Interés
La noción de interés se cuenta entre las que a uno le sorprendería no encontrar catalogadas en el índice general de las obras completas de Freud, si la importancia que ella ha adquirido en autores reputados como disidentes (en este caso Jung) no la hubiera vuelto sospechosa para los comentadores cuidadosos de la ortodoxia. Subsiste el hecho de que la persistencia de la atención de la que fue objeto en Freud, y la riqueza original de la interpretación que él le dio, atestiguan perfectamente su alcance psicoanalítico.
En efecto, resulta en primer lugar notable que el problema del interés se encuentre planteado en los primeros tiempos de la investigación freudiana sobre un terreno empírico, que es el del análisis de Juanito. Se trata en este caso del desplazamiento de las fantasías en las que se muestra, en la ocasión de un embarazo familiar, una aspiración de tipo sexual, representación simbólica de la que Freud subraya que emerge en el registro de la expresión verbal.
Inicialmente solidaria entonces del análisis de la fobia, esta conceptualización encontrará su renovación en el contexto de la psicosis, en este caso la paranoia del presidente Schreber. Freud recibe la impulsión de Jung, que en Metamorfosis y símbolos de la libido plantea el principio de una noción generalizada de la libido, energía no sexual asimilada al interés, siguiendo una sugerencia de Claparéde. Según este modo de ver, la psicosis consistiría en un retraimiento del interés fuera del mundo, que sanciona el doblegamiento de la exigencia de autonomía del sujeto. No obstante, Freud recusa la construcción de Jung, con relación al origen y al destino de la energía que sostiene el interés. En el origen, la libido de la que se trata no está desexualizada, sino que traduce la investidura libidinal del padre tomado como objeto en una fijación homosexual. Asimismo, el repliegue sobre el yo no es extraño a la exigencia libidinal, pero le da al yo por objeto en una relación narcisista.
En el marco de la segunda tópica, la noción de pulsión de muerte sostendrá esta génesis del interés en cuanto fundamenta la desexualización de la energía de la que el yo es vehículo.
Retrospectivamente, esta concepción aporta una dimensión nueva a la teoría general de la sublimación. Así se encuentra preparada la articulación, con la psicología psicoanalítica del interés, de las tesis sociológicas de El malestar en la cultura; la originalidad de una civilización encuentra su definición en la especificidad de los intereses que en ella se realizan. Desde este punto de vista se revelará operatoria la distinción entre sociedad estrecha y sociedad ampliada, en cuanto la mutación social que ella describe asegura la promoción de las pulsiones en el orden de una sociedad de intercambio. Aún no es seguro que estas sugerencias freudianas hayan recibido toda la atención que merecen.
Interés
(del Yo)
Al.: Interesse, Ichinteresse.
Fr.: intérêt o intérêt du moi
Ing.: interest, ego interest.
It.: interesse (dell'io).
Por.: interêsse (do ego).
Término utilizado por Freud en el marco de su primer dualismo pulsional: energía de las pulsiones de autoconservación, en contraposición a la libido o energía de las pulsiones sexuales.
El sentido específico del término «interés», que es el que indicamos en la definición, se establece en los escritos freudianos durante, los años 1911-1914. Ya es sabido que la libido designa la energía de catexis de las pulsiones sexuales; paralelamente existe, según Freud, una energía de catexis de las pulsiones de autoconservación.
En algunas ocasiones, la palabra interés, tomada en un sentido general parecido al usual, abarca el conjunto de estos dos tipos de catexis, como por ejemplo, en el siguiente pasaje en el que Freud introduce la expresión: el paranoico retira «[...] quizá no solamente su catexis libidinal, sino también su interés en general, y por consiguiente las catexis procedentes del yo». La tesis de Jung, que rehusa distinguir entre libido e «interés psíquico en general» conduce a Freud a subrayar esta oposición, reservando el término «interés» exclusivamente para las catexis procedentes de las pulsiones de autoconservación o pulsiones del yo(véase: Egoísmo).
Este empleo específico se encuentra, por ejemplo, en las Lecciones de introducción al psicoanálisis (Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse, 1917).
Interiorización
Al.: Verinnerlichung.
Fr.: intériorisation.
Ing.: internalization.
It.: interiorizzazione.
Por.: interiorização.
A) Término utilizado a menudo como sinónimo de introyección.
B) En un sentido más específico, proceso en virtud del cual las relaciones intersubjetivas se transforman en relaciones intrasubjetivas (interiorización de un conflicto, de una prohibición, etc.).
El término «interiorización» es de empleo frecuente en psicoanálisis. A menudo se toma, especialmente por la escuela kleiniana, en el sentido de introyección, es decir, del paso fantaseado de un objeto «bueno» o «malo», total o parcial, al interior del sujeto.
En un sentido más específico, se habla de interiorización cuando el proceso hace referencia a relaciones. Así, por ejemplo, se dirá que la relación de autoridad entre el padre y el niño se interioriza en la relación entre superyó y yo. Este proceso supone, dentro del psiquismo, una diferenciación estructural tal que permita vivir a nivel intrapsíquico relaciones y conflictos. De este modo, la interiorización es correlativa, de las concepciones tópicas de Freud, especialmente de la segunda teoría del aparato psíquico.
Con afán de precisión terminológica, hemos distinguido en nuestra definición dos sentidos, A y B. De hecho, se hallan muy ligados entre sí: cuando declina el Edipo, puede decirse que el sujeto introyecta la imago paterna e interioriza el conflicto de autoridad con el padre.
Intermediación
Definición
Este término -que no debe confundirse con el de mediación da cuenta del trabajo que realiza el psicoanalista de las Configuraciones Vinculares en el ejercicio de la función pericial solicitada dentro del contexto de procesos judiciales motivados por controversias familiares o conyugales. La operación que designa se desarrolla y tiene efectos en una zona de encuentro interdiscursivo. Esta modalidad de intervención, que se encuadra en el marco del Psicoanálisis de extramuros, es la que sostiene la función psicoanalítica en el ámbito del Poder Judicial. Para ello debe operar dentro del área de encuentro entre dos discursos diferentes, el psicoanalítico y el jurídico.
La intermediación consiste en: 1) dejar en evidencia el mecanismo de desplazamiento inconsciente de un conflicto vincular previo sobre un proceso litigioso, 2) detectar y señalar las resistencias vinculares a la emergencia de "lo negativo" (Ver Pacto Denegativo) constituyente del vínculo, contracara del "zócalo inconsciente" (Ver) y 3) facilitar con este esclarecimiento una sentencia judicial que se constituya en el corte de una cadena de repeticiones.
La intermediación se lleva a cabo a través de entrevistas con las partes y otros involucrados en la causa -por ejemplo, hijos- y a través de encuentros, comunicaciones escritas u orales y eventuales participaciones en audiencias con el Juez y, a veces, los abogados.
Origen e historia del término
El prefijo "inter" proviene del latín y es una preposición que significa entre o en medio. El Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares contempla tres espacios psíquicos en la constitución de la subjetividad: intra, inter y transubjetivo. Es en el segundo en el que se representa el conector entre los dos Yoes, representación paradigmática de la vincularidad. "Intermediar" es estar o existir una cosa en medio de otras e "intermediario" significa que media entre dos o mas personas para algún fin. El "intermedio" es el espacio que hay de un tiempo a otro o de una acción a otra. En este sentido la función del analista en el Poder Judicial ocupa el espacio entre la acción que entabla un litigio como un eslabón más en una cadena de repeticiones y el acto de¡ Juez al dictar una sentencia eficaz en la ruptura de dicha cadena. Por lo tanto sentencia eficaz es aquella que podrá ser cumplida, respetada y sostenida por las partes en conflicto a partir de haber realizado junto al perito, un trabajo de esclarecimiento psicoanalítico del vínculo, refrendado por el Juez. La labor de¡ analista contribuirá a la ganancia en eficacia de la sentencia judicial.
En 1985 René Kaës describe de esta manera las características de lo "intermediario": "es una mediación entre dos elementos discontinuos, mediación en la separación, acercamiento en lo mantenido-separado", 2) "es una instancia de articulación de diferencias, un lugar de continuidad (reprises) de transformación, de simbolización" y, por fin 3) "es una instancia de oposición, de conflicto y de diferenciación entre elementos complementarios y antagónicos". A través de estas tres características define la esencia del concepto como una "Función de puente sobre una ruptura mantenida, esa función de pasaje, de repetición transformadora, de creación".
Desarrollo del término desde la perspectiva vincular
Este concepto se desarrolla a partir de la investigación que he realizado con la Lic. Marta S. Effron sobre la utilización del modelo teórico-clínico de parejas de la A.A.P.P.G. en el ámbito-judicial, específicamente en las causas de divorcio controvertido, o sea aquél que no es de común acuerdo sino que presenta una causal que ha de abrirse a prueba.
Dentro de este ámbito el discurso jurídico convoca, pide, interpela, pregunta al perito psicólogo. El riesgo que éste entonces corre es el de deslizarse rápidamente al terreno fáctico y perder la función analítica. Para evitarlo se debe pensar el fenómeno desde una perspectiva vincular que abarca múltiples encuentros dentro de un espacio interdiscursivo: a) el encuentro del Juez con el caso, b) el encuentro del perito con el caso, c) el vínculo entre los ex-cónyuges y d) el encuentro del perito con el Juez a través del diálogo y/o presentación escrita del informe pericial.
El objeto de investigación del perito es precisamente el fenómeno de entrecruzamientos. La función se desarrolla como una intermediación, término acuñado en junio de 1996 como la intervención del analista de Configuraciones Vinculares y cuya característica esencial es "que opera sobre el encuentro entre distintos discursos, el del Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares y el de la Ley, y cuyos efectos trascienden la operación interdiscursiva en cuanto es refrendada por la investidura del Juez".
¿Cuál es el develamiento que puede poner fin al litigio durante el desarrollo de la intermediación? La experiencia señala que se trata de aquél que hacen los ex-cónyuges, en un proceso de trabajo con el perito en Configuraciones Vinculares refrendado por el Juez, que echa luz sobre la función del divorcio seguido de litigio sin fin como forma de evitar la emergencia de algunos elementos de "lo negativo" constituyente del vínculo.
Este proceso de trabajo es una intermediación en tanto supone la articulación entre distintos espacios -psicoanalítico y judicial- entre distintos sujetos -los ex-cónyuges- y entre distintas opciones -el litigio y el conflicto-.
