Kardiner Abram (1891-1981). Antropólogo y psicoanalista norteamericano
Contrariamente a Margaret Mead, Bronislaw Malinowski, Geza Roheim o Georges Devereux, Abram Kardiner no fue un etriólogo de campo, sino un profesional de la antropología que se basó en los trabajos etnográficos de sus amigos y contemporáneos Ruth Benedict (1887-1948), Cora Dubois y Ralph Linton (1893-1953), para proponer un análisis global de las modalidades de adaptación del hombre a la sociedad. Junto con ellos, y desde una perspectiva culturalista, él desarrolló en el período de entreguerras la corriente Cultura y Personalidad, una de las vías de implantación del psicoanálisis en los Estados Unidos, al lado del neofreudismo. A la idea freudiana de la estructuración psíquica propia de cada sujeto él opuso la de una estructuración psicológica característica de todos los miembros de una misma cultura, y la denominó personalidad básica.
Nacido en Nueva York, Kardiner se orientó hacia la psiquiatría antes de realizar un primer análisis con Horace Frink, a su vez analizado por Sigmund Freud, un hombre que tuvo un destino trágico. Insatisfecho con esa experiencia, Kardiner viajó a Viena, ciudad en la cual, durante dos años, 1921 y 1922, fue formado por Sigmund Freud. Hacia el final de su vida extrajo de esa experiencia capital una obra deslumbrante, Mi análisis con Freud, que constituye el más bello testimonio escrito sobre la práctica habitual del maestro. Allí se descubre un Freud inédito, que habla de su deseo, de su pesimismo, del suicidio, de la locura, de su complejo paterno, de su contratransferencia y de su interés por el valor terapéutico del psicoanálisis.
En esa época los extranjeros afluían a Viena para hacerse analizar por el padre fundador. En consecuencia, Freud no recibía ya "casos", como en otro tiempo, y todos sus pacientes eran alumnos en formación: suizos, ingleses, norteamericanos. Él dividía su tiempo entre la escritura y los análisis didácticos, entre ellos el de su hija Anna Freud. En una oportunidad Kardiner le preguntó qué juicio le merecía su propia practica y qué pensaba de él mismo: "Me satisface que me haga la pregunta -respondió Freud- porque, para hablar francamente, los problemas terapéuticos no me interesan mucho. Ahora soy demasiado impaciente. Padezco algunas dificultades que me impiden ser un gran analista. Además, soy demasiado padre. En segundo lugar, me ocupo demasiado de la teoría [ ... ]. En tercer término, no tengo paciencia para atender a la gente mucho tiempo. Me canso de ella, y prefiero extender mi influencia."
De retorno en Nueva York, Kardiner organizó un seminario sobre la psicología de las sociedades llamadas "primitivas", en el marco del instituto psicoanalítico vinculado a la New York Psychoanalytical Society (NYPS), y enseñó en las universidades de Cornell y Columbia. En ese contexto abordó la antropología: estudió entonces numerosos trabajos de campo y reunió a su alrededor a brillantes etnólogos que fueron aportaron sus investigaciones: Benedict, Linton, Edward Sapir (1884-1939), y otros.
Esta problemática signó su primera obra, de 1939, dedicada al individuo y la sociedad. Allí desarrolló la noción de personalidad básica, que, junto con la de pattern, sería utilizada por todos los representantes de la antropología norteamericana de orientación culturalista, sobre todo Margaret Mead. Para él, se trataba de poner de manifiesto el papel de las instituciones llamadas "primarias" (sistema educativo) y después las "secundarias" (sistema de creencias) en la formación de las reglas de conducta que cada sociedad se da como fundamentos y que actúan sobre el individuo.
En 1937 Cora Dubois utilizó el test de Hermann Rorschach en un estudio realizado con habitantes de las islas de Alor (Indonesia). Con la ayuda de Emil Oberholzer, Kardiner realizó un trabajo de interpretación de ese material, para demostrar la validez de sus tesis. Más tarde estudió también la personalidad básica del negro norteamericano y del norteamericano medio.
Con Sandor Rado, cuyas orientación sin embargo no compartía, creó en 1942 la Asociación de Medicina Psicoanalítica, provocando una segunda escisión en el seno de la NYPS. Cinco años más tarde los dos hombres pusieron en pie un instituto psicoanalítico de formación, integrado a la facultad de medicina de Columbia. Éste fue reconocido por la American Psychoanalytical Association (APsaA). Pero en 1955 Kardiner se separó de Rado, y abrió una clínica psicoanalítica. Entre 1961 y 1968 enseñó en la Universidad de Emory, Atlanta, y murió en 1981, en Nueva York.
Kemper Ana Katrin
Nacida van Wickeren (1905-1979) Psicoanalista alemana
Fue un extraño destino el de esta profesional nacida en Bochun, Alemania, y cuyo itinerario no ha dejado de ser enigmático. El misterio tiene que ver con el silencio que ella observó sobre las circunstancias de su vida entre 1933 y 1944, cuando su esposo, Werner Kemper, colaboró con el régimen nazi junto a Matthias Heinrich Göring. Nunca adoptó la nacionalidad brasileña, pero llegó a tener el título de "ciudadana honoraria de Río de Janiero".
Primero grafóloga, se casó con Kemper en 1934, y realizó su formación psicoanalítica con Harald Schultz-Hencke, en el marco del Instituto Göring. En 1948 emigró a Brasil con su marido y sus tres hijos (Jochen, Mathias y Christian), y después participó en la creación de la Sociedade Psicanalitica de Rio de Janeiro (SPRJ). Se incorporó como miembro en mayo de 1962, pero más tarde una comisión constituida para examinar su "caso" le reprochó que nunca hubiera sido analizada según los criterios de la International Psychoanalytical Association (IPA). En realidad, lo que no se aceptaba era su formación con Shultz-Hencke, que había sido excluido de la IPA a continuación de la Segunda Guerra Mundial. Esa comisión le recomendó a Katrin que realizara un análisis de control en Buenos Aires con Marie Langer. Después de numerosos conflictos, Katrin renunció a la SPRJ. En la misma época se separó de Werner Kemper.
Se orientó entonces hacia otra vía. Fue decisivo su encuentro con Igor Caruso. En marzo de 1969, con cuatro de sus ex pacientes y otros cuatro profesionales, creó el Círculo Psicoanalítico da Guanabara, vinculado a la Internationale Föderation der Arbeitskreise für Tiefenpsychologie. Dos años más tarde, con Hélio Pellegrino, organizó los Encontros psicodinámicos, destinados a recibir parejas en situación difícil.
De esa experiencia colectiva surgió en 1973 la famosa Clínica Social de Psicoanálisis destinada a promover tratamientos y curas para los más carecientes: niños y adultos, psicóticos y neuróticos. Fuertemente influidos por los trabajos de Sandor Ferenczi, Melanie Klein y Donald Woods Winnicott, los profesionales de la Clínica, entre los que se contaba Chaim Samuel Katz, convirtieron ese lugar en el laboratorio de un freudismo antidogmático y libertario.
En 1974, en plena dictadura militar, la SPRJ presionó a Ana Katrin Kemper para que la clínica cambiara de nombre y se convirtiera en Clínica Social de Psicoterapia. Esta exigencia apuntaba a marginar una experiencia considerada poco ortodoxa, en el momento mismo en que la Associa~áo Brasileira de Psicanálise (ABP) pretendía imponer una ley que limitara el ejercicio del psicoanálisis a los médicos y a los miembros de las instituciones afiliadas a la IPA. Ana Katrin Kemper se negó. Después de su muerte, la Clínica fue bautizada con su nombre, en homenaje a la actividad que Ana Katrin había realizado en ella.
En el plano terapéutico, desarrolló el psicoanálisis de niños basándose en la idea de que el analista debía estimular la transferencia y la contratransferencia con pasajes al acto. En ciertas situaciones, no vacilaba en caminar en cuatro patas para establecer con el niño una relación que no fuera simplemente la de la palabra. Con el mismo enfoque tomó algunas tesis de Schultz-Hencke sobre la posibilidad de desinhibir al yo mediante la rememoración afectiva. Pero, a diferencia de Shultz-Hencke, no rechazaba el concepto de inconsciente freudiano.
Kemper Werner
(1899-1976) Psicoanalista alemán
Sin la política de "salvamento" del psicoanálisis practicada por Ernest Jones en Alemania después de la toma de poder por los nazis, Werner Kemper no habría dejado de ser un funcionario oscuro. Pero debido a la orientación adoptada por la International Psychoanalytical Association (IPA) en 1933, 61, junto con Felix Boehm, Carl MfillerBraunschweig y Harald Schultz-Hencke, formó el grupo de los psicoterapeutas alemanes que decidieron hacer carrera bajo el nazismo, cuando se les prohibió el ejercicio de la profesión a los judíos. Ernest Jones aprobó ese estado de cosas, y en 1945 rechazó cualquier depuración, más preocupado por saber quién había sido un buen o mal freudiano en el pasado, quién era adleriano y por lo tanto "desviado", quien había seguido un buen cursus, etcétera. Para extender el freudismo más allá de Europa, decidió incluso enviar a Werner Kemper a realizar una nueva carrera en Brasil.
Miembro en 1933 de la Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG), Kemper había sido analizado por Müller-Braunschweig y controlado por Boehm, Otto Fenichel y Ernst Simmel. ¡Filiación sorprendente, que vinculaba a dos futuros adherentes del nazismo con dos representantes de la "izquierda freudiana"! Después de la renuncia forzada de los psicoanalistas judíos, se convirtió en maestro de conferencias en el Instituto Psicoanalítico de Berlín, y después en el Deutsche Institut für Psychologische Forschung (Instituto Alemán de Investigación Psicológica y Psicoterapia, o Göring-Institut) fundado por Matthias Heinrich Göring. En 1942 asumió la dirección del policlínico del Instituto, y permaneció en ese puesto hasta el final de la guerra. Nunca explicó cuál fue su papel en el arresto por la Gestapo del militante comunista John Rittmeister, que había sido su analizante.
Según las declaraciones de Müller-Braunschweig a John Rickman en 1946, Kemper habría sido el analista de la mujer de Matthias Göring. Por otra parte, también habría sido miembro del Partido Comunista Alemán en el momento mismo en que hacía ostentación de su adhesión al nazismo. El hecho es que logró convencer a Rickman (que fue a interrogarlo sobre su pasado) de que entre 1933 y 1945 había asumido un papel positivo para el psicoanálisis: según dijo, logró preservar la integridad del freudismo bajo el régimen nazi, gracias a la influencia que tenía sobre la mujer de Göring, a través de su análisis. Kemper fue el único terapeuta que Rickman consideró apto para formar a didactas en el marco de la reconstrucción del psicoanálisis en Alemania, a diferencia de los descartados Müller-Braunschweig y Bohem. Rickman presentó un retrato elogioso de Kemper, sin interrogarse nunca sobre sus ambigüedades, sus silencios y su capacidad para manipular enigmas,
No obstante, en varias oportunidades Kemper se había declarado favorable a las tesis nacionalsocialistas, tanto al adoptar posturas natalistas de tipo eugenésico como acerca de problemas de salud pública. En su carácter de director del Instituto, participó en la elaboración de las instrucciones de la Wehrmacht sobre las neurosis de guerra. Fue entonces el celoso funcionario de aplicación de la política de selección inaugurada por el Tercer Reich, que consistía en enviar a la muerte, en batallones disciplinarios, a los sujetos que presentaban "anomalías psíquicas". Entre ellas se incluía la angustia, la astenia y la hiponcondría.
