Masotta Oscar Abelardo
(1930-1979) Psicólogo argentino
Introductor del lacanismo en la Argentina, y después en España, Oscar Masotta no tuvo una actividad regular como psicoanalista, pero por su enseñanza y sus iniciativas institucionales desempeñó el papel de didacta con los discípulos que formó en la lectura de los textos de Jacques Lacan y en una práctica lacaniana de la cura.
Proveniente de la pequeña burguesía de Buenos Aires, tuvo una juventud típicamente porteña entre un grupo de hijos de inmigrantes, marxistas y existencialistas, apasionados por la cultura francesa y el cine de Hollywood. A Masotta le gustaban las mujeres, pero algunos de sus mejores amigos eran homosexuales. Rechazando violentamente al régimen peronista, ellos, a través de la lectura de Sartre y Merleau-Ponty, buscaban una filosofía del hombre a la vez universal y radical. A los 25 años Masotta empezó a publicar artículos en Clase obrera, la revista del movimiento obrero comunista, a mitad de camino entre el populismo y el marxismo.
En 1960 pasó por una crisis suicida, una "enfermedad mental”, entre histeria y esquizofrenia, como dijo él mismo, y comenzó un análisis con Jorge Carpinacci, un miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). En su primera obra, dedicada a Roberto ArIt (1900-1942) y publicada en 1965, Masotta se identificaba con el escritor para reivindicar la bastardía (en el sentido sartreano), el clivaje, la desesperación y el nihilismo.
Hijo de un inmigrante prusiano y de una mujer austríaca, Arlt había tenido una infancia miserable, signada por la rebelión contra la opresión paterna. Convertido en escritor y periodista en el período de entreguerras, creó un comité de apoyo a los republicanos españoles que contó con la adhesión de Enrique Pichon-Rivière. Sus libros presentaban una descripción violenta de la pequeña burguesía argentina, enfrentada a personajes de fulleros, truhanes, prostitutas: un universo cercano al del cine negro que se cruzaba con Faulkner, Dashiell Hammett, y el Sartre de La náusea.
El descubrimiento del estructuralismo y la lectura de la Antropología estructural de Claude Lévi-Strauss determinaron la evolución de Masotta, que, sin renunciar al nihilismo, abrazó el culto de la estructura. Pichon-Rivière fue su iniciador. Le hizo leer números de la revista La Psychanalyse que incluían textos de Lacan, y en 1964 lo invitó a disertar en su instituto de psicología social; el tema fue "Lacan y el inconsciente en el fundamento de la filosofía".
Rechazando cualquier carrera universitaria clásica, Masotta reunió alrededor de él a un grupo de estudio frecuentado por psicólogos, intelectuales y psicoanalistas de la APA. Más tarde, en el marco del Centro Superior de las Artes, donde daba cursos, conoció a Juan David Nasio, quien también se interesaba por la obra de Lacan y por los textos de Louis Althusser (1918-1990) y Georges Politzer (1903-1942). Juntos formaron en 1968 un grupo lacaniano informal. En esa época, bajo la dictadura del general Onganía, florecían numerosos círculos culturales privados al margen de la universidad; a menudo servían de refugio a profesores expulsados de sus puestos por el golpe de Estado.
Después de haber creado en 1969 los Cuadernos Sigmund Freud, primera revista en castellano de difusión del pensamiento lacaniano, Masotta, respaldado por Serge Leclaire, Maud Mannoni y Octave Mannoni, organizó con ellos una mesa redonda en la cual participaron varios miembros de la APA: Marie Langer, Emilio Rodrigué, Arminda Aberastury, José Bleger, Fernando Ulloa. El objetivo era legitimar el movimiento lacaniano remitiéndose a la tradición ecléctica del freudismo argentino.
Mientras Masotta comenzaba a publicar obras de introducción al pensamiento lacaniano, su grupo aprovechó la crisis institucional de la APA para ofrecer una vía clínica a los terapeutas no médicos y no diplomados. A principios de la década de 1970, al mismo tiempo que aparecía la traducción castellana de los Écrits, realizada por Tomás Segovia y revisada por Nasio, de este contexto emergió un verdadero movimiento lacaniano. Nasio había emigrado en 1969, después de un análisis con Emiliano del Campo, a su vez analizado por José Bleger, y se había integrado a la École freudienne de Paris (EFP). En 1986 creó su propio grupo: los Séminaires psychanalytiques de Paris (SéPP).
El 28 de junio de 1974, Masotta, con diecinueve psicoanalistas -entre ellos Isidoro Vegh y Germán Leopoldo García- fundó la Escuela Freudiana de Buenos Aires (EFBA), cuyos estatutos, estructuras y modalidades de análisis didáctico copiaban los de la EFR Un año más tarde viajó a París para presentar su escuela, en el momento en que la comunidad lacaniana era ya víctima de una crisis de sucesión.
