Laforgue René
(1894-1962)Psiquiatra y psicoanalista francés
Fundador del movimiento psicoanalítico francés, René Laforgue tuvo un destino tan tumultuoso como el de la mayor parte de los pioneros europeos de su generación. Igual que muchos de ellos, su infancia fue difícil, y en el psicoanálisis encontró un medio de encarar problemas personales. Fue un notable clínico de la psicosis y un excelente profesional del inconsciente, a la manera de un Sandor Ferenczi. También dejó su huella en la historia al formar a una buena cantidad de psicoanalistas franceses, entre ellos Françoise Dolto, su principal heredera.
Laforgue nació en Thann, Alsacia, cuando esta provincia pertenecía todavía a Alemania. De allí la paradoja de que el primer freudiano de Francia haya sido alemán antes de ser francés, y de que introdujo el psicoanálisis en el país más germanófobo de Europa, donde la doctrina vienesa era considerada una "ciencia boche".
Laforgue provenía de una familia modesta, afectada por problemas de filiación. El padre, obrero grabador, no era el hijo legal de su propio padre, y la madre, depresiva y suicida, era hija ¡legítima de progenitores que no habían podido casarse en razón de los conflictos que oponían a católicos y protestantes. De modo que ella navegaba entre tres religiones. Enviaba a su hijo tanto a la iglesia católica como al culto protestante. Por la noche, a falta de sinagoga, le hacía recitar plegarias en hebreo.
Laforgue fue un rebelde durante toda su vida. Después de haber recibido una inconveniente educación rígida, fue ubicado en un internado severo, del que se fugó. Encontró refugio en Berlín, en la casa de Franz Oppenheimer, un fisiólogo reputado; allí se orientó hacia la medicina y la psiquiatría. En 1913 descubrió la doctrina vienesa al leer La interpretación de los sueños y, un año más tarde, fue movilizado e incorporado al ejército alemán en el frente del Este. Cuando Alsacia volvió a ser francesa, Laforgue era interno en un hospital psiquiátrico de Estrasburgo. Allí se reveló como un notable clínico de la esquizofrenia. Eligió ese tema para su tesis, iniciándose en los trabajos de la escuela zuriquesa: los de Eugen Bleuler y Carl Gustav Jung.
En 1922 se casó con Paulette Erikson, hija de un farmacéutico de Colmar. La pareja fue a instalarse en París, donde él conoció a Eugénie SokoInicka, quien lo tomó en análisis (lo mismo que a René Allendy y a Édouard Pichon). Muy pronto Laforgue reunió a su alrededor a quienes en 1926 fundarían la Société psychanalytique de Paris (SPP).
Pero entre tanto, en 1923, Henri Claude lo ubicó como asistente en el Hospital Sainte-Anne. Sucedía allí a Eugénie Sokolnicka, que acababa de ser despedida porque no era médica. Emprendió entonces una larga correspondencia con Sigmund Freud que se prolongaría hasta 1937.
En noviembre de 1925, un drama lo golpeó duramente. La esposa debió someterme a una histerectomía que en adelante le impediría ser madre. Laforgue trató de ocultarle la verdad el mayor tiempo posible, y terminó por enviarla a analizarse con Sokolnicka. Más tarde, Paulette Erikson se convirtió en psicoanalista después de un control con Heinz Hartmann.
Las cartas intercambiadas entre Freud y Laforgue contienen muchos datos sobre los inicios del movimiento psicoanalítico francés: la creación de la Revue française de psychanalyse y del grupo de la Évolution psychiatrique, discusiones en torno a la idea de escotomización, juicios sobre el análisis de Marie Bonaparte enviados por Laforgue a Freud.
La entrada en escena de la princesa tuvo una importancia considerable en la historia del movimiento francés. A partir de 1925, ayudada por Rudolph Loewenstein y adulada por Freud, ella reemplazó a Laforgue en la jefatura de ese frágil grupo parisiense dividido en dos tendencias: por un lado los internacionalistas, deseosos de imponer las reglas técnicas de la International Psychoanalytical Association (IPA) en la formación didáctica, y por el otro los chovinistas, muy decididos a fundar un "psicoanálisis francés" desembarazado de toda "germanidad".
Laforgue no logró controlar los conflictos, y fue perdiendo progresivamente su autoridad. Su amigo Édouard Pichon le reprochaba que no supiera ejercer el mando, y los adversarios lo acusaban de ser una especie de gurú con una formidable necesidad de reconocimiento, incapaz de sustraerse a su neurosis de fracaso, y demasiado engreído como para hacerse respetar.
Después de separarse de Paulette Erikson en 1938, se casó con Delia Clauzel, una de sus ex pacientes. Hija de un diplomático, provenía de la gran burguesía de derecha, y sentía pasión por el orientalismo y el esoterismo. A través de ella, Laforgue se fue alejando del freudismo clásico para volverse hacia interrogantes espiritualistas. Para colmo de males, Delia, en 1942, dio a luz a una hija discapacitada que moriría cuatro años más tarde.
Entonces se inició el período más negro de la vida de Laforgue. Movilizado y enviado a Saint-Brieuc en 1939, siempre incapaz de elegir su campo, se había convencido de que la victoria alemana era segura y de que había que "arreglarse" con el enemigo -Con peligro de someter al psicoanálisis a la buena voluntad de los nazis-. Mientras que el conjunto del movimiento francés había interrumpido toda actividad pública (algunos analistas emigraron, otros pasaron a la clandestinidad, otros esperaban días mejores), Laforgue tomó contacto con Matthias Heinrich Göring e inició con él una importante correspondencia. Le propuso hacer reaparecer la Revue française de psychanalyse bajo la tutela alemana, y crear en París un instituto "arianizado" según el modelo del de Berlín.
El intento fracasó. Los nazis desconfiaron de ese freudiano de la primera hora, miembro de la Liga contra el Antisemitismo y hostil a las tesis del nacional socialismo. En 1942, presintiendo la victoria de los Aliados, Laforgue cambió una vez más de orientación. Refugiado en su casa de Chabert, en el Mediodía de Francia, protegió a judíos y refractarios al Servicio de Trabajo Obligatorio (STO), facilitó la partida al extranjero de Oliver Freud y su esposa, y dirigió la cura de Eva Freud, hija de esa pareja, que se negó a abandonar el territorio francés.
Al producirse la liberación, llevado a un tribunal de depuración por John Leuba (1884-1952), nuevo presidente de la SPP y germanófobo convencido, Laforgue fue puesto muy pronto en libertad, gracias a los diferentes testimonios de aquellos a quienes él había protegido, y sobre todo porque en esa época no existía ninguna prueba de esa extraña colaboración frustrada. A pesar del sobreseimiento judicial de 1946, el rumor persistió. Según sus enemigos, Laforgue se había convertido en un infame colaboracionista, incluso en un antisemita; para sus amigos, prontos a la hagiografía, seguía siendo un pionero heroico, incluso un resistente. El examen minucioso de los archivos, y en particular de la correspondencia con Göring, exhumada por primera vez en 1986 por Élisabeth Roudinesco, demuestra que, si Laforgue fue maldecido por el movimiento psicoanalítico, esto se debió menos a su supuesta colaboración con el enemigo (de la que nadie tenía pruebas en la época) que a su práctica didáctica, considerada transgresora e inadaptada a las normas de la IPA.
En 1950, en el primer congreso mundial de psiquiatría, organizado por Henri Ey, Laforgue comenzó a denunciar el fanatismo de las sociedades psicoanalíticas. Tres años más tarde, en el momento de la escisión de 1953, renunció a la SPP para unirse a las filas de la nueva Société française de psychanalyse (SFP), fundada por Daniel Lagache y Juliette Favez-Boutonier.
Un tiempo más tarde, huyendo de las disputas parisienses, se instaló en Casablanca, donde creó un pequeño círculo de discípulos, en cuyo centro él ocupaba el lugar de un maestro a la vez caído y admirado, dividido entre el amor del exilio y la nostalgia de la patria perdida. Estudió la mentalidad de las poblaciones indígenas, y se interesó por el problema de la redención. Pero sobre todo adoptó las tesis diferencialistas de la psiquiatría colonial francesa, según las cuales la "mentalidad indígena" era "inferior" a la del occidental llamado "civilizado", y extrajo de ellas análisis psicopatológicos, pretendiendo, por ejemplo, que los modos educativos en vigor entre los árabes favorecían la aparición de un "yo paranoico". Compartía este tipo de análisis con la fracción chovinista de la primera generación francesa: en efecto, esa temática había llevado a Angelo Hesnard, Édouard Pichon y otros, a rechazar la "germanidad" de las teorías freudianas, en nombre del carácter francés de las suyas. No obstante, no se puede considerar a Laforgue un verdadero racista o un antisemita como lo era su discípulo y amigo Georges Mauco (quien colaboró con el nazismo).
Murió a continuación de una operación quirúrgica. Las obras de psicoanálisis aplicado que dedicó a Talleyrand y a Baudelaire están tan olvidadas como sus escritos clínicos.
Lagache Daniel
Médico, psicoanalista y psicólogo francés
(París 1903 - id. 1972).
