Jackson John HughIings (1835-1911).
Médico y neurólogo inglés
Fundador de la neurología moderna, Hughlings Jackson fue durante cuarenta y cinco años médico del National Hospital de Londres. En 1884 elaboró su teoría de la disolución de las funciones nerviosas por la enfermedad, teoría retomada en parte por Sigmund Freud e introducida en Francia por el psicólogo Théodule Ribot (1839-1916). En la historia del saber psiquiátrico, el jacksonismo desempeñó un papel considerable en los Estados Unidos, sirviendo de sustrato para la implantación de las tesis freudianas. En Francia sería utilizado por Henri Ey en la elaboración de la noción de órgano-dinamismo.
La tesis jacksoniana afirma la primacía de la jerarquía de las funciones, por sobre su organización estática. Considera que las funciones psíquicas dependen unas de otras, de arriba hacia abajo. En consecuencia, la disolución de las actividades superiores entraña una liberación o desligadura de las actividades inferiores anteriormente controladas por aquéllas.
Jacobson Edith
(1897-1978) Médica y psicoanalista norteamericana
Gran especialista en la relación de objeto, el self (Self Psychology), la depresión y los estados límite, Edith Jacobson nació en la Alta Silesia. En 1928, después de estudiar medicina, se incorporó a la Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG), donde integraría el comité de enseñanza. Militante socialdemócrata, en 1933 comenzó a luchar contra el nazismo, en la red de resistencia Neu Beginen (Comenzar de nuevo), sin que la International Psychoanalytical Association (IPA) ni la DPG estuvieran al tanto de su compromiso político.
Cuando fue arrestada por la Gestapo, y después encarcelada, el 25 de octubre de 1935, Ernest Jones, que estaba instrumentando la política "salvamento" del psicoanálisis en Alemania con la colaboración de Felix Boehm y Carl Müller-Braunschweig, se sintió a la vez furioso y consternado, al punto de pensar que Edith Jacobson debía de haberse vuelto loca: la DPG, en efecto, para agradar a los nuevos dignatarios del régimen, había prohibido a sus miembros que analizaran a pacientes comprometidos en la Resistencia.
Temiendo que Edith Jacobson fuera enviada a un campo de concentración, Jones se ocupó de su defensa, haciéndose aconsejar por un abogado nazi. Ella fue condenada a dos años y medio de prisión y juzgada por alta traición. En 1937, aprovechando una autorización de salida para someterse a una operación quirúrgica, huyó a Praga y desde allí llegó a los Estados Unidos. Se unió entonces a la New York Psychoanalytic Society (NYPS).
Jahrbuch für psychoanalytische
und psychopathologische forschungen
(Anales de investigaciones psicoanalíticas y psicopatológicas)
Creado en 1909 por iniciativa de Sigmund Freud y Eugen Bleuler, el Jahrbuch fue la prirnera revista oficial del movimiento psicoanalítico, antes de la creación de la Internationale Psychoanalytische Vereinigung (IPV), la futura International Psychoanalytical Association (IPA). Dejó de existir en 1913, después del conflicto entre
Freud y Carl Gustav Jung, y Freud creó la Internationale draliche Zeitschriftfür Psychoanalyse (IZP), que en 1939 se fusionó con la revista Imago, para dar origen a la Internationale Zeitshrffi tfür Psychoanalyse und Imago (IZP-IMAGO), la cual dejó de aparecer en 1941. Entonces se convirtió en órgano oficial de la IPA el International Journal of Psycho-Analysis(fundado por Ernest Jones en 1920.
Janet Pierre
(1859-1947) Médico y psicólogo francés
Teórico del automatismo psicológico y fundador en Francia de la corriente del análisis psicológico, Pierre Janet, lo mismo que Théodore Flournoy y Sigmund Freud, su gran rival, fue uno de los principales artífices de la segunda psiquiatría dinámica. Hasta aproximadamente 1915, sus trabajos eran más célebres que los de Freud, y en todo el mundo los comentaban los especialistas en enfermedades nerviosas.
Nacido en París, Pierre Janet provenía de una familia de la burguesía media, en la que se cultivaban el racionalismo y los valores republicanos. Desde la infancia admiró a su tío, agregado de filosofía y normalista, que lo ayudó a realizar una brillante carrera universitaria. Comenzó a interesarse por los fenómenos del sonambulismo y las personalidades múltiples junto con su hermano Jules Janet, especialista en urología y apasionado de la psicología. Designado profesor del liceo de El Havre en 1883, dos años más tarde conoció al doctor Gilbert, quien le presentó a Léonie. Esta campesina, que había sido magnetizada en el pasado, revivía bajo hipnosis las hazañas de antiguos magnetizadores cuyas obras habían caído en el olvido. Por ejemplo, recibía fácilmente sugestiones, a las cuales obedecía a las mil maravillas.
El 30 de noviembre de 1885, mientras el joven Freud se encontraba en París, Paul Janet presentó ante la Société de psychologie physiologique de París un informe de su sobrino sobre el caso "Léonie". El trabajo fue acogido con entusiasmo por Jean Martin Charcot. Durante varios años, los apasionados del espiritismo, sobre todo Charles Richet (1850-1935) y Frederick Myers, visitaron a la "vidente" de El Havre. Ésta tuvo más tarde un curioso destino. En 1895, el doctor Gilbert, fervoroso dreyfusista, la llevó a ver a Mathicu Dreyfus, quien entonces buscaba "pruebas" de la inocencia de su hermano, el capitán Alfred Dreyfus (1859-1935). Mathicu instaló a Léonie en su casa de París, y tomó la costumbre de hipnotizarla. Cuando se encontraba en estado sonambúlico, ella le explicaba "secretos" del affaire que todavía no conocía nadie: por ejemplo, afirmó que el verdadero culpable era un oficial del Ministerio de Guerra que tenía contactos con un agente alemán.
En junio de 1889 Janet presentó su tesis de filosofía sobre el automatismo psicológico ante un jurado presidido por Émile Boutroux (1845-1921), maestro incuestionado de la filosofía francesa, profesor de Henri Bergson (1859-1941), y antihegeliano. En agosto, junto con Hippolyte Bernheim, August Forel y Jules Déjerine (1849-1917), formó parte del comité de organización del Congreso Internacional de Hipnotismo en el que también participaría un médico todavía desconocido: Sigmund Freud.
Fue entonces cuando Janet, ya célebre por la publicación de su tesis, inició estudios de medicina, dedicando una buena parte de su tiempo al Hospital de la Salpêtrière. En 1893 defendió su tesis, L’État mental des hystériques (stigmates et accidents mentaux), ante un jurado compuesto por Charcot y Richet. Su reputación se extendió entonces más allá de Francia, y se impuso su teoría de la histeria. Freud tomó conciencia de ello, e insistió en que Josef Breuer aceptara publicar los Estudios sobre la histeria. Se debía demostrar que Janet no era el primer científico que había construido un nuevo enfoque de este ámbito. La disputa por la prioridad comenzó en esa época, cuando Janet, tanto en Francia como en el extranjero, se había convertido en el gran especialista en enfermedades nerviosas.
Entre 1889 y 1893 elaboró su método de psicoterapia, al cual dio el nombre de análisis psicológico. Se basaba en tres reglas fundamentales: examen del enfermo cara a cara y sin testigos, anotación rigurosa de las palabras pronunciadas (o método de la estilográfica), exploración de los antecedentes y de los tratamientos a los que el enfermo había sido sometido. Janet fundaba su análisis psicológico en la indagación consciente, y no en la escucha de un discurso inconsciente. Aunque reconocía la existencia de una "relación afectiva", no intentó profundizar esta idea (a diferencia de lo que hizo Freud con la transferencia). Finalmente, contra la tradición del romanticismo alemán, en lugar de la palabra "inconsciente" reivindicó la de "subconsciente", proveniente de la filosofía de la conciencia y de la herencia del cartesianismo francés.
Esta sustitución tuvo lugar en dos etapas. En un primer momento, en l'Automatisme psychologique (1889), Janet utilizó la palabra inconsciente, Pero, cuatro años más tarde (1893), en L'État mental des hystériques, optó definitivamente por subconsciente. De allí que nunca pudiera tomar en cuenta el mecanismo de la represión. El automatismo psicológico de Janet se acercaba bastante a la idea de escritura automática de William James (1842-1910), que hizo carrera gracias a los surrealistas. Se trataba de definir una actividad espontánea o "inferior" de la conciencia: las asociaciones preorganizadas.
Observemos que el automatismo psicológico de Janet era diferente del automatismo mental de Gaétan Gatian de Clérambault. En el primero, el automatismo era interno a la conciencia, mientras que en el segundo lo constituía un conjunto de síntomas que surgían fuera de la conciencia del sujeto, a la manera de la irrupción de un delirio.
En cuanto a la histeria, Janet la consideraba una enfermedad puramente psicológica. A sus ojos se trataba de una afección funcional ligada a una constitución hereditaria. Fuera que se la denominara tuberculosis "psíquica" o sífilis "mental", no se le atribuía ninguna etiología sexual. Ponía de manifiesto en el enfermo un "estrechamiento del campo de la conciencia" debido a una "debilidad psicológica". El análisis de la histeria llevó a Janet a abordar Ia otra" gran neurosis: la neurastenia. Él reemplazó este término por el de psicastenia, que incluía la neurosis obsesiva.
A partir de 1933, convertido en profesor del Collége de France, Janet se dedicó a realizar la síntesis de sus teorías. Expuso lo esencial de ellas en Les médications psychologiques, después en La Médicine psychologique, y finalmente en De Pangoisse ú Vextase. En 1904, con Georges Dumas (1866-1946), fundó el Journal de psychologie normale et pathologique, y, en 1913, fue elegido miembro de la Academia de Ciencias. Durante muchos años acumuló observaciones y publicó estadísticas basadas en más de tres mil quinientos enfermos: un trabajo de hormiga cuyo objetivo era “demostrar" la existencia de los fenómenos psíquicos. Con este enfoque continuó experimentando los principios de su análisis psicológico con numerosos pacientes, entre ellos la célebre Madeleine Lebouc (Pauline Lair Lamotte) y el escritor Raymond Roussel (1877-1933).
