación a las relaciones semánticas entre frases. La elección de términos para nominar esta función reúne esa característica de trascendencia puntuada para el gesto como movimiento, con la cualidad descripta para la anáfora de no significar por si misma, de requerir de un más allá, de otro tramo de discurso, para entrar en significación.
Esta noción retorna para el plano de lo vincular la cuestión de la producción pre-representativa, pensada por Freud en el capítulo VI de La interpretación de los Sueños ("el trabajo del sueño no piensa ni calcula: de manera más general, no juzga, se contenta con] transformar"). Reconoce como antecedente, también dentro de los desarrollos psicoanalíticos, la particular modalidad en que Julia Kristeva reelabora la noción lacaniana de lo imaginario. A partir de proponer un otro orden de representación: representación semiótica, terciando en la díada representación cosa - representación palabra, sitúa lo imaginario como la manifestación fenomenológica de una inter-fase, de tránsito; como "la semiotización primaria de las pulsiones en un registro infralinguístico", registro al que denomina semiótico.
El aporte de Bateson al describir el doble vínculo desde una perspectiva vincular no psicoanalítica constituye un antecedente de otro orden, al incluir fuertemente esta imbricación de una heterogeneidad de niveles de lenguajes, simultáneos, en las situaciones multipersonales. Es retrabajado por Berenstein (1976) desde una perspectiva psicoanalítica vincular al situarlo en relación a una matriz simbólica determinante del modo de subjetivación. Este acento puesto en la capacidad determinante de tal matriz simbólica, dejó en ese momento sin cubrir otros órdenes de determinación, ligados a lo situacional. Sin embargo, más tarde, (1991), refiriéndose a los intercambios emocionales corporales y de palabras propios de los vínculos familiares, Berenstein abre la cuestión, pero no la desarrolla. Dice allí que su significado dependerá de las peculiares especificaciones contextuales en que se darán, y denomina la función por la cual se registran los índices que marcan la especificidad de cada contexto como función de indicación, adscribible al lugar del padre.
Este concepto surge de la específicidad de esta clínica, que al reincluir la cuestión de la mirada, de la corporalidad, en donde la sucesividad de un discurrir está complejizado por la simultaneidad de un "nosotros" en un "cara - a - cara" problematiza una decisión metateórica previa: el estructuralismo como posición epistemológica, que define su objeto exclusivamente en el orden de las relaciones entre signos, Hasta ese momento, la apelación a otras disciplinas había sido congruente con esta postura (Saussure, Greimas, Lévi-Strauss). Resultaba imposible nombrar desde allí un orden de determinación que fuera por otra vía, la del orden del gasto libidinal implicado en un "hacerse" mutuamente. El problema era cómo nombrar la específica actividad, el trabajo por el que se construye cada vez ese "nosotros". Señas, contraseñas, tensiones -expresadas en la postura, en la tonicidad muscular-, miradas, alguna frase particular, al modo de juntar cada vez las piezas de un rompecabezas generan un efecto de conjunto, "nosotros", instituyendo o cuestionando las particulares condiciones de producción de discurso para esa situación. La interrogación a la semiología se orientó entonces hacia teóricos que sitúan su objeto en la intersección de lenguaje y acción. Es así como se toma y se trabaja el término función anafórica o gestual de la obra de Julia Kristeva en el campo de la semiología. Ello implicó desde el punto de vista epistemológico un desplazamiento a una postura que considera inherente a la definición de su objeto una relación de los signos con un campo de indeterminación, una productividad heterogénea a ellos.
