Gran Bretaña
Fue la importancia atribuida en el siglo XVIII a la libertad individual lo que llevó a William Tuke (1732-1822) a idear el "tratamiento moral”. Inspirado en el ideal filosófico que en la misma época impulsaba al francés Philippe Pinel (1745-1826), reformador del Asilo de Bicétre, y al norteamericano Benjamin Rush (1746-1813), Tuke fundó en York, en 1796, un establecimiento de atención a los insensatos, al cual dio el nombre de York Retreat. La experiencia se hizo célebre en todo el mundo. Su principio terapéutico se desprendía del ideal de los cuáqueros, según el cual cada ser humano tiene en el fondo de sí una chispa divina que se trata de volver a encontrar y cultivar. Esta tesis era próxima a la de Pinel, quien definió el tratamiento moral como la búsqueda de un resto de razón en el corazón de la locura.
Basado en el respeto a la dignidad humana y en el autocontrol, el tratamiento moral practicado por Tuke consistía en socializar al enfermo mental, integrándolo coactivamente en una estructura jerárquica de tipo familiar. De allí la aplicación de un modelo comunitario o de “ambiente" que más tarde se encontrará en todas las experiencias terapéuticas inglesas, tanto entre los clínicos de la antipsiquiatría (desde David Cooper hasta Ronald Laing) como en los grandes representantes de la escuela psicoanalítca inglesa (desde John Rickman hasta Wilfred Ruprecht Bion, pasando por Michael Balint y John Bowlby).
Adepto del espiritismo y representante de la psiquiatría dinámica, Frederick Myers fue el primero que mencionó el nombre de Sigmund Freud en Inglaterra, al presentar, en 1893, ante la Society for Psychical Research, una exposición dedicada a la "comunicación preliminar" de los Estudios sobre la histeria. Havelock Ellis, por su lado, también hizo conocer las tesis freudianas, presentándolas en las revistas norteamericanas de neurología, leídas por los médicos ingleses.
Sin embargo, debe considerarse a Ernest Jones el verdadero introductor del psicoanálisis en Gran Bretaña. Alumno de John Hughlings Jackson, descubrió los primeros escritos de Freud gracias a su cuñado, Wilfred Ballen Lewis Trotter (1872-1939), cirujano honorario del rey Jorge V, erudito distinguido y apasionado de la filosofía. Éste lo exhortó a aprender el alemán y estudiar La interpretación de los sueños y el caso de Ida Bauer (Dora).
En septiembre de 1907 Jones viajó a Amsterdarri, Holanda, para asistir al Primer Gran Congreso de Psiquiatría, Neurología y Asistencia a los Alienados. Allí se encontró con todos los grandes nombres de la psiquiatría europea: Otto Gross, Theodor Ziehen (1862-1950), Hermann Oppenheim (1858-1919), Ludwig Binswanger, Pierre Janet y sobre todo Carl Gustav Jung. En una carta a Freud del 11 de septiembre de 1907, este último lo describió como sigue: "Para mi gran sorpresa, había entre los ingleses un joven de Londres, el doctor Jones (un celta del país de Gales), que conocía muy bien sus escritos y que trabaja él mismo psicoanalíticamente. Es probable que él lo visite más adelante."
Invitado por Jung a trabajar en la Clínica del Burghölzli, entonces dirigida por Eugen Bleuler, Jones se vio con Freud por primera vez en abril de 1908 en Salzburgo, en oportunidad de un congreso que reunía a todas las sociedades psicoanalíticas ya constituidas en Europa. Al mes siguiente viajó a Viena y, en septiembre, después de haber tenido problemas con pacientes, se instaló en Canadá. Ése fue el inicio de una larga amistad y de una vasta correspondencia entre el maestro y su primer discípulo inglés: seiscientos setenta y una cartas.
Trabajador encarnizado, político hábil, desplegó entonces una actividad extraordinaria para instalar la causa freudiana en todos los países de lengua inglesa: Canadá, los Estados Unidos, la India y Gran Bretaña. Apasionado de la psicología de los pueblos y del folclore, participó muy pronto en los debates de la antropología inglesa acerca de Tótem y tabú. Después de haber creado la American Psychoanalytic Association (APsaA) permaneció un año más en Toronto, en condiciones difíciles, y volvió a Londres, para viajar posteriormente a Budapest en junio de 1913. Allí se analizó durante dos meses con Sandor Ferenczi. En agosto se estableció definitivamente en Londres.
Junto con Jung, participó entonces en el Congreso Internacional de Medicina de Londres, que reunió a los principales representantes de la psiquiatría dinámica europea y norteamericana: entre ellos, Adolf Meyer, Isador Coriat, David Eder, David Forsyth, y otros. Lo que estaba en juego era importante: en la duodécima sesión del congreso se decidió incluir en el orden del día un debate muy esperado sobre el psicoanálisis, y se sabía que Pierre Janet, que estaba muy de moda en esa época, iba a presentar en esa oportunidad un informe hostil a lo que entonces se llamaba el pansexualismo freudiano. "Hay en Viena -dijo- una atmósfera sexual especial, una especie de genio, de demonio local, que reina como una epidemia sobre la población y en ese ambiente. Un observador se ve fatalmente llevado a atribuir una importancia excepcional a las cuestiones relacionadas con la sexualidad."
Muy mal recibida por la opinión científica inglesa, la tesis de Janet sobre el origen de la doctrina sexual de Freud no encontró mucho eco en la comunidad científica angloamericana: la hostilidad de los protestantes y los puritanos al pansexualismo era de otro carácter. La conferencia de Janet también contribuyó a reforzar el impacto de las tesis freudianas en el mundo angloamericano. De pronto, Jones pudo permitirse estigmatizar los celos del psicólogo francés, denunciando como absurdo su razonamiento. Tres semanas más tarde, en Múnich, en el Congreso de la International Psychoanalytical Association (IPA), se consumó el divorcio entre Zurich y Viena, entre Jung y Freud.
En adelante, después de esa tercera disidencia de la historia del psicoanálisis, y en vísperas de la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña comenzó a desempenar un papel central en Europa en cuanto a la difusión del freudismo. En octubre de 1913 Jones fundó la London Psychoanalytic Society (LPS), compuesta por catorce miembros, entre ellos un canadiense, Frederic Davidson (1870-1946), y tres psiquiatras coloniales: el capitán Owen Berkeley-Hill (1879-1944) y el coronel W. D. Sutherland (?- 1920), ambos residentes en la India, y Watson Smith, en funciones en Beirut. A ellos se sumaban un irlandés de Belfast, el doctor Graham, y nueve ingleses: David Eder, Douglas Bryan, David Forsyth, Bernard Hart (1879-1966), Constance Long, Leslie Mackenzie (Edimburgo), Maurice Nicoll, Maurice Wright y el doctor Devine. Invitado a unirse al grupo, Havelock Ellis se negó, pues prefería mantenerse a una cierta distancia de las instituciones.
Jones siguió siendo el principal organizador del movimiento psicoanalítico en el ambiente médico, pero dos de los más grandes representantes del freudismo inglés, Alix Strachey y James Strachey, se formaron en el grupo de Bloomsbury, a partir de 1905. Reunidos en torno a Lytton Strachey (1870-1932), Leonard y Virginia Woolf (18821941), Dora Carrington (1893-1932), Roger Frey (1856-1934) y John Maynard Keynes (1883-1946), los escritores del grupo adoptaron las teorías freudianas un poco a la manera de los surrealistas franceses. Hostiles a la "dictadura" puritana, combatieron el espíritu victoriano, preconizando el "amor libre- y haciendo ostentación de su bisexualidad y su homosexualidad. Frente a Jones y los médicos, ellos encarnaban el inconformismo. El hermano de Virginia Woolf, Adrien Stephen (1883-1948), y su esposa, Karin Stephen (1889-1953), se convertirían en psicoanalistas. En cuanto a Leonard Woolf, fundó en 1917 la prestigiosa Hogarth Press, editorial que no sólo publicó las obras completas de Freud en la traducción de Strachey, sino también numerosas obras de miembros de la escuela psicoanalítica inglesa. Durante los años de la guerra, Jones continuó su obra de propagandista, pero no pudo evitar los conflictos internos en la asociación londinense, en especial con los partidarios de Jung (Long y Nicoll), y sobre todo con Eder, de cuyo renombre Jones tenía celos, y que también se volvió hacia el junguismo. Para salir del atolladero, Jones decidió disolver el grupo y formar otro: a algunos antiguos se sumaron terapeutas ya formados en el psicoanálisis.