Convertido en miembro de la EFP, Masotta dejó la Argentina un poco antes del golpe de Estado del general Videla. Después de una estada en Londres, se instaló en 1976 en Barcelona, donde desplegó una extraordinaria actividad editorial e institucional, sentando las bases de la implantación del lacanismo en España, mientras el fin del régimen franquista y la llegada de la democracia permitían prever una restauración del freudismo en ese país. El 18 de febrero de 1977 creó la Biblioteca Freudiana de Barcelona, primera institución lacaniana hispanohablante de Europa, y durante dos años organizo coloquios y cursos en varias grandes ciudades, dando origen a un verdadero movimiento. En 1979 estalló una escisión en la EFBA. Desde Barcelona, Masotta fundó un nuevo grupo, la Escuela Freudiana de Argentina, de la cual más tarde, a través de varias escisiones, derivarían todos los grupúsculos del lacanismo argentino.
Gran fumador, murió a los 49 años, llevado al cabo de unos pocos meses por un cáncer de pulmón.
Matema
Alemán: Mathem.
Francés: Mathéme.
Inglés: Matheme.
Palabra creada por Jacques Lacan en 1971, para designar una escritura algebraica que permite formular científicamente conceptos psicoanalíticos y transmitirlos en términos de estructura, como si se tratara del lenguaje mismo de la psicosis.
En el marco de su último relevo lógico, basado en una lectura de la obra de Ludwig Wittgenstein (1889-195 1) y orientado hacia el análisis de la esencia de la locura humana, Lacan ideó simultáneamente el matea y el nudo borromeo: por un lado, un modelo de lenguaje articulado a una lógica del registro simbólico, y por el otro, un modelo de estructura basado en la topología, que operaba un desplazamiento radical de lo simbólico hacia lo real.
El término matema fue propuesto por primera vez por Lacan el 2 de diciembre de 197 1. Forjado a partir del "mitema" de Claude Lévi-Strauss y de la palabra griega mathema (conocimiento), no pertenece al campo de la matemática. Recordando la locura del matemático Georg Cantor (1845 -1918), Lacan explicó que si esa locura no había sido motivada por persecuciones objetivas, tenía que ver con la incomprensión matemática en sí, es decir, con la resistencia suscitada por un saber considerado incomprensible. Lacan comparó entonces su enseñanza con la de Cantor: la incomprensión con la que la suya tropezaba, ¿era un síntoma?
Para responder a este interrogante ideó el matema. En 1972 y 1973 lo definió de varios modos, pasando del singular al plural, y después del plural al singular. Pero, sobre todo, caracterizó como propios del ámbito del matema los cuatro discursos (o cuadrípodos) cuya lógica organizó en su seminario de 1969-1970, El revés del psicoanálisis: discurso del amo, discurso universitario, discurso histérico, discurso psicoanalítico. Demostró entonces que ese matema era la escritura "de lo que no se dice pero puede transmitirse". En otras palabras, Lacan se pronunciaba en contra de Wittgenstein: negándose a concluir en la separación de los incompatibles, trataba de arrancarle el saber a lo inefable, para darle una forma íntegramente transmisible. Esa forma era el matema. Pero el matema no es el lugar de una formalización integral, puesto que siempre supone un resto que se le escapa. Definido de este modo, el matema incluye los matemas, es decir, todas las fórmulas algebraicas que puntúan la historia de la doctrina lacaniana y permiten su transmisión: el significante, el estadio del espejo, el deseo con sus grafos, el sujeto, el fantasma, el Otro, el objeto (pequeño) a, las fórmulas de la sexuación.
La inclusión de los cuatro discursos en el matema tuvo una consecuencia política. En 1969 Lacan había sostenido que el discurso universitario es incompatible con el psicoanálisis, mientras que, a partir de la introducción del matema, subrayó su compatibilidad. En consecuencia, en 1974 el matema le permitió respaldar a sus partidarios, sobre todo a Jacques-Alain Miller, en su voluntad de introducir el psicoanálisis en la universidad francesa, después de la gran ola contestataria de 1968.
Matema
s. m. (fr. mathème). Escritura de aspecto algebraico que contribuye a formalizar la teoría psicoanalítica.
El materna no es una simple abreviatura, o una inscripción taquigráfica, sino que tiene la ambición de denotar una estructura realmente en juego en el discurso psicoanalítico y, a partir de allí, en los otros discursos. Por la escritura, el materna se parece a las fórmulas algebraicas y formales existentes en matemáticas, en lógica y en las ciencias matematizadas, y para Lacan este era el puente que vinculaba al psicoanálisis con la ciencia. Una de las funciones del materna es permitir una trasmisión del saber psicoanalítico, trasmisión que se vincula con la estructura, más allá de las variaciones propias de lo imaginario, y que escapa a la necesidad del soporte de la palabra del autor.
Construcciones formales que datan de los primeros seminarios de Lacan pueden ser calificadas retrospectivamente de matemas.
La fórmula del significante. El primer materna lacaniano de hecho es tomado de la lingüística con una ligera trasformación: se trata del algoritmo S/s debido a Ferdinand de Saussure, que dispone significante y significado de una parte y otra de la barra. Este instrumento le permite a Lacan demostrar que las leyes del inconciente descubiertas por Freud son las leyes del lenguaje, en particular la metáfora y la metonimia. Ya desde los primeros seminarios de Lacan están los principales elementos de su álgebra, que son: el término gran Otro, que se escribe A [por Autre], encarnado en primer lugar por la madre, pero que principalmente constituye el lugar en el que los significantes están ya, antes de todo sujeto; el sujeto mismo, que Lacan escribirá después $ para subrayar su división; la instancia imaginaria del yo ideal, que se notará i(a); el falo imaginario (-j), y el falo simbólico F.