En 1895, Janet rechazó con mucha dureza los trabajos de Freud. Su actitud dio origen a una corriente antifreudiana particularmente virulenta, la cual sostenía, por un lado, que Freud se había apropiado de los conceptos de Janet dándoles un nuevo nombre, y, por otra parte, que su doctrina era la expresión de un espíritu vienés obsesionado por la sexualidad. De tal modo Janet retomaba la célebre tesis del genius loci popularizada por el psiquiatra alemán Adolf Albrecht Friedländer (1870-1949), en un congreso internacional de medicina reunido en Budapest en 1909. Atacando violentamente al psicoanálisis, Friedländer había sostenido que éste debía su éxito a la mentalidad vienesa, que atribuía una importancia considerable a los fenómenos de la sexualidad. Al cabo de unos pocos años esta tesis se convirtió en el caballito de batalla de los antifreudianos, que atribuían al psicoanálisis todos los pecados de un supuesto pansexualismo.
En Londres, en 1913, se reunieron todos los representantes de la psiquiatría dinámica (de Suiza, los Estados Unidos y Gran Bretaña) en ocasión del XVII Congreso Internacional de Medicina. Al informe presentado en esa oportunidad, Janet lo tituló "La psychoanalyse". Según él, Freud y Breuer habían cambiado "algunas palabras en su descripción psicológica. Ellos llaman psicoanálisis a lo que yo denominé análisis psicológico. Ellos le pusieron el nombre de complexus a lo que yo denominé sistema psicológico, para designar el conjunto de los fenómenos psicológicos y movimientos de miembros o de vísceras que se asocian en la constitución del recuerdo traumático. Ellos bautizaron como catarsis lo que yo llamé disociación o desinfección moral”
De modo que, en esa época, Janet presentaba a Freud y Breuer como plagiarios, y al psicoanálisis como una obscenidad vienesa. Y aunque no fue patriotero ni nacionalista, contribuyó a la difusión de la tesis, enunciada por Angelo Hesnard, de que la teoría freudiana era demasiado "germánica" para adaptarse al "genio latino". Desde su retorno de Londres, no cesó de atacar al freudismo. Primero comparó a los psicoanalistas con detectives que aterrorizaban a los enfermos al acorralar sus traumas, y más tarde, en 1919, en Les Médications psychologiques, afirmó que el psi , co-análisis era "una investigación policial que debe descubrir un culpable, un acontecimiento pasado responsable de los trastornos actuales; que lo reconoce y lo persigue bajo todo sus disfraces".
En Londres, la exposición de Janet fue mal recibida. En efecto, en esa época los trabajos de Freud habían conquistado al mundo científico occidental, y su escuela se había convertido en un poderoso movimiento internacional. Además todos los especialistas en enfermedades nerviosas sabían que Freud no seguía el mismo camino que Janet. La acusación de corrupción de las ideas janetianas resultaba por lo tanto inadmisible.
Freud nunca le perdonó a Janet sus ataques de 1913. En 1925, en su autobiografía (Presentación autobiográfica), lo hizo responsable de las acusaciones que le había dirigido la prensa francesa, y reafirmó que antes de su visita a París en 1885, él ya había sido iniciado por Breuer (entre 1880 y 1882) en la cuestión de la etiología de las neurosis histéricas.
En 1937 Édouard Pichon le escribió a Freud para solicitarle que recibiera a Janet, que iba a pasar por Viena. Freud respondió en una carta enviada a Marie Bonaparte y publicada por Jones: "No, no veré a Janet. No puedo evitar reprocharle que se haya comportado injustamente con el psicoanálisis, y personalmente conmigo, y que nunca haya hecho nada para repararlo. Fue lo bastante torpe como para decir que la etiología sexual de las neurosis sólo podía germinar en la atmósfera de una ciudad como Viena. Más tarde, cuando los escritores franceses difundieron el rumor de que yo había seguido sus conferencias y le había robado sus ideas, él, con una sola palabra, habría podido poner fin a tales habladurías puesto que, en realidad, nunca hablé con él, ni oí pronunciar su nombre durante el período de Charcot No, no Io veré." Gracias a una carta de Édouard Pichon a Henry Ey, fechada el 14 de junio de 1939, se sabe que en abril de 1937 Janet Ilamô a pesar de todo a la puerta de la casa de Freud. Fue rechazado por el ama de llaves, que le respondió que el profesor no se encontraba.
Japón
"En quince años, entre 1853 y 1868 -escribe Maurice Pinguet-, Japón atravesó la crisis más severa de su historia, comparable por su intensidad y profundidad con la Revolución Francesa." En ese período, la era Meiji, así llamada por el emperador que fue uno de sus iniciadores, se derrumbó el orden feudal después de dos siglos de gobierno de los shogunes de la dinastía Tokugawa. El orden feudal era simbolizado por el personaje del samurai. En él se encarnaban los ideales del Japón atávico y, entre sus múltiples prerrogativas, figuraba el seppukú: el derecho de darse muerte con un sable, mediante la eventración de izquierda a derecha, siguiendo un ritual inmutable.
Ahora bien, con la instauración de los principios del Código Napoleónico, y de los valores del capitalismo occidental, esta práctica de la muerte voluntaria fue moralmente proscrita de la sociedad japonesa. Pero, sobre todo, en el momento mismo en que se implantaba en las nuevas universidades imperiales la nosografía psiquiátrica alemana proveniente de la enseñanza de Emil Kraepelin, fue progresivamente asimilada a una enfermedad del alma, o considerada la expresión melancólica de un nihilismo individual. Menos de un siglo después de la revolución pineliana, Japón entró en la era de la psiquiatría dinámica, al considerar que el heroísmo feudal (una de sus tradiciones) era una psicopatología.
Como en otros lugares, el psicoanálisis se estableció en Japón a principios del siglo XX en el terreno del saber psiquiátrico. A diferencia de la India, segundo de los países del continente asiático que se interesaron por las ideas freudianas, Japón no había conocido la colonización ni el repliegue sobre sí mismo. Allí la psiquiatría (lo mismo que el pensamiento psicoanalítico) se desarrolló gracias a los viajes de estudio de algunos pioneros a los Estados Unidos, a Viena, a Londres, y a través de la asimilación de las tesis occidentales por la cultura japonesa.
Kenji Otsuki, hombre de letras y traductor de literatura alemana, fue el primero que mencionó el nombre de Sigmund Freud, en un artículo de 1912 dedicado al olvido y la memoria. Dos años más tarde, Yoshihide Kubo (1883-1942), profesor de psicología en la Universidad de Hiroshima Bunri, publicó una serie de artículos sobre el sueño, antes de viajar a la Universidad Clark de Worcester, donde Stanley Grandville Hall, que había recibido a Freud en 1905, lo inició en las tesis freudianas. A su vuelta, en 1917, publicó el primer gran libro japonés de introducción al psicoanálisis. Allí habló de la sexualidad infantil, del chiste, de los actos fallidos, de los lapsus, del psicoanálisis aplicado, sin olvidar a quienes habían criticado a Freud: Pierre Janet, Alfred Adler. Para traducir la palabra "psicoanálisis", él propuso seishinbunseki: seishin contiene dos caracteres (o kanji) y significa alma, y bunseki, también con dos caracteres, quiere decir análisis.
Como Kubo, el psiquiatra Kiyoyasu Marui (1886-1953) viajó a los Estados Unidos en 1916, y con Adolf Meyer pudo constatar el impacto del psicoanálisis sobre el saber psiquiátrico norteamericano de la época. En 1919 fue designado profesor de psiquiatría en la Universidad Tohuku de Senda¡, al noreste de Japón, donde desempeñó un papel principal en la implantación del freudismo.
Mientras tanto, el psicólogo Yaekichi Yabe viajó a Gran Bretaña, donde realizó una pasantía bajo la dirección de Ernest Jones. En 1928, con Kenji Otsuki, creó en Tokio el primer instituto psicoanalítico japonés, que se afiliaría a la International Psychoanalytical Association (IPA) en 1932, en el Congreso de Wiesbaden. En mayo de 1930, Yabe visitó a Freud en Viena y comprobó el interés del maestro por los objetos chinos y asiáticos: dos kannón, tres budas, camellos, caballos, estatuillas, etcétera. Los dos hombres examinaron las analogías entre la idea de pulsión de muerte y la enseñanza del budismo. Yabe volvió más tarde a Gran Bretaña para analizarse con Edward Glover, mientras que en 1933 fue Marui quien viajó a Viena para realizar una cura de un mes con Paul Federn.
Durante ese período de expansión, las resistencias al psicoanálisis fueron las mismas que en los otros países. Se basaban en el supuesto pansexualismo de Freud. Así como en Francia se consideró que la teoría de la sexualidad era demasiado "germánica" para adaptarse a la cultura llamada “latina", y en Suecia demasiado “latina" como para que la asimilaran los países nórdicos, en Japón se la juzgó demasiado "occidental", lo que impedía que la aceptara una sociedad de tradición budista.
Mientras que en Tokio el psicoanálisis tomaba vuelo gracias primero a Yabe, y después a Otsuki, que lo sucedió en la jefatura de grupo, Marui organizó en Senda¡ un círculo de jóvenes psiquiatras, del cual surgió el que iba a ser el padre fundador del freudismo japonés: Heisaku Kosawa. En 1932, éste viajó a Viena, donde permaneció un año, el tiempo de su análisis con Freud y con Richard Sterba. De vuelta a Japón creó con Marui, en Sendai, en 1933, un grupo de estudio que muy pronto se afilió a la IPA. En especial, emprendió una vasta reflexión sobre las condiciones de la implantación del freudismo en Japón, postulando el complejo de Ajás, una especie de complejo de Edipo revisado y corregido a la luz del budismo.