Es el fundador de la psicología clínica en Francia. Ex alumno de la Escuela Normal Superior (1924), profesor de filosofía (1928) y doctor en medicina (1934), fue alumno de G. Dumas en psicología patológica y de H. Claude en psiquiatría. Siguió una cura psicoanalítica con R. Loewenstein y se hizo psicoanalista en 1938. Nombrado profesor de psicología en la Universidad de Estrasburgo en 1937, sigue a esta universidad hasta Clermont-Ferrand durante la Segunda Guerra Mundial. Llega a ser profesor en la Sorbona en 1947, en la cátedra de psicología general, en la que sucede a P. Guillaume, después de haber sostenido su tesis de doctorado en letras sobre Los celos amorosos (publicada en 1947). Ocupa luego la cátedra de psicología patológica dejada por G. Poyer en 1955. En sus investigaciones clínicas y en su enseñanza, se esfuerza en introducir el psicoanálisis, tanto en la psicología social e individual como en la criminología. Funda una «psicología clínica» definida como «estudio de las conductas individuales, considerado en una coyuntura socioafectiva y cultural determinada», utilizando a la vez las técnicas psicométricas, la comprensión fenomenológica y la interpretación de inspiración psicoanalítica. Es en La unidad de la psicología donde muestra que una verdadera psicología sólo puede ser clínica y que debe utilizar estos diversos abordajes con un enfoque sintético centrado en la subjetividad y la intersubjetividad del hombre. Al final de su vida anima el proyecto de Vocabulario del psicoanálisis que realizan sus alumnos J. -B. Pontalis y J. Laplanche bajo su dirección.
Lagache Daniel
(1903-1972) Psiquiatra y psicoanalista francés
Lo mismo que Sacha Nacht, Françoise Dolto, Maurice Bouvet y muchos otros, Daniel Lagache perteneció a la segunda generación psicoanalítica francesa. En la historia del psicoanálisis en Francia, desempeñó un papel importante, a la vez como heredero de Pierre Janet en el ámbito de la psicología clínica y como introductor del psicoanálisis en la universidad. Contra Nacht, preconizaba la aproximación del psicoanálisis a la medicina y, contra Lacan, que quería desprender el psicoanálisis de la psicología mediante un retorno riguroso a los textos freudianos, él fue el artífice de la separación entre la filosofía y la psicología, y también de la síntesis entre esta última y el psicoanálisis. A través de la universidad, se convirtió entonces en el jefe de una corriente favorable al análisis profano (o Laienanalyse), que sobre todo permitió el acceso masivo de los psicólogos a la profesión de psicoanalista.
Después de una primera escisión, esta política llevó a Lagache a fundar en 1953 la Société française de psychanalyse (SFP), en cuyo seno, durante diez años, coexistió con su mayor rival: Jacques Lacan. En 1958 hubo entre ellos un debate teórico sobre la noción de personalidad. Después de una segunda escisión, fue cofundador, en 1964, de la Association psychanalytique de France (AFP), junto a los psicoanalistas más prestigiosos de la tercera generación: entre ellos, Didier Anzieu, WIadimir Granoff, Jean Laplanche, Jean-Bertrand Pontalis.
Nacido en París, Daniel Lagache provenía de una familia burguesa originaria de la Picardía. Su padre, abogado, murió cuando él tenía 13 años y, muy joven, tuvo que sufrir la preferencia de la madre por su hermano menor. Experimentó entonces unos celos terribles, patología ésta a la que durante toda su vida dedicó un interés clínico.
En 1924 ingresó en la Escuela Normal Superior, en la misma promoción que JeanPaul Sartre (1905-1980), Paul Nizan (1905-1940), Raymond Aron (1905-1983) y Georges Canguilhem (1904-1995). Como muchos normalistas de su generación, asistió a las presentaciones de enfermos de Georges Dumas (1866-1946), un amigo de Pierre Janet violentamente hostil a las tesis freudianas. Agregado de filosofía, interno de hospitales psiquiátricos y después jefe de clínica de enfermedades mentales y del encéfalo, fue alumno de Gaétan Gatian de Cléarambault en la enfermería especial. Finalmente, en 1934, presentó su tesis de medicina sobre las alucinaciones verbales.
Como todos los clínicos franceses de su generación -Jacques Lacan, Henri Ey, Paul Schiff, y otros-, participó en la refundición de la psiquiatría dinámica, y centró sus primeros trabajos en el estudio de las psicosis pasionales y la paranoia. Al mismo tiempo que Lacan, que tenía dos años más que él, se inició en los textos alemanes, se interesó por la locura femenina y la criminología, descubrió la obra de Karl Jaspers (1883-1969), la fenomenología, y siguió la enseñanza de Henri Claude.
Contrariamente a Lacan y Nacht, él narró su cura con Rudolph Loewenstein en un artículo publicado en inglés en 1966, con numerosas informaciones sobre su infancia y su vida privada. Este análisis había tenido lugar entre 1933 y 1936 en condiciones difíciles, lo que llevó a Lagache a realizar un segundo análisis en el diván de Maurice Bouvet.
Después de una primera comunicación a la Société psychanalytique de Paris (SPP) sobre el trabajo de duelo, en 1937 Lagache fue designado maestro de conferencias de psicología en la facultad de Estrasburgo, donde sucedió a Charles Blondel, otro profesor violentamente hostil al psicoanálisis, amigo del historiador Marc Block (1886-1944). En junio de 1938, en París, conoció a Sigmund Freud en la recepción organizada en honor del vienés por Marie Bonaparte, antes del exilio londinense.
En 1947 sucedió a Paul Guillaume en la cátedra de psicología general. Empezó entonces a trabajar en su tesis La Jalousie amoureuse, mientras también comenzaba a pasar al primer plano en el movimiento psicoanalítico francés. Dos años más tarde, en su lección inaugural, L'Unité de la psychologie, reactualizó la expresión "psicología clínica", caída en desuso desde que Janet había querido dotar a la psicología de una “medicina" que no le debía nada a la enseñanza médica. Pero, mientras que Janet era un antifreudiano convencido, en esa época Lagache se había convertido en un freudiano de obediencia estricta. De allí una posición imposible de sostener, puesto que pretendía incorporar el freudismo al janetismo en virtud del principio de la unidad de la psicología como ciencia. Según Lagache, había que unificar la rama llamada naturalista de la psicología (que incluía el conductismo y la teoría del aprendizaje, con estadística y experimentación) y su rama llamada humanista, que reunía la psicología clínica y el psicoanálisis, en sí mismo definido como ultraclínico. Lagache derivaba ambas ramas de la fenomenología de Karl Jaspers.
En 1956, en una célebre conferencia pronunciada en el Colegio Filosófico, Georges Canguilhem, aunque amigo de larga data de Lagache, destrozó ese programa, tratando a la psicología de “filosofía sin rigor", "ética sin exigencia" y "rnedicina sin control". Diez años más tarde, después de la ruptura entre Lagache y Lacan, este artículo fue utilizado por los alumnos de Louis Althusser (1918-1990) en la Escuela Normal Superior, en el marco de una refundición filosófica de los conceptos freudianos, hostil a toda forma de psicología.
Paralelamente a sus trabajos personales y a sus actividades universitarias, Lagache desarrolló un vasto programa editorial, creando, en Presses universitaires de France (PUF), la "Bibliothèque de psychanalyse et de psychologie clinique", que se convertiría en la "Bibliothéque de psychanalyse". En ella hizo publicar cuarenta y dos volúmenes, incluyendo las obras de Freud, su biografía por Ernest Jones y los trabajos de los grandes autores norteamericanos e ingleses aún ignorados por el público francés: Melanie Klein, Heinz Hartmann, Otto Fenichel, Edward Glover, Helene Deutsch, René Spitz, y otros. El florón de esa colección sería el famoso Vocabulaire de la psychanalyse, realizado bajo su dirección por Laplanche y Pontalis, traducido actualmente a más de veinte idiomas.
Aunque como didacta no desempeñó un papel equivalente a los de Lacan o Nacht, Lagache fue también un clínico y supervisor. Trabajó mucho la cuestión de la transferencia y, en la estela de Edward. Bribring, teorizó el concepto de mecanismos de desprendimiento, en el marco de su doctrina de la personalidad: "Su cualidad psicoanalítica principal -escribió Didier Anzieu- fue la firmeza. Sabía por cierto atemperarla con momentos de benevolencia. Pero lo que todos sus alumnos hemos aprendido de él, yo mismo en primer lugar, es la importancia de la regularidad de los horarios, de la duración determinada y suficientemente larga de las sesiones, del mantenimiento de la austeridad de las reglas y la situación ante las demandas manipulatorias del paciente, de una interpretación por etapas, precisa, sobria, concreta."
Laing Ronald David
(1927-1989) Psiquiatra y psicoanalista inglés
Poeta, escritor, militante de todas las causas en favor de los marginales, los excluidos, los oprimidos y los pueblos colonizados, Ronald Laing ha quedado como una de las figuras más hermosas de ese movimiento de rebelión que durante veinte años, entre 1950 Y 1970, hizo temblar el conjunto de los ideales de la burguesía occidental. Marcado a su vez por Heidegger, el existencialismo y la experiencia de la mescalina y el LSI), durante toda su vida, a través de un viaje por el interior del yo, buscó la manera de comprender el gran enigma de la locura humana.
Nacido en Glasgow, fue psiquiatra del ejército británico y miembro del grupo de los Independientes en el seno de la British Psychoanalytical Society (BPS), antes de fundar, con David Cooper, el movimiento antipsiquiátrico inglés. Ambos crearon la Philadelphia Association and Mental Health Charity, así como el Hospital de Kingsley Hall, en el que se acogía a esquizofrénicos.
Cercano a Donald Wodds Winnicott, de quien fue alumno, y analizado por Charles Rycroft, se distanció del freudismo clásico y la psiquiatría a fines de la década de 1950, construyendo una doctrina del self inspirada a la vez en nociones de Winnicott, en el existencialismo sartreano y en las tesis de otro disidente célebre, Harry Satck Sullivan.