El esquema L. Con ocasión del Seminario sobre «La carta robada» (1955), Lacan presentó una sucesión simbólica formal mínima que se construye a partir de cuatro letras: a, b, g, d, cuyo encadenamiento depende de una ley muy simple que reposa en la exclusión de cierto número de agrupamientos. Una memoria simbólica aparece entonces en la sucesión de las letras. Esta cadena elemental ilustra la determinación simbólica que Freud descubre en el automatismo de repetición, donde el encadenamiento de los significantes repite el fiasco [ratage] en la captación de un objeto perdido. El recorrido subjetivo que describe esta sucesión contornea un reprimido primordial constituido justamente por los agrupamientos excluidos, imposibles, que fundan la ley. Con esta sucesión formal podemos palpar de cerca lo que el inconciente tiene de lógica pura, que justifica el camino de Lacan en su escritura de los matemas.
El discurso del Otro constituye así al inconciente, es decir que en ese discurso el sujeto recibe su propio mensaje en forma invertida, Por ejemplo, en una formación del inconciente, como un lapsus, el sujeto recibe del Otro su propio mensaje que ha sido reprimido, justamente como una represión que hace retorno. Lo que el sujeto no ha aceptado de su propio discurso ha sido depositado en el Otro y hace así retorno sin que aquel lo sepa. Pero, más en general, toda palabra toma fundamentalmente su origen del Otro.
El esquema L dispone el circuito de la palabra en un cierto orden a partir del gran Otro; el sujeto S no está en el origen sino en el recorrido de esta cadena significante que atraviesa un eje simbólico AS y un eje imaginario, del que Lacan habla en El estadio del espejo, entre el yo [moi] y la imagen del otro, el semejante. De este modo, el inconciente en tanto discurso del Otro atraviesa el filtro imaginario aa' antes de llegar al sujeto.
El grafo. El grafo construido en el curso del Seminario sobre las formaciones del inconciente (1957) y reproducido en el texto de los Escritos «Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconciente freudiano» retoma, enriqueciéndola, esta topología de la cadena significante, articulando la identificación simbólica y la identificación imaginaria.
Desde $ hasta I(A), encontramos el trayecto de esta identificación simbólica del sujeto $ con el ideal del yo I(A). En A, el gran Otro es el «tesoro de los significantes» y en s(A) se sitúa la puntuación de la cadena significante. Este circuito se duplica en un cortocircuito imaginario i(a)m articulado sobre $I(A) y sobre s(A)A, donde se fija la imagen del yo ideal i(a) y donde se determina en espejo el yo en su función de rivalidad, de dominio, de prestancia.
Articulando en dirección al Otro su demanda, el niño encuentra en ese Otro materno un deseo, y, en un primer tiempo, va a identificarse como sujeto con el objeto de ese deseo. En la respuesta del Otro, en su mensaje que vuelve sobre el sujeto, es el deseo lo que le es significado. Con este deseo del Otro, por lo tanto, va a identificar el sujeto su deseo.Pero hacerse objeto del Otro es también ser tragado por un goce mortal, de ahí la inevitable señal de angustia cuando el objeto se devela en su crudeza. El sujeto no puede salir de esta peligrosa primera impasse sino porque el Otro también está capturado por la ley del significante. Es la función del Nombre-del-Padre y del falo simbólico la que, para retomar una imagen de Lacan, mantiene, como si fuera un bastón, bien abiertas las mandíbulas del cococodrilo materno. El padre viene a sostener la función simbólica del ideal del yo I(A) (opuesto al yo ideal). El piso superior del grafo está constituido por la cadena significante en el inconciente. Aquí, el tesoro de los significantes está formado por una batería extraída del cuerpo, precisamente de los lugares marcados por un corte: se trata de las pulsiones ($ à D). Esta cadena se encuentra puntuada en su enunciación inconciente por S(A barrada), el significante de la falta del Otro del Otro. Es la ausencia de este significante S(A barrada) lo que el significante fálico F va a ser llamado a simbolizar en los procesos de la castración.
El deseo d que parece regularse por el fantasma ($ à a) constituye una línea imaginaria del grafo homóloga a la línea i(a)m, en cortocircuito sobre la cadena significante. Estos matemas merecen un comentario: el significante de la demanda D dirigida al Otro le pifia a la captación del objeto por razones que obedecen a la relación entre lo simbólico y lo real. Esta pifia induce la repetición de la demanda, y el deseo no es más que el deslizamiento metonímico de un significante de la demanda a otro significante. El sujeto resulta verdaderamente engendrado, producido por el pasaje de un significante a otro; no es, como vemos, suponible antes de la primera demanda. Como los significantes vienen del Otro, la demanda necesita en sentido inverso una demanda del Otro dirigida al sujeto.
Y la repetición de la demanda cava en el Otro un agujero de donde se originan también una demanda y un deseo enigmático dirigidos al sujeto. El concepto de pulsión expone este dispositivo que evoca fácilmente las fauces devoradoras de la mujer ogro o de la esfinge. Esto nos indica la razón por la que, en el matema de la pulsión ($àD), el sujeto está articulado a la demanda D por el corte ?.