Se trataba de tomar en cuenta las diferencias de organización entre la familia occidental (donde el niño está destinado a convertirse en un sujeto emancipado de la madre a través de una identificación con el padre) y la familia japonesa (en la cual la pertenencia al clan prevalece sobre la identidad individual). De allí la dependencia culpable (o amae) del hombre japonés respecto de la madre (complejo de Ajás) y una simbiosis específica a través de la cual ese vínculo se convierte en una especie de "valor moral", como lo subrayaría más tarde Maurice Pinguet: "Nuestra escuela [occidental] de padres -dice Pinguet- culpabiliza la dependencia (captación, castración) y atribuye la culpa a la madre posesiva y al padre abusivo. La tendencia japonesa es establecer una intimidad estrecha y culpabilizar la independencia, atribuyendo la culpa al hijo infiel y frívolo [ ... ]. En una palabra, el superyó japonés es la conciencia del vínculo, y el superyó occidental, la conciencia de la ley."
A partir de mediados de la década de 1930, en la historia del psicoanálisis en Japón prevaleció la figura de Kosawa, quien hizo escuela, formó discípulos y organizó el movimiento freudiano en el país.
Después de 1935, en reacción contra la era Meiji y el ascenso del movimiento comunista internacional, en Japón se pensó en un retorno al antiguo orden. La instauración de un régimen militar de tendencias fascistizantes fue favorecida por la implantación de los regímenes dictatoriales europeos, y por la crisis económica que se apoderó del país a continuación del crash bursátil de Wall Street. Fue entonces cuando el nacionalismo patriotero preconizó el renacimiento de las virtudes guerreras del antiguo samurai. Aliado a Alemania, Japón entró en guerra en 1941, lo que generó un completo letargo de las actividades freudianas. Fue necesaria la aniquilación de ese sueño feudal, y que los principales responsables militares se dieran muerte (según el rito del antiguo seppukú, bajo los muros del palacio imperial, después del bombardeo de Hiroshima), para que Japón adoptara definitivamente los principios de la democracia, con un espíritu de apertura a Occidente semejante al de la era Meiji. El movimiento freudiano retomó entonces su vuelo.
Después de que Otsuki sucediera a Yabe en la jefatura del instituto de Tokio, sus miembros se dispersaron, por no haber podido integrar a los psiquiatras. En 1953, al morir Marui, Kosawa asumió la dirección del grupo de Senda¡ y, con el acuerdo de Anna Freud y Ernest Jones, desplazó su centro a Tokio. Dos años más tarde formó la Nippon Seishin-Bunseki Kyokai (Sociedad Japonesa de Psicoanálisis, NSPK), que pasó a ser una sociedad componente de la IPA. A fines de la década de 1990 sólo reúne a una treintena de miembros. Paralelamente, siempre con Kosawa a la cabeza, se creó la Asociación Psicoanalítica Japonesa, no afiliada a la IPA, y abierta a todas las tendencias de la psiquiatría dinámica: desde el neofreudismo hasta la farmacología, pasando por las diversas terapias y el análisis existencia¡. Termino por reunir a mil quinientos miembros.
Todo este período fue signado por una intensa actividad de traducción. Los japoneses pudieron entonces leer en su propio idioma las obras de los grandes autores de la saga freudiana: Wilfred Ruprecht Bion, Anna Freud, Heinz Hartmann, y sobre todo Melanie Klein y Donald Woods Winnicott (quienes tuvieron un éxito particular en razón del interés con que habían considerado la cuestión del vínculo arcaico con la madre). La obra de Carl Gustav Jung ganó también numerosos adeptos, gracias a la actividad pionera de H. Kawai. Éste, formado en Zurich, se convirtió en 1965 en el primer psicoterapeuta junguiano de lengua japonesa. Lo mismo que los freudianos, se interesó muy particularmente por esa célebre neurosis de dependenc¡a (amae), que él consideraba una especificidad de la sociedad japonesa llamada matriarcal.
Esta cuestión del amae tomó por otra parte una extensión considerable en todos los discípulos formados por Kosawa, sobre todo en sus dos principales herederos: W Takeo y Keigo Okonogi. A partir de 1956, W Takeo retomó las tesis de su maestro sobre el complejo de Ajás, pero con una inflexión culturalista. Así como Kosawa se había inscrito en una perspectiva universalista, mostrando que el complejo de Ajás era una variante del complejo de Edipo propia de la organización específica de la familia japonesa, Takeo se interesó principalmente por la problemática de la diferencia cultural. En 1950, durante su primera estada en la Costa Oeste de los Estados Unidos experimentó un verdadero choque: si bien lo deslumbró la riqueza de América, de inmediato se sintió extraño a ese pensamiento que privilegiaba la ética individualista en detrimento del sentimiento de pertenencia. Después de haber pasado por la clínica de Karl Menninger en Topeka, Kansas, recibió una formación psicoanalítica en San Francisco, y posteriormente se orientó hacia la psiquiatría transcultural.
Más tarde, Doi Takeo trató de explicar las razones del fracaso relativo de la implantación del freudismo en Japón. Según él, el freudismo, doctrina judeocristiana, era inasimilable para una sociedad de tradición budista y sintoísta, en la cual el deseo de emancipación subjetiva no tenía ningún lugar. Sin dejar de ser freudiano, él adoptó de tal modo, en ese debate clásico, la posición de la escuela culturalista angloamericana, desde Bronislaw Malinowski hasta Ruth Benedict (1887-1948).
Por su lado, Keigo Okonogi continuó la reflexión sobre el complejo de Ajás, basándose en la obra de Marianne Krüll dedicada a Rebekka Freud, la segunda esposa de Jacob Freud, y en los trabajos de los kleinianos y de Heinz Kohut. Trató de demostrar la especificidad de la amae japonesa, no tanto en su diferencia cultural como en su relación con todas las formas de simbiosis materna descritas por los posfreudianos.
A fines de la década de 1960, cuando el ambiente psiquiátrico japonés era atravesado por los interrogantes surgidos de la antipsiquiatría, un joven filósofo, Tagatsuku Sasaki, alumno de Do¡ Takeo, comenzó a interesarse por la obra de Jacques Lacan. En 1969 emprendió la traducción integral de los Escritos, y a través de ese inmenso trabajo de reflexión sobre la lengua teórica del psicoanálisis, y sobre la manera de trasponer los conceptos freudianos a una cultura nueva, el lacanismo se implantó en tierra japonesa.
Lacan, contrariamente a Freud, estaba fascinado por Japón. En 1963 había descubierto con admiración las grandes obras de la estatuaria budista en los templos de Kyoto y Nara. En el corazón del Oriente extremo, donde Alexandre Kojève (1902-1968), su maestro de filosofía, había creído encontrar el concepto hegeliano del "fin de la historia", Lacan fue seducido por el refinamiento de esa cultura atávica. En su búsqueda de lo absoluto, privilegiando el matema y los nudos borromeos quiso dar cuerpo a una representación formalizada del lazo social, a fin de construir un modelo de libertad humana basada en la primacía de la estructura y de lo colectivo". También él, de alguna manera, como antes Kosawa, se sintió cautivado por la reflexión sobre la amae.
En 1971 volvió a Japón en un viaje de estudio, en el momento en que Sasaki terminaba la traducción de la primera parte de los Escritos. A su retorno se impuso la obligación de definir Ia cosa japonesa", ese modo específico de goce que él atribuía al "sujeto japonés", y cuya manifestación identificaba en la escritura. Con un simple trazo horizontal transcribió la pureza de esa caligrafía, según él imposible de alcanzar para el sujeto occidental. A ese rasgo, o "letra", le dio el nombre de litoral.
En el fondo, Lacan no hacía más que actualizar la tesis de la famosa "diferencia" japonesa, basada en el vínculo materno, tal como había sido expuesta en 1932 por Kosawa. Pero en lugar de situar esa diferencia en la organización de las identificaciones, Lacan la ubicó en el significante. Por ello Sasaki, su discípulo y traductor, hizo escuela aplicándose a transcribir en términos lacanianos lo que Kosawa ya había señalado como la característica de la identidad japonesa: una relación específica de dependencia respecto de la madre y el grupo. En un libro publicado en 1980, Chichioya hahaoya okite (El padre, la madre y la ley), presentó al sujeto japonés como un ser desgarrado entre la omnipotencia llamada imaginaria de la madre, y la debilidad aparente del padre, reducido a una función de simulacro. Ese mismo año, cuando terminaba la traducción integral de los Escritos, publicó otra obra, Kai no uchidenokozuchi (El martillito mágico del placer), en la cual vulgarizaba los principales temas del pensamiento lacaniano. A lo largo de los años fueron constituyéndose varios grupos lacanianos en Japón. Como los otros lacanianos de todas las tendencias, no cesaron de examinar las condiciones específicas de la organización mental del sujeto japonés.
Sea que se la piense bajo la categoría de la amae, o de la expresión "cosa japonesa", esta cuestión remite sin duda menos a la diferencia real de la familia nipona que al modo en que los psicoanalistas japoneses, conscientemente o no, trataron de adaptar el freudismo a una cultura no occidental. Al formular ese paradigma de la dependencia y del vínculo materno, ellos plantearon los mismos interrogantes que el freudismo occidental. En efecto, entre 1896 y 1920, Freud y sus discípulos de la primera generación tomaron como objeto de reflexión la función paterna y la paternidad, y, a partir de 1920, bajo el impulso de Melanie Klein, la reflexión se desplazó hacia el estudio de la relación con la madre.
Jekels Ludwig
Nacido Louis Jekeles (1861-1954)
Psiquiatra y psicoanalista norteamericano
Discípulo de la primera generación vienesa, Ludwig Jekels creó en 1897, en Bistrai, Silesia, un sanatorio para enfermos nerviosos. En 1908 participó en el Congreso de la International Psychoanalytical Association (IPA) de Salzburgo y, al año siguiente, en los trabajos de la Sociedad Psicológica de los Miércoles, convertida en la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV). Fue analizado por Sigmund Freud, primero como paciente y después como alumno. Cuando murió Oskar Rie, se convirtió en el principal compañero del maestro en el juego del tarot.