El 20 de febrero de 1919 fundó la British Psychoanalytical Society (BPS), que pronto contaría con muchos adherentes, entre ellos las principales figuras de la primera generación psicoanalítica inglesa (segunda en el plano mundial): Edward Glover, James Glover (1882-1926), Barbara Low (1877-1955), John Rickman, W.H.B. Stoddart, John Carl Flugel (1884-1955), Eric Hiller, Sylvia Payne (1880-1976), Joan Riviere, Ella Sharpe, Susan Isaacs y los dos Strachey. Un aflo mAs tarde cre6 el International Journal of Psycho-Analsis (IJP) primera revista de psicoanálisis en lengua inglesa, que se convertiría en una especie de órgano oficial de la IPA.
En 1924, John Rickman creó un instituto de psicoanálisis siguiendo el modelo del Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI) y, dos años más tarde, la BPS, gracias al aporte de un mecenas americano, logró establecer una clínica psicoanalítica (la London Clinic of Psycho-Analysis) en la que se realizaban curas gratuitas. Durante cincuenta años, más de tres mil personas se beneficiaron con la atención de la clínica: "Había un acuerdo mutuo -escribió Pearl King-, según el cual los profesionales debían dedicar una sesión gratuita por día a la clínica, o bien realizar otro trabajo equivalente". A partir de 1930, la segunda generación psicoanalítica inglesa (tercera en el plano mundial) adhirió a la BPS: Marjorie Brierley (1893-1984), John Bowlby, William Gillespie, Donald Woods Winnicott, Wilfred Ruprecht Bion.
Hacia 1926 Jones y Glover enfrentaron la cuestión del análisis profano, cuando la Asociación de Médicos Británicos decidió investigar la validez del ejercicio del psicoanálisis por los no-médicos. Tres años más tarde se llegó a una solución positiva. En efecto, el comité de la asociación adoptó la idea de que el psicoanálisis podía ser reconocido como una disciplina independiente, capaz de regular por sí misma, y en su propias instituciones, sus conflictos y sus problemas de formación.
Después de la Primera Guerra Mundial, la aparición de las neurosis de guerra reactivó el debate sobre los orígenes traumáticos de los trastornos psiquicos, y condujo a innovaciones en el ámbito de las psicoterapias. En este contexto, Hugh Crichton-Miller fundó, en 1920, la prestigiosa Tavistock Clinic, destinada a tratar los que se denominaban shell-shocks, es decir, los traumas nerviosos provocados por los obuses: temblor incontrolable, parálisis, alucinaciones, etcétera. A partir de 1930, bajo la dirección de John Rees, las actividades de la Tavistock se ampliaron al tratamiento de delincuentes, mediante terapias individuales, o con la creación de comunidades terapéuticas, grupos, etcétera. Progresivamente, la Tavistock se fue convirtiendo en uno de los bastiones del desarrollo de las tesis psicoanalíticas: freudianas primero, y después kleinianas, sobre todo bajo la influencia de Rickinan y Bion. Después de la Segunda Guerra Mundial, a partir de 1946, John Bowlby le dio a la Tavistock una nueva orientación, conforme al espíritu del grupo de los Independientes. Introdujo la terapia familiar, y Balint desarrolló allí su técnica de los grupos.
Muy diferente por un lado del freudismo berlinés, y por el otro de la tradición vienesa, la escuela inglesa adquirió desde 1920 una gran autonomía en el interior de la IPA. Si bien contaba con notables clínicos y aplicó una política de formación y una técnica de la cura de tipo pragmático, carecía no obstante de una sólida armadura teórica. Jones lo sabía, y por ello, en 1924, comprendió que las innovaciones kleinianas podían aportarles a los profesionales ingleses el sistema conceptual que tanto necesitaban.
Y no se equivocó. En 1926, la instalación de Klein en Londres trastornó totalmente la situación del psicoanálisis en Gran Bretaña. Melanie no sólo generó una expansión considerable del grupo ya constituido, sino que también formó a su alrededor una nueva corriente. En adelante, la BPS fue mayoritariamente kleiniana. En 1929, las divergencias entre Viena y Londres (sobre todo acerca del psicoanálisis de niños, la sexualidad femenina, las relaciones arcaicas con la madre, el complejo de Edipo, el fantasma, el narcisismo o la realidad psíquica) adquirieron tal magnitud que Jones se inquietó. Entonces, a través de Paul Federn, decidió organizar intercambios con la
Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV), para facilitar la comprensión mutua de las divergencias. En 1935 y 1936, dos exposiciones trataron de explicar la postura de uno y otro grupo: la de Robert Wälder (futuro Waelder, 1900-1967), sobre la psicología del yo, y la de Joan Riviere, dedicada a la génesis del conflicto psíquico en la primera infancia. Estos "intercambios de conferencias", como se los llamaba, no evitaron las oposiciones ni la continuación de las disputas entre los partidarios de Anna Freud y los de Melanie Klein.
La llegada del nazismo transformó aún más la situación de la BPS. Entre 1933 y 1940 desaparecieron todas las grandes sociedades psicoanalíticas europeas. En los países donde no las destruyó el fascismo, quedaron al margen, reducidas al mínimo de supervivencia u obligadas a cesar provisionalmente en sus actividades. En consecuencia, la BPS era el único bastión psicoanalítico todavía vivo en el Viejo Continente: en todo caso, el único que podía asegurar la continuidad del freudismo ante la pujante escuela norteamericana.
Una primera brecha se abrió en la BPS con la llegada en 1932 de Melitta Schmideberg. Apoyada por Glover, ella comenzó a atacar las tesis de la madre, Melanie Klein.
Al año siguiente se produjo otra división con la llegada de nuevos exiliados. Paula Heimann fue la primera en ingresar en la sociedad, seguida por Barbara Lantos (18881962) y Kate Friedlander. En Londres, estas mujeres llegadas de Berlín descubrieron otro discurso psicoanalítico, otra conceptualización, un vocabulario distinto de la lengua freudiana en la cual ellas habían sido formadas.
La llegada de los vieneses (Willi Hoffer [1897-1967] y Hedwig Hoffer [1888-1961], y después de la familia Freud, agravó considerablemente la situación: "Viejo y frágil, él [Freud] se sentía tan feliz en su casa de Hampstead -escribió Melitta Sclímideberg-, y tan contento de la acogida que le había brindado Inglaterra, que cuando mi marido lo visitó, lo saludó con un Heil Hitler [ ... ]. Cada movimiento de la mandíbula lo hacía sufrir. Pero realizó una observación que no olvidaré nunca. Era la época de Múnich, y yo le dije: «¿No es extraño que nosotros podamos pasar años tratando de ayudar a un paciente, mientras que una bomba puede matar a miles de seres humanos en un segundo?» La respuesta de Freud me dejó muda: «No se podría decir cuál de estos destinos es el que el hombre merece más». [ ... ] El propio Freud ya no se interesaba en absoluto en la BPS. Murió el 23 de septiembre de 1939. Anna estaba decidida a establecerse y a devolver la BPS al freudismo. Los pocos analistas alemanes refugiados se unieron al grupo vienés."
Decidida a no dejar la BPS en manos de los kleinianos, pero sensible a la acogida que los psicoanalistas ingleses le habían brindado a su familia, Anna Freud trató de evitar la escisión a cualquier precio. Pero su deseo de pacificación no concordaba con los sentimientos de los vieneses frente a las innovaciones kleinianas: todos tenían la impresión de que el grupo kleiniano, al difundir sus teorías sobre la destrucción, el odio, la envidia, la fragmentación, la agresión, etcétera, contribuía a malograr totalmente el freudismo que ellos amaban. Ahora bien, éste acababa justamente de ser destruido ante sus propios ojos por la peste parda.