Como todos los artífices del movimiento antipsiquiátrico, para Laing la locura era la historia de un pasaje, una situación, y no de una enfermedad: "Una estrategia inventada por el sujeto para vivir una situación invivible". En su obra de 1960 titulada El yo dividido sostuvo que cuando el individuo se siente extraño a sí mismo, se fabrica un "falso self” para luchar contra la desesperación.
Desde el mismo enfoque, la locura no era mas que una reacción racional del hombre ante un mundo que había perdido la razón. En cuanto a los normales, sólo serían enfermos que se ignoran. En 1967, Laing cotejó tres figuras: la del loco, la del criminal y la del revolucionario. Las presentó a todas como aventureros de la mística que impugnan un orden social basado en el odio y el envilecimiento del hombre por la tecnología.
En 1972, después de una estada en la India, Ronald Laing evolucionó hacia el orientalismo, encontrando en el budismo y en las teorías de la reencarnación una filosofía del sufrimiento y de la subjetividad capaz según él de subvertir la racionalidad occidental.
En su autobiografía de 1985 reconoció el fracaso de sus métodos de tratamiento de la esquizofrenia, y renegó de la mayoría de sus teorías anteriores.
Lair Lamotte Pauline
(1853-1918) Caso “Madeleine Lebouc"
Lo mismo que Augustine o Blanche Wittmann, Pauline Lair Lamotte fue, con el nombre de Madeleine Lebouc, una de las histéricas más célebres del Hospital de la Salpêtrière. Su caso fue estudiado por Pierre Janet.
Nacida en Mayenne, provenía de la burguesía media republicana. A los 20 años, dos años después de la Comuna de París, viajó a Londres a descubrir la miseria obrera. Negándose a plegarse a las exigencias de la religión oficial, dio libre curso a una palabra impregnada de misticismo, mientras se identificaba con el destino errante del subproletariado urbano. Sus escritos "inspirados", lo mismo que más tarde los de Marguerite Anzieu, evocan irresistiblemente algunos textos de Arthur Rimbaud (1854-1891): "Sí, he sentido el olor de los cadáveres corruptos, he visto correr la sangre en los arroyos de la noche".
Internada en la Salpêtrière en 1896 por sus estigmas, contracturas y éxtasis, fue atendida por Janet, quien redujo su historia a una patología de origen histérico, llegando incluso a identificarla con la de otra "loca", Teresa de Ávila, calificada por él de "patrona de las histéricas". Esta posición restrictiva, que le negaba cualquier consistencia teórica al discurso místico, con riesgo de disolver la locura en la patología, le valió a Janet temibles críticas. En primer lugar, por parte de los surrealistas, quienes, sin citar a Madeleine celebraron en 1928 la "belleza convulsiva" de las histéricas de la Salpêtrière; también del padre Bruno de Jésus-Marie, quien, en 1931, distinguió el misticismo verdadero de Teresa de Ávila, basado en una espiritualidad desembarazada de toda ilusión, de la locura mística de Pauline, anclada en el goce de la abyección y por lo tanto en la incapacidad para acceder al conocimiento místico.
La verdadera historia de Pauline fue sacada a luz por primera vez en 1993 por Jacques Maítre.
Lampl Hans
(1889-1958) Médico y psicoanalista holandés
Judío vienés y compañero de clase de Martin Freud, Hans Lampl terminó sus estudios de medicina en 1912, y se orientó hacia la anatomopatología, la serología y la bacteriología. En 1916 comenzó a interesarse por el psicoanálisis. Dos años más tarde se enamoró de Anna Freud y decidió casarse con ella. Anna Freud comenzó entonces su análisis con el padre, quien se opuso formalmente a ese matrimonio. Freud sentía afecto por Lampl, pero le temía a su carácter y pensaba incluso que estaba afectado de paranoia. Anna cedió. Más tarde iba a felicitarse por haber obedecido al padre, y mantuvo con Lampl una excelente amistad. Éste era por otra parte un hombre lleno de encanto y humor, que amaba el arte, la buena cocina y los viajes.
En 1921 Lampl fue a formarse en Berlín, donde se analizó con Hanns Sachs, mientras que Jeanne De Groot, psiquiatra holandesa, inició al año siguiente, en Viena, una cura con Freud que duraría tres años. En 1925, Hans Lampl se casó con ella. A medida que Jeanne se acercaba a Freud y se iba convirtiendo en una de sus discípulas preferidas, Hans dio libre curso a sus celos y comenzó a atacar lo que consideraba una idolatría. Freud, que temía el efecto sobre Jeanne de esos accesos persecutorios, trató entonces de hacerlo analizar. Él se negó.
En 1938, huyendo del nazismo, Jeanne Lampl-De Groot y su marido se instalaron en La Haya. Allí tuvieron que pasar por las diferentes crisis que afectaron al movimiento psicoanalítico de Holanda. Siguieron siendo muy amigos de Anna Freud. Hans murió en 1958 en un grave accidente automovilístico, al que su mujer sobrevivió.
Lampl - De Groot Jeanne
Nacida De Groot (1895-1987)
Médica y psicoanalista holandesa.
Nacida en Schieden, Holanda, Jeanne De Groot, incluso desde antes de casarse con Hans Lampl, fue una de las mujeres preferidas de Sigmund Freud, junto con Marie Bonaparte, Ruth Mack-Brunswick y Joan Riviere. Después de haber sido alumna de Gerbrandus Jelgersma (1859-1942), decidió escribirle a Fredd, para conocerlo. En 1922 viajó a Viena a fin de analizarse con él. La cura duró tres años, a razón de seis días por semana, con sesiones de cuarenta y cinco minutos. En 1927 participó en el gran debate sobre la sexualidad femenina, defendiendo el punto de vista monista de la escuela vienesa.
En Berlín conoció a Hans Lampl, quien sería su esposo. Ambos permanecieron en Viena hasta 1938, fecha en la cual, huyendo del nazismo, se instalaron en La Haya, Holanda, donde aún vivía la madre de Jeanne. Ella se incorporó entonces a la Nederlandse Vereniging voor Psychoanalyse (NVP), que acababa de integrar en sus filas a la sociedad rival formada en 1933 por Johan H. W. Van Ophuijsen. Allí desempeñó un papel importante.
Radicada en Arristerdam en 1943, formó a su alrededor un grupo al que aportaba su fuerza de convicción, su ortodoxia y el recuerdo muy vivo de su prolongada camaradería con Freud. Por otra parte, mantenía vínculos estrechos con Anna Freud y con toda la corriente vienesa en el exilio. En 1947, siendo una de las personalidades más fuertes de la legitimidad freudiana, enfrentó una escisión a continuación de los conflictos de preguerra que René De Monchy había logrado apaciguar. En efecto, H. J. Van der Hoop y Westerman Holstijn fundaron una nueva asociación de inspiración más liberal, la Nederlandse Genootschap voor Psychoanalyse (NGP), que nunca habría de integrarse a la International Psychoanalytical Association (IPA).
Jeanne Lampl-De Groot continuó formando a numerosos psicoanalistas en la tradición del freudismo clásico. Junto a Anna Freud, Marianne Kris y Dorothy Burlingham, las jóvenes generaciones del psicoanálisis la consideraron una de las "cuatro grandes damas" de la familia freudiana. Los cuarenta y siete artículos que componen su obra, muchos de los cuales abordan la sexualidad y la feminidad, fueron reunidos en 1965 y actualizados veinte años más tarde, en oportunidad de la celebración de su nonag6simo cumpleahos.
Landauer Karl
(1887-1945) Médico y psicoanalista alemán
Nacido en Múnich en una familia judía, Karl Landauer estudió medicina antes de viajar a Viena para analizarse con Sigmund Freud. Se incorporó a la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV), y después se instaló en Francfort, vinculándose con filósofos, en especial con Max Horkheimer (1895-1973), de quien fue analista. Después de la llegada al poder de los nazis, emigró a Holanda, donde tuvo conflictos con sus colegas del país, quienes se negaban a hacerlo miembro de la Nederlandse Vereniging voor Psychoanalyse (NVP) porque sus diplomas médicos no eran reconocidos en ese país. En 1943 lo apresaron en una redada, y fue deportado al campo de exterminio de Bergen-Belsen, donde murió en enero de 1945.
Langer Marie
Nacida Glas (1910-1987)
Psiquiatra y psicoanalista argentina
Figura eminente del movimiento psicoanalítico latinoamericano, Marie Langer, llamada Mimí por sus allegados, abrazó las tres grandes doctrinas del compromiso intelectual del siglo XX: el freudismo, el marxismo y el feminismo. Altiva, inteligente y valiente, así como sensible al sufrimiento físico y la miseria económica, durante toda su vida luchó contra el fascismo y la esclerosis del freudismo ortodoxo, sin perder sus cualidades de clínica.
Nacida en Viena, en el seno de una familia de la gran burguesía judía asimilada, Marie Glas perteneció a esa generación de jóvenes austríacos cuya infancia fue marcada por la guerra y la lenta agonía del mundo austro-húngaro. La madre, una mujer cultivada, sufría su judeidad al punto de que, aunque no podía bautizarla, le puso un nombre católico. Según Marie, su madre se parecía a la Dora de Sigiriund Freud (Ida Bauer). Como era amante de Eugen Steinach, un amigo del marido, se divertía manteniendo la confusión acerca del verdadero padre de su hija. Tratada de bastarda, durante mucho tiempo Marie pensó que su padre legal no era quien verdaderamente la había engendrado. De todos modos, a los 13 años entró en rebelión contra su familia, y después de una crisis religiosa se volvió resueltamente atea.
