Padre real, padre imaginario, padre simbólico
Registros diferentes bajo los cuales se presenta la paternidad, en la medida en que remite a su compleja función.
Si el complejo de Edipo, planteado por S. Freud como constitutivo para el sujeto humano, parece ordenarse en primer lugar como una triangulación, donde el niño toma como objeto de amor al progenitor del sexo opuesto y rivaliza con el progenitor del mismo sexo, también es cierto que las posiciones de la madre y el padre no son equivalentes.
¿Cómo concebir en efecto lo que sucede con el padre? Objeto de una identificación primaria, tomado de entrada como ideal, aparece al mismo tiempo, al menos en el varón, como rival, cuando el niño intenta apropiarse del primer objeto de amor, la madre. En la niña, las cosas se complican más por el hecho de que en un primer momento este objeto de amor es el mismo, y que, al menos para Freud, el padre sólo puede ser elegido como objeto al término de una historia. Pero sobre todo no se puede dejar de percibir que hay una distancia importante entre la figura del padre en el mito edípico y la personalidad del padre tal como aparece en la realidad familiar. Esto no quiere decir que uno de estos dos términos deba ser descalificado en provecho del otro, sino que obliga a distinguir los niveles y las funciones de nuestras referencias al padre, tanto más cuanto que estas distinciones son esenciales en la experiencia de la cura.
Llamemos, en un primer momento, padre real al padre concreto, el de la realidad familiar, que tiene sus particularidades, sus elecciones, pero también sus dificultades propias. Su sitio efectivo en la familia varía en función de la cultura, que no siempre parece dejarle las manos libres, pero también, al mismo tiempo, de su historia singular, que no deja de tener impasses o inhibiciones. De este padre, parece, se espera mucho: que haga valer la ley simbólica, que es ante todo prohibición del incesto, que disponga un acceso atemperado al goce sexual. En este sentido, «haría falta -nos indica J. Lacan (El mito individual del neurótico, 1953)- que el padre (...) representara en toda su plenitud el valor simbólico cristalizado en su función». Ahora bien, dice, «este recubrimiento de lo simbólico y de lo real es absolutamente inasible. Al menos en una estructura social como la nuestra, el padre es siempre, por algún lado, un padre discordante respecto de su función, un padre carente, un padre humillado, como diría el Sr. Claudeb.
Esta discordancia tiene consecuencias esenciales. Ya desde 1938, en un artículo sobre La familia: el complejo, factor concreto de la psicología familiar, los complejos familiares en patología, Lacan ve en la carencia del padre respecto de lo que implica su función el «nódulo» de «la gran neurosis contemporánea». En efecto, cuando el niño encuentra en el padre un obstáculo algo consistente se refuerzan «el impulso instintivo» y «la dialéctica de las sublimaciones». De otro modo, nos encontramos con «la impotencia y la utopía, madrinas siniestras instaladas en la cuna del neurótico».
Sin embargo, no es satisfactorio presentar la cuestión de la carencia del padre como si pudiese ser representada sobre una única escala de valores, donde el padre real se viera obligado a ponerse a la altura exigible del padre simbólico. La función paterna no puede ser expuesta en su complejidad a menos que se especifique lo que depende de lo simbólico, de lo imaginario y de lo real, como tres órdenes diferenciados.
El padre simbólico es aquel al que remite la ley, ya que la prohibición [interdicción], en la estructura, siempre está proferida en el Nombre-del-Padre. Se puede agregar que se trata del padre muerto: si Freud, en Tótem y tabú (1912-13), funda la prohibición en la culpabilidad de los hijos después de la muerte del padre de la horda primitiva, es sin duda porque en el inconciente de cada uno la Ley está referida ante todo a una instancia idealizada o, mejor aún, a un puro significante. Es en tanto hay un significante del Nombre-del-Padre como puede haber castración, es decir, esa operación que limita y ordena el deseo del sujeto. Esta castración, por supuesto, no es una mutilación real. No se confunde tampoco con las representaciones fantasmáticas de desmembramiento, de eviración o de eventración. Sin embargo, este imaginario está presente en el sujeto y es tanto más embarazoso cuanto peor haya funcionado la castración simbólica. En cuanto al padre imaginario, ya sea que aparezca como terrible o como bondadoso, lo que se le atribuye es la castración o, mejor dicho, la privación de la madre, el hecho de que ella no posea el falo simbólico con el que el niño se ha identificado al principio. En la lógica de la teoría freudiana, porque choca con la falta de la madre el niño se introduce a la cuestión de su propia castración.
En esta perspectiva, hay que hacerle, junto con Lacan, un lugar aparte a la noción de padre real. La función del padre real no es proferir la prohibición, que resulta finalmente de la captación que hace el lenguaje del sujeto humano, y que se organiza alrededor del Nombre-del-Padre. El padre real es el que le permite al niño tener acceso al deseo sexual, el que le permite especialmente al varón tener una posición viril. Para ello, conviene que el padre real pueda dar prueba de que posee la carta de triunfo maestra, el pene real: la interdicción sólo puede hacer pasar al sujeto a una posición sexuada a condición de que la madre, interdicta para él, esté interdicta porque el padre la posee, no porque la sexualidad sea en general una actividad vulgar o inconveniente. Si el padre de la realidad puede ser llamado carente, es en tanto no sostiene la función del padre real así como la hemos descrito. Debemos cuidarnos sin embargo de tomar todos estos enunciados como otras tantas normas propuestas al hombre contemporáneo: así como no aboga por la ley (por ejemplo en las instituciones psiquiátricas, donde se ha confundido demasiado el reglamento con la ley simbólica), el psicoanálisis tampoco prescribe al padre real un comportamiento determinado respecto de lo que sería su rol viril. Se limita a demostrar las consecuencias de la estructura.
En su seminario sobre La relación de objeto y las estructuras freudianas (1956-57), Lacan ha dado una ilustración cautivante de la «detriplicación» del padre, a propósito del caso del pequeño Hans [Juanito], El padre real, amable, buen hijo él mismo pero esposo discreto, es carente a pesar de su presencia constante junto a Hans. Freud interviene entonces como padre imaginario, casi como divinidad, profiriendo la prohibición del incesto «desde el Sinaí». Los que adquieren valor simbólico a partir de esta intervención son los «mitos», los fantasmas que Hans va a forjar poco a poco y que van a permitir finalmente al niño ahorrarse su síntoma fóbico.
Pago
El pago de las sesiones de psicoanálisis plantea problemas teóricos, deontológicos y técnicos estrechamente solidarios, en la medida en que comprometen la posición del analista ante el paciente, la naturaleza de las motivaciones que introducen y mantienen al paciente en la cura, la función integrativa de esta última, y la objetividad de los criterios implicados en su concepción,
Desde el punto de vista de la objetividad de los criterios, la cuestión consistirá en saber si la fórmula de Lacan según la cual «el psicoanalista no se autoriza de nadie más que de sí mismo» abarca la suma de los honorarios que fija en sus pacientes, o si en este sentido existen reglas de conveniencia social o moral. Los criterios de apreciación del principio serán con toda seguridad muy diferentes según que la cura psicoanalítica siga más o menos próxima a la cura catártica, en la cual la influencia personal del terapeuta, y en consecuencia el ejercicio de su poder de seducción, eran admitidos como factores esenciales del tratamiento, cuyos honorarios podrían eventualmente verse afectados por la sugestionabilidad del paciente. No obstante, esta situación no suscita ninguna cuestión propia de la psicología. Por el contrario, la discusión de la significación del pago es llevada a su campo; se impondrá de entrada la alternativa de las motivaciones subyacentes: que se considere que el pago remunera la satisfacción de una necesidad, y desde esta perspectiva no será menos susceptible de la evaluación del paciente que aceptable para la conciencia más puntillosa del analista. En una perspectiva tal, estamos en efecto ante una relación de intercambio, a la que sólo se le pide que obedezca a una regla de reciprocidad. En síntesis, y precisamente en términos psicoanalíticos, mientras que la interpretación de la cura como asistencia prestada a una necesidad nos ofrece una representación «oral», la asignación de una suma «equitativa», en función de una regla social, presta al análisis el valor obsesivo de un contrato. En definitiva, será entonces en la singularidad de cada experiencia donde podremos precisar la significación del pago, su magnitud, así como la periodicidad y las condiciones en que se realizará. Desde el punto de vista teórico, en efecto, según lo ha hecho comprender Lacan, en la línea ya indicada por Freud, si el psicoanálisis se desarrolló más allá de la cura catártica, ha dejado de definirse sobre la base supuesta de la satisfacción de la necesidad, y la acción del psicoanalista aparece como correlato de su deseo, en respuesta al deseo del paciente.
Paidología
Este término fue introducido en Rusia después de la Revolución de Octubre, para designar una "ciencia de la infancia" cuyo objetivo era crear un "nuevo hombre" soviético. Sus principales representantes fueron pedagogos y psicólogos como Pavel Petrovich Blonski (1884-1941) y Stanislas Theophilovich Chatski (1878-1948), o incluso Arón Borissovich Zalkind. Después de haber sido el emblema de una utopía revolucionaria, y de haber servido como filtro de implantación para el freudismo y su evaluación en el curso de las discusiones de los años 1924-1930 entre antifreudianos y freudomarxistas, la paidología fue condenada como desviacionista por una resolución del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética del 4 de julio de 1936.
Países escandinavos
Esta denominación genérica agrupa a cinco países de Europa: Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia. En el plano político, sólo existen tres Estados denominados escandinavos: Suecia, Noruega y Dinamarca. Escandinavia, como región geográfica, es la parte norte de Europa que agrupa a Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia, cuatro países en total; se le da el nombre de Península Escandinava al conjunto constituido por Suecia y Noruega. Hay cuatro lenguas escandinavas, vinculadas al grupo de las lenguas germánicas: el danés, el sueco, el noruego y el islandés, el finés pertenece a la familia de las lenguas llamadas ugrofinesas.
Como en casi todos los países de Europa, a fines del siglo XVIII, y bajo la influencia de la filosofía de las Luces, los alienistas daneses y noruegos instauraron el asilo modelo a partir del modelo francés aplicado por Philippe Pinel (1745-1826) en el período de la Revolución. El movimiento de reforma fue progresivamente adoptado durante el siglo XIX, primero en Finlandia y después en Suecia, con la creación de la Orden de los Serafines, que se encargó del sistema hospitalario hasta 1876. De tal manera se afirmó una nueva mirada sobre la locura, que más tarde permitió la implantación de la nosografía de origen alemán (derivada de los trabajos de Emil Kraepelin) y posteriormente de la psiquiatría dinámica.