En el materna del fantasma ($àa), el sujeto $ está articulado al objeto a (leer «objeto pequeño a») por este corte à. Esta fórmula puede leerse de la siguiente forma: un sujeto es el efecto de un corte en el Otro que produce la caída del objeto a. Es decir que la repetición del significante de la demanda que cava en el Otro este agujero da la vuelta a este objeto a.
Y este constituye ese resto o producto primordialmente perdido, verdadera causa del deseo. Lacan hace la lista de estos objetos a: el seno, los excrementos, el pene pero también la mirada, la voz, el nada [en francés existen dos términos para nada: néant, que refiere a la nada abstracta, en oposición al ser, y rien, que puntúa una falta concreta]. Todo lo que puede imaginariamente recortarse en el cuerpo es susceptible de llegar a serlo.
El fantasma fundamental se construye en la primera infancia, o sea, en función de esos grandes Otros reales que son los padres. Este fantasma fundamental sella el destino clínico del sujeto. El matema S(A barrada) tiene la particularidad de ser un significante que no existe y que falta en el conjunto de los significantes.
Si, en efecto, cada significante representa al sujeto para otro significante, ¿habría acaso un significante último al que se remitirían todos los otros significantes, un significante que sería así el Otro del gran Otro? Tal significante falta, es precisamente el agujero antes mencionado, y el significante fálico F viene a limitar ese agujero, le sirve de frontera.
Los cuatro discursos. Los cuatro discursos, establecidos por Lacan en su seminario El revés del psicoanálisis, proponen en una forma extremadamente reducida y sintética un sistema de relaciones entre manifestaciones muy complejas y masivas. Se trata en efecto de inscribir en forma algebraica la estructura de los discursos denominados por Lacan: discurso del amo, discurso de la universidad, discurso histérico, discurso psicoanalítico.
Estos diferentes discursos se encadenan y se sostienen los unos a los otros en una lógica en teramente determinada por el juego de la letra. Un interés no despreciable de estas fórmulas es superar la errónea oposición entre un psicoanálisis del sujeto individual y un psicoanálisis de lo colectivo. Es el significante, efectivamente, el que determina el orden de los procesos del sujeto o los sujetos captados en estos discursos.
La definición del significante como lo que representa a un sujeto para otro significante sirve de matriz para el establecimiento de los cuatro discursos. Esta matriz ordena los cuatro términos en orden circular estricto: S1, S2, $, a. No está permitida ninguna conmutación, es decir, no se permiten intercambios entre dos términos en el interior del círculo. Los cuatro términos son: S1, el significante amo; S2, el saber; $, el sujeto; a, el plus-de-gozar [véase objeto a]. Los cuatro discursos se obtienen simplemente a través de una operación bien conocida en matemáticas y en teoría de los grupos bajo el nombre de permutación circular, en el sentido de que los cuatro términos van a ocupar por turno cuatro lugares definidos por la matriz del discurso del amo:
el agenteel otro
(la verdad)la producción
Cada discurso se trasforma por medio de un cuarto de vuelta en otro discurso. Más precisamente, estos cuatro lugares son los vértices de un tetraedro orientado: se trata de una figura geométrica de cuatro caras Y seis aristas. Si las aristas están orientadas, sólo existe una única posibilidad de orientarlas de modo de poder circular sobre todo el tetraedro; aquí, Lacan suprime una de las aristas entre los dos vértices inferiores, lo que bloquea la circulación: es lo que llama la impotencia propia de cada discurso.
Los matemas de la sexuación. Las fórmulas de la sexuación del seminario Aún (1972) proponen una lógica que expone las curiosidades de la identificación sexual en el ser hablante.
Material
(s. m.)
Al.: Material.
Fr.: matériel.
Ing.: material.
It.: materiale.
Por.: material.
Término utilizado corrientemente en psicoanálisis para designar el conjunto de palabras y comportamientos del paciente, en cuanto constituyen una especie de materia prima que se ofrece para las interpretaciones y construcciones.
El término «material» es complementario de los de interpretación y construcción, que designan una elaboración de los datos en bruto proporcionados por el paciente.
Freud comparó a menudo el trabajo analítico con el del arqueólogo que, a partir de los fragmentos descubiertos en las excavaciones, reconstruye un edificio desaparecido. También se hace alusión a la imagen de los estratos cuando se habla de material más o menos «profundo», según criterios genéticos y estructurales.
En ocasiones, como por ejemplo en Las construcciones en análisis (Konstruktionen der AnalYse, 1937), Freud se vio inducido a diferenciar claramente, dentro del trabajo analítico, el aporte del material y la elaboración de éste. Esta distinción es evidentemente esquemática:
1) Resulta imposible distinguir, en la historia de la cura, dos tiempos sucesivos: aporte de material y elaboración del mismo. Lo que se comprueba es una interacción constante. Así, por ejemplo, se reconoce que una interpretación hace que aparezca un nuevo material (recuerdos, fantasías).