Con el respaldo del padre, estudió en una escuela privada dirigida por una mujer excepcional, Frau Schwarzwald, militante feminista y socialdemócrata formada en Zurich, a principios de siglo, entre los revolucionarios rusos en el exilio. El contacto con esta mujer llevó a Marie a empezar a leer a Freud y Marx.
Después de dos relaciones amorosas, aceptó un matrimonio expeditivo con un joven de la burguesía católica y conservadora, mientras su familia se encontraba arruinada por la gran crisis de 1930. Inició entonces estudios de medicina, escandalizando a su ambiente por sus ideas y su comportamiento de mujer libre. De vuelta en Viena en 1932, después de un viaje a Alemania, se divorció y posteriormente adhirió al Partido Comunista Austríaco, en el momento mismo en que la organización pasaba a la clandestinidad. En efecto, desde los tumultos socialistas de 1927, y bajo la presión de la extrema derecha y de las milicias fascistas, el gobierno populista de la joven República Austríaca había puesto fuera de la ley a todos los partidos de izquierda. Marie pasó a la lucha clandestina.
Primero anestesista, más tarde se orientó hacia la psiquiatría en el servicio de Heinz Hartmann, a quien le pidió que la tomara en análisis. Aduciendo el precio muy elevado de sus sesiones, éste la derivó al diván de Richard Sterba. En el curso de esa primera formación didáctica, Marie participó en los trabajos de la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV), de la cual nunca fue miembro en razón de sus actividades políticas. Para no chocar con el régimen dictatorial del canciller Dollfuss (1892-1934), que perseguía a los militantes clandestinos, Paul Federn había prohibido todo compromiso político a los alumnos de la WPV, bajo pena de exclusión, aceptando incluso que un policía asistiera a las reuniones. Marie se negó a someterse a ese diktat. Denunciada por una analizante, no tardó en ser excluida de las filas de los alumnos, a pesar de la intervención en su favor de Kurt Eissler. Viajó entonces a Berlín para seguir el seminario de Helene Deutsch y realizar un control con Jeanne Lampl-De Groot.
Pero el nazismo la obligó a exiliarse; se iniciaba la guerra civil en España, ella decidió continuar allí su combate, como médica anestesista de las Brigadas Internacionales. En el frente conoció a su segundo marido, Max Langer, cirujano militar encargado de varios hospitales de campaña. A continuación de la derrota de los republicanos, partieron juntos hacia el Uruguay, después de un rodeo por el sur de Francia.
Su trayectoria de freudiana y marxista en Latinoamérica la llevó primero a Montevideo, donde dio conferencias en el marco del Comité de Solidaridad con los Republicanos Españoles, y más tarde en Buenos Aires, donde se instaló en 1942. Desde su llegada tomó contacto con Ángel Garma, quien también, a su salida de España, había pasado dos años en Francia. Integrada al grupo argentino, participó con Garma, Celes Cárcamo y Enrique Pichon-Rivière, en la fundación de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), de la cual fue miembro durante veintinueve años.
Para no entrar en conflicto con la APA como antes lo había estado con la WPV, decidió separar radicalmente sus actividades políticas de su práctica clínica. Sólo Pichon-Rivière, en razón de su antigua simpatía por la República Española, fue informado de los vínculos clandestinos de Marie con el Partido Comunista Argentino. Después de un segundo análisis de control con Cárcamo, ella se lanzó al trabajo clínico.
Madre de un primer varón, llamado Tomás (tendría más tarde otros tres vástagos, Martín, Ana y Verónica), Marie Langer se interesó por la condición de las mujeres de su generación, ansiosas de conciliar su doble deseo de emancipación y maternidad. En 1951 publicó Maternidad y sexo, que se convertiría en un clásico de la literatura psicoanalítica argentina. Allí narró en especial el caso de una paciente estéril que, después de nueve meses de tratamiento, había quedado encinta.
Pero, fundamentalmente, en ese libro se entregaba a una extensa reflexión histórica y teórica sobre la sexualidad femenina. Tomando en cuenta las posiciones de Karen Horney y del culturalismo, se distanciaba del relativismo en provecho de una concepción unitaria del cuerpo biológico y el cuerpo psíquico, basada en la medicina psicosomática y el kleinismo. Contra todas las tesis feministas de la segunda mitad del siglo, 1 legó a la conclusión de que, desde el punto de vista del inconsciente, en la mujer existe una relación constante entre la aceptación del orgasmo y el placer, por un lado, y el deseo de maternidad por el otro. Según ella, sólo el psicoanálisis podía mediar entre la cultura y el determinismo biológico. A partir de ese trabajo Marie Langer abrazó la causa del feminismo, estudiando en particular los mitos que rodeaban la vida de Eva Duarte de Perón (1919-1952), la legendaria Evita.
Personalidad rebelde, Marie no cesó de criticar la esclerosis de la institución, reclamando que el psicoanálisis no se limitara a ejercicios formales destinados a reproducir generaciones de terapeutas conformistas. Como Wilhelm Reich en otro tiempo, deseaba que el freudismo estuviera en el corazón de todas las transformaciones sociales del siglo. Entre 1959 y 1970, mientras el caudillismo florecía entre golpes de Estado y derrocamientos de coroneles, ella desempeñó un papel considerable en el seno de la APA, despertando las conciencias o formando alumnos en la impugnación del orden dominante.
En 1966, Ana, su hija mayor, le pidió que participara en un encuentro universitario de ex combatientes de la Brigadas Internacionales. Para la joven, convertida en militante como la madre, el objetivo era organizar comités de solidaridad con Vietnam, que luchaba contra el "imperialismo norteamericano". Marie aceptó.
Tres años más tarde formó parte del grupo Plataforma, que, a impulso de las grandes rebeliones estudiantiles, apuntaba a transformar a fondo la política del psicoanálisis y las modalidades de formación de los terapeutas. En 197 1, en el Congreso de la IPA reunido en Viena, su ciudad natal, pronunció una conferencia titulada "Psicoanálisis y/o revolución---, en la cual llamaba a una transformación radical de la sociedad: "Esta vez -dijo-, no renunciaremos ni a Freud ni a Marx". Fue severamente criticada por Hanna Segal, guardiana de la ortodoxia kleiniana, y la dirección de la IPA se negó a publicar esa conferencia. Marie renunció entonces a la APA, junto con treinta didactas y veinte alumnos en formación del grupo Documento. La escisión fue un desastre para el freudismo argentino: en efecto, se produjo en el momento en que en el país se radicalizaba la lucha contra el dominio militar.
A partir del retorno al poder de Juan Domingo Perón (1895-1974) en 1973, grupos paramilitares comenzaron a perseguir a los opositores políticos, practicando el secuestro y la tortura. Marie Langer trató entonces de sumar su acción a través del psicoanálisis. Supervisó el trabajo de un estudiante de psiquiatría detenido que quería dar sostén a los presos torturados. Él exponía la situación en cartas codificadas que enviaba a la madre, y Marie las descifraba, respondiéndole con instrucciones por la misma vía.
Amenazada por un escuadrón de la muerte después de la vuelta de Perón al poder, emigró a México para continuar la lucha. A partir de 1976 la Argentina cayó en el terror bajo la férula del general Videla. En 1981 Marie formó la Brigada México-Nicaragua de Internacionalistas para la Salud Mental, y lanzó un plan de desarrollo de métodos curativos inspirados en el psicoanálisis. Como lo ha subrayado Nancy Caro Hollander, este trabajo de solidaridad se extendía a todas formas de represión que hacían estragos en América latina: Marie Langer y su equipo documentaron los efectos psicológicos de la represión política y el exilio forzado. Entre los refugiados, observaron la multiplicación de casos de lo que ellas llamaron «dolor congelado». Las personas afectadas eran incapaces de llorar la pérdida de sus seres queridos." De hecho, presentaban síntomas múltiples: despersonalización, trastornos psicosomáticos, etcétera.
Finalmente, en 1986, Marie Langer viajó a Cuba y se encontró con Fidel Castro para organizar en la isla un coloquio sobre el psicoanálisis y el suicidio: "¡Tú eres la amiga de Freud -exclamó él-, la famosa austríaca!". Y le pidió que preparara un strudel. Marie comenzó a amasar, pero renunció: "Yo soy feminista y tú Me haces cocinar. Además, has dicho que leíste las obras de Freud, y no es cierto."
Afectada de un cáncer de pulmón, regresó a morir a Buenos Aires, donde su amigo Fernando Ulloa, compañero de todas las luchas, fue su último confidente.
Lanzer Ernst
(1878-1914) Caso "Hombre de las Ratas"
Segunda gran cura psicoanalítica realizada por Sigmund Freud, después de Dora (Ida Bauer) y antes del Hombre de los Lobos (Serguei Constantinovich Pankejeff), la historia del Hombre de las Ratas es sin duda la mejor construida, la más estructurada, la de mayor rigor lógico. El tratamiento duró aproximadamente nueve meses, entre octubre de 1907 y julio de 1908, y Freud habló de él en cinco oportunidades en las reuniones de la Sociedad Psicológica de los Miércoles, antes de presentar el caso en el primer congreso de la International Psychoanalytical Association (IPA), en Salzburgo, el 26 de abril de 1908, con un informe verbal de cinco horas. En sus memorias, publicadas en 1959, Ernest Jones registra el acontecimiento: "Sentado a la cabecera de la gran mesa en torno a la cual estábamos reunidos, habló con su voz baja pero clara, como en una conversación. Empezó a las ocho de la mañana, y lo escuchamos con una atención profunda. A las once se detuvo, y sugirió que ya teníamos bastante. Pero estábamos todos tan interesados que insistimos en que continuara, lo que hizo hasta la una."