A continuación, las ideas freudianas fueron echando raíces por etapas en cuatro países escandinavos (Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia), pero sin desembocar en la formación de un movimiento amplio. La práctica siguió limitada a unos pocos grupos, y el desarrollo de la doctrina estuvo a cargo de personalidades influyentes, psiquiatras o profesores universitarios.
El freudismo obtuvo el mayor éxito en Suecia, mientras que, por razones políticas, ligadas al fuerte desarrollo de los partidos laboristas, Dinamarca y Noruega fueron sobre todo receptivas a las tesis de Wilhelm Reich: en otras palabras, al materialismo biológico y a la síntesis de freudismo y marxismo.
A mediados del siglo XIX, grandes pensadores, escritores o filósofos de la región pusieron de manifiesto su interés por los fenómenos inconscientes. Cada uno a su manera, August Strindberg (1849-1912), Georg Brandes (1842-1927), Henrik lbsen (1828-1906) o Soren Kierkegaard (1813-1955), supieron comprender las transformaciones de la sociedad occidental: el debilitamiento de la función paterna en el seno de la familia, y la emergencia de interrogantes sobre la diferencia de los sexos. Esos hombres denunciaron con ferocidad la hipocresía social, y fueron sensibles a las fuerzas destructoras que atravesaban los ideales del humanismo en vísperas del advenimiento del mundo moderno. La misma actitud se encuentra en pintores escandinavos contemporáneos como Carl Fredrick Hill, Ernst Josefsson o Edvard Munch (1863-1944). Obsesionados por el exilio, acosados por la locura o por el carácter extraño del hombre para sí mismo, todos trataban de captar en sus obras la angustia existencial de una época víctima del escepticismo, el irracionalismo y el rechazo de la idea de un progreso lineal. Fue en este terreno crítico, y en un contexto en el que el puritarismo luterano era a la vez la religión de Estado y una actitud mental y espiritual, donde surgieron los primeros interrogantes acerca de la doctrina freudiana.
En 1885, un médico finés, Konrad Relander, fue el primero en mencionar a Sigmund Freud, en un artículo sobre el empleo médico de la cocaína. Ocho años más tarde, en Suecia, un profesor de patología nerviosa, Frithiof Lennmalm, citó los trabajos de Freud, Pierre Janet, Josef Breuer y Jean Martin Charcot en un texto dedicado a las neurosis traumáticas.
A continuación de esas reflexiones sobre los aspectos médicos y neurológicos de la obra freudiana, Poul Bjerre introdujo el psicoanálisis propiamente dicho en los países escandinavos. En 1907 se instaló en el consultorio de un célebre médico hipnotizador, Otto Wetterstrand (1845-1907), que acababa de morir. Partidario de la Escuela de Nancy y de las tesis de Hippolyte Bernheim, ese médico había favorecido el desarrollo de la psicoterapia en Suecia, creando un método de "sueño prolongado" que le había valido la reputación de "mago".
Nacido en Gotemburgo de una familia de origen danés, Poul Bjerre desempeñó un papel importante, no sólo por su encuentro con Freud en 1911, sino también por su relación con Lou Andreas-Salomé y su frecuentación del ambiente psicoanalítico internacional. Pero en 1924 comenzó a apartarse del freudismo, incluso sin haber adherido a él, y sin haber practicado el psicoanálisis. De allí la observación de Freud en 1923, en una nota añadida a la reedición de su contribución a la historia del movimiento psicoanalítico: "Actualmente son los países escandinavos los que se mantienen más alejados del psicoanálisis".
Contrariamente a Bjerre, Emanuel af Ge¡jerstani (1867-1928) aceptó hacerse analizar. También alumno de Wetterstrand, y allegado a Strindberg, comenzó practicando la hipnosis, antes de su análisis didáctico realizado hacia 1910 con Johannes Stromme. De modo que fue el primer psicoanalista sueco formado según las reglas de la filiación psicoanalítica.
En 1905, Ragnar Vogt (1870-1943), profesor en la Universidad de Oslo, publicó en un tratado de psiquiatría un estudio objetivo sobre el psicoanálisis, bastante alejado de los prejuicios desfavorables de la época. Por otra parte, en 1920, Sigurd Naesgaard tradujo al danés las cinco conferencias de Freud en los Estados Unidos, pronunciadas quince años antes. Nueve años después fueron traducidas al noruego por Kristian Schjelderup (1894-1980). Finalmente, en 1923, Georg Groddeck, durante una estada en Estocolmo, despertó el interés por el freudismo.
Como en otros países, el avance progresivo de las tesis freudianas tropezó con fuertes resistencias, sobre todo en torno a la cuestión del supuesto pansexualismo de Freud. Mientras que en Francia se complacían en afirmar que la teoría freudiana de la sexualidad era demasiado "germánica" (y por lo tanto "bárbara") como para adaptarse al "genio latino", en Suecia se sostenía lo mismo, en forma invertida: se decía que esa teoría creada por un vienés no podía adaptarse a la "mentalidad nórdica". Lo esencial de esas críticas fue expuesto en 1913 en un libro de Olof Kinberg que reunió todas las discusiones animadas en esa época por Bjerre en el seno de la Sociedad Médica Sueca. Veinte años más tarde, en 1934, tales objeciones fueron retomadas por el psiquiatra Bror Gadelius (1862-1938), reformador humanista del asilo, quien, a la manera de otros representantes de la psiquiatría dinámica, sostuvo que la doctrina freudiana de la sexualidad era más apta para implantarse en los países latinos que en los nórdicos, puesto que había sido creada por un hombre de "raza judía", y esta "raza" estaba en sí misma sujeta a un "pansexualismo" específico.
En la década de 1930, lo mismo que en Bélgica o Francia, los círculos literarios nórdicos se interesaron por el freudismo. En la revista sueca Spektrum se publicaron artículos de Anna Freud, Erich Fromm y Wilhelm Reich. Pehr Henrik Törngren era uno de sus miembros activos. La revista noruega Samúden tomó partido en el debate, publicando textos que cuestionaban el valor científico y terapéutico del análisis. En Clarté, revista socialista, aparecieron textos de numerosos pioneros nórdicos del freudismo. Por otra parte, bajo el impulso del sindicalista noruego Erling Falck, que en 1921 había creado el grupo Mot Dag, de inspiración comunista, se desarrolló un interés muy fuerte por el freudomarxismo.
Después de la ruptura de Bjerre con el freudismo, hubo que aguardar hasta 1931 para que, en torno a diferentes pioneros, y por iniciativa de la sueca Alfhild Tamm, se desarrollará el embrión de un movimiento freudiano. A continuación de muchas discusiones, en las que participaron Sigurd Naesgaard por Dinamarca, Harald Schjelderup por Noruega e Yrjö Kulovesi por Finlandia, se creó un grupo escandinavo de psicoanálisis, escindido finalmente en dos sociedades: la Sociedad Fino-Sueca (Finsk-svenska Psykoanlytika Förening), por un lado, y por el otro la Sociedad Danesa-Noruega (Dansknorska Psykoanalytika Förening). Ambas fueron afiliadas a la International Psychoanalytical Association (IPA) en el Congredo de Lucerna de 1934, en condiciones dramáticas, cuyo telón de fondo era la expulsión de Wilhelm Reich.
En el período de entreguerras las cosas no sucedieron de un modo totalmente idéntico en los cuatro países escandinavos. La llegada de Reich a Copenhague en mayo de 1933, y después su estada en Oslo entre octubre de 1935 y agosto de 1939, modificaron el paisaje psicoanalítico de Dinamarca y Noruega. En ambos países, donde la tradición socialista era poderosa, la temática de la revolución sexual y la liberación de la libido mediante bioelectricidad fue aceptaba fácilmente por los intelectuales, mientras suscitaba el escándalo en la prensa puritana y conservadora.
En Dinamarca, lejos de adoptar una posición flexible, los dirigentes de la IPA, en particular Max Eitingon y Anna Freud, respaldados por Ernest Jones y el propio Freud, no le acordaron a Reich la autorización para practicar análisis didácticos, aunque era miembro de la Internacional a través de su pertenencia a la Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG). Ahora bien, a pesar de sus diferentes técnicas y políticas con los freudianos ortodoxos, Reich era en esa época el único psicoanalista capaz de formar profesionales en Copenhague, como lo demuestra una carta dirigida a Freud el 10 de noviembre de 1933 por Erik Carstens, y publicada en 1967 en Reich parle de Freud.
Refiriéndose al papel desastroso desempeñado por Naesgaard, quien rechazaba el principio de la formación didáctica, Carstens subrayaba que la actividad de Reich había sido positiva en ese ámbito. Se quejaba en particular de que el comité de formación de la DPG, bajo la responsabilidad de Eitingon, le hubiera otorgado el estatuto de didacta a Jenó Harnik, psicoanalista húngaro exiliado, pero no a Reich. Todos sabían que Harnik padecía una paranoia con accesos delirantes: era en todo caso mucho más patológico que Reich, y sobre todo carecía de la menor competencia psicoanalítica. En 1912 Sandor Ferenczi lo había atendido por su impotencia sexual, disuadiéndolo de convertirse en psicoanalista. Más tarde, cuando Harnik quiso incorporarse a la Wiener Psychoanalytische Vereinigung, Ferenczi, por pedido de Freud, y con su total aprobación, había presentado un motivo categórico de oposición: "Celoso, psíquicamente impotente, patológicamente vanidoso, inepto. Habría que dirigirlo hacia otro camino." A pesar de esta opinión desfavorable, Harnik logró incorporarse al Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI) y ser delegado como didacta por Eitingon para desarrollar el psicoanálisis en Dinamarca.
En su respuesta a Carstens, Freud confirmó que Harnik era paranoico, pero sin brindar ningún respaldo a su interlocutor. Reich protestó contra esa sanción, subrayando hasta qué punto era paradójico que se le prohibiera ser didacta a causa de su marxismo, siendo que la IPA siempre había tendido a orientar a los alumnos en formación hacia psicoanalistas que compartieran sus convicciones religiosas o ideológicas: "Yo consideraba prácticamente establecido que los teólogos fueran enviados a Oskar Pfister, los filósofos morales a Carl Müller-Braunschweig y los socialistas recuperados a Siegfried Bernfeld".