Desarrollo desde la perspectiva vincuklar
Este término se introduce en 1992 en un trabajo de corte teórico -metodológico, en el que tomando como referencia los soportes que toma Piera Aulagnier para el dispositivo analítico bipersonal (atención parejamente flotante - derecho al silencio, del lado del analista; asociación libre y diván del lado del paciente) se propone problematizar y dar cuenta de la posición del analista en cada uno de esos ejes para la especificidad del dispositivo analítico familiar. A partir de la propuesta de pensar la repetición en familia como "texto semiótico" diseñado a través de una práctica de designación, se formula como gestual o anafórica a aquella función que designa el espacio semántico (contexto) en que advendrá la significación. Implica un gasto libidinal tanto para sostenerse en el "texto" familiar conocido, como para atravesarlo, hacia lo nuevo. La abstinencia complejizada por la corporeidad mirada del analista, lleva a distinguir a partir de una heterogeneidad en los principios de semiotización, dos facetas en las intervenciones del analista: la actividad diseñante cada vez del dispositivo, allí, la función anafórica. Por otro lado, desde esa actividad de creación de las peculiares condiciones que hacen el dispositivo, escucha, descifra, interpreta.
En las publicaciones posteriores que se citarán, el trabajo de este concepto está asociado a una revisión epistemo-filosófica de la teoría. Al quedar relativizado el determinismo estructuralista, y al ser reconocido y enfatizado el valor de la presencia del otro, pone en un plano destacado la cuestión del gesto en su posibilidad instauradora, constructiva, e invita a profundizar esta línea de indagación. Se despliega la función anafórica o gestual en tanto constructiva de las condiciones de producción de discurso en situación. La intervención del analista es pensada desde su dimensión de acto. al analista en su función, y en el modo de concebir su intervención.
Problemáticas conexas
Al estar enunciada como gasto libidinal, roza la noción de pulsión, e invita a revisar la definición de vínculo. Si se toma pulsión como lo que va del bios a la producción representacional, en el vínculo lo pulsional estaría incluido sólo indirectamente, indicado a través de cómo trabaja esta función en el aparato psíquico. Si lo pulsional está tomado ya no desde una concepción cerrada de aparato psíquico, sino un psiquismo pulsado también desde el otro presente, en alguna relación con un tope o ley (ligando, haciendo marca; o bien no ligando, ya por defecto, ya por exceso) la función anafórica o gestual correspondería a ese trabajo pre-representacional de base del, vínculo pulsando a ese otro que se presenta.
Es importante seguir estudiando para su precisión y fundamentación, el valor de este matiz de la intervención del analista como herramienta, especialmente en relación a la clínica en que el sufrimiento está asociado a la inhibición, al impedimento, o a la acción.
Función continua
Dados dos espacios topológicos X e Y, la función f:X® Y se dice continua en un punto a Î X si dado un entorno V del punto f(a) Î Y, existe un entorno U de a tal que f(U) Ì V, es decir, f(x) Î V para todo x Î U. Esto puede expresarse mediante la noción de límite: f es continua en a si
En la topología usual, la noción de continuidad en a equivale a la propiedad de que si {xn}es cualquier sucesión en X que converge a a, entonces la sucesión {f(xn)} converge a f(a). Intuitivamente, podemos decir: cuanto más se acerca xn a a, más se acerca f(xn) a f(a). f se dice continua cuando es continua en todos sus puntos. Equivalentemente, f es continua si y sólo si la imagen inversa de un abierto cualquiera es un conjunto abierto.
Función materna
Función: (Del lat. functio, cumplir, or. de "fungible") (Desempeñar, tener, Asignar, Atribuir: Corresponer"). Capacidad de acción o acción de un ser apropiada a su condición natural (para lo que existe) o al destino dado por el hombre (para lo que se usa). Capacidad de acción o acción propia de los seres vivos y de sus órganos y de las maquinas o instrumentos.
Madre: (Del lat. "mater, -tris", del gr. "metro", v.: "matern..., matricaria, matrícula, ( ... » Mujer que tiene o ha tenido hijos, con respecto a estos. "Hembra de cualquier animal, con respecto a sus crías. ( ... )
( ... ) Hembra que ha parido, respecto de sus hijos. ( ... ) Matriz, útero. ( ... ) Causa, origen raíz de donde proviene una cosa.