Ese mismo año, Freud ayudó a su amigo Max Graf a analizar a su hijo (Herbert Graf), lo que le permitió verificar la exactitud de sus tesis de 1905 sobre la sexualidad infantil. Y en el destino dramático de ese hombre obsesionado que parecía un personaje de la novela de Joseph Roth (1894-1939) titulada La Marcha de Radetzky, había encontrado finalmente un caso de neurosis obsesiva conforme a sus hipótesis y digno de ser narrado. En ambas curas abordaba el tema que lo apasionaba: la relación entre un hijo y su padre.
La identidad del Hombre de las Ratas fue revelada por primera vez en 1986 por el psicoanalista canadiense Patrick Mahony, en un notable trabajo de investigación: "Cuando uno compara las contratransferencias de Freud con sus principales pacientes -escribió- se tiene la sensación de que tenía más simpatía y empatía por el Hombre de las Ratas que por Dora o el Hombre de los Lobos. Si Freud fue un fiscal con Dora, con Lanzer fue un educador amistoso."
Nacido en Viena, en una familia judía de la burguesía media, Ernst Lanzer era el cuarto vástago entre otros seis hermanos. Su padre, Heinrich Lanzer, había amado primero a una mujer pobre, pero terminó casándose con la rica Rosa Saborsky, la futura madre de Ernst. En 1897 este último inició estudios de derecho. Pronto se enamoró de una de sus primas humildes, Gisela Adler, a la que comenzó a cortejar contra la opinión de su padre, Heinrich Lanzer, que prefería para su hijo a una mujer rica. Para colmo de males, la joven debió sufrir una ovariectomía que le impedía ser madre.
Después de la muerte de Heinrich, que se produjo en 1898, Ernst, lo mismo que el padre, entró en la academia militar, ingresando en el tercer regimiento de tiradores tiroleses del ejército imperial. En 1901 comenzaron a dominarlo extrañas obsesiones sexuales y morbosas. En efecto, sentía un gusto particular por los funerales y los rituales de muerte, había tomado la costumbre de mirarse el pene en un espejo para estar seguro de su grado de erección, y experimentaba la tentación reiterada del suicidio, basada en reproches e inculpaciones dirigidas contra sí mismo, seguidas de inmediato por resoluciones piadosas y plegarias. A veces quería cortarse la garganta, otras proyectaba ahogarse.
De modo que en 1905, a los 27 años, sufría una grave neurosis obsesiva. Aunque había rechazado el proyecto de los padres de casarlo con una mujer rica, tampoco se decidía a casarse con Gisela. Consultó entonces al célebre psiquiatra Julius Wagner-Jauregg por una compulsión a presentarse a los exámenes demasiado pronto y sin preparación. El médico le respondió que la obsesión era muy saludable y no hizo nada por el joven.
En el verano de 1907 se produjeron los dos acontecimientos principales que constituirían el núcleo de su cura con Freud. En julio, en el transcurso de ejercicios militares en Galitzia, escuchó de boca del cruel capitán Nemeczek, partidario de los castigos corporales, la historia de un suplicio oriental consistente en obligar a un preso a desvestirse y ponerse de rodillas y bajar el torso; a las nalgas del hombre se fijaba entonces con una correa un gran orinal agujereado en el que se agitaba una rata. Privada de comida y excitada con una varilla al rojo que se introducía por un agujero del orinal, el animal trataba de sustraerse a la quemadura, y penetraba en el recto del supliciado, infligiéndole heridas sangrientas. Al cabo de una media hora, moría asfixiada, al mismo tiempo que el hombre.
Ese día Lanzer había perdido sus lentes en el curso de un ejercicio. Telegrafió entonces a su óptico de Viena para que le enviara otro par por correo. A los dos días recuperó el objeto por intermedio del mismo capitán, quien le dijo que los gastos postales debían ser reembolsados al teniente David, supervisor de correos.
Lanzer tuvo un comportamiento delirante en torno al tema obsesivo del pago. La historia del suplicio se mezclaba con la de la deuda, y hacía surgir en la memoria del Hombre de las Ratas el recuerdo de otra cuestión de dinero. Alguna vez, su padre había contraído una deuda de juego, y lo había salvado del deshonor un amigo que le prestó la suma que necesitaba. Después de su servicio militar, Heinrich trató de encontrar a ese hombre, sin lograrlo. De modo que la deuda no había sido saldada.
Ése era el hombre que, obsesionado por las ratas y una deuda, entró en el consultorio del doctor Freud el 1 de octubre de 1907. Primero se entregó a la asociación libre y comenzó a evocar espontáneamente recuerdos sexuales que databan de sus 6 años. Todas las noches, Freud redactaba el diario de esa cura para registrar los diálogos con exactitud. Muy pronto Lanzer llegó a la historia de las ratas. Pero, al resultarle insoportable describir los detalles del suplicio, se levantó prestamente del diván y le suplicó a Freud que le ahorrara esa tarea. Con firmeza, Freud lo obligó a continuar el relato, exponiéndole su concepción de la resistencia. Entonces el paciente puso de manifiesto una incapacidad para pronunciar ciertas palabras: "¿Quería hablar de empalamiento? -escribe Freud-. No, no era eso. Ataban al condenado (se expresaba con tanta oscuridad que no pude imaginar de inmediato en qué posición), volvían sobre sus nalgas un orinal en el que introducían ratas, las cuales -se puso de pie manifestando todos los signos del horror y la resistencia- se hundían. «En el ano», tuve que completar." Y Freud añade: ---Encada momento del relato, se observa en su rostro una expresión compleja y bizarra, expresión que no podría traducir de otro modo que como el horror de un goce que él mismo ignora ".
Contrariamente a lo que ocurrió en el análisis de Serguei Pankejeff o en el de Marie Bonaparte, en el caso de Lanzer, Freud no inventó una escena sexual originaria. Actuó verdaderamente como un terapeuta deseoso de hacer que el paciente confesara sus tormentos, dispuesto a tranquilizarlo asegurándole que él mismo no tenía ninguna inclinación a la crueldad. Mediante esta técnica de la confesión, en la cual Freud ocupó para Lanzer el lugar de un padre, logró relacionar el complejo paterno y la obsesión de las ratas. Formuló la hipótesis de que, hacia los 6 años, el pequeño Ernst había cometido una fechoría de tipo sexual relacionada con la masturbación, y el padre lo habría castigado. Lanzer aceptó esa interpretación, que correspondía a sus recuerdos, y evocó otra escena, narrada por la madre, de cuando él tenía 4 años. En esa época, después de haber mordido a alguien, el padre lo había apaleado. Furioso, Ernst lo injurió poniéndole nombres de objetos: "¡Lámpara! ¡Servilleta!" Heinrich había comentado: "Este niño se convertirá en un gran hombre o en un gran criminal".
Al narrar esa escena, que él mismo no recordaba, Lanzer dudó de que hubiera experimentado rabia respecto de su padre. Pero pronto, en sus sueños y asociaciones, comenzó a injuriar groseramente a su terapeuta, a quien, al mismo tiempo, le reclamaba un castigo. Este episodio le permitió a Freud demostrarle al paciente que la "vía dolorosa de la transferencia" llevaba a una confesión del odio inconsciente al padre.
Y Freud resolvió el enigma: fue el relato del castigo mediante las ratas -dice en sustancia- lo que despertó el erotismo anal de Lanzer, y le recordó la antigua escena de la mordedura, narrada por la madre. Al defender un castigo corporal mediante las ratas, el capitán ocupó para el enfermo el lugar del padre, y atrajo sobre sí una animosidad comparable a aquella con la que Ernst había respondido antaño a la crueldad de Heinrich. Según Freud, la rata adquiría en este caso la significación del dinero, y por lo tanto de la deuda, lo que en la cura se puso de manifiesto a través de las asociaciones verbales "florín/rata" o "cuota parte/ratas", puesto que desde el principio del tratamiento el paciente había tomado la costumbre de calcular los honorarios en términos de "tantos florines, tantas ratas".
En 1910, Ernst Lanzer se casó con su querida Gisela, y en 1913 se recibió de abogado. Enrolado en el ejército imperial en agosto de 1914, los rusos lo tomaron prisionero en noviembre, y murió sin haber tenido tiempo de aprovechar los beneficios que le aportó su cura. En una nota de 1923, Freud añadió las siguientes palabras: "El paciente al cual el análisis que acaba de describirse le restituyó la salud psíquica fue muerto durante la Gran Guerra, como tantos jóvenes de valor en los que se podían tener fundadas esperanzas".
El caso del Hombre de las Ratas se ha considerado la única terapia totalmente exitosa de Freud. Esto no fue sin duda por azar, puesto que Freud era el creador de la expresión "neurosis obsesiva" y, en una carta a Carl Gustav Jung, se había descrito a sí mismo como el prototipo del neurótico obsesivo; consideraba además que esta neurosis era el objeto más "interesante y fecundo para la investigación psicoanalítica". En este sentido, como lo ha subrayado Patrick Mahony, el encuentro entre Freud y el Hombre de las Ratas fue "una versión vienesa del drama de Sófocles que enfrentaba a Edipo y la Esfinge". Puso en escena la esencia del amor edípico a la madre y el odio al padre.
Entre los muy numerosos comentarios que suscitó este caso, figura el de Jacques Lacan de 1953, titulado "El mito individual del neurótico". Aplicando un esquema de lectura tomado de Structures élémentaires de la parenté de Claude Lévi-Strauss, Lacan le da un estatuto de mito a la neurosis obsesiva del Hombre de las Ratas, demostrando que es el modelo de una estructura compleja y de un desgarramiento original, en virtud de los cuales cada sujeto se encuentra ligado a una constelación simbólica cuyos elementos se permutan y repiten de generación en generación, como el memorial de una historia genealógica.