Acusado de ser a la vez paranoico, bolchevique y antifreudiano, Anna Freud le rogó a Reich en julio de 1934 que aceptara la exclusión de su nombre de la lista de los miembros de la DPG: "Todo el problema tiene sólo un valor teórico -añadió Anna-, puesto que el reconocimiento por el congreso del grupo escandinavo entrañaría automáticamente que usted fuera incluido en la lista de los miembros de ese nuevo grupo". La maniobra era simple: Eitingon había obtenido secretamente que Reich fuera expulsado de la DPG, y por lo tanto de la IPA. Para evitar cualquier reintegración con el grupo escandinavo, había condicionado la afiliación de la Sociedad Danesa-Noruega, que debía producirse en Lucerna en agosto de 1934, reclamando la promesa de que no incorporaran a Reich. Pero los noruegos se negaron a someterse a ese diktat, y su determinacion impresionó al comité ejecutivo, que entonces los aceptó sin condiciones. De modo que Reich fue separado de la IPA en Lucerna, mediante su exclusión de la DPG. Dos meses más tarde, él se instaló en Oslo. En 1935 Eitingon negó cualquier participación en ese asunto que sin embargo había organizado con pleno conocimiento.
Con esa política, la dirección de la IPA contribuyó a desvalorizar la imagen del freudismo en el seno de la comunidad psicoanalítica escandinava, ya atravesada por fenómenos de disidencia, y todavía demasiado frágil para someterse a las normas impuestas en esa época por la ortodoxia freudiana. En 1937-1938 Reich fue víctima en Noruega de una encarnizada campaña de prensa. Después de haber sido tratado muchas veces de "charlatán" y "pornógrafo judío", emigró a los Estados Unidos, dejando a su vez una huella desastrosa sobre la comunidad psicoanalítica nórdica. En efecto, al no ser ya miembro de la IPA, con la excepción de Schjelderup nadie lo defendió de los ataques, y evolucionó rápidamente hacia un biologismo exacerbado, al cual arrastró a Ola Raknes. Sus conflictos con Otto Fenichel, exiliado en Oslo entre 1933 y 1935, también contribuyeron al deterioro de la situación del freudismo en Noruega.
Cuatro años más tarde, en plena guerra, la Sociedad Danesa-Noruega de Psicoanálisis fue expulsada de la IPA. Ernest Jones, nuevo presidente de la Association, les hizo "pagar" a Schjelderup, Raknes, Nic Waal (nacida Floel, 1905-1960) su negativa a obedecer el diktat de 1934. Sin decirlo claramente, se le reprochó entonces al grupo que se hubiera mostrado demasiado sensible a las tesis reichianas. Éstas, por otra parte, continuaron ganando terreno, gracias a Raknes y Nic Waal. Esta psicoanalista noruega, analizada primero por Schjelderup y después por Fenichel y Reich, pasaría por la clínica de Karl Menninger en Topeka, Kansas, antes de fundar en Oslo, en 1953, una institución para niños.
Otro psiquiatra noruego, Trygve Braatoy (1904-1953), también desempeñó un papel importante en su país después de pasar por Topeka. Primero articuló las tesis adlerianas con las de Freud, sobre todo en una obra dedicada al poeta Knut Hanisun (1859-1952), y más tarde se interesó por la vegetoterapia.
A pesar de la presencia en Copenhague de Georg Geró (1901-1981), que emigró a los Estados Unidos sin haber ejercido mucha influencia, hubo que aguardar hasta 1957 para que volviera a constituirse oficialmente un grupo psicoanalítico danés afiliado a la IPA: la Dansk Psykoanalytisk SeIskab (DPS). Por otra parte, sólo en 1975 se creó una nueva sociedad noruega, la Norsk Psykoanalytisk Forening (NPF). En esa fecha, los pioneros y los inmigrantes habían desaparecido, y los dos grupos, compuestos porterapeutas anónimos, se normalizaron sin bullicio, al precio de una esclerosis progresiva.
En Suecia, donde no se había hecho sentir la influencia de las tesis reichianas, surgieron otros problemas. Alfhild Tamm no tuvo la energía suficiente para dar vida a la Sociedad Psicoanalítica Sueca, la cual muy pronto cayó en la apatía. A pesar de la intervención de Ludwig Jekels, que, con el apoyo de Freud, intentó impulsar el grupo de Estocolmo y formar didactas, no se logró ninguna mejoría. En cuanto Jekels abandonó Suecia, en el verano de 1937, después de una estada de tres años, expreso su pesimismo acerca del futuro del psicoanálisis en ese país. En 1943, cuando murió Kulovesi, la Sociedad Fino-Sueca fue disuelta y reemplazada por una asociación puramente sueca, la Sveriska Psykoanalytiska Föreningen (SPF), la cual, durante muchos años, no tuvo más que ocho miembros. Por esa época el psicoanálisis desapareció de Finlandia, donde, por otra parte, sólo había disfrutado de una breve existencia en la persona de su fundador. En 1969 se constituyó de nuevo una asociación finesa, posteriormente afiliada a la IPA, la Suornen Psykoanalyyttinen Ylidistys (SPY). Su progreso fue espectacular. En 1993 tenía ciento treinta miembros (tantos como la SPF).
En Suecia, lo mismo que en los otros países nórdicos, las teorías freudianas sufrieron de entrada la competencia de las múltiples escuelas de psicoterapia nacidas de la fuerte implantación de la psicología en el núcleo del saber psiquiátrico y la universidad. Esas escuelas tenían a menudo como jefes a pioneros del freudismo, que en realidad nunca habían sido freudianos ni analizados. En este sentido, Potil Bjerre y Sigurd Naesgaard desempeñaron papeles importantes. En 1932 crearon juntos en Noruega la Norkis Psykoanalytisk Sainfund y, el año siguiente, participaron con Johannes Stromme en la fundación de otra asociación, la Psykoanalytisk Samfund, reivindicando el sincretismo teórico y formando psicoterapeutas de diversas orientaciones: biologismo, electroterapia, conductismo, terapias corporales, etcétera. En Finlandia, ese estallido se produjo después de 1943.
En la Segunda Guerra Mundial, sólo Suecia siguió siendo neutral, pero no sirvió de refugio a los diferentes freudianos de Europa, que prefirieron emigrar a Gran Bretaña, los Estados Unidos o América latina. Mientras que el valeroso Harald Sclijelderup optó por comprometerse en la lucha antinazi después de rechazar la propuesta de Matthias Heinrich Göring de crear en Oslo un instituto "arianizado" siguiendo el modelo de Berlín, Potil Bjerre, en cambio, adoptó una actitud ambigua, y desde 1933 mantuvo una excelente relación con Göring, en nombre de un diferencialismo que asimilaba el freudismo a un semitismo tan fanático como el hitlerismo. Por su lado, el psicoanalista Tore Ekinan (1887-1971), formado en el BPI, siguió en Alemania hasta 1943, y trabajó en el Instituto Göring. A su retorno, sus colegas lo acusaron de colaboración con el nazismo. Más tarde logró echar tierra al asunto, y reincorporarse a la SPF ocultando su pasado.
En 1943, René De Monchy fue a instalarse a Estocolmo en compañía de su mujer, Vera Palmstierna, judía y sueca, también psicoanalista, que no podía continuar su actividad en Holanda bajo la ocupación nazi. Lo mismo que Jekels, De Monchy trató de impulsar el freudismo sueco formando didactas según los criterios de la IPA, y desde este punto de vista desempeñó un papel determinante en la Suecia de posguerra. Lajos Székely (1904-1995), joven psicólogo judío y húngaro, analizado primero por Wilma Kovacs (1882-1940) y después por De Monchy, contribuyó también a formar didactas en Estocolmo.
Después de 1952, fecha en la cual De Monchy volvió a Holanda, el psicoanálisis no tuvo una expansión significativa en los países escandinavos. Los grupos afiliados a la IPA hacían ostentación de un conservadurismo estrecho en el seno de sus respectivas instituciones, dominadas por la autosatisfacción o el repliegue melancólico. Marcadas por su pasado reichiano (que deseaban borrar), la DPS y la NPF no crecieron mucho: a fines de la década de 1990, la primera tiene treinta miembros, y la segunda, cuarenta y cuatro.
En 1963, se escindieron (escisión) algunos miembros de la Sociedad Sueca; les reprochaban a su colegas su ortodoxia y adherían a las tesis de Karen Horney. Cinco años más tarde formaron un grupo de psicoterapia psicoanalítica que intentó reintegrarse a la IPA a fines de la década de 1990. En general, a medida que se incorporaban a la IPA, las sociedades psicoanalíticas nórdicas volvieron a lograr una cierta unidad, que se concretó en 1978 con la publicación de una revista oficial llamada "escandinava", editada en inglés en Copenhague: The Scandinavian Psychoanalytic Review. En esa situación, signada por la estrechez mental y el conformismo, sólo algunas personalidades brillantes del mundo intelectual y académico impulsaron el redescubrimiento de la obra de Freud. Es el caso de Ola Andersson, quien desempeñó un papel pionero en el nacimiento de la historiografía freudiana, y se ocupó asimismo de la traducción al sueco de los textos del padre fundador, mientras que Carl Lesche (1920-1993), finlandés emigrado a Suecia, se distinguió por sus trabajos de hermenéutica, en los que trató de definir el lugar de la doctrina psicoanalítica ante las ciencias de la naturaleza, y de diferenciar su método respecto de los otros tipos de psicoterapia. Hacia el final de su vida se convirtió a la religión ortodoxa. El gran crítico literario sueco Gunnar Brandell (1916-1995), por su parte, redactó una obra sobre Freud que obtuvo un gran éxito y fue traducida a varios idiomas. Finalmente, el finlandés Mikael Enckell, hijo del poeta Robbe Enckell (1903-1974), publicó textos sobre la literatura y la cuestión de la judeidad.
Desde principios de la década de 1970, la obra de Jacques Lacan suscitó un cierto interés en los países escandinavos, donde ya habían sido traducidos representantes de la escuela estructuralista francesa: Roland Barthes (1915-1980), Claude Lévi-Strauss. En 1973 apareció una primera edición danesa de los Écrits, que presentaba ocho artículos del total de treinta y cuatro. Después hubo otras. Pero fue preciso aguardar hasta 1981 para que algunos profesionales aislados se interesaran realmente por la obra. Y Dinamarca fue el único de los cuatro países donde se constituyó un grupo lacaniano.
En 1974, en Suecia, por iniciativa de dos argentinos exiliados, miembros de la IPA, Dora y Ángel Fiasché, se creó el Göteborg Psykoterapi Institut (GPI). En esa ciudad portuaria de la costa oeste, donde había nacido Poul Bjerre pero no existía ningún grupo psicoanalítico, se desarrolló de tai modo una corriente dinámica que permitió introducir la obra de Melanie Klein en Suecia y, más en general, hacer leer los textos de la escuela inglesa: en particular, los de Donald Woods Winnicott y de Michael Balint. A fines de la década de 1990, el GPI alcanzaría el centenar de miembros. Más tarde, y a título individual, algunos psicoanalistas escandinavos comenzaron a establecer relaciones con Francia y con las corrientes divergentes del lacanismo. Pero ninguna de las grandes componentes del freudismo moderno (kleinismo, lacanismo, Ego Psychology, etcétera) se ha implantado verdaderamente en los países nórdicos, ni en esa "noche sueca" donde Michel Foucault (1926-1984) fue duramente criticado por el profesor Sten Lindroth (1914-1980), después de haber hallado en 1959, en la biblioteca Carolina Rediviva, todos los archivos necesarios para la redacción de su gran libro Histoire de la folie à l'âge classique.