Después de la capitulación de Alemania, Kemper se convirtió en militante marxista, y participó con Schultz-Hencke en una reunión de psiquiatras en la zona este de Berlín, ocupada por las tropas soviéticas. Contribuyó de tal modo a la reconstrucción en la República Democrática Alemana de una escuela de psicoterapia de tipo pavloviano, decidida a liquidar el freudismo. Después de haber colaborado con el nazismo en la destrucción del psicoanálisis debido a su judeidad, contribuyó con igual celo a la política estalinista de rechazo de las tesis freudianas, una política que se extendería a todos los países dominados por el socialismo de inspiración soviética después del reparto de Yalta.
En diciembre de 1948 Kemper se instaló en Río de Janeiro, en compañía de su mujer Ana Katrin y sus tres hijos. Como casi todos los ex colaboradores de los nazis, disimuló cuidadosamente su pasado ante sus allegados y sobre todo ante los hijos, subrayando a menudo que había sido "obligado" a trabajar en el Instituto Göring bajo pena de sanciones.
En la misma época, Mark Burke, un psicoanalista de otro origen, llegó también para instalarse en Río de Janeiro con el apoyo de Jones. Judío polaco naturalizado inglés, había combatido al nazismo en las filas del ejército británico, e ignoraba el pasado de su colega. Los dos empezaron a formar alumnos, a fin de crear en Río una segunda gran sociedad psicoanalítica brasileña, después de la fundada por Durval Marcondes en San Pablo. Pronto estallaron conflictos entre estos hombres. Después de haber denunciado el comportamiento "patológico" de Burke, Kemper fue acusado de "ejercicio ¡legal de la medicina". Su mujer, que practicaba el psicoanálisis, no fue aceptada como didacta: se le reprochaba que nunca hubiera sido analizada. Ella dijo sin embargo que se había formado con Harald Schultz-Hencke. Lo que hizo durante el período nazi es aún más enigmático que lo que hizo su esposo.
Cansado de los conflictos, Burke volvió a Inglaterra en 1953, el mismo año en que Kemper fundó la Sociedade Psicanalitica do Rio de Janeiro (SPRJ), reconocida por la IPA dos años más tarde. En 1959 los alumnos de Burke formaron a su vez una segunda sociedad, rival de la primera, que tomó el nombre de Sociedade Brasileira de Psicanálise de Rio de Janeiro (SBPRJ).
Marcada por lo no-dicho y el ocultamiento del pasado de su principal fundador, la SPRJ experimentaría tormentas idénticas a las que padeció el movimiento psicoanalítico alemán después de 1945, cuando fue reconstruido sin la menor depuración. Así como en Alemania varios investigadores fueron revelando progresivamente, a partir de la década de 1980, las actividades de quienes habían colaborado con Göring, también la experiencia de la dictadura militar en Brasil permitió reconsiderar el itinerario de Werner Kemper.
Separado de su mujer a principios de la década de 1960, Kemper volvió a Alemania en 1967, sin haber adoptado nunca la nacionalidad brasileña. Allí escribió una autobiografía apologética, en la cual adujo que durante el período nazi había protegido a los judíos y ayudado a Wilhelm Reich y John Rittmeister.
En 1973, el pasado de Kemper comenzó a emerger a la superficie con un asunto que desgarraría a la SPRJ durante veinte años. En el mes de octubre, el periódico clandestino Voz operária reveló que un médico militar llamado Amilcar Lobo Moreira da Silva (1939-1997), psicoanalista en formación con Leáo Cabernite, era un torturador al servicio de la dictadura instaurada en 1964. Ahora bien, Cabernite, psicoanalista judío, didacta y presidente en esa época de la SPRJ, había sido analizado por Werner Kemper. Diez años más tarde, con la publicación de los trabajos de los historiadores alemanes sobre el Instituto Göring, las actividades de Kemper comenzaron a conocerse en Europa. Pero pasaron aún varios años antes de que se estableciera un vínculo en Brasil entre las antiguas actividades de Kemper bajo el nazismo y el hecho de que hubiera terminado por formar a un discípulo convertido en cómplice de un torturador en el curso de una cura de objetivo didáctico. Este hecho iba a ser subrayado por el psicoanalista francés René Major.
A los 40 años de edad, Jochen Kemper, el hijo de Werner, también se convirtió en psicoanalista. Adhirió al Circulo Psicoanalitico do Rio de Janeiro (CPRJ) fundado en 1969 por un grupo vinculado a su madre, y afiliado más tarde a la Internationale Föderation der Arbeitskreise für Tiefenpsychologie. Jochen Kemper trató valientemente de defender la memoria del padre, negándose a tomar conocimiento de los documentos publicados por los historiadores alemanes sobre el Instituto Göring. Fue Helena Besserman Vianna, psicoanalista de izquierda, vinculada a Ana Katrin Kemper y miembro de la SBPRJ, quien reveló en 1994 toda esta cuestión de familia, en un libro del que surge que la dirección de la IPA, en 1973, bajo la presidencia del psicoanalista francés Serge Lebovici, se negó a reconocer la complicidad de Cabernite con los torturadores.
Kempner Salomea
(1880-194?) Médica y psicoanalista alemana
Nacida en Plock, Polonia, en una familia judía, Salomea Kempner estudió medicina en Suiza y en 1919 se convirtió en miembro de la Sociedad Suiza de Psicoanálisis (SSP). En 1923 participó en los trabajos de la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV), donde presentó una comunicación sobre el erotismo oral. Después adhirió a la Sociedad Psicoanalítica de Berlín. En el momento de la nazificación de la Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG), se le prohibió enseñar por ser "judía extranjera"; en 1935 fue excluida, junto con los demás psicoanalistas judíos, que emigraron a Gran Bretaña o a los Estados Unidos. Ella siguió en Berlín hasta 1940, aproximadamente, y más tarde desapareció en el gueto de Varsovia.
Khan Mohammed Masud Raza
(1924-1989) Psicoanalista inglés
Amigo de Donald Woods Winnicott, y miembro como él de la British Psychoanalytic Society (BPS), Masud Khan nació en Jhelum, en una India todavía colonial. Su padre era un rico terrateniente criador de caballos, y su madre una joven cortesana y bailarina que tenía 19 años en el momento de su nacimiento. Ese matrimonio había escandalizado.
El joven realizó estudios de letras en la universidad del Pendjab, en Faisalabad y Lahore; el tema de su tesis fue Ulises, la novela de James Joyce (1882-1941). La muerte de la hermana, seguida de cerca por la del padre, impulsó a Masud Khan a realizar una psicoterapia con un médico que lo indujo a informarse sobre las actividades de la BPS. Llegó a Londres en 1946, y fue pronto aceptado en formación psicoanalítica, incluso antes de que iniciara sus estudios en la Universidad de Oxford.
Después de las Grandes Controversias, tuvo por maestros a los miembros más prestigiosos de la BPS: Anna Freud y Melanie Klein como supervisores, Ella Sharpe y John Rickman como analistas. Los dos últimos murieron antes de la terminación de la cura, y Masud Khan emprendió entonces otro análisis con Donald Wood Winnicott. Recibió el título de didacta en 1959.
Su carrera en el seno de la International Psychoanalytical Association (IPA) fue ¡m~ presionante. Editor del International Psychoanalytic Library, después del International Journal of Psycho-Analysis, y finalmente coeditor de la Nouvelle Revue de psychanalyse, como solicitado didacta formó también a algunos de los analistas más conocidos del grupo de los Independientes. Sus escritos son notables, en especial El si-mismo oculto y Figuras de la perversión. Sobre todo, Masud Khan supo narrar el caso, no vacilando en poner en escena a los pacientes y al propio analista. En sus trabajos se encuentra una exposición original de las grandes cuestiones de la clínica: la regresión, la transferencia, los estados límite. Por su reflexión sobre las relaciones entre el paciente y el analista, Masud Khan se inscribe en el linaje de Sandor Ferenczi.
En la década de 1970 su práctica comenzó a ser cuestionada en el seno de la BPS. Masud Khan tenía la apostura de un príncipe y reivindicaba sus gustos de aristócrata. Inconformista y a menudo extravagante, hacía ostentación de su fortuna y de sus aventuras sexuales, algunas incluso con sus pacientes. Fue acusado judicialmente y, en 1975, después de muchas dudas, la comisión de enseñanza de la BPS le retiró el título de didacta cuando él estaba afectado de un cáncer de pulmón. Durante quince años luchó valientemente contra la enfermedad, continuó escribiendo, realizando su trabajo de analista y protestando en ocasiones contra la esclerosis de la BPS (en cuyo seno se sintió siempre un extraño).
En 1988, en su última obra, When Spring Comes, dedicada a siete historiales, se puso a sí mismo en escena insultando a un analizante suicida, judío y homosexual. Justificó esa actitud como una manera específica de utilizar la contratransferencia en la técnica de la cura. El libro escandalizó, y numerosos miembros de la BPS afirmaron que Masud Khan se había vuelto loco, aunque su práctica, cercana al management winnicottiano, no había cambiado. También se lo acusó de ser bisexual. De allí las violentas críticas, a veces fundadas en rumores, que desembocaron en su exclusión.
Sólo tres años después de su muerte fue rehabilitado por un artículo necrológico de Adam Limentani (1913-1994), entonces presidente de la IPA; ese texto no hacía ninguna referencia a los anteriores cuestionamientos. El autor subrayaba simplemente que Masud Khan había tenido "relaciones sociales" con sus pacientes. Con el mismo espiritu, y sin abordar directamente los verdaderos problemas ligados a la naturaleza transgresora de una práctica de ese tipo, su amigo Jean-Bertrand Pontalis le rindió un vibrante homenaje, consagrándole un número especial de la Nouvelle Revue de psychanalyse.
Klajn Hugo
(1894-1981) Médico y psicoanalista yugoslavo
Analizado por Paul Schilder, Hugo Klajn practicó el psicoanálisis en Belgrado y fue el traductor de las obras de Sigmund Freud al serbocroata. Apasionado de la literatura, el arte y la cultura, también dirigió teatro.