2) Tampoco resulta posible definir el aporte de material y la elaboración del mismo como dos funciones atribuidas respectivamente, una al analizado, y la otra al analista. En efecto, el analizado puede tomar parte activa en la interpretación del material, debe integrar las interpretaciones (véase: Trabajo elaborativo), etc.
Con las reservas citadas, la noción de material subraya un aspecto esencial de las producciones de origen inconsciente, a saber: su alteridad con respecto al sujeto consciente, ya sea porque el analizado las considere, desde un principio, como relativamente extrañas a su personalidad y constituyendo, por este mismo hecho, un material, ya sea porque, como uno de los primeros efectos del trabajo analítico y de la aplicación de la regla fundamental, se dé cuenta del aspecto sintomático, incoercible, de un determinado comportamiento y lo considere entonces como irreductible a sus motivaciones conscientes, como un material a analizar.
El término, aparte de su empleo corriente con un sentido relativamente atenuado, adquiere su sentido pleno al relacionarlo con el realismo freudiano del inconsciente: para Freud existen «contenidos» inconscientes, un material patógeno inconsciente.
Maternalización
Al.: Bemuttern o mütterliches Betreuen.
Fr.: maternage.
Ing.: mothering.
It.: maternage.
Por.: maternagem.
Técnica de psicoterapia de las psicosis, especialmente de la esquizofrenia, que tiende a establecer, entre el terapeuta y el paciente, de un modo tanto simbólico como real, una relación análoga a la que existiría entre una «buena madre» y su hijo.
La técnica de la maternalización se basa en una concepción etiológica de la psicosis que relaciona esta enfermedad con las frustraciones precoces, sobre todo orales, sufridas por el sujeto durante su primera infancia de parte de la madre.
En sentido amplio, se ha hablado de maternalización para designar «el conjunto de cuidados prodigados al infans dentro del clima de ternura activa, oblativa, atenta y continuada que caracteriza el sentimiento maternal»; pero la mayoría de las veces dicho término sirve para calificar únicamente la técnica psicoterápica.
Esta es, sobre todo, reparadora. Pero, si bien tiende a proporcionar al paciente las satisfacciones reales en las que se vio frustrado en su relación con la madre, representa ante todo una comprensión de las necesidades fundamentales. Como indica Racamier, conviene reconocer las necesidades subyacentes a las defensas psicóticas, determinar cuáles son las que precisan ser electivamente satisfechas («necesidades básicas») y, sobre todo, responder a éstas en forma distinta a la interpretación analítica clásica.
En cuando a la naturaleza de esta respuesta, cada uno de los autores que han trabajado en esta técnica durante los últimos veinte años (entre otros, G. Schwing, J. N. Rosen, M.-A. Sèchehaye) tiene su propia concepción. No podemos describir aquí las diversas técnicas (e intuiciones) que pueden incluirse bajo la denominación general de maternalización. Indiquemos únicamente:
1.° Que no se trata de reconstruir en toda su realidad una relación lactante-madre.
2.° Que la maternalización, según insisten todos los autores, exige del terapeuta, más que una actitud maternal, un verdadero compromiso afectivo: «La relación de maternalización nace del encuentro entre un paciente profunda y vitalmente ávido de ser pasivamente colmado de satisfacciones, y un terapeuta que no sólo sea capaz de comprenderlo, sino que además sienta el deseo de ir hacia él como una madre hacia un lactante abandonado».
Por último, una teoría de la maternalización debería tener en cuenta la parte respectiva que, en la acción psicoterápica, corresponde a la satisfacción real, al don simbólico y a la interpretación.
Matte - Blanco Ignacio
(1908-1995) Psiquiatra y psicoanalista chileno
Nacido en Santiago de Chile, y analizado por Allende Navarro (1890-1981), quien formó a algunos freudianos en ese país, Ignacio Matte-Blanco fue al principio uno de los representantes de la escuela inglesa de psicoanálisis, próximo al grupo de los Independientes. Entre 1943 y 1966 residió en Santiago, donde formó un grupo de estudio que sería reconocido por la International Psychoanalytical Association (IPA). Más tarde emigró a Italia y se instaló en Roma, para continuar allí enseñando y ejerciendo el psicoanálisis. Como muchos freudianos de su generación, Matte-Blanco se interesó por los trastornos narcisistas, la cuestión del self y el tratamiento de la esquizofrenia. En ese marco, trató de pensar la organización inconsciente con la ayuda de la teoría de los conjuntos, a fin de definir una lógica de la psicosis.
Mauco Georges
(1899-1988) Psicoanalista francés
Nacido en París, en un medio de pequeños comerciantes de origen provinciano, Georges Mauco fue el único psicoanalista de la historia del freudismo francés que, entre 1939 y 1944, realizó actividades colaboracionistas. No sólo adhirió al régimen de Vichy y publicó textos violentamente antisemitas, sino que en agosto de 1941 fue testigo de cargo contra el "peligro judío" en la Suprema Corte de Justicia de Riom.