La intermediación implica la construcción de un espacio de terceridad, el espacio simbólico del que la Ley es el organizador básico. Éste no ha de confundirse con ninguna de las partes sino que, citando nuevamente a Kaës, ha de servir de "puente sobre una ruptura mantenida"... "de pasaje, de repetición transformadora, de creación". La intermediación implica la construcción de un puente a un nuevo espacio lógico que no sea ya el de la disyunción (o uno u otro) sino el de la conjunción (uno y otro).
Simultáneamente al surgimiento de este concepto en el trabajo judicial referido a divorcios controvertidos, la Lic. Susana Matus y un equipo de colaboradores del "Centro Oro" utilizan el mismo término para referirse a un abordaje de causas judiciales desde el psicoanálisis familiar (5). Para estas autoras se trata de una intervención "destinada a transformar una primera instancia donde se dan simultáneamente propuestas inconciliables de muy difícil contención, en otra instancia en donde se mantienen las diferencias pero pueden ser toleradas posibilitando el accionar judicial".
Sostienen asimismo que las funciones básicas familiares no se juegan sólo en el grupo primario sino que además son sostenidas por las instituciones del macro-contexto. Es por ello, dicen, que un primer objetivo es "armar una red entre familia, juzgado y terapeuta". Otros objetivos son permitir que en el vínculo familiar se valoricen -o en su defecto se construyan- las funciones de sostén y de corte y concientizar los aspectos no manifiestos M conflicto a partir del armado de una historia y el develamiento de nuevas relaciones y sentidos. El interés fundamental es la creación del lugar del hijo, un lugar para el proyecto vital del grupo familiar.
Problemáticas conexas
El concepto surge en un entorno en que se festeja la aparición de la Ley Nac. 24573 de mediación obligatoria. Esta ley, vigente desde el 23 de abril de 1996 en la República Argentina, se aplica en los fueros civil y comercial. La mediación familiar en cambio no está reglada por ley. Es importante discriminar los conceptos de mediación e intermediación. La mediación es una etapa pre-judicial, el movimiento inmediatamente posterior a la demanda, cuyo objetivo es ofrecer un espacio de resolución alternativa de conflictos. La intermediación es la función ejercida por el psicoanalista de Configuraciones Vinculares en el seno del desarrollo del litigio y en respuesta a un pedido de pericia hecho por el Juez.
Tanto las autoras especialistas en vínculos de pareja como las del ámbito del psicoanálisis de familia coincidimos en cuanto al objetivo fundamental de la intermediación como la creación de un lugar de terceridad que permita superar rivalidades narcisísticas para acceder a un orden simbólico basado en la Ley. La legalidad representada por el Juez a través de la sentencia establece un corte a las repeticiones tanáticas y ordena las diferencias cuando es aceptada como tal.
Hay en cambio distintas ideas en cuanto a si lo terapéutico es también un objetivo, como sostiene el segundo grupo de autoras, o si es más bien una consecuencia, como pensamos las primeras. En todo caso por ahora concordamos con J. Laplanche en que en el terreno del extra-muros son imprecisos los límites y los alcances del Psicoanálisis, y que si bien su objeto no es cualquier objeto, las condiciones de dominio y de método habrán de definirse en cada caso.
International Federation of Psychoanalytic Societies (IFPS)
Fundada en Gotinga, Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, la International Federation of Psychoanalytic Societies (IFPS) tenía la finalidad de unir a las sociedades psicoanalíticas de inspiración freudiana no integradas en la International Psychoanalytical Association (IPA). Comenzó agrupando a tres asociaciones: la William Alanson White Psychoanalytic Society fundada por Harry Stack Sullivan; la Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG), reconstituida por Felix Boehm, y la Sociedad Mexicana de Psicoanálisis, signada por la enseñanza de Erich From. Lo mismo que la Internationale Föderation der Arbeitskreise für Tiefenpsychologie, creada por Igor Caruso, la IFPS es una federación en la que cada sociedad conserva su autonomía. Tiene influencia en numerosos países latinoamericanos (Iracy Doyle) y en los países escandinavos, en particular Finlandia.
International Journal of Psychoanalysis
Fundado por Ernest Jones en 1920, el IJP fue la primera revista psicoanalítica en lengua inglesa. Después de la destrucción del psicoanálisis por el nazismo en Alemania y Austria, y de la extinción concomitante de las revistas en lengua alemana fundadas por Sigmund Freud, el IJP se convirtió en el órgano oficial de la International Psychoanalytical Association (IPA).
International Psychoanalytical Association (IPA)
Fundada el 30 de marzo de 1910 en Nuremberg por Sandor Ferenczi y Sigmund Freud, la internacional freudiana se denominó primero Internationale Psychoanalytische Vereinigung (IPV). Operó con la sigla IPV hasta 1936, fecha en la cual la casi totalidad de los psicoanalistas de la Europa continental se exiliaron en Gran Bretaña y los Estados Unidos. Adoptó entonces la lengua inglesa, y con ella el nombre oficial de International Psychoanalytical Association (IPA). A partir de 1945 se generalizó la sigla inglesa IPA en el seno de todas las sociedades psicoanalíticas asociadas a la institución, con la excepción de dos sociedades francesas: la Société psychanalytique de Paris (SPP, 1926) y la Association psychanalytique de France (APF, 1964). Estos dos grupos se negaron a reconocer la validez de una sigla inglesa, y ganaron el privilegio de emplear una sigla francesa: API (Association psychanalytique internationale).
La IPA tuvo sucesivamente cuatro revistas oficiales: el Zentralblattfiir Psvchoanalyse. Medizinische Monatschriftfür Seelenkunde (1910-1913), la Internationale ärztlische Zeitschriftfür Psychoanalyse (IZP, 1913-1939), el Internationale Zeitschriftfür Psychoanalyse und Imago (IZP-IMAGO, 1939-1941), y finalmente el International Journal of Psycho-Analisis (IJP) fundado por Ernest Jones en 1920; el IJP relevó a las tres publicaciones anteriores a partir de 1941.
La primera gran reunión de los "psicólogos freudianos" tuvo lugar en Salzburgo en 1908. En ella participaron cuarenta y dos personas provenientes de seis países: Estados Unidos, Austria, Gran Bretaña, Alemania, Hungría, Suiza. Dos años más tarde, en el encuentro de Nuremberg, se impuso la necesidad de crear una verdadera asociación, capaz de unir a los grupos psicoanalíticos de los diferentes países. Se consideró entonces que el encuentro de Salzburgo había sido el primer congreso de la IPV, y el de Nuremberg, el segundo. Aspirando a sacar el psicoanálisis del gueto vienés, para que no fuera simplemente asimilado a una "ciencia judía", Freud decidió confiarle la dirección de la IPV a un no- judío: Carl Gustav Jung. Tres años más tarde, éste rompería con el freudismo, como ya lo había hecho antes Alfred Adler.
En su texto inaugural de 1910, Ferenczi dividió el movimiento psicoanalítico en tres grandes períodos: la época llamada "heroica" (1896-1907), durante la cual Freud se encontraba en Viena rodeado sólo de unos pocos discípulos; la época llamada "de Jung" (1907-1909), marcada por la implantación del psicoanálisis en el terreno de la psicología experimental, y la época denominada "americana" (1909-1913), que se había iniciado con el viaje de Freud a los Estados Unidos. Ferenczi afirmó la necesidad de la disciplina y de la racionalización, poniendo en guardia contra los peligros que entraña toda organización: "Conozco bien la patología de las asociaciones, y sé hasta qué punto, en los agrupamientos políticos, sociales y científicos, suelen reinar la megalomanía pueril, la vanidad, el respeto a fórmulas huecas, la obediencia ciega, el interés personal, en lugar de un trabajo concienzudo consagrado al bien común".
En oportunidad del cuarto congreso, que tuvo lugar en Múnich en 1913, ya formaban parte de la futura IPA seis sociedades psicoanalíticas: 1) la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV), creada por Freud en 1908 para reemplazar a la Sociedad Psicológica de los Miércoles (1902-1908); 2) la Sociedad Sigmund Freud de Zurich, creada por Jung en 1907 y disuelta en 1913; 3) la Deustche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG), fundada por Karl Abraham en 1908, 4) la New York Psychoanalytic Society (NYPS), fundada por Abraham Arden Brill en 1911-, 5) la American Psychoanalytic Association (APsaA), fundada por Jones y James Jackson Putnam en 1911; 6) la Sociedad Psicoanalítica de Budapest, creada por Ferenczi en 1913, y disuelta en 1948.
Después del alejamiento de Jung y la disolución de la Sociedad de Zurich, la séptima componente de la IPA sería la London Psychoanalytic Society creada por Jones en 1913 y reemplazada en 1919 por la British Psychoanalytical Society (BPS). Más tarde hubo otras creaciones: la Nederlandse Vereniging voor Psychoanalyse (NVP, 1917), la Société suisse de psychanalyse (SSP, 1919), la Asociación Psicoanalítica Rusa (1922-1928), la Sociedad Psicoanalítica India (1922), la Societá Psicanalitica Italiana (SPI, 1925) disuelta en 1938 y reconstituida en 1946; la Société psychanalytique de Paris (SPP, 1926), la Sociedade Brasileira de Psicanálise (SBP, 1927). A ellas se sumaron la Sociedad Psicoanalítica Japonesa (1932), los dos grupos escandinavos (el danés-noruego y el finés-sueco [1934]), la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA, 1942), y finalmente la Association des psychanalystes de Belgique (1949), que en 1960 se convertiría en la Société belge de psychanalyse (SBP).
La historia de la IPA se puede dividir en cuatro grandes períodos (por convención, los historiadores ubican el origen en 1910). Entre 1910 y 1925, era sólo un organismo de coordinación de los diferentes grupos locales, los cuales disfrutaban de una gran autonomía en lo concerniente a la formación de los psicoanalistas. Entre 1925 y 1933 cambió radicalmente de aspecto, al establecerse la obligación del análisis didáctico y el control. En adelante se transformó en una organización centralizada, con reglas de formación y admisión que apuntaban a normalizar las curas y excluir de la formación a los analistas "salvajes" o transgresores, considerados demasiado psicóticos, demasiado “gurúes” o "brujos" para tener el derecho de ejercer. También se prohibieron todas las prácticas llamadas "incestuosas": analizar a los miembros de la propia familia o de una misma familia, tener relaciones sexuales con los pacientes en cualquier forma. Observemos que en virtud de una decisión tomada en el seno del Comité Secreto en diciembre de 1921, se les vedó definitivamente a los homosexuales el acceso a la profesión de psicoanalistas. Esta regla nunca fue abolida.