Nacido en Lemberg, en la Galitzia polaca, era hijo de un abogado judío. Su nombre ha quedado asociado a la introducción de las ideas freudianas en Polonia. En efecto, él fue el primer traductor de las obras de Freud al polaco, y abrió su sanatorio a la práctica del psicoanálisis.
Jekels siempre se mostró pesimista respecto de la validez terapéutica del psicoanálisis. Muy pronto le confió a Richard Sterba: "Uno de estos días tendremos que pagar caro las esperanzas que hemos puesto en la eficacia de nuestra terapia". Predijo que "el público se sentirá engañado por nuestras seguridades sobre el poder curativo del método analítico. Yo no conocí lo bastante a Ludwig Jekels -continúa Sterba- como para saber si había que atribuir esa observación a un acceso momentáneo de depresión, o a una actitud depresiva general. No obstante, no recuerdo haberlo visto reír."
Sea como fuere, este freudiano de la primera hora pregonaba el famoso nihilismo terapéutico característico de la sociedad vienesa de fines de siglo. Y sobre el futuro del psicoanálisis, no se equivocó mucho: convertido en norteamericano, Jekels pudo asistir a la realización de sus predicciones en los Estados Unidos.
A instancias de Freud, en la primavera de 1934 viajó a Estocolmo con la misión de formar didactas en la reciente Sociedad Finlandesa-Sueca de Psicoanálisis. Pero en el verano de 1937 dejó el país sin haber llegado a realizar su tarea. Volvió a Viena, y después emigró a los Estados Unidos, pasando por Australia. Freud lo recomendó a Smíth Ely Jelliffe: "Entre los emigrados de Nueva York, está el doctor Jekels, quien es no sólo un analista distinguido, sino también un buen amigo mío. Me agradaría que usted hiciera algo para facilitarle la vida, enviándole pacientes."
En los Estados Unidos, Jekels siguió siendo muy pesimista, aunque adaptándose a la práctica norteamericana. En efecto, consideraba que todo sujeto padece un masoquismo instintivo basado en la regresión oral, y le agradaba subrayar que este dato fundamental era la cuarta herida narcisista infligida al hombre (las tres primeras habían sido señaladas por Freud). Por otra parte, Jekels se interesó por el psicoanálisis aplicado (con ese enfoque publicó un artículo sobre Napoleón) y por el marxismo.
Jelliffe Smith Ely
(1866-1945) Médico y psicoanalista norteamericano
Lo mismo que Georg Groddeck, Felix Deutsch y Franz Alexander, Smith Ely Jelliffe se interesó tanto por el psicoanálisis y la botánica como por la medicina psicosomática, de la que fue uno de los pioneros en los Estados Unidos, aunque él defendía, contra Abraham Arden Brill, los principios del análisis profano. Nacido en Nueva York de un padre que dirigía el liceo bautista de la ciudad, se orientó rápidamente hacia la medicina y viajó a Europa en 1890; allí siguió la enseñanza de Jean Martin Charcot. Apasionado por las teorías de Darwin y la geología, influyeron en él la enseñanza de William Alanson White (que lo despertó al freudismo) y la de Adolf Meyer (que le hizo conocer la escuela de psiquiatría suiza).
En 1912 se integró al movimiento psicoanalítico. Junto con White lanzó entonces The Psychoanalytic Review, primer órgano freudiano de lengua inglesa en el continente americano. En 1921 viajó a Viena para conocer a Sigmund Freud. Más tarde intercambió con él una larga correspondencia. Se analizó con Otto Rank.
Ardiente polemista de espíritu rabelaisiano, Jelliffe publicó más de cuatrocientos textos hasta 1937. Fue un psicoanalista renombrado en Nueva York.
Jones Ernest
Médico y psicoanalista británico
(Gowerton, Glamorgan, 1879 - Londres 1958).
Neurólogo, se interesa muy pronto en los trabajos de S. Freud, con el que se encuentra por primera vez en el congreso de Salzburgo de 1908. Profesor de psiquiatría en la Universidad de Toronto (1910-1913), contribuye a hacer conocer el psicoanálisis en América del Norte. De regreso en Europa, se psicoanaliza con Sándor Ferenczi en Budapest. Luego, al instalarse en Londres, funda la London Psychoanalytical Society. Es autor de una importante biografía de Freud (Vida y obra de Sigmund Freud, 1953-58). Permaneciendo en la ortodoxia freudiana, a través de sus trabajos da cuenta de una amplia apertura a otros campos (arqueología, arte, lingüística). Su teoría sobre el desarrollo sexual de la mujer es discutida.
Jones Ernest
(1879-1958) Psiquiatra y psicoanalista inglés
Padre fundador del psicoanálisis en Gran Bretaña, inventor del Comité Secreto, artífice del debate en torno a la antropología, organizador y presidente de la International Psychoanalytical Association (IPA) durante dos períodos cruciales (1920-1924 y 1934-1949), excelente negociador durante las Grandes Controversias, iniciador, finalmente, de la historiografía psicoanalítica y de la traducción inglesa de las obras de Freud (por James Strachey), Ernest Jones desempeñó un papel muy importante en la historia política del freudismo. Durante muchos años fue el jefe incuestionable del movimiento, y si bien transigió con el nazismo, creyendo de tal modo "salvar" al psicoanálisis en Alemania, ayudó también a los emigrados alemanes, austríacos y húngaros a encontrar acogida en los países de lengua inglesa: los Estados Unidos e Inglaterra. Sigmund Freud no lo quería mucho, pero, a lo largo de los años, aunque a menudo desaprobaba sus iniciativas, recurrió a él para manejar los asuntos políticos del movimiento, sobre todo después de la partida de Max Eitingon a Palestina.
A pesar de su carácter difícil, de su lenguaje "crudo", de las complicaciones de su vida amorosa (que le valieron la hostilidad de las ligas puritanas) y, finalmente, de la manera directa con que hablaba del erotismo o los defectos corporales, Jones era un hombre atractivo y sobre todo un trabajador encarnizado, ansioso por dominar todos los ámbitos del saber. Tenía la pasión de la "causa analítica" y quería defenderla a su manera, si era necesario contra el propio Freud, lo que explica su apoyo a las innovaciones kleinianas y sus ambivalencias respecto del análisis profano.
Conservador, pragmático y racionalista, se mostró injusto con Otto Rank y Wilhelm Reich, intratable con la "izquierda freudiana" (por ejemplo en Rusia) y los homosexuales, y muy celoso de su propio analista, Sandor Ferenczi, mucho mejor clínico que él y discípulo preferido de Freud. No obstante, hizo posible que el psicoanálisis europeo sobreviviera frente a la potencia creciente de los Estados Unidos.
Nacido en Gowertown, en el país de Gales, Jones era hijo de un ingeniero en minas que había comenzado su carrera como empleado de oficina en un comercio de carbón. Autoritario e incapaz de admitir que podía equivocarse, ese hombre creía en la superioridad de los adultos sobre los niños. No admitía ninguna insubordinación. Su mujer era conservadora, piadosa y muy apegada a la cultura galesa: "Yo fui el primer vástago y el único hijo varón de mis padres -escribió Jones-. Nací el 1 de enero de 1879, en una aldea llamada Rhosfelyn. El gran ferrocarril del Oeste la había rebautizado Gower Road, nombre que más tarde mi padre consiguió cambiar por el híbrido de Gowertown."
Desde su más tierna edad, el pequeño Jones conocía perfectamente todas las prácticas sexuales, y no vacilaba en hablar francamente de ellas: "La práctica del coito me era ya familiar a la edad de seis o siete años -escribió en su autobiografia-, y después la interrumpí, para retomarla sólo veinticuatro años más tarde; ésta era una costumbre bastante difundida entre los niños de la aldea".
Después de estudiar en la Universidad de Cardiff, se orientó hacia la medicina, fue alumno de John Hugh1ings Jackson, y se instaló en Londres. Gracias a su futuro cuñado, Wilfred Balen Lewis Trotter (1872-1939), cirujano honorario del rey Jorge V, erudito distinguido y apasionado de la filosofía, Jones se interesó por los escritos de Freud y empezó a estudiar alemán para leer La interpretación de los sueños.
En 1903 ingresó en el North Eastern Hospital, del que fue despedido por insubordinación seis meses más tarde. Clasificado como "mal sujeto", tuvo más tarde muchas dificultades para integrarse a otros servicios hospitalarios. Interesado en la hipnosis, la neurología y las enfermedades mentales, comenzó a practicar espontáneamente el psicoanálisis en 1906. Al año siguiente viajó a Amsterdam para participar en el primer congreso de neurología, psiquiatría y asistencia a los alienados, y allí conoció a Carl Gustav Jung, quien lo invitó a trabajar en la Clínica del Burghölzli, dirigida por Eugen Bleuler. En 1908 conoció a Freud en el Congreso de la IPA de Salzburgo.
Su nueva orientación, y la rudeza con que hablaba de los problemas de la sexualidad en una Inglaterra todavía muy victoriana, le valieron nuevos sinsabores. Denunciado públicamente por el hermano de una de sus pacientes, la cual quería divorciarse después de la cura, Jones fue más tarde acusado de haberles hablado de manera indecente a dos niños a los que había administrado tests. Debió pasar una noche en la cárcel, antes de ser exculpado de toda sospecha por la justicia y la prensa.
De todos modos, decidió abandonar Gran Bretaña e instalarse en Canadá con su joven compañera, Loe Kann, a la que pronto comenzó a presentar como su esposa. Entonces inició una larga correspondencia con Freud: seiscientas setenta y una cartas en total. Como lo subrayara Ernst Falzeder, en esa correspondencia falta 1a intimidad, la amplitud, el dinamismo y el carácter trágico que caracterizaron otras correspondencias de Freud [ ... ]. El estilo inimitable de Freud sufre por ello..." En efecto, se tiene la impresión de que el tono de Freud es el de un "hombre de negocios". Sea como fuere, si Freud veía en Jones al aliado indispensable, Jones se presentaba a él como el Thomas Henry Huxley (1825-1895) de Charles Darwin, es decir, como el primer discípulo de la doctrina freudiana en el suelo inglés.