La mirada de los kleinianos era también severa: en efecto, ellos veían al grupo vienés como una tribu estática, apegada al pasado e identificada con el cadáver del padre muerto. Pero, desde luego, nadie pensaba en excluir de las filas de la BPS a esos inmigrantes a los que se acababa de acoger tan generosamente, y que encarnaban la legitimidad freudiana.
Ante estas dos tendencias surgió un tercer camino, el middle group, cuya orientación fue muy bien expresada por Strachey en una carta a Glover de julio de 1940: "Estas actítudes de ambas partes son por supuesto puramente religiosas, y en consecuencia en sí mismas antitéticas a la ciencia. En ambos lados las inspira, creo, un deseo de dominar la situación y en particular el futuro -por ello cada uno asigna tanta importancia a la formación de los candidatos-; en realidad, desde luego, es una ilusión megalómana pensar que se pueden controlar las opiniones de quienes analizamos más allá de un límite muy estrecho [ ... ]. De todas maneras, creo que cualquier sugerencia de una escisión en la sociedad debe ser condenada, y hay que oponerse a ella hasta el punto más alto."
En realidad, cada una de las tres corrientes reivindicaba una lectura de la obra freudiana, y una manera diferente de formar a los psicoanalistas. Todas se pretendían freudianas, y ninguna tenía la intención de abandonar la IPA.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a la comunidad psicoanalítica inglesa a comprometerse contra la Alemania nazi. De tal modo, antes incluso de que la BPS hubiera tenido tiempo para asimilar a los recién llegados, debió enfrentar la dispersión de sus miembros. Las incursiones aéreas alejaron de Londres a varios profesionales, y otros se sumaron a la lucha.
Anna Freud y Dorothy Burlingham abricron las Hampstead War Nurseries, mientras que Glover creó, en la London Clinic, un centro de ayuda psicológica para los tratamientos de urgencia. Otros profesionales se unieron al Emergency Medical Service para atender a las víctimas de los bombardeos aéreos. Por su lado, Rees, Rickman, Bion, Ronald Hargreaves, Jock Sutherland, y muchos otros, se desempeñaron como consejeros del comando del ejército de tierra, para reorganizar la psiquiatría de guerra bajo la dirección de la War Office Selection Board (WOSB). Allí se elaboraría la teoría de los pequeños grupos tan admirada por Jacques Lacan y más tarde retomada por Bion.
En medio de los combates, los miembros de la comunidad psicoanalítica inglesa, de todas las tendencias, comprendieron que su país estaba cambiando, y que de la guerra emergería un mundo diferente. Se impuso entonces la necesidad de hacer estallar los conflictos teóricos y clínicos entre los diversos grupos: si el mundo iba a cambiar, la BPS también debía preparar su futuro.
En este contexto, en octubre de 1942 se puso en movimiento la pelota de las Grandes Controversias (Controversial Discussins), que desembocaron en el reconocimiento legal de tres tendencias: los annafreudianos, los kleinianos, los Independientes.
Este rechazo de la escisión, esta preservación de las apariencias, puede por cierto atribuirse a una concepción de la política que tiene su fuente en la tradición inglesa tan admirada por Freud. En efecto, ese país supo reformarse y conservar su ritual monárquico sin recurrir, como Francia, a la revolución. Pero así como el hecho de no haber atravesado una revolución no le ahorró a Inglaterra sus violentos desórdenes sociales, tampoco evitar una escisión impidió que la BPS se hundiera de modo permanente en conflictos interminables, que se tradujeron en una esclerosis institucional, en renuncias individuales (las de Charles Rycroft, Ronald Laing o Donald Meltzer, por ejemplo), en el desinterés o el ausentismo (Bion, Bowlby, etcétera), y, finalmente, en exclusiones (Masud Khan).
En una carta del 3 de junio de 1954, dirigida simultáneamente a Anna Freud y Melanie Klein, Winnicott denunció con ferocidad la esclerosis de la BPS: "Considero -escribió- que tiene una importancia vital absoluta para la Sociedad que ustedes dos destruyan sus grupos en lo que tienen de oficiales No tengo razones para pensar que viviré más que ustedes, pero tener que tratar con los agrupamientos rígidos que cuando ustedes mueran se convertirán automáticamente en una institución de Estado, es una perspectiva que me horroriza."
Hay por lo tanto una gran paradoja en la situación inglesa del psicoanálisis. No debe su notoriedad internacional a una institución más poderosa o mejor organizada que las otras, sino a los talentos individuales de los miembros que terminaron por desertar de la BPS para ocuparse de otra cosa que de la formación y la trasmisión de la doctrina. Después de la Segunda Guerra Mundial, Jones reunió los archivos y se convirtió en el historiador del movimiento y el biógrafo de Freud; Strachey emprendió la producción de la Standard Edition; Bowlby, Winnicott y Bion continuaron con sus trabajos clínicos, a distancia de las cuestiones institucionales.
Melanie Klein, por su lado, verá implantarse su doctrina en casi todos los países del mundo, sobre todo en la Argentina y Brasil. Varios de sus alumnos desarrollaron sus tesis: Susan Isaacs, Herbert Rosenfeld, Hanna Segal, Esther Bick (1904 -1983).
A partir de la década de 1970, lo mismo que en otros países, el psicoanálisis británico enfrentó el desarrollo de diversas psicoterapias, algunas de las cuales se pretendían freudianas (como la Philadelphia Association o la Guild of Psychotherapists). Ante esta eclosión, la escuela psicoanalítica inglesa optó por abrirse a algunas de esas doctrinas, con peligro de transformarse radicalmente. Ciertos grupos lacanianos lograron implantarse en el terreno de los estudios de psicología: el Center for Freudian Analysis and Researchs (CFAR) y el London Circle.
A fines del siglo XX, la BPS cuenta en sus filas con cuatrocientos cinco miembros (más cincuenta y siete alumnos) para una población de cincuenta y ocho millones de habitantes: ocho psicoanalistas (IPA) por millón de habitantes, una de las densidades más bajas del mundo, para la única escuela capaz de conquistar el conjunto del planeta. En efecto, los autores ingleses son traducidos a todos los idiomas, y sus obras se estudian en todas las universidades. La clínica inglesa se ha convertido además en un modelo principal de referencia para la mayor parte de las instituciones de psicoanálisis. Los planes de estudio han conservado una gran rigidez: obligación de cuatro o cinco sesiones por semana y vigilancia estricta de todos los candidatos considerados "marginales" (por ejemplo, los homosexuales).
Grandes controversias
(controversial discussions)
Se ha denominado Grandes Controversias o Controversial Discussions a un episodio del movimiento psicoanalítico inglés que se desarrolló en Londres entre noviembre de 1940 y febrero de 1944, en cuyo transcurso, a lo largo de prolongadas discusiones, se opusieron los freudianos dc todas las tendencias reunidos en Gran Bretaña en el seno de la British Psychoanalytical Society (BPS).
Después de la destrucción por el nazismo de las sociedades psicoanalíticas del Continente, la BPS se convirtió en el último bastión del psicoanálisis en Europa. Entre 1933 y 1939 acogió a numerosos inmigrantes, entre ellos los vieneses, y particularmente la familia Freud. Ahora bien, desde 1926 la escuela vienesa (y sobre todo los partidarios de Anna Freud) se oponían a Melanie Klein y su grupo, que representaban la corriente mayoritaria de la escuela inglesa. Partidarios de una concepción llamada ortodoxa (o continental) del psicoanálisis, , los annafreudianos pretendían ser los voceros de la tradición del padre fundador: un freudismo clásico centrado en la primacía del patriarcado, el complejo de Edipo, las defensas y el clivaje del yo, la neurosis, y una práctica del psicoanálisis de niños ligada a la pedagogía.