Lapsus
Alemán: Versprechen.
Francés:Lapsus.
Inglés: Slip of the tongue.
Término latino utilizado en retórica para designar una falta cometida por inadvertencia, sea hablando (lapsus linguae) o escribiendo (lapsus calami), que consiste en reemplazar por otra palabra la que uno quería decir.
Sobre este tipo de errores inventariados en todos los diccionarios de procedimientos literarios, Sigmnund Freud fue el primero en demostrar que tienen una significación oculta, y que hay que relacionarlos con las motivaciones inconscientes de quien los comete. Por ejemplo, una esposa cuenta que su marido enfermo no está sometido a un régimen, y dice "Puede comer y beber todo lo que quiero". En alemán, Freud emplea para lapsus la palabra versprechen (fallar, fracasar).
Lapsus
s. m. (fr. lapsus; ingl. freudian slip; al. Lapsus, Versprechen). [Término de origen latino que indica caída, tropiezo, error.] Falta que se comete por inadvertencia al hablar (lapsus linguae) o al escribir (lapsus calami) [Verschreiben] y que consiste en decir (o escribir) otra palabra en lugar de la que se quería decir (o escribir).
El psicoanálisis considera al lapsus como una variedad de acto fallido consistente en la interferencia del inconciente en la expresión hablada o escrita.
Latencia
(período de)
(fr. période de latence; ingl. latence period; al. Latenzperiode, Aufschubsperiode). Período de la vida sexual infantil desde la edad de cinco años hasta la preadolescencia, en el curso del cual las adquisiciones de la sexualidad infantil normalmente caen bajo la represión.
Latencia
(período de)
Al.: Latenzperiode o Latenzzeit, a veces Aufschubsperiode.
Fr.: période de latence.
Ing.: latence period.
It.: periodo di latenza.
Por.: período de latência.
Período comprendido entre la declinación de la sexualidad infantil (quinto o sexto año) y el comienzo de la pubertad, y que representa una etapa de detención en la evolución de la sexualidad, Durante él se observa, desde este punto de vista, una disminución de las actividades sexuales, la desexualización de las relaciones de objeto y de los sentimientos (especialmente el predominio de la ternura sobre los deseos sexuales) y la aparición de sentimientos como el pudor y el asco y de aspiraciones morales y estéticas. Según la teoría psicoanalítica, el período de latencia tiene su origen en la declinación del complejo de Edipo; corresponde a una intensificación de la represión (que provoca una amnesia que abarca los primeros años), una transformación de las catexis de objetos en Identificaciones con los padres y un desarrollo de las sublimaciones.
La idea de un período de latencia sexual puede comprenderse ante todo, desde un punto de vista biológico, como una etapa de detención predeterminada entre dos «empujes» de la libido y que, por lo tanto, no requeriría ninguna explicación psicológica en cuanto a su génesis. En tal caso puede describirse principalmente en cuanto a sus efectos, como sucede en los Tres ensayos sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen zur Sexualthebrie, 1905).
Esta concepción es la que tiene en cuenta Freud cuando articula el período de latencia con la declinación del complejo de Edipo: «[...] el complejo de Edipo debe desaparecer porque ha llegado el momento de su disolución, como cae la primera dentición cuando los dientes definitivos empujan para salir». Pero, así como el «empuje» puberal, que señala el final del período de latencia, es incontestable, no se ve tan claro a qué predeterminación biológica correspondería la entrada en el período de latencia. Por otra parte, tampoco se debería «[...] exigir una plena concordancia entre la formación anatómica y el desarrollo psicológico» .
Así, Freud se vio inducido a invocar, para explicar la declinación del Edipo, «la imposibilidad interna» de éste, una especie de discordancia entre la estructura edípica y la inmadurez biológica: «[...] la ausencia persistente de la satisfacción esperada, la perpetua frustración del niño que espera, obligan al pequeño enamorado a renunciar a un sentimiento sin esperanza».
En definitiva, la entrada en el período de latencia sólo se comprendería en relación con la evolución del complejo de Edipo y las modalidades de su resolución en los dos sexos (véase: Complejo de Edipo; Complejo de castración).
Secundariamente, las formaciones sociales, uniendo su acción a la del superyó, vienen a reforzar la latencia sexual: ésta «[...] sólo puede provocar una interrupción completa de la vida sexual en las organizaciones culturales que en su programa incluyen una repression de la sexualidad infantil. No es éste el caso de la mayor parte de los pueblos primitivos».
Se observará que Freud habla de período de latencia, no de fase, lo cual debe interpretarse del siguiente modo: durante el período considerado, si bien pueden observarse manifestaciones sexuales, no se puede hablar en rigor de una nueva organización de la sexualidad.
Lechat Fernand
(1895-1959) Psicoanalista belga
Nacido en Mont-sur-Marchienne, Bélgica, Fernand Lechat trabajó en diversas ocupaciones, entre ellas la de agente de seguros, antes de interesarse por las ideas freudianas. Convertido en psicotécnico, conoció a Maurice Dugautiez, siguiéndolo paso a paso en su propia trayectoria: controles en Francia con John Leuba (1884-1952) y Marie Bonaparte, análisis con Ernst Paul Hoffmann. Lo mismo que Dugautiez, iba a ser excluido de la Sociedad Belga de Psicoanálisis, de la que había sido fundador en 1947.
Leclaire Serge
Nacido Liebschutz (1924-1994)
Psiquiatra y psicoanalista francés
Proveniente de una familia judía, Serge Leclaire nació en Estrasburgo con el nombre de Serge Liebschutz. En la escuela secundaria conoció a Wladimir Granoff, que también iba a ser psicoanalista. Desde los acuerdos de Múnich, su padre, fundador de una fábrica de prendas de punto abandonó Alsacia con toda la familia para emprender un largo periplo que lo llevó a Marsella. Allí obtuvo papeles falsos con el nombre de Leclaire y, producida la liberación, adoptó legalmente ese apellido, que sería aceptado por el hijo.
Después de estudiar psiquiatría, Leclaire oyó hablar por primera vez del psicoanálisis a un monje hindú que le aconsejó visitar a Françoise Dolto. Entonces se volvió a encontrar con su camarada Granoff en el Hospital de la Salpêtrière, y se comprometió con él en la vía del freudismo. Durante tres años realizó su formación didáctica en el diván de Jacques Lacan, mientras, en la Société psychanalytique de Paris (SPP), establecía vínculos estrechos con hombres y mujeres de la tercera generación francesa, en particular Jean Laplanche y Anne-Lise Stern. Poco a poco Serge Leclaire fue convirtiéndose en discípulo de un maestro excepcional, Jacques Lacan, a quien admiraba sin adulaciones ni sumisión: fue el primer lacaniano de la historia.
En 1953, en oportunidad de la primera escisión del movimiento psicoanalítico francés, se alineó con la fracción llamada liberal y universitaria, representada por Daniel Lagache, Françoise Dolto y Jacques Lacan, y en consecuencia participó en la creación de la Société française de psychanalyse (SFP, 1953-1963). Fue primero su secretario y después el presidente; entre 1961 y 1965 se le reconoció un estatuto de miembro a título personal de la International Psychoanalytical Association (IPA).
Con Wladimir Granoff y François Perrier dedicó entonces los mejores años de su vida a luchar por la integración de la SFP en la IPA. A él le correspondió la tarea de conducir las negociaciones secretas con la dirección de la internacional freudiana, que no negaba el lacanismo como doctrina, sino la técnica psicoanalítica transgresiva inaugurada por Lacan, basada en la sesión de duración variable, todavía llamada sesión corta.
Finalmente, en 1963 la política aplicada por Leclaire desembocó en la ruptura definitiva entre el lacanismo y la legitimidad freudiana. Desesperado por este fracaso, pero profundamente fiel, e impulsado por la fuerte pasión que le suscitaba el sueño profético y el espiritualismo, siguió a Lacan en la fundación de la École freudienne de Paris (EFP), cuyos estatutos redactó en parte. Convertido en el clínico más apreciado de la Francia freudiana, durante treinta años trató de unificar a la comunidad psicoanalítica francesa, siempre en vía de dispersión y conflictos.
Después de haber sido en 1969 el iniciador del primer departamento de enseñanza de psicoanálisis en la universidad francesa (París VIII), también fue en 1983 el único psicoanalista de envergadura que se atrevió a enfrentar el riesgo de la "cura en directo" por televisión, en el programa Psy-show. Cuando la experiencia reveló sus límites (la vulgaridad y el exhibicionismo perverso), renunció a ella. En 1989 se puso por segunda vez al servicio de su sueño unificador, creando la Association por une instance des psychanalystes (APUI), destinada a preservar al psicoanálisis de sus viejos demonios: las terapias corporales, la hipnosis y el ocultismo.
La obra escrita de Serge Leclaire refleja sus ideales. En relación directa con la enseñanza lacaniana, supo seguir siendo un clínico de obediencia freudiana, dotado de un hermoso humanismo y un espíritu de tolerancia proveniente de la filosofía de la Ilustración. Desde Freud se sabe que los historiales, para evitar la chatura de la literatura rosa, deben construirse como ficciones. En este sentido, Leclaire fue uno de los psicoanalistas franceses (junto con Michel de M'Uzan) que supo describir sus casos (alineado con la tradición inglesa), como lo atestigua su libro inaugural Psychanalyser, en el cual expuso la historia del Hombre del Unicornio: una neurosis obsesiva enfocada desde la concepción lacaniana del significante. Leclaire había hablado sobre ella por primera vez en el coloquio de Bonneval, organizado por Henri Ey en el hospital de esa ciudad durante el otoño de 1960.