Después de estudiar historia y obtener un puesto de maestro de internado en la escuela normal del Sena, se inició en los trabajos de la pedagogía psicoanalítica leyendo la obra de René Spitz, y realizando más tarde un análisis con René Laforgue. Se hizo conocer como demógrafo con una obra pionera publicada en 1933, Les Étrangers en France, leur róle dans Vactivité économique; en ella impulsaba ya tesis racistas y nacionalistas sobre la "Jerarquía de las etnias", y sostenía que algunos extranjeros no eran integrables a la sociedad francesa: entre ellos los africanos, los asiáticos y los levantinos.
A pesar de su contenido, la obra fue recibida favorablemente por la derecha (sensible al prejuicio anti igualitario) y también por los especialistas en demografía (que encontraban por primera vez un estudio real de los vínculos entre la inmigración y la identidad nacional).
Durante la ocupación nazi Mauco pasó del racismo al antisemitismo, y colaboró con Georges Montandon en la revista L'Ethnie-française, bastión prominente de la propaganda antisemita del régimen de Vichy, en la cual todos los artículos apuntaban a denunciar al "tipo judío", según los criterios adoptados por el nazismo. Mauco publicó allí dos artículos que pretendían movilizar el psicoanálisis para poner de manifiesto la "neurosis judía".
Después de la Liberación consiguió ocultar su pasado colaboracionista y hacerse designar por el general de Gaulle secretario del Alto Comité de la Población y la Familia. Se convirtió entonces en "otro personaje": filántropo, humanista y preocupado por la felicidad de la infancia y la adolescencia en problemas. En 1946 creó el primer consultorio psicopedagógico de Francia, en el marco del liceo Claude-Bernard. De este modo se inició la aventura francesa de los centros Claude-Bernard, inspirada en experiencias similares realizadas en Suiza para abordar la inadaptación escolar con intervenciones terapéuticas fuera del terreno hospitalario, médico y psiquiátrico. En este contexto militó en favor del psicoanálisis profano, y movilizó a todos los que en Francia se interesaban por la expansión de la psicología clínica y el psicoanálisis de niños: Daniel Lagache, André Berge (1902-1996), Juliette Favez-Boutonier, Françoise Dolto, Didier Anzieu.
A lo largo de los años, y a pesar de un antisemitismo manifiesto que le costaba mucho ocultar, consiguió hacerse pasar por resistente, y el ambiente psicoanalítico lo reconoció como un pionero de la psicopedagogía y un benefactor de la infancia. Colmado de honores, publicó varios libros de vulgarización y fue miembro de la International Psychoanalytical Association (IPA) hasta su muerte, a través de su pertenencia a la Association psychanalytique de France (APF). Su pasado de colaboracionista y partidario del antisemitismo fue revelado por primera vez por el historiador Patrick Weil en 1991.
Mead Margaret
(1901-1978) Antropóloga norteamericana
Alumna de Franz Boas (1858-1942) y de Ruth Benedict (1887-1948), de quien se haría amiga, casada con Gregory Bateson, a quien conoció en 1933 entre los Chambouli de Nueva Guinea, principal representante de Cultura y Personalidad, la corriente tan violentamente criticada por Geza Roheim en 1950, Margaret Mead nació en Filadelfia en un ambiente intelectual donde era corriente el interés por las ciencias sociales. Después de estudiar psicología y antropología, viajó al terreno para estudiar, entre 1925 y 1938, a tribus de indios americanos y a siete sociedades de Oceanía: una situada en las islas de Samoa, Polinesia; cuatro (Mundugumor, Arapesh, Chambouli, latmul) en Nueva Guinea (Melanesia occidental), y otras dos en Manus y en las islas del Almirantazgo.
En el interior de esas sociedades observó la existencia de diferencias irreductibles de carácter, organización social, sentimientos, costumbres y hábitos sexuales, de modo que criticó todas las tesis de la antropología que oponían una supuesta mentalidad "primitiva" (de los pueblos no civilizados) a la mentalidad occidental considerada racional y lógica.
Con un enfoque culturalista, aunque tomando del psicoanálisis un nuevo punto de vista acerca de la sexualidad y de las relaciones del hijo con la madre, rechazó el biologismo freudiano y la asimilación realizada en Tótem y tabú del salvaje con el niño, así como la idea de una posible universalidad del complejo de Edipo y de los estadios de la evolución psíquica humana. Prefiriendo las nociones de personalidad básica o pattern (propias del culturalismo norteamericano) a los conceptos del psicoanálisis, conceptualizó la personalidad como un reflejo de la cultura, la cual condicionaba la educación y tendía a crear un modelo característico de un grupo o una comunidad. Con este análisis apuntaba a demostrar el carácter "cultural" de todo comportamiento y toda identidad. De allí la idea de un diferencialismo generalizado: sexual (entre hombre y mujer), social (entre las comunidades, las sociedades, los grupos), y psíquico (entre las personalidades subjetivas).
En la década de 1940, como muchos antropólogos de su generación, comenzó a aplicar sus métodos de análisis de las sociedades de Oceanía a las culturas occidentales, tomando sobre todo como campo de experiencia la propia sociedad norteamericana. En Samoa, donde reinaba la libertad sexual, decidió luchar por la transformación de los modelos educativos de su propio país. Se batió entonces en dos frentes: contra el racismo y en favor de la integración de las diferencias étnicas y culturales. En este sentido, fue también partidaria de un verdadero universalismo basado en la aceptación de las diferencias.