Palabra
Hablar supone la elevación de la voz ante el cuerpo de un Otro en un espacio suficientemente restringido como para que él nos oiga y (esto es lo preferible) pueda respondernos. En consecuencia, la palabra implica un agujero de silencio en el cual cada locutor espera en vano el vocablo justo que correspondería a su deseo. A tal título, la palabra subtiende el deseo y la castración, puesto que se necesita un otro cuerpo para asegurar el corte del que el sujeto se desprende y se vuelve a tomar. En el campo específico de la palabra, tiempo, trabajo y traducción constituyen el modo de producción del acto analítico que se basa en las leyes del lenguaje como estructuras fundamentales, y en el discurso como proceso contemporáneo de la sesión.
La palabra, con su doble posibilidad de narrar (recordar) y enunciar (producir efectos de sentido), marcará para Freud el descubrimiento del psicoanálisis, en cuanto la posición del analista que escucha consistiría en hacer advenir un saber no sabido del sujeto: Emmy von N., el 12 de mayo de 1889, en Estudios sobre la histeria (1895), abre como sigue la vía de la función de la palabra en psicoanálisis: « ... ella me dijo entonces, con tono muy brusco, que no era necesario que le preguntara siempre de dónde provenía esto o aquello, sino que la dejara contar lo que ella tenía que decir». Sólo en la palabra se hace posible advenir como sujeto, y este advenimiento asegura la ética del psicoanálisis. Si los seres utilizaran constantemente el término justo, no habría palabra, sólo habría lengua, impresa en los diccionarios, en depósito.
De hecho, hablar supone un detrás de palabras disponibles y comunes a los seres hablantes (la lengua), en el que la palabra reposa y se funda. Ahora bien, esta lengua es la que necesariamente hemos oído; proviene del Otro, y a cada sujeto le corresponde tomar en ella apoyo y lugar, a fin de conjugar su propio ser y su propio cuerpo. Hablar constituye un acto singular en un tiempo dado, en el que la palabra se despliega hasta detenerse; ella supone la captación del Otro, y espera encontrar en él un retorno que completaría su falta en ser. En el manejo del lenguaje se desarrolla el acto analítico del que surge un sujeto cuyo «inconsciente está estructurado como un lenguaje»; el término «como» indica «una estructura por la cual hay efecto de lenguajes, lenguajes varios, que abren al uso del uno entre otros que da a mi como su alcance muy preciso, el del como un lenguaje, tal que, por él, se distingue del inconsciente el sentido común. Los lenguajes caen bajo el golpe del no todo, puesto que la estructura no tiene otro sentido» (Lacan, «l'Étourdit», en Scilicet, nº 4).
Si el discurso presupone al analista como presencia, la palabra, por su lado, presupone como presencia su escucha. Se aguarda la interpretación: la enunciación ofrece un decir abierto al campo de la verdad (de estructura); la palabra se distingue así del lenguaje, pues cubre el campo de la verdad singular, mientras que el lenguaje cubrirá el de la ley (Lacan, «Observación sobre el informe de Daniel Lagache», en Escritos). La posición particular de la palabra consistirá en producir un efecto de sentido; esta función de producción articula en consecuencia la palabra con el deseo, que es «el único sentido», puesto que, dice Lacan, «el lenguaje está en el lugar del sentido, el bi-dubout del sentido, es el sentido sin sentido, a saber, el sentido sexual» (Les non-dupes errent, 1973-1974, sesión del 20 de noviembre de 1973, inédito). La palabra traduce la imposibilidad del goce planteada por el Nombre-del-Padre como metáfora, y sostenida por la identificación a la imagen y al rasgo unario; la constitución del yo, el yo ideal, el ideal del yo, como forma con respecto a lo que está ya en el otro, planteará al deseo como deseo del otro en el plano imaginario, y como deseo del Otro en el plano simbólico. En otras palabras, por mediación, el hombrecito anticipa en un primer movimiento su propia imagen, para reproyectarse en un segundo movimiento sobre un objeto exterior, investido por ello libidinalmente y constituido como objeto del deseo, que nunca ningún significante podrá designar.
La función de la palabra se sitúa en el trabajo singular sobre la estructura construida entre esos dos polos, el otro imaginario y la constitución del objeto del deseo; desde un significante de la falta (el rasgo unario) tiende al objeto supuesto completarla (el objeto del deseo). Todo el trabajo de la palabra consistirá en acosar a ese imposible objeto del deseo -ese objeto imposible que articula la pulsión con el goce- por medio de todo tipo de lenguas, entre ellas la del sueño, la del fantasma... Al mismo tiempo, la palabra separa al sujeto del Otro, y una de las consecuencias de esto puede ser el síntoma, pero también la sublimación. En efecto, si este goce fuera realizable, el sujeto se confundiría con el otro: no habría allí nada en absoluto. En este sentido hay que entender que la palabra es un acto y también una producción de deseo, pues articula al sujeto con su estructura, que sostiene a la vez las leyes del lenguaje y del saber de la lengua del inconsciente. La técnica analítica posibilita que el Es freudiano esté a la altura del sujeto, es decir que en el análisis se trata de reintegrar el saber «en el movimiento de dirigirse al espejo vacío del analista»: en el interior de cuatro lugares abiertos en el discurso (el que habla, el que recibe la palabra, el efecto producido, la verdad como tal), la palabra producirá el objeto a causa del deseo. La palabra es entonces a la vez eje del síntoma y de su remoción, eje del analizante y el analista, eje del cuerpo y el pensamiento, de la vida y de la pulsión de muerte. Puesto que la determinación de la ley simbólica señala que «los asuntos del inconsciente se limitan al deseo sexual» (Lacan, «Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis», en Escritos), «el analista conducirá al sujeto a captarse como objeto». A través de la transferencia, «reintegración imaginaria de su historia», se tratará de «desprender la palabra del lenguaje», pues «la función del lenguaje no es informar, sino evocar. Lo que busco en la palabra es la respuesta del otro. Lo que me constituye como sujeto, es mi pregunta. Para hacerme conocer por el otro, no profiero nada que no sea en vista de lo que será. Para encontrarlo, lo llamo con un nombre que él tiene que asumir o rechazar para responderme. Me identifico en el lenguaje, pero sólo para perderme allí como objeto. Lo que se realiza en mi historia no es el pretérito definido de lo que fue, puesto que ya no es, ni tampoco el perfecto de lo que ha sido en lo que soy, sino el futuro anterior de lo que yo habré sido para eso que soy, en curso de devenir». En consecuencia, la palabra compromete al sujeto, «es ella la que instaura la mentira en la realidad. Y es precisamente porque introduce lo que no es que puede introducir lo que es. Antes de la palabra, nada es ni no es. Todo está ya allí sin duda, pero sólo por la palabra hay cosas que son y cosas que no. Es con la dimensión de la palabra como se ahueca la verdad en lo real. Sin la palabra, no hay verdadero ni falso. Con ella se introduce la verdad, y la mentira también, incluso otros registros» (Lacan, Los escritos técnicos de Freud, Seminario 1953-1954). De modo que, paradojalmente, la palabra verdadera se opone así al discurso verdadero: sus verdades se distinguen por el hecho de que la primera constituye el reconocimiento por los sujetos de sus seres en cuanto están allí interesados [interessés], mientras que la segunda está constituida por el conocimiento de lo real, en tanto que es apuntado por el sujeto en los objetos» (Lacan, «Variantes de la cura tipo» en Escritos). En otros términos, la palabra tiende a realizar «el acuerdo sobre el objeto»: la palabra verdadera hace acto para el sujeto. Concierne al ser en tanto que ser, es también ser un cuerpo sexuado, y sólo el significante puede articular lenguaje y cuerpo. El significante fálico ocupa ese lugar de la falta de simbolización de la relación sexual; a la imposibilidad de una relación que cesaría de escribirse viene a suplirla la palabra como imposibilidad de un lenguaje de cuerpo: «En la medida en que la confesión del ser no llega a su término, la palabra se apoya totalmente en la vertiente donde ella se engancha al otro... Se engancha al otro porque lo que es empujado hacia la palabra no ha accedido a ella. La llegada detenida de la palabra, por cuanto algo quizá la haga fundamentalmente imposible, allí está el punto pivote donde, en el análisis, la palabra bascula totalmente sobre su primer rostro y se reduce a su función de relación con el otro. Si la palabra funciona entonces como mediación, lo hace por no estar acabada como revelación» (Lacan, Los escritos técnicos de Freud).
Lo simbólico está entonces entero en la palabra como efecto de un sujeto. Freud habrá planteado que ella liga [lie] y lee [lit] otros textos; si la enunciación marca el pasaje de lo real como imposible a lo simbólico, al elaborar un no-posible [pas-possible] como acto del sujeto, perfila que la palabra [moti apunta a una meta porque yerra. No hay sentido originario, y aún menos, ontológico. La formulación de la pregunta es otra; en lugar de formularse como «¿qué quiere decir eso?», se formula como «¿qué se quiere decir al decir eso?». El lenguaje toma su sentido del Otro; el sujeto «ha hecho letra a sus expensas». Hablar tiene por sentido que algo del lenguaje venga como retorno del defecto de simbolización instaurado por las leyes mismas que lo hacen funcionar, y es sólo a tal título que el sujeto es llevado a veces a reapropiarse de su propio verbo.
Pankejeff Serguei Constantinovich
(1887-1979) Caso del "Hombre de los Lobos"
Tercera y última de las grandes curas psicoanalíticas realizadas por Sigmund Freud, después de la de Dora (Ida Bauer) y la del Hombre de las Ratas (Ernst Lanzer), la historia del Hombre de los Lobos es única en los anales del freudismo. Comentada numerosas veces por todas las escuelas psicoanalíticas y los autores más diversos, lo fue también por el propio paciente, quien, después de haber sobrevivido a las dos guerras mundiales, redactó una autobiografía que analizaba su propio caso, revelando su verdadera identidad. Esa cura fue la más larga de las tres. Se inició en enero de 1910 y terminó exactamente el 28 de junio de 1914, día del asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando. El paciente no fue "curado": hizo un "reanálisis" con Freud después de la guerra, y más tarde otro con una alumna de Freud, Ruth Mack-Brunswick. Instalado en Viena a continuación de la derrota del nazismo, fue mantenido económicamente por el movimiento psicoanalítico. Todos los veranos lo analizaba Kurt Eissler; lo atendía además Wilhelm Solms-Rödelheim, y en la redacción de sus memorias lo ayudaba Muriel Gardiner. Pankejeff se convirtió en un personaje mítico: el Hombre de los Analistas, más bien que el Hombre de los Lobos, símbolo en todo caso del carácter "interminable" de la cura freudiana.