Frente a este freudismo, que ya se deslizaba hacia el annafreudismo, los freudianos llamados kleinianos eran los artífices de una clínica moderna de las relaciones de objeto, centrada en las psicosis y los trastornos narcisistas, en los fenómenos de regresión, las relaciones arcaicas e inconscientes con la madre, y la exploración del estadio preedípico.
Pero las Controversias no opusieron sólo al kleinismo y al annafreudismo. También pusieron en escena un asunto de familia. Hija de Melanie Klein, y analizada en su infancia por la madre, Melitta Schmideberg había emprendido el combate contra su progenitora antes de la llegada de los vieneses a Londres, respaldada entonces por Edward Glover, uno de los fundadores de la BPS. A la vez conservador y no conformista, Glover, contra el annafreudismo y el kleinismo, defendía "otro" freudismo: el de la primera generación inglesa, que iba a zozobrar con la guerra.
Las Grandes Controversias se iniciaron cuando los miembros de la comunidad psicoanalítica reunidos en la BPS tomaron conciencia del cambio que tenía lugar en el país. Puesto que la guerra iba a dar origen a un mundo diferente del que ellos habían conocido, se impuso la necesidad de hacer estallar los conflictos teóricos y clínicos entre los diversos grupos. En consecuencia, se creó un comité para examinar las cuestiones de la formación (training committee).
Ya entonces emergió otra tendencia, que se definió como el middle group. Ella reunía a los grandes clínicos de la segunda generación inglesa (Donald Woods Winnicott, John Bowlby), que aceptaban a la vez el freudismo y el kleinismo, pero se negaban a plegarse a ningún dogma. Los acompañaba un "antiguo", James Strachey, analizado por Freud y proveniente de la tradición literaria de los victorianos del Bloornsbury. Hasta el fin, Strachey encarnaría las virtudes de un justo medio, preocupado por la estética e inconformista. Otros clínicos de la misma generación se alineaban en esa tendencia: Ella Sharpe, Silvya Payne (1880-1976), Marjorie Brierley (1893-1984).
Primero kleiniano, John Rickman, reformador de la psiquiatría inglesa, apoyó después al middle group, antes de ser violentamente atacado por Glover. En esta otra controversia se oponían también dos concepciones del psicoanálisis: una (la de Glover) rebelde a toda psicologización del freudismo, y la otra (la de Rickman) proveniente del pragmatismo adaptativo, llevaría, es preciso decirlo, a algunas aberraciones.
Ernest Jones, el padre fundador de la escuela inglesa, controlaba la situación, a veces ausentándose de los debates, a veces organizándolos con paciencia y equidad. Partidario de un compromiso, fue él quien, contra la opinión de Sigmund Freud, favoreció la llegada de Malenie Klein a Londres. Pero, cercano a Anna Freud, encarnaba con ella la legitimidad familiar, mientras trataba de salvaguardar el poder de los ingleses, que corrían el riesgo de ser desbordados por la expansión de las corrientes norteamericanas.
Durante cuatro años, las Controversias desgarraron la BPS. La escisión se evitó por un pelo, al precio de la denuncia espectacular de Glover, la emigración de Melitta Schmideberg a los Estados Unidos, y la renuncia de Anna Freud al training committee. El grupo británico se organizó entonces alrededor del reconocimiento oficial de tres tendencias: los annafreudianos, los kleinianos y los Independientes (ex middle group). De modo que la BPS tomó el partido de conservar una fachada de unidad para preservar la pertenencia común a la IPA, que garantizaba la internacionalización de las diversas corrientes.
En noviembre de 1946 se firmó un compromiso que establecía dos tipos de formación: una rama A, mayoritaria, agrupaba a los kleinianos y los Independientes; una rama B reunía a los annafreudiamos. En realidad, se trataba de una victoria de los kleinianos: el poder volvió de facto a quienes dirigían la BPS antes de la llegada de los vieneses.
Compiladas y publicadas en 1991 por Pearl King y Riccardo Steiner, las Grandes Controversias constituyen uno de los documentos de archivo más apasionantes de la historia del freudismo.
Groddeck Walter Georg
(llamado Georg).
Médico alemán (Bad Kösen 1866 - Zurich 1934).
Es alumno y luego asistente de E. Schweninger, médico personal de Bismarck. En el sanatorio que abre en 1900 en Baden-Baden, Groddeck aplica los métodos de su maestro Schweninger, quien, despreciando las terapéuticas tradicionales, preconiza la dieta, la hidroterapia y los masajes. Afirma la importancia de los factores psíquicos en las enfermedades orgánicas; los síntomas de estas tienen un valor simbólico. Desde 1913, toma contacto con la obra de Freud, que lo alienta en su abordaje de los fenómenos inconcientes en las enfermedades somáticas. Publica Determinación psíquica y tratamiento psicoanalítico de las afecciones orgánicas (1917). Das Buch vom Es (El libro del ello), que da a la luz en 1923, es testimonio de su deseo de hacer entender el psicoanálisis a todos.
Desde 1926, Groddeck se aleja de Freud, cuyas especulaciones psicológicas critica, pues para él el inconciente es somático, el cuerpo está en las palabras, y a la inversa. Su última obra, Der Mensch als Symbol (El ser humano como símbolo, 1933), es, por lo demás, un estudio sobre el simbolismo del cuerpo y del hombre.
Groddeck Walter Georg
(1866-1934) Médico alemàn
El hombre a quien Sigmund Freud calificó un día de "soberbio analista", y que se reivindicaba a sí mismo como "analista salvaje", tenía el temperamento de un Wilhelm Fliess o un Wilhelm Reich. Pertenecía a ese largo linaje de médicos herederos de la tradición romántica, cuyas teorías estaban impregnadas de cientificismo, iluminismo y Naturphilosophie. Thomas Mann se inspiró en él para crear el personaje del doctor Edhin Krokovski en La montaña mágica. Médico de Berghof, Krokovski es presentado como un hipnotizador a la antigua, que aún no había accedido a las luces de la razón, y que, lo mismo que Freud, estaba obsesionado con la cuestión de la sexualidad humana: "Aquí pasa -escribe el narrador-, él, que conoce todos los secretos de nuestras damas. Se ruega observar el simbolismo refinado de su vestimenta. Se viste de negro, para indicar que el dominio particular de sus estudios es la noche." Krokovski profesa un pesimismo radical respecto de la salud humana, al punto de no ver en el hombre más que un sujeto habitado por la enfermedad. Maniobrando entre materialismo y ocultismo, se entrega a experiencias de telepatía que lo hunden en el universo fáustico de un subconsciente desordenado.
Al irrumpir en el movimiento psicoanalítico hacia 1920, enarbolando una palabra que haría carrera, el ello (Es), Groddeck trastornó el conformismo de los discípulos de Freud, mantuvo con éste una relación de fascinación y rechazo, y compartió después con Sandor Ferenczi una larga complicidad basada en la creencia común en los beneficios "maternantes" de la naturaleza biológica del hombre. Con su doctrina creó una medicina psicosomática de inspiración psicoanalítica, en la que, después de él, se nutrieron sin decirlo numerosos herederos de Freud.
Nacido en Bad Kösen, Georg Groddeck era el hijo de Carl Theodor Groddeck, un médico reputado que dirigía un establecimiento de baños salinos. Después de los acontecimientos de 1848, Carl Theodor había redactado un libro ultraconservador, De morbo democrático, nova insaniae forma (La enfermedad democrática, una nueva especie de locura), del que se decía que había influido sobre la obra de Nietzsche. El autor asimilaba la idea democrática a una plaga, una epidemia capaz de "contaminar” a Europa, hacer desaparecer en los individuos toda forma de conciencia de sí. Esta tesis, que se vuelve a encontrar en los sociólogos de las multitudes y sobre todo en Gustave Le Bon (1841-1931), convertía a Carl Theodor Groddeck en partidario del canciller Bismarck.