Después de pasar cinco años en Toronto y volver a ser blanco de acusaciones "sexuales", Jones volvió a Londres en julio de 1912, llevando en su activo la creación de la American Psychoanalytic Association (APsaA) y un trabajo importante de implantación de las ideas freudianas en Canadá y los Estados Unidos. En junio de 1913, por consejo de Freud, pasó dos meses en Budapest, para realizar un análisis didáctico con Ferenczi. Entonces se anudó entre ellos uno de esos enredos transferenciales característicos de los primeros años de la práctica psicoanalítica. Por pedido de Jones, Freud había aceptado tomar en análisis a Loe Kann. La joven padecía cálculos renales que la obligaron a operaciones reiteradas, y había adquirido el hábito de aplicarse morfina. De tal modo se convirtió en toxicómana. Por otra parte, sus relaciones con Jones se habían deteriorado, sobre todo cuando él inició una relación con una de sus amigas, Lina. A lo largo de las sesiones, Freud le fue tomando afecto a Loe Kann. Cuando Jones emprendió su cura con Ferenczi, ignoraba por una parte que su compañera estaba pronta a abandonarlo para casarse con un norteamericano de nombre Herbert Jones (al que llamaban Jones II), y por otro lado que Freud le informaba a Ferenczi de todo lo que sucedía en el curso de las sesiones con Loe.
A partir del mes de junio, Ferenczi comenzó a describirle a su vez a Freud el desarrollo de la cura de Jones: "Jones -escribió- es muy agradable como amigo y colega. En el análisis, su exceso de bondad es un obstáculo; sus sueños no son más que burla emisión respecto de mí, lo que tiene que admitir, sin poder creer realmente en esas particularidades de carácter ocultas en él. También parece temer que yo le cuente a usted todo aquello de lo que me entero en el análisis. De modo que le pido que no le mencione nunca nuestra correspodencia a la señora Jones [ ... ]. Él se prohíbe toda dependencia, y después lo compensa con una inclinación a la intriga, a los triunfos secretos y a la perfidia. Creo que estas últimas semanas le serán de provecho. Lo encuentro ya un poco menos modesto, es decir, más franco con los otros y consigo mismo." El 9 de julio, Freud le respondió lo siguiente: "Lo que usted escribe sobre Jones me alegra mucho. Me siento ahora mucho menos culpable por el final del proceso con su mujer desde que la veo desarrollarse en la libertad. Me he apegado extraordinariamente a esta Loe, y he desarrollado respecto de ella un sentimiento muy cálido, completamente inhibido desde el punto de vista sexual, como muy pocas veces antes (probablemente gracias a la edad)." Loe iba a convertirse en amiga de Anna Freud.
En junio de 1914, sin decírselo a Jones, Freud asistió en Budapest al casamiento de Loe con Herbert Jones. Un mes más tarde, Anna Freud, de 18 años, viajó a Londres. La recibió Ernest Jones, y la llevó a visitar los mejores lugares de la ciudad, sin vacilar en cortejarla. Prevenido por Loe, a la cual Anna le contaba todo, Freud intervino con dureza para impedir que la hija cediera al cortejo de su nuevo discípulo: "Sé de buena fuente [es decir, por Loe] -escribió- que el doctor Jones tiene la intención seria de hacerte la corte. Es la primera vez que esto te sucede, y no tengo ninguna intención de acordarte la libertad de elección de la que han gozado tus hermanas." Y añadió que Jones no sería un buen marido para ella.
Cuarenta y nueve años más tarde, en una carta del 3 de julio de 1953, Jones defendió su causa ante Anna: "Él [Freud] parece haber olvidado la existencia de la pulsión sexual, pues yo la encontraba y la sigo encontrando muy atractiva. Es cierto, quería reemplazar a Loe, pero no tenía ningún resentimiento con ella; su partida había sido un alivio para mí. En todo caso, siempre la he amado a usted, y de una manera bastante honorable."
En 1916 Jones se casó con Morfydd Owen (1891-1918), una joven artista, profesora de la Royal Academy of Music. Ella aspiraba a una carrera de pianista, cantante y compositora, pero murió brutalmente dos años más tarde por una apendicitis aguda.
En 1919, a los 40 años de edad, Jones logró fundar una familia al casarse con Katherine Jolk, una vienesa de origen checo que le había presentado Hanns Sachs y de la que tuvo cuatro hijos: Gwenith, muerta de neumonía a los 8 años, Mervyn, Nesta, Lewis. Katherine Jones, Gwenith y Mervyn iban a ser analizados por Melanie Klein en 1926.
Desde 1913 la vida de Jones estuvo estrechamente mezclada con la historia del movimiento psicoanalítico inglés e internacional. Durante la Primera Guerra Mundial continuó sus actividades, pero a causa de la publicación de diversos artículos en el Jahrbuch für psychoanalytische und psychopathologische Forschungenfue acusado por el Times de colaborar con el enemigo. No obstante, después de una investigación realizada por Scotland Yard, lo autorizaron oficialmente a recibir (vía Suiza) periódicos en lengua alemana. También logró conservar el contacto con los psicoanalistas de los países beligerantes. En 1919 fundó la British Psychoanalytical Society (BPS). Al año siguiente creó el International Journal of Psycho-Analysis (IJP) y, en 1922, en el Congreso de la IPA de Berlín, lanzó el gran debate sobre la sexualidad femenina, que durante mucho tiempo opuso a la escuela inglesa y la escuela vienesa. Finalmente, en 1926, ayudó a Melanie Klein a instalarse definitivamente en Londres. De tal modo proporcionó una base firme a la BPS y al psicoanálisis de niños en Gran Bretaña, pero irritando profundamente a Freud y a su hija.
Ante la cuestión del análisis profano, y sobre todo frente a Abraham Arden Brill, que vedaba el acceso de los no-médicos a la New York Psychoanalytic Society (NYPS), Jones intentó una conciliación en el Congreso de la IPA de Oxford en 1929. Brill cedió, aceptando la afiliación de los no-médicos, pero en el Congreso de Wiesbaden, en 1932, el tema volvió a plantearse. Se adoptó entonces una nueva reglamentación, la cual estipulaba que los criterios de selección de los candidatos serían en adelante fijados por las sociedades locales, las cuales ganaban en autonomía.
En diciembre de 1935 Jones aceptó presidir la sesión de la Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG) durante la cual se obligó a renunciar a los miembros judíos. Partidario de la tesis del "salvamento", apoyó de tal modo la política de Felix Bohem y Carl Müller-Braunschweig, que desembocó en la integración de los freudianos en el Deutsche Institut für Psychologische Forschung, fundado por Matthias Heinrich Göring.
En 1949, después de haber atravesado la tempestad de las Grandes Controversias, y de participar en la reincorporación a la IPA de los ex terapeutas alemanes colaboracionistas, Jones decidió retirarse. A pesar de una trombosis coronaria, comenzó a redactar el primer gran estudio (en tres volúmenes) dedicado a la vida y la obra de Freud. Además de todos los libros impresos, logró encontrar y leer aproximadamente cinco mil cartas manuscritas de las correspondencias de Freud, aportando de tal modo su ayuda a Kurt Eissler, el cual, por su lado, estaba reuniendo los archivos y realizando entrevistas con los grandes discípulos de la primera hora. Este trabajo gigantesco, redactado en siete años y basado en una impresionante cantidad de documentos, convirtió a Jones en el fundador de la historiografía freudiana. Traducida en todo el mundo, la obra sirvió de punto de partida a los trabajos ulteriores de la historiografía experta. Antes de terminar su tercer volumen, Jones debió someterse de urgencia a la extirpación de un tumor vesical. En 1957, cuando acababa de sufrir un segundo ataque coronario, sin dejar traslucir su estado de salud, se presentó en el Congreso de la IPA en París.
Falleció el 11 de febrero de 1958, con el mismo coraje que el héroe cuya muerte acababa de narrar en el gran libro. Sus cenizas descansan en el crematorio de Golder's Green, cercanas a las de Freud.
Judeidad
Alemán: Judesein.
Francés: Judéité.
Inglés: Jewishness.
Se llama judaísmo a la religión monoteísta de los judíos, así como a la doctrina y las instituciones judías.
En el judaísmo se distinguen varios grandes movimientos: la emancipación, que comenzó en el siglo XVII con el reconocimiento de los derechos civiles; la Haskalah, o movimiento judío de la Ilustración, que se afirmó a fines del siglo XVIII y fue acompañado por una asimilación progresiva; el judaísmo ortodoxo, nacido en 1795, hostil a la Haskalah y a la emancipación; el jasidismo, movimiento judío pietista de renovación de la fe, surgido en la Europa oriental en la misma época; el judaísmo reformado, inspirado por el protestantismo (primero en Alemania, y después en los Estados Unidos), que induce a la práctica liberal de la religión. A éstos se añaden los movimientos que se originaron a fines del siglo XIX: el judaísmo humanista y laico, definido por el abandono de la religión y la tendencia al ateísmo; el sionismo, que desde 1890 perfiló una ideología y un movimiento político cuyos objetivos eran el renacimiento y la independencia del pueblo judío en la tierra de Israel; el judaísmo conservador, forma norteamericana del judaísmo ortodoxo, surgido en 1886, que insiste en la renovación ética, y, finalmente, el judaísmo reconstruccionista (también norteamericano), surgido en 1922, un judaísmo concebido como una cultura religiosa basada en un nacionalismo espiritual.