Leclaire Serge
Psicoanalista francés
(1924-1994).
Nacido en Estrasburgo en una familia judía alsaciana, Serge Leclaire fue, desde la década de 1950, analizante y alumno de Jacques Lacan. Participó, como tal, en la fundación de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis, de la que fue presidente entre 1959 y 1963, luego en la Escuela Freudiana de París, en la que fue miembro del directorio y del jury del pase. En 1968 fundó el departamento de psicoanálisis de la Universidad de París VIII. Las diversas obras escritas por Serge Leclaire, en un lenguaje muy accesible, dan testimonio de sus cualidades de clínico y de su comprensión activa de la obra de Jacques Lacan. Se puede mencionar en especial Psicoanalizar, donde muestra, a partir de un caso largamente presentado, y de un examen del Hombre de los Lobos, que una existencia puede organizarse alrededor de la repetición de secuencias signifícantes mínimas, o incluso alrededor de la repetición de algunas letras que se combinan de diferentes maneras. Su actividad pública e institucional fue más controvertida. Fue el principal negociador que intentó obtener el reconocimiento de la S.F.P por la organización internacional (IPA) [véase psicoanalítico (historia del movimiento)]. Participó en 1984-1985 en una emisión televisiva, «Psy-show», que constituía una tentativa de responder «en directo» a los sufrimientos privados. Finalmente, en los últimos años de su vida, propuso hacer regular por una «instancia ordinal» comparable al Orden de los Médicos [nombre que recibe en Francia la agremiación de los médicos] los problemas de la «profesión psicoanalítica». Esta última iniciativa fue la más discutida, la menos bien recibida por la mayoría de los analistas.
Serge Leclaire es autor especialmente de Psychanalyser (1968), Démasquer le réel (1971), On tue un enfant (1975), Rompre les charmes (1981).
Letra
Si el significante se sitúa del lado de lo simbólico, inaugurándose la cadena significante por intermedio del falo como significante-amo, la letra, por su parte, se encuentra del lado de lo real (D'un discours qui ne serait pas du semblant, Seminario XXIII, 1970-1971): entre «escripción» [scription], escritura y después lectura.
En efecto, continuando con su metáfora del paisaje (cf. «Significante»), Lacan definirá la letra como «tierra de litoral», «tachadura de alguna huella que esté desde antes». Bordeando el tiempo, en un mismo movimiento ella funda la negatividad. Esta «escripción» ante lo real sería el gesto simbólico que conduce al cuerpo de Robinson Crusoe a aprehender lo que va a demarcar, manipular, clasificar y ligar como signos del mundo (L'Identification, seminario IX, 1961-1962); en esta escritura gestual se percibe la idea de la repetición de un acto cuyas apariciones nunca se originan en el impulso anterior que permite su renovación -una «dansidad», dirá Lacan (Escritos)- Al garabatear esos trazos, Robinson postula ya, sin saberlo, que ellos son del Otro, y su gesto intenta producir tiempo en un espacio que él se inventa: es eso, la letra, ese gesto «originario» semejante a una «raspadura», lo que se encontrará en la salida sublimatoria, una «disponibilidad» ante la página blanca. Por ello dirá Lacan que «la existencia de la carta [lettre] la sitúa en una cadena simbólica extraña a la que constituye su fe» (Escritos, «El seminario sobre La carta robada», 1966). Venga de donde viniere, vaya adonde vaya, la letra es ruptura (Les non-dupes errent, seminario XXI, 1974-1975). La escripción se convertirá en inscripción, luego escritura: en síntesis, la letra tiene por destino ser tomada a la letra.
Ante lo real «impensable» (R.S1), el sujeto, en un proceso de anticipación (imaginario), será llevado hacia lo simbólico, donde en adelante lo espera la alteridad; su inconsciente localizado en el lugar del Otro constituirá la instancia de su propia letra inconsciente, lo no-sabido que obra en su gesto ante lo real. Así, al borde de lo simbólico, la letra es ya, radicalmente, «efecto de un discurso», «surgida de mercado» (Aun, seminario XX, 1972-1973).
Sólo en este segundo tiempo, el de lo simbólico, una vez asociada al significante, la letra se convertirá en «el soporte material que el discurso toma al lenguaje» (Escritos), punto de vista congruente con los trabajos de Freud sobre el aparato psíquico (La interpretación de los sueños). Las huellas mnémicas sólo pueden operar asociadas: el deseo alucinado en SI debe ser traducido en S2 en forma de pensamientos (cf. «Cadena significante»): la letra participa de una pérdida y de una condición de goce, y se revela (imposible de traducir) tal cual. La escritura gobierna toda lógica: lo imposible del goce conduce al sujeto a lo posible; todo sujeto se inscribe como sujeto por la castración; en consecuencia, «las letras hacen los conjuntos, las letras son (y no designan) esos ensamblajes, son tomadas como funcionando como tales conjuntos. El inconsciente trabaja en tanto que letra como esos ensamblajes de la teoría de los conjuntos» (Aun).
En este orden lógico, la mujer como objeto absoluto del deseo será también asemejada a la letra en los seminarios lacanianos de los años 1975-1977: en efecto, puesto que no hay Otro del Otro, y no hay metalenguaje que pueda ser hablado (Escritos), la mujer «como Otro sólo puede seguir siendo siempre Otro» (Aun). Enunciado de un Otro radicalmente ausente, la mujer es letra en cuanto «recuerda» que el inicio del ser hablante en el lenguaje se funda en una escritura.
Otro momento del pensamiento de Lacan consiste en asociar a menudo la letra con el significante. Esto ocurre en el seminario sobre La carta robada; en la interpretación lacaniana de cuento de Poe, la carta es investida como significante que condiciona los desplazamientos de los sujetos, salvo que «para cada uno ella es su inconsciente, es decir que en cada momento del circuito simbólico cada uno se vuelve otro hombre» (El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, Seminario II, 1954-1955). De hecho, se puede sostener que en ese relato es el espacio el que hace de la carta un significante, en cuanto es el significante que permite la circulación de la carta; es lo dado del espacio lo que urde una carta, como si lo reprimido de cada uno recordara lo indecible originario de¡ espacio donde está fundada la «escrípción»; en el fondo, es al tornarse significante, que la carta es robada y velada [vo(i)lée].
Letra
s. f. (fr. lettre). En el sentido de carácter o en el de misiva [tanto en francés como en inglés, el término correspondiente significa las dos cosas: letra y carta], la letra es a la vez el soporte material del significante y lo que se distingue de él como lo real se distingue de lo simbólico.
Aunque la letra y la escritura no devienen términos psicoanalíticos sino con Lacan, ya existen en Freud numerosas referencias a la escritura, desde el Proyecto de psicología (1895) y las cartas [lettres] a Fliess hasta el texto titulado Nota sobre la «pizarra mágica» (1924). La pizarra mágica ilustra la oposición entre el sistema percepción-conciencia y el inconciente. De un lado tenemos la hoja de celuloide, siempre dispuesta a recibir nuevas inscripciones o percepciones, y del otro la pizarra de cera, que guarda indefinidamente todas las huellas escritas, es decir, todas las huellas mnémicas. Esta utilización metafórica de la escritura no prejuzga en nada sobre el papel de la escritura concreta en el funcionamiento psíquico tal como Freud lo pone en evidencia. En primer lugar, en los mecanismos del sueño, que compara de buen grado con el rebus o la escritura egipcia, la imagen tiene valor de significante y no de significación. Si bien el jeroglífico es un dibujo simplificado, no está para representar allí por ejemplo un buitre o un instrumento agrícola. El dibujo es de hecho utilizado por su valor de letra, porque el nombre del objeto representado participa fonéticamente en la composición de un significante que no tiene nada que ver con un pájaro. Del mismo modo, en un sueño, [la imagen del un águila se podrá leer como una liga. Si bien no se trata de la escritura alfabética usual, se trata de una escritura fonemática, ciertamente privada y fuertemente dependiente de la lengua del soñante. En ocasiones, el sueño no se priva de usar la escritura común, como en el sueño del «Hombre de las Ratas», donde las letras «p, e» (para condolencias) [en el texto de Freud, en francés: «potir condoléances»], se trasforman mientras escribe en «p, f» (para felicitar) [ibid., «pour féliciter»]. En lo concerniente al lapsus calami, en el nivel de la interpretación Freud no lo distingue del lapsus linguae. Sin embargo, hay ejemplos que interesan específicamente a la escritura y no al fonema. Hay que concluir de ello que el inconciente sabe leer [afirmación de Lacan en el Seminario XX, 1972-73, «Aún»]. Numerosos ejemplos clínicos lo demuestran. En el «Hombre de los Lobos», la letra V o W juega un papel central. Freud la encuentra en la V del reloj que marca la hora de la escena primaria, en la apertura de las piernas de las muchachas, en el batir de las alas de la mariposa o en las alas arrancadas de la avispa (Wespe), que el «Hombre de los Lobos» pronuncia «espe», castrándola de su W para encontrar allí las iniciales de su nombre, S. P., arriesgándose a verla resurgir en los lobos (Wölfe), a los que debe su sobrenombre. En el «Hombre de las Ratas», Freud, como el Saussure de los anagramas, descompone la fórmula conjuratoria Glejisamen, que debía proteger a su bienamada, en Gisela y Samen (semen), donde la fusión de las letras realiza lo que estaba evitando.