Entre 1933 y 1965, considerablemente dominada por la lengua inglesa y las grandes corrientes de un freudismo que ya no tenía nada que ver con el clasicismo vienés (annafreudismo, kleinismo, Independientes, Ego Psychology,, Self Psychology), la IPA debió en primer lugar enfrentar el surgimiento del nazismo, y después la continuación de la terrible batalla en torno al análisis profano bosquejada en 1926, y que separaba a Europa y los Estados Unidos. A partir de 1935 la IPA entró en la era de las grandes escisiones, que afectaron primero a Holanda, después a Gran Bretaña (las Grandes Controversias), llegaron hasta las sociedades norteamericanas, y finalmente hasta Francia y la Argentina. La IPA se convirtió entonces en un organismo de gestión de los intereses profesionales de las diferentes sociedades afiliadas, y a tal fin creó múltiples comités, comisiones y subcomisiones. Con este espíritu, impuso un marco técnico rígido para la formación de los psicoanalistas.
Finalmente, a partir de 1965, la IPA se vio atravesada por numerosas crisis, y fue dejando de ser el único poder institucional del freudismo en el mundo. No sólo tuvo que sufrir la competencia de las escuelas de psicoterapia considerablemente expandidas, sino que además perdió el monopolio de la legitimidad freudiana: en efecto, otras corrientes freudianas se desarrollaron fuera de ella, sobre todo el lacanismo, los círculos de psicología de las profundidades de Igor Caruso (Internationale Fóderation der Arbeitskreise für Tieferipsychologie), y todo tipo de agrupamientos independientes y sin soporte institucional.
La IPA de la década de 1990 está compuesta por cuatro tipos de grupos organizados en una jerarquía precisa: los grupos de estudio (study groups), las sociedades provisionales (provisional societies), las sociedades componentes (component societies), las asociaciones regionales (regional associations). Hay tres clases de miembros: los titulares (members), los asociados (associate members), y los miembros a título individual (direct associate members). El título de miembro titular o asociado se adquiere con la incorporación personal a un grupo de estudio, a una sociedad componente o a una sociedad provisional. El título de miembro individual es otorgado por la dirección de la IPA en casos muy precisos: inexistencia de sociedad en un país dado, crisis transitoria de un grupo amenazado de escisión, etcétera. Sólo la APsaA tiene un estatuto de asociación regional, no compuesta por miembros sino por sociedades (componentes, provisionales, grupos de estudio). En cuanto a la Associaçáo Brasileira de Psicanálise (ABP), no es más que un agrupamiento de seis componentes brasileñas (sociedades y grupos de estudio) de la IPA. Debe señalarse que los alumnos en formación en las sociedades de la IPA no son considerados miembros. En general, son tan numerosos como los miembros.
A estas cuatro categorías de sociedades hay que añadir los institutos de formación, creados desde 1920 siguiendo el modelo del Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI). Pueden formar parte de la IPA, con independencia de sus vínculos con una u otra sociedad.
Finalmente, junto a la poderosa APsaA, hay dos federaciones: la Federación Psicoanalítica de América Latina (FEPAL), que agrupa a todas las sociedades psicoanalíticas de América latina, y la Fédération européenne de psychanalyse (FEP), que reúne a las de Europa.
Desde 1908, los congresos puntúan la vida de la IPA. Se realizan cada dos años en las diferentes ciudades del mundo donde está implantado el psicoanálisis. Hasta 1975, fueron organizados en Europa; después tuvieron alternativamente lugar en América (del Norte y del Sur) y en Europa.
A partir de 1934, los presidentes de la IPA, elegidos en general para un mandato renovable de dos años, han sido ingleses o norteamericanos, con la excepción de un francés (Serge Lebovici) y un argentino (Horacio Etchegoyen). Ernest Jones, el más hábil político de la historia del freudismo, fue quien estuvo más tiempo a la cabeza de la asociación (entre 1934 y 1949). Fue el gran organizador de sus instituciones y el artífice de su expansión.
A fines del siglo XX, la IPA está implantada en treinta y dos países: Alemania, la Argentina, Australia, Austria (Viena), Bélgica, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, España, los Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Hungría, la India, Israel, Italia, Japón, México, Holanda, los países escandinavos (Dinamarca, Suecia, Finlandia, Noruega), Perú, Portugal, la República Checa, Serbia, Suiza, Uruguay, Venezuela.
En esos países se constituyeron una asociación regional, cuarenta y cinco sociedades (componentes o provisionales), nueve grupos de estudio y cuarenta y nueve institutos, con aproximadamente diez mil quinientos miembros (titulares o asociados). Si sumamos los alumnos, tenemos una cifra de aproximadamente veinte mil psicoanalistas de la IPA en el mundo. Todos estos institutos, grupos y sociedades reivindican el artículo 2 de los estatutos de la IPA, según el cual "el término psicoanálisis se relaciona con una teoría de la estructura y el funcionamiento de la personalidad, con la aplicación de esta teoría en los distintos ámbitos del saber, y finalmente con una técnica psicoterapéutica específica. Este conjunto de conocimientos se basa en los descubrimientos fundamentales de Sigmund Freud, que están en su origen."
De inspiración legitimista, la IPA invoca entonces a Freud y al psicoanálisis. Pero admite en su seno todas las divergencias doctrinarias y todas las corrientes que se basan en el freudismo. En cambio, veda la transgresión de las reglas técnicas, caracterizadas por la obligación de que los candidatos se sometan a una cura cuya duración, periodicidad y didacta son controlados e impuestos por comisiones y por un sistema de estandarización mundial: la duración de las sesiones está fijada en cincuenta minutos, debe haber cuatro sesiones por semana, y dos supervisiones (además del análisis didáctico).
El número de los freudianos no miembros de la IPA es difícil de establecer. La Association mondiale de psychanalyse (AMP) agrupa a mil ochocientos miembros. En cuanto a los otros freudianos (lacanianos o no) es imposible precisar cuántos son: aproximadamente tres mil quinientos en Francia, menos de mil en la Argentina, y mil quinientos en Brasil; unos seis mil psicoanalistas freudianos no miembros de la IPA, para esos tres países.
Internationale Foderation
del Arbeitskreise für Tiefenpsychologie.
(Confederación Internacional
de los Círculos de Trabajo sobre la Psicología de las Profundidades)
En 1947, Igor Caruso creó en Viena el primer círculo de trabajo sobre la psicología de las profundidades (Wiener Arbeitskreis für Tiefenpsychologie), que pronto se extendió a varias ciudades de Austria (Innsbrück, Linz, Klagenfurt, Salzburgo), convirüéndose en la Osterreichische Arbeitskreise für Psychoanalyse (OAP). Los "circulos Caruso" formaron más tarde una asociación internacional, la Internationale Föderation der Arbeitskreise für Psychologie (IFAP). De inspiración freudiana, tiene influencia en numerosos países, en particular en la Argentina, Brasil y México.
Internationale Zeitschrift
für Psychoanalyse und Imago (IZP-IMAGO)
En 1913, después del conflicto con Carl Gustav Jung, Sigmund Freud creó el Internationale Äirztliche Zeitschrift für Psychoanalyse (IZP) para reemplazar al Jahrbuch für psychoanalytische und psychopathologische Forschungen. Esta revista se convirtió en el órgano oficial de la International Psychoanalytische Vereinigung (IPV), progenitora de la International Psychoanalytical Association (IPA), hasta 1939, fecha en la cual dejó de publicarse en Viena, para hacerlo en Londres. Más tarde, en 1939, se fusionó con la revista Imago, dando origen al Internationale Zeitschriftfür Psychoatiayse und Imago (IZP-IMAGO), que dejó de aparecer en 1941. El órgano oficial de la IPA pasó a ser entonces el International Journal of Psycho-Analysis (IJP), fundado por Ernest Jones en 1920.
Interpretación
Al.: Deutung.
Fr.: interprétation.
Ing.: interpretation.
It.: interpretazione.
Por.: interpretação.
A) Deducción, por medio de la investigación analítica, del sentido latente existente en las manifestaciones verbales y de comportamiento de un sujeto. La interpretación saca a la luz las modalidades del conflicto defensivo y apunta, en último término, al deseo que se formula en toda producción del inconsciente.
B) En la cura, comunicación hecha al sujeto con miras a hacerle accesible este sentido latente, según las reglas impuestas por la dirección y la evolución de la cura.
La interpretación se halla en el núcleo de la doctrina y de la técnica freudianas. Se podría caracterizar al psicoanálisis por la interpretación, es decir, por la puesta en evidencia del sentido latente de un material.
El primer ejemplo y el modelo de la interpretación lo ha constituido la actitud freudiana con respecto al sueño. Las teorías «científicas» del sueño intentaban explicarlo, como fenómeno de la vida mental, invocando un descenso de la actividad psíquica, una relajación de las asociaciones; algunas definían ciertamente el sueño como una actividad específica, pero ninguna de estas teorías tomaba en consideración su contenido y a fortiori la relación existente entre éste y la historia personal del individuo. En contraste con ello, los métodos de interpretación del tipo «la clave de los sueños» (Antigüedad, Oriente) no descuidaban el contenido del sueño, sino que le atribuían una significación. En este sentido, Freud declara adscribirse a esta tradición. Pero él hace recaer el acento en la inserción singular del simbolismo en la persona y, en este sentido, su método se aparta de las claves de los sueños.
Para Freud, la interpretación deduce, a partir de la narración que efectúa el sujeto (contenido manifiesto), el sentido del sueño, tal como se formula en el contenido latente, al cual conducen las asociaciones libres. El objetivo último de la interpretación es el deseo inconsciente y el fantasma que lo encarna.
Por supuesto, el término « interpretación » no se reserva exclusivamente para designar esta importante producción del inconsciente que es el sueño. Se aplica también a las restantes producciones del inconsciente (actos fallidos, síntomas, etc.) y, de un modo más general, a todo aquello que, dentro de las manifestaciones verbales y el comportamiento del sujeto, lleva el sello del conflicto defensivo.