Mecanismos de defensa
Al.: Abwehrmechanismen.
Fr.: mécanismes de défense.
Ing.: mechanisms of defence.
It.: meccanismi di difesa.
Por.: mecanismos de defesa.
Diferentes tipos de operaciones en las cuales puede especificarse la defensa. Los mecanismos preponderantes varían según el tipo de afección que se considere, según la etapa genética, según el grado de elaboración del conflicto defensivo, etc.
Existe acuerdo en afirmar que los mecanismos de defensa son utilizados por el yo, pero permanece sin resolver el problema teórico de saber si su puesta en marcha presupone siempre la existencia de un yo organizado que sea el soporte de los mismos.
El término «mecanismo» fue utilizado desde un principio por Freud para indicar el hecho de que los fenómenos psíquicos muestran una disposición susceptible de observación y de análisis científico; mencionemos únicamente el título de la Comunicación preliminar (Vorläufige Mitteilung, 1893) de Breuer y Freud: El mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos (Über den psychischen Mechanismus hysterischer Phänomene).
En la misma época en que establece el concepto de defensa y lo sitúa en el origen de los fenómenos histéricos (véase: Histeria de defensa).
Freud intenta especificar otras afecciones psiconeuróticas por el modo particular en que actúa en ellas la defensa: "[ ... ] diferentes afecciones neuróticas provienen de los distintos procedimientos que utiliza el "yo" para liberarse de [su] incompatibilidad [con una representación] " .
Así, en las Nuevas observaciones sobre las psiconeurosis de defensa (Weitere Beberkungen über die Abwehr Neuropsychosen, 1896), distingue los mecanismos de la conversión histérica, de la substitución obsesiva, de la proyección paranoica.
El término "mecanismo" sigue apareciendo esporádicamente a todo lo largo de la obra de Freud. El de "mecanismo de defensa" figura, por ejemplo, en los escritos metapsicológicos de 1915, en dos acepciones algo distintas: ya sea para designar el conjunto del proceso defensivo característico de una determinada neurosi, ya sea para indicar la utilización defensiva de tal o cual "destino pulsional": represión, vuelta hacia la propia persona, transformación en lo contrario.
En Inhibición, síntoma y angustia (Hemmung, Symptom und Angst, 1926), Freud justifica lo que él llama su "restauración del antiguo concepto de defensa" invocando la necesidad de poseer un concepto global que incluya, además de la represión, otros "métodos de defensa", subrayando la posibilidad de establecer "una íntima conexión entre formas particulares de defensa y determinadas afecciones", y emitiendo por último la hipótesis de que "[...] el aparato psíquico, antes de que exista una neta separación entre el yo y el ello, antes de la formación de un superyó, utiliza métodos de defensa distintos de los que emplea una vez alcanzados estos estadios de organización".
Aun cuando Freud parece subestimar aquí el hecho de que estas ideas han estado constantemente presentes en su obra, lo cierto es que, a partir de 1926, el estudio de los mecanismos de defensa se convirtió en un tema importante de la investigación psicoanalítica, sobre todo con la obra que Anna Freud consagró a los mismos. Basándose en ejemplos concretos, esta autora se dedica a describir la variedad, complejidad y extensión de los mecanismos de defensa, mostrando en especial cómo el fin defensivo puede utilizar las más variadas actividades (fantasía, actividad intelectual), y cómo la defensa puede afectar no sólo a las exigencias pulsionales, sino también a todo aquello que puede suscitar un desarrollo de angustia: emociones, situaciones, exigencias del superyó, etc. Se observará que Anna Freud no pretende efectuar una exposición exhaustiva ni sistemática, especialmente en la enumeración que hace, de pasada, de los mecanismos de defensa: represión, regresión, formación reactiva, aislamiento, anulación retroactiva, proyección, introyección, vuelta hacia la propia persona, transformación en lo contrario, sublimación.
Hubieran podido describirse otros muchos procedimientos defensivos. La misma Anna Freud alude, dentro de este tema, a la negación por la fantasía, la idealización, la identificación con el agresor", etc. Melanie Klein describe lo que ella considera como defensas muy primarias: escisión del objeto, identificación proyectiva, negación de la realidad psíquica, control omnipotente del objeto, etc.
El empleo generalizado del concepto de mecanismo de defensa suscita algunas preguntas: al referir a una función única operaciones tan dispares como, por ejemplo, la racionalización, en la que intervienen mecanismos intelectuales complejos, y la vuelta hacia la propia persona, que es un «destino» del fin pulsional, y al designar con la misma palabra de defensa operaciones verdaderamente compulsivas, como la anulación retroactiva, y la búsqueda de una vía de «desprendimiento», como son ciertas sublimaciones (véase: Mecanismos de desprendimiento), ¿se utiliza un concepto verdaderamente operacional?
No son pocos los autores que, al hablar de «mecanismos de defensa del yo», reconocen la existencia de diferencias: «Junto a técnicas como el aislamiento y la anulación retroactiva, encontramos verdaderos procesos instintivos como la regresión, la transformación en lo contrario, la vuelta hacia la propia persona» (5 a). Es necesario entonces mostrar cómo un mismo proceso puede funcionar a varios niveles: así, por ejemplo, la introyección, que es ante todo un modo de relación de la pulsión con su objeto y que tiene su prototipo corporal en la incorporación, puede ser utilizada secundariamente como defensa por el yo (especialmente, defensa maníaca).