Klein Melanie
Nacida Reizes (1882-1960) Psicoanalista inglesa
Melanie Klein fue la principal guía intelectual de la segunda generación psicoanalítica mundial. Ella dio origen a una de las grandes corrientes del freudismo (el kleinismo) y, gracias a Ernest Jones, que la llevó a Gran Bretaña, contribuyó a la expansión considerable de la escuela inglesa de psicoanálisis. Transformó profundamente la doctrina freudiana clásica, y no sólo creó el psicoanálisis de niños, sino también una nueva técnica de la cura y del análisis didáctico, lo cual la convirtió en jefa de escuela. Su obra, compuesta esencialmente por una cincuentena de artículos y un libro (El psicoanálisis de niños), ha sido traducida a unos quince idiomas y reunida en cuatro volúmenes. A ellos se suma una autobiografía inédita y una importante correspondencia. La traducción francesa realizada en parte por Marguerite Derrida es de una calidad excepcional. A Melanie Klein se le han dedicado numerosas obras, entre ellas las de Harmah Segal, su principal comentadora, y la de Phyllis Grosskurth, su biógrafa. En 1991, R. D. Hinshelwood realizó un diccionario de los conceptos kleinianos.
Melanie Klein nació en Viena el 30 de marzo de 1882, hija de un judío polaco originario de Lemberg, Galitzia, que se convirtió en médico clínico al precio de una ruptura con padres tradicionalistas, y de una judía eslovaca, cuya familia, erudita y cultivada, era dominada por un linaje de mujeres. Melanie fue el cuarto vástago, poco deseado, de esa pareja que se entendía poco. Cuando a su vez se convirtió en madre, siguió sufriendo en su vida privada las intrusiones de Libussa, su propia madre, personalidad tiránica, posesiva y destructora.
La juventud de Melanie Klein estuvo marcada por una serie de duelos, muy probablemente responsables del sentimiento de culpa cuyas huellas se encuentran en su obra teórica.
Melanie tenía 4 años cuando su hermana Sidonie murió de tuberculosis a la edad de 8; tenía 18 años cuando desapareció el padre, físicamente disminuido desde mucho antes, dejándola sola frente a la madre; tenía finalmente 20 años cuando murió, agotado por la enfermedad, las drogas y la desesperación, su hermano Emmanuel, quien ejercía una fuerte influencia sobre ella y al cual estaba ligada por una relación de acentos incestuosos. Phyllis Grosskurth observa que Melanie se casó poco después de ese deceso, del que se sentía culpable, lo cual, añade la biógrafa, "fue probablemente el objetivo de Emmanuel".
Las dificultades económicas que siguieron a la muerte del padre parecen haber sido la causa de su renuncia a los estudios de medicina, que había decidido realizar para convertirse en psiquiatra. Esas mismas dificultades explican también su matrimonio precipitado, en 1903, con Arthur Klein, un ingeniero de carácter desconfiado que había conocido dos años antes, y del que se divorció en 1922. En 1910, por insistencia de Melanie, crónicamente depresiva, la pareja, cuyas desaveniencias eran mantenidas por las incensantes intervenciones de Libussa, se estableció en Budapest. En 1914 murió la madre y nació el tercer vástago, Erich Klein (futuro Eric Chyne), a quien Melanie analizaría, lo mismo que a Hans y Melitta, el hermano y la hermana mayores. Pero ese año de 1914 fue también el de su primera lectura de un texto de Sigmund Freud, Sobre el sueño, y de su primera entrada en análisis con Sandor Ferenczi.
Muy pronto Melanie Klein comenzó a participar en las actividades de la Sociedad Psicoanalítica de Budapest, de la que se convirtió en miembro en 1919. Antes, el 28 y 29 de septiembre de 1918, bajo la presidencia de Karl Abraham, en esa ciudad, que Freud consideraba el centro del movimiento psicoanalítico, se había reunido el V Congreso de la International Psychoanalytical Association (IPA). Ésa fue la primera vez que Melanie Klein vio a Freud: lo escuchó leer en la tribuna su comunicación "Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica" y, fuertemente impresionada, tomó conciencia de su deseo de dedicarse al psicoanálisis. En 1919, impulsada por Ferenczi, presentó en la Sociedad Psicoanalítica de Budapest su primer estudio de un caso, dedicado al análisis de un niño de 5 años, que en realidad era su propio hijo Erich. Una versión refundida de esa intervención, en la cual enmascaró la identidad del joven paciente llamándolo Fritz, se convirtió en su primer escrito, publicado en el Internationale Zeitschrift für Psychoanalyse. Un año después, una tercera versión de ese mismo trabajo apareció en lmago: "El niño del que se trata, Fritz, es hijo de miembros de mi familia que habitan en mi vecindad inmediata. Esto me ha permitido encontrarme a menudo, de modo natural, cerca de él. Además, como la madre sigue todas mis recomendaciones, puedo ejercer una gran influencia sobre la educación de su hijo."
El terror blanco y la ola de antisemitismo que se abatieron sobre Budapest después del fracaso de la dictadura comunista de Bela Kun (1886-1937) obligaron a los Klein a dejar la capital, y después a exiliarse. En 1920 Melanie Klein participó en La Haya en el Congreso Internacional de la IPA. Allí conoció a Hermine von Hug-Hellmuth y, sobre todo gracias a la recomendación de Ferenczi, a Karl Abraham. Éste, con la ayuda de Max Eitingon, acababa de fundar el famoso Policlínico del Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI), donde se atendía a numerosos pacientes traumatizados por la guerra. Atraída por la personalidad de Abraham y la vitalidad del grupo de analistas que lo rodeaba, Melanie Klein se instaló en 1921 en la capital alemana. Un año después pasó a ser miembro de la Deutsche Psychoanalytische Geselischaft (DPG) y, en septiembre de 1922, asistió al VII Congreso de la IPA, en cuyo transcurso participó en las primeras escaramuzas sobre la cuestión de la sexualidad femenina, después de la impugnación de las tesis freudianas por Karen Horney.
A principios de 1924, Melanie Klein emprendió un segundo análisis con Karl Abraham, de quien iba a tomar algunas ideas para desarrollar su propia perspectiva sobre la organización del desarrollo sexual. En abril, en el VIII Congreso de la IPA en Salzburgo, presentó una comunicación muy discutida sobre el psicoanálisis de niños pequeños, en la cual comenzó a cuestionar ciertos aspectos del complejo de Edipo. Respaldada por Abraham, también contó con el apoyo de Ernest Jones, el cual, seducido por ese discurso contestatario, llegó incluso a intervenir ante Freud para que éste prestara atención a esas declaraciones de acentos heréticos. El 17 de diciembre del mismo año, Melanie viajó a Viena para leer una comunicación sobre el psicoanálisis de niños en la Wiener Psychoanalytisches Vereinigung (WPV): allí enfrentó directamente a Anna Freud. A partir de ese momento se abrió el debate sobre qué debía ser el psicoanálisis del niño: una forma nueva y mejorada de pedagogía (posición defendida por Anna Freud), o (como lo sostenía Melanie Klein) el lugar de la exploración psicoanalítica del funcionamiento psíquico desde el nacimiento.
En Berlín, Melanie Klein se hizo amiga de Alix Strachey, que también estaba en análisis con Abraham. Con la ayuda de su esposo, James Strachey, que se había quedado en Londres, Alix introdujo a Melanie en la British Psychoanalytical Society (BPS). Gracias también al apoyo de Ernest Jones, Melanie pudo dar una serie de conferencias en Londres, en julio de 1925. Esa estada en Inglaterra le encantó, al punto de despertar en ella el deseo de establecerse al otro lado de la Mancha, deseo que iba a realizarse mucho antes de lo que ella imaginaba, en razón de la muerte de Karl Abraham en diciembre de 1925. Por pedido de Jones, que la invitó a pasar un año en Inglaterra, Melanie Klein dejó Berlín en septiembre de 1926. Esa instalación londinense marcó de hecho el inicio de las hostilidades entre la escuela vienesa y la escuela inglesa: a pesar de los esfuerzos de Jones para convencerlo de que las tesis kleinianas se inscribían en la lógica de las suyas, Freud, que quería respaldar a Anna, puso de manifiesto un descontento creciente.
En Londres, Melanie Klein experimentó con sus teorías tomando en análisis a los hijos perturbados de algunos de sus colegas: por ejemplo el hijo y la hija de Jones. Su personalidad invasiva suscitaba pasiones y rechazos a su alrededor. En marzo de 1927 Anna Freud leyó una comunicación ante el grupo berlinés de la DPG: se trataba en realidad de un ataque en regla contra las tesis kleinianas en materia de análisis de niños. En mayo de ese mismo año, las ideas de Anna fueron discutidas en Londres en el marco de un simposio sobre el psicoanálisis de niños. Hubo críticas, y Freud se irritó. El diferendo entre las dos mujeres no cesó de intensificarse; se refería sobre todo a la oportunidad del análisis del niño: parte integrante de la educación general de toda criatura, según Melanie Klein, o sólo necesario si manifestaba una neurosis, a juicio de Anna, quien además circunscribía ese análisis a la expresión del malestar de los padres, mientras que Melanie Klein autonomizaba a la criatura, tanto en su demanda como en la cura.
En septiembre de 1927, en el X Congreso Internacional organizado en Innsbruck, el conflicto adquirió amplitud: Klein presentó una comunicación, "Los estadios precoces del conflicto edípico", en la cual expuso sus desacuerdos con Freud sobre la ubicación en el tiempo del complejo de Edipo, acerca de sus elementos constitutivos, y en cuanto al desarrollo psicosexual diferenciado de varones y niñas. En octubre, con el apoyo y la confianza renovados de Jones, Melanie fue aceptada como miembro de la BPS.
En enero de 1929 tomó en análisis a un niño autista de 4 años, hijo de uno de sus colegas de la BPS, al cual denominó Dick. Muy pronto advirtió que Dick presentaba síntomas desconocidos para ella. No expresaba ninguna emoción, ningún apego, y no se interesaba en el juego. Para entrar en contacto con él, puso dos trenes lado a lado, y designó al más grande como "tren-papá", y al pequeño como "tren-Dick". Dick hizo deslizar el tren que llevaba su nombre, y le dijo a Melanie: "¡Corta!" Ella desenganchó la vagoneta del carbón, y el niño la guardó entonces en un cajón, exclamando: "¡Se fue!" El historial se hizo tanto más célebre cuanto que demostraba que los propios psicoanalistas podían no brindar a sus hijos el amor que éstos esperaban de ellos.
Dick siguió en análisis con Melanie Klein hasta 1946, a pesar de una interrupción durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando lo conoció Phyllis Grosskurth, él ya tenía unos 50 años, y nada que ver con el niño encerrado en sí mismo de antaño. Era incluso francamente hablador.
En 1932 Melanie Klein publicó su primera obra de síntesis, El psicoanálisis de niños, en la cual expuso el armazón de sus futuros desarrollos teóricos, sobre todo el concepto de posición (posición esquizo-paranoide/posición depresiva), así como su concepción ampliada de la pulsión de muerte. Pero ese mismo año, que aparentemente iniciaba para ella un período de calma institucional, su vida privada se vio perturbada por conflictos que, unos años más tarde, tendrían graves repercusiones en su vida profesional. Su hija Melitta Schmideberg, casada con Walter Schmideberg, un pariente de los Freud y de Ferenczi, se convirtió en analista. Sin advertirlo, Melanie había repetido con su propia hija el comportamiento de Libussa. Melitta tomó distancia respecto de Melanie en el curso de su reanálisis con Edward Glover. Muy pronto sería públicamente respaldada en esa actitud por su analista, quien no vaciló en aprovechar las tensiones familiares para reforzar sus propias posiciones teóricas frente a Melanie.