-La madre de Georg, Caroline, era hija de August Koberstein, historiador conocido por sus trabajos sobre la literatura alemana. Ella lo admiraba a tal punto que educó a sus cinco hijos de manera fría y distante, en el culto del abuelo venerado. Georg sufrió esa educación y ese poder materno que, a sus ojos, eclipsaba la figura del padre. Freud no dejó de señalárselo en el curso de su correspondencia. El joven Georg iba a ser el único sobreviviente de esa familia numerosa: sus hermanos y su hermana murieron prematuramente de diversas enfermedades orgánicas.
Impulsado por el padre, ingresó en la carrera médica, convirtiéndose en asistente de Ernst Schweninger (1850-1924), que se había hecho célebre atendiendo con éxito al canciller Bismarck. También ultraconservador, Schweninger había traspuesto a la medicina los principios del autoritarismo prusiano, instaurando con sus pacientes una relación de sugestión y sumisión absoluta, de la cual hacía depender el tratamiento y la naturaleza misma de la curación. Su divisa "Natura sanat, medicus curat" ("la naturaleza sana, el médico cura) fue retomada por Groddeck en 1913, cuando publicó su primera obra, Nasamecu.
En 1900, con su hermana Lina y su primera mujer, Else von Goltz-Neumann, Groddeck abrió en Baden-Baden un sanatorio de quince camas. Allí aplicó de inmediato los principios de su maestro, y puso a punto un método original de tratamiento basado en la hidroterapia, el régimen alimentario, los masajes, las entrevistas entre enfermos y curadores. A su manera, combatía, lo mismo que Freud, el nihilismo terapéutico de una medicina exclusivamente centrada en el diagnóstico, y sin ninguna compasión por el sufrimiento del paciente. Igual que Freud, trataba de captar al ser humano en su totalidad. De allí la elección de una medicina psicosomática atenta a la palabra del sujeto.
En 1913, en Nasamecu, Groddeck rindió un vibrante homenaje a la enseñanza de Schweninger, mientras se entregaba a consideraciones higienistas que se sumaban a las tesis conservadoras del padre. En la más pura tradición de la herencia-degeneración y de la creencia a los valores de la nación y la sangre, reivindicaba la "pureza de las razas" y proponía que todo ciudadano alemán con cónyuge extranjero fuera privado de sus derechos cívicos. En 1929, en sus Lebenserinnerungen (Recuerdos de vida), lamentó su actitud de entonces, y la rectificó, sin renunciar jamás a la utopía higienista que la subtendía. En ese mismo libro atacó vivamente al psicoanálisis, poniendo en guardia al lector contra los peligros de una técnica a menudo no dominada por profesionales incompetentes. En 1915 conoció a una mujer sueca, Emmy von Voigt (1874-1961), que iba a ser su analizante antes de convertirse en su segunda mujer y su asistente. Ella fue también una de las primeras traductoras de la obra freudiana en Suecia.
Muy pronto Groddeck dio un giro de ciento ochenta grados y se dirigió directamente a Freud, por medio de un primer intercambio de cartas. La correspondencia entre ellos iba a extenderse entre 1917 y 1934. De entrada, Groddeck interpretó su hostilidad al psicoanálisis como una expresión de los celos que le suscitaba el fundador de la doctrina. Más tarde se acercó a las tesis psicoanalíticas sobre la resistencia, la sexualidad y la transferencia, sin dejar de preservar la originalidad de su propio trayecto. Se creó entonces entre los dos hombres una especie de vínculo de hierro. En la medida en que Groddeck se dirigía a Freud como un discípulo que espera que un maestro lo apruebe y reconozca su singularidad, Freud se comportaba como un soberano preocupado ante todo por hacer ingresar a ese recién llegado en la "borda salvaje": "Es evidente de que yo le daría un gran placer si lo alejara de mí, empujándolo hacia donde se encuentran los Adler, Jung y otros. Pero no puedo hacerlo. Debo afirmar que usted es un soberbio analista que ha captado la esencia de la cosa y ya no puede perdería. Quien reconoce que la transferencia y la resistencia son los ejes del tratamiento, esa persona, qué quiere usted, pertenece irremediablemente a la horda salvaje. Y el hecho de que llame «ello» al inconsciente no hace ninguna diferencia."
Freud apreciaba mucho a ese médico inconformista adorado por sus pacientes, pero considerado un curandero por la medicina oficial. Lo invitó entonces a participar en las actividades del movimiento psicoanalítico, y después a inscribirse en la asociación berlinesa, publicar sus artículos en las revistas de la International Psychoanalytical Association (IPA), y finalmente a editar sus libros en la Psychoanalytischer Verlag de Viena. No obstante, no compartía su concepción de la ciencia, ni su técnica terapéutica: en efecto, a su juicio el científico debía distanciarse de la desmesura narcisista y de los impulsos del principio de placer, para adherir a un ideal de cientificidad externa a la subjetividad. Asimismo, el psicoanalista debía distinguirse del magnetizador renunciando a toda forma de poder oculto o autoritario: "La experiencia ha demostrado -le escribió en una oportunidad a Groddeck- que un ambicioso indomable salta [ ... ] en un momento dado y se convierte, para mal de la ciencia y de su propio desarrollo, en un solitario". En tal sentido, nunca se disipó el malentendido entre los dos hombres. Uno seguirá siendo partidario de la medicina paralela y la psicoterapia, mientras que el otro querrá siempre inscribir al psicoanálisis en el dominio de la ciencia.
En el sanatorio de Baden-Baden, Groddeck recibía a pacientes afectados de todo tipo de enfermedades orgánicas que la medicina de la época no sabía tratar. Para hacerlos participar en su cura, en 1916 tuvo la idea de dar conferencias para ellos, y después crear una revista, Satanarium, en la cual podían expresarse al mismo título que el terapeuta. Groddeck atendía cánceres, úlceras, reumatismos, diabetes, pretendiendo encontrar en el perfil de la enfermedad la expresión de un deseo orgánico. En el bocio veía el deseo de tener un hijo, y en la diabetes, el deseo del organismo de ser azucarado. Con el mismo enfoque sexualizaba los órganos del cuerpo, alineando el nervio óptico con la masculinidad, y las cavidades cardíacas con la feminidad.
Ese deseo derivaba de lo que él llamaba el "ello". Con ese pronombre neutro (el Es alemán), tomado de Nietzsche (1844-1900), Groddeck designaba una sustancia arcaica, anterior al lenguaje, una especie de naturaleza salvaje e irredentista que sumergía a las instancias subjetivas. La curación consistía en dejar actuar en el sujeto el fluir del ello, fuente de verdad.
En el contacto con el psicoanálisis, Groddeck modificó sus teorías y tomó en cuenta la eficacia simbólica de la cura por la palabra. Pero conservó lo esencial de su doctrina del ello, optando por expresarla con métodos narrativos tomados a la literatura.
En 1921 publicó una "novela psicoanalítica", El buscador de almas, en la que narraba la epopeya de un hombre transfigurado por la revelación de su inconsciente, y que a través del mundo perseguía chinches e "imágenes del alma". Freud admiró el estilo picaresco del autor, que te recordaba al Don Quijote de Cervantes. No obstante, la obra escandalizó, sobre todo al pastor Oskar Pfister, quien la consideró demasiado rabelaisiana.
Dos años más tarde, Groddeck publicó el famoso Libro del ello, en el cual puso en escena su relación epistolar con Freud, a través de cartas ficticias dirigidas por un narrador, Patrick Troll, a una amiga. De tal modo quería popularizar los conceptos del psicoanálisis, y su propia doctrina. En 1923 Freud retomó el término "ello" en el marco de su segunda tópica, pero cambiando radicalmente la definición.