Serguei Constantinovich Pankejeff nació en Rusia meridional, en una rica familia de la nobleza terrateniente, y se educó en Odessa, con su hermana Anna, tres institutrices (Grouscha, Nania, Miss Owen) y preceptores. La madre, afectada de diversos trastornos psicosomáticos, se preocupaba exclusivamente por su propia salud, mientras que el padre, depresivo, llevaba la vida activa de un hombre político conocido por sus opiniones liberales.
Los miembros de la familia, en las dos ramas del árbol genealógico, se asemejaban a los personajes de Los hermanos Karamazov, la novela de Dostoievski. El tío Pedro, primer hermano del padre, sufría de paranoia y había sido atendido por el psiquiatra Serguei Korsakov (1854-1900). Huyendo del contacto humano, vivía como un salvaje en medio de animales, y terminó su vida en un asilo. El tío Nicolás, segundo hermano del padre, había intentado vanamente robarle la, novia a uno de sus hijos, y casarse con ella por la fuerza. Un primo, hijo de la hermana de la madre, había sido internado en un asilo de Praga, afectado también de una forma de delirio de persecución.
En 1896, a los 10 años de edad, el pequeño Serguei presentó los signos de una neurosis grave. En 1905 se suicidó su hermana Anna y, dos años más tarde, se dio muerte su padre. En esa época Serguei concurría al gimnasio. Conoció a una mujer de pueblo, Matrona, con la que contrajo una gonorrea. Cayó entonces en frecuentes accesos depresivos, que pronto lo llevaron, de sanatorio a asilo, y de casa de reposo a cura termal, a convertirse en un enfermo ideal para el saber psiquiátrico de fines de siglo. Atendido por Wladimir Bekhterev, quien utilizaba la hipnosis, más tarde por Theodor Zichen (1862-1950) en Berlín, y finalmente por Emil Kraepelin en Múnich, quien le diagnosticó una psicosis maníaco-depresiva, se encontraba en el sanatorio de Neuwittelsbach, donde se le aplicaban tratamientos tan diversos como inútiles: masajes, baños, etcétera. Allí se enamoró de una enfermera, Teresa Keller, un poco mayor que él y madre de una niña (Else). Comenzó entonces una relación pasional a la que se oponían su familia (pues la joven era plebeya) y el psiquiatra (persuadido de que la sexualidad era el peor de los remedios en los casos de locura). Después de haber roto y más tarde rehecho la relación, Pankejeff volvió a Odessa, donde se hizo atender por un joven médico, Leonid Droznes (1880-19?), quien decidió muy pronto llevarlo a Viena para consultar con Freud.
Con una frase mordaz, Freud estigmatizó el nihilismo terapéutico de sus colegas psiquiatras: "Hasta ahora -le dijo a Pankejeff- usted ha buscado la causa de su enfermedad en un orinal". La interpretación tenía un doble significado. Freud aludía tanto a la inutilidad de los tratamientos anteriores como a la psicología de Serguei, quien sufría trastornos intestinales permanentes, y sobre todo una constipación crónica. Se inició el análisis. En lugar de prohibirle al Hombre de los Lobos que volviera a ver a Teresa, Freud le pidió simplemente que aguardara al final de la cura. No se opuso al matrimonio: "Teresa -dijo- es el impulso hacia la mujer". En una carta a Sandor Ferenzci de febrero de 1910, señaló la violencia de las manifestaciones transferenciales de su paciente: "El joven ruso rico que he tomado a causa de una pasión amorosa compulsiva me ha confesado, después de la primera sesión, las transferencias siguientes: judío estafador, le gustaría tomarme por atrás, y cagarme en la cabeza. A los 6 años, el primer síntoma manifiesto consistió en injurias blasfematorias contra Dios: puerco, perro, etcétera. Cuando vio tres montones de mierda en la calle, se sintió mal a causa de la Santísima Trinidad, y buscó ansiosamente un cuarto montón para destruir la evocación."
Por primera vez Pankejeff tuvo la impresión de ser escuchado, y no tratado ya como enfermo. Sobre todo mantenía con Freud relaciones casi amistosas, y terminó por venerarlo: al final de la cura, Freud sentía mucha simpatía por él. Conoció a Teresa y estuvo de acuerdo con el matrimonio, que se celebró en Odessa en 1914. Pankejeff se sentía curado, y subrayó que el análisis le había permitido casarse con la mujer que amaba.
Dos semanas después de la interrupción del tratamiento, Austria entró en guerra contra Rusia. Freud tuvo entonces el fantasma de que su hijo mayor Martin Freud, que acababa de ser movilizado, podría caer en el frente bajo las balas de su antiguo paciente. Con este estado de ánimo, y en medio de la tormenta de la guerra, redactó en dos meses, entre octubre y noviembre de 1914, la historia de este caso, sin utilizar nunca la denominación "Hombre de los Lobos". El relato se publicó en 1918, con el título de "Extracto de una neurosis infantil".
En el historial del Hombre de las Ratas la lógica de la cura aparece expuesta de manera implacable, pero para escribir la historia del Hombre de los Lobos Freud se entregó a un verdadero trabajo de creación novelesca, al punto de "inventar", a golpes de interpretación, acontecimientos que quizá no se habían producido nunca; todo el relato se centraba en la infancia del paciente, y toda la reconstrucción de su vida giraba en torno a su sexualidad.
El cuadro familiar estaba compuesto por la madre, el padre, la hermana y tres empleadas: la niñera (Nania), la institutriz inglesa (Miss Owen), la criada (Grouscha). Según Freud, que se basaba en los recuerdos de Serguei, éste había sido objeto de un intento de seducción a los tres años y medio, por parte de su hermana Anna, quien le había mostrado su "popó"; más tarde, él se había exhibido ante Nania, quien lo había regañado. Hacia los 10 años quiso a su vez seducir a la hermana, que lo rechazó. Después prefirió a mujeres de condición inferior a la suya. Descartando todos los diagnósticos de melancolía y psicosis formulados antes que él por los otros médicos, Freud vio en este caso una histeria de angustia, con fobia a los animales, que más tarde se había transformado en una neurosis obsesiva o infantil: de allí el título del texto.
Freud reconstruyó el origen de la neurosis infantil interpretando un sueño que Serguei había tenido a los 4 años, narrado e ilustrado por él con un dibujo durante la cura: "Soñé que era de noche y que estaba acostado en mi cama [ ... ]. Sé que era invierno. De pronto se abrió sola la ventana y vi con pavor, en el gran nogal que había frente a ella, algunos lobos blancos sentados en las ramas. Eran seis o siete. Los lobos eran totalmente blancos y tenían más bien el aspecto de zorros o perros pastores, pues tenían grandes colas como los zorros y sus orejas estaban erguidas como en los perros cuando prestan atención a algo. Manifiestamente muy angustiado, por miedo a que me comieran los lobos, grité y me desperté."
A partir de ese sueño, y de varios recuerdos del paciente concernientes a su sexualidad infantil, Freud inventó, con detalles de una precisión inaudita, una pasmosa escena primitiva que se volvería célebre en los anales del psicoanálisis, y fue muchas veces comentada. Patrick Mahony la resume muy bien: "En un cálido día de verano, el pequeño Serguei, entonces de 18 meses y afectado de malaria, dormía en el dormitorio de los padres, al que éstos también se habían retirado, semidesnudos, para la siesta. A las cinco de la tarde, verosímilmente en el acmé de la fiebre, Serguei se despertó y, con una atención sostenida, observó a sus padres, semidesnudos en ropa interior blanca, de rodillas sobre las sábanas blancas, entregarse tres veces a un coito a tergo: observando los órganos genitales de los progenitores, y el placer en el rostro de la madre, el bebé, habitualmente pasivo, tuvo un súbito movimiento intestinal y comenzó a gritar, interrumpiendo así a la joven pareja."
Otros dos episodios de la vida de Serguei fueron objeto de una serie de interpretaciones. Uno tenía que ver con Gruscha, cuyas nalgas, comparadas con alas de mariposa, y después con el número romano V, remitían a los cinco lobos del sueño y a la hora en que habría tenido lugar el célebre coito. El otro episodio se relacionaba con una alucinación visual. En su infancia, Serguei había visto su dedo meñique cortado por un cortaplumas, y de inmediato había advertido la inexistencia de la herida. Freud dedujo que el paciente había puesto de manifiesto en este asunto una actitud de rechazo (Verwerfung) consistente en ver sólo la sexualidad bajo el ángulo de una teoría infantil: el comercio por el ano.
Después de esta gran inmersión en la infancia de Serguei, Freud se sintió seguro de haberlo curado. El hombre entró entonces en la tormenta de la guerra, y su vida se encontró modificada totalmente. Hasta la primavera de 1918 vivió en Odessa, entre la madre y Teresa, que no se llevaban bien. Él retomó sus estudios y se recibió de abogado. Pronto Teresa se vio obligada a salir de Rusia para unirse a su hija, que finalmente murió en Viena, y después Serguei la siguió, La Revolución de Octubre lo había arruinado, y el antiguo aristócrata de fortuna se convirtió en otro hombre, en un emigrante sin recursos, obligado a emplearse en una compañía de seguros, en la que permaneció hasta la jubilación.
Los cambios producidos en su vida lo hundieron en una nueva depresión, que lo hizo volver a Freud. Éste lo acogió de buen grado, le regaló sin tardanza el texto sobre su caso, que acababa de publicar, y lo tomó de nuevo en análisis, entre noviembre de 1919 y febrero de 1920. Según él, esa "post-cura" sirvió para liquidar un resto de transferencia no analizada, y curar finalmente al paciente.
En realidad, éste continuó presentando los mismos síntomas, incluso agravados por su mediocre situación económica. En este sentido, Freud lo ayudó recolectando dinero para él en el círculo de sus discípulos vieneses. Entonces Serguei Pankejeff comenzó a identificarse con la historia de su caso, y a tomarse verdaderamente por el Hombre de los Lobos. En 1926, padeciendo los mismos síntomas, consultó de nuevo a Freud, quien se negó a tratarlo por tercera vez, y lo derivó a Ruth Mack-Brunswick. Serguei quedó entonces apresado en un increíble enredo transferencial. No sólo Freud analizaba al mismo tiempo a Ruth, a su marido y al hermano de este último, sino que además envió ese mismo año al diván de Ruth a una norteamericana, Muriel Gardiner, que iba a convertirse en la amiga y confidente de Pankejeff a medida que se desarrollaban sus respectivos análisis.