A partir de 1933, Melanie Klein, que sufría los ataques incesantes de Glover y Melitta, vio con terror la llegada a Londres de los analistas vieneses y berlineses que huían del nazismo. Le confió a Donald Woods Winnicott que, en la instalación de esos refugiados que eran en su mayoría hostiles, presentía la inminencia de un "desastre". Unos meses después del arribo de los Freud a Londres, las hostilidades estallaron efectivamente. En julio de 1942, la tensión en el seno de la BPS llegó a un punto crítico. Mientras Londres estaba siendo bombardeada, se tomó la decisión de realizar reuniones para discutir los puntos de desacuerdo científico y clínico. Así se inició el período de las Grandes Controversias, inaugurado por un ataque en regla de Edward Glover contra la teoría y la práctica de los kleinianos. Ernest Jones, en quien Melanie Klein creía tener un aliado fiel, se eclipsó a menudo de un escenario en el que los actores eran esencialmente mujeres, unas agrupadas alrededor de Melanie, y las otras en torno a Anna Freud. Los enfrentamientos fueron de tal intensidad que Donald Woods Winnicott, partidario de Melanie, una noche tuvo que interrumpir los debates para señalar que estaban en medio de un bombardeo, y era urgente ponerse a resguardo.
En noviembre de 1946, después de interminables negociaciones marcadas sobre todo por la renuncia de Edwar Glover, se llegó a un ladys agreement -no siempre respetado-, como resultado del cual se institucionalizó una partición de la BPS entre kleinianos, annafreudianos e Independientes.
En 1955, Melanie Klein, que no había perdido nada de su dinamismo y su agresividad, intervino de una manera también estruendosa en el Congreso de la IPA en Ginebra, presentando una comunicación titulada "Un estudio sobre la envidia y la gratitud", en la cual desarrollaba el concepto de envidia, articulado como extensión de la pulsión de muerte, a la cual ella le daba un fundamento constitucional. De tal modo establecía el vínculo con quien ella siempre había considerado su maestro, Karl Abraham. Y ponía en marcha una nueva controversia que, si bien no tuvo la amplitud de las anteriores, la llevó a una ruptura con Winnicott y con Paula Heimann (que había sido el más inteligente y feroz de los adversarios de Glover en 1943).
Nunca reconciliada con su hija Melitta, dejando inconclusa una autobiografía fragmentaria y selectiva, Melanie Klein murió de un cáncer de colon en Londres, el 22 de septiembre de 1960.
Klein Melanie
Psicoanalista británica de origen austríaco
(Viena 1882 - Londres 1960).
No deseada, nace en una familia judía, los Reizes. Su madre, brillante, mantiene para las necesidades familiares un negocio de plantas y reptiles; su padre es médico odontólogo. Muere cuando M. Klein es una adolescente. En 1903, desposa a A. Klein. Bajo este nombre escribirá toda su obra, a pesar de haberse divorciado en 1926. Entretanto han nacido una hija, y luego dos varones. Uno de ellos, de niño, es analizado por su madre, que extrae de este análisis, entre 1919 y 1926, varias conferencias y artículos [dándole el nombre de Fritz] que le dan renombre.
En Budapest desde 1910, comienza en 1914, año del nacimiento de uno de sus hijos y de la muerte de su madre, un análisis con S. Ferenczi. En razón de la guerra, este análisis es suspendido; es retomado en 1924, pero en Berlín, con K. Abraham, que muere al año siguiente; concluye en Londres con S. Payne. M. Klein se instala allí en 1927 a instancias de E. Jones, creador y organizador de la Sociedad Británica de Psicoanálisis. Allí enseña su teoría y funda una escuela, lo que le trae, a partir de 1938, conflictos muy violentos con A. Freud. En la teoría, esta le reprocha sus concepciones del objeto, del superyó, del Edipo y de los fantasmas originarios; para ella, la envidia, la gratitud, las posiciones depresiva y esquizoparanoide no son psicoanalíticas. En la clínica, la acusa de sostener que en la cura de un niño es posible una trasferencia, que vuelve inútil todo trabajo con los padres. M. Klein refuta estas críticas y reprocha a su rival no ser freudiana. En 1946 se crean dos grupos diferentes de formación de los psicoanalistas y en 1955 se funda el Melanie Klein Trust. La teoría kleiniana, que profundiza notablemente en la formación de los juicios de atribución y de existencia cuyos principios Freud había establecido en su artículo La negación (Die Verneinung, 1925), se estructura sobre dos conceptos: la posición esquizoparanoide, que combate ilusoria pero violentamente toda pérdida, y la posición depresiva, que toma verdadera nota de esta. Ambas posiciones van referidas a la pérdida, al trabajo del duelo y a la reparación consecutivos de dos objetos psíquicos parciales y primordiales, de los que todos los demás sólo son sustitutos metonímicos: el seno y el pene. Estos dos objetos parciales entran en juego en una escena imaginaria inconciente, denominada «escena materna» por M. Klein.
En este teatro del «yo naciente», en esa otra escena donde se juegan su existencia y su atribución, estos objetos van a aparecer o a volver tras las bambalinas y su almacén de accesorios. Sus representaciones psíquicas encuentran allí los indicios de realidad, los rasgos reales y las figuraciones aptos para darles una identidad familiar y ubicable por su correspondencia con esos otros objetos reales que son los sujetos parentales. M. Klein da un bello ejemplo literario, con una obra de M. Ravel sobre un texto de Colette (1925): El niño y sus sortilegios, de estos travestimientos identificatorios elaborados por la psiquis del infans -este imaginario conoce efectivamente su momento esencial entre los tres y los diez meses- gracias a los cuales el niño se encuentra con lo extraño de los otros. La realidad exterior es por consiguiente en su teoría sólo una Weltanschauung [cosmovisión] de la realidad psíquica misma. Pero le permite sin embargo al niño muy pequeño asegurarse cierta identidad de percepción y de pensamiento entre sus objetos imaginarios y otros más reales, adquirir luego progresivamente juicios de atribución y de existencia a su respecto, y, por último, lograr realmente un dominio de las angustias con las que lo confrontan las pulsiones de vida y de muerte, puesto que estas pulsiones exigen de él objetos reales o sustitutos imaginarios para su satisfacción. Sobre este punto, la teoría kleiniana desarrolla una elaboración interesante. ¿Puede el infans librar sin discriminación [o discernimiento] a la exigencia pulsional esos objetos que son para él el seno y el pene, así como sus duplicaciones reales parciales o totales (padres, hermano, hermana, media hermana, etc.), cuando representan para él una fundamental postura atributiva, existencial e identificatoria, y cuando, por identificación con ellos, podría quedar él mismo librado a las pulsiones? No puede hacerlo, por supuesto, pero, ¿en qué consistirá la discriminación? En dos operadores defensivos, a los que sucede, cuando operan, una serie de procesos de tipo sublimatorio. Los dos operadores son, de un lado, de orden cuantitativo; del otro, de orden cualitativo. Cuantitativamente, el objeto es fragmentado, parcializado, despedazado y multiplicado, en cierto modo, por escisión (véase escisión del objeto). Cualitativamente, una especie de mínimo común divisor reparte todo lo así escindido en dos categorías: la de lo bueno y la de lo malo. Estos dos operadores defensivos que son entonces la multiplicación por escisión y la división por clasificación abren paso después a procesos de tipo sublimatorio: la introyección en sí mismo, la proyección fuera de sí mismo y la identificación con lo que es introyectado o proyectado, pudiendo combinarse estos procesos para producir especialmente identificaciones proyectivas e introyectivas. Estos procesos son sublimatorios porque mediatizan las relaciones del sujeto con la pulsión, cuya satisfacción debe hacer desvíos suspensivos, justamente los que estos procesos le imponen. Una vez establecidos estos circuitos pulsionales complejos, producidas estas sublimaciones, los objetos, las pulsiones, las angustias y otros afectos pueden ser conservados, rechazados, retomados, destruidos, idealizados, reparados, en suma, elaborados, en tanto son así mediatizados por el niño. Esto le permite abrirse a juicios de atribución y de existencia, y también a posibilidades identificatorias, a través de las cuales el objeto sólo toma valor por su pérdida real. Esta pérdida es además la que deja caer definitivamente algo en el inconciente, lo que se expresa en el concepto de represión primaria.
Sublimaciones, defensas, posturas atributivas, existenciales o identificatorias, dominio de las pulsiones y de las angustias, represión, son funciones tradicionalmente atribuidas al yo en psicoanálisis. En efecto, la instancia del yo, inmediatamente operante a través de estas funciones vitales, se ve confrontada de entrada en la teoría kleiniana con un Edipo al que sus objetos imaginarios, duplicando los de la realidad para fundar su identidad, ponen precozmente en escena. Con este Edipo se presenta simultáneamente un superyó feroz y terrorífico, que atormenta. al sujeto, y pone en él su sentimiento inconciente de culpa. Con todo, y aunque M. Klein no lo teorice exactamente en estos términos, su concepción del yo supone un sujeto que le sea diferente y con el cual no puede confundirse. En la medida en que en efecto las relaciones objetales se relevan mutuamente desde los objetos imaginarios hasta los objetos de la realidad exterior, ¿puede acaso el yo, que ordena los hitos de las sublimaciones que labra, devenir otra cosa que uno de esos objetos, trabajado como ellos por procesos de tipo sublimatorio, como ellos partido por idénticas escisiones, como ellos reducido a las mismas clasificaciones y, finalmente, conducido como ellos a sirmlares destinos en relación con el ello? A partir de sus elaboraciones sobre la identificación, M. Klein lo trata efectivamente como tal. ¿Qué puede ser, en consecuencia, su sublimación, sino la de devenir un sujeto otro que él, un sujeto que se divida, para poder subvertirse mejor y no tener que sostenerse más que del deseo?
¿Cómo toma su valor el yo, en la teoría kleiniana, de su pérdida real, de su represión radical, para que advenga el sujeto? Por medio del superyó. Para M. Klein, este concepto está lejos de ser solamente la instancia coercitiva y moral que se cuenta entre las tres instancias creadas por Freud en la segunda tópica. En 194 1, con el fin de denunciar a Jones las malversaciones teóricas de A. Freud, le escribe que el superyó es «el punto máximo» de la teoría freudiana: «Según mi opinión, el psicoanálisis ha recorrido un camino más o menos rectilíneo hasta llegar a este descubrimiento decisivo que luego no fue nunca igualado». Este punto máximo es literalmente el falo de la teoría kleiniana. A partir de J. Lacan, el falo es el significante del deseo; toda teoría posee el propio y recibe consistencia de él; en la teoría freudiana, por ejemplo, es la castración. Despejarlo permite saber, a partir del significante del deseo que conceptualiza, qué ley simboliza su lógica. La lógica del deseo y su ley en M. Klein toman entonces sentido a partir del superyó.