Definición: Capacidad de acción propia de quien ocupa el lugar de la madre. En las primeras interacciones es capaz de narcisizar el cuerpo del bebe, semantizar, decodificar lo que este expresa a través de su cuerpo. Posibilita la evolución somatopsíquica, al suministrarle los elementos necesarios para su desarrollo. Apuntala sus funciones de autoconservación y formación del aparato psíquico. Transmite la intuición de una presencia por fuera de los dos, el lugar del padre, simbólicamente presente en la madre.
Origen e historia del término
Freud en su obra hace referencia a la madre como objeto de las pulsiones de conservación, madre nutricia, y como objeto de las pulsiones sexuales, estimuladora de la libido.
En el recién nacido alude a su indefensión, dada su incapacidad de emprender una acción coordinada y eficaz por si mismo.
A la situación del bebé en su incapacidad física y psíquica la describe como desamparo (Hilflosigkeit). El lactante necesita de un otro para satisfacer sus necesidades (sed, hambre), poner fin a la tensión interna, dando lugar a la acción específica, que lo podrá investir narcisísticamente.
"El estado de desamparo, inherente a la dependencia total del pequeño ser con respecto a su madre, implica la omnipotencia de ésta. Influye así en forma decisiva en la estructuración del psiquismo, destinado a constituirse enteramente en la relación con el otro".
Winnicott hace la distinción entre la función madre-ambiente y madre-objeto de la pulsión o instinto.
Destaca la función madre-ambiente: Postula que el bebé es parte de una relación, necesita de una "madre suficientemente buena" en el inicio de su proceso de desarrollo.
A la primera fase de unidad madre-bebé la denomina de "dependencia absoluta". Es la madre quien constituye el medio ambiente posibilitador, para lo cual necesita apoyo, (el padre, abuela materna, la familia y el medio ambiente social mas inmediato).
Llama a las primeras interacciones "preocupación materna primaria", comprendida durante las últimas semanas del embarazo, el final del mismo y semanas después del parto.
Con el refuerzo del yo de la madre, el hijo fortalece el yo y pasa a tener una identidad propia. Sus funciones las agrupa en tres categorías:
1) Sostenimiento (holding): En relación a la capacidad de identificarse con su bebé.
2) Manipulación: Contribuye al desarrollo psicosomático del bebé que le permitirá percibir lo "real" como contrario a lo "irreal".
3) Presentación de objetos: En el bebé promueve la capacidad de relacionarse con objetos.
Bion (1966) representa la función materna como el modelo del tubo digestivo, en tanto función. La describe como una "clase de órgano receptivo psicológico" al que denomina "reverie": capacidad materna de estar abierta a las proyecciones-necesidades de su bebé. Grinberg, en 1985 señala que la principal capacidad materna es poder "contener" la angustia del bebé. Se basa en la teoría de la identificación proyectiva. La madre: "funciona como un continente efectivo de las sensaciones del lactante, y con su madurez logra transformar exitosamente el hambre en satisfacción, el dolor en placer, la soledad en compañía, el miedo de estar muriendo en tranquilidad". P. Castoriadis-Aulagnier plantea que en el infans la vida depende de "una situación de encuentro". La primera representación se realizará en el encuentro con el cuerpo y producciones de la psique materna. La madre anticipa en actos y palabras, dando significados, aún antes que su bebé sea capaz de reconocer su significación y tomarla por sí mismo. En su función de "portavoz", "la madre posee el privilegio de ser para el infans el enunciante y el mediador privilegiado de un 'discurso ambiental', del que le transmite, bajo una forma predigerida y premodelada por su propia psique( ... )". A las acciones, palabras, significados que la psique materna impone, motivado en su deseo, pero a su vez apoyado en lo que corresponde a la necesidad de su hijo, es lo que llama esta autora como "violencia primaria", necesaria y constitutiva del sujeto psíquico. De las primeras experiencias quedaran huellas a modo de escritura ideográfica, un afecto ligado a la representación y una representación del afecto: "pictograma" correspondiente al estado originario regido por el proceso originario. La antropología estructural cuyo representante es Lévi Strauss hace referencia a que los etnólogos se inclinan a opinar que la familia basada sobre la unión más o menos durable "de dos individuos de sexos diferentes que fundan un matrimonio, procrean y crían hijos", surge como un fenómeno prácticamente universal presente en todo tipo de sociedades. Como excepción se describe el caso de los nayares. Por instinto o tradición ancestral "la madre cuida de sus hijos y es feliz de hacerlo". Disposiciones psicológicas explican que el hombre que viva en intimidad con una mujer manifieste afecto por sus hijos. Algunas sociedades buscan unificar los sentimientos gracias a costumbres como la "covada" (donde el hombre comparte simbólicamente los malestares de la mujer encinta), por la necesidad de consolidación de actitudes que por sí mismas probablemente nouna homogeneidad. En este análisis de la familia hace alusión a que ninguna sociedad se mantendría en el tiempo si no existieran reglas precisas para reproducir los lineamientos de la estructura social, generación tras generacion; dando las mujeres a luz y criando a sus hijos, mientras se benefician de la protección masculina durante dicho periodo.