Melanie Klein, partiendo de los análisis de niños, descubre tras las faltas de ortografía innumerables fantasmas sobre las letras, por ejemplo la imagen fálica vinculada a la letra i o a la cifra 1. Formula la hipótesis de que la escritura pictográfica [véase en dibujo] antigua, fundamento de nuestra escritura, volvería a encontrarse en los fantasmas inconcientes de cada uno. Esto ilustra la vertiente imaginaria de la letra.
La carta robada [lettre = carta/letra]. Para Lacan, el significante está en esencia soportado por la voz y se modula en la palabra. Si en «La instancia de la letra en el inconciente» (1957: Escritos, 1966) Lacan se apoya en la letra y la escritura del algoritmo saussureano S/s, es para mostrar que en el significante hay una estructura localizada, la del fonema entendido como unidad diferencial. Esta estructura localizada de la palabra estaba predestinada a colarse en los caracteres de la escritura, y la escritura, como veremos, esperaba por su lado ser fonetizada. Por ejemplo, cuando Lacan, releyendo a Freud, dice que el sueño se aborda a la letra, precisa que entiende la estructura fonemática como estructura literante. En el «Senimario sobre "La carta robada"» (1955; Escritos, 1966), Lacan se apoya en el cuento de Edgar Poe [«The purloined letter»] para demostrar el poder del significante. La letra es el sujeto verdadero del cuento y, sin que su contenido sea revelado nunca, regula las evoluciones de todos los personajes; la expresión «estar en posesión de una carta [letra]» revela entonces ser admirablemente ambigua. La letra escapa a la investigación minuciosa de la policía, cuyo error consiste en tomarla como un objeto de la realidad, una basura según el juego de palabras joyceano: a letter/a litter. En lo real, en efecto, nada está escondido; lo que está escondido es del orden de lo simbólico, como lo muestra el ejemplo del libro perdido aunque presente en la biblioteca, simplemente porque no está en su sitio alfabético, es decir, simbólico. Esta carta/letra pone en cuestión el orden simbólico, la ley que el rey encarna; pero, de hecho, también lo constituye puesto que este orden se basa en la exclusión de una letra. Esto basta para situar la letra como objeto a y, más precisamente, como el falo mismo. En su Introducción al «Seminario sobre "La carta robada"» (Escritos), Lacan presenta la construcción formal de una cadena significante elemental. Esta cadena de letras da cuenta del automatismo de repetición freudiano, de la sobredeterminación simbólica en tanto se distingue de lo real y de la existencia de una represión primaria que funda la ley.
Letra, rasgo unario y nombre propia. Hay en Lacan una teoría de la génesis de la escritura, expuesta en el seminario La identificación (1961-62). La escritura no es primaria, es el producto del lenguaje, pero la escritura esperaba ser fonetizada. Así, las marcas distintivas sobre las cerámicas egipcias se volvieron signos de escritura. Lacan establece el lazo entre el einziger Zug, el «rasgo unario» freudiano, es decir, una de las tres formas de la identificación, la identificación con uno de los rasgos del objeto, y esta génesis de la escritura. En el pretendido ideograma, el rasgo es «lo que resta de lo figurativo que es borrado, reprimido, rechazado». El rasgo retiene algo del objeto, su unidad, que hace uno.
Este resto por lo tanto es del orden del rasgo unario y puede desempeñar el papel de marca entrando en relación con la emisión vocal. Por ejemplo, el carácter que en sumerio se dice «an» y designa al cielo o dios es una representación deformada de un astro tomada por los acadios, que dicen cielo y dios de otra manera; tanto más funcionará este carácter entonces por su valor fonético «an». La toma en préstamo de un material de escritura a un pueblo extranjero favorece el proceso de fonetización. El nombre propio juega entonces un papel esencial. A causa de su afinidad con la marca, el nombre propio se conserva de una lengua a otra y permite descifrar una escritura desconocida. Hay un lazo privilegiado entre el nombre propio, el sujeto y el rasgo unario. El sujeto se nombra, y esta nominación equivale a la lectura del rasgo uno, pero enseguida se coagula en ese significante uno y se eclipsa, de tal manera que el sujeto se designa por el borramiento de este trazo, como una tachadura [rature, término que en francés se asocia fácilmente con rater: errar el blanco, verbo muy usado y popular, y con la división del sujeto por la barra -sujeto tachado-]. El corte a la vez simple y doble de la banda de Moebius le da a esto su soporte topológico.
Lo real de la letra. En Lituraterre (1971), Lacan, tomando sin duda como interlocutor a Derrida, insiste en decir que la escritura no es de ningún modo primaria. La letra «haría de litoral entre goce y saber». Lacan sitúa así el significante del lado de lo simbólico y la escritura del lado de lo real; «es el surco del torrente del significado...», es decir, de lo imaginario; la letra es una precipitación del significante. Hay en esta precipitación de la escritura una oposición entre la no identidad consigo del significante y la identidad consigo de la letra, un movimiento del sentido al sinsentido. Existe en el saber del inconciente un agujero que hace incompleto el goce, y Lacan utiliza la letra a para marcar la frontera de ese agujero. El sinsentido radical de la letra obedece a lo real. La letra, distinta del significante, es susceptible de marcar su límite, la intrusión del objeto a como radicalmente otro.
La letra y el inconsciente. La escritura no es primaria, es el significante el que es primero y el que condiciona el inconciente y, por lo tanto, la función de la letra. Hay que distinguir por una parte el río del lenguaje, el significante y la estructura gramatical que participa del sentido, y, por otra parte, los aluviones que se depositan, el inconciente, lugar de las representaciones de cosa, puro encadenamiento literal, al fin de cuentas, sinsentido radical que funciona gracias a la exclusión de la letra. El análisis es una lectura, las producciones del inconciente se prestan a esta lectura y el psicoanalista lee de una manera distinta en lo que dice el analizante con cierta intención. Por supuesto, esta lectura es equívoca con la ortografía. Pero esto supone entonces una escritura en el inconciente. En cuanto al síntoma, «si puede ser leído, es porque ya está inscrito en un proceso de escritura», dice Lacan en «El psicoanálisis y su enseñanza» (1957; Escritos). Lo que es importante en un síntoma no es la significación «sino su relación con una estructura significante que lo determina». Después definirá el síntoma como lo que no cesa de escribirse. El síntoma es una verdadera función matemática donde la letra inconciente hace oficio de argumento. El análisis es una lectura de este inconciente textual e insensato, una lectura que por lo tanto hace equívoco con la ortografía y que, por las cesuras que introduce, hace sentido hasta el extremo de descubrir su sinsentido radical. Esta dialéctica de la escritura y la lectura ha sido explotada por Lacan hasta en los títulos de sus seminarios: Les non-clupes errent o L'insu que sait de l'une bévue s'aile à mourre, que pueden leerse de múltiples maneras [por ejemplo, el primero: los no engañados yerran, o los nombres del padre, el segundo: lo no sabido que sabe de la equivocación «se alea» (es el alero, el aleteo, el aleas) de la morra, o lo no sabido que sabe del Unbewußt (inconciente) es el amor]. Del mismo modo, la escritura de los matemas intenta tocar un real de estructura y se ofrece a múltiples lecturas.
La escritura nodal. Con el nudo borromeo, en sus últimos seminarios, Lacan introduce una lectura nueva, precisamente la de los nudos, lo que invierte el sentido de la escritura. En efecto, el nudo borromeo es una verdadera escritura primaria, no una precipi -tación del significante sino un soporte del significante, puesto que lo simbólico viene a engancharse allí. Así, Lacan analiza la obra de Joyce, su escritura, como la reparación de un error en la escritura de su nudo borromeo.
Levi - Bianchine Marco
(1875-1961) Psiquiatra italiano
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Psiquiatra judío originario de la región de Padua, Marco Levi-Bianchini emprendió en 1909, por medio de artículos y traducciones aproximativas, la difusión del psicoanálisis en el ambiente de la psiquiatría italiana.
Espíritu burbujeante y confuso, que terminaría manifestando simpatía por el régimen fascista, este militante incansable de la causa psicoanalítica fue la encarnación de lo que
Michel David llama "un no-psicoanalista a pesar suyo": incapaz, como la mayoría de sus predecesores, de captar la esencia de los conceptos freudianos, nunca se arriesgó a iniciar un análisis. Pero la actividad institucional de Levi-Bianchini fue considerable, y muy apreciada en Viena: Sigmund Freud llegó a responderle a Edouardo Weiss -quien quería convencerlo de los peligros de la ambivalencia y la torpeza del psiquiatra italiano- que "a menudo el continente precede al contenido".
En 1915, cuando dirigía el hospital psiquiátrico de Nocera Inferiore, en la región napolitana, Levi-Bianchini fundó la "Biblioteca Internacional de Psicoanálisis", en la cual publicó algunas de sus traducciones de la obra freudiana, en particular la de Cinco conferencias sobre psicoanálisis, para la cual Freud redactó un breve prefacio, según surge de una carta suya a Sandor Ferenczi del 9 de noviembre de 1914. En 1920 Levi-Bianchini creó el Archivio generale di neurologia e psichiatria, que al año siguiente se convirtió en Archivio generale di neurologia, psichiatria e psicanalisi, revista en la cual colaboró Weiss. Finalmente, en 1925, cuando acababa de ser designado director del hospital psiquiátrico de Teramo, pequeña ciudad de los Abruzos en la cual Martin, el hijo de Freud, había pasado una parte de su convalecencia en 1919, Levi-Bianchini fundó la Societá Psicanalitica Italiana (SPI), cuyo único miembro auténticamente psicoanalista era Weiss.
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