La angustia primaria no es referida en nada a la castración, sino a un deseo de destrucción primordial que es deseo de muerte del otro real. Este deseo pone en escena un fantasma, en el que el sujeto destruye el cuerpo materno a fin de apropiarse de sus órganos y, en particular, del pene paterno, prototipo de todos los objetos que ese cuerpo contiene. Por lo tanto, no es sólo el órgano lo que quiere así introyectar el niño pequeño, sino también un objeto totémico, u objeto ancestral y protector; pero, como todo tótem, está prohibido gozar de él o extraer un goce de lo que se subordina a su ley. Su introyección trae consigo por lo tanto algo malo: la interdicción del incesto, la angustia correlativa que corresponde al deseo de trasgredirla, la culpa que la inscribe en una dimensión moral (o cultural) y la necesidad de castigo que constituye su proceso reparador. En la teoría kleiniana, este tótem tiene dos caras, este falo lleva un nombre simbólico: superyó, instancia arcaica en el sentido etimológico de lo que es originario y fundante, de lo que comanda y dirige, conduce y sanciona, atribuye y vuelve a tomar: «Cosa que muerde, que devora y que corta».
En consecuencia, el Edipo es pregenital, su vivencia traumática no puede ser simbolizada por el infans a no ser por el discurso del otro; la represión le es secundaria y se sostiene sólo en la parte persecutoria de este superyó, y la relación del pequeño sujeto con esta instancia puede prefigurar las ulteriores identificaciones con un agresor: de ella dependen entonces los mecanismos identificatorios. Para despojar a la madre del pene paterno que detenta en su seno, el niño debe atravesar una primera fase de desarrollo, que es una fase de femineidad «de una importancia vital e insuficientemente reconocida hasta el presente», porque el niño descubre allí el deseo de poseer un órgano particular: el pene del padre. Privar de él a la madre significa para el muy joven sujeto impedirle producir dos equivalentes simbólicos mayores: el hijo y las heces; equivalentes que están en el origen del deseo de tener, la envidia [en francés, como en el alemán Neid, el término envie implica tanto las ganas como la envidia. Véase envidia del pene], y del deseo de perder, el odio. «En este período precoz del desarrollo, la madre, que se lleva las heces del niño, es también una madre que lo desmembra y lo castra (...) En términos de realidad psíquica, ya es, también ella, el castrador».
«También ella»: el superyó debe entonces su propiedad de ser castrador a las ¡magos materna y paterna. Para M. Klein, por otra parte, el niño unifica al principio a sus dos padres y sólo los disocia para asegurar sus alianzas imaginarias cuando entra en conflictos con ellos. Conflictos que son relativos al complejo edípico precoz. La salida apacible sólo es posible por la identificación únicamente con el padre. «Por fuerte que sea la influencia del aspecto materno en la formación del superyó, es sin embargo el superyó paterno el que desde el principio posee un poder decisivo». Este retorno al padre se sitúa en el momento en que lo visible entra en escena, cuando el pene real deviene objeto de la mirada. Esta fase más bien narcisista es reparadora, porque el pene pasa allí del adentro de la escena materna al afuera del cuerpo de otro. Real que le da así sus límites a lo imaginario. Que la madre pague las consecuencias de ello le permite a su hijo reencontrarse; aprende entonces que sólo puede recibir de ella lo que le falta. Gracias a esta falta, el superyó, librado de su lastre, retorna significancia totémica y vuelve a ser ley del deseo antes que un perseguidor identificador. No podemos sino lamentar la ausencia completa de una reflexión acerca del goce en M. Klein. De las obras de M. Klein citaremos especialmente Psicoanálisis de niños (1932), Ensayos de psicoanálisis (1947), Desarrollos en psicoanálisis (1952), Envidia y gratitud (1957).
Kleinismo
Alemán: Kleinianismus.
Francés: Kleinisme.
Inglés: Kleinism.
En la historia del movimiento psicoanalítico, se ha llamado kleinismo, por oposición al annafreudismo, a una corriente representada por los diversos partidarios de Melanie Klein, entre los cuales se incluye a los poskleinianos de la línea de Wilfred Ruprecht Bion. El término se impuso después del período de las Grandes Controversias, que en 1954 desembocó en una escisión en tres tendencias de la British Psychoanalytic Society (BPS).
A diferencia del annafreudismo, el kleinismo no es una simple corriente, sino una escuela comparable al lacanismo. En efecto, se ha constituido como sistema de pensamiento a partir de un maestro (en este caso una mujer), que modificó enteramente la doctrina y la clínica freudianas, creando conceptos nuevos e instaurando una práctica original de la cura, de todo lo cual se desprende un tipo de formación didáctica diferente de la del freudismo clásico.
A partir de la enseñanza de Karl Abraham, Melanie Klein y sus sucesores hicieron escuela integrando en el psicoanálisis el tratamiento de las psicosis (esquizofrenia, estados límite, trastorno de la personalidad o del self ), elaborando el principio mismo del psicoanálisis de niños (con un rechazo radical de toda pedagogía parental), y finalmente transformando el interrogante freudiano sobre el lugar del padre, sobre el complejo de Edipo, sobre las génesis de la neurosis y de la sexualidad, en una elucidación de la relación arcaica con la madre, en una puesta al día del odio primitivo (envidia) propio de la relación de objeto, y en una búsqueda de la estructura psicótica (posición depresiva/posición esquizoparanoide) característica de todo sujeto. De modo que los kleinianos, lo mismo que los lacanianos, inscriben la locura en el corazón mismo de la subjetividad humana.
Por otra parte, ellos definieron un nuevo marco para la cura (muy diferente del de los freudianos), basado en reglas precisas y sobre todo en un manejo de la transferencia que tiende a excluir de la situación analítica toda forma de realidad material, en provecho de una pura realidad psíquica, conforme a la imagen que el psicótico se hace del mundo y de sí mismo. De allí la creación del término acting in, que forma pareja con el acting out.
Por lo tanto, el kleinismo, junto al lacanismo, y a diferencia del annafreudismo, se define como una verdadera doctrina con coherencia propia, con una conceptualización específica, un saber clínico autónomo y un modo de formación didáctica particular. Como refundición de la doctrina freudiana original, forma parte del freudismo, del que reconoce los fundamentos teóricos, los conceptos y la anterioridad histórica. Es una de las modalidades interpretativas del freudismo, articulada con la antigua base biológica y darwiniana de este último. En tal carácter, no revisó sus fundamentos epistemológicos, ni propuso ninguna teoría del sujeto, como silo hizo el lacanismo.
En el plano político, el kleinismo es una de las grandes componentes del legitimismo freudiano moderno, puesto que se desarrolló como escuela en el interior de la International Psychoanalytical Association (IPA), sin cuestionar la idea propia del freudismo y el psicoanálisis de que el movimiento psicoanalítico necesita una organización universalista (y no comunitarista).
Mientras que el annafreudismo, a través de la figura de la hija del padre, encarnó el vínculo de identidad que relacionaba entre sí a los miembros de la antigua diáspora vienesa exiliada en los Estados Unidos y Gran Bretaña, el kleinismo es una doctrina en expansión, sobre todo en los países latinoamericanos (Brasil y Argentina), donde ayuda al psicoanálisis a enfrentar a las otras escuelas de psicoterapia que han comenzado a amenazarlo, a partir de la década de 1970, por su falta de creatividad.
Como escuela de pensamiento que vincula un saber clínico con una teoría, el kleinismo se construyó a partir de una crítica al freudismo dogmático, pero más tarde, en el interior mismo del freudismo del que nació, produjo una nueva idolatría de la fundadora, una historiografía de tipo hagiográfico y un nuevo dogmatismo. Como el freudismo dogmático, no ha suscitado aún las condiciones internas para una crítica de ese dogmatismo.
Koch Adelheid Lucy
Nacida Schwalle (1896-1980)
Psiquiatra y psicoanalista brasileña
Judía berlinesa de origen, formada según las reglas de la International Psychoanalytical Association (IPA) en el diván de Otto Fenichel, y controlada por Salomea Kempner, Adelheid Koch fue la primera psicoanalista europea que se instaló en Latinoamérica, cuando en Brasil todavía no había sido analizado ninguno de los padres fundadores del freudismo (Durval Marcondes, Francisco da Rocha, y otros). Después de un difícil periplo, llegó a Brasil en octubre de 1936 y se convirtió en una de las figuras importantes de la Sociedade Brasileira de Psicanálise de Sáo Paulo (SBPSP), que ella contribuyó a hacer reconocer por la IPA. Fue Adelheid Koch quien inició en el psicoanálisis al propio Marcondes y a la generación siguiente, en particular a Virginia Leone Bicudo y Flavio Rodrigues Dias.
Kohut Heinz
(1913-1981) Psiquiatra y psicoanalista norteamericano
Lo mismo que Wilfred Ruprecht Bion, Jacques Lacan, Donald Woods Winnicott y Marie Langer, Heinz Kohut perteneció a la tercera generación psicoanalítica mundial. Tuvo entonces que enfrentar como ellos la esclerosis de las instituciones de la International Psychoanalytical Association (IPA) y la necesidad de renovar el freudismo clásico. Con este enfoque, se convirtió en los Estados Unidos en un verdadero jefe de escuela y en el principal iniciador de la corriente de la Self Psychology, basada en una nueva clínica de los trastornos narcisistas.
Nacido en Viena y proveniente de una familia judía melómana y cultivada, Kohut tuvo una infancia triste y solitaria. Sus padres se ocupaban muy poco de él, que sufría por ello. Después de recibirse de médico en 1938, y de analizarse con August Aichhorn, quiso conocer a Sigmund Freud. El mismo día en que el maestro partía a su exilio londinense, Kohut fue a la estación y lo saludó mientras el tren se alejaba. Freud, se dice, le hizo una señal amistosa cuyo recuerdo Kohut conservó durante toda su vida.
Obligado a huir del nazismo, se instaló en Chicago, donde realizó su segundo análisis con Ruth Eissler-Selker (1906-1989), una vienesa originaria de Odesa, a su vez analizada por Theodor Reik, antes de que emigrara a los Estados Unidos en compañía de su esposo, Kurt Eissler.
Neurólogo en 1944, psiquiatra tres años más tarde, Kohut se incorporó al prestigioso Instituto de Chicago fundado por Franz Alexander siguiendo el modelo del Berliner Psychoanalytisches Institut. Fue presidente de la American Psychoanalytic Association (APsaA) en 1964, y vicepresidente de la IPA entre 1965 y 1973. Entonces renunció a las tareas administrativas, prefiriendo dedicarse a la clínica.