En 1931 Groddeck publicó un curioso texto, "El doble sexo del ser humano", donde se expresaba un antijudaísmo ya visible en El buscador de almas, y que remitía a ciertos aspectos invertidos del "autoodio judío" de los vieneses de fines de siglo, desde Karl Krauss hasta Otto Weininger. Mientras que estos últimos asimilaban la judeidad a una esencia femenina responsable de la decadencia de la civilización patriarcal, Groddeck preconizaba, por el contrario, la necesidad de encontrar en cada s¿r humano una bisexualidad original, reprimida en la religión judía por la práctica de la circuncisión. A sus ojos, esta práctica habría favorecido la afirmación de una unisexualidad del hombre, y el rechazo de su esencia femenina frente a un Dios bisexual y omnipotente. Con esta hostilidad a la religión del padre, y en nombre de una búsqueda mesiánica de la feminidad, única capaz de salvar a la humanidad, Groddeck rechazaba la judeidad por razones opuestas a las de Weininger. No obstante, la problemática era la misma: por un lado, el judío era asimilado a una mujer, y todo el mal de la civilización provenía de la feminidad; por el otro, el judío encarnaba el mal por rechazar los beneficios de lo femenino.
Desde el punto de vista clínico, Groddeck prefiguró a los posfreudianos que se interrogaron sobre el origen de la psicosis, la naturaleza de la bisexualidad y la forma preedípica de la relación con la madre. De allí la proximidad de su trayecto con el de los culturalistas norteamericanos especialistas en esquizofrenia, como Harry Stack Sullivan.
En 1934, después de haber criticado severamente al régimen hitlerista, Groddeck abandonó Alemania para dirigirse a Suiza, y murió cerca de Zurich, asistido por el psiquiatra Maeder Boss.
Los grandes representantes freudianos de la medicina psicosomática, como Franz Alexander y Alexander Mitscherlich, no retuvieron nada de la doctrina de Groddeck, considerada extravagante e incompatible con los desarrollos de la biología moderna. Y fue en Francia, entre 1975 y 1980, donde se exhumó finalmente a este personaje romántico, gracias el inmenso trabajo de su traductor, Roger Lewinter, que debió enfrentar una polémica injusta sobre el supuesto racismo de su héroe. Así, en pleno período de crisis interna en el movimiento psicoanalítico francés, Groddeck resurgió con los rasgos de un simpático disidente entrampado en la temible tiranía del maestro. En cuanto a sus teorías, fueron curiosamente aproximadas a las de Jacques Lacan sobre el lenguaje y la palabra. Más tarde se les dejó de prestar atención.
Gross Otto
(1877-1920) Psiquiatra austríaco
Las relaciones de Sigmund Freud con Wilhelm Fliess y Hermann Swoboda demuestran hasta qué punto el movimiento psicoanalítico, sobre todo en los inicios, estuvo marcado por la temática del plagio, el robo de ideas, la droga y la locura. El "affaire Otto Gross", así como los que implicaron a Viktor Tausk y Sabina Spielrein, se contaron entre los más violentos de estos episodios.
Nacido en Feldbach, en Estiria (Austria), Otto Gross era hijo del jurista Hans Gross 1847-1915), uno de los fundadores de la criminología. Desde su infancia presentó signos de desequilibrio mental, a los cuales el padre, muy rígido, no supo aportar ninguna respuesta. Soñando con hacer de su hijo un partidario de sus teorías sobre el diagnóstico antropológico precoz de los criminales, lo orientó hacia el estudio de la psiquiatría. Pero al día siguiente de obtener su doctorado, Otto Gross se alistó como médico de a bordo en los paquebotes de la línea Hamburgo-América del Sur. En busca de identidad, se entregó a diversas drogas: cocaína, opio, morfina. Al volver, después de diferentes períodos de práctica en clínicas neurológicas de Múnich y Graz, se sometió a una primera cura de desintoxicación en la Clínica M Burghölzli, donde trabajaba Carl Gustav Jung bajo la dirección de Eugen Bleuler.
En 1903 se casó con Frieda SchIoffer y, a través de ella, conoció a Marianne Weber, la esposa del sociólogo Max Weber (1864-1920), y a las dos hermanas Von Richtofen, Else y Frieda. Una estaba casada con el economista Edgar Jaffé, y la otra con el filósofo francés Ernest Weekley, a quien dejó en 1912 para casarse con el escritor David Herbert Lawrence (1885-1926).
Designado Privatdozent y agregado de psicopatología, Gross se convirtió en asistente de Emil Kraepelin en Múnich, y se entusiasmó con la obra freudiana. Después de conocer a Freud, se orientó hacia la práctica del psicoanálisis, frecuentando el ambiente intelectual del barrio de Schwabing, donde se mezclaban a principios de siglo los discípulos de Stefan George (1868-1933) y de Ludwig Mages (1872-1956): "El nietzscheanismo tomaba allí la forma de una metafísica del «eros cosmogóñico» -escribió Jacques Le Rider- en el que se ponía de manifiesto la nostalgia de un dionisismo arcaico inspirado en las investigaciones mitológicas de Bachofen sobre el «matriarcado» de las culturas anteriores al surgimiento del racionalismo griego.
Gross se sumó a la causa del psicoanálisis a través de este culto, y preconizando el inmoralismo sexual. En esa época tenía relaciones simultáneas con las dos hermanas Richtofen. En 1906, en Ascona, se vio mezclado en el suicidio de Lotte Chattemer, una militante anarquista. Se sospechó que había proporcionado drogas a la joven, y que la había alentado en su proyecto de quitarse la vida. En 1907, tres años después de su primer encuentro con Freud, publicó una obra, La ideogenidad freudiana - Y su significación en la alienación maníaco-depresiva de Kraepelin, en la cual relacionaba el concepto freudiano de clivaje (Spaltung) con el de disociación de Kraepelin. Propuso asimismo reemplazar la expresión dementia praecox por dementia sejunctiva, tomada al psiquiatra Karl Wernicke ( 1848-1905), para expresar la idea de disyunción, abriendo así el camino al concepto bleuleriano de esquizofrenia. Un año más tarde, por pedido del padre, fue internado en la Clínica del Burghölzli, para una segunda cura de desintoxicación.
En realidad, Gross era visto a la vez como un discípulo de la tribu freudiana y como un enfermo peligroso. Por pedido de Freud, Jung lo tomó en análisis y, a lo largo de sus cartas, fue dándole cuenta del desarrollo de esa extraña cura. Sin dejar de elogiar los méritos de Gross como teórico, Jung formuló dos diagnósticos sucesivos: neurosis obsesiva y demencia precoz. Ernest Jones, por su parte, habló más tarde de esquizofrenia. Rotulado entonces -como enfermo mental, Gross se convirtió en un cobayo entrampado entre un maestro y un discípulo que a su vez era un futuro disidente. Él le permitió a Jung sostener ante Freud la validez de la noción de demencia precoz, a la cual el maestro se resistía. El tratamiento terminó en un desastre: Gross huyó de la clínica y se hizo atender, sin más éxito, por Wilhelm Stekel. Muy pronto los partidarios de la causa freudiana pasaron a considerarlo un extremista peligroso, capaz de perjudicar al movimiento: disoluto, inmoral, anarquista, violentamente apegado a la temática de la revolución por la sexualidad. Freud lo dejó sin miramientos: "Lamentablemente, no hay nada que decir de él; ha caído, y sólo le hará mucho daño a nuestra causa".
A pesar de ese rótulo, Gross continuó practicando el psicoanálisis y pretendiéndose freudiano. En 1908, después de escandalizar atendiendo a una joven rebelada contra la autoridad de los padres, vivió con Sophie Benz, pintora y anarquista que se suicidó en 1911. Nuevamente acusado de incitación al suicidio, después internado varias veces, y finalmente perseguido por la policía, que no dejó de acosarlo por "actividades subversivas", Otto Gross terminaría su vida errante en una calle de Berlín, muerto de frío y hambre.