Dado que la comunicación de la interpretación es por excelencia el modo de acción del analista, el término empleado aisladamente tiene asimismo el sentido técnico de interpretación comunicada al paciente.
La interpretación, en este sentido técnico, se halla presente desde los orígenes del psicoanálisis. Con todo, se observará que en la época de los Estudios sobre la histeria (Studien über Hysterie, 1895), en la medida en que el principal objetivo consistía en hacer surgir de nuevo los recuerdos patógenos inconscientes, la interpretación no se había deducido todavía como el principal modo de la acción terapéutica (por lo demás, la propia palabra no se encuentra todavía en dicho texto).
La interpretación adquiere verdadera importancia a partir del momento en que comienza a definirse la técnica psicoanalítica. La interpretación se integra entonces en la dinámica de la cura, como ilustra el artículo sobre El manejo de la interpretación de los sueños en psicoanálisis (Die Handhabung der Traumdeutung in der Psychoanalyse, 1911): «Sostengo, pues, que la interpretación de los sueños no se debe practicar, en el curso del tratamiento analítico, como un arte en sí, sino que su uso queda sometido a las reglas técnicas que rigen todo el conjunto del tratamiento». La consideración de estas «reglas técnicas» debe regir el nivel (más o menos «profundo»), el tipo (interpretación de las resistencia, de la transferencia, etc.) y el orden eventual de las interpretaciones.
No pretendemos tratar aquí de los problemas que plantea la interpretación, y que han sido objeto de numerosas discusiones técnicas: criterios, forma y formulación, oportunidad, «profundidad», orden, etcétera. Indicaremos solamente que la interpretación no cubre el conjunto de las intervenciones del analista en la cura (como, por ejemplo, el alentar al paciente a hablar, el darle seguridad, la explicación de un mecanismo o de un símbolo, las órdenes, las construcciones, etc.), aunque todas ellas puedan adquirir valor interpretativo dentro de la situación analítica.
Señalemos, desde el punto de vista terminológico, que la palabra interpretación no es exactamente superponible al término alemán Deutung. La interpretación hace pensar más bien en todo lo que hay de subjetivo, de forzado y arbitrario, en el sentido que se da a un acontecimiento, a una palabra. Deutung tiene un sentido más próximo a explicación, esclarecimiento, y está menos impregnado, para la conciencia lingüística común, del matiz peyorativo que puede presentar el término español. Freud escribe: «la Deulung de un sueño consiste en determinar su Bedeutung, su significación».
También es preciso señalar que Freud no dejó de indicar el parentesco existente entre la interpretación, en el sentido analítico del término, y otros procesos mentales en lo que se manifiesta una actividad interpretativa.
Así, por ejemplo, la elaboración secundaria constituye, por parte del sujeto que sueña, una «primera interpretación» destinada a proporcionar cierta coherencia a los elementos que son el producto del trabajo del sueño: « [...] algunos sueños han experimentado hasta el fondo una elaboración realizada por una función psíquica análoga al pensamiento durante la vigilia; parecen tener un sentido, pero este sentido es lo más alejado que pueda darse de la verdadera significación (Bedeutung) del sueño [...]. Se trata de sueños que, por así decirlo, ya han sido interpretados antes de que nosotros los sometamos, en estado de, vigilia, a la interpretación». En la elaboración secundaria, el sujeto trata el contenido del sueño de igual forma que todo contenido perceptivo inédito: tendiendo a reducirlo a lo ya conocido por medio de ciertas «representaciones de espera» (Erwartungsvorstellungen). Freud también señala las relaciones existentes entre la interpretación paranoica (o incluso la interpretación de los signos en la superstición) y la interpretación analítica. En efecto, para los paranoicos todo es interpretable: «[...] atribuyen la mayor significación a los pequeños detalles que ordinariamente desatendemos en el comportamiento de los demás, interpretan a fondo (ausdeuten) y extraen conclusiones de gran alcance». En sus interpretaciones del comportamiento de otro individuo, los paranoicos demuestran, con frecuencia, una mayor penetración que el sujeto normal. Pero esta lucidez de la que el paranoico da pruebas con respecto a los demás tiene como contrapartida un profundo desconocimiento de su propio inconsciente.
Interpretación
s. f. (fr. interprétation; ingl. interpretation; al. Deutung). Intervención del analista tendiente a hacer surgir un sentido nuevo más allá del sentido manifiesto que un sueño, un acto fallido, y aun cualquier parte del discurso del sujeto puedan presentar.
La idea de que los sueños, los lapsus y los actos fallidos, el conjunto de las formaciones del inconciente, o incluso los síntomas, pueden interpretarse; la idea de que ocultan un sentido diferente de su sentido manifiesto, un sentido latente, constituye uno de los principales aportes de Freud al conocimiento del sujeto humano y uno de los modos de acción decisivos del analista en la cura.
La interpretación está presente desde el principio en las obras de Freud. En los primeros tiempos, sin embargo, el trabajo de la cura consiste sobre todo en hacer volver los recuerdos patógenos reprimidos. Sólo a medida que la dificultad de esta reconstitución mnémica se fue haciendo sentir, y especialmente con el abandono de la hipnosis, Freud se dedicó más a servirse del material que sus pacientes le traían espontáneamente y a interpretarlo.
Debe reconocérsele aquí un valor particular al sueño. Si este realiza un deseo, pero al mismo tiempo el compromiso con la censura hace que ese deseo quede disimulado, es necesario interpretar el sueño manifiesto para hacer surgir el sueño latente. Hay que notar además que, si el sujeto, al contar su sueño, tiende a borrar los aspectos absurdos o incoherentes, a darle muy rápidamente sentido, la interpretación psicoanalítica suele ir a contrapelo de esta primera interpretación.
Sin embargo, la interpretación del sueño recurre al soñante. Para el psicoanálisis, en efecto, no se trata de construir una clave de los sueños, un diccionario universal de símbolos que permitiera traducir toda producción onírica. Aunque Freud no excluya la idea de que la cultura o la lengua vehiculicen símbolos válidos para todos (especialmente el simbolismo sexual), la práctica de la interpretación supone tomar en cuenta las asociaciones del sujeto. Sólo él está en condiciones de indicar el episodio o el pensamiento que un elemento de su sueño le evoca, y la interpretación no es posible si no se han producido las asociaciones necesarias. Podrán ser tenues (basta a veces, por ejemplo, que el marco en el que sucede la acción del sueño manifiesto remita a una situación anterior para que esta se encuentre en el centro de la cuestión del sueño latente): pero son siempre necesarias.
Forjada principalmente en relación con el análisis de los sueños, la interpretación ciertamente se aplica a un material mucho más amplio, que incluye los lapsus, los actos fallidos, los olvidos y, en general, todo lo que lleva la marca del inconciente. En este sentido, incluso una frase aparentemente anodina puede revelarse portadora de un sentido latente si el contexto permite oírla de otro modo.
Se ha reprochado a veces al psicoanálisis un uso sistemático de la interpretación, que reduce todo discurso y toda acción a una significación sexual estereotipada. Pero, en realidad, personas ajenas al psicoanálisis y basadas en un saber superficial han hecho proliferar el uso degradado de interpretaciones simplistas, del tipo de la que reza que cada vez que un señor se olvida su paraguas en la casa de una dama eso significa que le hace una proposición sexual. Ya Freud criticó con el nombre de «psicoanálisis silvestre» (wilde Psychoanalyse) la tendencia de ciertos médicos poco informados sobre el psicoanálisis a hacer a sus pacientes interpretaciones prematuras, mal elaboradas en sí mismas, y que para sus pacientes intervenían en un momento en el que todavía no podían aceptarlas. Los psicoanalistas, por su parte, han tenido cada vez más tendencia a ser prudentes en sus interpretaciones. Desde que un elemento de un sueño, por ejemplo, puede estar sobredeterminado, es decir, puede remitir a varias cadenas asociativas diferentes, una interpretación que privilegie un solo y único sentido es totalmente problemática. Por cierto, este es el modelo más espontáneo de interpretación: asociar una significación a todo lo que pueda llegar a presentarse como formación del inconciente o como síntoma. Pero este modelo espontáneo no lleva muy lejos. Hace de obstáculo, más que de apertura, a la prosecución del discurso.
Cita y enigma, [Se trata de dos términos analizados por Lacan en su Seminario XVIII, «De un discurso que no sería un semblante», inédito.] Pero, entonces, ¿todavía es posible la interpretación?
El recentramiento operado por J. Lacan del psicoanálisis en el campo del lenguaje («el inconciente está estructurado como un lenguaje») permite responder a esta pregunta.
Lo que caracteriza al lenguaje humano es la polisemia. Una misma palabra tiene muy a menudo varios sentidos diferentes. La poesía le debe mucho a esta propiedad, al hacer oír en una forma frecuentemente concisa las resonancias más diversas. El psicoanálisis sólo va un poco más allá. Lo que un paciente dice no vale sólo por su sentido, que se articula a partir de palabras organizadas en oraciones. A lo que el analista presta atención es a la secuencia acústica misma, a la cadena significante (véase significante), que puede recortarse, en el inconciente, de una manera totalmente distinta. Para retomar un ejemplo bien conocido, recogido de S. Leclaire, un analizante puede soñar con un «palan» [aparejo elevador]. Pero no es imposible que en el nivel inconciente el significante «palan» evoque el encanto de un paseo efectuado a paso lento [homofonía francesa palan = pas lents (pasos lentos)], y hasta el horror de un suplicio (pal [palo] en). Más aún, es frecuente que un mismo significante vehiculice a la vez las significaciones más contradictorias.
La interpretación, entonces, debe hacer valer, o al menos dejar abiertos los efectos de sentido del significante. Lo logra principalmente siendo enigma o cita.
Cita: el analista recuerda, en un punto determinado de lo que el analizante pueda decir, otra palabra que ha pronunciado un poco antes, tal fragmento del discurso que ha desarrollado, o tal recuerdo que hace eco al que está relatando. El acento aquí se pone no en la significación de un término aislado, sino en las correlaciones obligadas, que hacen que en una vida se repitan los mismos temas, las mismas elecciones, el mismo destino.