En un relato indígena, la mujer es como "el juego de una aguja al coser los tejidos y que unas veces fuera y otras dentro, lleva y vuelve a llevar siempre la misma liana que fija la paja".
Desarrollo desde la perspectiva vincular
Madre en su raíz etimológica está asociada a lo biológico, como mujer que "ha parido", "que tiene o ha tenido hijos". La función materna desde lo intersubjetivo surge de la posibilidad de construir un útero-nido, claustro afectivo necesario para el desarrollo y crecimiento del niño. El bebé nace en un vínculo. Madre implica hijo, e hijo implica madre. No hay mamá sin bebé, ni bebé sin mamá. Nace un bebé y al mismo tiempo nace una mamá y un papá. En la E.F.I. puede ser adscrito al lugar, espacio virtual a ser ocupado por el yo materno, con capacidad de acción,
Se es sujeto en relación con un otro. No puede construirse en ausencia del otro.
I. Berenstein dice: "Es una condición inherente al ser humano: si otro no se ocupa de satisfacer sus necesidades no sobrevivirá o, dicho de otra manera, la sobrevida depende de que otro satisfaga las necesidades primordiales: hambre, sed, contacto, etcétera. Pero lo que hace del hombre un ser humano es solamente aquello que apoyado en lo biológico se diferencia constituyéndose como campo de significación. (... ) Y continúa "La madre, a través de la satisfacción de las necesidades, se va constituyendo para el niño en la persona que lo solicita y lo marca, indicándole que logra satisfacción con él. Desde la investidura narcisista del pequeño, éste es tomado como objeto deseado por la madre, lo que promueve a su vez el deseo hacia ella".
La relación con la madre-pecho permite el pasaje del desamparo al amparo. Sostiene al bebé, le da placer a través de la transitoria cesación de las necesidades básicas, contacto que narcisiza e inviste libidinalmente.
J. Puget de I. Berenstein denominan como "Objeto Unico" al vínculo con un otro estable, basado en la necesidad, polaridad vida-muerte. Lo describen como la primera organización objetal investida de narcisismo originario, dotado con cualidades de amparador, omnipotente, omnipresente, omnisciente. Es quien inicialmente provee la acción específica, con aptitud de anticiparse al deseo, al suministrar al yo inerme y desamparado un yo auxiliar capaz de significar". Discrimina mundo interno y mundo externo, yo/no-yo, al dar los primeros índices de realidad.
La madre y el hijo desarrollan un lenguaje especial. El bebé responde de acuerdo a sus potencialidades, con lo que trae constitucionalmente y con lo que la propia interacción con su madre va creando.
Intervienen gestos, caricias, contacto piel a piel, miradas como forma de dar expresión a los afectos en juego entre ambos. Hay una realimentación constante.