Ninguno de los grandes personajes de la "izquierda freudiana" (desde Wilhelm Reich hasta Otto Fenichel) habría de rendir homenaje a esta figura maldita de la rebelión antiautoritaria. Fueron escritores como Max Brod (1884-1968), Blaise Cendrars (1887-1961), y en particular Franz Kafka (1883-1924), más sensible que otros a la relación padre/hijo, quienes iban a saludar la memoria de ese hombre que había perturbado tanto el orden moral del freudismo naciente, y cuya obra reflejaba el trastorno sufrido por la sociedad occidental a principios de siglo: "Yo he conocido muy poco a Otto Gross -escribió Kafka- pero sentí que algo importante me tendía la mano sobre un fondo de ridículo, El aspecto desamparado de su familia y sus amigos (su mujer, su cuñada e incluso el niño de pecho misteriosamente silencioso en medio de las bolsas de viaje -no había riesgo de que se cayera de la cuna cuando estaba solo-, que bebía café negro, comía fruta y todo lo que uno quisiera) me hacía pensar un poco en el desconcierto de los discípulos de Cristo al pie del crucificado."
Grupo analítico de reflexión
Definición
El Grupo Analítico de Reflexión se presenta como un espacio para dilucidar y conceptualizar los procesos inconscientes que se juegan en los grupos, en su atravesamiento institucional.
Se crean condiciones que hacen posible la observación y experimentación de conductas vinculadas a la pertenencia a grupos en instituciones.
La función del coordinador consiste en interpretar los dinamismos grupales que irán surgiendo. En ciertos casos lo acompaña un observador no participante que integra el equipo de coordinación, cuya tarea será devolver al grupo, en los momentos finales de la sesión, una síntesis de su observación.
"El foco está puesto en lo que el agrupamiento produce en los agrupantes, más que en lo que éstos llevan al grupo en función de su experiencia individual". (M. Bernard).
Origen e historia del término
Recurriendo a los antecedentes del Grupo Analítico de Reflexión, encontramos una vertiente en Estados Unidos, en los desarrollos de los Laboratorios Nacionales de Entrenamiento, que surgen en la década del 40'.
Dice Kenneth Benne, al respecto: "Si se lograba que los miembros de un grupo se enfrentaran de manera más o menos objetiva con los datos acerca de su propia conducta y con sus efectos, y que participaran despojados de defensas en la reflexión de esos datos, podrían llegar a aprender cosas muy significativas sobre ellos mismos, sobre las respuestas de los demás y sobre la conducta y evolución del grupo en general".
Otros tipos de talleres fueron los llamados Grupos de Entrenamiento de Habilidades Básicas (Basic Skills Training Grotips) o Grupos BST, cuyo objetivo era ofrecer un espacio para el aprendizaje y conceptos inherentes al agente de cambio, para después trasladarlas a sus estructuras organizacionales o comunitarias.
Luego los Training Groups (Grupos T) pusieron el acento en los sucesos interpersonales que tenían lugar entre los integrantes. "El lenguaje de interpretación usado para el esclarecimiento de los hechos se volvió más psicoanalítico y menos sociológico". (K. Benne). En Argentina, un antecedente importante es el de los Grupos Operativos que surgen con Pichon Rivière, en la década del 50', definidos como grupos centrados en la tarea. El objetivo era la elaboración de las ansiedades generadas en el trabajo con pacientes psiquiátricos y la elaboración de los conflictos surgidos en el ámbito asistencial.
Relata A. Dellarossa que por esa época "un conjunto de psicoanalistas de Buenos Aires había realizado una experiencia con los médicos residentes de Psiquiatría del Instituto Borda, consistente en formar con ellos grupos especiales que se denominaron Grupos de Reflexión.
El objetivo de la formación de estos grupos era que permitieran elaborar las tensiones que se generaban en la labor con los pacientes psiquiátricos y en las distintas actividades con los profesores y coordinadores de la institución asistencial.
Dos de los coordinadores de esos grupos, M. Bernard y F. Ulloa, que integraban también la Comisión Directiva de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo, propusieron la aplicación de un programa similar para el Curso de Formación sistemática en la Coordinación de grupos en general y Grupos terapéuticos en particular.
Esta experiencia formativa fue retomada entonces por G. Ferschtut, N. Helman y A. Dellarossa. El objetivo fue "permitir la elaboración de las tensiones engendradas por todas las actividades del curso, y por lo tanto no debía esperarse que los Grupos de Reflexión cumpliesen funciones terapéuticas". El material de las reuniones no debía ser divulgado por los coordinadores, para ofrecer a sus integrantes el mayor grado de libertad. Estos grupos no tenían un fin evaluativo.
En este contexto, el trabajo en equipo con A. Dellarossa comienza con la fundación del Instituto de Técnicas Grupales de la AAPPG, donde se desarrollaron los Grupos de Reflexión con un objetivo formativo a partir de 1972.
últimamente en Francia, el grupo del C.E.F.F.R.A.P., que integran entre otros D. Anzieu, R. Kads, J. Missénard, surgen los Grupos de diagnóstico que forman parte de los seminarios de Formación en tanto tienden hacia un diagnóstico de la percepción de los fenómenos de grupo.
Desde hace varios años, el Grupo de Reflexión constituye uno de los pilares de la Formación, en el Instituto de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. El objetivo es el trabajo con la subjetividad del analista inserto en una configuración vincular.
Desarrollo desde la perspectiva vinvular
En un Grupo de Reflexión no hay un tema prefijado. El tema lo va construyendo el grupo mismo. La ausencia de una situación estructurada se constituirá en el motor a través del cual el grupo se irá creando a sí mismo.
Sus integrantes son sujetos y objetos de la experiencia de estar insertos en una configuración vincular y esto les permite captar las vicisitudes por las que atraviesa la pertenencia a un grupo. El encuadre da lugar a un espacio poco definido que promueve la regresión. Las distintas intervenciones del coordinador desde su función interpretante, dan lugar a un análisis del desarrollo grupal y a la elaboración de las tensiones que resultan del agrupamiento.
Es decir que el coordinador centra su interpretación en los dinamismos vinculares que se desarrollan en el grupo. Si en algún momento surgen elementos de la historia personal, éstos serán entendidos a la luz de lo que está sucediendo en el grupo. Esto implica que no hay temas que resulten no pertinentes, para este instrumento.
El objetivo-tarea del Grupo de Reflexión es aprehender el funcionamiento vincular. Es inherente a estas situaciones la movilización de fantasías relacionadas con la construcción y reconstrucción de la propia identidad. Se inscriben así fantasías vinculadas con los orígenes.
La articulación de los polos de fusión y discriminación que se pone en juego en la pertenencia institucional muestra un despliegue de la fantasmática originaria que, al presentar un carácter universal (ver "Fantasías Originarias"), se constituye fácilmente en un organizador grupal.
L. Edelman y D. Kordon diferencian distintos tipos de Grupos de Reflexión:
-Grupos cuyos miembros comparten una tarea en un ámbito físico o institucional formalizado.
-Grupos cuyos miembros comparten una problemática determinada.
-Grupos cuyos miembros comparten una problemática y abordan una tarea común en función de ella, habitualmente a partir de una crisis social.
-Grupos que permiten el entrenamiento e investigación de la grupalidad en sí misma (grupos de formación).
En la constitución de un Grupo Analítico de Reflexión confluyen la demanda de los participantes y el deseo del coordinador.
En la demanda de los participantes podemos detectar, más allá del objetivo consciente que los reúne, una demanda de reconocimiento de un lugar en el grupo, (el "contrato narcisista", en Piera Aulagnier) y al mismo tiempo los conflictos frente a las exigencias que implica la vincularidad.
El coordinador, a través de su deseo, es instituyente del grupo. Ocupará un lugar peculiar, distinto, según pertenezca a la Institución o sea externo a la misma, lugar que también deberá ser objeto de análisis.
El Grupo Analítico de Reflexión ofrece la posibilidad de observar el interjuego de los dinamismos tanto en lo que hace al dispositivo analítico en sí como al lugar que ocupa ese grupo en el contexto y en el imaginario de la institución o comunidad en donde está inscripto. La pertenencia a un sistema social, a través de las instituciones que lo conforman, estructurantes pero también a veces alienantes, implica necesariamente un cierto grado de renuncia, un borramiento de una parte de sí mismo. Se manifiesta una tendencia a buscar un ilusorio estado a-conflictivo.