Enigma: el analista evita que sus propias intervenciones se dejen oír como unívocas. Si quiere introducir al analizante al lenguaje del inconciente, debe hacer valer el carácter polisémico de lo que se dice en la cura y, especialmente, de las palabras maestras [maitres mots: palabras dueñas, amas, rectoras, implica el concepto lacaniano de significante, SI, discurso del amo] que orientaron la historia del paciente. De esta manera, la interpretación tiene efectos de sentido. Pero este sentido queda abierto al cuestionamiento para el analizante; no se clausura en el establecimiento de una imagen de sí definitiva y alienante.
Por otro lado, la interpretación no hace más que introducir al sujeto a significaciones nuevas. Sobre las significaciones que el analizante desarrolla, las anécdotas que cuenta, los afectos que expresa, el analista puede, en cierto modo, poner el sello del significante. Así, tal sujeto puede perderse un poco en la expresión de sentimientos ambivalentes frente a otro: si al mismo tiempo ha soñado que aquel de quien habla le clava una copa, le basta al analista con proferir un «usted está copado» para convalidar la expresión de una pasión que el analizante no lograba expresar totalmente, sin negar sin embargo su carácter doloroso.
Interpretación
En un sentido amplio, la interpretación de textos o relatos forma parte de nuestra tradición cultural. La hermenéutica se inicia en efecto con la interpretación de Homero por la escuela alejandrina; el Libro se volverá rápidamente objeto de la exégesis apasionada de talmudistas y cabalistas. Señalemos de entrada que la imposibilidad de extraer conclusiones indudables o garantizadas desemboca por lo general en la constitución de escuelas o sectas hostiles entre sí. El pre-texto es, desde luego, el cuidado por restituir el sentido original. Pero el fracaso del procedimiento, aun cuando se haya constituido en ciencia -la filología-, habría podido subrayar que la postulación de un sentido original revela un mito, y que la esencia de un texto consiste en diverger entre un exceso y una carencia: sobreabundancia de los sentidos posibles, y falta de una interpretación conclusiva. Fue necesario que, con Saussure, apareciera otra ciencia, la lingüística, para que esa falta se considerara, más que como propia del lector, como el límite constitutivo de su espíritu y su inteligencia, facultad de leer entre líneas. Este preámbulo nos recuerda que la interpretación freudiana aparecerá en un contexto que de entrada le asegura un lugar, pero que en ese lugar ella se cuenta entre las otras imposibilidades de concluir.
La singularidad de Freud habría entonces consistido en la afirmación de que el sentido último -éste es su descubrimiento- es sexual, y que los otros referentes están subordinados a él, como solamente defensivos. Es cierto que su trayecto no se basa en una idea preconcebida o en una concepción del mundo, sino en una práctica con los neuróticos: sus síntomas, de apariencia incoherente, se dejan descifrar como un texto perfectamente sensato cuando se los lee como defensas contra un deseo. Lo importante para nosotros es que esta «lectura» no debe tomarse en un sentido metafórico (la metáfora es un tropo polisemántico por excelencia y gran proveedor de interpretaciones), puesto que un soporte material -la letra- se revela, por un juego de combinaciones, desplazamientos o defecciones, como causa de la singularidad del síntoma, de su «organicidad» diremos nosotros, si por esto se entiende su carácter debidamente organizado. Y hay algo más: el desciframiento del síntoma lo hace desaparecer, con lo cual se verifica su validez mediante un desplazamiento de lo real, prueba científica por excelencia.
Un éxito tan excepcional justifica otro fantasma: el de una reconciliación posible con el texto del mundo, una armonización con él, en cuanto sería adecuadamente iluminado. ¿No es ese fantasma el que ha obrado, desde el principio, en la búsqueda hermenéutica y el gusto por las Luces?
Se comprende que Freud haya tenido que sufrir la acusación de pansexualismo. Es cierto que ésta es el argumento de la neurosis, que prefiere el parloteo de un idiolecto a la lengua común, y sostiene una interpretación singular de lo real en beneficio de satisfacciones llamadas pregenitales. Así, por ejemplo, el vienés tropieza muy pronto con las neurosis traumáticas, cuyo goce se sostiene de la repetición paradójica del trauma, no obstante culpable. Se comprende de qué modo una interpretación «sexual» tendría que poder remover tal fijación.
Sin embargo, esta sedación muestra pronto sus límites, puesto que en 1920 Freud registra los fracasos sufridos como resistencia a la interpretación, y propone que ésta se refiera en adelante a las defensas pasadas, tanto como a las organizadas en el transcurso de la cura. Poco después, el ensayo Más allá del principio de placer trastorna de una manera aún más radical la simplicidad inicial, al afirmar la sumisión de la búsqueda de placer a la búsqueda de la muerte. Este nuevo punto de referencia provoca entre los discípulos una repugnancia aún más grande que la suscitada por la libido, ya que si el sexo está vedado por elaboraciones neurógenas cuya disipación permite esperar mejores relaciones con él, la pulsión de muerte ejerce el efecto de aspiración de un agujero sin parapeto. ¿Qué esperar de la interpretación, ya no de las formaciones defensivas, sino del agujero en sí?
De modo que los discípulos tendieron a olvidar la prevalencia de la pulsión de muerte, exaltando el carácter sexual de las interpretaciones que desde entonces entraron en las costumbres, aunque con la denominación de «salvajes».
Los analistas experimentados han continuado recordando que, para ser eficaz, una interpretación debe realizarse «en la transferencia». La disipación del pasado exige su actualización en la relación que ata al analizante con el analista, y la interpretación debe basarse en esa relación. No obstante, subsiste el misterio: ¿cómo puede entonces actuar una palabra para hacer renunciar a la familiaridad de un goce adquirido, por desdichado que parezca, en beneficio de otro, sexual en sentido amplio, pero cuyo beneficio sigue siendo problemático?
La remoción de la ignorancia desempeña un papel tanto más discutible cuanto que el sujeto sabía al elegir la vía de la neurosis, y la aceptación de un nuevo goce puede carecer para él de consecuencias prácticas. Para que ese nuevo goce des-estructure quizá se necesita que el sentido sexual se imponga menos por su verdad (¿No contraviene al masoquismo fundamental?) que por su carácter superyoico (que lo satisface más). Pero Dora le pregunta al profesor por qué tendría ella que someterse a las trivialidades de un sentido tal, cuando la sublimación permite allí una aplicación más rigurosa. Contra la histeria, subsistirá la tentativa desesperada de Ferenczi de realizar una interpretación omnipresente y omnivalente, capaz de asegurar la transparencia de las comunicaciones y la identidad finalmente restituida a cada uno de los interlocutores.
La técnica de Lacan está pensada de otro modo. En efecto, no se basa en el sentido sino en la disposición del material literal que lo fija en un sujeto. Ya no se trata de privilegiar el sentido, sino de hacer valer su génesis y sus avatares, ilustrando que no hubo allí otra autoridad que el significante para proponerlo a lo imaginario, ya sea que ello haya conducido a la rebelión, vana, o a la sumisión risible del sujeto. Este procedimiento, ¿conducirá al escepticismo? No para Lacan, puesto que el límite del saber -de lo interpretable- se basa en el objeto que rige el fantasma, lo que inscribe el algoritmo $ à a (que se lee S tachada punzón de a); su presentificación se convierte en la condición de acceso al orden finito (sensato) e infinito (insensato) que, al mismo tiempo, organiza a un sujeto, organiza al mundo en él y lo organiza a él en el mundo. Este momento crucial del saber, llamado por Lacan el Pase, aparece como el tiempo exigible de un final de cura.
A los discípulos de Freud y Lacan, a los profesionales del análisis, puede parecerles también el resultado necesario de una elaboración conceptual, la conclusión sin la cual la teorización está destinada a girar en círculo, rumiando las mismas impasses de manera cansadora y oscura.
Interpretación y construcción
«El psicoanálisis -decía Freud en 1937, en su artículo "Construcciones en el análisis"- no es un arte de interpretación». El término «interpretación» se relaciona con la manera de tratar un elemento aislado del material, una idea incidental, un acto fallido, etcétera. En cambio, se puede hablar de construcción cuando se le presenta al analizado un período olvidado de su prehistoria, por ejemplo en los términos siguientes: «Hasta su año x, usted se consideró el poseedor único y absoluto de su madre; en ese momento llegó un segundo niño, y con él una fuerte decepción. Su madre lo abandonó a usted durante algún tiempo, y después usted nunca recuperó la exclusividad de sus cuidados. Sus sentimientos respecto de ella se volvieron ambivalentes, su padre adquirió una nueva significación» y así sucesivamente.
De hecho, en los treinta y siete años transcurridos desde La interpretación de los sueños, donde se encontraba, si no definida, por lo menos inicialmente ilustrada la andadura de la interpretación, el desplazamiento del centro de interés de la teoría desde la neurosis hacia la psicosis -con la propuesta de la noción de destino de pasión, derivada del análisis Schreber, como categoría dominante- había abierto al psicoanálisis todo el campo de la existencia subjetiva en sus renovaciones, a través de las vicisitudes de la relación de alteridad.
De este modo perdía su prevalencia la gestión interpretativa, tal como la había caracterizado la Traumdeutung, en tanto que restitución de los eslabones de la cadena significante excluidos del «contenido manifiesto», consciente, o, dicho de otro modo, como restitución del sentido (Sinn) del sueño en el desarrollo de su «significación» (Bedeutung), que había quedado implícita.
Tal había sido la introducción de Freud en el capítulo II de la Traumdeutung, titulado «El método de interpretación de los sueños». «Como pudimos verificarlo, las teorías científicas (wissenschaftliches Theorien) del sueño no dejan ningún lugar al problema de la interpretación, puesto que para ellas el sueño no es un acto anímico sino un proceso somático, El punto de vista del sentido común siempre ha sido otro. Valiéndose de su derecho a la inconsecuencia, admite que el sueño es incomprensible y absurdo, pero no se atreve a negarle una significación (Bedeutung). Guiado por un presentimiento oscuro, parece admitir que el sueño tiene un sentido (Sinn), pero oculto, que el sueño sustituye a otro proceso de pensamiento y que para comprender ese sentido (Sinn) oculto, basta con saber exactamente cómo se ha realizado la sustitución.»
Desde el principio, la interpretación se presentaba como una crítica de la concepción «científica» del sueño. Pero la construcción puede a su vez entenderse como una crítica de la interpretación, destinada a moderar la pretensión de esta última de agotar los significantes interpretativos.