La madre semantiza al bebé y en un encuentro de deseos decodifica lo que el hijo expresa a través de su cuerpo, de sus señales y gestos. Capacidad de semantizar y decodificar impregnadas por su historia, por sus vínculos familiares de origen (al resignificar el vínculo de ella como bebé con su madre y padre de la infancia), y actuales. La voz materna, su cadencia, tono y ritmo arrullan al bebé y ponen en palabras sentimientos, emociones e historia. Le transfiere su propia historia infantil, derivada a su vez de la inscripción de lo familiar inconsciente. Proyecta sus vivencias infantiles, identificaciones y afinidades con determinados valores, vinculados a su historia familiar, de pareja y realidad actual. Desde el diseño del vínculo originario-dual, la madre en su efecto anticipatorio, como "portavoz", pennitirá al bebé ir entretejiendo a modo de matriz, fantasías, deseos, sueños, así como novelas familiares. Quedarán inscriptos significantes y significados socioculturales inconscientes que atraviesan las subjetividades y los vínculos. De este particular vínculo, diferente y nuevo, se irán construyendo nuevas significaciones, que serán significaciones singulares del mismo. La madre, como "portavoz" a modo de lectura, significa el cuerpo del bebé, que no es cuerpo biológico sino corporeidad. Al narcisizar el cuerpo del hijo, de acuerdo a su propia representación fantasmática, deja en él huellas y marcas. Cuerpo que, a modo de soporte de significantes, llevará inscripta la historia libidinal y su historia identificatoria. La función de "portavoz" materno puede tomarse excesiva sin la intervención de la función paterna. Esta, al producir el corte, separación, discriminación, impide la dependencia de la madre con su hijo y viceversa, más allá de lo contextualmente apropiado. En el vínculo madre-hijo, el padre podrá estar presente en la pareja interna de la madre, y desde su función, apoyar y apuntalar a ésta en la ocupación de su lugar. El hijo iniciará el proceso de diferenciación, como resultado de que su madre dará cabida a su pareja, al operar desde adentro de ella la función de indicación. Hijo que en lugar de tercero, es parte de una cadena de significantes abierta a nuevas significaciones. "El vínculo de filiación está ocupado por el yo del hijo, lugar de un tercero que primero fue denominación de pareja como ese punto virtual ampliado, luego espacio virtual delimitado por los modelos identificatorios apoyados en la relación de pareja y regulado por la ley del padre". Hijo, que debería nacer simbólicamente en el proyecto-vital de la pareja, en el espacio-tiempo de ésta, recorrido por significantes y significados socioculturales inconscientes de la misma. La función materna ligada al lugar simbólico de la E.F.I., puede ser ocupado en mayor o menor medida por el yo de la madre. La misma implica la capacidad de construir un nido o claustro afectivo, en donde amparar al bebé y permitirle el proceso de desarrollo como sujeto. En el ejercicio de la función incidirán creencias, mitos, los paradigmas de cada cultura en relación a la maternidad.
Problemáticas conexas
Las diferentes líneas teóricas plantean a la función materna como: "continente", con capacidad de "reverie " (Bion); "medio ambiente posibilitador", "holding" (Winnicott); "fenómeno prácticamente universal presente en todo tipo de sociedades ( ... ) dando las mujeres a luz y criando a sus hijos, mientras se benefician de la protección masculina durante dicho período" (Lévi Strauss); "una situación de encuentro" significado por el cuerpo y la psique de la madre (P. Castoriadis-Aulagnier).
En el psicoanálisis de las configuraciones vinculares la función materna es el lugar en la E.F.I., espacio virtual a ser ocupado por el yo materno. Desde su función, el despliegue de sus capacidades estarán atravesadas por contenidos transubjetivos, significantes y significados socioculturales inconscientes. Contenidos que se irán entretejiendo en el proyecto-vital de pareja, presentes en la inauguración del nacimiento simbólico del hijo y que conformarían la psique del infans desde el inicio. Por otra parte, a fines de este siglo, se han desarrollado una serie de técnicas: Aquellas que permiten al médico y por consecuencia a la mujer embarazada, una percepción y "peculiar contacto" con el feto, lo cual podríamos considerar como un "encuentro" con su bebé a través de la audio-visión.