Más enferma que su paciente, Ruth Mack-Brunswick había adquirido el hábito de atender con morfina sus dolores vesiculares. Como a toda la generación psicoanalítica de la década de 1920, le interesaban las psicosis y los mecanismos preedípicos identificados por Melanie Klein. Por ello, después de haber analizado a Pankejeff entre octubre de 1926 y febrero de 1927, identificó en él, no una neurosis, sino una paranoia. En 1928 publicó una segunda versión del caso, con el título de "Suplemento al extracto de una neurosis infantil". Por primera vez le puso al paciente el sobrenombre que en adelante lo destinguiría: "Hombre de los Lobos". Lo describió como una persona perseguida, antipática, avara, sórdida, hipocondríaca, obsesionada por su imagen y sobre todo por una pústula que le corroía la nariz. A partir de este nuevo diagnóstico el movimiento psicoanalítico se dividió en dos campos: el de los partidarios de la psicosis y el de los partidarios de la neurosis.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial transformó una vez más la triste existencia de Pankejeff. En 1938, unos días después de la entrada de los nazis en Viena, encontró a su mujer muerta en su departamento: se había suicidado.
A partir de 1945, y durante el resto de su vida, Pankejeff, todavía y siempre melancólico, fue tomado a cargo por el movimiento freudiano de una manera a la vez inédita y espectacular. Impulsado por Muriel Gardiner y "pensionado" por Kurt Eissler en nombre de los Sigmund Freud Archives, comenzó a redactar sus memorias y a comentar el historial de su caso en la lengua del discurso psicoanalítico. Las memorias se publicaron en 1971, fueron traducidas en todo el mundo y comentadas innumerables veces.
Unos años después, contra la opinión de los guardianes del templo freudiano, aceptó conceder una prolongada entrevista a una periodista vienesa, Karin Obholzer, quien le hizo narrar su vida en otro estilo, más directo y menos estudiado. Declaró entonces que, sin duda alguna, la célebre escena del coito a tergo no había tenido lugar, porque en Rusia lo niños no dormían nunca en la habitación de los padres. Venerando siempre el genio terapéutico de Freud, tomó partido por el diagnóstico de este último y contra el de Ruth Mack-Brunswick. Ante las barbas de los psicoanalistas de la International Psychoanalytical Association (IPA), que lo transformaban en una especie de archivo, el Hombre de los Lobos se metamorfoseó una vez más, convirtiéndose, acerca de su propio caso, en más competente que la mayoría de los comentadores, que no tenían, como él, el privilegio de ser trozos inalterables de la obra freudiana.
Murió en Viena asistido por su médico, el conde Wilhelm Solms-Rödelheim, quien en 1945, junto con August Aichhorn y el barón Alfred von Winterstein, había sido uno de los refundadores de la antigua Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV), sepultada por la guerra.
Pansexualismo
Alemán: Pansexualismus.
Francés: Pansexualisme.
Inglés: Pansexualism.
En filosofía, el prefijo pan aparece en numerosos términos, con dos sentidos principales. En primer lugar, indica que no existe nada fuera de lo que designa la palabra a la que se ha antepuesto el prefijo, y en segundo lugar equivale al adjetivo "universal" yuxtapuesto al vocablo del que se trata.
En todos los países donde se implantó el psicoanálisis, el término pansexualismo ha sido utilizado para designar de manera peyorativa la doctrina freudiana de la sexualidad, concebida como una causalidad única, porque recusaría cualquier explicación del psiquismo que fuera más allá de la etiología sexual, y también porque se pretendería universal, es decir, aplicable a todas las culturas y a todos los individuos. En este sentido, críticos de la doctrina freudiana por su pansexualismo afirman que ella no es más que una expresión cultural nacional que pretende dominar a las otras.
La famosa tesis del genius loci fue popularizada por el psiquiatra alemán Adolf Albrecht-Friedländer (1870-1949), en un congreso internacional de medicina realizado en Budapest en 1909. Atacando violentamente al psicoanálisis, Friedländer sostuvo que éste debía su éxito a la mentalidad vienesa, para la cual la sexualidad ¡enía una importancia considerable. Al cabo de unos años, esta tesis, retomada en 1913 por Pierre Janet, se convirtió en el caballito de batalla de los antifreudianos, permitiéndoles imputar a Sigmund Freud todos los pecados de ese supuesto pansexualismo.
El vocablo pansexualismo apareció después de la publicación en 1905 de los Tres ensayos de teoría sexual. En Francia, país particularmente germanófobo, ese supuesto pansexualismo freudiano dio sustento a la tesis del genius loci: la teoría sexual fue asimilada a una visión bárbara de la sexualidad, una visión considerada "germánica", "nórdica", "teutona" o "boche". A esa Kultur alemana se opuso la luminosidad cartesiana y latina de la "civilización" francesa, la única capaz de universalidad, mientras que en los países escandinavos, por el contrario, se acusó al freudismo de privilegiar una concepción "latina" de la sexualidad, inadmisible para la "mentalidad" nórdica.
En el prefacio de 1920 a su obra, Freud rechazó el término: "En su sed de fórmulas resonantes -dijo-, la gente ha llegado a hablar del «pansexualismo» del psicoanálisis, y a dirigirle el reproche absurdo de que lo explica todo por la sexualidad”.
Pantalla del sueño
Al.: Traumhintergrund.
Fr.: écran du rêve.
Ing.: dream screen.
It.: schermo del sogno.
Por.: tela do sonho.
Concepto introducido por B. D. Lewin: todo sueño se proyectaría sobre una pantalla blanca, generalmente inadvertida por el que sueña, y que simbolizaría el pecho materno tal como lo experimenta de una forma alucinada el niño en el sueño que sigue a la toma de alimento; la pantalla satisfaría el deseo de dormir. En algunos sueños (sueño blanco), aparecería sola, realizando una regresión al narcisismo primario.
Pappenheim Bertha
(1860-1936) Caso “Fráulein Anna O."
La historia de Anna O. es uno de los mitos fundadores del psicoanálisis. El historial de esta joven vienesa, de 21 años en el momento de su enfermedad, fue expuesto por Josef Breuer en 1895 en los Estudios sobre la histeria. Desde esa publicación, en la cual los autores propusieron una nueva definición de la histeria como enfermedad de reminiscencias psíquicas, y al mismo tiempo presentaron un método inédito de tratamiento (basado en la catarsis y la abreacción), el caso de "Anna O." no ha dejado de ser comentado, tanto por los historiadores como por los clínicos. A esta mujer, a la que se atribuyó la invención del psicoanálisis, se le ha dedicado una inmensa literatura en varios idiomas. Atendida por Breuer entre julio de 1880 y junio de 1882, Anna O., en efecto, le puso el nombre de talking cure a un tratamiento que se realizaba con palabras, y empleó la expresión chimney sweeping para designar una forma de rememoración mediante la "limpieza de chimenea". Breuer, por su parte, denominó "catarsis" a estos dos procedimientos, y presentó el caso de "Anna O." como prototipo de la cura catártica.
En los Estudios sobre la histeria, Anna O. es decrita como una joven inteligente, enérgica y obstinada. Dotada para la poesía, conocía varios idiomas y daba prueba de una gran sensibilidad ante los pobres y los enfermos. Breuer dividió en cuatro fases las manifestaciones de los diversos síntomas histéricos de Anna, ligados a la enfermedad y después a la muerte del padre. Durante la fase llamada de incubación latente, la paciente había padecido alucinaciones, contracturas y accesos de tos. En el curso de la fase llamada de enfermedad manifiesta, entre el 11 de diciembre de 1880 y el 1 de abril de 1881, presentó trastornos de la visión, del lenguaje y la motricidad. Mezclaba diversas lenguas, no sabía ya expresarse en alemán, y terminó por escoger el inglés. Se desdobló su personalidad, y Breuer logró calmarla con los procedimientos de la cura por la palabra y de la "limpieza de chimenea". Durante la tercera fase, los síntomas se agravaron: Breuer hizo entonces internar a Anna O. en un sanatorio, y a continuación la trató con el método de la autohipnosis, Finalmente, el último período se caracterizó por la remoción progresiva de los síntomas y la curación. Gracias a la rememoración de sus recuerdos traumáticos, Anna O. encontró su verdadero yo, volvió a hablar en alemán y quedó libre de su parálisis. "Dejó Viena para hacer un viaje -escribe Breuer-, Pero necesitó mucho tiempo para volver a hallar su equilibro psíquico, Desde entonces, disfruta de una perfecta salud."
En 1953, en el primer volumen de la biografía de Sigmund Freud escrita por Ernest Jones, éste reveló por primera vez la verdadera identidad de la paciente, lo que desagradó a sus herederos. Anna O. se convirtió entonces en Bertha Pappenheim. Proveniente de la burguesía judía ortodoxa, había sido educada por una madre rígida e inconformista. Su familia estaba estrechamente vinculada a la de Martha Bernays, la novia de Freud, que era amiga de ella. Después del tratamiento, se volcó a actividades humanitarias. Directora primeramente de un orfelinato judío en Francfort, después viajó a los Balcanes, el Oriente Próximo y Rusia, para realizar investigaciones sobre la trata de blancas. En 1904 fundó el Judischer Frauenbund (Liga de las Mujeres Judías), y tres años más tarde, un establecimiento de enseñanza afiliado a esa organización. Muy apegada al judaísmo, siguió estudios sobre la condición de las mujeres judías y los criminales judíos. Cuando Hitler tomó el poder, ella se pronunció contra la emigración a Palestina. Después de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en una figura legendaria de la historia de las mujeres y del feminismo, por su acción social, al punto de que el gobierno alemán honró su memoria con un sello postal que presenta su efigie. Hacia el final de su vida, ya tan piadosa y autoritaria como lo había sido la madre, reeditó obras antiguas de religión y escribió la historia de una antepasada suya.
Al revelar la verdadera identidad de Anna O., Jones presentó también una visión caprichosa del final de su cura con Josef Breuer. Éste, explicó Jones en esencia, se había asustado ante el carácter sexual de la transferencia amorosa de su paciente, y sobre todo por un embarazo nervioso (seudociesis) que se produjo en ese momento, Interrumpió entonces el tratamiento, y viajó en una segunda luna de miel a Venecia, donde fue concebida su hija Dora. Diez años más tarde consultó a Freud por un caso idéntico. Cuando Freud le señaló que los síntomas de esa enferma revelaban un fantasma de embarazo, Breuer no pudo soportar la repetición de un hecho pasado: "Sin pronunciar palabra, tomó el bastón y el sombrero, y se precipitó a salir de la casa".