Se llama judeidad al hecho y la manera de sentirse o ser judío, independientemente del judaísmo. El sentimiento de judeidad o identidad judía es un modo de seguir pensándose judío en el mundo moderno a partir de fines del siglo XIX, mientras también se es incrédulo, agnóstico, humanista, laico o ateo. Esta reivindicación de la judeidad rechaza la noción de pertenencia enunciada por la jurisprudencia rabínica (la Halajá, derivada de la Torah), que designa como judía a toda persona nacida de madre judía, o convertida al judaísmo en las condiciones prescritas por la ley religiosa.
Como lo ha subrayado Jacques Le Rider, los intelectuales judíos vieneses se encontraron en una particular situación de crisis a fines del siglo XIX, cuando enfrentaron el choque del antisemitismo, que reemplazaba la antigua judeofobia religiosa por una forma llamada "científica" de jerarquía de las "razas". Provenientes de comunidades diseminadas en los imperios centrales, emancipados del judaísmo tradicional desde mucho antes, e identificados con la cultura y la lengua alemanas, sus enemigos les recordaron brutalmente su identidad: sobre todo Houston Stewart Chamberlain (1855-1927), Georg von Schoenerer (1842-1921) y Karl Lueger (1844-1910), quienes querían excluirlos del cuerpo social. También les recordaron su identidad los diferentes movimientos de renovación judía que se desarrollaron como reacción al antisemitismo: en particular, el de Theodor Herz1 (1860-1904). Debieron entonces reinventar la definición de la palabra judío, y el sentido de su judeidad. A esta necesidad respondieron una pluralidad de actitudes: convertirse, renegar, el auto-odio, el sionismo, el rechazo de la asimilación y la ilustración, el retorno al judaísmo, el culto del comunitarismo y del diferencialismo, o incluso continuar con el ideal universalista.
Contrariamente a numerosos intelectuales judíos vieneses como Karl Kraus u Otto Weininger, Sigmund Freud detestaba el auto-odio judío (Jüdischer Selbsthass) y la huida a la conversión. Incrédulo y hostil a las prácticas religiosas, rechazaba las tradiciones, los ritos y las fiestas, y en el seno de su propia familia combatió las actitudes religiosas de su mujer (Martha Freud). Sin embargo, no renegó nunca de su judeidad, y la reivindicó cada vez que se vio enfrentado al antisemitismo, Si acaso fuera necesario, lo atestigua el recuerdo de infancia relacionado con su padre (Jacob Freud), que narró en La interpretación de los sueños.
Si bien adoptó una actitud de científico universalista y judío spinozista (característica de lo que se denomina la Aufklärung oscura), como lo ha señalado Yirmiyahu. Yovel, Freud padeció también las oscilaciones y las ambivalencias propias de la crisis de la identidad judía de fines de siglo. Ésta se reflejó en el vocabulario que empleaba. En efecto, no vacilaba en hablar de "raza judía", de "pertenencia racial" o de diferencias entre los judíos y los "arios". Además, a menudo llamaba "arios" a los no-judíos. Nada lo obligaba a retomar por cuenta propia la terminología de su época, y habría podido distanciarse de semejante vocabulario. No obstante, la utilización de estas expresiones nunca desembocó en él en un diferencialismo teórico como el de Carl Gustav Jung. En una carta a Sandor Ferenczi del 8 de julio de 1913, adoptó por otra parte una posición clara contra toda psicología de los pueblos o de las mentalidades: "Por cierto, existen grandes diferencias entre el espíritu judío y el espíritu ario. Las observamos cotidianamente. De allí surgen, seguramente, aquí y allá, pequeñas distancias en el modo de concebir la vida y el arte. Pero la existencia de una ciencia aria y una ciencia judía es inconcebible. Los resultados científicos deben ser idénticos, sea cual fuere el modo de presentarlos. Si estas diferencias se reflejan en la aprehensión de los parámetros científicos objetivos, hay algo que no funciona."
Consciente del hecho de que sus primeros discípulos vieneses eran todos judíos, Freud temió que su nueva ciencia fuera asimilada a una "cuestión judía", es decir, a un particularismo sometido a las leyes del genius loci. Nada lo horrorizaba mas que oír a sus adversarios reduciendo el psicoanálisis a un producto del "espíritu judío" o de la "mentalidad vienesa".
Pero, en lugar de afirmar claramente esta posición, iba a oscilar entre dos actitudes que estaban en contradicción con su concepto de la cientificidad del psicoanálisis. Hasta 1913, ubicó a Jung a la cabeza de la International Psychoanalytical Association (IPA), y reivindicó la "desjudaización" del movimiento, en nombre de la ciencia: "Nuestros camaradas arios nos son absolutamente indispensables -le escribió a Karl Abraham el 26 de diciembre de 1908-; sin ellos, el psicoanálisis sería víctima del antisernismo".
Después de la ruptura con Jung cambió de opinión, y afirmó que la judeidad del movimiento no podía obstaculizar la creación de una ciencia universal. A Enrico Morselli (1852-1929) le escribió lo siguiente: "Yo no sé si usted tiene razón al ver en el psicoanálisis un producto directo del espíritu judío, pero, si éste fuera el caso, yo no me sentiría en absoluto avergonzado de ello. Aunque ajeno desde hace mucho tiempo a la religión de mis antepasados, nunca he perdido el sentimiento de pertenencia y solidaridad con mi pueblo, y pienso con satisfacción que usted mismo se define como alumno de uno de mis compañeros de raza, el gran Lombroso." único no-judío de la primera generación freudiana después del alejamiento de Jung, Ernest Jones, que era galés y pertenecía (como él dijo) a una "raza oprimida", se sentía próximo a los judíos vieneses de esa primera generación, que Carl Gustav Jung trataba a menudo de "bohemios". Pero, como no era judío, durante el período del Comité tuvo que enfrentar el fanatismo "antiario" que se puso de manifiesto contra Jung: Todos ellos, incluso Freud, eran extremadamente sensibles al antisemitismo -le narró a Vincent Brome-. Él [Freud] me miraba a veces con un aire burlón: ¿qué hace usted entre nosotros, un no-judío cuya lengua materna no es el alemán? Y, como judío, Freud no había escapado a la persecución, muy por el contrario, y se veía llevado a invertir el movimiento. En una o dos oportunidades, se dudó de mí, incluso se desconfió; de tal modo, me encontré en conflicto con los otros y, por lo menos una vez, pensé que el hecho de que no fuera judío era hasta cierto punto culpa mía."
Jones fue acusado de antisemitismo por sus adversarios, a causa de una conferencia, "La psicología de la cuestión judía", pronunciada en un coloquio dedicado a los judíos y los "gentiles" en 1945. En esa oportunidad, elli efecto, declaró que los judíos eran tan responsables del antisemitismo como los propios antisemitas, en razón de su arrogancia y de su idea de que eran el pueblo elegido. Y añadió que tienen una particularidad: "La nariz hitita, que tanto evoca una deformidad, y que los judíos han adquirido lamentablemente en sus vagabundeos; por desgracia, está asociada a un gene dominante". De hecho, Jones se alineó en esa ocasión con las posiciones clásicas de la psicología de los pueblos, que casi siempre lleva a este tipo de despiste (como en el caso, mucho más grave, de Jung).
Cuando el nazismo presentó el psicoanálisis como una "ciencia judía", Freud reivindicó su propia judeidad. Recordemos que casi todos los psicoanalistas judíos que no llegaron a emigrar perecieron en los campos de exterminio nazis.
En 1938, en Moisés y la religión monoteísta, Freud expuso su tercera tesis sobre la cuestión judía, al afirmar la existencia de una posible transmisión hereditaria del sentimiento de judeidad. La obra dio lugar a múltiples interpretaciones.
La cuestión de la judeidad atraviesa toda la historia del psicoanálisis, lo mismo que la del culturalismo y el universalismo. Está en el origen de muchas escisiones en el seno de las sociedades psicoanalíticas.
Juicio de condenación
Al.: Verurteilung o Urteilsverwerfung.
Fr.: jugement de condamnation.
Ing.: judgment of condemnation.
It.: rifiuto da parte del giudizio; condamna.
Por.: julgamento de condenação.
Operación o actitud mediante la cual el sujeto, aun cuando toma conciencia de un deseo, se prohibe su realización, principalmente por razones morales o de oportunidad. Freud ve en ello un modo de defensa más elaborado y más adaptado que la represión. Daniel Lagache ha propuesto considerarlo como un proceso de «desprendimiento» del yo, que actúa especialmente en la cura analítica.
En varias ocasiones se encuentra, en los escritos de Freud, el término Verurteilung y el de Urteilsverwerfung, que él mismo consideró como sinónimos. Según Freud, el juicio de condenación se incluiría dentro de una escala de defensas, que iría desde la más elemental a la más elaborada: reflejo de defensa mediante la huida (peligro externo), represión (peligro interno), juicio de condenación. ¿Cómo puede definirse este último en relación con la represión? Unas veces aparece dotado de la misma finalidad que ésta: «[...] un buen método a adoptar contra una moción pulsional». Otras veces se define como una modificación afortunada de la represión: «El individuo, en el pasado, sólo lograba reprimir la pulsión perturbadora, porque él mismo era entonces débil e imperfectamente organizado. Ahora que es maduro y fuerte, quizá llegará a dominar sin perjuicios lo que le es hostil».
Es este aspecto positivo del juicio de condenación el que subraya Freud en las últimas páginas del Análisis de una fobia en un niño de cinco años (Analyse der Phobie eines fünfjährigen Knaben, 1909). Allí se pregunta Freud acerca de los posibles efectos de la toma de conciencia por el pequeño Hans de sus deseos edípicos, incestuosos y agresivos. Si el análisis no ha precipitado a Hans en el camino de la satisfacción inmediata de estos deseos, es porque «[...] reemplaza el proceso de la represión, que es automático y excesivo, por un control mesurado e intencional con la ayuda de las instancias psíquicas superiores. En una palabra: reemplaza la represión por el juicio de condenación».
Observemos, a este respecto, que el juicio de condenación adquiere aquí sin duda, a los ojos de Freud, tanto más valor cuanto que es correlativo, en esta etapa de la vida de Hans, de la función estructurante de la prohibición del incesto y de la entrada en el período de latencia.