Tampoco puede omitirse otra distinción teórica fundamental: la que especifica la represión de todos los demás mecanismos defensivos, especificidad que Freud siempre mantuvo, incluso después de haber dicho que la represión era un caso particular de defensa; no tanto por el hecho de que, como indica Anna Freud, se caracterizaría esencialmente por una contracatexis permanente y sería a la vez «el más eficaz y el más peligroso» de los mecanismos de defensa, como por ser constitutiva del inconsciente como tal (véase: Represión).
Por último, al centrar la teoría sobre el concepto de defensa del yo, con facilidad se tiende a contraponer a ésta la reivindicación pulsional pura, la cual, por principio, sería totalmente ajena a toda dialéctica: «Si las exigencias del yo o las de las fuerzas exteriores representadas por el yo no ejercieran una presión, la pulsión no tendría más que un único destino: el de la satisfacción».
Se consideraría entonces la pulsión como un término totalmente positivo, que no estaría marcado por ninguna prohibición. Ahora bien, los mecanismos del proceso primario mismo (desplazamiento, condensación, etcétera), con lo que implican de estructuración del juego pulsional, ¿no se hallan en contradicción con dicha concepción?
Mecanismos de desprendimiento
Al.: Abarbeitungsmechanismen.
Fr.: mécanismes de dégagement.
Ing: working-off mechanisms.
It.: meceanismi di disimpegno.
Por.: mecanismos de desimpedimento.
Concepto introducido por Edward Bibring (1943) y recogido por Daniel Lagache (1956), en su elaboración de la teoría psicoanalítica del yo, para explicar la resolución del conflicto defensivo, especialmente en la cura. D. Lagache opone los mecanismos de desprendimiento a los mecanismos de defensa: así como éstos sólo tienen por finalidad la reducción urgente de las tensiones internas, según el principio de displacer-placer, aquéllos tienden a la realización de las posibilidades, aunque sea a costa de un aumento de tensión. Esta oposición se basa en que los mecanismos de defensa (o compulsiones defensivas) son automáticos e Inconscientes, permanecen bajo el dominio del proceso primario y tienden a la identidad de perepción, mientras que los mecanismos de desprendimiento obedecen al principio de la identidad de los pensamientos y permiten al sujeto liberarse progresivamente de la repetición y de sus identificaciones alienantes.
E. Bibring propuso describir como working-off mechanisms ciertos mecanismos del yo que convendría diferenciar de los mecanismos de defensa, y ello en relación con su concepción de la compulsión a la repetición. En efecto, según este autor, la repetición de las experiencias penosas bajo el control del yo permitiría lograr una reducción o asimilación progresiva de las tensiones: «Los mecanismos de desprendimiento del yo no tienen por finalidad provocar la descarga (abreacción) ni hacer que la tensión deje de ser peligrosa (mecanismos de defensa); su función consiste en disolver progresivamente la tensión modificando las condiciones internas que la originan». Bibring describe diferentes métodos de desprendimiento, como el desprendimiento de la libido (trabajo del duelo), la familiarización con la situación ansiógena, etc.
Dentro de la misma línea de pensamiento, Daniel Lagache ha subrayado la extensión abusiva del concepto ¿le mecanismo de defensa, que es invocado tanto para explicar las compulsiones automáticas e inconscientes que el psicoanálisis intenta eliminar, como para designar, con el nombre de «defensa exitosa», operaciones que tienen por objeto precisamente la abolición de estas compulsiones.
Daniel Lagache sitúa la noción de mecanismo de desprendimiento dentro del marco de una oposición entre la conciencia y el Yo: la conciencia (Yo-sujeto) puede identificarse con el Yo-objeto, alienarse en éste (narcisismo) o, por el contrario, objetivar el yo y de este modo desprenderse de él.
El concepto es recogido y desarrollado en la elaboración de conjunto que D. Lagache ha dado de la estructura de la personalidad; en ella especifica las modalidades del desprendimiento refiriéndose a la experiencia de la cura: «[...] el paso de la repetición en acto a la rememoración pensada y hablada [...]; el paso de la identificación, en virtud de la cual el sujeto se confunde con lo vivido por él, a la objetivación, mediante la cual toma distancia con respecto a lo vivido; el paso de la disociación a la integración; la separación del objeto imaginario, completado por el cambio de objeto; la familiarización con las situaciones fóbicas, que reemplaza la expectación ansiosa de la situación traumática y fantaseada; la substitución de la inhibición por el control, de la obediencia por la experiencia. En todos estos ejemplos, la operación defensiva sólo es neutralizada en la medida en que una operación de desprendimiento viene a substituirla».
Así, pues, distinguiremos una actividad defensiva del Yo con respecto a las pulsiones del Ello, y una actividad de desprendimiento del Yo con respecto a sus propias operaciones defensivas. Si, a pesar de todo, es posible atribuir al Yo funciones tan antinómicas, es debido a que todas ellas tienen en común la capacidad de elección y de rechazo.
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