En la esterilidad surge entre otras técnicas la de fertilización asistida o bien la posibilidad de adopción. Ante estas experiencias: ¿se modifican las representaciones intrasubjetivas y vinculares? ¿Cómo se entretejen los contenidos transubjetivos?
I. Berenstein plantea que "aunque el corrimiento de los yoes respecto de los lugares es una posibilidad y un hecho observable hay un algo que hace a la soldadura del yo con su lugar y lo hace intransferible". ¿Qué es lo intransferible de este lugar?
¿Sería la voz, el ritmo, lo anafórico* aquello que singulariza a cada yo en su función? ¿Lo particular y característico de cada mujer embarazada, de ese "peculiar encuentro audio-visual" con su bebé? A modo de escritura ideográfica, ¿quedarían en el psiquismo del infans, huellas, marcas intransferibles?
Función objetalizante, desobjetalizante
Definición
La función objetalizante es partícipe de¡ proceso de estructuración del aparato psíquico, y hace que determinados aspectos del funcionamiento del mismo, las investiduras, alcancen el rango de objetos. Es una de las vicisitudes de la experiencia de continuidad del yo. Es creadora de objetos y está sostenida por la pulsión de vida.
La función desobjetalizante actúa por desligazón, impide la función objetalizante y ataca a la relación de objeto, al yo y al investimiento. Está sustentada por la pulsión de muerte.
Origen e historia del término
Una noción muy general de función como "actividad" u "operación" se encuentra en numerosos filósofos.
André Green utiliza los términos "función" y "factores" tomándolos de Bion, quien a su vez los toma de la matemática y de la filosofía.
Función es el nombre para la actividad mental propia de un número de factores operando en consonancia.
Factor es el nombre para una actividad mental, que opera en consonancia con otras actividades mentales, produciendo una función.
André Green intenta explicar su concepción del psiquismo construyendo una metapsicología propia, cuya urdimbre incluye tres vectores esenciales: Freud, la clínica y el diálogo con Lacán, Bion y Winnicott.
Dice Green que ya Freud en "El Proyecto" echó las bases de su concepción del objeto, sustentándola en indicadores kantianos, o sea entre una fracción constante predicativa, y una fracción variable referida a sus atributos.
El objeto es entre todos los elementos de la teoría psicoanalítica el que sobrevivió a todos sus desarrollos, aún habiendo cambiado de sentido y función, en los diferentes virajes que tomaron los subconjuntos teóricos a partir de Freud.
¿Qué es un objeto?. El itinerario de las diferentes acepciones nos hace atravesar las obras de Freud, Abraham, Klein, Fairbain, Winnicott, Lacan... Ninguna de ellas logra proponer una concepción unificante del objeto. Siempre será necesario referirlo a la teoría que se tome, es decir como un elemento exclusivamente de ella, o sea dentro de su específico contexto conceptual.
Green le otorga al objeto la acción de un agente inductor o catalizador de la ligazón, que permite transferir a la actividad interna los cambios ocasionados por los encuentros del yo y el objeto. El objeto es sexual, es de placer, y cuando falta, lo es de deseo. La tarea del aparato psíquico es diferenciar entre la percepción del objeto y su representación ilusoria. El objeto es revelador de las pulsiones, no las crea, pero es la condición de su advenimiento a la existencia; y por esta existencia (de las pulsiones), él mismo será creado aún estando ya allí.
Green apoya la posición de Winnicott en cuanto a la creación de un espacio potencial o área intermedia creadora de los objetos transicionales.
Critica el nominalismo de Lacán; apoya la posición de Bion en cuanto al postulado de la función alfa (transformación del material bruto de los sentidos en productos psíquicos).
La satisfacción depende en gran medida del objeto externo, el único que posee el medio para realizar la meta de la pulsión. El autoerotismo y el narcisismo no alcanzan para la satisfacción. Así Green recalca la importancia del objeto externo.
La teoría de las pulsiones pertenece al orden de los conceptos que nunca son totalmente demostrables por la experiencia, pero a la vez no pueden ser disociadas de ella. Las pulsiones son entidades primeras, originarias. Toda pulsión es activa y su objeto sustituible. En su fuente no es somática ni psíquica; pero, en el recorrido de la fuente a la meta, se hace efectiva psíquicamente.