En efecto, es propio de la construcción relacionar esos significantes interpretativos con la serie de los estatutos sucesivamente reconocidos al Otro en el franqueamiento de la posición narcisista del sujeto. Lejos de quedar como letra muerta en lo que concierne a la práctica, estos nuevos desarrollos subrayaron en particular el riesgo de llevar el entusiasmo interpretativo más allá de sus límites, sobre todo con la ilusión de abreviar la duración de la cura mediante el análisis de las resistencias.
Interpretación
Alemán: Deutung.
Francés: Interprétation.
Inglés: Interpretation.
Término tomado del vocabulario corriente, y utilizado por Sigmund Freud en La interpretación de los sueños para explicar el modo en que el psicoanálisis puede dar una significación al contenido latente del sueño, a fin de sacar a luz el deseo inconsciente del, sujeto.
Por extensión, el término designa toda intervención psicoanalítica que apunta a hacer comprender al sujeto la significación inconsciente de sus actos o de su discurso, puesta de manifiesto por una palabra, un lapsus, un sueño, un acto fallido, una resistencia, a través de la transferencia, etcétera.
Como lo subrayan Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis, la interpretación está en el corazón de la doctrina y la técnica freudianas. Desde la publicación de La interpretación de los sueños, Freud evocó siempre una larga tradición filosófica (que iba desde Aristóteles hasta el romanticismo alemán) según la cual el sueño tiene una significación. Pero, al poner el acento en el anclaje del simbolismo en la persona humana, hizo del sueño la expresión de la vida fantasmática del hombre, y la traducción de su deseo inconsciente. Por ello creó una técnica de la interpretación que iba a formar parte de la técnica psicoanalítica en sí, es decir, de la dinámica de la cura: "Sostengo -escribió en un artículo de 1911- que la interpretación de los sueños no debe practicarse en el curso del tratamiento analítico como un arte en sí, sino que su manejo debe estar sometido a las reglas técnicas que tiene que respetar el conjunto del tratamiento---.
En este sentido, la interpretación no debe ser "salvaje", ni estar en el ámbito del delirio o la manía. No es un juego gratuito, ni el fruto de un goce o de un principio de placer. Tiene que respetar algunas reglas, entre ellas la de no ceder a una actitud supersticiosa, paranoica, interpretativa o sugestiva, para la cual todo sería interpretable. En Psicopatología de la vida cotidiana, Freud, hablando de los paranoicos, indica claramente lo que no debe ser la interpretación: ellos, dice en sustancia, interpretan los pequeños detalles del comportamiento común de la vida del prójimo, y a menudo dan muestras de una mayor lucidez que el sujeto normal. Pero esta cualidad tiene como contrapartida un desconocimiento radical de sí mismos.
Freud definió la interpretación psicoanalítica de manera negativa, puntualizando lo que no debe ser, porque el concepto abarca muchas variantes: desde la simple explicación significativa hasta el delirio, pasando por la interpretación salvaje y la manía.
En la nosografía psiquiátrica, se denomina delirio de interpretación a una forma de delirio crónico caracterizado por la preponderancia de un motivo persecutorio y un razonamiento monoideico que impulsa al sujeto a proceder a construcciones alucinatorias, convencido como lo está de que todas las manifestaciones exteriores de la realidad se relacionan con él.
Si bien este delirio de interpretación es propio de la psicosis en general, y de la paranoia en particular, la interpretación salvaje constituye una de las modalidades del funcionamiento de la transferencia en la cura. Para caracterizarla, Freud emplea la expresión "psicoanálisis salvaje". En 1901, en su artículo sobre la psicoterapia, cita una declaración de Hamlet a los dos cortesanos encargados por el rey de vigilarlo: "¿Acaso creéis -pregunta el príncipe- que es más fácil tocarme a mí que tocar una flauta? Tomadrne por el instrumento que queráis-, podréis estropearme, pero jamás sabréis tocar música conmigo.- Más tarde, en 1910, a propósito de un médico neófito que le ha explicado “salvajemente" a una paciente que ella padece de falta de actividad sexual, Freud denomina por primera vez psicoanálisis salvaje al error técnico que comete un profesional ignorante cuando, en la primera entrevista, arroja a la cabeza del paciente los secretos que ha intuido. En este caso, sea la interpretación "verdadera" o "falsa", resulta inadmisible, puesto que procede de una ignorancia completa de la estructura psíquica del sujeto, de sus resistencias, de lo que reprime.
En 1929, en una carta al historiador francés Maxime Leroy (1873-1957), quien le pedía que interpretara tres sueños de René Descartes (1596-1650), Freud subrayó la dificultad de trabajar con ese material, en ausencia del principal interesado. Con el mismo enfoque, condenaba los intentos de -diagnóstico fulminante", asimilándolos a un verdadero abuso de poder
Freud estuvo siempre atento a la manía de interpretación, porque provocaba estragos. (Sus primeros discípulos de la Sociedad Psicológica de los Miércoles, por otra parte, no estaban exentos de ella.) Esa mezcla de psicoanálisis salvaje, delirio interpretativo y utilización dogmática de la doctrina freudiana para explicar la realidad se puso muy pronto de manifiesto entre quienes pretendían servirse del freudismo a fin de hacer surgir verdades ocultas en un texto o un individuo.
El goce interpretativo, lejos de retroceder ante las advertencias de Freud, aumentó incluso de intensidad a medida que el movimiento se interesaba por la clínica de la psicosis y los estados límite. Para tratar tales casos, el analista, a menudo marcado también él por la locura, se veía llevado a manejar la interpretación en plena transferencia pulsional con el analizante. De allí su carácter desenfrenado. Esta pasión, por otra parte denunciada por los propios psicoanalistas (Edward Glover, Heinz Kohut y muchos otros), permitió que los adversarios de Freud se basaran en disparates publicados por autores mediocres para presentar la doctrina vienesa como una nueva variedad de charlatanismo: videncia, astrología, ocultismo, superstición, etcétera.
En 1958, consciente del peligro, también Jacques Lacan emprendió la revisión del concepto y de su utilización técnica en el marco de su teoría del significante. Él puso el acento en la necesidad de examinar de manera incesante, en el curso de la cura, el deseo del analizante, pero sin asestarle verdades de confección. No obstante, sus discípulos cedieron a la manía interpretativa. Mientras que los freudianos hacían surgir en todas partes símbolos sexuales, y los kleinianos "intuían" detrás de cada discurso el odio arcaico a la madre, los lacanianos inventaron una nueva jerga interpretativa hecha de juegos de palabras, matemas, nudos borromeos.
Si a la doctrina freudiana le ha costado tanto preservarse de esta pasión, ello se debe a que el mecanismo de la interpretación es inherente a su sistema de pensamiento. Por ello Freud intentó siempre atemperar la omnipotencia de interpretación mediante otro procedimiento: la construcción.
En 1937 él le dio a este término un verdadero contenido teórico, al definirla como una elaboración que el analista debe absolutamente realizar en la cura (lo mismo que un científico en su laboratorio) para reconstruir literalmente la historia infantil e inconsciente del sujeto. En este sentido, puede decirse que la construcción es a la vez la quintaesencia de la interpretación y también su crítica, en cuanto permite restituir de manera coherente la significación global de la historia de un sujeto, en lugar de atenerse a la captación de algunos detalles sintomáticos. El propio Freud utilizaba constantemente el procedimiento de la construcción, tanto en sus curas (por ejemplo, la de Serguei Constantinovich Pankejeff, durante la cual inventó literalmente la escena del "coito a tergo"), como en sus hipótesis sobre la metapsicología o la pulsión de muerte, y en sus obras literarias sobre Leonardo da Vine¡ (1452-1519) o Moisés.
Dos corrientes filosóficas han comentado el concepto freudiano de interpretación. La primera, representada por Karl Popper (1902-1994) y sus herederos, afirma que el psicoanálisis, en la medida en que no es refutable, no puede ser promovido al rango de ciencia. La segunda, cercana a Paul Ricocur y la fenomenología, reivindica para el freudismo el estatuto positivo de una hermenéutica, capaz de aportarle a la filosofía los instrumentos de una verdadera crítica de las ilusiones de la conciencia.
Interpretación anagógica
Al.: anagogische Deutung.
Fr.: interprétation anagogique.
Ing.: anagogic interpretation.
It.: interpretazione anagogica.
Por.: interpretação anagógica.
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Término utilizado por Silberer: modo de interpretación de las formaciones simbólicas (mitos, sueños, etc.), que explicitaría su significación moral universal. Por consiguiente, dado que orienta el símbolo hacia «ideales elevados», se opondría a la interpretación analítica, que reduciría los símbolos a su contenido particular y sexual.
El concepto de interpretación anagógica (del griego “conducir hacia lo alto") pertenece al lenguaje teológico, donde designa la interpretación «que se eleva del sentido literal a un sentido espiritual» (Littré). Aparece como la fase más evolucionada del pensamiento de Silberer acerca del simbolismo. Ha sido desarrollado en Problemas de la mística y de su simbolismo (Probleme der Mystik und ihrer Symbolik, 1914). En las parábolas, los ritos, los mitos, etc., encuentra Silberer una doble determinación: por ejemplo, el mismo símbolo que representa en psicoanálisis la muerte del padre se interpreta anagógicamente como «muerte del viejo Adán» en nosotros. Esta oposición correspondería a la existente entre «fenómeno material» y «fenómeno funcional» (véase este término) en el sentido amplio que finalmente le confirió Silberer.
La diferencia entre «funcional» y «anagógico» estriba únicamente en que el « [...] verdadero fenómeno funcional describe el estado o el proceso psíquico actual, mientras que la imagen anagógica parece indicar un estado o un proceso que ha de vivirse [erlebt werden soll]». La interpretación anagógica tendería, por consiguiente, hacia la formación de nuevos símbolos funcionales cada vez más universales, que vendrían a representar los grandes problemas éticos del alma humana. Por lo demás, Silberer cree constatar una tal evolución en los sueños durante el tratamiento psicoanalítico.
Freud y Jones criticaron esta concepción. Freud sólo ve en la interpretación anagógica un retorno a las ideas pre-psicoanalíticas, que toman como sentido último de los símbolos lo que en realidad deriva de éstos por formación reactiva, racionalización, etc. Jones relaciona la interpretación anagógica con la significación «prospectiva» atribuida por Jung al simbolismo: «Se admite que el símbolo es la expresión de un esfuerzo con vistas a un ideal moral elevado, esfuerzo que, al no alcanzar este ideal, se detiene en el símbolo; no obstante, se supone que el ideal final se halla implícito en el símbolo y es simbolizado por éste».