Jones construyó esta versión de la historia a partir de diversos recuerdos de Freud y de un resumen que le había dado Marie Bonaparte de su diario inédito. Ahora bien, consultando ese diario, así como la correspondencia de 1883 entre Martha Bernays y Freud, exhumada por John Forrester y Peter Swales, se constata que esta historia del embarazo histérico es una reconstrucción de Freud a la que Jones dio legitimidad médica y de archivo al denominarlo seudociesis.
En una carta del 31 de octubre de 1883, Freud informa a Martha sobre la salud de su amiga Bertha, y le dice que va mejor y que se está liberando de su envenenamiento con morfina. Después añade que Breuer interrumpió el tratamiento "porque amenazaba a su feliz matrimonio [ ... ]. ¿Puedes reservarte lo que te digo, Martehen? Esto no tiene nada de vergonzoso sino más bien de muy íntimo [ ... ]. Desde luego, lo sé por él personalmente." Según Freud, Mathilde Breuer no habría soportado el interés que la paciente suscitaba en su esposo, y había caído enferma.
En 1909, en sus cinco conferencias sobre el psicoanálisis dadas en la Clark University de Worcester, Freud habló M caso "Anna O." siguiendo la versión de los Estudios sobre la histeria, pero cinco años más tarde, en cambio, en su contribución a la historia del psicoanálisis, retomó la tesis del amor de transferencia (implícito en la carta del 31 de octubre de 1883): "Tengo fuertes razones para suponer que Breuer, después de haber descartado todos los síntomas, debió necesariamente descubrir, basándose en nuevos indicios, la motivación sexual de esta transferencia, pero sin advertir la naturaleza general del fenómeno, de manera que, impresionado por un untoward event, detuvo abruptamente su investigación. No me informó directamente de ello, pero me ha proporcionado, en distintas épocas, suficientes puntos de referencias como para poder justificar esta suposición." A continuación, Freud subraya que Breuer le expresó su reprobación de la etiología sexual de las neurosis.
En su autobiografía de 1925 retorna esta versión, señalando que Breuer interrumpió el tratamiento a causa del amor de transferencia de la paciente. La misma idea aparece en el artículo necrológico dedicado a Breuer, en el cual Freud precisa que el historial del caso había sido "abreviado y censurado por respeto a la discreción médica", y que su publicación se había hecho necesaria por razones científicas: había que demostrar que el tratamiento de Anna O. era anterior a los realizados por Pierre Janet con pacientes idénticas. No obstante, siete años después, en una carta del 2 de junio de 1932 a Stefan Zweig, añadió la historia del fantasma de embarazo de Bertha, y sostuvo que Dora Breuer, la hija de Josef Breuer, había confirmado la existencia de ese hecho después de haber interrogado al padre: "La noche de ese día en el que se habían superado todos los síntomas, lo llamó de nuevo; él la encontró delirante, retorciéndose por dolores en el bajo vientre. Cuando le preguntó qué tenía, ella respondió: «Llega el hijo que espero del Dr. Br.»"
En 1927 Freud le había hecho la misma confidencia a Marie Bonaparte, quien narra que la "enfermedad" de Mathilde Breuer la había llevado a un intento de suicidio: "El 16 de diciembre, en Viena -escribe la princesa-, Freud me contó la historia de Breuer. Su mujer había intentado suicidarse hacia el final de la cura de Anna = Bertha. Lo que siguió es conocido: recaída de Anna, fantasma de embarazo, huida de Breuer."
Estas diferentes versiones expuestas por Freud a lo largo de los años traducen con evidencia la fragilidad del testimonio humano. Freud tenía "falsos" recuerdos, reconstruía los hechos y los interpretaba a su manera.
La fábula del embarazo nervioso de Anna O. fue no obstante recibida como una certidumbre por el conjunto de la comunidad freudiana, en todas sus tendencias. Nacida de una palabra de Freud, fue después utilizada por su biógrafo a los fines de la historia oficial. En 1953, para Jones se trataba de pintar a Freud con los rasgos de un sabio heroico, el único capaz, contra la ciencia de su época, de comprender la etiología sexual de la histeria y elaborar una nueva teoría de la sexualidad. Se desacreditaba en consecuencia al personaje de Breuer, presentado como pusilánime e ignorante. En cuanto a Anna O., junto a Emmy von N. (Fanny Moser), se convertía en una figura mítica de los orígenes del freudismo, curada de su histeria gracias al método catártico, del que había surgido triunfalmente el psicoanálisis.
En 1963, Dora Edinger, que había trabajado con Bertha Pappenheim, reunió las cartas y los textos de esta última, así como diversos testimonios, presentando una imagen de esta mujer y su destino ulterior diferente de la expuesta por Jones; subrayó sobre todo que la joven se había abstenido siempre de evocar la época de su tratamiento con Breuer. Incluso, explicó, Bertha "se oponía con vehemencia a cualquier sugerencia de tratamiento psicoanalítico para las personas que estaban a su cargo, con gran sorpresa de quienes trabajaban con ella".
En 1970 el historiador Henri F. Ellenberger emprendió la investigación que permitiría revisar la historiografía oficial y comprender quién había sido Bertha Pappenheim, y por qué su caso se había narrado de ese modo. Dora Edinger le aconsejó a Ellenberger que visitara las clínicas de Austria, Alemania y Suiza. Intrigado por una fotografía de Bertha en traje de amazona, sobre la cual había una palabra ilegible, la hizo examinar por el laboratorio de la policía de Montreal. Apareció entonces el nombre de la ciudad de Constanza, donde se encontraba el famoso Sanatorio Bellevue, en Kreuzlingen, dirigido por la dinastía de los Binswanger, padre e hijo. Allí descubrió un documento que invalidaba la tesis de Jones: un informe inédito de Breuer sobre el caso, muy distinto del relato de los Estudios sobre la histeria. En 1972 Ellenberger publicó su revisión de la historia, estableciendo por una parte que Dora Breuer había nacido el 11 de marzo de 1882, y por lo tanto no podía haber sido concebida en junio, y por otro lado que el famoso embarazo nervioso nunca había existido.
El informe de Breuer fue publicado por primera vez en 1978 por Albrecht Hirschmüller, su riguroso biógrafo, que añadió otros elementos a la investigación de Ellenberger. Ese documento presenta a Anna O. con su verdadero nombre, y narra de algún modo el reverso de la historia idílica de los Estudios sobre la histeria. La verdadera paciente no sólo no había sido curada de sus síntomas histéricos en el curso de la cura sino que, además, no había sido tratada con el método catártico. El término no aparece en el informe, ni tampoco el de abreacción. Breuer recurrió más bien a la hipnosis y después, para aliviar las dolorosas neuralgias de la paciente, le aplicó dosis importantes de cloral y morfina, que la convirtieron en morfinómana. Sólo mucho más tarde, al margen de cualquier intervención médica, la propia Bertha encontró un equilibrio. En otras palabras, si la cura por la palabra sirvió, sólo algunas veces, para hacer desaparecer ciertos síntomas, no había sido en absoluto un método claramente identificado. Lo mismo vale respecto de la limpieza de chirnenea", que para Bertha consistía en descargar su mente de las historias imaginadas los días anteriores. Breuer subrayaba también que el diagnóstico de histeria no era evidente: él pensaba en diversas enfermedades cerebrales.
Ellenberger concluye su investigación subrayando que el famoso "prototipo de curación catártica no fue una curación ni una catarsis", y que quizá ni siquiera había habido una histeria. El historiador confirmó que Freud y Breuer decidieron publicar el historial en forma de caso princeps para reivindicar mejor, contra Janet, la prioridad M descubrimiento de la cura catártica. En cuanto a Bertha Pappenheim, Ellenberger la presentó como una mujer práctica de fines del siglo XIX, que logró sublimar su personalidad comprometiéndose en una gran causa por el trabajo social y los derechos de las mujeres.
Esta notable revisión no hizo más que reforzar la idea progresivamente admitida por el propio Freud de que para el sujeto la curación en psicoanálisis es un modo de convertir los síntomas patológicos en una sublimación. Demostró sobre todo que Breuer y Freud, como casi todos los maestros de la psicopatología, habían logrado en algunos años transformar los historiales en ficciones, es decir, en relatos de casos destinados a demostrar la validez de sus tesis.
En 1978 Albrecht Hirschmüller confirmó la hipótesis de Ellenberger según la cual el caso de "Anna O." se había incluido en los Estudios sobre la histeria para subrayar la anterioridad del método de Bretier respecto del de Janet, quien había publicado L'Automatisme psychologique en 1889. En 1895, desde mucho antes Breuer había abandonado el terreno de la cura catártica, y estaba en desacuerdo con Freud en numerosos puntos. Sin embargo, había sido el creador del método, y sólo la publicación de la historia del tratamiento de Bertha Pappenheim podría demostrarlo. Consciente de las dificultades enfrentadas por la joven, no sólo en cuanto a la relación transferencial, sino también con respecto a su curación, Breuer vaciló en publicar el historiaL Freud insistió y, como Bertha había dejado la ciudad de Viena, donde era conocida, decidió contar su historia en los Estudios sobre la histeria dándole la forma de un tratamiento catártico con curación, considerando que, si bien la evolución de la salud de Bertha no había sido satisfactoria, en el momento de la cura se había producido la eliminación de ciertos síntomas histéricos mediante una psicoterapia de tipo catártico.
A pesar del trabajo pionero de Ellenberger y el aporte de Hirschmüller, quien demostró que Bertha Pappenheim superó su enfermedad mediante un compromiso militante que excluía cualquier relación carnal con los hombres, los psicoanalistas más serios continuaron considerando que los cánones de la historiografía oficial eran verdades intocables.
Tal fue en particular el caso del psicoanalista francés Moustapha Safotian en 1988. Basándose en una novela de Lucy Freeman dedicada a Anna O., formuló la hipótesis de que el -embarazo nervioso- de Anna O. había sido inducido por un deseo inconsciente de Breuer de asociar tres figuras femeninas que llevaban el nombre de Bertha: su hija, su madre, su paciente. Este razonamiento remitía en parte al del psicoanalista norteamericano George Pollock, quien en 1968 había señalado la identidad de los tres nombres, y llegado a la conclusión de que Breuer repetía una situación edípica no resuelta. El empleo de la teoría lacaniana del significante venía así a reforzar la leyenda inventada por Jones en 1953 y las interpretaciones más clásicas de la escuela norteamericana.