En ciertos casos, este "borramiento" resulta excesivo, en tanto se pierde la capacidad no sólo de sostener las propias ideas, sino hasta de reconocer o registrar ciertas situaciones de malestar.
La sensación de malestar puede volverse un ingrediente "natural" de la tarea, y deja de ser registrada como tal, como modo de negar conflictos en una pertenencia que a veces resulta imprescindible sostener. Esto tiene que ver con la identidad de pertenencia.
En efecto, en las instituciones quedan depositados los aspectos más indiferenciados de sus integrantes, a modo de un encuadre mudo que irrumpe en situaciones de crisis.
Sin embargo, las cuestiones vinculadas a la pertenencia grupal e institucional pueden trabajarse antes de que surjan situaciones catastróficas.
En ese sentido, el Grupo de Reflexión es un dispositivo especialmente indicado para el trabajo analítico en los grupos inscriptos en forma relativamente estable en una institución, donde las vicisitudes de la pertenencia revisten una especial importancia (grupos de formación, equipos que comparten una actividad o un trabajo en las más variadas instituciones).
La posibilidad de que lo implícito institucional se vuelva explícito en el grupo, puede dar lugar a la resignificación de situaciones conflictivas "naturalizadas" al servicio de no alterar la pertenencia. Esto constituye una verdadera "puesta en crisis", una "desnaturalización", que lleva a trabajar el entrecruzamiento de los distintos planos de la trama institucional que se juegan en la pertenencia a un grupo.
Puede tener el efecto de cese de una continuidad nociva, alienada, poniendo en juego la posibilidad de un resquicio, de una interrogación. A su vez, da lugar a la recuperación en el espacio simbólico de los elementos no simbolizados o desimbolizados que se encuentran sumergidos o enquistados. Estos "restos" no metabolizados, si quedan enquistados pueden resultar "tóxicos" y actuar como elementos potencialmente destructivos. Pero su toxicidad no depende de su contenido sino justamente del hecho de quedar escindidos" (Roussillon).
El Grupo Analítico de Reflexión permite revisar los efectos de una pertenencia grupal e institucional a veces cercana al polo de la alienación, enfrentando ese cambio dentro de un marco de contención representado por el grupo.
Este puede constituirse entonces en una red de sostén virtual que dará lugar a una pertenencia más autónoma, a modo de un efecto aparentemente paradójico ligante-desligante: sentirse perteneciente para poder individualizarse.
Efectos positivos de la pertenencia
Esta red de sostén virtual implica no necesitar tener el grupo siempre presente para sentirse perteneciente a él. Es una modalidad de pertenencia que da lugar al surgimiento y la aceptación de diferencias, pero que también favorece el reconocimiento de los vínculos y su carácter permanentemente estructurante.
En la Formación en Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, el Grupo de Reflexión da lugar al trabajo con la subjetividad del analista y le permite captar las vicisitudes de estar inserto en una de ellas: el grupo.
"...el objetivo formativo de los métodos de grupo es una meta individual para una mejor realización de las propias potencialidades" (D. Anzieu).
El trabajo con Grupos de Reflexión en las Instituciones, favorece el despliegue de la potencialidad vincular y el sostenimiento de un lugar subjetivo para sus integrantes.
Problemáticas conexas
En la medida en que el Grupo Analítico de Reflexión constituye un dispositivo para la formación y también para el saneamiento y la prevención institucional, podemos inferir la amplitud de su aplicación.
El trabajo con la pertenencia es un tema de gran envergadura en las instituciones.
"No es fácil medir la funcionalidad de este polo fusional de los vínculos, cuando ayuda a la tarea que el conjunto se ha propuesto y cuando la obstaculiza" (M.Bernard).
Son a diferenciar los momentos o las situaciones en que la fusión es estructurante de aquellos en que se vuelve alienante.
Algunos ejemplos de ámbitos de aplicación de este instrumento:
El trabajo en los grupos de formación, en donde se trabaja con la subjetividad del analista, permitiéndole aprehender los fenómenos inconscientes que se juegan en una Configuración Vincular.
El trabajo con residentes hospitalarios: el Grupo Analítico de Reflexión permite crear una red de sostén desde donde se vaya desplegando la identidad profesional a través del análisis de las cuestiones relativas a la pertenencia institucional.
El trabajo para los grupos expuestos a experiencias traumáticas: el trabajo con la vincularidad facilita enfrentar situaciones críticas.
El Grupo Analítico de Reflexión permite desplegar el clima interno imperante en el ámbito laboral, evitando el enquistamiento nocivo de situaciones conflictivas.
Se han hecho interesantes experiencias en escuelas, con púberes y con adolescentes, destrabando complejas situaciones vinculares, caracterizadas por la violencia.
Otras experiencias, en el ámbito de la Psicología del Deporte, facilitan la comprensión de los vínculos intra-equipo y también del lugar que un equipo ocupa dentro de la Institución que representa.
Guattari Félix
(1930-1992) Psicoanalista francés
Nacido en Villeneuve-les-Sablons, miembro de la École freudierme de Paris, y analizado por Jacques Lacan, Félix Guattari pertenecía a la cuarta generación psicoanalítica francesa. Hombre de izquierda, militante anticolonialista, sobre todo durante la guerra de Argelia, fundador de la revista Recherches y de diversas asociaciones de impugnación M orden psiquiátrico oficial, después ecologista, y gran viajero al servicio de todas las formas de tolerancia, durante muchos años insufló los más bellos valores del compromiso libertario en el corazón del lacanismo de la década de 1970, ya amenazado por el dogmatismo. Psicólogo de formación, se cruzó con la historia del movimiento psicoanalítico de tres maneras: como psicoanalista lacaniano, como terapeuta vinculado a la experiencia de psicoterapia institucional realizada en la Clínica de La Borde, en Cour-Cheverny, bajo la dirección de Jean Oury, y finalmente como coautor de varias obras escritas con el filósofo Gilles Deleuze (1925-1995) entre ellas L'anti-Edipe, que en 1972 fue el verdadero manifiesto de una antipsiquiatría a la francesa, y obtuvo un éxito resonante.
Los dos autores criticaban el edipismo freudiano que, a sus ojos, encerraba la libido plural de la locura en un marco demasiado estrecho, de tipo familiar. Para salir de ese atolladero "estructural” se propusieron traducir la polivalencia del deseo humano a una conceptualización adecuada. De allí la idea de oponer al psicoanálisis freudiano y lacaniano, articulado en torno a la primacía del Edipo y del significante, una psiquiatría materalista, basada en el "esquizo-análisis", es decir, en la posible liberación de los flujos deseantes. Surgido de la enseñanza oral de Gilles Deleuze en la Universidad Paris VIII (1969-1972), y después de una escritura dual, L'anti-Edipe tornó como blanco principal el conformismo psicoanalítico de todas las tendencias, anunciando con estrépito el agotamiento trágico del lacanismo de los últimos tiempos.
Guilbert Yvette
(1867-1944)
El pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901) retrató varias veces a esta famosa cantante francesa de café-concert de largos guantes negros, célebre en el París de la belle époque por su repertorio: a veces interpretaba a escolares seducidas, otras a "borrachuelas" o a prostitutas.
Por consejo de la esposa de Jean Martin Charcot, Sigmund Freud, en 1889, asistió por primera vez a un recital de Yvette Guilbert. Después intercambiaron una correspondencia amistosa. A Freud le gustaba en particular la famosa canción Dites-moi si je suis belle, que Yvette Guilbert interpretó en 1938, a los 71 años, en oportunidad del Congreso de la International Psychoanalytical Associacion (IPA) en París, ante todos los psicoanalistas de Europa reunidos por última vez antes de la Segunda Guerra Mundial. Se casó con un biólogo vienés, Max Schiller, y la sobrina de éste, Eva Rosenfeld (18921977), amiga de Anna Freud, sería psicoanalista y miembro de la British Psychoanalytical Society (BPS). |