Como todos los freudianos de su generación, Kobut tuvo que enfrentar en la década de 1960 una crisis generalizada de la clínica psicoanalítica. En efecto, en esa época el annafreudismo, la Ego Psychology, incluso el kleinismo en su versión dogmática, no permitían encontrar soluciones clínicas a los trastornos de la personalidad que no eran de naturaleza neurótica ni asimilables a una psicosis: se los llamaba borderline (estados límite). Por otra parte, las reglas coaguladas de la cura clásica, con sus rituales, sus silencios y su exploración quirúrgica del inconsciente y la libido, daban una imagen desastrosa del psicoanálisis. Resultaba urgente poner en marcha una verdadera revolución cultural en el interior del establishment freudiano, para que la cura recobrara su inspiración humanista: "La preocupación por la humanización y la deshumanización no es ajena -escribió Agnés Oppenheimer (1948-1997)- a lo que Kohut vivió en el momento del nazisrno".
Formado en el redil de una diáspora ansiosa de adaptarse al pragmatismo de la psiquiatría norteamericana, Kohut se reveló contra un sistema clínico y teórico que, a su juicio, llevaba al psicoanálisis a un atolladero normativo y adaptativo. Trató de volver a encontrar la pasión que había animado a los primeros freudianos de la Sociedad Psicológica de los Miércoles. De allí el sobrenombre que se le puso: Mister Psychoanalysis.
Para la primera generación freudiana, la sexualidad era la clave de la elucidación de las neurosis. Después, los kleinianos ubicaron el odio Y la destrucción en el corazón de toda relación de objeto: según ellos, se trataba de crear un tratamiento psicoanalítico apropiado a la psicosis. Heredero de ambas tendencias, y marcado por los problemas propios de la sociedad norteamericana (puritanismo, individualismo, liberalismo), Kohut propuso una tercera vía, consistente en recentrar el psicoanálisis en los trastornos mixtos vinculados con las representaciones y la identidad del sí-mismo. Desde Freud hasta Kohut, se pasó entonces de la idea (freudiana) del clivaje del yo a la idea (kleiniana) de un objeto elivado que da forma al yo mediante la incorporación o la introyección, y después a la idea (kohutiana) de un sí-mismo (self) convertido en objeto de todas las investiduras nareisistas. En Kohut, el mito de Narciso reemplaza al de Edipo en un mundo dominado por el estallido definitivo de la familia patriarcal y por la valorización de una figura de la subjetividad hundida en la contemplanción infantil y desesperada de sí misma: "El psicoanálisis clásico -escribió Kohut en 1978- descubrió la desesperación del niño en la profundidad del adulto (la realidad del pasado); la psicología del self ha descubierto la desesperación del adulto en la profundidad del niño (la realidad del futuro)".
A diferencia de Lacan, que preconizó un retorno a los textos de Freud y quiso ser el garante de una nueva ortodoxia, Kohut propuso "superar" o ir más allá de la doctrina original. Y así como Lacan creó una nueva teoría del sujeto a partir de la lingüística y la filosofía, Kohut construyó una nueva teoría del yo sumando al Ich freudiano (traducido al inglés como ego) una idea del self no extraña a la del falso self introducida por Winnicott en 1960.
El propio Kohut había sufrido en su infancia una falta de afecto materno, y a mediados de la década de 1950 observó que numerosos trastornos psíquicos tenían por causa una deficiencia arcaica del self. Ésta se producía en sujetos que no habían tenido una madre que los amara suficientemente, y que por lo tanto, en su vida social, eran incapaces de llegar a una verdadera relación con su entorno. Estaban "vacíos", y para enmascarar el núcleo central de su mutilación original se construían una armadura: un sí-mismo de pacotilla, de carácter puramente defensivo. Estos sujetos se caracterizaban por su malestar relacional, su constante vulnerabilidad, su incapacidad para establecer relaciones duraderas con el prójimo. A veces cedían a un exceso de arrogancia, y otras a un sentimiento de inferioridad.
Con tales pacientes, el análisis clásico no daba resultado. En consecuencia, Kohut, lo mismo que Otto Rank y Sandor Ferenczi, propugnó la introducción en la cura de la "empatía" del analista, a fin de permitir que el analizante, por medio de una transferencia "creativa", avanzara hacia una restauración de su self.
Después de haber definido en 1959 la empatía como un elemento central de la técnica psicoanalítica, Kohut introdujo en 1964 la expresión "self (o sí-mismo) grandioso". De tal modo designaba la ¡mago parental idealizada, es decir, una instancia pulsional, anterior al ideal del yo, en la que se condensa un imaginario exhibicionista encargado de superar las heridas y las humillaciones infligidas en el pasado al sí-mismo arcaico. Gracias al sí-mismo grandioso, al terror y la angustia los suceden actividades creadoras compensatorias. De allí la necesidad de establecer en la cura una "transferencia narcisista", destinada a restituirle al paciente un narcisismo normal. El analista debe entonces abstenerse de toda injerencia interpretativa, y dejar que el paciente regrese hacia el estadio del "sí-mismo arcaico fragmentado". Kohut distingue tres tipos de relaciones transferenciales: en primer lugar, la transferencia idealizante, que proviene de la movilización de la imago parental idealizada; luego, la transferencia especular, derivada del sí-mismo grandioso, y finalmente la contratransferencia del analista, que responde a la transferencia idealizante.
Según Kohut, el narcisismo es un equivalente de la pulsión de muerte freudiana. Es una enfermedad de la personalidad, una patología, y conduce a una "furia" de destrucción del otro, la cual no es más que la contrapartida del miedo que tiene el self a ser víctima de su propia aniquilación.
A partir de 1970, Kohut extendió su análisis del narcisismo a los fenómenos colectivos (o self grupal), interesándose sobre todo en el modo en que se construyen las relaciones paranoides en los grupos constituidos por un jefe y sus adeptos. Observemos que él mismo no logró evitar lo que denunciaba. Muy narcisista, no toleraba las críticas, y se rodeó de una cohorte de fieles apegados a su imagen y persona. Obsesionado por su teoría, la aplicó a la literatura, la historia, la política, al punto de atribuir todas las neurosis a una patología narcisista. En todos los casos el esquema era el mismo: según Kohut, en el lugar de la deficiencia arcaica del yo, el sujeto se construye un sí-mismo grandioso estructurado por una ¡mago parental idealizada. Con este enfoque, Kohut transforma al personaje de Hamlet en un héroe, no edípico, sino narcisista, cuyo self debilitado no resiste las tragedias de una sociedad que ha perdido sus valores. Del mismo modo, convierte a Hitler en un enfermo narcisista invadido por la obsesión del "microbio judío". En cuanto a Edipo, en la versión de Kohut pasa a ser un hombre herido y humillado, aniquilado por el deseo de muerte de sus progenitores.
En 1972, afectado de leucemia desde un año antes, y cuando su madre acababa de morir después de haber padecido trastornos psicóticos, él tuvo que afrontar los ataques de la ortodoxia freudiana, en particular los de Anna Freud, quien primero había aceptado sus innovaciones, pero más tarde declaró que eran "antipsicoanalíticas". Para la IPA, Kohut era un "gurú": no sólo no respetaba las reglas clásicas de la cura, sino que además hacía escuela, arrastrando detrás de él a números alumnos en formación. Por otro lado, analizaba en términos narcisistas la evolución del propio movimiento psicoanalítico. En 1970 calificó la esclerosis institucional de "defensa narcisista" contra la creatividad, y en 1971 señaló que los hijos de los psicoanalistas padecían trastornos de identidad por lo menos tan graves como los de los pacientes que atendían sus padres.
En 1979, ya célebre en los Estados Unidos, provocó un verdadero escándalo clínico al publicar un historial extraordinario, "Los dos análisis de M. Z.", algunos de cuyos elementos presentaban grandes semejanzas con su propia historia. Se trataba de un hombre de 25 años, huérfano de padre, que vivía con la madre. Entra en análisis por primera vez para atender a sus angustias, sus fantasmas masturbatorios y sus accesos de rabia y depresión. Durante la primera cura, Kohut interpreta en términos edípicos la fijación regresiva de su paciente a una madre omnipotente. Cuatro años después del final de ese tratamiento, el mismo paciente reaparece cuando la madre ha caído en un delirio alucinatorio. Pero entre tanto Kohut ha cambiado de teoría. En consecuencia, en lugar de "edipizar" a M. Z. le permite la transferencia idealizante y la movilización del sí mismo grandioso.
Esta publicación, la primera de ese tipo, valoraba sin reservas la problemática transferencial, en detrimento de la potencia doctrinaria. Además sacaba a luz la naturaleza de las disputas psicoanalíticas acerca de la interpretación en sí. Por ello, el caso suscitó múltiples comentarios y numerosas polémicas. La mayor parte de los colegas y amigos de Kohut, así como su mujer y su hijo, pensaron que el "caso" tratado no era otro que el del propio autor. En efecto, Ruth Eissler habría sido la analista de la primera cura, mientras que el supuesto segundo intento habría consistido en un autoanálisis, emprendido por Kohut cuando enfermó la madre y se declaró su propia leucemia.
Kohut murió en Chicago a los 68 años. Su hijo es historiador y publicó un libro sobre Guillermo II inspirado en las teorías del padre.
Koller Carl
(1857-1944) Médico norteamericano
De origen vienés y emigrado a los Estados Unidos, Carl Koller era un oftalmólogo amigo de Sigmund Freud. Fue el primero en utilizar las propiedades analgésicas de la cocaína para operar el ojo con anestesia local. El propio Freud se había apasionado por esta droga, al punto de consumirla en grandes cantidades (para luchar contra sus accesos de neurastenia) y de dársela también a su prometida Martha Bernays (Freud) y a su amigo Ernst von Fleischl-Marxow.
En 1883, con la idea de realizar un gran descubrimiento que lo hiciera célebre, Freud realizó experimentos con el alcaloide de la coca. En 1884 publicó un artículo en el cual recomendaba el empleo de la cocaína para los vómitos y los trastornos de la digestión. Más tarde redactó otros cinco textos sobre el mismo tema. En la misma línea, les sugirió utilizarla a sus colegas oftalmólogos Leopold Königstein (1850-1924) y Carl Koller. El 15 de septiembre de 1884, Koller leyó en el Congreso de Oftalmología de Heidelberg la conferencia que le aseguró la notoriedad e hizo de él el "padre" de la anestesia local. El episodio de la cocaína, que hizo retorno en el famoso sueño de "La inyección a Irma", fue comentado por el propio Freud en su autobiografía, y ha suscitado múltiples interpretaciones de los historiadores del freudismo y del psicoanálisis, en particular las de Siegfried Bernfeld.