Interpretación de los sueños (La)
Obra de Sigmund Freud publicada en noviembre de 1899 con el título de Die Traumdeutung, pero fechada en 1900 por el editor. Traducida por primera vez al francés en 1926 por Ignace Meyerson (1888-1983) con el título de La Science des réves. Traducción revisada y aumentada en 1967 por Denise Berger, y reeditada con el título de l’Interprétation des réves. Traducida al inglés por primera vez en 1913 por Abraham Arden Brill con el titulo de The Interpretation of Dreams, y en 1953 por James Strachey, sin cambio de título.
Expresando su admiración por este “libro extraordinario", Henri E Ellenberger lamentaba que nosotros no pudiéramos representarnos la impresión" que produjo en el momento de su aparición. En su búsqueda de la génesis de Die Traumdeutung, recorriendo el laberinto de los sueños, los hallazgos y los atolladeros de los que dan testimonio las cartas a Wilhelm Fliess, Didier Anzieu señaló que el título alemán lleva a pensar en la interpretación popular de los sueños, en las adivinas que dicen la buena ventura, y en la astrología (Stertideutung), mucho más que en un tratado científico.
La interpretación de los sueños, y no del sueño en general, como lo precisó Freud en 1935, en una nota agregada a su autobiografía (Presentación autobiográfica), es un libro-bisagra, que opera a la manera de un barquero. Abandonando como a pesar suyo las orillas pobladas de sabios locos y artistas visionarios del romanticismo alemán, Freud se dirige hacia las costas todavía emergentes del modernismo científico, el de la sexualidad revelada y la palabra sin frenos.
El interés de Freud por sus propios sueños era ya antiguo en el momento en que se lanzó a esa aventura. Lo documentan las cartas a la novia, Martha Bernays (Freud), en especial la del 19 de julio de 1883, en la cual habla de un “cuaderno de notas personales sobre los sueños" compuesto a partir de su experiencia. Este interés se desarrolló escuchando a sus pacientes. Liberados de las coacciones de la hipnosis y la sugestión, ellos hablaban y narraban sus sueños. En 1894 le anunció oigullosamente a Josef Breuer que sabía interpretar los sueños. En una carta del 4 de marzo de 1895 le confió a Wilhelm Fliess su tesis sobre el sueño como realización de un deseo, narrándole el sueño de Rudi Kaufmann, un joven médico sobrino de Breuer que detestaba levantarse temprano, y una mañana alucinó un cartel de hospital con su nombre. Entonces volvió a dormirse, convencido de estar ya en su trabajo.
A mediados de julio de 1895, mientras se encontraba con la familia en las alturas de Viena, Freud tuvo un sueño, el llamado de “la inyección a Irma", del cual da una interpretación parcial en el “Proyecto de psicología". Ése fue el ejemplo inaugural, uno de los más importantes de su libro.
El año 1896 estuvo signado para él por la muerte del padre, Jacob Freud. En el prefacio a la segunda edición de Die Traumdeutung, en 1908, Freud dice que ese trabajo fue un modo de reaccionar al episodio, "la parte más desgarradora de una vida de hombre". En los meses siguientes, ese tema de la muerte del padre y los recuerdos ligados a él aparecen como fuente de varios sueños, y sobre todo los que él llama 1os sueños de Roma". Entre estos recuerdos, el de la humillación como judío que, según se la había narrado, el padre sufrió sin reaccionar, estaba vinculado al cuarto de los sueños romanos, en el cual se manifestó su deseo de que un encuentro previsto con Fliess se realizara en Roma, y no en Praga. "Mi nostalgia de Roma -escribió Freud en una carta a Fliess del 3 de diciembre de 1897- tiene un carácter profundamente neurótico. Está vinculada con mi amor de colegial por Aníbal, el héroe semita; de hecho, este año, lo mismo que él, yo tampoco he podido ir a Roma desde el lago Trasimeno." El relato de la humillación paterna había provocado en el joven Sigmund una relación admirativa con el personaje de Aníbal. Didier Anzieu subraya que esa identificación con Aníbal fue la primera de las identificaciones heroicas de Freud, "al mismo tiempo identificaciones masoquistas", de lo cual se dará cuenta algunos meses más tarde, en ocasión de su encuentro con el mito edípico. Fliess, continúa Anzieu, representa entonces una imagen paterna que frustra un deseo de Freud, deseo que se realiza en el sueño.
El progreso de su reflexión sobre la dinámica de las psiconeurosis y la etiología de la histeria se acompañó de sus primeras dudas sobre la teoría de la seducción. El sueño le parece entonces a Freud el único medio para avanzar hacia la solución que presiente. El 16 de mayo de 1897 le escribió a Fliess: "Todo hierve y fermenta en mí, y no hago más que esperar nuevas oleadas [ ... ] me he sentido obligado a trabajar la cuestión de los sueños: allí me siento muy seguro de mí, tanto más cuanto que tú me alientas".
Progresivamente, la teoría del sueño como realización de un deseo inconsciente se amplió a la elaboración de los fantasmas y la aparición de los síntomas. El proyecto de un libro sobre los sueños incluía "una psicología total de las neurosis", según le escribió a Fliess el 7 de julio de 1897. En el otoño de ese año, de vuelta del viaje a Italia en cuyo transcurso no pudo llegar a Roma, Freud dirigió a su amigo berlinés su célebre declaración "Ya no creo en mi neurótica". No obstante, al final de esta misma carta deja asentada una constatación no menos esencial: "En este derrumbe general, sólo la psicología sigue intacta. El sueño conserva por cierto su valor, y cada vez valoro más mis inicios en la metapsicología. ¡Qué lástima, por ejemplo, que la interpretación de los sueños no baste para ganarse la vida!"
En las semanas siguientes Freud tomó nota de los que habían sido sus sentimientos amorosos respecto de la madre, y descubrió la universalidad del mito edípico como realización de deseos infantiles inconscientes, lo mismo que el sueño; de todo esto dejó un registro en el capítulo V de Die Traumdeutung.
A principios de 1898, Freud puso manos a la obra en una primera versión del libro. Se sumergió sin reservas en el trabajo, pero en julio tropezó con lo que aún llamaba la "psicología del sueño", el futuro capítulo VII. Su atención se vio entonces retenida por otros fenómenos, extrañamente comparables al sueño: los olvidos, los actos fallidos, los recuerdos encubridores, que constituyen la materia del libro siguiente, Psicopatología de la vida cotidiana. En el otoño, víctima de la duda, lo inundó un sentimiento de muerte, y el 23 de octubre le anunció a Fliess el abandono de su proyecto: "El libro sobre los sueños ha quedado irremediablemente a un lado. Me falta estímulo para preparar su publicación, verdaderamente sus lagunas en psicología y también las que subsisten en el ejemplo analizado a fondo obstaculizan mi conclusión. Aún no puedo superar estos obstáculos.- La esperanza renació a principios de 1899. El 3 de enero, siempre dirigiéndose a Fliess, escribió: "...ha aparecido una luz, algo distinto surgirá seguramente en los próximos días. [ ... ] El esquema del sueño puede tener una utilización muy general y [ ... ] la clave de la histeria se encuentra verdaderamente incluida en el sueño. Ahora comprendo también por qué, a pesar de todos mis esfuerzos, no he podido solucionar la cuestión del sueño. Si aguardo un poco más, llegaré a descubrir el proceso psíquico de los sueños, de manera que incluya el proceso de la formación del síntoma histérico. Por lo tanto, esperemos.-
A partir de mayo de 1899 se consagró totalmente a la escritura del libro, al precio de un trabajo agotador. El 11 de septiembre de ese año pudo finalmente escribirle a Fliess: "He terminado; es decir que envié el manuscrito. Te puedes imaginar en qué estado estoy: en el de una gran depresión, lo que es normal después de toda exaltación." Terminado de imprimir aproximadamente el 20 de octubre, Die Traumdeutung fue puesto en venta el 4 de noviembre de 1899.
Freud inauguró en este libro un método al que siguió fiel en sus obras siguientes, la dedicada a la psicopatología y la que tituló El chiste y su relación con lo inconsciente. Se trataba de construir la teoría de su objeto a partir de la experiencia clínica y de observaciones recogidas en su entorno. En este caso, estudió a partir de ejemplos la formación del sueño, el trabajo del sueño, su interpretación, examinando el fundamento de la tesis de la realización de un deseo inconsciente; los ejemplos eran alternativamente puntos de partida, fuente de interrogantes y puntos de llegada e ilustración de la justeza de las hipótesis propuestas.
Las múltiples modificaciones a las que el libro fue sometido (Peter Gay observa que al cabo de varias ediciones el capítulo sexto adquirió por sí solo tanta extensión como los cinco primeros) a veces dificultan su lectura; por otra parte, las traducciones sólo reflejan imperfectamente los múltiples aspectos del trayecto de Freud, sea que se trate de ciertas sutilezas teóricas, de alusiones a las diversas culturas de las que Freud estaba impregnado, o de detalles que remiten a la. vida vienesa de la época.
A pesar de estos obstáculos, Die Traumdeutung sigue siendo un libro excepcional, cuyo autor es a la vez el soñante, el intérprete, el teórico y el narrador. Para llevar a cabo su empresa, Freud utiliza doscientos veintitrés sueños: cuarenta y siete son suyos, ciento setenta y seis provienen de pacientes o allegados. Si bien es cierto que en el análisis de sus propios sueños Freud revela muchos más detalles concernientes a su vida íntima que, por ejemplo, en su autobiografía, sería sin duda abusivo ver en este libro (como lo han hecho algunos comentadores) "una forma ingenua y retorcida de autobiografía" (Peter Gay) o "una autobiografía disfrazada" (Henri F. Ellenberger). Octave Mannoni cambia con justicia el enfoque, explicando que ninguno de los sueños utilizados por Freud, tanto los suyos como los de otras personas, puede ser objeto de una interpretación exhaustiva, porque "todo sueño tiene un ombligo, a través del cual se comunica con lo desconocido". Además, señala Mannoni, cuando Freud analiza sus propios sueños respeta la misma discreción que les debe a los otros. "Así, el análisis del sueño de la inyección a Irma se detiene en el momento en que Freud nos ha dicho lo bastante al respecto como para que comprendamos que estaba en juego su propia esposa."