Sea como fuere, el juicio de condenación sigue siendo para Freud una transformación de la negación y continúa llevando la marca de la represión, a la que substituye: «El juicio de condenación es el substitutivo intelectual de la represión; su «no» es la marca de ésta, un certificado de origen como, por así decirlo, un Made in Germany». En el juicio de condenación se expresa eminentemente, según Freud, la contradicción inherente a la función misma del juicio: ésta «[...]sólo se ha vuelto posible por la creación del símbolo de la negación, que confiere al pensamiento un primer grado de independencia respecto a las consecuencias de la represión, y por tanto también respecto a la compulsión del principio de placer»; pero, sobre todo cuando dice no, el juicio cumple una función esencialmente defensiva: «[...] la negación [es la] sucesora de la expulsión».
Según Daniel Lagache, mediante la referencia al juicio de condenación, se podría aclarar la dificultad inherente a la concepción freudiana de la noción de defensa y señalar mejor la distinción entre las compulsiones defensivas y los mecanismos de desprendimiento, dentro de los cuales puede encontrar su puesto el juicio de condenación. En el caso del pequeño Hans, la esperanza de volverse mayor, expresada desde el principio por la idea de que su pene, «con sus raíces en el cuerpo», aumentaría de tamaño, constituye uno de los mecanismos concretos mediante los cuales el yo se desprende del conflicto edípico y de la angustia de castración. De un modo más general, Daniel Lagache ve en este proceso uno de los resultados de la cura analítica: aplazamiento de la satisfacción, modificación de las metas y de los objetos, consideración de las posibilidades que ofrece la realidad al sujeto y de los diferentes valores implicados, compatibilidad con el conjunto de las exigencias del sujeto.
Juliusburger Otto
(1867-1952) Psiquiatra y psicoanalista norteamericano
Junto con Ivan Block (1872-1922), Heinrich Körber y Magnus Hirschfeld, Otto Juliusburger fue uno de los fundadores de la Asociación Psicoanalítica de Berlín, creada en 1908 por Karl Abraham. La abandonó y después, en 1941, emigró a los Estados Unidos, para instalarse en Nueva York.
Jung Carl Gustav
(1875-1961) Psiquiatra suizo, fundador de la psicología analítica
Fundador de una escuela de psicoterapia, amigo y discípulo de Sigmund Freud entre 1907 y 1913, introductor con Eugen Bleuler del psicoanálisis en la Suiza germana, especialista en psicosis y fascinado por el orientalismo, Carl Gustav Jung dejó una obra tan abundante como la de Freud; su traducción francesa está lejos de haberse completado. Sobre Jung se han escrito decenas de libros, artículos y comentarios, y el junguismo se ha implantado en varios países: Gran Bretaña, los Estados Unidos, Italia, Brasil.
Nacido el 26 de julio de 1875 en Kesswill, en el cantón de Thurgovie, Carl Gustav Jung descendía de un largo linaje de pastores. Su abuelo paterno, Carl Gustav Jung (1799-1864), llamado el Mayor, médico originario de Mannheim, había encontrado refugio en Suiza en 1819, llegando a ser rector de la Universidad de Basilea. Según una leyenda tenaz, era hijo natural de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832). En la familia se contaba que Sophie Ziegler-Jung había tenido una relación con el escritor, y que el hijo ¡legítimo que resultó de esa aventura fue más tarde reconocido por su marido Franz Ignaz Jung, el padre de Carl Gustav el Mayor. Samuel Preiswerk (1799-1871), abuelo materno de Carl Gustav (el menor), también era pastor y adepto al espiritismo. El joven Carl Gustav solía dedicarse también él al espiritismo, junto con su prima, Héléne Preiswerk, y su madre, Émilie Preiswerk-Jung (1848-1923).
En 1895 Jung inició en Basilea sus estudios de medicina. En 1900 se convirtió en asistente de Bleuler en la Clínica del Burghölzli y, dos años más tarde, defendió su tesis sobre el caso de una joven médium, que después se descubrió que se trataba de Héléne Preiswerk. En 1903 viajó a París para seguir la enseñanza de Pierre Janet y, a su regreso se casó con Emma Rauschenbach, hija de un rico industrial de Schaffhouse que le dio cinco hijos: Agathe, Anna, Franz, Marianne y Emma.
Emma Rauschenbach-Jung (1882-1955) se convirtió en discípula de su marido después de haber sido analizada por él. En 1905 Jung fue nombrado Privatdozent, en el momento en que, en contacto con Bleuler, experimentaba con el test de asociación verbal que iba a llevarlo al psicoanálisis.
En abril de 1906 le envió a Freud sus Diagnostich Assoziationsstudien (Estudios diagnósticos de asociación), iniciando de tal modo una copiosa correspondencia: trescientas cincuenta y nueve cartas en total. Para Freud, ese encuentro era de una importancia crucial, puesto que le abría al psicoanálisis el "nuevo continente" de las psicosis. Pronto se inició un gran debate entre Freud, Jung y Bleuler sobre el estatuto de la esquizofrenia (que aún se denominaba dementia praecox), así como sobre la cuestión del autoerotismo, y después del autismo.
Cuando conoció a Freud, Jung tenía ya una concepción del inconsciente y del psiquismo: la había heredado de Théodore Flournoy, de Janet y de todos los artífices de la subconciencia. No sólo no compartía las hipótesis vienesas, sino que estaba en desacuerdo con la concepción freudiana de la sexualidad infantil, del complejo de Edipo y de la libido. Lo que lo acercaba a Freud era por una parte la fascinación de una obra en la cual creía encontrar la confirmación de sus hipótesis sobre las ideas fijas subconscientes, las asociaciones verbales y los complejos y, por otro lado, el atractivo de un ser excepcional con el cual podría finalmente medirse. Jung era un hombre de poderosa inteligencia, con un mundo interior hecho de sueños, introspección, búsqueda de sí mismo y gusto por las cosas ocultas. Estaba dotado de una gran fuerza psíquica, apreciaba los contactos humanos, los ejercicios corporales y la frecuentación de las mujeres; de buen grado se reconocía como bígamo. Interesado desde siempre en los espíritus, los locos, los marginales, los excéntricos, amaba a los personajes fuera de lo común. También le gustaba mucho narrar historias, propagar rumores, confundir razón y sinrazón, hacer girar mesas espiritistas, construir mitos, erigir interpretaciones. Y si tomó partido por Freud, lo hizo ante todo porque consideraba que los adversarios del vienés eran médicos retrógrados, incapaces de concebir una nueva teoría psíquica.
Durante siete años se entusiasmó con el aspecto espiritual de la aventura psicoanalítica. Pero al contacto con el movimiento elaboró una doctrina totalmente extraña al sistema de pensamiento freudiano, aunque se nutriera en él. Y es evidente que ese encuentro le permitió a Jung clarificar sus divergencias con el freudismo.
En cuanto a Freud, el apego y el amor que tuvo por Jung atestiguan una voluntad salvaje de salvar al psicoanálisis del gueto de la judeidad vienesa. Si bien Sandor Ferenczi era para él el mejor de los hijos y uno de los que más quiso Ounto con Otto Rank), a Carl Gustav Jung le reservaba otro destino. Ajeno a la tribu vienesa, pero de cultura alemana (y por lo tanto mucho más cercano a él que Ernest Jones), fue verdaderamente visto como un hijo por fin capaz de reinar sobre la causa analítica, incluso de conducirla a otras conquistas. Sin ninguna duda, Freud sospechó que Jung era antisemita. Pero, por las necesidades de la causa, quería absolutamente reconciliar a los judíos y los antisemitas, como escribió en una carta a Karl Abraham del 23 de julio de 1908: "Presumo que el antisemitismo contenido de los suizos se vuelca un poco sobre usted [ ... ]. Como judíos, tenemos que [ ... ] dar prueba de un poco de masoquismo, estar dispuestos a dejarnos lastimar un poco."
Entre 1907 y 1909, convertido en el príncipe heredero de la causa, Jung fundó la Sociedad Sigmund Freud de Zurich, y el Jahrbuch für psychoanalytische und psychopathologische Forschungen; además animó el debate sobre la demencia precoz a través del caso "Otto Gross", enfrentó las peripecias de su pasión por Sabina Spielrein, y finalmente acompañó a Freud en su gira de conferencias en los Estados Unidos. Por otra parte, volvió a ese país en 1912 y obtuvo un gran éxito. En 1909 dejó el Burghölzli para dedicarse a su clientela privada, y se retiró a una hermosa casa espaciosa construida según sus planos, y situada en Küsnacht, sobre el lago de Zurich. Allí permaneció toda su vida.
En 1910, en Nuremberg, fue elegido primer presidente de la Internationale Psychoanalytische Vereinigung (IPV), la futura International Psychoanalytical Association (IPA). A los vieneses, celosos, Freud les dijo lo siguiente: "Ustedes son en su mayoría judíos, y por ello incapaces de ganar amigos para la nueva doctrina. Los judíos deben contentarse con el modesto papel que consiste en preparar el terreno. Es absolutamente esencial que yo establezca vínculos con ambientes científicos menos restringidos. Ya no soy joven y estoy cansado de estar en la brecha. Todos estamos en peligro, los suizos nos salvarán, me salvarán a mí, y también los salvarán a ustedes." Fritz Wittels recogió estas palabras en su biografía de Freud.
En 1912, la fractura entre los dos hombres se hizo evidente cuando Jung preparaba la publicación de Transformaciones y símbolos de la libido (obra que tuvo múltiples reediciones). Había un desacuerdo completo sobre la teoría de la libido. Pero fue un acontecimiento menor el que encendió la mecha. Freud visitó a Ludwig Binswanger, operado de un tumor maligno, sin pasar por Küsnacht, que sólo está a cincuenta kilómetros de Kreuzlingen (donde residía Binswanger). Jung interpretó ese gesto como una ofensa. Después de varias escaramuzas, en cuyo transcurso Jung trató sobre todo de convencer a Freud de la necesidad de que desexualizara su doctrina (sólo sería, dijo, para que se la comprendiera mejor), la ruptura se consumó en 1913. Freud tomó la iniciativa después de haberse desmayado en Múnich, en la cena del Congreso de la IPA.