Kosawa Heisaku
(1897-1968) Psiquiatra y psicoanalista japonés
En Japón, donde las ideas freudianas tuvieron una discusión a la vez limitada y tardía (después de 1950), Heisaku Kosawa ocupa sin duda alguna el lugar de un maestro. En efecto, este pionero fue el único de su generación que recibió en Viena una formación psicoanalítica clásica, y supo también reflexionar sobre las condiciones específicas de introducción de la teoría freudiana en su país. Hizo escuela en Japón como psiquiatra, como psicoanalista didacta y como fundador de una doctrina original, a través de la cual Oriente dialogaba con Occidente, y la tradición budista con la judeocristiana. Sin abandonar los principios del universalismo freudiano, sentó las bases de una investigación comparativa sobre las diferencias entre la familia japonesa y la familia occidental, y propuso interpretar los mitos de la Grecia antigua, tan comentados por Sigmund Freud, a la luz de las leyendas búdicas.
Después de haber estudiado en la Universidad de Tohuku, en Senda¡, descubrió el freudismo gracias a la enseñanza del gran psiquiatra Kiyoyasu Marui (1886-1953), quien había ido a formarse a los Estados Unidos con Adolf Meyer. En 1925 tomó contacto con Freud y Paul Federn para viajar a Viena, donde finalmente se estableció entre 1932 y 1933. Analizado primero por Freud, a quien le regaló una soberbia estampa de Kiyoschi Yoshida que representaba el monte Fuji Yama, realizó un segundo análisis, didáctico, con Richard Sterba, y después un control con Federn.
Antes de volver a su país, Kosawa le entregó a Freud un trabajo sobre el complejo de Ajás (o Azaj) que acababa de redactar, y que se convertiría en un clásico de la literatura psicoanalítica japonesa. Pero al maestro vienés no le interesó esta investigación dedicada a un príncipe mítico cuya historia provenía de la leyenda búdica del Kanmuryo jukyo. Sin embargo, esa leyenda estaba emparentada con todas las reunidas por Otto Rank en su libro capital de 1909, El mito del nacimiento del héroe. Por otra parte, reforzaba la tesis freudiana de la novela familiar, en cuanto el personaje de Ajás se asemejaba a los héroes que fascinaban a los héroes de la Sociedad Psicológica de los Miércoles: Edipo, Hamlet, Moisés, Lohengrin, etcétera.
El mito es el siguiente: en el antiguo reino de la India, la reina Ideke, esposa del rey Binbashara, temía perder su belleza y con ella el amor del marido. Consultó a un vidente, quien le predijo que un sabio que vivía en el bosque moriría al cabo de tres años y reencarnaría como hijo suyo. Impaciente y egoísta, Ideke no esperó a estar encinta, y mató al sabio. Antes de sucumbir, éste le hizo la predicción siguiente: "Tu hijo reencarnado matará al padre". Ideke quedó embarazada en el momento mismo del asesinato. Temiendo la cólera del sabio reencarnado en ella, decidió matar al hijo dando a luz en la cima de una alta torre. Pero el niño sobrevivió a la caída, aunque rompiéndose un dedo, lo que le valió más tarde el sobrenombre de Ajás: príncipe del dedo roto (en sánscrito, la palabra Ajatashatru significa a la vez dedo roto y rencor prenatal). Después de una infancia feliz, durante la cual idealizó a la madre, Ajás se enteró de la verdad por Debadatta, el enemigo de Buda. Quedó tan agobiado que trató de matar a Ideke. Entonces experimentó un gran sentimiento de culpa, y cayó sobre él una terrible enfermedad de la piel (un eccema). La peste se extendió sobre su cuerpo, haciendo imposible toda relación con los otros. A pesar de ese castigo y de los cuidados solícitos prodigados por Ideke, Ajás no recuperó el equilibrio. Trató entonces de matar a la madre, la cual, para apaciguarlo, le pidió consejo a Buda. Las palabras de Buda la sumergieron en un prolongado conflicto interior, a cuyo término, después de años de sufrimiento, Ajás quedó en paz consigo mismo. Recuperó la salud y se convirtió en un soberano respetable.
Según otras versiones del mito, el príncipe Ajás, convertido en rey, encarceló al padre, y cuando éste murió, oyó su voz en el cielo. Fue entonces a ver a Buda para pedirle ayuda, pues temía ir al infierno. Buda lo recibió con compasión.
Analizando este mito como Freud había analizado el Edipo, Kosawa denominó complejo de Ajás a un complejo de dependencia del hijo respecto de la madre. Encontraba su fundamento en la organización de la familia japonesa, en la cual las relaciones de dependencia, disciplina, sumisión, autosacrificio y simbiosis del niño con la madre prevalecen sobre las ideas de individualidad o libertad. De modo que, según Kosawa, este complejo proviene de un sentimiento de culpa que no tiene por origen el asesinato del padre por los hijos, sino la dependencia culpable y hostil de los hijos respecto de la madre. Pacientes japoneses influidos por la amae (o dependencia), es decir, por una tradición social todavía feudal, lo habían puesto de manifiesto en la cura.
El complejo de Ajás no hacía más que demostrar que cada cultura se apropia del mito edípico de los orígenes imprimiéndole una modulación particular. Por ello, a través de él, se perfilaron las condiciones de una implantación posible del psicoanálisis fuera de la esfera judeocristiana: una especie de freudismo oriental.
El ascenso del fascismo y el estallido de la Segunda Guerra Mundial obstaculizaron la continuación de los trabajos de Kosawa, quien retomó sus actividades profesionales en 1945, en un Japón trastornado por la derrota y la capitulación del régimen militar. En adelante contribuyó al florecimiento de la psiquiatría y el psicoanálisis que marcó a la sociedad nipona durante la segunda mitad del siglo e hizo de ella una tierra acogedora para todas las doctrinas provenientes de los Estados Unidos: la Ego Psychology, la Self Psychology, la farmacología, etcétera.
En 1953, a la muerte de Marui, Kosawa asumió la dirección del grupo de estudio de Senda¡ afiliado a la International Psychoanalytical Association (IPA) desde 1933, y creó la Nippon Seishin-Bunseki Kyoukai (Sociedad Psicoanalítica Japonesa), cuyo desarrollo ha sido muy limitado, puesto que en 1997 no reunía más que a una treintena de miembros. Kosawa hizo escuela precisando sus teorías sobre la amae, formó didactas y discípulos de pura obediencia freudiana, mientras se desempeñaba como didacta, docente y clínico en la Asociación Psicoanalítica Japonesa no afiliada a la IPA, mucho más poderosa en cantidad de adherentes, y abierta a todas las otras corrientes de la psiquiatría dinámica.
Kouretas Dimitri
(1901-1985) Médico y psicoanalista griego
Analizado por Andreas Embiricos, Dimitri Kouretas adhirió a las tesis de Alfred Adler antes de convertirse en freudiano y participar en la creación del primer grupo psicoanalítico griego. Después de la exclusión de Embiricos de ese grupo, él permaneció en su país para alentar la práctica del psicoanálisis en torno a un grupo de estudio reconocido por la International Psychoanalytical Association (IPA).
Kraepelin Emil
(1856-1926) Psiquiatra alemán
Padre fundador de la nosografía psiquiátrica del siglo XX, y creador de los términos "demencia precoz" y "psicosis maníaco depresiva", Emil Kraepelin fue alumno en Leipzig de Wilhelm Wundt (1832-1920), de quien tomó los métodos de la psicología experimenta]. En 1978 presentó su tesis, dirigida por Bernhard von Gudden (18241886), sobre el tema de "El lugar de la psicología en la psiquiatría". Desde 1903 ocupó la cátedra de psiquiatría de Múnich, mientras dirigía la Mniglische Psychiatrische Minik, que gracias a él logró un renombre internacional.
Desde esa época, apasionado por el comparativismo, viajó a Java para estudiar la presencia entre los indígenas de las patologías mentales observadas en Europa. Forjó entonces la expresión "psiquiatría comparada" como designación de lo que se convertiría en la etnopsiquiatría y el etnopsicoanálisis: "Se describe a Kruepelin como un personaje reservado -escribe Pierre Morel-, minucioso, respetuoso del orden y la autoridad, gran admirador de Bismarck".
Este conservador puso orden y claridad en la comprensión de la locura, construyendo una clasificación racional de las enfermedades llamadas mentales. Distinguía tres grupos fundamentales de psicosis: la paranoia, la locura maníaco-depresiva (que más tarde se convertiría en la psicosis maníaco-depresiva), y la demencia precoz. Esta última incluía la psicosis alucinatoria crónica, caracterizada por un delirio mal sistematizado; la hebefrenia, o psicosis del adolescente, con excitación intelectual y motriz (parloteo, neologismos, manierismo), y la catatonia, que se reconocía en el negativismo del sujeto (mutismo, rechazo del alimento, reacciones estereotipadas). Según Kraepelin, la paranoia se diferenciaba de la demencia precoz por el hecho de que en esta última estaba afectada la personalidad corporal del sujeto: fuerzas extrañas parecían actuar sobre el organismo, sobre las sensaciones y el pensamiento, a la manera de la telepatía.
Aunque innovador, Kraepelin siguió apegado a la tradición de la psiquiatría medicalizada, que no consideraba al loco como un sujeto, sino como un objeto a observar, y como un individuo peligroso. El sistema kraepeliniano iba a ser impugnado por los artífices de la psiquiatría dinámica y los adversarios del nihilismo terapéutico: sobre todo Eugen Bleuler, creador del término esquizofrenia, y más tarde por los representantes de la antipsiquiatría.
Hubo por cierto una era kraepeliniana en la historia de la psiquiatría, así como hubo una era pineliana, que marcó el apogeo del alienismo. En este sentido, se ha podido comparar el sistema de pensamiento freudiano con la clasificación de Kraepelin.
No obstante, si bien Sigmund Freud tomó algunos conceptos del maestro de Múnich, él inscribió su clínica en una trayectoria inversa. Fundando su práctica en la escucha del sujeto, se situó en el extremo opuesto al de Kraepelin, heredero de una clínica de la mirada, basada en la prevalencia del cuerpo, en la ausencia del enfermo. En efecto, Kraepelin pensaba que, en medicina mental, ignorar la lengua y la palabra del paciente garantizaba la mejor observación.
Krafft Ebing Richard von
(1840-1902) Psiquiatra austríaco
Nacido en Mannheim, Richard von Krafft-Ebing fue no sólo uno de los fundadores de la sexología, sino tambien un ilustre profesor de psiquiatría en Viena, designado en 1889. Tres años más tarde se convirtió en titular de la cátedra de Theodor Meynert. Antes de la creación por Eugen Bleuler de la palabra esquizofrenia, Krafft-Ebing teorizó la noción de locura histérica, retomada ulteriormente con el nombre de psicosis histérica, después de que Sigmund Freud y sus alumnos, en particular Karl Abraham, hubieran diferenciado la esquizofrenia como psicosis y la histeria como neurosis.
Pero Krafft-Ebing se hizo célebre sobre todo por su obra Psychopathia sexualis, publicada en 1886 y traducida en todo el mundo. Allí realizaba una descripción extraordinaria, a partir de casos precisos, de todas las formas posibles de perversión sexual: una especie de catálogo refinado del que Freud tomó varias nociones, y que no habría desaprobado el marqués de Sade.