No es un azar que Die Traumdeutung haya sido la primera de las veintitrés obras publicadas por el autor. Freud explica esta prioridad en las primeras paginas de su análisis del caso "Dora" (Ida Bauer), publicado en 1905. Era imposible -dice Freud- avanzar en la comprensión de las psiconeurosis sin haber efectuado previamente "un estudio laborioso y profundo sobre los sueños".
En La interpretación de los sueños se pueden discernir tres partes. El capítulo inaugural, reseña bibliográfica detallada de los trabajos sobre el sueño realizados antes de Freud, forma la primera parte. El método de interpretación de los sueños, la teoría de la formación del sueño, su función, el trabajo del sueño, componen la segunda parte, o sea cinco capítulos esenciales, modificados varias veces. Finalmente, la tercera parte está constituida por el célebre capítulo VII, dedicado a la teoría del funcionamiento del aparato psíquico, y en él Freud describe las instancias de su primera tópica: consciente, preconsciente e inconsciente.
Freud escribió el primer capítulo de su libro en razón de los consejos insistentes de Fliess. Por otra parte, durante ese verano de 1899 no dejó de hacerle saber a su amigo hasta qué punto lo irritaba esa tarea impuesta, ni le ocultó tampoco sus dudas en cuanto a la utilidad de esa compilación ingrata. Este ligero desacuerdo fue resuelto rápidamente. El 6 de agosto de 1899 Freud reconoció que el problema no era el lugar acordado a esa literatura sobre el sueño, sino ante todo el de esa literatura en sí, la cual, escribió, "nos disgusta". La inserción de esa reseña era un mal necesario, destinado a "no proporcionarles a los pontífices un hacha para hendir este desdichado libro". En realidad, este incidente y los intercambios agridulces a los que dio lugar formaban parte, junto con otros, contemporáneos, de la degradación ya iniciada de la relación entre los dos amigos.
Desde el principio del segundo Capítulo, Freud tiene el cuidado de subrayar la originalidad de su enfoque. Distingue en primer término las concepciones que ignoran hasta la idea misma de interpretación (porque no consideran el sueño como un acto mental, sino como un hecho somático) y las otras, derivadas del buen sentido popular y de las creencias tradicionales, a las cuales les reconoce una verdadera prioridad, porque ciñen "la verdad más estrechamente que nuestras doctrinas actuales". Para esas concepciones antiguas, el sueño tiene una significación oculta que hay que descubrir. Freud discierne en ello una preocupación de interpretación que, a través de los siglos, permitió el desarrollo de dos métodos.
El primero, la interpretación simbólica, trata al sueño como un todo al que intenta reemplazar por otro contenido, análogo pero más inteligible. Este método, observa Freud, conviene para los sueños artificiales, los inventados por los novelistas y los poetas. En tal sentido, cita en una nota la novela de Wilhelm Jensen (1837-1911) titulada Gradiva, a la cual dedicaría en 1907 un estudio particular, con el título de El delirio y los sueños en la " Gradiva " de W Jensen . La interpretación simbólica exige dones especiales, de los que ya había hablado Aristóteles, pero no tiene ninguna utilidad cuando se trata de sueños confusos. Un segundo método, denominado por Freud de desciframiento, aborda el sueño como un escrito codificado o "cifrado", del cual puede traducirse cada signo o elemento si uno tiene una clave fija, "la clave de los sueños”. Este método, a diferencia del anterior, no considera el sueño como un todo, sino como un conjunto de elementos que hay que tratar separadamente.
La dificultad propia de estos dos métodos, su fiabilidad precaria, la falta de garantía en cuanto a las "claves", sean cuales fueren, le restan crédito a la idea misma de interpretación.
Tomando nota de este atolladero, Freud anuncia que él "ha podido dar un paso adelante". Escuchar a los pacientes, que le narran sus sueños del mismo modo que sus síntomas mórbidos, lo ha llevado a pensar que el sueño, al igual que el fantasma y el síntoma, es un estado psíquico también capaz de constituirse en punto de partida de asociaciones libres.
Por razones de comodidad, relacionadas con la naturaleza de una exposición escrita, Freud escoge sus propios sueños como material de trabajo, aunque esto implica para él momentos de malestar difíciles de asumir. A fin de presentar su método de interpretación, se refiere sin rodeos a uno de sus sueños, el llamado de "la inyección a Irma": el primero, recuerda, que ha sido objeto de un análisis detallado. En ese momento establece un protocolo que no cambiará a lo largo del libro.
Antes del sueño propiamente dicho, aparece el “relato preliminar", evocación más o menos detallada del contexto, reciente o antiguo, y de los lugares, acontecimientos, personas a las cuales el sueño hace referencia. El relato del sueño constituye el segundo tiempo del protocolo. El análisis del sueño, basado en las asociaciones atraídas por cada uno de sus elementos, es el tercer tiempo, puntuado por observaciones teóricas y metodológicas.
El análisis del sueño sobre Irma le permite a Freud afirmar que el sueño "...tiene un sentido [ ... ] que no es en absoluto la expresión de una actividad fragmentaria del cerebro", y que constituye siempre la realización de un deseo del día precedente.
Pero, ¿solamente hay sueños de deseo? ¿Qué pensar de los sueños con contenido penoso, en los cuales no se advierte la menor huella de realización de un deseo, y que parecen contradecir la tesis sostenida?
Para responder a esta objeción, Freud enuncia una distinción esencial entre el contenido manifiesto del sueño, el relato del sueño por el soñante despierto, y el contenido latente, progresivamente revelado por el análisis de ese sueño, es decir, por el relacionamiento de las asociaciones suscitadas por cada uno de los elementos del contenido manifiesto. ¿Por qué entonces los sueños que en el análisis se revelan totalmente como sueños de deseo no lo expresan con más claridad? Porque el sueño es el lugar de una deformación. El contenido manifiesto es una deformación del contenido latente, lo que equivale a decir que el contenido latente está disimulado detrás del contenido manifiesto. Esta deformación es la marca de una defensa contra el deseo vehiculizado por el sueño. Freud compara la deformación del sueño con la cortesía, que muy a menudo consiste en disfrazar los pensamientos agresivos o negativos con fórmulas amables. De modo que en el sueño se realiza la censura inconsciente de una moción descante: "cuanto más severa es la censura -escribe Freud-, más completo será el disfraz".
Un sueño de contenido penoso puede ser entonces la realización de un deseo: el contenido penoso es el producto de un disfraz, la deformación de lo que el soñante anhelaba. Para ilustrar esta tesis, Freud analiza algunos sueños cuyo contenido manifiesto es explícitamente penoso. Es el caso del sueño llamado de “la bella carnicera", que ilustra el proceso de la identificación histérica, y que será comentado por Jacques Lacan en 1958. Estos diversos análisis confirman que la deformación del sueño es obra de la censura, y Freud puede entonces afinar su tesis sobre la esencia del sueño: "El sueño es la realización (disfrazada) de un deseo (refrenado, reprimido)".
¿Cuáles son las fuentes del sueño, y de dónde proviene su material? Estos interrogantes son abordados en el capítulo V, dividido en cuatro secciones, respectivamente consagradas a la antigüedad del material onírico, las fuentes de origen infantil, las fuentes somáticas y, finalmente, a lo que Freud denomina "sueños típicos".
La cuestión de la antigüedad del sueño es la más importante de las tratadas en ese capítulo. Freud afirma que nuestros sueños son siempre provocados "por un acontecimiento después del cual no hemos todavía dormido una noche". Más precisamente, las fuentes de nuestros sueños pueden inscribirse en un pasado más o menos lejano, pero para que el sueño se produzca es necesario que esas fuentes se vinculen a una impresión o a un acontecimiento del día. Como ilustración de esta tesis, Freud recurre en particular a su sueño llamado de "la monografía botánica---, que relata como sigue: "He escrito una monografía sobre cierta planta. El libro está ante mí, vuelvo precisamente una página donde hay insertada una lámina en colores. Cada ejemplar contiene un espécimen de la planta desecada, como un herbario."
Este sueño será de nuevo utilizado en el mismo capítulo, a propósito del material infantil. Permite entonces establecer que un deseo refrenado de la víspera sólo puede dar lugar a un sueño si está asociado con un deseo refrenado de la infancia. Finalmente, Freud lo utiliza de nuevo en el capítulo VI, para ilustrar el mecanismo de la condensación.
"Nosotros somos los únicos -escribe Freud en el umbral de ese capítulo VI tantas veces revisado- que hemos tenido en cuenta algo distinto", sin contentarse con el relato manifiesto del sueño para interpretarlo. Si el sueño es un acto psíquico cargado de sentido, a fin de demostrarlo es necesario ir más allá de su contenido manifiesto, y llegar hasta su contenido latente. De allí el interrogante central, objeto de ese capítulo: ¿de qué naturaleza es la relación entre el contenido manifiesto y los pensamientos latentes?. Mediante qué procesos "estos últimos han producido el primero”, de qué está hecho ese "trabajo del sueño”?
El sueño es un jeroglífico; nuestros predecesores han cometido el error de querer interpretarlo como dibujo. Por ello les pareció absurdo y sin valor."
Se podría decir del contenido manifiesto que es una traducción de los pensamientos latentes, un texto original escrito en otro idioma? Freud emplea el verbo traducir (Übertragen), pero Octave Mannoni señala que esa representación del trabajo del sueño es un tanto reductora. Propone la idea de reconstitución, ilustrada por una hermosa imagen: se trataría, explica el autor, de reconstituir el latín original (los pensamientos latentes) a partir de la versión, el contenido manifiesto, de un "mal alumno", y de recobrar, por ejemplo, el texto latente, summa diligentia (suma diligencia), a partir del texto manifiesto en francés "le sommet de la diligence" ("el techo de la diligencia"). Este trabajo permitiría sacar a luz las leyes según las cuales los malos alumnos traducen el latín, del mismo modo que el análisis del sueño nos da a conocer el trabajo del inconsciente.
Estas leyes son cuatro, pero el acento está en las dos fundamentales: el trabajo de condensación y el de desplazamiento, dos procesos intrínsecos del funcionamiento del inconsciente que también se encuentran en otras formaciones.
La hipótesis del proceso de condensación le fue suge |