A partir de 1914, Jung fue renunciando progresivamente a todas sus funciones. En las sociedades psicoanalíticas ya formadas, los junguianos se separaron de los freudianos, para organizar su propio movimiento. Pero éste no tuvo nunca la amplitud del de Freud.
Después de un prolongado período de crisis interior y depresión, coincidentes con la Primera Guerra Mundial, Jung emprendió la elaboración de su obra. Denominó psicología analítica a la corriente de pensamiento en la que basaba su método de psicoterapia. Con ese nombre quería significar que la psique no tiene ningún sustrato biológico. En cuanto a la clínica que se desprende de ese enfoque, tiene por objetivo llevar al sujeto a la realidad, y liberarlo de sus "secretos patógenos", según la expresión de Moriz Benedikt. De modo que el método junguiano releva a las antiguas "curas de alma" de los pastores protestantes.
En 1919 Jung elaboró la noción de arquetipo, proveniente de la de imago, para definir una forma inconsciente preexistente, que determina al psiquismo y provoca una representación simbólica que aparece en los sueños, el arte o la religión. Los tres arquetipos principales son el animus (imagen de lo masculino), el anima (imagen de lo femenino) y el selbst (sí-mismo), verdadero centro de la personalidad. Los arquetipos constituyen el inconsciente colectivo, base de la psique, estructura inmutable, especie de patrimonio simbólico de toda la humanidad. Esta representación de la psique se completa con "tipos psicológicos", es decir, caracteres individuales articulados en torno a la alternancia introversión / extraversión, y con un proceso de individuación que lleva al ser humano hacia la unidad de su personalidad a través de una serie de transformaciones (los estadios freudianos). De este modo el niño emerge del inconsciente colectivo para dirigirse a la individuación, pasando por la asunción del anima y el animus.
Con la noción de arquetipo, Jung se distanciaba radicalmente del universalismo freudiano, aunque pretendía volver a encontrar lo universal en las grandes mitologías religiosas. En realidad, el arquetipo se debe comparar más bien con la idea de pattern, cercana a la de los culturalistas. Y, por otra parte, Jung la profundizó, interesándose cada vez más en el estudio etnológico de las civilizaciones llamadas "arcaicas". En varios viajes, que lo llevaron al terreno de tribus indias americanas, o africanas (México, Kenia), adoptó las tesis de la psicologías de los pueblos, afirmando que existen diferencias radicales entre las "razas", las culturas y las mentalidades.
En esa época se creó en Ascona, cerca del lago Mayor, un grupo de intercambio entre las filosofías orientales y occidentales. Tomó el nombre de Eranos, y cada año reunía en torno a Jung a científicos, psicólogos, historiadores de las religiones y las ciencias: entre ellos Lancelot White, Henry Corbin (1903-1978), Mircea Eliade (1907-1986).
En 1933, convertido en jefe de escuela, Jung aceptó reemplazar a Ernst Kretchmer en la presidencia de la Allgemeine Ärztliche GeselIschaft für Psychotherapie (AÄGP o Sociedad Alemana de Psicoterapia). La AÄGP, que agrupaba a miembros de varios países pero tenía su base en Alemania, y estaba por lo tanto bajo el control nazi, se convirtió con Jung en una asociación verdaderamente internacional. Los psicoterapeutas judíos podían adherir a ella a título individual, aunque estaban excluidos de la filial alemana. De tal modo, Jung pretendía protegerlos.
No obstante, en enero de 1934, en un texto titulado "La situación presente de la psicoterapia" ("Zur gegenwärtigen Lage der Psychotherapie") y publicado en la Zentralblattfür Psychotherapie (ZFP), adoptó posiciones claramente antisemitas. Esa revista de la AÁGP acababa de pasar al control de Matthias Heinrich Göring.
Después de distinguir el inconsciente "ario" del inconsciente “Judío", Jung subrayaba que el primero posee un "potencial superior al segundo", y añadía que el judío "tiene algo de nómade y es incapaz de crear una cultura propia: todos sus instintos y sus dones exigen para desarrollarse un pueblo-anfitrión más o menos civilizado". Jung le reprochaba a la psicología médica que le hubiera aplicado a los alemanes categorías judías. Finalmente, recordando a Freud, observó que éste sospechaba que él, Jung, era antisemita: "Esta sospecha emanaba de Freud. Ahora bien, Freud no comprendía en absoluto la psique alemana, como tampoco la comprendían sus epígonos germánicos. El grandioso fenómeno del nacionalsocialismo, que el mundo entero contempla con ojos sorprendidos, ¿los ha iluminado?”
Atacado en febrero de 1934 por el psiquiatra suizo Gustav Bally (1893-1966), quien se sorprendía de que Jung pudiera presidir una asociación destinada a eliminar a los judíos y a los opositores al nacionalsocialismo, él trató de justificarse, en marzo de ese mismo año, en un artículo titulado “Zeitgenössisches", en el que se refirió a las diferencias entre las "razas" y las "psicologías": "¿Se debería verdaderamente pensar que una tribu que ha atravesado la historia desde hace miles de años como pueblo elegido de Dios no ha sido llevada a esa idea por una disposición psicológica particular? En fin, si no hay ninguna diferencia, ¿a qué se debe que uno reconozca a los judíos? Entre todas las naciones y todas las razas hay diferencias psicológicas, incluso entre los habitantes de Zurich, Basilea y Berna [ ... ]. Por ello combato toda psicología uniformizante, como las de Freud y Adler por ejemplo, cuando pretenden la universalidad."
La trayectoria de Jung quedó maculada por este episodio. Al basar sus hipótesis doctrinarias en una tipología psicológica, no pudo evitar que su discurso se tiñera de racismo y judeofobia. Y si bien su antisemitismo no tomó nunca la forma de un compromiso militante, sus afirmaciones antiigualitarias lo llevaron a convertirse en instrumento de la política de nazificación de la psicoterapia alemana.
La cuestión de la responsabilidad de Jung dividió más tarde a la comunidad internacional junguiana; y a Andrew Samuels, psicoterapeuta junguiano, miembro de la Sociedad Londinense de Psicología Analítica, le corresponde el mérito de haber redactado en 1992 uno de los comentarios más notables sobre este episodio doloroso de la historia. Sin dejar de situarse él mismo en el culturalismo, demostró que el intento de instaurar una psicología de las naciones fue lo que llevó a Jung a adherir a la ideología nazi, y exhortó a los "posjunguianos" a reconocer la verdad.
En Francia, en el número especial de los Cahiersjungiens de psychanayse consagrado a este episodio, el artículo de la Zentralblatt de enero de 1934 ("Zur gegenwürtigen Lage der Psychotherapie") fue suprimido de la lista llamada "completa" de las declaraciones de Jung entre 1933 y 1936, lo que les permitió a los diversos comentadores limpiar a Jung de toda sospecha de antisemitismo.
Carl Gustav Jung murió en su casa de Küsnacht el 6 de junio de 1961. Sus cenizas fueron depositadas en el panteón familiar, que él mismo había decorado. En esa época, sus adversarios seguían tratándolo de colaboracionista, mientras que sus amigos y allegados afirmaban que nunca había adoptado ni una ínfima posición en favor del nazismo o el antisemitismo.
Jung Carl Gustav
Psiquiatra suizo
(Kesswil, Turgovia, 1875 -Küsnaeht, cerca de Zurich, 1961).
Al terminar sus estudios de medicina (1900), pasa a ser asistente de E. Bleuler en el Burghölz1i, clínica psiquiátrica de la Universidad de Zurich. Bleuler le hace conocer los trabajos de Freud, con quien Jung establece relaciones estrechas tras encontrarse con él en Viena en 1907. Participa en el primer congreso de psicoanálisis en Salzburgo (1908) y acompaña a Freud en su viaje a los Estados Unidos (1909). Es el primer presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, creada durante el segundo congreso de psicoanálisis en Nuremberg (1910). En esa época, Jung es considerado el delfín de Freud. La publicación de Metamorfosis y símbolos de la libido (1912) pone de manifiesto las primeras divergencias con las tesis freudianas, concernientes especialmente a la naturaleza de la libido, que en Jung deviene la expresión psíquica de una «energía vital» que no es de origen sexual únicamente.
En 1913, la ruptura con Freud queda consumada y Jung da a su método el nombre de «psicología analítica». Más allá del inconciente individual, Jung introduce un inconciente colectivo, noción que profundiza en los Tipos psicológicos (1920). El inconciente colectivo, que representa la acumulación de las experiencias milenarias de la humanidad, se expresa a través de los arquetipos: temas privilegiados que reencontramos inalterados tanto en los sueños como en los mitos, los cuentos o las cosmogonías. Entre los arquetipos, Jung concede importancia particular al anima (principio femenino que se encuentra en todo hombre), al animus (principio masculino que se encuentra en toda mujer) y a la sombra, imagen onírica caracterizada por un atributo negro que expresa al inconciente individual. El objetivo de la terapia junguiana, mucho menos codificada que el método freudiano y en la que el terapeuta es directivo, es permitir a la persona volver a enlazarse con sus raíces, acceder a ella misma, es decir, tomar conciencia de las exigencias de los arquetipos, exigencias reveladas por los sueños. Contrariamente a Freud, Jung no reconoce a la infancia un papel determinante en la eclosión de los trastornos psíquicos de la edad adulta, que define según una dialéctica de la persona con el mundo exterior. La publicación, en 1944, de Psicología y alquimia, marca la segunda época de la vida de Jung, en la que, abandonando la clínica, se interesa en la etnología, la filosofía de las religiones y la alquimia. En 1958 se fundó la Sociedad Internacional de Psicología Analítica, que agrupa a los partidarios del método de Jung.
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