En los Estados Unidos, a partir de 1985 y bajo el impulso de la historiografía revisionista, algunos investigadores se aplicaron a demostrar que Freud había sido un mistificador. Apropiándose del cuerpo de las mujeres para las necesidades de su propaganda, había falsificado la verdad, primero con Breuer y después contra él, a fin de promover al psicoanálisis como único método de curación de las enfermedades psíquicas. Después, Jones habría reforzado, siempre contra Breuer, la imagen oficial del héroe solitario. Para este enfoque que negaba la existencia misma de cualquier innovación freudiana, Bertha Pappenheim se convirtió en una simuladora. Según Peter Swales y Mikkel Borch-Jacobsen, partidarios de esta tesis, la paciente habría fingido ser histérica para burlarse de su médico. Revancha de una mujer y de la identidad femenina, contra la ciencia de los hombres! A fuerza de desconocer la historia de la conciencia subjetiva de los científicos, de reducir los mitos fundadores a mistificaciones, y de pasar del culto positivista del archivo a la denuncia antifreudiana, la historiografía revisionista norteamericana terminó en 1995 por adoptar, a propósito de Anna O., el mismo método interpretativo denunciado en Jones, y por abrazar, en nombre de la defensa de la diferencia de los sexos, las tesis más retrógradas de los médicos de fines del siglo XIX, que consideraban que la histeria era una simulación.
Par antitético
Al.: Gegensatzpaar.
Fr.: couple d'opposés.
Ing.: pair of opposites.
It.: coppia d'opposti.
Por.: par antitético.
Término frecuentemente utilizado por Freud para designar algunas grandes oposiciones básicas, ora al nivel de las manifestaciones psicológicas o psicopatológicas (por ejemplo: sadismo-masoquismo, voyeurismo-exhibicionismo), ora al nivel metapsicológico (por ejemplo: pulsiones de vida - pulsiones de muerte).
Este término aparece en los Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905) con el fin de poner en evidencia un carácter fundamental de algunas perversiones: «Comprobamos que ciertas inclinaciones perversas se presentan regularmente en forma de pares antitéticos, lo que [...] reviste una gran importancia teórica». Así, por ejemplo, el estudio del sadismo muestra la presencia, junto con las tendencias sádicas, que son las que predominan, de un placer masoquista; asimismo el voyeurismo y el exhibicionismo se hallan íntimamente acoplados, como formas activa y pasiva de la misma pulsión parcial. Estos pares antitéticos, aunque son particularmente visibles en las perversiones, s(- encuentran de modo regular en el psicoanálisis de las neurosis.
Aparte de estos datos clínicos, el concepto de par antitético forma parte de una exigencia constante en el pensamiento de Freud: un dualismo fundamental que permitiría, en un último análisis, explicar el conflicto.
En las diversas etapas de la evolución de la doctrina freudiana, y cualquiera que sea la forma que adopte este dualismo, encontramos términos tales como: par antitético, oposición (Gegensätzlichkeit), polaridad (Polarität), etc. Este concepto lo hallamos, no sólo al nivel descriptivo, sino también a diversos niveles de teorización: en las tres oposiciones que caracterizan las posiciones libidinales sucesivas del sujeto, activo-pasivo, fálico-castrado y masculino-femenino, en el concepto de ambivalencia, en el par placer-displacer y, de un modo. más radical, a nivel del dualismo pulsional (amor y hambre, pulsiones de vida y pulsiones de muerte).
Se observará que los términos así emparejados pertenecen a un mismo nivel y son irreductibles entre sí; no pueden engendrarse mutuamente por una dialéctica, sino que se hallan en el origen de todo conflicto y constituyen el motor de toda dialéctica.
Paradoja en el vínculo de pareja
Definición
La paradoja es una figura retórica que expresa en sus términos un tipo específico de contradicción. Etimológicamente significa "contrario a la opinión recibida y común".
En la paradoja se despliega una lógica específica, la de la ambigüedad, configurándose una forma de contradicción que no es la ambivalencia, propia del conflicto.
Por la riqueza que ofrece, este concepto ha sido trabajado desde la filosofía, la lógica, las matemáticas, la psicología y el psicoanálisis.
Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, considera tres nociones de paradoja: la noción lógica y semántica, la noción existencial y la noción psicológica.
Origen e historia del término
En el terreno de la psicopatología, los estudiosos de la Escuela de Palo Alto, desarrollaron las llamadas "paradojas pragmáticas", para caracterizar ciertas formas patógenas de interacción en la comunicación humana.
Desde el Psicoanálisis, Winnicott, Anzieu, Pontalis, Racamier, Rousillon y otros, profundizaron sobre el tema e introdujeron conceptos tales como "paradojas madurativas", "defensas paradojales" y"transferencia paradojal .
Desarrollo desde la perspectiva vincular
Habría dos tipos de situaciones paradojales:
A) Paradojas estructurales o constitutivas del vínculo
Se designa con este nombre aquellas situaciones paradojales que están en el núcleo mismo de la formación de la pareja humana. Su mantenimiento es esencial para el desarrollo y crecimiento del vínculo.
Un referente teórico importante para la fundamentación de este concepto es Winnicott. Ya en 1951, señala ciertas paradojas implicadas en el proceso de formación y maduración del aparato psíquico. "La capacidad de estar solo en presencia del otro" y "la paradoja de la creación del objeto ya presente" en el mundo del "1nfans", deben ser consideradas paradigmáticas de situaciones paradojales madurativas.
La paradoja podrá ser aceptada o negada, pero no admite ser resuelta.
Estos conceptos son analogables a los que desarrolla Bertrand Russell desde la Lógica Matemática. Dedicado a desentrañar la contradicción de las paradojas lógicas, formuló 1a teoría de los tipos". Establece que todos los objetos se dividen, por sus propiedades, en diferentes tipos, dispuestos en una determinada sucesión y no se pueden atribuir propiedades de un objeto de un tipo a otro de diferente nivel. De lo contrario se produce la paradoja, ya que ha mediado una confusión de niveles.
Paradojas estructurantes del vínculo de pareja, serían entre otras:
- La paradoja planteada por el par endogamia-exogamia;
- La del encuentro-desencuentro;
- La del placer- sufrimiento;
- La de la capacidad de estar solo en presencia del otro. Y sentirse acompañado en soledad;
- La que surge de la cotidianeidad. Marco paradojal de lo mismo y de lo nuevo.
- De la misma manera que "el camino para un buen desarrollo afectivo en el niño, pasa por el encuentro necesario con la paradoja", el camino para la constitución y el enriquecimiento de la vida de la pareja, requiere del reconocimiento y la aceptación de ciertas situaciones paradojales denominadas paradojas estructurales o constitutivas y a su sostenimiento en el vínculo.
B) Paradojas patológicas
Se designa con este nombre, ciertas situaciones que puede llegar a presentar el vínculo de pareja como resultado de formas fallidas de relación, en las que predomina la ambigüedad y la confusión como características. Entre las mismas se distinguen:
1. Las paradojas pragmáticas
Se plantean cuando se establece una comunicación paradojal, continua y repetida, desde uno de los integrantes de la pareja, que conduce a un daño en el psiquismo del otro. Adquieren toda su fuerza patógena cuando son la expresión de órdenes y mandatos, ya sean manifiestos o encubiertos (instrucciones paradojales); de ciertas formas de desaprobación (descalificaciones) o de la anticipación de ciertos hechos (predicciones).
2. Defensa paradojal
Recurso yoico en uno de los integrantes de la pareja que siente que las actitudes del otro lo colocan en una situación de entrampamiento y sin salida. Son soluciones de compromiso para preservarse de una angustia profunda.
Las paradojas pragmáticas y las defensas paradojales, llamadas patológicas, no son fenómenos unidireccionales. Por el contrario, incluyen en movimiento envolvente a los dos integrantes de la pareja, signando a uno y a otro con características distintas pero complementarias. Es el vínculo el que porta la situación paradojal, manifestando una alianza entre la pulsión de uno que tiende a la destrucción del psiquismo del otro y la pulsión de autodestrucción.
Problemáticas conexas
Transferencia paradojal
En el tratamiento psicoanalítico de pareja, el analista puede experimentar un tipo de transferencia especial, en la que él mismo se siente incluido en una situación paradoja¡, que dificulta el abordaje terapéutico. Para poder manejar esta situación, necesita de otros recursos técnicos como la metacomunicación.
Clima emocional promovido por la paradoja
En relación a la resonancia afectiva que promueven las paradojas
patológicas, promueve en quien las recibe, un amplio espectro de vivencias que, partiendo de la perplejidad y el desconcierto, pasa a la confusión y a la duda, culminando con el desconcierto y la desorientación. Se percibe un ataque a "la capacidad de pensar" ya que son las funciones propias del proceso secundario las que resultan dañadas. La rebelión y el esfuerzo intelectual pasan a ser recursos inoperantes. Paralelamente, desde quien es fuente de este tipo de comunicación, hay una falta de capacidad empática respecto de los sentimientos y sufrimientos del otro. La arbitrariedad es lo que caracteriza la situación.
Parafrenia
Al.: Paraphrenie.
Fr.: paraphrénie.
Ing.: paraphrenia.
It.: parafrenia.
Por.: parafrenia.
A) Término propuesto por Kraepelin para designar psicosis delirantes crónicas que, como la paranoia, no se acompañan de debilitación intelectual ni evolucionan hacia la demencia, pero se asemejan a la esquizofrenia por sus construcciones delirantes ricas y mal sistematizadas, a base de alucinaciones y fabulaciones.
B) Término propuesto por Freud para designar, sea la esquizofrenia («parafrenia propiamente dicha»), sea el grupo paranoia-esquizofrenia.
En la actualidad, la acepción de Kraepelin ha prevalecido totalmente sobre la propuesta por Freud.
Kraepelin propuso el término «parafrenia» antes que Freud (entre 1900 y 1907). En cuanto a su concepción nosológica, hoy ya clásica, de la parafrenia, remitimos.al lector a los manuales de psiquiatría.
Freud intentó utilizar el término en un sentido totalmente distinto. Consideraba inadecuado el término «demencia precoz», como también el de esquizofrenia. Creía preferible utilizar el nombre de parafrenia, que no implica las mismas opciones en cuanto al mecanismo profundo de la enfermedad; por otra parte, parafrenia se asemeja a paranoia, subrayando así el parentesco existente entre ambas afecciones .
Más tarde, en Introducción al narcisismo (Zur Einführung des Narzissmus, 1914), Freud vuelve a utilizar el término parafrenia en un sentido más general, para designar el grupo paranoia-esquizofrenia, si bien sigue designando la esquizofrenia como «parafrenia propiamente dicha» (eigentliche Paraphrenie).
Freud renunció rápidamente a su sugerencia terminológica, sin duda ante el éxito del término bleuleriano de esquizofrenia.
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