Kraus Karl
(1874-1936) Escritor austríaco
Periodista, escritor, polemista y fundador del diario Die Fackel (La antorcha), que se oponía a la Neue Freie Presse, Karl Kraus fue una de las grandes figuras de la modernidad vienesa de fines del siglo XIX. Judío y víctima del auto-odio judío, fue antidreyfusista, y se convirtió al catolicismo, del que más tarde renegó. Denunció la corrupción de la prensa y la feminización del arte y la sociedad, que amenazaban con aniquilarla. Adoptó la tesis de la bisexualidad, pero, contrariamente a Otto Weininger, de quien era allegado, pensaba que el principio femenino y el principio masculino debían complementarse.
Analizado por Fritz Wittels, quien aplicó a su caso una interpretación salvaje en una reunión de la Sociedad Psicológica de los Miércoles, declarándolo afectado de una frustración edípica, Kraus no cesó de criticar el ridículo del psicoanálisis y las manías de sus adeptos neófitos. Inventó algunos aforismos maravillosos que se hicieron célebres: "el psicoanálisis es la enfermedad de la mente de la que él mismo se considera el remedio", y también "A él [Freud] le corresponde el mérito de haberle dado una organización a la anarquía del sueño, pero en ella todo ocurre como en Austria".
Kretschmer Ernst
(1888-1964) Psiquiatra alemán
Nacido en Wurstenrot e hijo de un pastor, Ernst Kretschmer tuvo que enfrentar, como muchos psiquiatras de su generación, la cuestión de las neurosis de guerra. En 1915, como médico militar en Tubinga, fue en efecto obligado a reenviar al frente a soldados afectados de traumas psíquicos que normalmente tendrían que haber sido tratados. Pero, contrariamente a Joseph Babinski y a Julius Wagner-Jauregg, él no adhería al ideal patriótico del ejército en el que servía.
En 1929 publicó una obra sobre los hombres de genio, que ponderaba la importancia de la "mezcla de razas" para la evolución de la humanidad. Cuatro años más tarde, por su hostilidad al nazismo, se vio obligado a renunciar a la Allgemeine Ärztliche Gesellschaft für Psychotherapie (AÄGP, o Sociedad Alemana de Psicoterapia), que presidía desde siete años antes. Lo reemplazó en sus funciones Carl Gustav Jung, y Matthias Heinrich Göring liquidó la sociedad en 1936. Después de la Segunda Guerra Mundial, respaldado por las autoridades francesas y norteamericanas por su posición inequívoca respecto del nacionalsocialismo, Kretschmer desempeño un papel principal en la reconstrucción de la psiquiatría alemana en las universidades de Marburgo y Tubinga.
Teórico de una morfotipología que cuestionaba el constitucionalismo de Emil Kraepelin y se inspiraba en algunas hipótesis freudianas, relacionó diferentes modos de organización de la personalidad: ubicó los "grandes delgados" (tipo leptosómico) en la categoría de la esquizofrenia, y los pequeños y redondos (tipo pícnico), en la de la psicosis maníaco-depresiva. Como clínico de la causalidad psíquica influyó en la psiquiatría moderna, y en particular en la obra de Jacques Lacan, quien le rindió homenaje en su tesis de medicina de 1932.
Kris Ernst
(1900-1957) Psicoanalista norteamericano
Aunque se lo conozca como uno de los fundadores de la Ego Psychology, junto con Heinz Hartmann y Rudolph Loewenstein, Ernst Kris produjo trabajos interesantes, sobre todo en el ámbito del arte.
Nacido en Viena en una familia de la burguesía judía, realizó estudios de filosofía, y después, como su amigo Otto Kurz (1908-1975) y Ernst Gombrich, fue alumno de Juhus von Schlosser (1866-1938), el célebre representante de la escuela vienesa de historia del arte. Designado curador del departamento de cultura y artes aplicadas del Museo de Viena, se convirtió en el mejor especialista en joyas y piedras preciosas grabadas del Renacimiento, sobre las cuales publicó un estudio ejemplar en 1929.
Paralelamente, adhirió a la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV) después de haberse casado con Marianne Rie, que se convertiría en psicoanalista con el nombre de Marianne Kris. De modo que formó parte del círculo íntimo de la familia de Sigmund Freud. Analizado por Helene Deutsch entre 1924 y 1927, ejerció el psicoanálisis sin abandonar sus actividades de curador de arte: recibía a los pacientes antes de las 9 de la mañana y después de las 6 de la tarde; durante el resto del día, trabajaba en su escritorio del Museo de Viena.
En 1932 escribió un estudio sobre el escultor barroco austríaco Franz Xaver Messerschmidt, cuya obra se emparentaba con la tradición fisiognomónica: ese hombre había esculpido una serie de bustos que personificaban a diversos tipos de carácter. A través de un análisis minucioso de los rostros gesticulantes, Kris puso de manifiesto la locura del escultor. Dos años más tarde, con la colaboración de Kurz, publicó una obra dedicada al nacimiento de la noción de artista en la historia del arte. Allí se demostraba que esta idea se había construido a través de los mitos y las leyendas vehiculizadas por los biógrafos, o de las hagiografías que presentaban al artista, desde la infancia hasta la madurez, como un héroe que desafiaba las normas de su tiempo.
Continuando en este camino, a la vez interpretativo y evolucionista, Kris emprendió con Ernst Gombrich un estudio sobre la caricatura. Para explicar su aparición tardía, él supuso -según lo subrayaría el propio Gombrich en una entrevista con Didier Eribonque había nacido al terminar la magia: "Mientras la intención agresiva estuvo ligada a una amenaza de tipo mágico, era inconcebible que se jugara con la fisonomía de un dignatario, como lo hizo Bernini en su caricatura del papa, por ejemplo. Mientras la humanidad estuvo sometida al miedo a la magia, transformar la imagen de alguien no era una broma en sentido propio. De modo que la caricatura sólo pudo nacer cuando desapareció la magia [ ... ]. Kris, como el propio Freud [...] estaba bajo el encanto de una interpretación evolucionista de la historia humana, concebida como un largo recorrido desde la irracionalidad primitiva hasta el triunfo de la razón."
Finalmente, Gombrich y Kris sólo escribieron juntos un artículo sobre este tema. En 1940 Gombrich publicó una obra importante sobre la caricatura, redactada por él solo (pero firmada con Kris).
Huyendo del nazismo, Kris y su familia llegaron a Londres al mismo tiempo que Freud. De inmediato se puso al servicio de la radiodifusión británica para analizar el contenido de las emisiones nacional social¡ stas. En 1940 emigró a los Estados Unidos, donde continuó sus actividades de denuncia del totalitarismo. Después, con su mujer, se incorporó a la New York Psychoanalytic Society (NYPS), donde fue uno de los representantes más ardientes de la ortodoxia freudiana. En 1945 participó en la creación de la revista The Psychoanalytic Study of the Child, y cinco años más tarde, con Marie Bonaparte y Anna Freud, firmó el prefacio de El nacimiento del psicoanálisis, versión expurgada de las cartas de Freud a Wilhelm Fliess.
Kris Marianne
Nacida Rie (1900-1980)
Médica y psicoanalista norteamericana
Por su historia y su genealogía, Marianne Kris fue en primer término una hija del psicoanálisis, incluso una heroína de lo que se podría denominar la novela familiar del psicoanálisis. Su padre, Oskar Rie, era el compañero de Sigmund Freud en el juego de tarot, y el médico de su familia. La madre, Melanie Rie, naci,la Bondy, era hermana de Ida Bondy (1869-1941), una ex paciente de Josef Breuer que se había casado con Wilhelm Fliess en 1892.
Ligada de tal modo a la historia del nacimiento del psicoanálisis, Marianne Rie, judía vienesa, estudió medicina antes de orientarse hacia el freudismo. Realizó su formación didáctica en Berlín en 1927, con Franz Alexander. A su retorno, se integró a la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV), y conoció a Ernst Kris, con quien se casó.
Supervisada por Anna Freud, de la que se hizo amiga, fue muy pronto adoptada por Sigmund Freud, que la llamaba "mi hija". En 1938 emigró a Gran' Bretaña con toda su familia; dos años más tarde dejó definitivamente Europa para instalarse en Nueva York, donde pasó a ser miembro de la New York Psychoanalytic Society (NYPS), mientras realizaba una brillante carrera de psicoanalista de adultos y niños en el movimiento de la Ego Psychology y el annafreudismo. Siguiendo la costumbre implantada por
Freud, le puso a su hija un nombre por el que sentía un particular afecto: Anna. Guardiana de la historiografía oficial, impidió que Marilyn Monroe (1926-1962), que se analizaba con ella, aceptara la oferta que le había hecho John Huston, de interpretar el papel de Anna O., junto a Montgomery Clift (1920-1966), en su película Freud, pasiones secretas, rodada en 1962 con un guión de Jean-Paul Sartre (1905-1980), sobre los orígenes del psicoanálisis (Fliess, Breuer, la teoría de la seducción, etcétera). El cineasta había sido rechazado por Anna Freud, quien no toleraba la menor alteración de la hagiografía que ella dedicaba al padre. Marianne Kris adoptó la misma actitud, negándose incluso a leer el guión del filósofo y la sinopsis del cineasta.
Antes de suicidarse, la actriz le dejó a su analista una importante suma de dinero, pidiéndole que eligiera una institución para destinarla. Marianne Kris la donó a la Hampstead Clinic, y Anna le respondió con las siguientes palabras: "Estoy verdaderamente desolada por Marilyn Monroe. Sé exactamente lo que usted siente, porque a mí me ha sucedido lo mismo con uno de mis pacientes, que tomó cianuro antes de que yo volviera de los Estados Unidos, hace algunos años. Uno repasa en su cabeza, de modo incesante, todos los hechos, para descubrir lo que habría podido hacer mejor, y esto deja una terrible sensación de derrota. Pero, ¿sabe usted?, pienso que en estos casos nos vence realmente una cosa más fuerte que nosotros, y contra la cual el análisis, a pesar de todos sus poderes, es un arma demasiado débil.-
Kulovesi Yrjó
(1887-1943) Médico y psicoanalista finlandés
Pionero del freudismo en Finlandia, Kulovesi era hijo de un sastre. Durante toda su vida trató de beneficiar a las clases populares con los métodos de inspiración psicoanalítica. En 1924 viajó a Viena por primera vez. Analizado por Paul Federn, adhirió a la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV) en 1931. Colaboró en el Internationale Zeitschriftfür Psychoanalyse y participó en un grupo de estudio de los países escandinavos, con Alfhild Tamm y Harald Schjelderup. En 1934, en el Congreso de la International Psychoanalytical Association (IPA) de Lucerna, ese grupo logró el reconocimiento de la Finsk-Svenska Psykoanalytika Förening (Sociedad Finesa-Sueca de Psicoanálisis). Kulovesi fue designado miembro de ella en 1935.
En 1933 redactó la primera obra de iniciación al psicoanálisis en lengua finesa. De tal modo contribuyó a implantar las ideas freudianas en los ambientes literarios finlandeses.
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