Las representaciones no nacen de entrada. El plazo impuesto a la satisfacción obliga al aparato a transformar la pulsión en representación, y el algo representable es el objeto. Decir que el objeto es ante todo objeto de deseo es plantear la existencia de un sujeto que no adviene sino por el movimiento que lo lleva fuera de sí, hacia otro, para llevarlo otra vez a él mismo. Sujeto de una búsqueda.
No hay un objeto propiamente externo, sino un objeto reexternalizado después de haber sido internalizado. El resto depende del destino de la internalización.
¿Cuál es la paradoja? El objeto externo crea una internalización fijadora, constituye una estructura encuadrante que acogerá a todas las formas consecutivas de la objetalidad y al mismo tiempo será incitadora al desplazamiento. Este desplazamiento es una propiedad fundamental de la objetalización sustitutiva en cuanto no sólo puede proceder a transformación de objetos, sino a creaciones de objetos en virtud de soportes que originariamente no están en relación directa con el objeto.
Desarrollo de la perspectiva vincular
Toda investidura encierra en germen la materia prima de la elaboración de una función objetalizante. La libido está siempre en busca de nuevos objetos e investiduras.
La función objetalizante debe ser distinguida de la relación de objeto que se limita a los vínculos que implican al objeto como tal. La función objetalizante, por el contrario, interesa al proceso por el cual hacemos que aspectos del funcionamiento psíquico alcanzan el rango de objetos. Cualquier investidura puede transformarse en objeto. La función objetalizante es la que estudia las transformaciones pero también las transferencias de investidura, de modalidad, de régimen y de reglas que rigen los diferentes modos de funcionamiento del aparato psíquico.
Cualquier funcionamiento del aparato puede sufrir la objetalización. La función objetalizante es una de las vicisitudes de la experiencia de continuidad del yo. Su función consiste en la creación ininterrumpida de formas objetales que alimentan la realidad psíquica. Tal vez se trata entonces de asegurarse, mediante estos anclajes, la sustitución de un modo sin fin del necesario desprendimiento de los objetos primarios.
El objeto aparece en la teoría con motivo de los efectos de su pérdida. El yo es alimentado por el objeto que forma parte de su estructura. La función del objeto es fundamentalmente nutricia. El objeto es más importante para las pulsiones que para el yo, pues ellas siempre encuentran en él con qué satisfacer su apetito. Todo es transformable en objeto y las pulsiones tienen una función objetalizante, es decir son creadoras de objetos.
Las pulsiones de vida tendrían una función objetalizante (creadoras) y las pulsiones de muerte una función desobjetalizante (destructoras). Ejemplo de desobjetalización es la melancolía.
El objeto ayuda a la transformación de las pulsiones.
La función objetalizante, es una función de las pulsiones que consiste no sólo en ligarse a los objetos sino también en crearlos, es decir en hallarlos. El campo de lo objetalizable es infinito.
La función objetalizante no se limita a las transformaciones del objeto, puede hacer advenir al rango de objetos a lo que no posee atributos o cualidades de tal, a condición de que una sola de las características se mantenga en el trabajo propuesto, y esta característica es el investimiento significativo. De allí la paradoja de la teoría clásica que dice que el yo mismo puede devenir en objeto o que se pueden hallar "objetos sí mismo" (self objects). Este proceso de objetalización o de transformación puede caer en formaciones no tan organizadas como el yo, sino referirse a otros modos de la actividad psíquica de manera que el investimiento mismo puede ser objetalizado.
La pulsión de muerte cumple la función desobjetalizante por la desligazón. No es sólo la relación de objeto la que se ve atacada, el yo y el investimiento mismo también sufren. La manifestación propia de la destructividad de la pulsión de muerte es el desinvestimiento.
La función desobjetalizante se opone al trabajo de duelo. El duelo, por el contrario, está en el centro de los procesos de transfor |